15 de octubre de 2026

¿Dónde estás tú? Cómo situarte en el mapa social




Hoy te invito a analizar tu posición dentro del mapa social y a  identificar a qué colectivos perteneces para tomar conciencia de tu vulnerabilidad, y de los derechos que tienes y los que no tienes. 

Es un ejercicio que estamos haciendo en el Laboratorio del Amor y las preguntas que nos estamos haciendo son: ¿cómo te determina tu sexo?, ¿a qué clase social perteneces?, ¿vives en el medio urbano o en el rural?, ¿tienes alguna discapacidad?, ¿sufres alguna enfermedad física o mental?, ¿tienes autonomía o dependes de familiares?, ¿tienes hijos o hijas?, ¿cuidas de más personas?, ¿hablas uno, o varios idiomas?, ¿cuál es tu nivel de estudios?, ¿en qué país naciste?, ¿vives en el país, pueblo o ciudad en el que naciste?, ¿tienes casa propia o vives de alquiler?, ¿tu profesión es elegida?, ¿tus ingresos están dentro de la media, por encima o por debajo?, ¿cómo te determinan factores como tu edad, tu orientación sexual, tu acento, tu aspecto físico, tu color de piel, tu religión o tus creencias? 

Una vez que te sitúas dentro del mapa social, ¿qué derechos tienes y qué derechos no tienes?, ¿qué obstáculos y qué ventajas tienes por estar donde estás?, ¿a cuánta gente le pasa lo mismo que a ti, a qué colectivos sociales perteneces?

Este es mi ejercicio:

- Soy mujer, tengo 49 años y una discapacidad auditiva.

- Soy nieta y bisnieta de campesinas, sirvientas y porteras. Toda mi familia es de clase obrera.

- Soy madre autónoma y jefa de un hogar monomarental

- Soy europea y soy española. Nací en Madrid aunque vivo en Galicia. Estuve viviendo en Costa Rica 9 años, tres de ellos sin papeles. También he vivido en Portsmouth (Inglaterra) y en París (Francia) y en los tres países subsistí con empleos precarios. 

- Soy una mujer que vive en el ámbito rural, en un pueblo con 3 mil personas (6 mil en toda la comarca)

- Soy inquilina y pago un alquiler por la vivienda que habito.

- Soy Doctora en Humanidades y soy profesora sustituta en una Universidad pública.

- También soy trabajadora autónoma porque tengo que complementar mi salario con formaciones, charlas y talleres.

- Soy feminista y me expongo en redes con mi cara, mi nombre y mis apellidos.

- Soy mujer escritora y bloggera, y pertenezco al ámbito de la cultura.

¿Qué ocurre cuando voy de lo personal a lo colectivo y me sitúo en la sociedad?

Soy mujer, soy mujer con discapacidad auditiva, soy madre autónoma en el rural, soy inquilina, soy trabajadora autónoma y asalariada precaria. Y hay muchas más mujeres como yo. Tomo conciencia de mi vulnerabilidad. 

Y al situarme dentro de la pirámide social, me doy cuenta de que las mujeres somos la mitad de la Humanidad. Que dentro de esta mitad, hay millones de mujeres criando solas, y como aún no existe la plena conciliación, nos medican para soportar las dos jornadas laborales que están destruyendo nuestra salud física, mental y emocional. La gran mayoría de las madres solas sufren la pobreza y la precariedad, o están en riesgo de exclusión social.

También somos millones las mujeres que vivimos con una discapacidad, 

y soy parte de un colectivo de profesoras precarias sin estabilidad laboral y económica. 

No somos pocas las profesionales que nos encontramos en esta situación; se estima que la mitad del profesorado universitario español no tiene empleo estable ni ingresos dignos.

Vivo de alquiler y con miedo a que mi casero me suba el alquiler o no me renueve, como tantos millones de españolas y españoles. 

Vivo en el ámbito rural, donde tenemos severas carencias en el transporte y los servicios sociales básicos.

