16 de abril de 2026
Separadas Unidas: mujeres que se juntan para compartir la vida
25 de marzo de 2026
¿Dónde consigo “Amiga, sepárate ya”?
Ya podéis conseguir mi libro en papel y en digital, en México y en todos los países:
México (papel y ebook)
Librería Sancho Panza, Querétaro
Todos los países:
BuscaLibre (papel)
La Casa del Libro (papel)
Amazon (papel y kindle)
Google Play (ebook)
Apple Books, (ebook)
En estos días podrás encontrarlo en físico en las principales librerías de México, en BuscaLibre y en Amazon.
¿Quieres leer el prólogo? Aquí tienes el enlace 🥰
¿Sabías que el libro viene con una fajita para que nadie sepa lo que estás leyendo?
16 de marzo de 2026
Prólogo Amiga, sepárate ya
- Te desenamoraste.
- Estás cansada de vivir peleando.
- Te hartaste de cuidar sin recibir lo mismo a cambio.
- Necesitas un cambio de vida.
- Tienes un sueño que quieres cumplir o un proyecto que siempre has postergado.
- Te sientes culpable al pensar en tu liberación.
- Crees que eres la mala.
- Te da miedo la soledad.
- No tienes dinero.
- Te da flojera.
- No quieres hacer sufrir a tu gente.
- Piensas que lo van a resentir tus hijas o hijos (si es que tienes).
- Te da vergüenza hacerlo.
- Ya te resignaste.
- Cuando te rebelas, se te pasa pronto la emoción.
- Crees que no eres capaz y no confías en ti.
- Lo has intentado tantas veces que ya estás cansada.
- Le temes a la guerra del divorcio.
- Tu pareja te da mucha lástima.
- Piensas que debiste hacerlo antes.
- Le crees cuando dice que va a cambiar.
- Confías en que tu amor y paciencia deben rendir frutos en algún momento.
- Incluso cuando ya estás convencida, te frenas a ti misma porque vislumbras en el horizonte un rayo de esperanza.
- dejar de sufrir,
- liberarnos de la culpa y del miedo,
- hacernos responsables de nuestro bienestar y autocuidado,
- y empezar una nueva etapa de vida.
- Que a nuestras parejas no las vamos a cambiar.
- Que estamos mejor solas que mal acompañadas.
- Que no estamos obligadas a cargar con la cruz que cargaron nuestras abuelas y madres.
- Que no somos las únicas responsables de que la relación funcione.
9 de marzo de 2026
Amiga, sepárate ya
Queridas Amigas:
Estoy muy feliz porque hoy os presento la portada de mi nuevo trabajo, que es el libro que yo habría querido tener a los veintipico años, cuando estaba intentando dejar una relación y no lo lograba.
Yo me sabía la teoría, pero no sabía cómo podía ponerla en práctica. Mis amigas me decían las verdades, pero yo me autoengañaba.
Yo intentaba dejarlo, pero estaba enganchada y me sentía atrapada.
Yo sabía que ya no me amaba, pero mi ego se resistía a aceptarlo.
Yo pensaba que mi mente y mi corazón estaban en guerra, y que estaba enjaulada en una cárcel con muros de titanio. Pero eran de humo.
Y yo podía desplegar las alas y echar a volar cuando quisiera. Pero tenía una venda en los ojos y soñaba con milagros románticos. Mi feminismo no me servía, no me ayudaba. Tenía miedo y no sabía cómo trabajar mi valentía.
En mi nuevo libro os cuento la experiencia que viví y cómo logré liberarme y dejar de sufrir por amor. Fabriqué mis propias herramientas con la utopía feminista, y entonces acabó la guerra en mi interior.
Y eché a volar sin miedo, por fin.
Y volví a enamorarme de la vida, otra vez.
En mi nuevo libro os acompaño a todas en vuestro proceso de liberación mientras tomáis conciencia de lo hermosas y grandes que son vuestras alas.
