3 de febrero de 2023

No te vayas sin decir adiós

 



Nos marchamos sin despedirnos cuando la pareja nos está haciendo mucho daño o cuando corremos algún peligro. Esta es la razón por la cual podemos desaparecer de la vida de una persona sin tener que dar explicaciones, porque debemos proteger nuestra vida, y nuestra salud mental y emocional. 

Cuando no se dan estas circunstancias extremas, si no que simplemente queremos dejar de compartir la vida y romper la relación, entonces sí que debemos despedirnos. 

No siempre es necesario explicar nuestras razones, ni hay que detallarlas con precisión, lo importante es que la otra persona tenga claro qué es lo que está sucediendo, sin ambigüedades. No es el "por qué", es el "qué" está pasando. 

Decir adiós es un acto de amor que requiere mucha honestidad y mucha valentía, no es nada fácil decirle a alguien que ya no estás enamorado o enamorada, no es fácil tampoco decir que quieres separarte para seguir tu camino a solas o con otras compañías, pero hay que hacerlo. 

Lo llaman ghosting, pero es maltrato y es violencia, porque desaparecer sin más de la vida de otra persona hace mucho daño. 

Cuando te dejan de contestar a los mensajes y no te cogen nunca más el teléfono, cuando te bloquean en redes sociales y cortan las vías de comunicación, es fácil pensar que la culpa es tuya, que has hecho algo malo, que te lo mereces por alguna causa.

 Nuestro cerebro se pone en estado de alerta, dispara la adrenalina, nos pone el corazón a mil, y la mente comienza a hacerse preguntas, a darle vueltas, a imaginar y a hacer elucubraciones que nos atormentan mucho.

 Cuando aparentemente todo va bien y de repente alguien corta la relación sin decir adiós, nuestro mundo de hunde por completo, se trastoca nuestra vida entera. 

Cuando alguien desaparece de la noche a la mañana de tu día a día, el duelo es muchísimo más difícil y más largo, porque antes de llegar a la aceptación nos toca pasar un auténtico calvario.

 Nuestra autoestima se hunde, nos sentimos perdidas y vulnerables, nos enfadamos y protestamos, nos ahogamos en lágrimas, nos desesperamos, y a veces, nos obsesionamos. 

Nos cuesta comer, nos cuesta dormir, nos cuesta asumir y nos aferramos a la esperanza de que sea algo puntual, con el miedo de que en realidad sea para siempre, y que nunca lleguemos a saber qué pasó.

No importa si tu relación ha durado diez años o un fin de semana, hay que armarse de valor y contar con calma a la otra persona lo que te está ocurriendo, lo que estás sintiendo, y la decisión que quieres tomar. 

Si no quieres hacerlo por miedo, si sospechas que la otra persona puede perder los papeles, agredirte o agredirse a sí misma, hazlo al aire libre, a plena luz del dia, en un sitio donde haya gente cerca. Pero hazlo: las historias hay que cerrarlas bien, hay que saber ponerle punto y final a las relaciones, hay que ponerle amor a las despedidas. 

Si ya no sientes lo mismo por tu pareja, o si hay cosas de ella que no te gustan, si sientes que no sois compatibles, si no le ves futuro a la relación, dilo con suavidad y firmeza. 

Si quieres empezar otra etapa de tu vida, si quieres vivir otras historias, si te has enamorado de otra persona, dilo con cariño y claridad. 

Si acabas de empezar la relación pero te das cuenta de que en realidad no estás a gusto, por lo que sea, puedes decirlo, porque tienes derecho a empezar y a terminar tus relaciones cuando quieras. 

Lo que no tienes derecho es a hacer sufrir a alguien con quien has compartido tu intimidad personal y sexual, y con quien has compartido fluidos, besos y abrazos.

Porque irse sin más para no tener que dar la cara es de cobardes, y hace sufrir mucho a la otra persona. Ojalá todos tuviéramos la fortaleza para mandar al carajo a quien no nos coge el teléfono, y la autoestima tan alta como para soportar una muestra de desprecio tan cruel. Pero no la tenemos. 

Somos seres muy frágiles, somos muy vulnerables, y nos duele mucho que nos traten mal. Cuando confiamos en nuestra pareja, es porque creemos que nos va a tratar bien todo el tiempo: antes, durante, y al final de la relación. 

Lo llamamos cuidados, lo llamamos responsabilidad afectiva, es una cuestión de justicia y compañerismo.

Es difícil pero con empatía, solidaridad y amor del bueno se consigue: todos y todas merecemos poder decir adiós, y dar y recibir cuidados hasta el final.

#ghosting #ghostinesviolencia

#notevayassindeciradiós #cuidados #buenostratos #separaciones #adiós


Coral Herrera Gómez 


Artículos relacionados: 


Cómo cuidarte y cómo cuidar a tu ex durante la separación







Duelos y rupturas: cómo sufrir menos (podcast en Ivoox y Spotify)




2 de febrero de 2023

Coral Herrera en Ibiza #Gira2023




días 10 y 11 de febrero

Dónde: Ibiza

Fechas

día viernes 10: taller Hombres que ya no hacen sufrir por amor

día sábado 11: taller Mujeres que ya no sufren por amor 

Lugar: Casal d' Igualtat

Organiza: Ayuntamiento de Ibiza

Servicio de Ludoteca gratuito

Inscripciones: igualtat@eivissa.es



Cuidados y apoyo mutuo para acabar con la violencia



La única forma de parar a la gente que hace sufrir a los demás es unirse y hacerle frente en grupo. 