¿Qué supone ser una mujer feminista y un personaje público? Formo parte de un colectivo en el que la mayoría de nosotras sufrimos ciberviolencia: ataques de odio, cancelaciones, persecución política. La violencia contra las mujeres feministas no para de crecer, y este es el contexto en el que vivo. 

¿Qué tengo a mi favor? 

Que soy blanca, soy española, tengo estudios universitarios, tengo visibilidad pública y mi voz se escucha. No estoy sola, tengo una red hermosa de gente que me quiere y me cuida. 

Vivo en un país en el que tengo los mismos derechos que los hombres, en teoría. Tengo derecho a votar, a manifestarme, a divorciarme, y tengo derecho al aborto, pero la realidad es que no todas las mujeres pueden divorciarse o abortar. Los derechos que tengo están en el papel, pero en realidad no podemos disfrutarlos todas. En España están destruyendo el sistema público sanitario y las listas de espera hacen imposible ir al médico cuando enfermas. El sistema educativo tampoco está bien: dudo mucho que yo pueda conseguir un empleo estable en la Universidad y que mi hijo pueda elegir estudiar lo que quiera porque lo están privatizando todo.

Aún así, tomo conciencia de mis derechos porque sé que muchas mujeres en el mundo no pueden divorciarse, ni elegir sus maternidades, ni tener autonomía corporal, emocional o económica. 

Y tomo conciencia de que estos derechos hay que defenderlos porque en cualquier momento nos los quitan: las mujeres afganas saben bien que nunca hay que vivir como si estos derechos fueran eternos. 

¿Dónde estáis vosotras?, ¿qué derechos tenéis y qué derechos no tenéis?, ¿dónde os situáis y a qué colectivos pertenecéis?

Coral Herrera 

11 de octubre de 2026

Soy madre autónoma, y no estoy sola: somos millones en todo el mundo




Ahora que soy madre autónoma y jefa de hogar monomarental me está ayudando mucho tomar conciencia de que formo parte de un colectivo formado por millones de mujeres en todo el planeta. 

Criar sola y trabajar a la vez dentro y fuera de casa con un salario precario es una odisea que requiere mucha energía, mucho tiempo y mucha valentía. Las madres autónomas somos muy diversas: unas tienen casa y otras viven de alquiler, unas tienen red familiar y otras no, unas han sido víctimas de violencia machista por parte de sus parejas y otras no, unas han elegido la crianza a solas y otras no lo han elegido, y son mayoría: las tasas de abandono parental en todo el mundo son obscenas. 

Las personas más pobres del planeta son madres solas. Cuantos más hijos e hijas, más extrema es la pobreza. En España por ejemplo las estadísticas nos cuentan que la mitad de las madres que crían solas están en riesgo de exclusión social por la precariedad que enfrentan: el 67% tiene dificultades para llegar a fin de mes y el 16% sufre carencia material (pobreza) severa.

La pobreza tiene rostro de mujer: según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Informe de EAPN España, el modelo de hogar compuesto por un adulto con uno o más niños dependientes duplica la tasa de pobreza media del país. Más del 80% de estas familias están a cargo de mujeres.

Mucho peor lo tienen las madres con discapacidad y las madres inmigrantes, las más vulnerables ante la violencia institucional. Y a nivel mundial, las madres que viven en países donde no tienen derecho a la Sanidad y la Educación y los niveles de pobreza son monstruosas. 

Las madres sufrimos toda la violencia del orden mundial, y somos las que sostenemos todo el sistema de cuidados sin apenas apoyos ni políticas públicas destinadas a erradicar la pobreza y a proteger a la infancia.

Además, las madres solas y jefas de hogar monomarentales presentan los peores índices de salud mental de toda la estructura familiar. Cerca del 20% de las madres solas padecen o han padecido un trastorno mental diagnosticado (principalmente ansiedad y depresión crónicas), frente al 10,5% registrado en hogares biparentales con hijos. El macroestudio europeo de la ONG Make Mothers Matter (MMM) revela que España lidera Europa en desgaste materno, con un 78% de madres que se declaran en estado de sobrecarga mental. 

