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20 de enero de 2026

El amor en tiempos de guerra

 



¿Habéis visto cómo se están organizando en Minessota?, la ciudadanía se ha unido para crear estrategias de defensa, protección y cuidados frente a las fuerzas del ICE. Están celebrando asambleas, conciertos, y protestas, y están organizando redes vecinales de apoyo mutuo. Los matones del ICE van casa por casa, armados hasta los dientes, y los y las vecinas salen a la calle a enfrentarse a ellos y a proteger a las víctimas.

Esto es amor del bueno, amor comunitario, amor vecinal, amor en grupo.

¿Y en Gaza?, ¿has visto cómo la población palestina se ayuda entre ella y comparten lo poco que tienen?, ¿has visto cómo la gente de la cooperación lo está dando todo para poder ayudar a las víctimas del genocidio?, ¿y cómo el personal sanitario se desvive por salvar vidas, cerrar heridas, operar para extraer balas, y curar enfermedades generadas por la falta de agua potable y de comida?, ¿has visto como las poblaciones de todos los países del mundo han salido a la calle a pedir el fin del Genocidio y en solidaridad con Palestina?

Esto es amor del bueno, un amor que nos une pese a nuestras diferencias, un amor que nos sostiene, nos acuna, y nos envuelve a todos y a todas. Este Amor es lo que nos hace salir a la calle a protestar y a apoyar a las víctimas, lo que nos empuja a cuidar a la gente más vulnerable, y a aportar nuestro granito de arena para las buenas causas.


¿Has sentido alguna vez este amor del bueno a tu alrededor?

Recuerda qué ocurrió durante la pandemia. En el confinamiento, en los pueblos la gente se ayudó como hace siempre, y en las grandes ciudades los barrios se organizaron para llevar comida y medicinas a las personas con problemas de movilidad, con enfermedades, discapacidades o dependencia. En las familias se pusieron mesas grandes donde comía todo el mundo, tuvieran o no ingresos.

¿Qué ocurrió durante la catástrofe de Filomena en España? Que en muchas ciudades la gente quedó atrapada sin poder ir a trabajar, y acabaron creando redes vecinales mientras sus hijos e hijas jugaban en la nieve. Muchos ni se conocían ni se saludaban, pero aquellos largos diez días se reconocieron como vecinos y vecinas, y se ayudaron todos en lo que pudieron.

Esto es amor del bueno, y es nuestro mayor tesoro en tiempos de odio. Nos quieren enemistados, enfrentados, divididos, aislados, y anestesiados, cada uno con su teléfono, distraídos y ensimismados. Nos quieren debatiendo a muerte en redes sociales, linchandonos los unos a los otros, echando espuma por la boca y humo por la cabeza. Nos quieren cabreados, iracundos, amargados, y frustrados.

Pero cuando el nivel de sufrimiento se hace insoportable, nos juntamos para ayudarnos. Cuando hay un accidente o una catástrofe, corremos a ayudar y a aportar lo que sea necesario. Cuando hay un estado excepcional por cuestiones políticas, los humanos nos juntamos, nos organizamos, nos ayudamos y resistimos juntos. Cuando los poderosos se pasan de la raya y ejercen violencia contra la población, la población sale a la calle, se encuentra, se abraza, se ayuda, se habla, y entonces somos invencibles.

Porque la élite es siempre una minoría, en cualquier lugar del planeta. Y nosotros somos mayoría, en todos los rincones del mundo.

Y si en lugar de odiarnos entre nosotros empezamos a querernos unos a otros, este grupo de poderosos caería y no podría volver a someternos.

El Amor es lo que nos ha permitido sobrevivir como especie. Somos animales muy vulnerables, y somos interdependientes: nos necesitamos los unos a los otros para sobrevivir. Recibimos cuidados durante la infancia y la vejez, cuidamos a los demás en la adultez. Recibimos cuidados cuando enfermamos, cuando sufrimos un accidente, cuando nos van mal las cosas. Cuidamos a los demás cuando les pasa lo mismo. Cuidamos también a las personas desconocidas, y esto es amor del bueno.

El amor no se puede pagar. No se puede vender, alquilar, comprar, forzar o prestar. Solo se puede intercambiar. Es lo único que hoy escapa a la lógica del capitalismo y del patriarcado: el amor resiste al dinero porque nace de lo más hondo de nuestras entrañas, o no nace.