Ya podéis verlo en la web de la Editorial Diana:
El 21 de marzo es el lanzamiento y lo presento en Ciudad de México en el Centro Cultural Elena Garro, en Coyoacán a las 4 pm.
Estáis todas invitadísimas a venir al evento, que es gratis y abierto al público💜
Coral
22 de enero de 2025
Libre del rencor y del deseo de venganza
A lo largo de estos años he conocido a muchas mujeres y hombres atrapados en el rencor contra su pareja y su ex pareja. Y lo que veo es que cuando el rencor es muy grande, las parejas viven en un infierno constante. Pero cuando se separan y el rencor sigue, el infierno que viven es aún peor.
Yo les explico que si además de rencor sientes afán de venganza y tu vida gira alrededor de la necesidad de hacerle daño a tu ex pareja, el sufrimiento no solo no disminuye, sino que se hace más grande y afecta a todo tu entorno. Lo sufre tu familia, que te ve sufrir. Lo sufren tus hijos e hijas, tus amigos y amigas, y toda tu gente alrededor.
Vivir en constante estado de guerra contra tu ex te hace esclavo/a del odio, el rencor y el deseo de venganza, porque nunca se sacia, por mucho daño que le hagas a la otra persona. El odio es una emoción muy poderosa y nos destruye a nosotros también, no solo a la persona a la que odiamos
Cuando estás atrapado en el dolor resulta casi imposible rehacer tu vida, porque tus energías no están puestas en el presente y en el disfrute, sino en la guerra. Es muy difícil que una nueva pareja aparezca, y más difícil aún que soporte el grado de obsesión que tienes con tu ex.
Porque cuando un ex está demasiado presente en una casa, para bien o para mal, la otra persona se siente desplazada. Si no has logrado cerrar una historia, todo el mundo puede ver tu herida abierta. Por mucho que disimules, tu nueva pareja sabe que esa herida está ahí, y se siente en una posición secundaria, por mucho que le digas que le amas.
¿Cómo saber si te está devorando el rencor? Cuando en lugar de disminuir con el paso de las semanas o los meses, aumenta. Cuando sientes que nunca has tenido suficiente y te prometes a ti mismo o a ti misma no dejar jamás de hacer sufrir a tu enemigo/a, cuando te juras que no vas a parar hasta el día en que te mueras.
Cuando el rencor te pudre por dentro, tú estás plenamente convencido/a de que como has sufrido mucho (porque tu pareja se desenamoró y te dejó, porque te puso los cuernos, porque te mintió...), tienes derecho a hacerle sufrir, y lo justificas como un acto de reparación. Pero no es cierto: no te repara portarte mal con la otra persona, porque no hay ningún momento en que te digas a ti mismo/a: "Ya está la deuda saldada, paro ya"
Siempre necesitas más. Nunca tienes suficiente. Quieres que todo el mundo se ponga de tu parte para que la otra persona se quede sola. Piensas que tienes derecho a ser mala persona. No tienes remordimientos de ningún tipo. Todo tu afán se centra en machacar. Ni perdonas ni olvidas. Tú tienes una misión, como los héroes de las pelis de acción, y no te importan los medios para conseguir tus fines.
No quieres volver con la otra persona, pero cuando te preguntan qué quieres, no sabes qué responder. Si te preguntan hasta cuando vas a seguir así, sumida/o en la rabia y la destrucción, tampoco sabes responder.
Tus victorias te saben a poco. No te alivia para nada ver sufrir a la otra persona. De hecho te importa muy poco, porque crees que tu dolor es siempre más grande, así que si lo está pasando mal, tú no te conmueves lo más mínimo.
Lo que sí te conmueve y te repatea las entrañas es que tu pareja sea feliz y le vaya bien. Eso te pone todavía más agresivo/a, y refuerza tu objetivo de hacerle la vida imposible. Es tan intenso tu rencor, que nunca te paras a pensar en cómo afecta a tus hijos e hijas, porque te sitúas en el papel de víctima y crees que eso justifica tu comportamiento.