La ansiedad financiera es lo que más nos hace sufrir: depender de un solo salario con un trabajo inestable es psicológicamente insoportable. Las madres solas y las mujeres con bajos ingresos son los perfiles más vulnerables y con mayor prevalencia de burnout (agotamiento psicológico extremo).


Ante estos datos lo único que podemos hacer es tomar conciencia de que somos millones de madres y que tenemos que organizarnos para luchar juntas por nuestros derechos. 

No se trata de pedir ayudas para que podamos subsistir, ni de que nos tengamos que medicar para resistir, ni que nos explotemos unas a otras. 

Se trata de cambiar el sistema para que se pongan los cuidados en el centro. Las madres necesitamos ingresos dignos, energía y tiempo para criar, y sobre todo necesitamos comunidad y redes de apoyo. 

En todo el mundo hay organizaciones políticas y sociales de madres, y en España tenemos varios colectivos: PETRA Maternidades Feministas, Fundación de Familias Monoparentales 

Ffm Isadora Duncan, Asociación Madres Solteras por Elección, Federación de Asociaciones de Madres Solteras FAMS, Associació de Famílies Monoparentals de Catalunya, FAMOCOVA (Asociación de Familias Monoparentales de la Comunidad Valenciana), Galicia: Asociación Fagamos, País Vasco: Monomarentales BG…

También hay Grupos de Apoyo a la Lactancia, clubes de madres, y muchas organizaciones feministas que trabajan el tema de la maternidad, la crianza y los cuidados. 

Cuando nos unimos miles de personas por una buena causa, somos capaces de cambiar las leyes y las políticas públicas: podéis verlo a diario en los periódicos. Y las madres necesitamos muchos cambios a todos los niveles para poder criar y para poder tener derecho a vivir una Buena Vida. 

Así que nos sobran los motivos para salir a las calles a protestar contra la injusticia y por una vida mejor para nosotras y para la infancia. 🌎

#MadresUnidas #LaMaternidadEsPolítica #maternifadesfeministas

10 de octubre de 2026

Coral Herrera en Badajoz




 💬  El próximo viernes 16 de octubre voy a Badajoz, Extremadura, a impartir la conferencia 

 «Masculinidades y relaciones de pareja: la revolución amorosa»

 📍 Salón de actos del MEIAC a las 19 horas organizada por la Red de Hombres Proigualitarios de Extremadura y Grupo de Hombres por la Igualdad de Badajoz.

El día 21 de octubre hay convocada una Concentración ciudadana en Badajoz en conmemoración del Día de los Hombres Contra la Violencia Machista con el lema: "El silencio nos hace cómplices"









Más eventos de Coral Herrera 

5 de octubre de 2026

El origen de las Revoluciones




 Todas las revoluciones tienen el mismo origen: una situación insostenible y el estallido de una indignación y rabia colectiva que ha permanecido latente meses o años. Desde que inventamos la figura del rey, del líder, del amo que manda, siglo tras siglo la dinámica ha sido siempre la misma: el rey le pide a la población un esfuerzo económico para lo que sea (invadir otros pueblos, aumentar su riqueza personal y la de su corte, adquirir más poder o guerrear contra otros reyes) 

El campesinado se veía forzado a entregar al rey cada vez más cantidad de alimentos y a trabajar cada vez más para pagar impuestos, y aguantaba como podía hasta que no tenían ni para comer. 

Entonces estallaba la rebelión, se ocupaban los espacios públicos, se asaltaban los castillos y se derribaba al rey. Lo sustituía otro rey y vuelta a empezar: el rey siempre quiere aumentar su poder y su patrimonio, y una vez en el poder es insaciable. Empieza a aumentar los impuestos, a derrochar en lujos, y a degradar las condiciones de vida de la población hasta que la situación es insostenible, y estalla la revuelta. Cualquiera que haya estudiado historia en el colegio puede reconocer este patrón. 

En el siglo XIX, con la industrialización y el capitalismo, el rey pasó a tener una función simbólica y su único cometido es defender los intereses de la élite económica, la nacional y la internacional. En las democracias del siglo XX los que mandan son los empresarios, los banqueros y el clero. 