El Amor es un trabajo de cuidados, y requiere tiempo y energía. Es como una semilla que siembras, cuidas y riegas, y ves primero los brotes, después empieza a crecer, luego florece y más tarde da sus frutos. Si no cuidas el amor, se desgasta, se deteriora y se muere.

Así que para que siga vivo hay que alimentarlo como si fuera un fueguito, y echarle ramitas y palos a menudo para que no se extinga.

Vivimos en un mundo lleno de gente que odia, y el odio nos lleva a la violencia y a la destrucción. Y también nos autodestruye. La única forma de salvarnos de este suicidio colectivo es abrir puertas y ventanas para que entre el Amor, derribar los muros, abrir nuestro corazón, establecer redes de cooperación y apoyo mutuo, y recuperar colectivamente la alegría de vivir y las ganas de disfrutar.

Cuando el Amor nos inunda, nuestra capacidad para la empatía, la solidaridad, la fraternidad y el compañerismo se eleva a unos niveles enormes. Porque lo llevamos en el ADN: nos encanta ayudar, nos encanta sentirnos útiles, nos hace muy felices saber que podemos resolver problemas y colaborar para que los demás también sean felices.

La felicidad es política: yo no puedo ser feliz en un mundo en el que toda la gente sufre a mi alrededor. A mí me va bien cuando a todos nos va bien, y yo soy feliz cuando todos los demás son felices. No es posible vivir aislado de los demás: somos una enorme comunidad formada por muchas comunidades chiquitas.

Cuando nos invade el amor del bueno, nos sentimos llenos de energía y de ideas nuevas para mejorar nuestras vidas, y las vidas de los demás. Nos ponemos creativos y trabajadores: con amor lo que sientes es unas enormes ganas de aportar a la construcción de un mundo mejor.

El amor nos hace también mejores personas, porque nos vuelve generosas y valientes. Gracias al amor es que defendemos y protegemos a las personas más vulnerables, y nos dejamos cuidar cuando somos nosotros y nosotras las vulnerables. Sabemos que a lo largo de la vida humana todos y todas necesitamos amor, ternura y cuidados, y por eso es tan importante hablar de ello y ponerlo en el centro de nuestras vidas.

En los relatos de nuestra cultura occidental siempre es un héroe el que nos salva de las peores catástrofes, el que nos libera de un régimen político tiránico, el que encuentra la fórmula mágica para la salvación. Pero en la realidad, no es un héroe ni un ser divino el que nos salva: cuando hay problemas, es la comunidad la que se salva a sí misma.

Es la comunidad la que sale a protestar contra las injusticias y la violencia, es la comunidad la que te defiende cuando los bancos te echan de tu hogar, es la comunidad la que crea espacios seguros para comer y ormir, y para ayudar a quienes más lo necesitan.

No necesitamos salvadores: es la comunidad la que se enfrenta al tirano, y en ella todos somos héroes y heroínas, porque cada uno de nosotros aporta a la lucha desde sus posibilidades, y todas las aportaciones son igual de importantes y valiosas.

En las grandes ciudades hemos perdido a la comunidad, pero en los pueblos y aldeas siguen existiendo las redes de apoyo mutuo. A los humanos nos encanta ayudar, sentirnos útiles, contribuir al Bien Común. Sentimos un enorme placer cuando resolvemos problemas, cuando facilitamos a la gente la vida, cuando aportamos con dinero o con tiempo a una buena causa.

El único antídoto contra el odio y la violencia que arrasan nuestro mundo es el amor comunitario y la ternura de los pueblos. Los poderosos que controlan el mundo quieren que el odio siempre vaya hacia abajo y se expanda entre nosotros, nunca hacia arriba, nunca contra ellos. Y no soportarían que en lugar de odiarnos, nos quisierámos.

Lo más peligroso para ellos es que tomemos conciencia colectivamente de que tenemos derecho a vivir una Buena Vida, y que no es un derecho del que solo deban gozar unos pocos humanos. Todos tenemos derecho a disfrutar de esta única vida que tenemos, y sólo es posible disfrutar si todos y todas tenemos las necesidades básicas cubiertas, los derechos humanos garantizados, y una sólida red social y afectiva que nos sostenga.

Es la solidaridad y el compañerismo amoroso lo que nos une, y la unión es lo que nos hace grandes. Y cuando nos juntamos la energía colectiva se convierte en una energía muy potente que nos llena de amor y de valentía.

El Amor es un refugio colectivo y un espacio de cuidados, y a él van asociados la bondad, la alegría, la generosidad, los buenos tratos, el placer, el apoyo mutuo… y si es tan revolucionario es porque el orden social está basado en lo contrario: acumulación, acaparamiento, dominación, abuso, explotación, violencia y sufrimiento.

