Mis libros ya han llegado a Chile.
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Libros de Coral Herrera en América Latina
Todos los libros de Coral Herrera Gómez
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Mi libro ha llegado a Costa Rica, Panamá, Guatemala, El Salvador, y Honduras.
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Libros de Coral Herrera en América Latina
En este audiolibro te cuento cómo dejé de sufrir por amor, cómo aprendí a aceptar que no me querían, cómo fabriqué mis propias herramientas para pasar mis duelos y para terminar relaciones de pareja en las que no me sentía feliz o no me sentía correspondida.
En los 40 capítulos te acompaño en tu proceso de liberación, te explico cómo cuidarte, y cómo echar a volar cuando te sientas preparada.
Recuerda que también puedes leerlo en papel y en ebook 💜
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Todos los días intento hacerle un hueco a la vida. Lo llamo el ratito de la vida, y lo disfruto como un acto político de resistencia. Es una hora para mí, una hora que le robo al capitalismo y al patriarcado para estar sola, para estar en silencio, para detener el reloj y tomar conciencia de mi existencia.
Es una hora mágica en la que dejo a un lado el teléfono y la interminable lista de tareas por hacer, y me dedico a conectar conmigo misma. En esa hora mágica camino por la naturaleza, o hago yoga, o nado en la piscina, o me subo al castillo y me quedo tranquila y en silencio observando el valle y las montañas alrededor.
En esa hora agradezco a la vida estar viva, pienso en mi gente querida, tomo conciencia de mi respiración y observo los pensamientos que se generan en mi cabeza y se van con las nubes, especialmente los días en que hace viento. O se van con la corriente del Río, que siempre está en movimiento. No permito que se queden en mi cabeza y me atrapen, porque sé que luego me invadirán cuando acabe la hora mágica. Me paso el día invadida por frases que empiezan con: “Tengo que…”, y con preocupaciones personales, angustia con las noticias del día, miedo al futuro, y pequeñas obsesiones que me chupan la energía.
Así que en esta “hora para mí” aprovecho para parar, para tomar plena conciencia del aquí y el ahora, para disfrutarlo en soledad. Si hay sol me quedo un rato disfrutando del calor en mi piel, si llueve me quedo un rato mirando la lluvia. Si estoy nadando me quedo un rato flotando boca arriba sin pensar en nada. Si estoy caminando absorbo la energía de los árboles y lleno mis pulmones de aire puro. Me encanta sentarme, escuchar el canto de los pájaros y observar a mi alrededor para asombrarme con la belleza que me rodea.
Esta hora mágica es el único rato que tengo en todo el día para conectar con mis emociones y con mi presente, y me sirve de terapia para poder regresar al ritmo brutal de la cotidianidad con fuerzas y con buen ánimo.
Cuando no tengo tiempo para disfrutar de la “hora mágica”, que suele ser siempre al amanecer o al atardecer, entonces busco la manera de robarle al capitalismo quince, diez, cinco minutos. En los aeropuertos, en las estaciones de tren, en cualquier sitio puedo cerrar los ojos y guardar el teléfono para respirar profundo, parar los pensamientos obsesivos, tomar conciencia del presente y conectar conmigo misma.
El dia a día está marcado por las obligaciones del trabajo fuera y dentro de casa, y el estrés por falta de tiempo y energía para llegar a todo. La mayor parte de la población vivimos produciendo, pagando facturas y consumiendo sin parar, y las mujeres somos las que más estrés sufrimos y las que menos tiempo tenemos tenemos para descansar y disfrutar. A lo largo del año tenemos varios momentos en los que tomamos conciencia de lo rapidísimo que está pasando la vida: el día de tu cumpleaños, el día que termina el año y empieza uno nuevo, el día de la graduación escolar de los niños y las niñas, las bodas, los entierros y otras fechas señaladas. Es una tortura pensar que los días y los años pasan veloces uno tras otro, así que para sentir que soy dueña de mi vida intento dedicar una hora al día a la vida.