Curiosamente, las víctimas de violencia machista no les sucede esto. Las mujeres, por ejemplo, que han sufrido malos tratos y agresiones sexuales, físicas, psicólogicas, emocionales y económicas de sus parejas, no desean guerrear contra su ex, lo que quieren es liberarse del odio y el rencor de su ex contra ellas. No entran en batalla para intentar joderles la vida: lo que quieren es huir y ser libres, y no volver a saber nada de esa persona. Porque ellas saben que ante la violencia de sus agresores y femicidas, nunca van a ganar. No es una lucha de poder entre dos personas: lo que desean las víctimas es no ser asesinadas, recuperar la libertad y poder vivir en paz. Muchas necesitan años y años de terapia psicológica para poder superar el trauma.
Los hombres agresores, sin embargo, ni piden ayuda ni van a terapia. Viven atrapados en el odio y el rencor: todos los días matan a 140 mujeres en el planeta, una cada diez minutos. No soportan que su pareja quiera terminar la relación, y mucho menos si es porque se ha emparejado de nuevo: o bien las asesinan, o asesinana a sus hijos e hijas, o bien se pasan la vida intentando hacerles daño, a ellas, a sus criaturas y a sus mascotas.
Estos hombres sienten que ya no tienen nada que perder. Están tan dañados por el rencor que se ven incapaces de rehacer su vida, de enamorarse de nuevo, de dejar el pasado atrás. Viven aferrados a ese pasado y no tienen ningún tipo de horizonte de futuro: muchos se suicidan, pero la gran mayoría matan antes a la ex compañera para que se vaya con ellos. Este es el nivel de obsesión y maldad al que llegan los hombres machistas cuando se sienten dolidos o traicionados, y cuando les invade el afán de venganza.
Las mujeres no asesinamos a nuestros ex cuando deseamos vengarnos y nos sentimos invadidas por el rencor. Lo que intentamos es hacerles daño emocionalmente, a ellos y sobre todo a las mujeres con las que ellos se relacionan. Sí, hay mujeres muy destructivas, hay mujeres que son malas personas. Pero lo más común en nosotras es que la agresividad estalle más contra nosotras mismas y contra otras mujeres, que contra los hombres. Esta destructividad aparece en forma de adicciones, depresiones, trastornos mentales, intentos de suicidio, o tomando decisiones terribles para complicarse la vida al máximo.
Sin embargo, a diferencia de los hombres, las mujeres tenemos más facilidad para pedir ayuda profesional cuando nos damos cuenta de que nos estamos destruyendo a nosotras mismas. Los hombres se suicidan más, y matan a sus compañeras porque no saben cómo manejar sus emociones. Las mujeres nos deprimimos y pedimos ayuda. Muchas logran salir, aunque no es nada fácil porque el sufrimiento crea adicción.
El romanticismo patriarcal nos ha hecho creer que el amor debe ser para siempre y que si tu amado o amada deja de quererte, te está traicionando, es "el malo" de la película, y se merece pasarlo mal. Nos cuesta mucho asumir que las personas nos dejan de amar, que el amor no es eterno, y que todos y todas tenemos derecho a dejar las relaciones en las que no somos felices.
Nuestro ego herido puede llegar a ser muy violento: no soportamos el rechazo, lo sentimos como una derrota. Y por eso nuestra autoestima se desploma y se activa nuestro deseo de venganza.
¿Qué necesitamos para aceptar que ya no nos quieren más? Mucha humildad para la aceptación.
Y tomar conciencia de que el odio y el rencor son adictivos y te esclavizan.
Pero además, necesitamos herramientas para separarnos con amor. No sabemos cómo decirle a la pareja con honestidad y cariño "ya no quiero seguir contigo". No sabemos cómo iniciar el proceso poniendo en el centro los cuidados. No sabemos tampoco manejar el dolor ni el rencor. No nos enseñan en el colegio a cuidar nuestras emociones para que no hagan daño a los demás.
