17 de agosto de 2017

Consejos para chicas que quieren disfrutar del amor





Si tuviese una máquina del tiempo, regresaría a mi adolescencia a contarme unas cuantas cosas que he ido aprendiendo en el camino. Siento que me hubiera venido estupendamente una visita de mi yo actual cuando era más joven y estaba llena de miedos, tenía una idea completamente mitificada del amor, y caminaba por las sendas marcadas por la tradición patriarcal. Estos son los consejos que me daría a mi misma, quizás haya chicas jóvenes que querrían escucharlos: 

- El amor es para disfrutar. Hay que romper con la idea patriarcal de que las mujeres tenemos que sufrir, sacrificarnos y renunciar a todo por amor. El amor tiene que ser una fuente de goce, placer, aprendizajes, crecimiento, alegría y orgasmos. Si estás en una relación en la que no lo estás pasando bien, si te juntas a una persona adicta al drama o a la violencia pasional, corta por lo sano. Sufrir por amor daña gravemente tu salud emocional y sentimental, y no sirve para nada: es una forma de perder el tiempo y las energías que podrías emplear en otras experiencias más enriquecedoras. 


 -Eres estupenda, independientemente de cuánto ligues, de si tienes o no pareja. Tu valía personal no tiene nada que ver con gustarle a una persona, o a cien personas. Sigues siendo maravillosa independientemente de que se enamoren de ti o no, sigues siendo la misma aunque dejen de amarte. Así que los rechazos y las rupturas no tienen por qué dañar tu autoestima: hay veces que se da la chispa de la química entre dos personas, y otras veces que no, y no pasa nada. 


- Si quieres que el amor sea una experiencia maravillosa, es fundamental que la gente con la que te juntas se sienta libre para quedarse, o para irse de tu lado. No hay nada que alimente más el amor que la libertad, de la misma manera que el sentirse aprisionada u obligada mata cualquier sentimiento amoroso. Y a la inversa: no permitas que nadie te ate con la excusa de que te ama: no perteneces a nadie, y eres radicalmente libre para estar en una relación o para dejar de estar en ella, y para tomar tus propias decisiones. Tu pareja, sea chico o chica, también. 



- Desmitifica el amor. No es cierto que el amor da la felicidad: a veces te mete en infiernos horribles de dolor y sufrimiento. No es cierto que teniendo pareja nunca más te vas a sentir sola: solos estamos todos en este mundo, y caminamos por la vida con acompañantes que van y vienen. No es cierto que el amor te salva de ti misma o soluciona tus problemas, tu vida mejora en función de cómo tomes tus decisiones y cómo aprendas a gestionar tus emociones, no en función de la aparición de un príncipe azul que cambie tu vida mágicamente. 

- Hay muchas formas de amarse y de quererse, muchos modelos de amor: no estás obligada a imitar la estructura que le impusieron a tus abuelos o a tus padres. No importa si se pone de moda una nueva forma de quererse, no importa si todas tus amigas creen que su modelo es el mejor, no importa si la persona que te gusta prefiere tal o cual modelo. No te ates a ninguna religión del amor, aunque te la vendan como algo subversivo: lo realmente transgresor es vivir tu sexualidad y tus relaciones como a ti te apetezca, sin miedo al qué dirán. No te encajones en ninguna etiqueta: hetera, lesbiana, bisexual, monógama, poliamorosa... puedes ser lo que te apetezca y cambiar las veces que te apetezca. Habla contigo misma y escuchaté: ¿cómo te apetece a ti vivir el amor, los amores de tu vida?

-Se está mejor sola que mal acompañada: solas no estamos nunca, tenemos un montón de gente que nos quiere. No tener pareja(s) no es un fracaso: el fracaso es estar con alguien que te hace daño, que no te quiere bien, que no te trata bien. El fracaso es estar en una relación que no funciona, que no te hace sentir bien, que no te hace feliz. Se está mejor soltera que en infiernos románticos que te chupan las energías. 


- Estás guapa, eres guapa. Como eres joven, eres tremendamente bella. Hay una cosa que se llama "lozanía" y que la tienen todas las mujeres de tu edad. Nosotras las que ya estamos entrando en los cuarenta lo vemos desde lejos: tenéis todas una piel hermosa y unos ojos brillantes. Sois guapísimas todas, pero no os dais cuenta porque todo el tiempo os bombardean desde los medios de comunicación para que os comparéis entre vosotras, para que os sintáis todas feas, imperfectas, demasiado delgadas o demasiado gordas, demasiado altas o demasiado bajitas. El objetivo de la industria de la belleza es que te llenes de inseguridades y de complejos y te veas fatal a ti misma porque cuanto peor te sientes, más consumes: ropa de moda, revistas de belleza, perfumes, cosméticos, gimnasio, peluquería, operaciones estéticas, etc. Cuanto peor está tu autoestima, más sumisa eres a los mandatos del patriarcado, por eso para tenerte bien jodida tratan de hacerte creer que si no eres guapa, no se van a enamorar de ti y te vas a quedar sola. 

- Tu cuerpo es tuyo, y es hermoso así como es. Aprende a amarlo, a cuidarlo, y a protegerlo: en este mundo patriarcal, muchos hombres creen que los cuerpos de las mujeres son de ellos, y por eso creen que pueden tocarnos cuando quieran, creen que pueden violarnos a solas o en grupo, creen que pueden alquilar por un rato nuestros coños, que pueden traficar con nuestros úteros, que pueden secuestrar nuestros cuerpos para enriquecerse con el mercado de esclavas sexuales. Tu cuerpo es tuyo: no es del novio, ni del juez, ni del médico, ni del cura, y esto significa que tendrás que luchar para que te respeten, en un mundo donde los cuerpos de las mujeres son objetos para ser disfrutados e intercambiados por los hombres. 


- Disfruta de tu sexualidad, libera tu imaginación, júntate para compartir placeres con quien quieras, cuando quieras, como quieras, y cuantas veces quieras. Olvídate del qué dirán: el machismo nos hace creer que el deseo de las mujeres es algo anormal o patológico, por eso inventaron la palabra "ninfomanía" para insultar a las mujeres libres que viven su erotismo y su sexualidad como desean. Si sientes curiosidad por probar el sexo con tus amigas, no te reprimas: atrévete a explorar, a descubrir lo que te gusta, a probar experiencias nuevas. El sexo con chicas es fantástico: no te niegues a ti misma la posibilidad de disfrutarlo por miedo al qué dirán, a las etiquetas y a los prejuicios y las fobias sociales. Cuanto antes te liberes de esas cargas, mejor: no esperes a los 40 años para hacer lo que te apetezca. 


- Aprender a decir "NO" es fundamental. Hay que decirlo cuando no nos sentimos bien, cuando no queremos hacer algo, cuando no nos apetece o no podemos hacer lo que nos piden los demás. Hay que poner límites a la gente y a las parejas, aunque cueste mucho. Resulta más fácil cuando te sientas a hablar y a pactar contigo misma lo que quieres y lo que no. Lo que te apetece y lo que no. Cuando lo tienes claro, puedes ceder en algunas cosas, pero no en lo fundamental. En el sexo, tu pareja tiene que respetar si no te apetece hacer el amor: no estás obligada incluso cuando has dicho primero que sí y luego tu cuerpo te dice que no. Recuerda: no es no. 

- Sé tu misma. No te empequeñezcas para ligar. No dejes de ser quien eres, no te avergüences de ti misma, no trates de cambiar para adaptarte a los demás. Lo que nos enamora de alguien es su luz, su alegría de vivir, su poder, su fuerza para resolver problemas y para luchar por lo que quiere. Lo que nos atrae de la gente es su seguridad en sí misma, su forma de relacionarse y de moverse en el mundo. Así que no te escondas, no te invisibilices, no te apagues ni dejes que te apaguen. Brilla con toda tu luz y sé tú misma: no permitas que te aplasten ni que te pidan que seas quien no eres. 


- Sola eres más vulnerable, dependiente y necesitada de afecto. No dejes que tu pareja te aísle y te aleje de tu gente querida, nunca. No hagas lo mismo con tu pareja cuando la tengas: el amor hay que multiplicarlo, expandirlo, ensancharlo y hacerlo más y más grande. Lo más valioso que yo conservo hoy, veinte años después, son mis amigas y amigos. Con ellas me he reído tanto, he aprendido tanto, he conversado tanto: con ellas he hecho las mayores locuras, he crecido como persona, he viajado, he construido muchas cosas, y me he construido a mi misma. Los novios y las novias van y vienen: las amigas y los amigos permanecen durante años, y a veces, durante toda la vida. Por eso es tan importante quererlos y cuidarlos, tengas o no pareja: porque son tu gran tesoro. Si tienes una hermosa red afectiva en tu vida, nunca estarás necesitada de amor y será más difícil que se aprovechen de ti o te hagan daño.