Este rato me hace sentir que la vida es bella y que estoy en ella. Me maravillo pensando que tengo mucha suerte de que haya habido un Big Bang a partir del cual surgió el Universo, que en él haya un planeta con vida (porque aún no sabemos si hay otros planetas aptos para la vida), y que de una sola célula compleja llamada Luca hayamos surgido tantas plantas, árboles y animales diversos. Es una suerte también que nuestros cerebros sapiens hayan podido tomar conciencia del regalo que supone existir, sentir, movernos, soñar, crear, aprender, cambiar, amar, pensar y hablar.
Me siento afortunada pensando que las mujeres de mi linaje se han reproducido sucesivamente hasta llegar a concebirme a mí. Porque si alguna se hubiese muerto antes de dar a luz a su hija, yo no estaría aquí. También me siento agradecida pensando que nuestra especie tiene ya 200 mil años de antigüedad y que tengo la suerte de haber nacido en el siglo XX. Antes la esperanza de vida humana era muy corta.
Cuando tomo conciencia de que todo esto es producto de un sinfín de casualidades, me siento muy afortunada de haber podido estar aquí estos 48 años. Y es entonces cuando me entran ganas de vivir más tiempo, porque si me paro a pensarlo, estar viva es un milagro, y la vida es realmente un regalo muy grande.
Después de perderme en estos pensamientos maravillosos, toca aterrizar en el día que inicia y empieza el estrés, la lista de tareas pendientes, los correos de trabajo, la lavadora, qué hago de comer hoy, la cita con el dentista, las facturas, las noticias terribles en los medios de comunicación, las prisas y todo lo demás. Por eso necesito sentir que a pesar de este ritmo de vida infernal marcado por la necesidad de sobrevivir, logro robarle al sistema una hora para mí.
A veces me regalo una tarde para estar sola. Una tarde para mí es el paraíso. Me recuerdo a mi misma que el tiempo libre es un derecho humano fundamental, que el silencio es terapéutico, que desconectar del mundo y conectar conmigo es bueno para la salud, que caminar o nadar son importantes para mi mente y mi cuerpo. Y a la vez soy consciente de que una “hora mágica” o “una tarde para mí” son un lujo y un privilegio que muchísimas mujeres no pueden permitirse.
Por eso reivindico públicamente el derecho que tenemos todas y todos al tiempo libre, y recomiendo con mucho amor que si podéis busquéis esos ratitos para meditar, para pasear, para disfrutar del silencio y la soledad, para pensar en calma o para no pensar en nada, para hablar contigo misma/o y para tomar conciencia de que aquí y ahora, estás viva, estás vivo en un planeta con vida.
Aprovechen que están aquí (nadie sabe por cuánto tiempo) para maravillarse con el hecho de existir, y para disfrutar del amor que os rodea: es el único regalo que no se puede comprar. Está dentro de cada uno de nosotros y nosotras, y es una energía que no se agota: se regenera constantemente en la interacción con los demás. El amor es lo que hace que la vida sea hermosa, especialmente en condiciones extremas de vulnerabilidad, como las que estamos viviendo ahora.
No renuncien a su hora mágica, a ese ratito para conectar con la vida, con el presente, y con el amor que os rodea. Ese espacio sin teléfono ni distracciones es un acto de rebeldía frente a un sistema que nos quiere desconectados, aislados y enganchados a las pantallas, viendo con impotencia cómo pasan los días y los años. Parar los relojes, detener el tiempo y tomar conciencia es una forma de resistencia y también una manera de llegar al día de tu muerte sintiéndote Inmensamente viva.
Coral Herrera Gómez
Jorge es antropólogo y a lo largo de su vida asistió a varios funerales en comunidades indígenas de Nicaragua, Honduras, Costa Rica y Panamá. Y me decía que él quería tener un funeral como lo hacen ellos, que celebran la vida del que se va. Asi que lo despedimos como él quería.
Pasamos dos días junto a él dándonos besos y abrazos, recordando su vida, compartiendo anécdotas, llorando y riendo, comiendo y bebiendo. Paramos el tiempo, se detuvieron los relojes, y entramos en una burbuja espacio temporal llena de amor.