Dejar de tenerles miedo, dejar de reírles las gracias, dejar de mirar para otro lado, dejar de protegerles con nuestro silencio. 

Cuando las personas que maltratan pierden el apoyo de los demás, se quedan solas, pierden la impunidad, y pierden todo su poder.

Cuando las víctimas tienen el apoyo de su comunidad, cuando nos rebelamos ante las injusticias juntos, cuando nos defendemos entre todos y todas, es más fácil acabar con la violencia.

Lo mismo para los niños y las niñas que sufren abusos y malos tratos en las aulas, que para las mujeres que sufren violencia machista en la pareja: las mujeres que logran escapar de ella son en su mayoría las que tienen una red amorosa sólida que las protege. 

Si no nos quedamos callados y actuamos con valentía, podemos ayudar a todas las que sufren acoso callejero, acoso en el trabajo, en el transporte público, y en los espacios de ocio y de fiesta. Y esta valentía colectiva sirve no solo para acabar con la violencia física y sexual, sino también con la violencia psicológica y emocional.

Cuando se trata de hacer frente a las personas que tienen el poder político y económico, ya hemos comprobado muchas veces a lo largo de la Historia que si nos organizamos, si dejamos de votarles, si denunciamos a diario, si protestamos unidas en las calles, podemos impedirles que nos roben el dinero que ponemos entre todos y todas, podemos sentarles en el banquillo de los acusados, y podemos impedir que atenten contra nuestros derechos fundamentales. 

Si le perdemos el miedo a la gente que abusa de su poder, si desenmascaramos sus intereses, si nos atrevemos a señalar su violencia, si practicamos la autodefensa colectiva, y si apoyamos a las víctimas, no podrán hacernos daño.  

La unión hace la fuerza, y esto hay que aprenderlo y practicarlo desde la más tierna infancia: el apoyo mutuo, el compañerismo y la solidaridad es la clave para acabar con la impunidad que les protege. Pierden todo su poder cuando ven que nos cuidamos entre todos y todas.

#acoso #bullying #violencia #cuidados #solidaridad #Compañerismo #buenostratos #revoluciónamorosa

Coral Herrera Gómez



Artículos relacionados: 

¿Qué es la autodefensa emocional?

Todos confiamos en todos: la comunidad viajera

Otras formas de divertirse son posibles

Espacios de liberación y amor entre mujeres

Educación para ser buena persona y para transformar el mundo

La Ética del Amor y la Filosofía de los Cuidados

1 de febrero de 2023

Los fluidos y las masculinidades


Una de las cosas que más os cuesta a los hombres que os trabajáis los patriarcados es el manejo de los fluidos corporales y los excrementos. 

Desde siempre la limpieza de los orines y las cacas de los bebés, de los familiares dependientes y de las mascotas ha sido cosa de mujeres. 

Nosotras hemos estado siglos haciendo frente a los vómitos y diarreas, las flemas y las babas, los mocos y los estornudos, el pus de las heridas, la sangre menstrual y las hemorragias, las cicatrices, el semen y los flujos vaginales. 

Somos nosotras las que ayudamos a otras mujeres con la menstruación y los partos, las que cuidamos personas y animales enfermos, las que limpiamos los baños y la ropa sucia, las que cambiamos pañales de críos y mayores, las que cambiamos sábanas y mantas de noche.

 Por eso es tan importante que empecéis a asumir la gestión y limpieza de los fluidos y los deshechos corporales: porque es una de las tareas más duras asignadas a nuestro sexo. 

Es la relación con la mierda donde está la clave del cambio en las masculinidades, es solo dando ejemplo como podéis educar a vuestros hijos para que renuncien a sus privilegios, para que no necesiten una criada, y sean autónomos en la vida.

#masculinidades #hombres #igualdad #cuidados #revoluciónamorosa

Coral Herrera Gómez 


Más artículos sobre Masculinidades

Los novios de mis lectoras


Mi relación con los novios de mis lectoras es muy loca. Por un lado están los novios machistas que me ven como una amenaza. 

Una lectora muy joven me contó hace años que en una discusión él le gritó:" Deja de leer a la Coral Herrera esa que te estás volviendo feminazi". 

Otra chica me contó que se ligó a un chico una noche y que cuando llegaron a la casa y él vio sobre la mesa el libro de Mujeres que, se puso pálido, se dio la media vuelta y salió por la puerta sin decir palabra. A ella le dio un ataque de risa y luego se sintió afortunada de haberse librado de aquel tipo. 

Estos novios machistas no me leen, pero se sienten amenazados porque sus novias les ponen límites y han aprendido a negociar y a defender sus derechos. 

Y si ellos no se lo trabajan al mismo nivel que ellas, les dejan. 

Entonces muchos vienen muy enfadados a mis redes sociales y les tengo que bloquear si se ponen muy pesados o muy violentos.


Luego están los novios amorosos que me piden que por favor les mande vídeos para felicitar a sus chicas por su cumpleaños, e incluso por su boda. Pero no puedo contestarles porque mis bandejas de correo en redes sociales son inmanejables.