Muchos de nuestros representantes carecen de emociones y sentimientos amorosos, y viven inmersos en el odio. Por eso el Amor colectivo o comunitario es un espacio de resistencia frente a su maldad y su crueldad.

En los medios de comunicación y en las industrias culturales nunca hablan de este amor colectivo: sólo nos hablan del amor de pareja, y nos lo venden como el antídoto contra la soledad y como la puerta de entrada al paraíso. Apenas hablan del amor de la amistad, el amor hacia los desconocidos, el amor hacia los animales, y el amor de la Comunidad.

Porque el amor colectivo es el más peligroso de todos: si la gente se uniera para trabajar unida por el Bien Común, las estructuras de poder capitalista y patriarcal colapsarían. Si lograsemos tomar conciencia masivamente de la inmensa potencia que tiene el Amor, podríamos cambiar el mundo. Porque si en lugar de odiarnos entre nosotros nos atreviesemos a querernos bien, podríamos convivir en paz, trabajar en equipos, y crear redes de cooperación y apoyo mutuo para que las vidas de todos y todas fueran mejores.

Barrio a barrio, pueblo a pueblo, podríamos ir mejorando progresivamente nuestras comunidades, y olvidarnos de los líderes políticos. Si nos quisieramos entre todos, podríamos relacionarnos y organizarnos de otras formas, y eliminar las jerarquías que hoy nos someten, nos separan y nos enfrentan.

Todos y todas vamos buscando amor en esta epìdemia de soledad posmoderna: buscamos que nos quieran y nos cuiden, y nos sentimos inmensamente afortunados cuando podemos amar y cuidar a los demás. Ante la falta de sentido, el miedo al futuro, la incertidumbre de nuestro presente, los humanos encontramos refugio en las relaciones que tenemos con otros seres humanos y con animales.

Buscamos protección, abrazos y besos, buscamos intimidad sexual, buscamos palabras de aliento, apoyo emocional. Buscamos un hombro en el que poder llorar, buscamos sentirnos útiles y necesarios, buscamos cariño y comprensión, buscamos ojos que nos miren, que nos hagan sentir que existimos y que somos importantes para nuestros seres queridos.

El error que estamos cometiendo es dar amor solo a una persona, y creer que una sola persona puede darnos todo el amor que necesitamos. El amor es una energía que no se agota: cuanto más tenemos, más damos, y cuanto más damos, más recibimos. Por eso no la podemos centrar únicamente en nuestra pareja o familia: la mayor felicidad es poder expandir el amor también a las comunidades que habitamos.

Porque el Amor es lo único que hace que estas comunidades sean vivibles, pacíficas, igualitarias. El Amor alimenta las relaciones entre las personas que viven cerca, que trabajan juntas, que comparten espacios físicos, y cuanto más amor hay en ellas, más fáciles son nuestras vidas, y las vidas de los demás.

El Amor es la fuerza que nos impulsa a crear, a soñar, a imaginar un mundo mejor. El odio en cambio nos provoca emociones muy fuertes como la rabia, la ira, la envidia, y exacerba en nosotros la necesidad de ejercer nuestro poder para sentirnos superiores a los demás, y para someter a los demás. El odio tiene impacto en los demás (en tus vecinos y vecinas, en tus compañeros y compañeras de trabajo, en tu familia, en tus redes sociales), pero también te daña a ti. Porque te empuja hacia la destrucción y la autodestrucción, y cuanto más daño haces a los demás, más solo y aislado te quedas.

El Amor es un acto revolucionario en un mundo que nos quiere en guerra constante contra nosotros y nosotras mismas, y contra los demás. Es una pulsión que nos empuja hacia la esperanza, la ilusión, el deseo de construir y de aportar a lo que los demás están construyendo.

Amar hoy es una postura política fundamental: yo amo mi vida, amo la vida de los demás, amo a mi gente, amo a mi planeta. Amar significa cuidar: yo me cuido, y cuido el mundo que habito, y cuido mi mundo y las personas con las que comparto el mundo.


La salvación colectiva está en las comunidades unidas por el amor y los cuidados.