Porque esta es la clave para liberarte del rencor: manejar las emociones desde una perspectiva ética. Es plantearse a ti mismo/a: "¿cómo hago para que mi miedo, mis celos, mi envidia, mi rencor no me arrasen a mí y no hagan sufrir a los demás?"
Todos tenemos un mecanismo interno de regulación que nos permite controlarnos a nosotros/as mismas. Algunos lo tienen más desarrollado que otros, pero es algo en lo que se puede entrenar a diario. Cuando no nos funciona, entramos en una espiral obsesiva y destructiva.
Esta capacidad para autorregularnos es lo que nos permite sobrevivir a los golpes de la vida. Con ella podemos calmar nuestras emociones, expresarlas, llorarlas y después de un tiempo de duelo, tirar hacia delante y empezar con ilusión una nueva etapa en nuestras vidas.
¿Por qué muchos no pueden empezar una nueva etapa? El ego es obsesivo e insaciable. Puedes explicarle que jamás ganaremos la guerra, que todo el mundo saldrá herido, que las heridas no cicatrizarán nunca, que nos invadirá la amargura, pero le da igual. Cree que será feliz destruyendose y destruyendo al ex.
Entonces, ¿cómo liberarnos? Creo que nos puede ayudar mucho el imaginarnos en el futuro libres del rencor, haciendo nuestras vidas, y en paz con nosotros mismos/as.
En esto consiste la liberación: quitarse las cadenas, poder vivir en calma, estar tranquilo/a, y sentirse libre del pasado. Para lograrlo hay que cerrar la historia dentro de una misma/o, olvidarse del ex, mirar al futuro con alegría y animarnos a nosotras mismas a echar a volar.
Hay que trabajar mucho el ego y la humildad para que puedas aceptar que no se puede volver atrás y que no tienes por qué ser el centro de la vida de tu ex. Hay que trabajar mucho por dentro para entender por qué nos está costando tanto afrontar la nueva etapa de nuestras vidas, porque quizás no es tu ex lo que te impide dar el salto, sino tu miedo a los cambios.
El rencor es una cárcel en la que nos encerramos, y desde ahí no podemos aprender cosas nuevas, ni experimentar nuevas vivencias, ni construir nuevas relaciones. Tampoco podemos olvidar. Y el olvido es necesario para poder avanzar: no importa si perdonas o no perdonas. Lo importante es que la otra persona y lo que sientes por ella no tenga poder sobre tí.
Para terminar, te propongo un ejercicio de visualización: el rencor es como un agujero negro por el que se nos va toda la energía, y por eso cuando logramos salir de ahí es cuando empezamos a amar tanto la vida. Solo con las alas desplegadas podemos apreciar todo el amor que tenemos dentro, y alrededor de nosotras.
Cierra los ojos e imagina que te levantas, te quitas la mochila del rencor, y abres la puerta de la jaula. Respiras hondo, miras al horizonte, bates tus alas, y te lanzas al vacío:
que disfrutes mucho del vuelo.
Coral Herrera Gómez
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10 de diciembre de 2024
Da el paso acompañada: con amigas es más fácil
Si crees que tu pareja puede reaccionar mal o muy mal si le dejas, queda con él en un sitio público con gente, a la luz del día, y convoca a tus amigas y amigos para que estén cerca, por si tu pareja se pone agresiva. Si necesitas quedar con él para que te dé tus cosas, o si tienes que hacer una mudanza, nunca lo hagas sola, pide acompañamiento a tu gente querida. Si después de la ruptura crees que puede intentar hacerte daño, deja que te acompañen tus amigas y avisa a toda la gente que puedas para que él sepa que no estás sola.