La muerte nos hace sentir intensamente la vida, y nos permite sentir que estamos aquí y ahora en la existencia. Jorge y yo hablábamos mucho de ella, de las diferencias culturales entre Europa y América Latina a la hora de celebrar los ritos de despedida. En estos dos últimos meses hablamos mucho más porque su compañera de toda la vida, Paula la mamá de sus hijos, también se nos fue. Él me repetía que como la vida es tan frágil y es un tesoro, había que disfrutarla, que el futuro no existía.
Jorge se estaba cuidando mucho para tener una buena vejez, iba a cumplir en septiembre 63 años, pero aceptaba con mucha serenidad que en cualquier momento nos podemos ir. La semana pasada estaba cuidando una maceta grande donde había plantado chiles de Panamá, de Jalapeño y Chiltepe y llevaba a sus bebés a la ventana para que les diera sol, pero no demasiado, y andaba todo el día pendiente de ellos y de las primeras lechugas que empezaban a salir en el huerto que le concedió el Concello de Allariz. Hizo un guiso enorme y un pastel de boniato, banano y chocolate y toda su familia y la mía han podido comer estos días de esta comida. Ayer cogimos la primera lechuga, y hoy los chiles están brotando con fuerza y alegría.
La despedida final fue muy hermosa. Las Herrera Gómez y los Morales Carbonell estuvimos rodeadas de la gente querida de Allariz. Para nosotros ha sido súper lindo recibir tanto amor. Sabíamos que nos apreciaban y nos querían, pero no sabíamos que era tantísimo. Yo no sabía que ya pertenecemos a la comunidad alaricana. Pensaba que nos quedaban años, quizás porque Jorge y Gael estaban más integrados y yo viajando.
Gael organizó la ceremonia final. Empezó hablando galego, el idioma de su bisabuelo, y yo me sentí muy orgullosa de mi niño porque apenas ha empezado ahora a soltarse a hablarlo. Tocó dos canciones a la guitarra con sus dos hermanos, y luego hablamos y nos abrimos en canal (sus hermanas, hermanos, sobrinas, sobrinos, cuñadas) para decir unas palabras sobre él. Era un hombre alegre, disfrutón y cuidador que nos ha dejado mucho amor y una filosofía de vida maravillosa.
Luego fuimos al río Arnoia, al lugar donde murió, uno de nuestros lugares favoritos del pueblo. Gael organizó un rito especial para que todos y todas pudieran echar las flores de las coronas que nos enviasteis y decir unas palabras. Sus hermanos le ayudaron mucho en estos días hablándole y haciendo pequeños ritos de despedida juntos, y lograron que se bañara en el río y lo disfrutara. Así que para él fue de lo más normal llevarnos al sitio donde sucedió todo. Y coincidimos todos en que el río es vida, y recordamos todos los versos de Jorge Manrique: “Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / que es el morir/ allí van los señoríos / derechos a se acabar / e consumir; / allí los ríos caudales, / allí los otros medianos / e más chicos; / allegados, son iguales / los que viven por sus manos / e los ricos”
En la celebración hubo tantas risas y tantas lágrimas, que aquello parecía una fiesta: hicimos lo que él nos pidió siempre, que le celebráramos la vida y nos diéramos mucho amor. Él estaba muy familiarizado con la muerte y por eso disfrutaba tanto del día a día. A mí me aterrizaba a cada rato porque yo llevo años estresada, y en estas semanas estaba escribiendo mi nuevo libro obsesionada.
Llegaba a la habitación a decirme que tenía que dormir. Me cocinaba, me cuidaba muchísimo cuando yo entraba en este estado, y me escuchaba con mucho amor cuando yo le hablaba de mis avances. Cuando tenía tiempo se sentaba junto a mí a escribir su novela. Pero también componía música, dibujaba, hacía máscaras de arcilla, y cultivaba verduras en su huerto. Limpiaba, compraba comida, hacía lavadoras, llevaba a Gael al parque, a piano y a natación, a king fu, y estaba muy feliz con las constantes visitas de su familia.
Agradecemos a toda la gente las muestras de cariño y solidaridad, estamos ahora mismo en una burbuja de amor. Habrá que volver a la realidad poquito a poco, ahora solo quiero pediros que cuidéis a vuestra gente querida porque es el mayor tesoro que nos da la vida, que no dejéis que el estrés y las preocupaciones os alejen de los seres amados, que les digáis cuánto les queréis porque no sabéis cuándo llega el momento de irse.