Coral Herrera Gómez

6 de noviembre de 2025

Crianza y salud mental: que no nos separen



Las mujeres de culturas no occidentales alucinan cuando les contamos que en nuestros países las mamás no podemos criar a nuestros propios hijos e hijas y nos obligan a separarnos a las pocas semanas de nacer. Para muchas de ellas es inconcebible que tengamos que irnos al trabajo con las tetas llenas de leche y dejar a nuestros bebés en manos de otras mujeres que tampoco pueden criar a sus bebés porque tienen que cuidar de los nuestros para que nosotras podamos volver al trabajo.

Tenemos nunerosos estudios que demuestran lo importantes que son los mil primeros días de vida en los seres humanos, y en el impacto que tiene en el desarrollo cognitivo y en la salud mental la separación del bebé de su madre. Y aún así, nos siguen obligando a separarnos de nuestras crías.

Dejar a nuestros bebés con personas desconocidas que no tienen ningun tipo de vinculo afectivo con ellos no solo es ir contra nuestra naturaleza de mamíferas, sino que también es una forma de violencia contra la infancia.

Cada año en el mes de septiembre miles de madres salen llorando de las guarderias cuando dejan a sus bebés con cuidadoras que tendrán que atender a otros diez o quince bebés, y que debido a la sobrecarga de trabajo no podrán cuidar debidamente a ninguno de ellos. Con suerte podrán cambiar pañales, atender cólicos y dar biberones, pero los bebes tendrán que llorar solos la ausencia de su madre y de su padre. Porque harian falta veinte brazos para poder darles amor a todos.

Ibone Olza, una prestigiosa psquiatra infantil experta en salud perinatal, se dedica a escribir y a impartir conferencias para sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de fomentar y proteger el vinculo entre las madres y los bebés. Ella afirma que las mujeres, hasta el siglo XX, nunca han criado solas. A muchas de nosotras nos ha tocado vivir el posparto solas en una casa, sin ningún tipo de compañía, en un momento en que necesitamos al compañero y al entorno familiar cocinando, yendo a la compra, haciendo lavadoras, doblando y colocando ropa limpia, barriendo y fregando los suelos, limpiando los baños, y ayudándonos con el bebé para que podamos dormir unas pocas horas seguidas. 

Si no hay compañero, o el compañero pasa miles de horas trabajando cada día, necesitamos igualmente los cuidados de nuestra gente querida. Pero todo el mundo alrededor está trabajando. Así que nos toca recuperarnos del parto, llevar la casa y cuidar al bebe solas. Completamente solas, sobre todo en grandes ciudades.

Muchas mujeres están deseando que llegue el momento de dejar al bebé en la guardería para dejar atras ese inmenso sentimiento de soledad y agotamiento que implica una crianza sin redes. En cambio las que tienen la suerte de tener red de crianza, disfrutan mucho más de su maternidad porque no se sienten solas y porque no están tan agotadas.

Las madres necesitamos tiempo, energía e ingresos dignos para criar. Y apoyo. Mucho apoyo. Sobre todo las madres que están criando solas: la población más pobre y vulnerable en todo los pais son las mujeres con hijos. Los hogares monomarentales necesitan protección y cuidados.

¿Y qué necesitan los bebés? Amor, nutrición y estimulación. Necesitan una relación con su entorno basado en el apego seguro, el vínculo que se crea cuando un bebé confía en sus cuidadores principales y sabe que no le van a abandonar. 

Los bebés necesitan sentirse amados y protegidos para poder explorar el mundo en el que viven: cuando los dejas en una guardería no saben si vas a regresar a por ellos o no. Para ellos una hora es una eternidad, porque solo viven el presente, no conocen el futuro, ni el concepto “minutos”, “después”, “en un rato”, “vuelvo en ocho horas”

El trauma de la separación deja una huella muy profunda en el bebé: el sufrimiento les genera estrés, lo que eleva sus niveles de cortisol, que tiene un impacto enorme en su sistema neuronal, en su sistema nervioso y por tanto en sus emociones y en su comportamiento.

La herida primal es el trauma que experimentan muchos bebés cuando son sometidos a la separación con su madre o sus cuidadores principales, y la Ciencia ha demostrado que puede originar síndrome de estrés postraumático. Contrariamente a lo que mucha gente cree, los bebés recuerdan el sufrimiento que han vivido en sus primeras semanas o meses de vida y que se revela años más tarde en forma de síndromes, trastornos del desarrollo, y enfermedades mentales. 

Muchos problemas de conducta tienen que ver con el dolor, el miedo y la ansiedad que sintieron en los dos primeros años de su vida.