Los gobernantes, por muy de izquierdas que sean, no pueden tomar medidas que transformen el sistema. Puede poner parches pero jamás tocar la estructura ni dañar los intereses y los negocios de la élite financiera y empresarial.

Y lo normal cuando los gobernantes no pueden hacer nada es que se produzca el estallido social. 

Lo que está pasando en España es que la juventud no puede más. La crisis de la vivienda y los salarios es insostenible: la gente en las grandes ciudades cobra 1.150 euros y los alquileres de las casas son de 1.300

Es imposible ahorrar para comprarse una vivienda. Las viviendas están siendo compradas por la élite extranjera (anglosajona y latina). Al campesinado le quitaban el acceso a las tierras para que trabajaran para los señores, a nosotros nos quitan el derecho a la vivienda para que mantengamos a personas que no trabajan y viven del esfuerzo ajeno.

Las cifras de beneficios de las élites no paran de subir, mientras en España hay 14 millones de personas pobres y de ellas 6 millones sufren pobreza severa. Este fenómeno se está repitiendo en el resto de los países y la gente lo ve claro: cuanto más ganan ellos y menos impuestos pagan, más impuestos pagamos y menos salario ingresamos nosotros. No hay límites para la codicia de los ricos. 

Llevamos años manifestándonos por grupos: un día la Sanidad, otro día la Educación, otro día los salarios y los derechos laborales, otro día la defensa del medioambiente… una revuelta comienza cuando nos juntamos todos. Y eso es lo que ha pasado en España: empezó siendo pequeña y en una semana está desbordando las plazas. Es una revuelta pacífica y es completamente legítima: el objetivo es obligar al gobierno a tomar medidas a favor de la población y a proteger nuestros derechos. Como se ha hecho siempre.

La población no tiene mecanismos para defenderse de la maldad de sus gobernantes: las leyes no contemplan la posibilidad de que el pueblo obligue a dimitir a un político que atente contra nuestros derechos o contra nuestras universidades y hospitales. No podemos ir al juzgado a denunciar a los gobernantes, porque mientras están en el poder tienen inmunidad y se aprovechan de su impunidad.

Lo único que podemos hacer es votar cada cuatro años o convocar protestas, organizar huelgas y salir a las calles a diario. 

Nuestros niveles de salud mental y el índice de suicidios demuestran que ya no podemos más. El único antidepresivo eficaz es salir a las calles. Nuestras condiciones de vida son cada vez más duras y hace tiempo comprendimos que todos los seres humanos tenemos derecho a vivir una Buena Vida. 

Esta revuelta está logrando que los medios dejen de poner el foco en la clase trabajadora inmigrante a ponerla en la élite nacional y extranjera: son ellos los que nos echan de nuestras casas y nuestros barrios. Ahora toda nuestra atención está puesta en ellos y en su obsceno nivel de vida. Ellos tienen a los gobernantes trabajando para ellos. Tienen a la policía, a los jueces y a los medios también. Tienen ejércitos y armas. No se presentan nunca a las elecciones, pero son los que mandan.

Esta élite es insaciable y está destruyendo nuestro planeta. Se gastan nuestro dinero en armamento y en guerras y nosotros no podemos siquiera ir al médico porque están destruyendo la Sanidad. Nos dicen que los derechos son para quien pueda pagarlos. Nosotros y nosotras defendemos la idea de que todos los seres humanos tenemos derecho a tener derechos. 

El único camino que tenemos para salvarnos de la destrucción es ponerle límites y formar alianzas con otros pueblos sometidos a la tiranía de los ricos. 

A ellos le da miedo que nos juntemos, por eso nos prefiere divididos y batallando entre nosotros. 

Prefieren que nos quedemos en casa, anestesiados, deprimidos y amargados. Nos envían a los nazis a las acampadas y nos encuentran tan organizadas y unidas que tienen que salir corriendo. 

El mundo entero está mirando a España que está en las calles unida. Ahora mismo lo que nos une a todos es que somos clase obrera, que somos antifascistas y que somos mayoría. Y esto no ha hecho nada más que empezar. ¡Qué viva la revuelta popular!