- El amor ni se mendiga, ni se exige. Si te quieren bien, a disfrutar. Si no te quieren bien, si no te tratan bien, si no te quieren como tú quisieras, entonces corta por lo sano. Las relaciones en las que no eres correspondida y no hay reciprocidad son las más dolorosas, así que no tienes por qué conformarte con lo poco que te den, ni tienes por qué quedarte esperando a ver si la otra persona se enamora de pronto de ti. Recuerda que la gente se junta para probar, y que en los inicios de una relación a veces hay química y salta la chispa, y otras veces no. A veces descubrimos que somos afines y compatibles, y otras veces vemos que no lo somos y que por mucho que nos queramos, no podemos estar juntos. Utiliza el sentido común: si funciona, adelante. Si no funciona, a otra cosa mariposa.


- Sé asertiva y sincera; di como te sientes, di lo que quieres, di lo que te apetece, y no tengas miedo a la reacción de la otra persona. Puedes decir todo sin hacer daño a los demás, con respeto y ternura. Ser asertiva es evitar por un lado la agresividad (imponerte al otro para que haga lo que tú deseas) y por otro lado la victimización (hacer sentir culpable a la otra persona cuando no cumple con tus expectativas). En temas de amor, no vas a lograr jamás que te amen tratando de dar pena o de hacer sentir culpable o mala persona a tu pareja porque no hace lo que tú quiere o no te da lo que tú necesitas. La única responsable de tu felicidad eres tú: libérate del masoquismo romántico, el mejor invento del patriarcado para tenernos a las mujeres constantemente sufriendo y pasándolo mal porque no somos amadas como soñamos. 


-El amor no es una guerra, y las personas con las que te juntas no son tus enemigos a los que debes vigilar, controlar y castigar. Amar es cuidar a la otra persona, tratarla bien, dar lo mejor de ti en la relación, y que la otra persona sepa también cuidarte, incluso cuando se acaba la relación. No es cierto que los que más se pelean son los que más se desean, no es verdad que del amor al odio hay un paso, y es mentira que quien bien te quiere te hace llorar. Quien bien te quiere te trata bien y contribuye a tu felicidad, y las peleas románticas no son una prueba de amor. Vivimos en un mundo cruel y violento, por eso lo verdaderamente subversivo es lograr relacionarte con la gente desde el amor, la ternura, el cariño, y la alegría de vivir. Además, puedes separarte con amor y cariño: los finales de las parejas no tienen por qué ser traumáticos, desgarradores o terribles. Otros finales son posibles. 

- Cuidaté y usa anticonceptivos: tus compañeros sexuales o sentimentales no te van a querer más si les permites penetrarte sin condón. Es absurdo pensar que así vas a retener a un chico que te gusta: te expones inncecesariamente a embarazarte y a contraer enfermedades de transmisión sexual. Cuantas más veces te expongas, más posibilidades tienes de que te toque la lotería. Y la que sufre la enfermedad y el aborto eres tú, no ellos: no te la juegues. Cuida tu salud, cuida tu cuerpo, y no cedas a los chantajes de aquellos a los que les importa más su placer que tu salud y tu bienestar. 


- Confía en ti misma. Por supuesto que eres capaz de cualquier cosa que te propongas, pero tardamos muchos años en comprenderlo porque los mensajes machistas en los los medios nos hacen creer que las mujeres somos inferiores y por eso necesitamos al lado a un hombre valiente que nos cuide, nos ayude, nos mantenga, nos apoye y nos proteja. Confía en ti, en tus habilidades, en tus potencialidades, en todo lo que se te da bien, en tu capacidad para aprender, para mejorar, para hacer lo que vas a hacer. Hazlo con todo el amor del mundo, inténtalo con todas tus energías, y verás cómo si se puede. No esperes a tener cuarenta años para confiar en ti misma: cuanto antes, mejor.



La vida es muy corta, no pierdas tu tiempo ni tus energías


- La juventud no dura toda la vida, el tiempo pasa muy deprisa. No lo pierdas intentando que relaciones que no funcionan, funcionen. No te quedes esperando el milagro romántico al que nos acostumbran las películas: las princesas Disney, como no tienen proyecto propio, se pasan la vida esperando. La Bella Durmiente estuvo cien años esperando a su príncipe, y la otra Bella pasó años esperando a que la Bestia cambiase. Nosotras no podemos quedarnos esperando al milagro romántico: tenemos muchas experiencias que vivir, mucha gente que conocer, muchas cosas que aprender. 


- El amor romántico es importante, pero no es lo más importante. Por encima del amor romántico estás tú, tu relación contigo misma, tu relación con tus seres queridos, tus proyectos y tus sueños, y por último, el amor romántico. Con los años vas aprendiendo a distinguir lo importante de lo que no es importante: así eres más práctica y sufres menos. Por ejemplo, que a tal chico no le gustes no es importante. El cáncer de alguien a quien amas sí es importante. La soledad y el dolor de alguien a quien quieres sí es importante. No tener dinero para comer a fin de mes sí es importante. Que el banco te eche de tu casa, sí es importante. Que maten a mujeres todos los días en todos los rincones del planeta, sí es importante. 


- No te vayas con el primer tonto que aparece por la esquina. Es un desperdicio enamorarse locamente de alguien a quien no conoces de nada y luego resulta ser un patán. Elige un buen compañero o compañera, no importa si tu relación dura una noche, una semana o un año. Lo importante es que te sientas bien tratada, que te sientas libre y a gusto, que te sientas bien con la persona con la que estés. 



- No te sacrifiques " por amor." No renuncies a tus proyectos ni a tus sueños por amor, no dejes de hacer nada de lo que te gusta hacer por amor. Los novios van y vienen, el de los 18 no es el definitivo, ni el de los 24, ni el de los 30: no hay novio definitivo. Y si el novio te dura veinte años, el consejo sigue siendo el mismo: para amar no hay que renunciar a nada. Si algún chico te pide que dejes tu pasión, lo hace desde el egoísmo, el miedo, el autoritarismo, los celos, la maldad, o la dominación, no desde el amor. Aplícate esta regla a ti misma: nunca le pidas a nadie que deje de hacer lo que le apasiona por ti. El amor es libre y la gente que te quiere bien respeta y ama tu libertad. 

- No pierdas el tiempo con gente que no sabe, no quiere o no puede disfrutar del amor. Dedica tus fuerzas a lo que te gusta, a lo que te apasiona, a lo que te mueve, y aléjate de las personas que quieren hacerte daño, que quieren dominarte, que quieren apagarte, que quieren aprovecharse o abusar de ti. Las relaciones llenas de peleas, dramas y luchas de poder son una pérdida de tiempo. Quien bien te quiere, no te hace llorar. Los que más se pelean, no son los que más se desean. Y no: del amor al odio no hay un paso. Hay un abismo inmenso. 

- Los duelos cuanto más cortos, mejor. No puedes pasar años enganchada del último ex: es una forma de esclavizarte a ti misma durante mucho tiempo, es una forma de auto-boicotearte y de negarte la posibilidad de vivir otras historias y otros romances. Hay que ser práctica: si no te quieren ya, si se te acabó el amor, si se deterioró la relación, si nos estamos haciendo daño, mejor liberarnos mutuamente. Ayuda mucho pasar el duelo en compañía, rodeada de la gente que nos quiere. Recuerda que no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista.



Con respecto a los chicos: 


- No te esfuerces en ser aceptada por los chicos adolescentes, en especial los machos alfa y sus seguidores. Es una tarea inútil: ellos se consideran diferentes a nosotras y buscan construir su identidad masculina desde la negación y la oposición a la feminidad. La virilidad patriarcal se construye desde estas tres negaciones: "no soy una chica, no soy un bebé, no soy homosexual". Así que los líderes, los guapos, los alfa, no te van a ver como a una igual. No importa lo que hagas: no te van a tratar como a una compañera, así que ni imitarles, ni masculinizarte, ni hacerte deseable va a servir para que te acepten en su círculo. 

-Evita a los chicos celosos, inseguros, miedosos, machistas y posesivos: cuando un hombre quiere controlar tus movimientos, darte permiso o no dártelo para hacer algo, cuando pierdes tu derecho a la privacidad y a la intimidad, cuando te sientes vigilada, cuando tienes que dar explicaciones de lo que vas a hacer o no, no es porque te quieran mucho. Es porque no te saben querer bien y porque se sienten poderosos al dominar a una chica maravillosa. La posesividad no es una prueba de amor, sino más bien una demostración de machismo, egoísmo e inmadurez. 