Y luego están los novios que sí me leen, y me usan en las discusiones para trabajar los conflictos, que es lo que le ha pasado a mi prima. Ella le habló de mí, él empezó a seguirme y a leerme, y ahora le habla de la autocrítica amorosa de la Herrera cuando tienen conflictos. 

Así que mi prima se ríe cuando él me cita para demostrar que tiene razón, aunque le fastidia. Y yo muy contenta de que entre en la familia un hombre que se trabaja sus patriarcados para aprender a cuidarse y a cuidar su relación (bienvenido, primo, nos vemos pronto en Bilbao)

Y lo mismo os digo a todos los novios de mis lectoras que os atreveis a leerme y a hablar con vuestras parejas de lo que sentís y pensáis con respecto a los temas de los que hablo: sois todos bienvenidos a este muro 💜

31 de enero de 2023

Herramientas contra la manipulación

 



¿Sabéis por qué es tan buena, y tan importante la noticia de que en Finlandia están enseñando a sus niños y niñas pedagogía de la Comunicación?

 Porque si la población descubre las estrategias que usan los medios de comunicación y las industrias culturales, podremos aprender a defendernos de la manipulación. Lo necesitamos en todos los países y en todas las etapas educativas: tenemos derecho a  saber por qué nos manipulan, cómo lo hacen, y para qué. 

Si aprendemos las estrategias con las que los medios usan nuestras emociones y se aprovechan de nuestras necesidades, deseos y anhelos, si nos explican cómo nos manejan a través del miedo y la rabia, cómo imponen los temas importantes, la manera en que usan los mitos, los estereotipos y los roles para adoctrinar a la población, el uso de los bulos y la desinformación... todos y todas tendremos herramientas para entender la ideología que subyace a la información y los productos culturales que nos ofrecen los grupos de poder. 

En cada noticia, cada canción, cada película y cada serie que se produce, hay un mensaje cargado de principios y valores, que transmite el mundo desde la cosmovisión de un pequeño grupo de personas. 

Si tenemos estas herramientas y sabemos quiénes son los dueños de los medios, y qué intereses tienen, podremos elegir nuestras propias fuentes, crear nuestras propias producciones, y desarrollar pensamiento crítico para no cuestionar cualquier mensaje. 

Lo mismo en los videojuegos, que en los programas de televisión, que en reportajes de revistas, noticias de la prensa, videoclips, cortometrajes, programas de radio, anuncios publicitarios, canciones, poesías, obras de teatro, novelas, ensayos, publicaciones en redes sociales y demás producciones culturales. 

Una sociedad libre es una sociedad informada y con conocimientos, y con capacidad para pensar por sí misma y hacerse constantemente preguntas.

 Estoy convencida de que la educación puede acabar con la manipulación y el anestesiamiento de la población, y que enseñar sobre comunicación sería toda una revolución.

Coral Herrera Gómez 


Artículos relacionados: 

Pasos para someter a millones de mujeres con la droga del amor romántico




Gira 2023 La Revolución Amorosa

                      



Llevo unas semanas preparando mi gira y mis dos nuevos proyectos con mucha ilusión. Os cuento un poco todas las novedades para este año: 


💜 En unas semanas voy a sacar mi segundo programa de podcast, que se va a llamar la Revolución Amorosa, en Spotify, iVoox y YouTube. Mi compañero me apoyará en la parte técnica y artística, y ha compuesto una melodía preciosa al piano.


💜 Voy a impartir dos cursos nuevos en el Laboratorio del Amor, uno para mujeres y otro para chicas de 15 a 20 años. Serán en fin de semana, en directo y en grupos pequeños. 

El primero es el 25 de febrero, podéis apuntaros ya en mi web: 

 

La Revolución Amorosa para chicas


La Revolución Amorosa para mujeres 


💜 Mi gira 2023 ya está en marcha: Ibiza, Bilbao, Madrid, Soria, Zaragoza... Iré subiendo los carteles en mi blog con las fechas y los sitios en esta entrada.


Y dentro de poco, libro nuevo. 


Este va a ser un año de muchas novedades y revoluciones, ¡gracias a todas y a todos por acompañarme en el viaje!


GIRA 2023


Febrero



días 10 y 11 

Dónde: Ibiza

Fechas: 

día viernes 10: taller Hombres que ya no hacen sufrir por amor

día sábado 11: taller Mujeres que ya no sufren por amor 

Lugar: Casal d' Igualtat

Organiza: Ayuntamiento de Ibiza

Inscripciones: igualtat@eivissa.es







Dónde: Bilbao

Día: domingo 12 de febrero

Hora: 11 am

Lugar: La Terminal

Organiza: Espacio Regadera 
para el Ayuntamiento de Bilbao







Cuándo: viernes 17 de febrero

Hora: 19.30

Dónde: Espacio Feminista Concha de Marco

Organiza: III Ciclo de Encuentros para el feminismo, 
Ayuntamiento de Soria. 

Es gratuito y podéis reservar aquí vuestra entrada. 



marzo

día 6 Santurtzi


Hora: 18.00 pm

Dónde: Sala Kresala

Formato: Conferencia presencial

Aforo: Gratuito

reserva de entradas: berditasuna@santurtzi.eus





día 14, Zaragoza, Aragón


 

28 de enero de 2023

¿Las mujeres también somos patriarcales y machistas?