Las mujeres que reciben cuidados y protección de su comunidad tienen más probabilidades de salir de una relación violenta, pero para las que viven en otro pueblo, otra ciudad u otro país es más difícil, porque cuando no tienes redes eres más dependiente y te sientes más vulnerable.
Si no tienes gente querida que te ayude a salir (a menudo es un proceso que dura semanas o meses), pide ayuda a profesionales de los servicios sociales y de la salud mental, o a las asociaciones y colectivas de mujeres más cercanas. Muchas médicas y doctoras de familia ya tienen la formación para ayudarnos a todas en los centros de salud.
También tus vecinas y compañeras de estudio y de trabajo pueden ayudarte: sean o no feministas, hay muchas mujeres sororarias en el mundo. Las mujeres desde siempre nos hemos ayudado entre todas, porque llevamos milenios sufriendo, resistiendo y haciendo frente a la violencia en todas sus formas.
Entre todas nos escuchamos, nos cuidamos y nos arropamos: todas sabemos lo difícil que es tomar conciencia de lo que nos está pasando, lo mucho que nos cuesta después hablar de ello, y la odisea que supone dar el paso hacia la liberación.
Sabemos respetar los tiempos de cada una y acompañar todo el proceso de una forma amorosa.
Sabemos, también, celebrar las liberaciones de cada una de nosotras, y acompañarnos en el camino hacia una nueva vida.
No lo hagas sola, déjate acompañar: solas no siempre podemos, pero con amigas, compañeras y vecinas sí que se puede.
Coral Herrera Gómez
14 de octubre de 2024
Cómo me liberé de la droga del amor

Yo no lograba entender por qué cuando estaba cerca de mi droga, yo cambiaba y dejaba de ser yo. Y no solo eso: era capaz de engañarme y traicionarme a mí misma, y hacer cualquier estupidez con tal de conseguirla. Me resultaba alucinante verme a mí misma desdoblada: podía estar en la mañana pensando racionalmente y tomando decisiones sensatas y feministas, y luego en la noche hablando con él por teléfono como si nada, derretida de amor y riendole las gracias.
Si yo había decidido que no nos veríamos más, y él llamaba para decirme que necesitaba verme, entonces me olvidaba del acuerdo conmigo misma, y le decía que sí, que podía venir a verme. Y claro, eran polvazos intensos los que echabamos, porque yo siempre juraba que iba a ser el último. Y ya sabemos que los últimos polvos, cuando estás muy enamorada, son intensos, maravillosos, e inolvidables. ...
Ya puedes escuchar o leer el capítulo 8 de mi libro: Cómo dejé de sufrir por amor.
Cada semana publico dos nuevos capítulos en Patreon y en Ivoox para suscriptoras:
8 de octubre de 2024
Cómo me liberé de la cárcel del amor
Yo estuve cuatro años esperando "a ver si él se daba cuenta".
Cuatro años de autoengaño.
Cuatro años esperando a que el Príncipe Azul regresara de sus batallas.
Cuatro años creyendo que estaba presa en la cárcel del amor, condenada a sufrir.
Hasta que la que" me di cuenta" fui yo.
Me di cuenta de que los muros no eran de humo sino de titanio, que las ventanas y las puertas estaban abiertas, que la vida estaba pasando muy deprisa, y que yo no la estaba disfrutando.
Me harté de esperar y de sufrir por amor y empecé mi camino hacia la liberación.
En el capítulo 7 de mi nuevo libro te cuento cómo empecé a trabajar en mí, ya puedes leerlo o escucharlo y leerlo en Patreon e Ivoox:
Quiero escucharlo por capítulos en Patreon
Quiero adquirir el audiolibro y escucharlo entero
22 de agosto de 2024
¿Tú tampoco puedes divorciarte? El drama de la vivienda y la cárcel del amor
¿Tú tampoco puedes divorciarte? El drama de la vivienda y la cárcel del amor
Tengo varias amigas que se quieren divorciar y no pueden. Les mucho costó dar el paso y cuando finalmente acordaron con sus parejas la separación, se dan cuenta de que no les dan las cuentas porque los precios de compra y alquiler de casas están por las nubes.