2 de octubre de 2026

Los cuidados en la lucha


 Los cuidados en la lucha: cuidar la comunidad, cuidar las relaciones, cuidarte a ti misma

En todos los movimientos sociales y políticos hay que poner los cuidados en el centro y construir redes de apoyo mutuo para que crezcan y se expandan. Estos cuidados tienen tres dimensiones: está el cuidado de la comunidad y los espacios que ocupamos, el cuidado de las relaciones entre las personas que participan, y el autocuidado.

Para que una acampada o encierro funcionen es fundamental que todo el mundo participe y se repartan las tareas: hay que organizar los espacios , almacenar y tratar los alimentos que llegan, cocinar desayunos, comidas y cenas, recoger la basura y reciclar los deshechos, barrer y fregar, organizar los materiales y recursos (mantas, cuerdas, celofán, etc), administrar la caja de resistencia (aportaciones monetarias que hace la gente), elaborar comunicados para la prensa, organizar actividades para que acuda la gente, preparar asambleas y reuniones para crear alianzas entre colectivos, y esto se logra organizando comisiones de trabajo. 

Todos aportamos con nuestras habilidades y conocimientos, y los puestos deben ser rotativos, porque hay trabajos que son más visibles y reconocidos que otros: no se trata solo de hacer pancartas o hablar con la prensa, también hay que pelar patatas o llevar la basura a los contenedores. Y como habitualmente hemos sido las mujeres las que hemos asumido las tareas de cuidados en las luchas sociales y políticas, es fundamental que los hombres se impliquen al cien por cien. 

Cuidar las relaciones significa crear espacios seguros y participativos donde todo el mundo pueda expresarse y aportar ideas, para que todo el mundo se sienta bien, para dialogar en paz y para poder resolver los problemas y los conflictos interpersonales sin sufrir y sin hacer sufrir a los demás. Por eso en muchos movimientos y colectivos se crean grupos de cuidados y se pone especial atención al cuidado de los más vulnerables: infancia, personas mayores, personas con discapacidad. Y es fundamental también cuidar las relaciones interpersonales para que las mujeres no suframos abuso, acoso o violencia.

Además también es muy importante el autocuidado: dormir bien, comer bien, descansar de vez en cuando, desconectar cuando haga falta, y poder hablar de cómo nos sentimos con la gente más cercana. Cuidar nuestra salud mental y emocional es fundamental para poder dar lo mejor de nosotras y nosotros mismos. Y creo que también hay que cuestionar la cultura del sacrificio y darle espacio al disfrute: pienso mucho en lo que decía Emma Goldman “Si no puedo bailar, no es mi revolución”

Disfrutar de la revolución colectivamente también es parte de los cuidados en los movimientos sociales y las luchas vecinales.

4 de septiembre de 2026

Nuevo libro de Coral Herrera en España




Hoy me han dado una buena noticia, mi libro mexicano llega a España en pocas semanas. 

Ya está en pre-venta en las grandes plataformas, y ya puedes reservarlo en tu librería favorita. 

Aquí tenéis el enlace, amigas, ¡gracias por leerme! 


Todos los libros de Coral Herrera 

Libros de Coral Herrera en América Latina 


24 de agosto de 2026

Contenido exclusivo para ti


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15 de agosto de 2026

Duelos comunitarios: llorar a solas y llorar con miles de personas


Los dos enormes duelos que estoy afrontando no los estoy viviendo sola. El duelo por la muerte de mi compañero lo estoy compartiendo con toda la gente que apreciaba y quería a Jorge: su familia, sus amigos, mi familia y mis amigos. El duelo por la destrucción del Valle de Iruelas, una comarca de incalculable valor ecológico que fue devorada por el mayor incendio registrado en España, lo estoy compartiendo con miles de personas: los habitantes de todos los pueblos de la comarca y toda la gente que nació aquí y vive fuera, o que tiene sus raíces aquí y ama esta tierra. 

Es un duelo comunitario: no ha habido víctimas humanas, pero han muerto millones de animales, plantas, y árboles. La vida sigue para todos y todas, y creo que lo que nos mueve a muchos y muchas de nosotras es la necesidad de crear un verano maravilloso para los niños y a las niñas. 