Y porque lo que sostiene la vida es el amor. A mí ahora lo que me sostiene es el amor. Lo que me ha sostenido toda mi vida.
Hasta siempre compañero. Gracias por estos años de vida juntos, gracias por cuidarme, gracias por regalarme la aventura de la maternidad y por estos tres seres que me has dejado conmigo, Gael, Daniela y Pablo
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Hoy fui al huerto de Jorge a cosechar lechugas y apio, y a hablar con la tierra. Termina el curso y siempre que me despido de mis alumnas en la Universidad me da mucha penita pensar que las he tenido conmigo cuatro meses y que ya nunca más. Siempre vivo un pequeño duelo, pero hoy me he recordado a mi misma que en septiembre todo vuelve a comenzar y siempre me hace mucha ilusión conocer a las nuevas alumnas.
Miientras hundía mis manos en la tierra empecé a pensar que así es la vida: en mayo se siembra, en verano y otoño se recolecta, en invierno la tierra descansa, y después siempre llega la primavera y se siembra de nuevo. La naturaleza tiene sus estaciones y sus ciclos de vida y muerte. Cultivar conocimiento también tiene su tiempo, tu labor es sembrar semillas en el alumnado y confiar en que darán sus frutos. O no.
Las clases empiezan y se acaban, las relaciones con los demás también. La gente y los animales que entran en tu vida y te acompañan en el camino permanecen un tiempo y luego se van.
O te vas tú.
El tiempo de la escuela es un ciclo, el tiempo del bachillerato otra etapa, la Universidad también marca un tiempo, la gente entra y sale de tu vida y camina contigo un ratito. Tú vas contigo misma de la cuna a la tumba, pero es hermoso saber que en la caminata vas a conocer gente maravillosa que te acompaña (un fin de semana, unos cuantos meses o unos cuantos años)
Muchos de ellos siguen contigo en tu corazón aunque ya no estén, y tú también vives en los corazones de los demás aunque emigres y te vayas a vivir lejos. Los seres humanos somos muy afortunados porque vivimos varias vidas en una sola,
y también porque la muerte no acaba con el amor que sientes.
Yo sigo con esa sensación de agradecimiento porque la vida me regaló quince años de tiempo con Jorge. No siento rabia porque ahora ya no está, sino un profundo sentimiento de gratitud por haber podido disfrutarlo y por todos los cuidados que me brindó. Él me enseñó a disfrutar del día a día porque tenía una relación muy bonita con la muerte, con la vida y con el amor. Y recogiendo hoy lo que él sembró, me doy cuenta de que el amor está en todas partes, que me rodea por todos lados y alimenta mi corazón.
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Hoy quiero proponeros un ejercicio que hicimos Jorge y yo hace un tiempo. Tiene tres partes. La primera es imaginar cómo serían nuestras vidas si nos separáramos en el futuro. Cuando empiezas una relación crees que el amor es para toda la vida, y por eso suelen ser tan duras las separaciones. Jorge me dijo que él se quedaría en Galicia para criar a Gael y ambos nos comprometimos formar un equipo de amor y crianza juntos aunque nuestra pareja se rompiese. A ambos nos reconfortó mucho saber que si nos separásemos como pareja nos seguiríamos cuidando como familia.
La segunda pregunta fue: ¿qué hacemos si uno de los dos se muere?
Y cada uno se preguntó: ¿cómo sería mi vida sin mi?