El sistema nos quiere de dos en dos, por eso nos castigan si no nos emparejamos. ¿En qué consiste el castigo? Hay cientos de miles las mujeres jóvenes que no pueden salir del hogar e iindependizarse porque no tienen pareja para compartir gastos, y muchas se ven obligadas a convivir con su familia o con personas desconocidas.
El drama de la vivienda mantiene, además, a miles de mujeres atrapadas en relaciones en las que no son felices, relaciones que no funcionan, y también relaciones en las que sufren explotación doméstica, violencia psicológica y emocional, violencia económica, física y sexual.
Muchas mujeres se irían si pudieran, pero con un solo salario no pueden irse a ninguna parte, sobre todo si tienen críos. Cuantos más hijos e hijas tienen, más difícil resulta escapar. Según las leyes, todas somos libres para divorciarnos, pero lo cierto es que sin autonomía económica no podemos. De todas ellas, las que más sufren la violencia son las mujeres pobres, las mujeres inmigrantes y las que sufren discapacidad.
Unas pasan toda la vida soportando y resistiendo como pueden, y la violencia solo termina cuando ellos las asesinan o cuando ellos mueren. Estamos hablando de que hay mujeres que pasan 50 o 60 años sufriendo violaciones y malos tratos, y no tienen medios para huir.
Cada día resulta más difícil separarse: es un lujo al alcance de muy pocas parejas porque se necesitan dos salarios para vivir: uno va a la hipoteca o el alquiler, y el otro hay que dedicarlo a subsistir. En las grandes ciudades, en las islas y en la costa es imposible vivir sola en un apartamento, excepto para las mujeres que gozan de un buen salario y no tienen crías.
Seguimos creyendo que las mujeres en Occidente somos libres, pero las leyes que nos protegen son papel mojado. No importa si el Estado reconoce el derecho de las mujeres a divorciarse: estamos igual que en los países donde no se nos reconoce ese derecho, porque no hay condiciones para que todas podamos ejercerlo.
El matrimonio es una auténtica cárcel para millones de mujeres que no pueden romper el contrato y dejar la relación. Cuanto más pobres y precarias somos, menos derechos tenemos, y cuantos más hijos e hijas, más pobres somos y por tanto, menos libertad tenemos. No podemos elegir qué tipo de vida queremos llevar, ni con quién queremos vivir, ni cuánto tiempo queremos convivir con alguien.
Nos casamos pensando que podremos separarnos cuando queramos, pero la realidad es que no podemos.
Ana de Miguel lo explica muy bien: cuando tu vida está determinada por la necesidad, no eres libre. No hay derechos ni libertad de elección y de movimientos sin autonomía económica.
La Vivienda es uno de los derechos humanos fundamentales: todos y todas necesitamos un refugio seguro y bajo techo para dormir y para vivir.
Todas las mujeres tenemos derecho a poder vivir solas o con nuestras crías: tener pareja no puede ser una obligación, pero lo cierto es que vivimos en un mundo que nos quiere de dos en dos, consumiendo y aislados de los demás.
Y lo cierto es también que las personas más pobres del mundo son mujeres con hijas e hijos. Por eso la lucha por los derechos humanos no sirve de nada si no se erradica la pobreza. Las mujeres que viven en la pobreza sufren más el abuso, la explotación y la violencia de sus caseros, sus jefes y sus maridos.
Ante el drama de la vivienda, muchas mujeres están organizándose en pequeños grupos para convivir juntas, compartir la crianza y compartir gastos.
Ahora mismo lo único que nos salva son las redes de apoyo mutuo entre nosotras, junto con la lucha feminista por la igualdad, y la lucha social a favor del derecho a la vivienda y en contra de la gentrificación, la especulación inmobiliaria, la codicia de los fondos buitre, los desahucios y el turismo depredador.