 


He conocido muchas mujeres que han sufrido violencia por parte de otras mujeres y no quieren saber nada del feminismo. Te dicen: "las mujeres también son violentas y explotadoras como los hombres, y cuando tienen mucho poder, a veces son peores que ellos"
Yo no sabía que decirles hasta que leí la explicación de Pierre Bordieu: vivimos en un sistema de dominación masculino en el que la parte oprimida ha adquirido las herramientas de la parte opresora. Nos comportamos como ellos para sobrevivir, y con Michel Foucault entendí todavía mejor el patriarcado: el poder no solo se ejerce desde la dominación, sino también desde la sumisión. El patriarcado es una estructura jerárquica en la cual todos sufrimos el poder que ejercen los demás sobre nosotros, y nosotros ejercemos el poder sobre los que tenemos abajo y arriba. Las mujeres somos también patriarcales porque somos educadas en él, y nadie nos enseña a ejercer el poder sin abusar, sin violentar, sin aprovecharnos de nuestros privilegios. Lo que nos enseñan es a competir y a aplastar a los demás, y en concreto a rivalizar con las demás mujeres para tenernos aisladas y enfrentadas entre nosotras (unidas y organizadas somos muy peligrosas)
Por eso son tan conflictivas las relaciones entre mujeres, entre hombres, y entre hombres y mujeres, porque gastamos muchísima energía en las luchas de poder. Las mujeres batallamos contra el patriarcado a diario, pero también con nuestras compañeras de trabajo, nuestras parejas, nuestras madres, nuestras hijas, nuestras suegras, nueras, hermanas, jefas o empleadas.
Todas y todos nosotros somos educados en el patriarcado, lo interiorizamos, lo transmitimos, lo sufrimos y lo ejercemos.

También las mujeres feministas tenemos luchas de poder, nos relacionamos con las estrategias que usan los hombres, y nos hacemos daño entre nosotras. Tenemos la teoría: queremos un mundo sin violencia y el objetivo es que podamos liberarnos todas.

La sabia Audre Lorde nos explicó que nunca desmontaremos la casa del amo con las herramientas del amo. Es decir, que no debemos imitar a los hombres y reproducir la estructura en la que se relacionan, sino que, como dice Carla Lonzi, hay que repensar el concepto de poder para cambiar esa estructura tan injusta y violenta.

Hay gente que ejerce el patriarcado sin tener conciencia de cómo usa su poder para relacionarse. Y hay gente que tiene conciencia y se lo trabaja para no abusar, no perjudicar, y no dañar a los demás. Hay gente que además de leer, debatir y aprender, es capaz de llevar la teoría a la práctica, de hacer autocrítica amorosa, de modificar su comportamiento, y de transformarse y transformar sus relaciones. Somos gente que creemos que es posible que todos estos cambios personales para liberarnos de los patriarcados que nos habitan, se conviertan en un cambio colectivo.
Si cambian nuestras maneras de relacionarnos, se transforman nuestras maneras de organizarnos política, social y económicamente.

Estamos hablando de una revolución que nos permita construir un mundo mejor.

Así que el debate no está realmente en si las mujeres somos más o menos violentas que los hombres, sino en cómo vamos a mejorar las relaciones entre nosotras, y cómo nos estamos organizando para colaborar en la lucha contra el patriarcado, el que llevamos dentro, y el que se nos echa encima.

Si los hombres quieren entrar en el debate sobre cómo ejercemos el patriarcado las mujeres, lo primero es ponerse a pensar individual y colectivamente sobre cómo van a hacer para dejar de matarse entre ellos, y dejar de maltratarnos, de explotarnos, de violarnos y de matarnos a nosotras.

Y sólo así podremos dejar de darle vueltas a quien es más machista, y empezar a entender que es el sistema, que hay que cambiarlo, y que el cambio comienza en una misma y en uno mismo, tiene un impacto en tu comunidad, y provoca cambios a nivel social.

Ya somos muchas en el camino hacia la liberación y la transformación, estamos luchando por nuestros derechos y nuestra libertad, y necesitamos que se sumen muchas y muchos más.

#Feminismo #Cuidados #mujeres #DerechosHumanos  #movimientodeliberacióndelasmujeres
#RevoluciónAmorosa


Entre nosotras: cómo dejar de hacernos daño

La Ética del Amor y la Filosofía de los Cuidados

Cuidarnos entre nosotras

La Revolución Amorosa 




26 de enero de 2023

Coral Herrera en Bilbao #Gira2023





 Dónde: Bilbao

Día: domingo 12 de febrero

Hora: 11 am

LugarLa Terminal

OrganizaEspacio Regadera 
para el Ayuntamiento de Bilbao




Si te gusta escribir y tienes una historia de amor o desamor que os ha dañado en vuestra vida, y no dudes en compartirla con nosotras ✍🏼 la leeremos de forma anónima y os contaremos algo muy importante: NO ERES TÚ, ES EL SISTEMA.



22 de enero de 2023

Entre nosotras: cómo dejar de hacernos daño




¿Por qué nos hacemos daño las mujeres unas a otras? 