Lo primero que piensas es en la gente que te quiere, y en su dolor. Pero lo que más duele es pensar en la gente que depende de ti, por ejemplo los hijos e hijas, o los padres y madres mayores. Nos dimos instrucciones de logística, y estuvimos hablando mucho de la vida y de la muerte. Jorge me decía que aquí en Europa vivimos todos como si fuéramos inmortales. No hablamos de la muerte, hacemos como que no existe. Vivimos como si nunca nos fuésemos a morir. Mucha gente no hace testamento ni deja las cosas preparadas para facilitar el proceso a su familia. Si alguien quiere hablar de ello se le regaña: “anda calla que tú no te vas a morir nunca”. Cuando alguien está en sus últimos días todo el mundo hace como que no está pasando y hasta se celebran los signos de mejoría que surgen antes de la despedida final. Se aparta a los niños y a las niñas, no se les permite despedirse y nadie habla con ellos sobre la vida y la muerte. Creo que en estos momentos tan especiales es fundamental que los niños y niñas nos vean llorar y reír, que vean como ante el dolor nos sostenemos los unos a los otros, y que puedan despedirse de sus familiares queridos con amor.
En estas conversaciones Jorge me dijo que a él le gustaría que su muerte fuese fulminante (y tuvo la suerte de que así fue) y yo en cambio dije que me gustaría que la muerte me diera unos días de margen para despedirme de mi gente, para ver álbums de fotos, para hacer cierres y hablar de todo, para dar y recibir abrazos y besos, para despedirme con amor. Ambos coincidimos en imaginar nuestro funeral como un espacio de amor y celebración de la vida.
Acá cuesta mucho mirar de frente a la muerte. Por eso cuando la parca llega, es un golpe durísimo para todos nosotros y nosotras. Para otras culturas humanas es algo natural, un proceso que forma parte de la vida. También para la nuestra lo fue durante muchos siglos, cuando se velaba a los seres queridos y se cocinaba, se comía, se bebía y se celebraba la vida del que se iba.
Y esta es la última pregunta que os lanzo: ¿cómo os gustaría que fuese vuestra despedida?, ¿habéis escrito instrucciones para vuestra gente querida?, ¿os gustaría donar órganos para dar más tiempo de vida a otros seres humanos?, ¿a quien queréis dejar vuestras fotos, recuerdos, tesoros?, ¿qué ritos os gustaría que hiciesen los vuestros para deciros adiós?
Hay que hablar de la muerte sin miedo, asumir que no somos inmortales, hacer lo que queremos hacer ahora y no dejarlo para después. Hay que aprender a dar la bienvenida a los nuevos y hay que aprender a despedirse de los que se van. Vivimos de espaldas a la muerte, pero tampoco sabemos mirar de frente a la vida y tomar conciencia de que cada día es un regalo y a la vez una cuenta atrás hasta el día final, que no sabemos cuándo es.
Creo que imaginar tu propia muerte es un ejercicio muy sano que te ayuda a tomar conciencia de que la vida es un regalo. Y hacerlo con tus seres queridos también es importante, porque la muerte no es un asunto individual, sino un tema colectivo. También es cierto que la vida es muy dura, pero podríamos trabajar entre todos y todas para disminuir el sufrimiento. Vivir una Buena Vida y tener una Buena Muerte es un asunto personal y colectivo, es un derecho humano y por lo tanto es un tema social y político.
Pensar y hablar de la muerte con la gente nos ayuda a todos y a todas, ojalá tomemos conciencia colectivamente para lograr que todo el mundo pueda vivir bien y morir bien.
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Lo más duro de la muerte es cuando hay que empezar de nuevo la vida. He estado diez días en una burbuja de amor con la familia de Jorge y la sensación que teníamos todos y todas era que estaba con nosotros todo el tiempo. Los últimos días los he pasado con Daniela, Pablo y Gael y hemos podido descansar, pasear por la naturaleza, compartir momentos de silencio y tranquilidad, en el bosque, las aldeas, en el río Arnoia y el río Miño. Hemos hablado mucho también y ha sido muy hermoso poder vivir tantos días en la burbuja de amor.
Me ha parecido durísimo que mi gente haya tenido que volver el lunes al trabajo. Ojalá todos y todas pudiéramos parar los relojes y detener el tiempo para disfrutar de ese espacio mágico entre la vida y la muerte. Para mí ha sido la mejor medicina, poder desconectar por completo del teléfono, del trabajo y las noticias, poder llorar y recordarle con calma, y hacer rituales de despedida con sus cenizas. Ahora vuelvo a la realidad y estoy limpiando la casa y ordenando los espacios, escucho audios y leo vuestros mensajes, Gael ha vuelto al cole, y empezamos una nueva etapa de nuestras vidas.