- ¿Por qué solo te quieren para tener sexo? La mayor parte de los chicos han aprendido que la única manera de relacionarse con las mujeres es para utilizarlas: las chicas están para follar, para aliviar su deseo sexual, para llevar los vídeos porno a la realidad. Les encanta que te enamores de ellos, que te dejes "hacer de todo", que te sometas a su deseo y a sus necesidades. Las chicas guapas además les dan prestigio, les otorga el certificado de macho, les eleva el status y les aumenta el Ego gracias a la admiración que despierta en tus amigos por tener una chica guapa a sus pies. La mayor parte de los chicos educados en el patriarcado dividen a las mujeres en dos grupos: las buenas (mujeres sin deseo sexual propio, mujeres obedientes a su rol sumiso, mujeres que aman con devoción y cumplen los mandatos de género, mujeres comprensivas con las travesuras de los hombres), y las malas (todas las demás). Su manera de relacionarse con las mujeres está basada en esta filosofía: las mujeres son todas unas putas menos mi abuela, mi madre y mi hermana, que son unas santas. A las putas me las follo (a unas las pago y a otras no), pero jamás se me ocurre concederlas el status de novias. Las utilizo para mi placer y luego las abandono. Hasta que aparezca mi princesa (mujer buena), y con ella me caso, asiento la cabeza y fundo una familia. Esta es la razón por la cual aunque tengas sexo con ellos, no significa que quieran tener una relación contigo: los más machistas valoran más a las mujeres que no tienen sexo, y las respetan mucho más. Ellas son las elegidas para tener una relación formal, aunque generalmente ninguno quiere tener una relación formal. 

- Si sueñas con una historia de amor de película, no creas que se van a enamorar de ti por vestir sexy, por mostrarte disponible para tener sexo, por parecer una chica salvaje deseosa de tener experiencias nuevas. Para muchos de ellos, el amor es una cosa, y el sexo es otra: se enamoran de las chicas buenas, se follan a las malas. Ellos creen que las chicas dan sexo para conseguir amor, y que por el contrario, los hombres dan amor para conseguir sexoPero en realidad no tiene sentido separar una cosa de la otra, pues toda experiencia sexual puede ser amorosa, y toda experiencia amorosa puede ser erótica. Las mujeres también tenemos deseo sexual, también disfrutamos del sexo y necesitamos sexo como los hombres. La diferencia con ellos es que somos multiorgásmicas, por eso son tantos los que tienen miedo al poder de las mujeres y a la sexualidad de las mujeres. Muchas no descubrimos el potencial del placer porque construimos nuestra sexualidad en torno al placer de ellos, de lo que la industria del porno les ofrece a ello. Así es como existen muchas mujeres que no buscan su goce, sino hacer gozar al otro, y para eso se olvidan de su propio cuerpo y su propio erotismo, en el afán de agradar y complacer al otro.

- Los chicos que desobedecen al patriarcado son los más interesantes, y los únicos con los que se puede tener una relación de placer y compañerismo. Son esos chicos que no siguen al líder, que no le imitan, que no cumplen con los estereotipos de la masculinidad patriarcal. Son chicos que no compiten entre sí, no les gusta la violencia, no se someten a la dictadura del patriarcado que les dice cómo deben ser, no se han mutilado emocionalmente, no tienen que demostrar nada porque se sienten a gusto con su forma de ser. Esos son los chicos con los que puedes divertirte mucho, aprender, profundizar, explorar tu sexualidad, y construir una relación basada en el compañerismo.

- No les des tanta importancia: si quieres disfrutar de tu adolescencia y tu juventud, si quieres acabar con la desigualdad y el machismo, no los endioses ni los idolatres. No existen los príncipes azules: son chicos de carne y hueso, con multitud de defectos, y no los vas a cambiar. Con los años vas aprendiendo que en tu vida lo importante eres tú, tu bienestar, tu felicidad, tus sueños, tus proyectos, tus pasiones, tus relaciones sociales y afectivas, tu gente querida. La mejor manera de vencer al patriarcado es no vivir pendiente de ellos, y que tu autoestima no dependa de si ellos te aman o no te aman. 


No esperes a tener 40 años para liberarte

El miedo, de la vergüenza y la culpa, las tres grandes armas del patriarcado para esclavizarnos. Con el paso de los años nos vamos dando cuenta de esto y cuando alcanzamos la mediana edad somos más felices porque logramos liberarnos de todo y empezamos a pensar más en nosotras mismas y en nuestro bienestar. 


 - Tu gran culpa. Tienes derecho a ser feliz, a disfrutar, a elegir con quién quieres estar y con quien no, tienes derecho a ir y venir, a quedarte o a irte: eres libre para tomar decisiones que te beneficien a ti, y no por eso eres egoísta. Las mujeres tenemos todo el derecho del mundo a dejar las relaciones en las que no somos felices, así que no permitas que te sientas responsable de su felicidad o cuando te hacen sentir culpable por el bienestar de la persona que te exige que te quedes a su lado. La culpa es una potente arma de control social sobre las mujeres: no dejes que te hagan sentir mala persona cuando haces algo que te hace feliz, o cuando te proteges de situaciones que te hacen daño.


 - El miedo a la soledad, el miedo al abandono, el miedo al fracaso, el miedo a brillar, el miedo a que no te amen, el miedo a que te amen demasiado, el miedo a no enamorarte, el miedo a que se desenamoren de ti, el miedo al rechazo... el miedo es una arma de control social muy potente, porque sirve para crear masas desesperadas de mujeres de todas las edades, clases sociales, países y orientaciones sexuales que buscan el amor y se olvidan de quererse a sí mismas. No dejes que el miedo te paralice: la vida requiere mucha valentía y coraje, y cuando te atreves a vivirla sin obstáculos ni fantasmas, el gozo es indescriptible. 


- La vergüenza y el miedo al qué dirán: vivimos en una cultura muy hipócrita de doble moral en la que a la gente le encanta criticar, juzgar y señalar a todas las personas que no cumplen los mandatos de género. Sé desobediente y rebelaté: haz lo que te de la gana sin pensar en los demás. Generalmente los que más critican son los que más amargados están y los que más envidia tienen. También vas a recibir muchas presiones por parte de tu familia y tu entorno cercano: que cuando te echas novio, que cuando os casais, que cuando tenéis un bebé, que cuando tenéis otro bebé, que si no te apetece ir a por el niño ahora que tenéis dos niñas... la lista de exigencias es interminable, nunca acaba. Si decides no casarte, no tener hijas, no seguir la senda marcada por la sociedad, se van a poner muy pesados. Pero cada cual es libre de hacer lo que le apetezca con su vida, así que no te dejes presionar: tu vida es tuya y de nadie más. 



Rebelaté todas las veces que hagan falta: 


- El mayor acto de rebeldía contra el sistema consiste en quererte y cuidarte mucho. Ya que el patriarcado y el capitalismo nos quieren amargadas, acomplejadas, deprimidas, tristes, y en guerra contra nosotras mismas, entonces hay que querer bien a la compañera que va a estar junto a ti toda tu vida, desde la cuna a la tumba. Si te quieres podrás tener una relación muy bonita contigo misma, podrás ponerte las cosas fáciles, podrás elegir las mejores compañías, podrás hacer lo que quieras en tu vida. La persona que tiene la mayor responsabilidad sobre tu felicidad eres tú.  Cuanto más feliz seas, más felices somos todas las mujeres del planeta. 


- El segundo acto de rebeldía contra el sistema consiste en cultivar tu autonomía. Para poder construir relaciones igualitarias, es fundamental trabajar en tu independencia económica, emocional, sexual y sentimental. Aprender a estar sola, a resolver tus problemas con la ayuda de tus seres queridos, a disfrutar de tus pasiones en buenas compañías, es esencial para poder relacionarse desde la libertad, no desde la necesidad de ser amada. 


- El tercer acto de rebeldía consiste en no arrastrarte como una perra detrás de un macho alfa. En el mundo hay muchas mujeres que dependen económicamente de un hombre y tienen que obedecerle por miedo a quedarse sin recursos para ellas y sus hijas. Pero también hay muchas mujeres con autonomía económica que dependen emocionalmente de un hombre, y es gracias al patriarcado, que nos hace creer que sin ellos no somos nada. No somos medias naranjas esperando a ser completadas por otra media. Si el hombre del que te enamoras no se porta bien contigo, si te trata con indiferencia, si te chulea, si te marea, si te hace daño, si te controla, si pasa de ti, si no se implica en la relación, entonces mejor dejar la relación, y a otra cosa, mariposa. El amor sólo puede darse cuando hay igualdad, cuando existe el respeto mutuo, cuando hay reciprocidad, cuando ambas personas tienen ganas, energías y generosidad para quererse bien. 