Porque vivimos en una sociedad patriarcal y violenta que nos enseña a luchar por el poder, y a aplastar a los demás para conseguirlo. Las mujeres somos educadas en el patriarcado y nos lleva muchos años darnos cuenta no sólo de las violencias que sufrimos, sino también de las que ejercemos sobre las demás mujeres. 

Es un proceso largo que requiere mucha autocrítica amorosa, primero hay que analizar cómo aprendimos a competir entre nosotras, cómo luchamos por el poder, y después, ponerse a pensar en cómo nos puede ayudar el feminismo a mejorar las relaciones entre nosotras. 

Las mujeres educadas en el patriarcado no solemos ejercer violencia física sobre las demás mujeres, pero sí violencia psicológica y emocional, que es una forma de sentirnos superiores, inflar nuestro ego,  abusar de nuestro poder, y conseguir algo que necesitamos o deseamos. Porque somos educadas para rivalizar entre nosotras por la atención y el amor de los hombres, pero también para competir en nuestro entorno profesional, y así conseguir mejores puestos y salarios.

Y esta forma de relacionarnos nos hace sufrir mucho. 

No tenemos mucha admiración unas a otras, pero nos cuesta aplaudir los éxitos de las demás, porque los vemos desde nuestro ombligo, y nos preguntamos constantemente: ¿por qué ella sí y no yo?. Cuando la admiración se mezcla con el rencor, surge la envidia: no podemos alegrarnos de que a las demás les vaya bien, incluso aunque a nosotras nos vaya bien. Cuanto más éxito tiene una mujer, más rabia nos da, pero nos cuesta mucho reconocerlo, aunque sabemos que nos hace daño.

Muchas veces odiamos en otras mujeres lo que no nos gusta de nosotras mismas, son nuestro espejo y cuando nos miramos en ellas nos provoca un rechazo monumental, porque nos vemos reflejadas. A ellas las atacamos con más odio aún, porque es más fácil para nosotras juzgar a las demás que analizarnos a nosotras mismas. Cuesta mucho darse cuenta si el ego está muy grande, pero las mujeres que entrenan en la autocrítica amorosa a veces lo consiguen.

Otras veces atacamos a otras mujeres porque las vemos como una amenaza para nosotras, y cuanto más nos fascinan y nos embelesan, más amenazantes son: creeemos que la otra llega a quitarnos a nuestra pareja, o nuestro empleo, y buscamos mil razones para odiarlas, pero no lo conseguimos del todo porque en el fondo, nos gustan un montón y querríamos ser como ellas.  

Nosotras también sufrimos las enfermedades de transmisión social, y somos clasistas, racistas, machistas, gordofóbicas, lesbofobas, homófobas, etc, así que atacamos a mujeres que consideramos que pertenecen a una clase social inferior, o que tienen menos rango que nosotras, sin darnos cuenta de cómo hacemos daño usando nuestros privilegios. 

También, por supuesto, atacamos a las mujeres que creemos que están por encima de nosotras, porque tienen más seguidores, o tienen una familia feliz perfecta, o tienen más dinero, mejor posición social, o mayor categoría profesional, o son más jóvenes, más guapas, y más encantadoras que nosotras. 

Aquí también entran en juego nuestros complejos de superioridad e inferioridad: cuanto más baja es nuestra autoestima, más complejos tenemos, y más necesitamos llamar la atención y dejar claro nuestro lugar en la jerarquía, mientras nos esforzamos en escalar peldaños para llegar a ella. 

Tanto en la realidad como en las redes sociales, el ego nos lleva por la calle de la amargura. Necesitamos tener el control de todo, sentirnos las mejores, acaparar los focos y los aplausos, acumular likes y seguidores. Necesitamos sentirnos especiales y únicas, y despertar la admiración y el deseo de los demás. Cuanto más baja tenemos la autoestima, más necesitamos el reconocimiento externo, y más dependientes somos de la opinión y la atención de los demás.

También la sed de venganza es otra causa por la cual hacemos daño a alguien que nos ha perjudicado o nos ha hecho daño, y lo justificamos con esta idea del "ojo por ojo, diente por diente", que es muy antigua pero sigue en nuestro imaginario colectivo, arraigado con fuerza.Por ejemplo, si una mujer nos quita la pareja, creemos que tenemos derecho a hacerla daño con el argumento de que ella nos hizo daño primero. Es peligroso usar este argumento porque también lo usan los femicidas cuando sospechan o descubren una infidelidad, o cuando ellas quieren dejar la relación. 

Creamos las leyes para no tener que usar el ojo por ojo, diente por diente. Porque si nos dejasemos llevar por esta idea, todas las familias se extinguirían como las de la mafia italiana cuando entran dos clanes en guerra. No queda uno vivo cuando les ciega la sed de venganza. 


¿Cuáles son nuestras armas? 

Las mujeres nos hacemos daño de muchas formas. No nos amenazamos de muerte, como hacen los hombres, pero sí nos insultamos, nos burlamos, nos humillamos públicamente unas a otras.

Nos hablamos con desprecio y con tono de superioridad, nos tratamos unas a otras como si fueramos basura, nos parece que cuando alguien nos cae mal, tenemos derecho a meternos con ella. 