Otra más. Ya me han tocado vivir varios cierres y varios inicios, y me siento muy vulnerable y muy fuerte a la vez.
Mi niño necesita que yo esté bien. Así que me siento con energía y me ayuda hablar con Jorge, le siento muy cerca y cuando me paro un momento a pensar en su muerte, me siento inundada de amor. Un amor más allá del amor de pareja, un amor universal que se expande en mi pecho, y alcanza a todos los seres vivos de este planeta en el que viajamos juntos y juntas.
Sigo con la magia del funeral, conectada más que nunca a la vida, y al amor que he recibido estos días y que me mandáis desde tantos rincones del planeta. Ese amor me acuna y me sostiene, gracias de todo corazón a todos y a todas.
Aquí podéis leer el homenaje que le hice en vida a Jorge hace unos meses.
Hasta siempre, compañero, y gracias por todo.
Coral
Queridas compañeras: voy a aplazar de julio a septiembre el taller programado en Galicia.
Será el primer fin de semana (días 4-5-6),
tenéis toda la info en mi web,
os agradezco muchísimo la comprensión y os abrazo con el corazón.
Hay hombres que maltratan a sus seres queridos cuando están de mal humor, cuando les invade la ira, cuando aflora su rabia y la estallan contra las personas que más cerca tienen. Otros están cabreados todo el tiempo y sienten una enorme frustración y rabia contra la vida que les ha tocado vivir. Están amargados, deprimidos, se odian a sí mismos, odian a los demás. También hay muchos que tienen un enorme complejo de inferioridad: se ponen violentos cuando les llevan la contraria, cuando les desobedecen, cuando sienten que no tienen el control sobre sus víctimas. Necesitan sentirse superiores a los demás porque creen que los hombres son superiores a las mujeres, a los esclavos, a los niños y a las niñas.
Son hombres que se desahogan con las personas más vulnerables porque no saben cómo relacionarse ni cómo gestionar sus emociones, y porque han sido educados para dominar a los demás. Y los demás, por muy sumisos que sean a su autoridad, representan para ellos una fuente constante de frustración porque la dominación y la obediencia nunca es total: todos los grupos oprimidos generan estrategias de supervivencia y de resistencia. Son tipos que no saben relacionarse en horizontal y que maltratan y violentan a los demás de forma más o menos inconsciente. Muchos no se ven a sí mismos como machistas ni como maltratadores, especialmente los que no usan la fuerza física. De hecho se ven a sí mismos como buena gente, solo que con dificultad para contener su "mal genio"
Pero además están los hombres que usan el maltratato de forma consciente y premeditada como estrategia para someter a mujeres, niñas y niños. Son hombres que utilizan la burla porque saben que genera inseguridad en los otros. Usan los insultos y humillan a sus esposas, hijas e hijos porque saben perfectamente que machacar la autoestima de los demás es una forma de tenerlos bajo su poder. Hablan con desprecio a sus víctimas porque saben que el dolor se va acumulando dentro de ti hasta que realmente llegas a creer que eres un ser despreciable.
Estos hombres usan todas las técnicas de manipulación que conocen para controlar y dominar a sus esposas y a sus hijos e hijas porque saben muy bien que hacerles sufrir a nivel psicológico y emocional les da todo el poder a ellos. Muchos son narcisistas y egocéntricos que no toleran la libertad y la autonomía de las personas con las que se relacionan a diario. Y no sólo emplean estas técnicas contra sus parejas, también contra sus empleados. Piensan que cuanto más maltraten a los demás, más poder tienen sobre ellos.
Los más listos emplean técnicas de violencia sin golpear, sin gritar y sin insultar. Cuanto más saben sobre manipulación, más elegantes y finos son en su ejecución.
Son los que comentan tu aspecto físico como si se preocuparan por tu salud pero en realidad lo hacen para machacar tu autoestima.
Los que intentan provocar celos en ti para que te vuelvas loca de dolor.
Los que disfrutan viendo como te comparas y cómo rivalizas con otras mujeres.
Los que te amenazan de vez en cuando con dejarte para que te "portes bien".