- Puedes empezar ya mismo a llevar la teoría a la práctica: el feminismo aplicado a las relaciones románticas o de pareja consiste en quererse bien, tratarse bien, construir una relación sana y bonita desde la igualdad y la reciprocidad. Lo romántico es político: con el feminismo nos empoderamos individual y colectivamente, por eso queremos relacionarnos con los hombres desde el amor compañero o el compañerismo amoroso, evitando el sistema tradicional de sumisión-dominación que nos propone como modelo el romanticismo patriarcal. 


- El amor hay que multiplicarlo y expandirlo: nunca debe reducirse a una sola persona. Tengas o no pareja, el amor es algo que está dentro de ti, no fuera de ti. Sé generosa con tu amor, repártelo con alegría entre la gente que te quiere. 


Coral Herrera Gómez






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13 de agosto de 2017

Nena, no te enamores de mí







Nena, no te enamores de mí.
 Es la frase favorita que te sueltan después del primer polvo los machos alfa, esos chicos guapos que hacen gala de su mutilación emocional y sentimental. Se caracterizan porque se sienten muy deseables, y se enorgullecen de su soltería y de su aspecto de "chico duro". No les avergüenza su discapacidad para hacer el amor desnudos. Puede que se quiten la ropa para follar, pero no la coraza: no quieren complicarse la vida, no quieren sufrir, no quieren mostrar su vulnerabilidad y sus miedos, no quieren perder su libertad, no quieren comprometerse, ni compartirse, ni intimar, ni profundizar en una relación.

No te enamores de mí  es una frase cargada de información. Contiene indicaciones, consejos, advertencias, amenazas, y se entona con un pelín de soberbia y otro poquito de victimismo. Generalmente los pobrecitos lo pasaron muy mal en algún momento de su vida, y en un arrebato de generosidad, te cuentan su trauma. Generalmente sucede que en el año 1990 sufrieron mucho con la traición de una novia a la que amaban con toda su alma y que se fue con su mejor amigo, o cosas parecidas. Desde entonces no confían en ninguna mujer, ni confían en el amor, y te explican en tono paternalista que prefieren ser sinceros "para que no haya malentendidos y para que no te hagas "ilusiones"

¿Por qué se cierran al amor? Además de la tacañería o la mutilación emocional, también es porque son machistas: desconfían de las mujeres, le tienen miedo al amor, y creen que la ternura les hace débiles. A los niños les enseñan desde pequeños que las mujeres son todas unas putas, excepto su madre y algunas mujeres más de su familia (la abuela, la hermana, la tía). Las demás mujeres son todas malas, perversas, egoístas, caprichosas, codiciosas, ambiciosas, interesadas: sólo quieren vaciarte el bolsillo y destrozar tu corazón. Por eso hay que defenderse de todas, y desconfiar de ellas como si fueran el enemigo. 

El machismo les educa para que jamás nos vean como compañeras. Les han hecho creer que el amor es una guerra, y pierde el que se enamora. Nosotras somos las enemigas, y la batalla consiste en luchar para ver quién domina a quién. En todas las guerras hay perdedores y vencedores, y los machos alfa siempre quieren ser los vencedores. Les aterra que los demás se rían de ellos, que cuestionen su virilidad, que les tachen de calzonazos, por eso saben que para poder llevar las riendas y los pantalones, es fundamental defender su libertad a capa y espada.

No es sólo que tengan miedo del poder de las mujeres, es que además quieren ejercer su poder de una forma absolutista y totalitaria. 

Los padres les dicen a los hijos: "a las mujeres hay que domesticarlas. Y para tenerlas a tus pies, tienen que enamorarse de ti y sufrir un poquito. Si las das todo, se aburren y te abandonan. Si las pones obstáculos, si te sienten difícil de conquistar, se volverán locas de amor y se volcarán en el empeño de ser amadas. La mejor manera de someter a las mujeres es enamorándolas, tratándolas como si fueran seres inferiores o poco importantes, e intentando no enamorarte tú."

En los relatos también les envían el mismo mensaje. El miedo al amor y a las mujeres lo aprenden desde pequeñitos, y además está en todos nuestros chistes, refranes, dichos populares: 

Las mujeres son como el juego del frontón, cuanto más duro les das, más rápido llegan a ti.

El que se enamora, pierde.

Dos grandes consejos para domesticar mujeres sin necesidad de obligarlas.

Nena, no te enamores de mí, es la frase de aquellos que piensan que si te has acostado con ellos es porque eres como todas: una puta. Las princesas no se acuestan a la primera con un desconocido, por eso se merecen que las trates con respeto. A las demás mujeres no hay por qué respetarlas: puedes tratarlas como un objeto porque son inferiores a ti.

A las mujeres respetables las llaman princesas, pero hay muy pocas. Ellos sueñan con una mujer que se ponga a su servicio, por eso les cuesta tanto encontrar a la mujer de su vida. Creen que algún día aparecerá en sus vidas esa chica dulce, sumisa, tranquila, obediente, devota del amor y del hombre al que ama. Sueñan con una mujer dependiente, pasiva, con poca autoestima, miedosa, servil, que nació para amarle, que aguanta todo lo que le echen, que es capaz de soportarlo todo "por amor".

Mientras llega la media naranja, el macho alfa se entretiene con mandarinas: se acuesta con todas las que le apetece, pero a ninguna entrega su corazón. Así son los héroes masculinos de nuestra cultura: llaneros solitarios, guerreros, viajeros, aventureros, hombres libres con misiones importantes en cuyas historias las mujeres aparecemos como recompensa a su valentía y a su esfuerzo. 

Nuestro papel es siempre secundario, y nuestra función es engrandecer todavía más al héroe con nuestro amor incondicional, nuestra entrega, nuestra fascinación y nuestra necesidad de ser amadas.

Nena, no te enamores de mí, es la señal para detectar al chico que se siente poderoso, atractivo y capaz de enamorarlas a todas. No les da vergüenza parecer unos creídos: se sienten especiales, y saben que a las chicas les encanta el niño asustado que se esconde tras el tipo duro que presume de su coraza emocional. 

Todas las protagonistas de las películas conectan con ese niño asustado, se apiadan de él, se muestran comprensivas, se derriten de la ternura, sueñan con protegerlo y cuidarlo, sueñan con transformarlo, con curarlo, con salvarlo a base de toneladas de amor verdadero.

En la ficción, todas lo consiguen.

En la realidad, el coste de relacionarse con un mutilado emocional es altísimo, y es peligroso para nuestra salud mental. Es una trampa enamorarse de alguien que no se va a enamorar de ti, porque cuando no hay reciprocidad en las relaciones, el sufrimiento está asegurado. 

Nosotras, las mujeres de carne y hueso, nos hemos creído el cuento de que el amor lo puede todo, y que si somos pacientes será fácil convecerle de lo bonito que es el amor y lo especiales que somos nosotras. En eso se nos va a muchas la energía y el tiempo, en amarles esperando que algún día él se de cuenta. 

Invertimos demasiado en tratar de convencer a los machos que somos mujeres de fiar, que no somos como las demás, que nosotras sí merecemos ser amadas porque somos mujeres buenas

No te enamores de mí  es una frase que también sirve para que elijas: o lo tomas, o lo dejas. Si decides quedarte, tienes que aceptar sumisamente el tipo de no-relación que te está proponiendo. En una no-relación no hay compromiso, no hay negociaciones, no hay responsabilidad, no hay exigencias ni reproches. No importa si la no-relación dura un mes, un año o diez años: ellos están convencidos de que no quieren pareja. Aunque la tengan.

Negar una relación es maltrato, muchos se excusan diciendo que "es solo sexo"

No quieren abrirse, no quieren desnudarse, no quieren gozar de los placeres del amor. Sexo si, pero sin intimidad y sin desnudarse. Sexo, mucho, pero sin emocionarse. Sexo como ellos quieren, con la frecuencia que ellos quieren, con las normas que ellos imponen: tú solo puedes aceptar, o irte. 