Lo personal es político: estamos derribando los muros de la cárcel del matrimonio, y estamos reclamando políticas públicas que garanticen la autonomía económica de todas las mujeres, para que todas seamos libres y podamos elegir con quien queremos compartir la vida.
Coral Herrera Gómez
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3 de febrero de 2023
No te vayas sin decir adiós
Nos marchamos sin despedirnos cuando la pareja nos está haciendo mucho daño o cuando corremos algún peligro. Esta es la razón por la cual podemos desaparecer de la vida de una persona sin tener que dar explicaciones, porque debemos proteger nuestra vida, y nuestra salud mental y emocional.
Cuando no se dan estas circunstancias extremas, si no que simplemente queremos dejar de compartir la vida y romper la relación, entonces sí que debemos despedirnos.
No siempre es necesario explicar nuestras razones, ni hay que detallarlas con precisión, lo importante es que la otra persona tenga claro qué es lo que está sucediendo, sin ambigüedades. No es el "por qué", es el "qué" está pasando.
Decir adiós es un acto de amor que requiere mucha honestidad y mucha valentía, no es nada fácil decirle a alguien que ya no estás enamorado o enamorada, no es fácil tampoco decir que quieres separarte para seguir tu camino a solas o con otras compañías, pero hay que hacerlo.
Lo llaman ghosting, pero es maltrato y es violencia, porque desaparecer sin más de la vida de otra persona hace mucho daño.
Cuando te dejan de contestar a los mensajes y no te cogen nunca más el teléfono, cuando te bloquean en redes sociales y cortan las vías de comunicación, es fácil pensar que la culpa es tuya, que has hecho algo malo, que te lo mereces por alguna causa.
Nuestro cerebro se pone en estado de alerta, dispara la adrenalina, nos pone el corazón a mil, y la mente comienza a hacerse preguntas, a darle vueltas, a imaginar y a hacer elucubraciones que nos atormentan mucho.
Cuando aparentemente todo va bien y de repente alguien corta la relación sin decir adiós, nuestro mundo de hunde por completo, se trastoca nuestra vida entera.
Cuando alguien desaparece de la noche a la mañana de tu día a día, el duelo es muchísimo más difícil y más largo, porque antes de llegar a la aceptación nos toca pasar un auténtico calvario.
Nuestra autoestima se hunde, nos sentimos perdidas y vulnerables, nos enfadamos y protestamos, nos ahogamos en lágrimas, nos desesperamos, y a veces, nos obsesionamos.
Nos cuesta comer, nos cuesta dormir, nos cuesta asumir y nos aferramos a la esperanza de que sea algo puntual, con el miedo de que en realidad sea para siempre, y que nunca lleguemos a saber qué pasó.
No importa si tu relación ha durado diez años o un fin de semana, hay que armarse de valor y contar con calma a la otra persona lo que te está ocurriendo, lo que estás sintiendo, y la decisión que quieres tomar.
Si no quieres hacerlo por miedo, si sospechas que la otra persona puede perder los papeles, agredirte o agredirse a sí misma, hazlo al aire libre, a plena luz del dia, en un sitio donde haya gente cerca. Pero hazlo: las historias hay que cerrarlas bien, hay que saber ponerle punto y final a las relaciones, hay que ponerle amor a las despedidas.
Si ya no sientes lo mismo por tu pareja, o si hay cosas de ella que no te gustan, si sientes que no sois compatibles, si no le ves futuro a la relación, dilo con suavidad y firmeza.
Si quieres empezar otra etapa de tu vida, si quieres vivir otras historias, si te has enamorado de otra persona, dilo con cariño y claridad.
Si acabas de empezar la relación pero te das cuenta de que en realidad no estás a gusto, por lo que sea, puedes decirlo, porque tienes derecho a empezar y a terminar tus relaciones cuando quieras.