Los que te montan algún pollo en los momentos más importantes de tu vida.
Los que te dan órdenes y te prohíben hacer cosas sin usar el imperativo: lo hacen en formato sugerencia.
Los que se muestran molestos cuando cosechas un logro personal en cualquier ámbito de tu vida.
Los que te culpan a ti de que la relación no vaya bien (como si ellos no tuvieran ninguna responsabilidad),
y los que te dicen de vez en cuando que te van a dejar para que te arrastres pidiendo perdón.
Unos te amenazan y otros lo hacen: te dejan y luego vuelven para que tú te enganches a la relación de maltrato.
Estos maltratadores son los más peligrosos. Porque suelen ser tipos encantadores que saben muy bien cómo enamorarte al principio de la relación y cómo enamorar a tu entorno para que, cuando ya no puedas más, todo el mundo se ponga de su lado y tú parezcas una exagerada, una histérica, o una loca. Son tipos amables, seductores, que saben perfectamente que después del love bombing tienen que ir retirando poco a poco su amor y su atención para que tú vivas constantemente intentando que la relación vuelva a ser como al principio.
Saben muy bien que las mujeres llevamos siglos aguantando malos tratos y que el sufrimiento genera en muchas mujeres una conducta adictiva. Saben que muchas mujeres necesitan desesperadamente el reconocimiento masculino y el amor que no obtuvieron en su infancia, y saben cómo manipular tu ego y destrozar tu autoestima. Muchos te ponen los cuernos (y dejan pruebas sobre ello para que los descubras) simplemente para hacerte sufrir y aumentar tu sumisión.
Saben muy bien, también, que una de las armas de dominación más efectivas es la culpa, y que nosotras llevamos milenios cargando con esa culpa. Si sufres violencia es culpa tuya. Te dicen por ejemplo: "Yo no quería llegar a este extremo pero me estás obligando con tu actitud", "Si me hiceras caso e hicieras lo que yo te digo, no habría problemas", "Yo no quería golpearte pero es que me has llevado al límite", "Todo lo que ocurre es culpa tuya, ¿cuando vas a cambiar?, "ya no puedo más, mira lo que me estás obligando a hacer"
Y como saben que las mujeres tendemos a maternar y a compadecernos de las personas que sufren, muchos se victimizan y usan el chantaje emocional para que seas tú misma la que te pongas de rodillas, cedas, y hagas todo lo que él te pide. Saben muy bien que las mujeres estamos muy acostumbradas a anteponer las necesidades de los demás a las nuestras, y a pensar más en la felicidad de los hombres que en nuestra propia felicidad. Muchisimas mujeres siguen la relación con sus agresores porque les da muchísima pena. Piensan que si ellas les dejan, ellos van a acabar hundidos en la miseria.
Y los hombres se aprovechan de la culpa y de la tendencia de las mujeres a sentir pena por ellos.
Estos manipuladores aíslan a sus víctimas de sus redes de amor, y sobre todo del grupo de amigas, porque ellas son las que generalmente se dan cuenta de lo mal que lo está pasando, mucho antes de que la víctima pueda reconocérselo a sí misma. Cuanto más aislada está una mujer, más vulnerable es ante el manipulador, y más dependencia emocional sufren. Si a esto le sumamos la dependencia económica, entonces las mujeres acabamos como esclavas y sin posibilidad de salir de la relación.
Algunos de estos maltratadores son profesionales y cobran a otros hombres para compartir sus estrategias de dominación y a cobrar a otros hombres que también quieren tener a una o a varias mujeres a sus pies. La clave del asunto se encuentra en manipular a las personas yendo directamente al ego: Primero te hacen creer que eres un ser único y especial, una mujer extraordinaria y bella, una diosa del Olimpo, y que se han enamorada loca y perdidamente de ti porque eres una mujer increíble (bombardeo amoroso). Luego poco a poco te van haciendo ver que no eres tan maravillosa como parecías y que no te aman ya tanto como antes porque les has decepcionado, o porque no logran que cambies para que te ajustes al modelo de mujer que ellos necesitan.