Y se defienden diciendo que no te están engañando: son muy sinceros. No van a enamorarse, da igual lo que hagas, da igual lo que sientas: si te enamoras, es tu problema. Ellos no van a dar los pasos típicos del noviazgo, no van a conocer a tu familia ni tú a la suya, no te van a presentar a los amigos y amigas, no te van a considerar alguien importante en sus vidas. A su gente le dirán de ti: "es sólo un rollo, es la tía con la que follo, es sólo sexo, no significa nada para mí, no quiero nada con ella, no es nadie"

No te enamores de mí, nena, es la frase del chico que cree que el amor le debilita y le quita todo su poder. Es el hombre que cree que los sentimientos son cosas de mujeres, y que ama su libertad por encima de todo: su misión es defenderla de todas aquellas que pretenden seducirle para apresarle en un hogar lleno de felicidad del que ya no podrá salir nunca más. 

¿Y qué hacemos las mujeres cuando nos dicen: No te enamores de mí? 

Unas salen corriendo espantadas, 

Otras se decepcionan, se cabrean o se mueren de la da pena. 

Unas se ríen en su cara a carcajada limpia y le dejan en calzones. 

Otras se lo toman a mal y contestan con ironía que de dónde se ha sacado que ellas van a enamorarse así como así de cualquiera.

Y luego están las que se enamoran irremediablemente: las amantes de los retos, las que se aburren en relaciones felices, las devotas de las causas imposibles y las batallas perdidas. 

El peligro que tiene encontrarse con un mutilado emocional es que nuestro ego se lo toma como un reto:  "¿Como que no te vas a enamorar de mí?, veremos quien se enamora de quién, acabarás de rodillas, pidiendo amor, ya lo verás"

Nos creemos que es una lucha de poder y que con nuestros encantos, venceremos sus resistencias. Nos han hecho creer que solo podemos dominar a los hombres usando el sexo y el amor, pero la realidad es bien diferente. Los hombres tienen unos privilegios que nosotras no tenemos. 

Y el peligro que tenemos nosotras es que nos hemos creído que con el amor salvaremos a los hombres de sus problemas mentales y emocionales, y nos salvaremos nosotras. Por eso cuando nos prohiben enamorarnos pensamos cosas como: "Yo le demostraré que soy diferente y especial, que no soy como las demás mujeres, le haré creer en el amor, le enseñaré a amar de nuevo, en mí si podrá confiar, yo le quitaré los miedos, le envolveré en cariño y placer, le haré ver que la vida merece la pena cuando hay amor”.

Así es como las mujeres caemos en las trampas del patriarcado para que nos arrastremos detrás de los hombres. No hace falta que nos obliguen: nosotras nos arrodillamos voluntariamente ante el héroe porque nos sentimos muy agradecidas por haber sido las elegidas para follar de vez en cuando.

El masoquismo romántico se mezcla con el rol femenino de los cuidados. Basta con que nos den un poco de penilla para que nos pongamos maternales y nos creamos las salvadoras: no podemos evitar cuidar al niñito inseguro que se niega a trabajarse su masculinidad, a crecer, a evolucionar. Nos encanta ayudar porque así nos sentimos imprescindibles, o al menos, necesarias: si les ayudas a solucionar su problema, si les amas incondicionalmente, si les sacas de la misera, nunca dejarán de amarte, porque estarán eternamente agradecidos.

La trampa del patriarcado es hacernos creer que podemos ser las elegidas, y que podemos serlo todo para ellos. 

A ellos les gustan las mujeres libres para follar, y las sumisas para casarse. 

Y nosotras creemos que podremos cumplir con los dos papeles simultáneamente: ser la puta y la esposa. La amiga, la amante, la enfermera, la psicóloga, la madre, la cocinera, la compañera: soñamos con cumplir todos estos papeles y así ser las candidatas al trono del matrimonio, y al paraíso romántico en el que podrás vivir si eres coronada como la Reina de su corazón curado.

¿Merece la pena tener una relación o una no-relación con un mutilado emocional?

Rotundamente, no. Nuestras energías son limitadas y nuestro tiempo de vida es muy corto: tenemos apenas unos años para vivir, para aprender, para gozar, para explorar, para crecer, para llevar a cabo nuestros sueños y nuestros proyectos. 

No podemos malgastarlos en relaciones en las que no podemos ser nosotras mismas, en las que tenemos que disimular, reprimirnos, mutilarnos nosotras también. 

No compensa estar con alguien que sólo pone obstáculos, muros y prohibiciones. 

No merece la pena construir una relación en la que no vamos a ser felices.

No compensa juntarse a alguien que impone sus normas y sus muros de protección, y no te pregunta qué tipo de relación te gustaría construir.

No compensa empezar una relación basada en la guerra, el miedo, la desconfianza, la desgana, la desigualdad, el absolutismo, y el sufrimiento de una de las dos partes.

No se puede ser feliz al lado de alguien que no sabe o no quiere disfrutar del amor y de la vida.


Para poder disfrutar de la vida hay que estar abierta, hay que apasionarse, hay que ilusionarse, hay que moverse, hay que desmontarse, deconstruirse, cuestionarse, crecer y transformarse, hay que vivir, hay que atreverse, hay que desnudarse y hay que tener herramientas para poder disfrutar del aquí y del ahora. 

Y no se puede estar bien con alguien que nos coloca en una posición de inferioridad, que no nos cuida, que no nos da importancia, que no nos abre las puertas, que no nos trata como a compañeras.

Es demasiado doloroso y agotador estar en una relación tan limitada, porque hay que estar constantemente trabajándose la autoestima para no sentirse poca cosa al lado de alguien que nos trata como si fuéramos poca cosa.

¿Qué podemos hacer entonces? 

Cuando un chico te prohíbe enamorarte de él, es el mejor momento para rebelarse y poner el feminismo en práctica. Si queremos acabar con el patriarcado, tenemos que dejar de aceptar las migajas que nos ofrecen y huir de las relaciones desiguales en las que hemos de aceptar las condiciones que impone el otro.

Para aplicar el feminismo al terreno de las relaciones sexuales, afectivas y sentimentales, hay que relacionarse horizontalmente, sin jerarquías, sin seguir el esquema clásico del amo y el esclavo. Empoderarse individual y colectivamente ante el amor supone romper con la necesidad de ser amada y con el miedo a la soledad, porque la necesidad y el miedo nos hacen dependientes de los hombres, y nos sitúan siempre en una posición de sumisión. 

Si queremos acabar con el machismo y la violencia, tenemos que evitar perder el tiempo y las energías en relaciones que no van a ninguna parte. Eliminar los sentimientos de una relación humana es imposible. No sirve de nada: cualquier relación que dure un tiempo nos hace sentir emociones, sean placenteras o dolorosas, o las dos cosas. No podemos dejar de sentir, a no ser que tengamos graves carencias, trastornos mentales y emocionales, enfermedades o traumas terribles que nos mantengan las emociones congeladas.

Y como nosotras lo que queremos es disfrutar y dejar de sufrir, entonces no podemos conformarnos con lo poco que nos ofrecen los mutilados emocionales. 

Podemos y debemos aspirar a más: el amor es para gozar, para crecer, para florecer, y si no nos dejan bailar, no es nuestra relación. 

Para liberarnos todas, tenemos que dejar de esperar el milagro romántico,  y el mito de que el amor todo lo puede: cuando una persona no te considera apta para enamorarse de ti, entonces lo mejor es no entrar en la relación y seguir tu camino. Si te cuidas a ti misma y te quieres bien, entonces no te quedas al lado de una persona que no te corresponde.

Nosotras no vamos a salvar a los mutilados, ni les vamos a convencer de que somos buenas personas. 

Lo que tenemos que hacer es salvarnos a nosotras mismas y tener siempre muy claro que si el amor no es recíproco y los cuidados no son mutuos, son abuso, explotación y violencia. 

Olvidaté de los machos con miedo y juntate con gente linda, generosa y alegre que tenga ganas de disfrutar del amor y de la vida.


Coral Herrera Gómez





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14 de julio de 2017

El Laboratorio está en Internet





El Laboratorio del Amor está en Internet, en mi escuela on line "Otras formas de quererse". 

Ya somos 70 mujeres dentro, y me siento super orgullosa y feliz de haber creado esta comunidad internacional para trabajar el tema del amor romántico. Antes trabajaba sola, pensaba sola, escribía sola: ahora me siento super acompañada por tantas mujeres diversas. Nos acompañamos unas a otras en nuestros procesos personales, nos enriquecemos mutuamente con las reflexiones en los foros y los materiales que subimos a la Biblioteca, nos damos calorcito humano, nos empoderamos colectivamente, nos deconstruimos desde la autocrítica amorosa, desmontamos el romanticismo patriarcal, y nos inventamos juntas otras formas de organizarnos, de relacionarnos y de querernos. 