Nos reímos, ridiculizamos a la otra para quitarle legitimidad a sus palabras y a su figura, e invitamos a las demás a hacer lo mismo sin pararnos a pensar ni un solo momento en el daño que estamos haciendo. 

Otras sí son conscientes, y lo disfrutan, por eso añaden leña al fuego siempre que pueden. 

Nos inventamos bulos, chismes y rumores, descontextualizamos sus palabras, tergiversamos el sentido de lo que la otra está diciendo. Vigilamos sus publicaciones, escondidas como hienas, para saltar en cuanto se pueda e ir a la yugular directas. 

Hacemos preguntas cargadas de reproches, usamos la ironía y el sarcasmo, utilizamos la información sensible que tenemos de ellas para hundirlas en la miseria. Nuestra intención no solo es silenciar a otras mujeres, sino callarlas para siempre, destruirlas simbólicamente, para que desaparezcan de las redes y se "mueran" cibernéticamente. En su entierro, brindamos con champán, convencidas de que hemos derrotado a la enemiga, hasta que aparece nuestro nuevo objetivo. 

Los hombres disfrutan un montón viendo como nos machacamos entre nosotras. 

Date una vuelta por las redes sociales y compruébalo por ti misma. Muchas mujeres señalan públicamente a otras, las etiquetan y les dedican toneladas de palabras de desprecio. Además las exponen para que vengan detrás los hombres a sumarse a los ataques, y disfrutan viendo como la multitud las lincha y las cancela. 

Es el placer del poder, es la sed de venganza, es la superioridad moral con la que juzgamos a las demás lo que nos mueve a iniciar campañas contra otras mujeres. Algunas se dedican en cuerpo y alma a atacar a compañeras de lucha que no piensan como ellas, y tienen estrategias súper elaboradas para cancelar, machacar y borrar a las mujeres a las que odian. 

Sienten un placer momentáneo, pero nunca se sacia una del todo en redes, nuestro cerebro siempre quiere más adrenalina, y las redes saben lo que tienen que darnos para que nos conectemos y nos enganchemos a ellas: emociones fuertes, chutes y subidones instantáneos, sangre, sudor y lágrimas, dolor y llanto. 


¿Por qué nos odiamos tanto? 

Las mujeres competimos entre nosotras por puestos de poder en una empresa, en una institución, en un partido político, en una asociación de vecinos, competimos en el deporte, en el arte, en la cultura, en las portadas de las revistas del corazón. 

Y al patriarcado le encanta ver cómo nos ponemos zancadillas unas a otras, como nos damos puñaladas traperas, y no tiene que hacer nada para que nos destruyamos: ya lo hacemos contra nosotras mismas, y entre nosotras. 

No solo guerreamos contra otras mujeres, también nos hacemos auto boicot, odiamos nuestro cuerpo, no nos gusta nuestra forma de ser, nos exigimos demasiado, nos tratamos con la misma crueldad que a nuestras enemigas. Nos odiamos, nos sometemos a otros, nos ponemos en riesgo en nuestras relaciones.

Piensa por un momento en cómo te hablas y te tratas a tí misma, y en cómo te descuidas, y en las relaciones que tienes con gente que no te cuida, no te trata bien y no te quiere bien. 

Nos odiamos porque tenemos miedo, inseguridades, complejos, falta de autoestima. Y creemos que atacando a otras nosotras valemos más, o aparentamos que valemos más. 

El patriarcado construyó para nosotras la figura de "la enemiga". 

Las mujeres no solo batallamos contra nosotras mismas, también necesitamos enemigas para reafirmarnos, para sentirnos pertenecientes a un bando, para destacar en la lucha y que todas vean lo graciosas y lo crueles que podemos llegar a ser. 

Nos encanta meter zascas, machacar, dejar en el fango a otras mujeres, demostrar que llevamos la  razón, ridiculizar a las demás para brillar por encima de ellas, para destacar, para llevarnos a sus seguidoras a nuestros muros. 

Y es cierto que cuanto más violenta seas en tus ciberbatallas, más likes y más seguidoras obtienes, así que muchas mujeres en lugar de dedicarse a crear contenido para hacerse conocidas, se dedican a destruir a su competencia, o a cualquier mujer que se vea envuelta en una polémica. 

No es una actividad placentera, porque la sensación de victoria se esfuma en pocas horas: siempre hay más mujeres con más seguidoras que tú, siempre hay mujeres que destacan más que tú, y la lucha por llamar la atención en redes es desgastante, y nunca nos sacia. 

En nuestras batallas entre mujeres, creemos que hay que ponerse de un bando o de otro, y que no es posible estar en medio. No hay margen para desarrollar el pensamiento crítico dentro de un bando: o estás a muerte, o te pueden acusar de ser una de las enemigas. 

No sabemos pensar colectivamente, ni construir conocimiento juntas. El pensamiento más simple es el pensamiento patriarcal, en el que el blanco es lo contrario del negro, el día de la noche, la vida de la muerte, la salud de la enfermedad, lo bueno es lo contrario de lo malo, lo grande es lo contrario de lo pequeño, el bien es lo contrario del mal. El pensamiento binario nos reduce a la dicotomía entre lo positivo y lo negativo, lo masculino y lo femenino, la naturaleza y la cultura, la razón y la locura.