A pesar de la desolación que sentimos, y aunque no podemos ir al bosque, vamos a la piscina y al embalse a nadar, a charlar, a jugar, a leer, a pasear. A ratos parece que estamos como siempre, que nada ha pasado, que es un verano más. Los niños cantan y chapotean, pero basta con levantar la mirada hacia el horizonte para ver los restos de la catástrofe. Y la silla de Jorge vacía. 

Apenas se ven pájaros en el cielo. Los que sobrevivieron estarán buscando otros bosques, igual que los ciervos, los zorros, los jabalíes y las liebres. La gente todavía tiene en la nariz el humo y el olor a putrefacción de los animales quemados. Nos rodea un desierto de ceniza y una gama de colores negros, marrones y verdes por los espacios que se salvaron milagrosamente del viento infernal y del fuego destructor. 

El verde es el color de la esperanza. Pasarán años hasta que el valle vuelva a llenarse de vida, pero los que seguimos existiendo tenemos que seguir la vida, y enseñarles a nuestras criaturas que aún en los momentos más tristes y dolorosos hay que seguir para delante, y que los que estamos vivos podemos seguir disfrutando. Y lo más importante, que no estamos solos afrontando el duelo: somos miles de personas. 

Es un duelo colectivo y es reconfortante pensar que somos muchos, y que aunque no nos conozcamos todos, lo cierto es que somos una comunidad. Y eso significa que cuando es necesario nos unimos para defender el pueblo del fuego y para ayudarnos unos a otros. En esta comarca vive gente muy mayor con la movilidad y las capacidades limitadas, pero todo el mundo se volcó en ayudar a la gente más vulnerable y en proteger las casas del fuego. 

Los pueblos fueron solidarios unos con otros: cuando se estaban quemando El Tiemblo y San Martin de Valdeiglesias, nos acogieron los de Cebreros. Y cuando Cebreros se vio rodeado de llamas, el Barraco y Robledo de Chavela se volcaron con los evacuados. Y así sucesivamente, porque el fuego no perdonó a ninguno.

Hoy al atardecer una tormenta de viento nos trajo las cenizas desde la otra orilla del embalse y nos envolvió a todos. Se nos metió en los ojos, en la nariz, en la boca y en los oídos. Luego el viento cesó y en nuestra piel quedaron impregnadas las cenizas de todos esos seres vivos que murieron asfixiados por el humo o quemados por las llamas. Nos quedamos en silencio hasta que los gritos y risas de los niños nos trajeron al presente. Así es todo el tiempo aquí en el pueblo: la vida se mezcla con la muerte, el pasado con el futuro, el verde con el negro, la desolación con la esperanza. 

Para mí lo más hermoso después de la tragedia es que puedo vivir a la vez el duelo en soledad y en compañía. Y necesito ambas cosas, porque creo que todos los duelos son a la vez personales y colectivos. La pena y la rabia son colectivas, y no es lo mismo llorar sola que llorar en compañía.

Ahora mismo España sigue en llamas con los incendios de Andalucía, Aragón y Segovia, y en todas las comarcas la solidaridad se expande a la misma velocidad que el fuego. 

Cuando leo las noticias y cuando contemplo este paisaje de vida y muerte no puedo parar de preguntarme, ¿cómo podríamos hacer para evitar que los políticos dejen de maltratar a las personas que nos cuidan y cuidan nuestros valles y montes?, ¿cómo limitar el poder de los que gobiernan, y cómo conseguir que tengan responsabilidad penal?, ¿qué leyes hay que cambiar para prohibir los recortes y las privatizaciones?, ¿cómo proteger el agua, nuestros pueblos, animales y tierras?, ¿cómo ayudar a la naturaleza a recuperarse?, ¿cómo impedir que vuelva a ocurrir esta catástrofe medioambiental?

1 de agosto de 2026

Costa Rica: encuentro con mis lectoras


 Te espero el sábado 8 en la Librería Internacional en Moravia, San José. Es un evento gratuito y puedes inscribirte aquí 💜

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