Es alucinante las relaciones tan hermosas que construimos entre nosotras: es un espacio de libertad y de confianza en el que ninguna nos sentimos juzgadas por las demás. Más bien, desnudarnos en el Laboratorio nos hace sentir menos marcianas, menos raras, y menos avergonzadas. Porque sabemos que no es fácil llevar la teoría a la práctica, que todas tenemos contradicciones, que tenemos que trabajarnos muchas cosas, que somos mujeres imperfectas y que despatriarcalizarse y aprender a gestionar las emociones no es nada fácil. 

Pero sin duda se hace mucho mejor en compañía que a solas, así que si queréis uniros a esta red de mujeres, ¡sois todas bienvenidas!

Coral

Podéis apuntaros desde cualquier país y conectaros a cualquier hora: no hay horarios fijos excepto el chat que celebramos una vez al mes en directo. 

Ahora estamos de oferta porque andamos celebrando el segundo aniversario, y he lanzado un paquete de 3 meses por 15 euros, o sea, la mitad de precio. El momento ideal para unirse a este espacio de investigación y acompañamiento con más de 70 mujeres de todo el mundo. 


Tenéis toda la información y el botón de inscripción en mi web: 


http://otrasformasdequererse.com/laboratorio-del-amor/


13 de julio de 2017

¿Dónde está Coral Herrera Gómez?

Nací en un barrio de la periferia de Madrid y a los 34 años, después de doctorarme, tuve que emigrar para encontrar trabajo en alguna universidad. Me vine a Costa Rica y no pude tampoco trabajar en ninguna Universidad, pero me enamoré de un salvadoreño, me monté mi escuela en Internet y me quedé aquí. 

Ya llevo 6 años y mi bebé e hijastris son de Costa Rica, así que somos familia multicultural. Voy a España cuando me invitan a dar conferencias y talleres, y así puedo disfrutar de mis familias de allá, pero vivo siempre en San José. 

Cuento todo esto porque se me hace un lío la gente y algunis no saben bien donde ando o de donde soy. Soy de acá, nací allá, vivo acá, viajo cuando puedo allá... Y tengo el corazón repartido en los dos continentes. Como cualquier inmigrante, estoy condenada para siempre a echar de menos a mi gente querida de allá cuando estoy acá, o de acá cuando estoy allá. Me siento muy afortunada.... Incluso cuando llevo mucho tiempo sin ir y me come la nostalgia.

11 de julio de 2017

Oferta Aniversario del Laboratorio del Amor


Este mes el Laboratorio del Amor está celebrando su segundo aniversario. Más de 300 mujeres de España y Latinoamérica de todas las edades han pasado por este espacio creativo, de investigación, reflexión y acompañamiento. Es una red social y un grupo de estudio en el que hemos trabajado muchos temas bajo el lema "Lo Romántico es Político". Nuestra Biblioteca del Amor se ha llenado de materiales (entrevistas, artículos, libros en pdf, documentales, música, citas, bibliografía), hemos inaugurado un espacio de Cine-Fórum para recomendar y comentar películas y series de televisión, seguimos entrenando con nuevos ejercicios, y seguimos celebrando nuestro chat mensual en directo.
Para celebrar este aniversario, he lanzado una oferta super especial: un paquete de
 3 meses x 15 euros
Inscribirse es muy fácil y se hace en dos pasos, aquí tienes toda la info. 
¿Qué es el Laboratorio del Amor?
Preguntas Frecuentes 
Testimonios 

Esta oferta es válida hasta el 30 de julio, aprovecha y uneté a nosotras. 
¡acompañada se desaprende mejor!

8 de julio de 2017

Qué pasó cuando me dijo "Ya no te amo"


Yo tenía 24 años, y su voz sonaba tan angustiada por el teléfono. El primer fin de semana era que estaba muy liado, el segundo que tenía que viajar por trabajo, y en el tercero que se sentía muy mal y no sabía qué le pasaba. 
K. estaba tan raro que me asusté pensando que podría estar cayendo en una depresión, así que le dije que quería verle y hablar con él: quería cuidarlo y apoyarlo si estaba pasando un momento difícil. Me dijo con voz derrotada: "está bien, ven a casa a verme y te cuento". 
Me asusté pensando que igual le pasaba algo grave, se me revolvió el estómago pensando en alguna enfermedad incurable. Me dió un pinchazo en el corazón. Me duché rápidamente, y fui a su casa preocupadísima. Me abrió la puerta ojeroso, pálido y desencajado, me abrazó en silencio, y luego le seguí hasta el salón. Nos sentamos y yo recuerdo que me estaba preparando para ser fuerte con la espantosa noticia que iba a darme: 
- Verás, no sé ni cómo decirte, Kori. Verás, conocí a una chica en una fiesta hace dos semanas. Nos enrollamos y me gustó tantisimo, no podía parar de pensar en ella, pero me sentía un traidor. He vuelto a verla y ha sido increíble. Es un flechazo de esos que... no sé cómo explicartelo, pero estamos los dos como locos... ella va a dejar a su novio y yo… bueno… yo quiero estar con ella. Creo que lo justo es que sea sincero contigo, hemos decidido que vamos a intentarlo, queremos estar juntos, no sabemos muy bien qué nos ha pasado, Kori, pero... queremos intentarlo.
Cuando cuento esto en mis charlas o talleres, le pido a la gente que me cuente qué creen que ocurrió después. Las respuestas son: “te levantaste, le pegaste una hostia, cogiste tus cosas y te fuiste dando un portazo”, “le dijiste que era un hijodeputacabrón y te echaste a llorar”, “le insultaste y le tiraste cualquier cosa a la cabeza”, “le montaste una escena dramática con llantos y le pediste que por favor no te dejara”, etc.
La realidad es que primero suspiré aliviada porque no se iba a morir. 

Un inmenso alivio, eso fue lo que sentí. Luego sentí agradecimiento, me puse comprensiva y le dije:
- Gracias por contármelo, de verdad. Qué valiente, K. Qué bien que te has atrevido, que tienes confianza conmigo para contarme cómo te sientes. 
- Lo he pasado muy mal, me estaba quemando por dentro... ¿Cómo te sientes tú?
- Bueno, mal. Si, jo, me has roto el corazón, siento un dolor aquí, y también me duelen las manos... pero por otro lado estoy contenta porque no tienes ninguna enfermedad terminal ni te vas a morir. Estaba tan preocupada que no me imaginé jamás que pudiera ser esto. Te noté tan angustiado que pensaba que pasaba algo grave. 
- Bueno, es que me siento fatal, super culpable. No quiero hacerte daño, Kori, yo te quiero mucho y jamás querría verte sufrir por mi culpa, porque eres una tía de puta madre. Pero es que no estoy enamorado ya de ti. No sé por qué, la verdad, no lo entiendo con lo maravillosa que eres. 
- Eso no se sabe nunca por qué, el amor se acaba, no sé.... pero mira, lo bueno es que no me vas a hacer sufrir con mentiras, con excusas, con engaños. Y yo a ti no te voy a chantajear, ni a machacar con reproches, ni te voy a hacer sentir mala persona, como siempre pasa cuando uno no se atreve a decir lo que está pasando. A mi me mata la incertidumbre, la confusión, el engaño, el no saber qué está pasando. Necesito toda la información para saber dónde estoy, para poder tomar yo decisiones.
- Si, siempre me lo has dicho. Por eso decidí contártelo. 
- Pues es justo lo que yo necesitaba, K. Nos estamos ahorrando los tres semanas o meses de dolor y sufrimientos. 
Le abracé fuerte. Le dije que no se preocupase, que claro que dolía, pero que el mundo no se acababa, que a todos nos rompen el corazón una o varias veces en la vida, y que decirme lo que estaba pasando era una de las pruebas de amor más grande que me podían haber hecho nunca. 
- Es que yo te quiero mucho, Kori.
- Yo a ti también. 
Nos abrazamos otra vez. Hablamos un rato largo de lo bien que lo habíamos pasado juntos, de lo mucho que nos queríamos, de lo rico que lo pasamos echando esos polvazos salvajes y apasionados, de la infancia que pasamos juntos (estuvimos 8 años en el mismo aula, siendo compañeritos de colegio), de los dos viajecitos que nos hicimos juntos, de lo delicioso que fue reencontrarnos, y luego me fui a casa a llorar a mares durante toda la tarde, y durante toda la semana.
El duelo fue más corto que los anteriores, creo que porque no tuve que pasar por esas semanas en las que te hueles que está pasando algo pero no sabes qué. Ese tiempo en el que la otra persona no sabe cómo decirte que ya no te ama, o que ha tenido una aventura pero te sigue amando, o que te ha mentido y se arrepiente... ese tiempo de sospechas y angustias.