El pensamiento complejo, según Edgar Morín, es aquel en el que somos capaces de relacionar varios factores para construir una abstracción, y en él, la duda juega un papel fundamental. 

En las redes, sin embargo, nadie duda. Todo el mundo tiene muy clara su opinión sobre el femenismo, aunque no hayan leído nada sobre el tema. Todo el mundo tiene su opinión sobre el amor, la inflacción,  el cambio climático, el coronavirus, el mundial de fútbol, y todo el mundo cree que tiene derecho a opinar sobre asuntos judiciales y legislativos aunque no hayan estudiado leyes. Aunque no sepan nada sobre volcanes, aunque no hayan leído jamás nada sobre virus, aunque no se hayan interesado nunca por las emisiones de carbono, todo el mundo entiende de todo y sabe de todo.  

Lanzamos nuestras opiniones creyendo que estamos soltando puras verdades, que somos muy listas y muy listos, que lo sabemos todo. Y pocas veces expresamos nuestras dudas, ni dejamos margen para todo aquello que desconocemos, y ni siquiera nos interesamos por aprender algo sobre ello, ni sentimos curiosidad para leer y debatir, y así romper nuestros propios esquemas y ensanchar nuestros horizontes. 

Cada vez somos menos tolerantes, y cada vez soportamos menos a las mujeres que no piensan como nosotras. Nos cuesta mucho debatir sobre cualquier tema, porque no sabemos cuidar el tono ni las palabras, y porque interactuamos cegadas por la ira, la rabia, y el dolor.

Escribimos con el hígado hinchado, con las vísceras inflamadas, con las emociones revueltas, y por eso no medimos las palabras ni el impacto que tienen sobre las demás. 

Hemos perdido el placer de la conversación: cuando intentamos dialogar: en vez de disfrutar, sufrimos. Muchas salimos heridas, y muchas, cuando acumulamos varias heridas, bajamos el perfil a cero, o nos vamos de las redes sociales porque no aguantamos más. 

Y esto es otro gran triunfo del patriarcado, porque se van de las redes muchísimas más mujeres que hombres cada día. 


¿Quién gana en las batallas entre mujeres?

Los hombres se aprovechan cuando queremos destruirnos a nosotras mismas y entre nosotras. Ellos y su sistema patriarcal son los ganadores de nuestras guerras.

Nosotras les damos un poder descomunal en nuestras vidas, y por eso nos peleamos por su amor. Con la ex, con la suegra, con la nuera, con la cuñada, con las amigas, con las mujeres que rodean a los hombres que amamos.

Una de nuestras principales batallas es en torno a los hombres casados. Hay mujeres que se enamoran de hombres que obligan a sus parejas a ser monógamas, mientras ellos tienen las aventuras que quieren.

¿Como las engañan? Con el argumento de que ya no aman a su compañera, o que la relación está acabada, o que va a dejarla muy pronto. 

Además, muchos se sitúan como víctimas para dar pena, porque saben que ellas, para poder tener un romance con un hombre casado, necesitan creer en lo que él les dice: que ella es malvada, que es una histérica, que está loca, y que le ha hecho sufrir mucho. 

En las batallas entre la mujer oficial y la otra, el único que sale ganando es el hombre. 

Otra de las batallas es la que existe en torno a un hombre por parte de su compañera sentimental y su madre, y a veces hermanas. Muchas de nosotras somos nueras o suegras en algún momento de nuestras vidas, y si las relaciones son tan conflictivas es porque una de las dos, o las dos, no tienen claro su papel, y porque enseguida nos metemos en una lucha de poder a ver quién tiene más influencia por el hombre. Hacemos la guerra y obligamos al hombre a elegir: "o tu madre y tus hermanas, o yo", o bien maternamos al hijo de un modo tiránico para tener siempre poder sobre él, y por eso los choques con la nuera, que también tiene un poder y no pretende renunciar a él. 

También batallamos con nuestras madres y con nuestras hijas, por ese afán que tenemos de dominarnos, controlarnos, y mandar unas sobre otras. Y apenas podemos hablar del maltrato entre madres e hijas porque se supone que las madres somos seres de luz, seres entregados a los cuidados, que amamos incondicionalmente. Pero lo cierto es que aunque nos queremos mucho, no tenemos herramientas para querernos bien entre nosotras. Y que hay madres, e hijas muy malvadas.

Otras batallas se dan en el ámbito laboral, y en el ámbito social en el que nos divertimos y nos juntamos con más gente para disfrutar. Y casi todas ellas son luchas de poder. Las mujeres ejercemos el poder desde la dominación y desde la sumisión, y somos capaces de estar años y años batallando contra nuestra pareja, para que no nos someta, o para someterle. Porque nos pasa igual que a los hombres: no nos han enseñado a relacionarnos desde un plano horizontal e igualitario, y no sabemos cómo usar nuestro poder para no hacer daño a nadie. 


¿Cómo dejar de sufrir y de ejercer violencia psicológica y emocional contra otras mujeres? 

Desde siempre las mujeres han sobrevivido a las guerras, las sequías, el exilio, las catástrofes medioambientales y las crisis económicas juntando sus recursos para dar de comer a toda la comunidad. En muchas culturas las mujeres se organizan para ayudarse mutuamente, para cooperar, para cuidarse en momentos de necesidad. 