La estrategia consiste en generar en ti inseguridad, culpa, remordimientos, y que te veas a ti misma cada vez más chiquita e insginificante. Eso ayuda mucho a que no protestes y no luches para defender tu libertad y tus derechos humanos. Muchas mujeres creen que renunciando a ellos lograrán aplacar a sus agresores, pero suele ser justo al revés: cuanto más te sacrificas y cuanto más sufres, peor te tratan. La sumisión no te garantiza vivir tranquila, sino que genera mucha más violencia porque el agresor se siente cada vez más grande mientras tú te sientes cada vez más pequeña.
Y por eso estos señores están tan enfadados con el feminismo: porque una vez que revelamos estas estrategias de malos tratos, las mujeres estamos generando de resistencia y nos estamos ayudando unas a otras a huir de los depredadores románticos que se aprovechan de la necesidad que tienen tantas mujeres de sentirse reconocidas y amadas por un hombre.
Por eso es tan importante conocer estas estrategias y practicar la Autodefensa Emocional y el Autocuidado Feminista.
Cuantas más mujeres se liberan, más fuerza cobra el fenómeno de la soltería femenina: mujeres que eligen estar sin pareja porque priorizan su salud mental y emocional, su bienestar y su felicidad por encima de la necesidad de tener pareja.
Y cuantas más mujeres separadas y solteras hay, más se enfadan los hombres.
Mientras los hombres no aprendan a relacionarse en estructuras horizontales libres de abuso, de explotación y de violencia, nosotras tendremos que seguir entrenando en la autodefensa emocional, compartiendo nuestros saberes y sacando a la luz sus estrategias de dominación, y ayudandonos unas a otras a cuidarnos a nosotras mismas.
Una de las claves es que entendamos que nuestra integridad y nuestra seguridad están siempre por encima de la necesidad de tener pareja.
Cuando logremos liberarnos de esta necesidad colectivamente, y pongamos en práctica las estrategias de autocuidado feminista, entonces las estrategias de dominación masculina no les servirán más.
Y nosotras seremos por fin libres de verdad.
Coral Herrera Gómez
Un taller presencial en Galicia los días 6 y 7 de julio, recordad que si os apuntáis antes del 1 de junio tenéis veinte euros de descuento. Aquí tenéis toda la información
Más novedades: mi libro del año pasado está ya en papel y en kindle: “Mujeres que se liberan. Herramientas para la autonomía y la liberación”
Lo escribí en Patreon en 2025 y ahora está en formato libro en mi editorial El Laboratorio del Amor, ya podéis adquirirlo en Amazon.
Y más novedades editoriales…
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Libre quiero ser
Libre y autónoma
Libre y poderosa
Libre del ego
Libre de culpa
Libre del miedo
Libre de los hombres con miedo
Libre de la tiranía del qué dirán
Libre de la necesidad de ser deseada
Libre de la necesidad de ser amada
Libre de las luchas de poder y las peleas
Libre de la esclavitud en el hogar
Libre de la guerra y del sufrimiento
Libre del autoengaño
Libre del pasado
Libre de la dependencia emocional
Libre del patriarcado
Libre quiero ser
Coral Herrera Gómez
Ya tienes en papel mi libro Mujeres que se liberan: Herramientas para trabajar tu autonomía y tu liberación.
Es mi primera publicación con el sello editorial el Laboratorio del Amor. Un manual para acompañarte en tu proceso de liberación, con herramientas para trabajar en ti y para liberarte de la culpa, del miedo, del autoengaño, de la adicción romántica, de la dependencia emocional, de la tiranía de qué dirán y del patriarcado que llevas dentro.
Lo personal es político: si tú te liberas, liberas a las mujeres que hay a tu alrededor. La liberación es muy contagiosa: una vez que conectamos con nuestro poder, y aprendemos a confiar en nosotras mismas y a poner en práctica el Autocuidado, ya nadie nos para. Y las demás ven que si se puede.
Cada una va rompiendo las cadenas a su ritmo, nos hacemos compañía, nos animamos unas a otras y celebramos las pequeñas y las grandes victorias, las propias y las de las demás. Prueba a trabajar primero tú sola y luego comparte este libro con amigas, verás que es más fácil y divertido hacerlo acompañada.
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