Yo tenía los típicos pensamientos negativos que te invaden en momentos así: "ya no me volveré a enamorar así nunca más, ¿por qué me tiene que pasar esto a mi?, será que nunca me amó realmente, ¿por qué se nos acabó?"... y por otro lado me sentía afortunada y pensaba, "qué bien que nos hemos separado con tanto amor. Sin peleas, sin dramas, sin violencias románticas. Mi chico se ha enamorado de otra chica, y ha querido acabar nuestra relación para empezar otra. Bueno. Nos lo hemos pasado super bien juntos en este año de amor, así que me quedo con este presente que hemos compartido, no lo voy a olvidar jamás". 
Nunca me imaginé que una relación bonita podía tener un final bonito, pero acababa de experimentarlo en mis propias carnes. Un final sellado con una conversa hermosa sobre nuestra relación, y con un abrazo de esos inolvidables. Un adiós amoroso en el que ninguno de los dos nos hicimos daño.

Me dije que si algún día me pasaba a mí algo parecido, lo de desenamorarme o enamorarme de otra persona, sería igual de honesta y valiente como él. Me pareció todo tan idílico, que me dije, claro que se puede acabar una relación con cariño, con respeto, con complicidad, con ternura. No hay por qué mentir, no hay por qué portarse mal, no hay motivos para guerrear, ni para morir matando. No hay por qué odiarse cuando hay buen trato y cuando se pueden hablar las cosas sin hacerse daño. No hay por qué sentirse culpable ni mala persona: las relaciones empiezan y se acaban, se transforman, se deterioran, se diluyen... y si hay sinceridad y cuidas a la otra persona, es todo mucho más fácil. 
De esta historia que me tocó vivir con K. es de donde surgió mi idea de que se pueden terminar las relaciones con tanto amor como cuando las empezamos. Lloré mucho porque K. había sido mi primer amor en la infancia, porque lo amé con toda la inocencia y la pasión de la adolescencia, y porque cuando la vida nos volvió a juntar con 23 años, me enamoré locamente de él. Lo sentía como mi compañero de vida. Era imposible odiarle: sólo podía desearle lo mejor, y seguir queriéndolo desde otro lugar.

En ella no pensé mucho, la verdad. No la conocía y no sentía nada hacia ella. Me alegraba pensar que no tuvo que pasarlo mal tampoco la muchacha. Yo trataba de aplicar el feminismo a mi pensamiento sobre ella para no culparla. Me decía a mí misma las verdades: él ya no te llamaba tanto, llevaba un tiempo más a lo suyo, se desenamoró y no pasa nada. Ella no te debe a ti nada, no te conoce de nada, y K. no es tuyo ni de nadie, se han conocido, se han gustado muchísimo, y ni su novio ni yo podemos hacer nada ante el enamoramiento que los dos están viviendo.

Bueno, si podíamos hacer algo: aceptar lo que estaba ocurriendo, no interferir, apartarse con elegancia, y desearles lo mejor a ambos.


¿Cómo llegar a aceptar que ya no te aman?

La aceptación es uno de los grandes temas que trabajamos en el Laboratorio del Amor y en los talleres que imparto en mi escuela on line, "Otras formas de Quererse". Aceptar la realidad no es fácil por el Ego (es tan frágil y prepotente que no le gusta que le lleven la contraria), y porque como el amor es un fenómeno basado en la idolatría, la admiración, la mitificación de la persona amada y del mismo amor, cuesta mucho ser realista: soñar es como una droga, hacerte tus viajes al paraíso del amor es muy entretenido y excitante. Sirve para evadirte de un mundo lleno de violencia, egoísmo y crueldad.

Sin embargo, cuanto más lejos está la realidad de los sueños, más se sufre. Hay gente que vive en una decepción constante, y eso además de hacernos sentir frustradas, daña muy seriamente nuestra salud mental y emocional. Las enfermedades y las depresiones vienen de esa distancia entre lo que hay y lo que querríamos que fuese.

No recibimos educación emocional, por lo que no nos enseñan a "perder", ni a gestionar el "no", ni a asumir con elegancia y deportividad el rechazo, Nos cuesta aceptar el final de una relación porque nos han dicho que el amor es eterno y crece y se mantiene de forma mágica, como si fuera una fuente de energía inagotable. Y porque creemos que teniendo pareja ya nunca más estaremos solas.

Una forma de bajar a la realidad es tener que escuchar: Ya no te amo, ya no voy a seguir caminando junto a ti, me voy solo o me voy a caminar con otra persona. Duele mucho, muchísimo. Se te baja la autoestima, crees que no eres atractiva ni valiosa, te sientes herida en el Ego, te da por sentirte culpable  (¿que he hecho mal?), o puede que te sientas muy impotente porque no puedes hacer nada excepto aceptar la situación.

Hasta que llegamos a ese punto de aceptación hay muchas fases, y hay gente que lo pasa muy mal. Algunas recurrimos al auto-engaño (volverá, esto es un mal sueño, en el fondo me ama) y nos aferramos a un clavo ardiendo, creyendo que algo queda. Soñamos con el milagro romántico, ese que vemos en las películas, cuando sucede algo mágico y él se da cuenta de lo maravillosa que es ella, lo ciego que estaba, y lo mucho que la ama. 
Otra estrategia que utilizamos frente al desamor es entrar en guerra para seguir el vínculo con el amado o la amada. Suele pasar cuando nos sentimos traicionadas y engañadas por el amado (¿no dijiste que me ibas a amar para siempre?) y por el amor (¿no era que el amor verdadero es eterno e indestructible?). Hay gente que se siente mejor odiando y soñando con la venganza (ojalá te de diarrea y ataques de estornudos en medio de la calle, ojalá te quedes solo y nadie te ame, ojalá te arrepientas algún día de lo pendejo que fuiste). 

A veces el odio se extiende hacia la nueva pareja, si nos dejan por otra persona. En las relaciones heterosexuales es muy común disculpar al chico con la idea de que otra mujer lo sedujo y él se dejó llevar. Esa otra mujer es la malvada robahombres que destroza la vida de las demás mujeres, y a veces se entra en guerra con ella para que se sienta culpable y mala persona. 

Sin embargo, las guerras románticas no ayudan en nada: empeoran la relación con la ex pareja, te desgastan emocional y energéticamente, y no son útiles ni benefician a ninguna de las dos partes. 

La aceptación llega cuando nos ponemos generosas y dejamos marchar a la otra persona de nuestro lado, cuando ya hemos asumido que se va, cuando podemos incluso desearle lo mejor en la nueva etapa que vais a empezar por separado. 

También se puede llegar a la aceptación desde la resignación, es decir, cuando ya sabemos que no importa lo que hagamos: no va a volver jamás. No hay nada que podamos hacer. Mejor no perder las energías ni el tiempo en recuperar la relación. 

Cuando eres capaz de leer las señales que te va enviando la otra persona a través de su cuerpo, sus gestos, su comportamiento, su forma de tratarte, su manera de mirarte... aceptar es más fácil, porque ya en  nuestro interior nos vamos haciendo a la idea de lo que está ocurriendo en la pareja. Cuando utilizamos el termómetro del amor  para entender qué nos pasa, o qué le está pasando a la otra persona, la ruptura no nos pilla de sopetón.

Sin embargo lo cierto es que no lo utilizamos mucho: generalmente preferimos no leer las señales porque es bien doloroso darse cuenta de que te están dejando de querer: siendo realistas y prácticas tendríamos la mitad del trabajo hecho cuando llega el momento de sentarse a hablar.


¿Qué ocurre cuando eres tú la que te desenamoras? 

No sólo nos cuesta tener que escuchar que no nos aman, también nos cuesta mucho reconocernos a nosotras mismas que ya no estamos enamoradas. En primer lugar porque implica que hay que hacer muchos cambios, en segundo lugar, no queremos hacer daño a nuestra pareja, y luego además tenemos miedo de quedarnos solas, miedo de no volver a enamorarnos, miedo al qué dirán, miedo a que te metan en el grupo de "las malas" según la lógica de la guerra romántica.

Las malas y los malos son todos aquellos que no cumplen su promesa de amar para siempre, las buenas y los buenos son los que sufren el "abandono" de su amado. En las mujeres desenamorarse o querer irse con otro está muy mal visto: las mujeres se supone que nacemos para amar, y la que no es fiel y leal de por vida a un solo hombre, es una ninfómana, una puta, una monstrua. Así que lo tenemos más difícil que los hombres, porque nadie entiende que una mujer puede desenamorarse igual que un hombre, y no se le reconoce que tiene derecho a separarse y a buscar la felicidad igual que hacen los hombres. 