La obsesión del poder patriarcal es romper esas redes de resistencia y de apoyo mutuo, porque solas, las mujeres somos más dependientes, más vulnerables y más sumisas.  Juntas somos una fuerza arrasadora, por lo cual los hombres prefieren que estemos aisladas, y enfrentadas entre nosotras.

Esta es la razón por la cual las princesas de los cuentos patriarcales están tan solas: ninguna tiene madre, abuelas, hermanas, primas, tías, sobrinas, amigas, o vecinas. Si las tuviesen, no necesitarían al príncipe azul para nada y saldrían de su encierro sin necesidad de caer en la trampa del amor romántico. 

Así que una de las formas de dejar de ejercer violencia entre nosotras es organizarnos, juntarnos y solidarizarnos. Marcela Lagarde inventó el concepto "sororidad" para hablar del hermanamiento entre mujeres, la práctica de la empatía y el apoyo mutuo entre mujeres, para no vivir solas, y para no vivir en guerra contra otras mujeres. 

Una de las cosas que más nos tenemos que trabajar es la misoginia, es decir, el odio contra las mujeres, y contra nosotras mismas por ser mujeres. 

Otra cosa que nos podría ayudar mucho es dejar de obedecer a las mujeres líderesas que ejercen violencia sobre otras mujeres. Dejar de amarlas ciegamente, dejar de reirles las gracias, de aplaudir sus discursos, de apoyarlas cuando piden refuerzos para un ataque. 

Es muy liberador dejar de vivir con miedo a convertirte en su próxima víctima. Empezar a pensar por ti misma y a expresar tus opiniones, aunque no sean las mismas que las de ella. Ayudas además a que las demás se liberen también de la fe ciega y el fanatismo, a que puedan expresarse sin miedo a ser atacadas por sus propias compañeras.  

Nos ayudaría mucho también dejar de admirar, adorar e idolatrar a los hombres, y sobre todo, dejar de imitar sus maneras de relacionarse. 

También nos ayudaría entrenar en las artes de la autocrítica amorosa, gracias a la cual podríamos identificar qué nos tenemos que trabajar para ser mejores personas, para dejar de sufrir, y para dejar de hace sufrir a las demás. 

La terapia nos puede ayudar, pero tiene que ser desde la perspectiva de la ética amorosa. No se trata solo de aprender a defenderte de los ataques de otras mujeres, sino también de dejar de atacar. No se trata solo de cuidarse a una misma, sino de cuidar también a las demás. 

Se trata de entrenar para ser más empáticas y solidarias, para dejar de competir entre nosotras, para aprender a cuidar nuestras emociones y nuestros impulsos de manera que no nos arrasen y no arrasen a las demás mujeres.

Se trata de revisarse los privilegios, y trabajarse el racismo, la xenofobia, el clasismo, la misoginia, y todas las fobias sociales que nos hacen creer que unas estamos por encima de las otras.

Se trata de tomar conciencia de cómo se beneficia el patriarcado cuando guerreamos entre nosotras, y del impacto que tienen nuestras palabras y nuestros actos sobre las demás mujeres. 

Necesitamos, además, crear espacios de debate y construcción de conocimiento colectivo, espacios libres de violencia verbal, en los que podamos debatir de los temas más polémicos sin hacernos daño, y sin exponer a las compañeras a la violencia de los hombres, como sucede en redes.

Como véis es un trabajo personal a la vez que colectivo, pues tenemos que aprender a cuidar nuestrass emociones y a controlar nuestras vísceras, a dialogar y a colaborar para acabar con las luchas de poder, aprender a escucharnos con amor y a respetarnos cuando no podamos entendernos, y entrenar juntas en las artes de la asertividad y la comunicación no violenta.

El feminismo es nuestra gran herramienta: lo que nos une a todas es la lucha contra la violencia patriarcal y la violencia machista, y la lucha para conseguir que todas las mujeres podamos disfrutar de una Buena Vida. 

Nos queda mucho camino por recorrer para aprender a tratarnos bien entre nosotras, pero el primer paso es tomar conciencia no sólo de la violencia que sufrimos, sino también de la que ejercemos sobre las demás mujeres. 

La autocrítica nos puede ayudar a hacer uno de los cambios más importantes de la Revolución Amorosa: que las relaciones entre nosotras se construyan desde el respeto, los buenos tratos, el compañerismo y la sororidad. Y, mientras aprendemos a cuidarnos entre nosotras, también aprendemos a cuidarnos a nosotras mismas. 

Estamos en ello, seguimos soñando con un mundo mejor para todas. 

 

Coral Herrera Gómez


Artículos relacionados: 


Coral Herrera Gómez Blog

Únete al Laboratorio del Amor

Únete al Laboratorio del Amor
Para saber más pincha en la imagen

Regalate un curso en el Laboratorio del Amor

Regalate un curso en el Laboratorio del Amor
¡Vente con nosotras!

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Quiero colaborar


¿Quieres colaborar con mi blog? Ahora puedes hacerte mecenas de mi blog con una aportación ecónomica, grande o pequeña, cualquier contribución a este proyecto es bienvenida.



PayPal. La forma rápida y segura de pagar en Internet.