Lo que no tienes derecho es a hacer sufrir a alguien con quien has compartido tu intimidad personal y sexual, y con quien has compartido fluidos, besos y abrazos.
Porque irse sin más para no tener que dar la cara es de cobardes, y hace sufrir mucho a la otra persona. Ojalá todos tuviéramos la fortaleza para mandar al carajo a quien no nos coge el teléfono, y la autoestima tan alta como para soportar una muestra de desprecio tan cruel. Pero no la tenemos.
Somos seres muy frágiles, somos muy vulnerables, y nos duele mucho que nos traten mal. Cuando confiamos en nuestra pareja, es porque creemos que nos va a tratar bien todo el tiempo: antes, durante, y al final de la relación.
Lo llamamos cuidados, lo llamamos responsabilidad afectiva, es una cuestión de justicia y compañerismo.
Es difícil pero con empatía, solidaridad y amor del bueno se consigue: todos y todas merecemos poder decir adiós, y dar y recibir cuidados hasta el final.
#ghosting #ghostinesviolencia
#notevayassindeciradiós #cuidados #buenostratos #separaciones #adiós
Coral Herrera Gómez
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16 de enero de 2023
Shakira, los divorcios transoceánicos y otros temas políticos
Conocí en París a una mujer colombiana a la que su marido le dejó por otra, y no daba el permiso para que ella pudiera regresar a su país con la niña.
Estaba condenada a vivir en un país extranjero, sin su red familiar, y no lograba convalidar su título de abogada. El marido le declaró la guerra y su vida se convirtió en un infierno, y aún faltaban siete años para que su niña se hiciera mayor de edad.
No puedo parar de pensar en ella y en su niña desde que ví la noticia de Shakira, y deseo con todo mi corazón que hayan podido volver ya a Colombia, después de tantos años.
¿Comprendéis por qué lo personal es en realidad un asunto político?, ¿y por qué podemos aprovechar el tema de Shakira para hablar de asuntos que nos atañen a todas?
Mirad cuántos temas tenemos en la mesa: el derecho al divorcio, que hoy es un privilegio al alcance de muy pocas mujeres, porque no tenemos dinero para vivir solas con las crías.
Y si lo hacemos porque no aguantamos más, o porque estamos sufriendo violencia, quedamos en la más absoluta pobreza. Y si somos pobres, o precarias, no tenemos ni libertad ni derechos.
Y las que peor lo tienen, son las mujeres inmigrantes sin papeles, que quedan atrapadas durante años.
¿Y qué me decís de los hombres que no pasan la pensión alimenticia, que no quieren ver a sus criaturas, que no asumen sus responsabilidades como padres, que ni cuidan ni quieren a sus hijas e hijos, y que maltratan a sus criaturas para hacer daño a sus parejas?
En el culebrón de Piqué y Shakira se mezclan todos los temas: la emigración y la pobreza femenina, las masculinidades y las paternidades, el derecho al divorcio, el derecho a volver a tu país, el tema del compañerismo y la solidaridad en la pareja, la crianza, los mitos románticos, la autonomía económica de las mujeres... hasta da para hablar sobre la Renta Básica Universal, porque siempre que debatimos, además de analizar lo que nos pasa a las mujeres, hay que echarle imaginación y ponerse a buscar soluciones que eviten tanta violencia y sufrimiento a las mujeres.
Y además, hacer mucha pedagogía para que las adolescentes no caigan en la cárcel del amor, y no se les ocurra sacrificar su vida por el sueño de una familia feliz.
Disponemos de muchos datos y cifras que demuestran que el amor romántico es una estafa, y muchas historias de vida de mujeres atrapadas que no pueden separarse como está haciendo Shakira.
Vamos a ayudarnos una a otras a quitarnos la venda de los ojos, vamos a contarnos las verdades, sólo así podremos dejar de ser súbditas de la monarquía masculina.
Aprovechemos para liberarnos todas juntas.
Coral Herrera Gómez
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