Cuando te empiezas a dar cuenta de que algo te está pasando, todo se puede resolver en dos sencillos pasos bajo la norma de evitar hacer daño a la persona a la que quieres. El primer paso es sentarse a hablar con una misma y decirse en voz alta lo que estás sintiendo: "me estoy desenamorando, ya no siento lo mismo de antes, ya no quiero seguir con él/ella". 

Una vez que lo admites, viene el segundo paso, que es mucho más difícil todavía: decirle al otro/a lo que está pasando. Y cuesta, porque no quieres hacerle daño,te sientes una traidora, y te come la culpabilidad: prometiste que le querrías y le amarías para siempre. Estás fallando, estás demostrando que no puedes cumplir una promesa, y no sabes ni por qué te está pasando. 

Cuanto más tiempo tardamos en sentarnos a hablar con la pareja, peor. Cuando llega el desenamoramiento nuestro comportamiento cambia, y las vibraciones cambian: nuestra infelicidad, nuestra culpabilidad, y nuestra desgana se palpa en el ambiente. La otra persona se empieza a dar cuenta y empiezan las preguntas, las excusas, las sospechas, las mentiras, la confusión y la incertidumbre, los miedos, los reproches, las peleas, el victimismo, las posiciones defensivas, los ataques para provocar reacción, las  llamadas de atención (trágicas o agresivas), las luchas de poder y las guerras... que aceleran el desamor y nos hacen sufrir mucho. 

Tardamos tanto en dar el paso porque no nos han enseñado a separarnos bien, a cerrar las historias con cariño. Creemos que cuando llega el momento de separarse, toca vivir una escena dramática llena de insultos, reproches, reclamos, amenazas, chantajes y cosas que se dicen en momentos de dolor para hacer daño a la otra persona. Y apenas tienes argumentos para defenderte: prometiste lealtad absoluta, prometiste amor para siempre, estás fallando como pareja y como persona. 

Si sigue pasando el tiempo, te sientes todavía más culpable y te comen los miedos, los remordimientos y las angustias, que al principio son sólo tuyas, y después son compartidas. Cuanto más disimulas, peor te sientes, y si tu pareja te pide que seas sincera y no lo eres, entonces es el infierno: cuando te dan oportunidades para que rompas la relación y no las aprovechas te sientes terriblemente mal. 

Hay gente que lleva su cobardía al extremo y se lo monta muy mal: por ejemplo cuando elige portarse mal con su pareja para que sea la otra persona la que de el paso y rompa la relación. Es común en los hombres porque tienen más dificultades para decir lo que sienten, y porque generalmente las mujeres depositan en ellos la responsabilidad de velar por su bienestar y su felicidad. Para eso está el amor: a las chicas nos enseñan que ellos son los salvadores y los solucionadores de problemas, y que sin un hombre no podemos ser felices. Entonces a ellos les cuesta más romper porque se sienten culpables: no están cumpliendo con el rol que se les asigna por su masculinidad, que es proteger a la chica para que nadie la haga daño y para que ella pueda ser feliz. Así que eligen este camino que parece más fácil, y que sin embargo, tiene el efecto contrario. Putear a una mujer no sirve para que sufra menos, sino más: las mujeres fuimos educadas para aguantar malos tratos, indiferencia, y para sufrir todo el tiempo "por amor": en todas las películas nos dicen que cuanto más sufres, más grande será la recompensa. Es el masoquismo romántico el que nos mantiene en relaciones tóxicas, dañinas, y basadas en la dependencia emocional. 

Portarte mal para que te dejen es una opción que atenta contra la ética del amor: es una tortura para la persona a la que quieres. No le dices lo que pasa, no le das información para que pueda tomar sus decisiones, le dejas con esa duda que genera esperanza y desesperanza: es una forma de maltrato, y duele mucho. 

La presión social de la gente es otro factor que nos causa mucho sufrimiento a la hora de separarnos. La gente se siente obligada a posicionarse del lado de la "buena" o del "bueno" y te pide que no te separes, que recapacites, que seguro que puedes volver a enamorarte si te lo propones, que cambies tus sentimientos, que no tires todo por la borda... en las guerras románticas, los buenos tienen toda la razón. Tienen la ley de su parte, tienen toda el derecho a ir de víctimas  y recopilar apoyos y mensajes de condolencia y de solidaridad. Tienen derecho a pedir al entorno que presione y castigue al abandonador/a. 

Así de violenta es nuestra cultura romántica: los buenos pueden emplear todo tipo de estrategias para vengarse del ex, o de la ex, porque todo el mundo entiende que cuando te rompen el corazón tienes derecho a hacer sufrir a la otra persona o a destrozarle la vida. Y sin embargo, con esta estrategia los buenos no logran jamás que la otra persona vuelva a casa ni les siga amando. 

El amor ni se exige, ni se mendiga. Ni tratando de dar pena, ni con agresividad se reenamora a nadie. Da igual lo duro que sea el chantaje y el castigo: no hay hechizos, ni fórmulas mágicas, ni dinero, ni trucos para cambiar los sentimientos de los demás: no hay manera de despertar el amor, o de reiniciarlo. Lo único que se puede hacer es aceptar la realidad. Y si eres tú la que ya no estás enamorada, es fácil: lo explicas y tratas de separarte cuidándote y cuidando a tu pareja. 


El arte de separarse cuidando a tu pareja

Decirle a tu pareja que ya no la amas es un acto de amor, de honestidad, de generosidad, de lealtad, de valentía, pero requiere de entrenamiento. Ahorrarse meses y años de sufrimiento es una demostración de lo mucho que te importa esa persona con las que has compartido un trocito de tu vida. 

Amar es un arte, desenamorarse también es un arte que requiere mucho trabajo interno de auto-cuido, cuido al otro, generosidad, empatía, comunicación, asertividad, y amor. Si ambos lográis dominar este arte, separarse será más fácil, más rápido y menos doloroso para todos. 

La generosidad, la honestidad y la humildad son necesarias para  construir una hermosa historia de amor, y también para separarse con cariño. Ser generosa consiste en dejar ir, soltar a la otra persona, lograr desde el primer minuto de relación que tu amado/a se sienta libre para llegar, para quedarse y para irse. Ser honesta consiste en decir cómo te sientes, qué quieres y qué necesitas de la manera más sincera y asertiva posible. Y ser humilde consiste en mantener el Ego a raya para que no te destroce la autoestima ni te meta en guerras románticas que sólo sirven para destruirte a ti y destruir a la persona a la que amas. 

Si encuentras un compañera o compañero que también sea generoso y honesto, entonces podrás disfrutar de la maravillosa experiencia que es construir una relación libre (ya sea monógama, poliamorosa o del tipo que sea) en la que sabes que eres bienvenida cuando llegas, que te puedes marchar cuando quieras, permanecer el tiempo que quieres, y desvincularte con cariño cuando ya no quieras seguir caminando junto a él. 

Amar sintiéndote libre es una de las vivencias más hermosas del mundo. Y separarse con amor, es otra de las experiencias más enriquecedoras y más lindas de la vida. Es toda una filosofía: separarse con amor es uno de los pilares fundamentales de la ética amorosa que pone los cuidados a una misma y a los demás en el centro de la praxis amorosa.

Se puede terminar con el mismo amor con el que empezamos la relación, sólo es preciso disfrutar cada minuto del amor en el presente, saborearlo en gerundio, y crear un final feliz en el que ambos intentemos no hacernos daño, y en el que ambos podamos cuidarnos con el mismo grado de compromiso con el que nos emparejamos. 

Si nos cuidamos a nosotras mismas y cuidamos a nuestra gente querida, todos los procesos que nos impliquen emocionalmente (enamorarse, separarse, transformar las relaciones) serán mucho más fáciles, más enriquecedores, más placenteros y bonitos. 

Otras formas de quererse, de juntarse y de separarse son posibles: si trabajamos la honestidad, la sinceridad, los cuidados y el buen trato podremos dominar el arte del quererse bien. Se trata de entrenar a diario con tu gente querida, con tu pareja, con la gente con la que interaccionas en todos los niveles (sexual, afectivo, sentimental...). No importa si una relación dura una noche o dura cinco años: hay que cultivar mucho amor del bueno para multiplicarlo, repartirlo y expandirlo hacia la comunidad. Así es como podremos empezar el proceso de revolucionar nuestro mundo: transformando nuestras formas de comunicarnos, de juntarnos, de amarnos y de separarnos. 

¿Has tenido alguna experiencia parecida?, ¿te has atrevido alguna vez a decirle a tu pareja "ya no te amo"?, ¿te lo han dicho a ti, cómo reaccionaste, cómo te has sentido?
¡Gracias por vuestras aportaciones!

Coral Herrera Gómez

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