Y a pesar de que ahora tenemos unos conocimientos que antes no teníamos, a las madres y a los bebés nos siguen separando, incluso en el momento del parto. Tenemos estudios que demuestran que separar a los recién nacidos de sus madres les genera un sufrimiento terrible e innecesario, pero aún se sigue haciendo en muchos hospitales del mundo.

Las madres hemos comprendido que la crianza es un asunto politico, estamos organizadas y estamos luchando por nuestros derechos y los de los bebés, y como resultado se están humanizando los partos y  alargando los permisos de maternidad. Pero no es suficiente.

Ahora mismo maternar es una odisea. Muy pocas mujeres pueden criar a sus propios bebés, y las que lo hacemos sacrificamos nuestro trabajo remunerado y nuestra carrera profesional, y pasamos a depender economicamente de nuestros compañeros. Muy pocas se pueden permitir “el lujo”de dejar de trabajar o de trabajar menos: la gran mayoría tiene que seguir siendo igual de productiva que antes de parir. Y acudir al trabajo puntual aunque no haya dormido en toda la noche. Y hacer como que no pasa nada cuando enferman tus dos hijos a la vez y no puedas con tu alma. 

Las madres estamos pidiendo a gritos que no nos penalicen por ser madres y que los hombres se impliquen al cien por cien en los cuidados. Los bebés tienen derecho a ser cuidados no solo po su madres, sino también por personas que les quieren a ambos. Madres y bebés necesitamos que nos cuiden en los tres primeros años, a todos los niveles: emocional, económico y logístico. Y para eso es preciso que los padres, pero también el resto de nuestra red afectiva, tengan tiempo para cuidarnos. 

Criar requiere de una extraordinaria energía, y es agotador porque nuestras crías dependen por completo de nuestros cuidados. Para adquirir autonomía necesitan vivir rodeadas de amor en un entorno seguro, y estos primeros años determinan cómo va a ser el resto de sus vidas. 

Porque aunque la herida primal puede trabajarse en terapia, lo cierto es que pocos pueden tener acceso a ella, porque nuestros sistemas de salud obligan a la gente a pagarse los tratamientos en salud mental y emocional.

El sistema nos separa, y nadie se preocupa por la depresión postparto de las mamás, ni los efectos del trauma de la separación en los niños y las niñas. 

Luego los “expertos” se preguntan por qué baja tanto la natalidad, por qué hay tantos niños y niñas con trastornos y síndromes, por qué tanta medicación infantil, y por qué aumentan los índices de violencia y suicidio en la infancia y la adolescencia. 

Si pudiésemos parir y criar a nuestros hijos e hijas en un entorno amoroso, con ingresos dignos y una red de apoyo, el mundo seria mucho mejor. Si después de los tres primeros años pudiésemos conciliar nuestro desarrollo profesional con nuestra vida familiar, el mundo sería mucho mejor y los niños y niñas no necesitarían medicinas para soportarlo.

Nosotras las madres vamos a seguir luchando para protestar contra la violencia que sufrimos madres e infancia, y para defender nuestros derechos y los de nuestras criaturas. Porque sabemos que la maternidad es política, y que si pudiéramos erradicar el sufrimiento y la violencia, nuestras vidas serían mejores y nuestra sociedad también.

Sólo es preciso que la sociedad entera tome conciencia, que tome medidas y haga cambios radicales en su sistema productivo. Solo hace falta papás dispuestos a asumir sus responsabilidades y a disfrutar de sus paternidades. Y una sociedad con gente que tenga tiempo libre para participar en el sistema de cuidados.

Nosotras tenemos derecho a disfrutar de la maternidad, los hombres tienen derecho a disfrutar de su paternidad, y todas y todos tenemos derecho a ser cuidados con mucho amor por toda la comunidad.


Más artículos sobre Crianza 

11 de mayo de 2025

Consultorio Sentimental de Coral Herrera

 




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27 de abril de 2025

Sororidad intergeneracional entre Mujeres


Hoy mientras paseaba he estado pensando en la cantidad de mujeres mayores que me han escuchado con amor y me han dado buenos consejos. En la infancia fueron las mujeres de mi familia y las profesoras, ahora también recibo buenos consejos de mujeres desconocidas que voy encontrando en el camino.

Gracias a mi trabajo he conocido mujeres de muchos países diferentes (México, Colombia, Chile, Argentina…) y me siento muy afortunada porque a lo largo de mi vida he recibido mucho apoyo, amor y cuidados de mujeres sabias y generosas que han iluminado mi camino como si fueran faros en la costa en medio de la noche.

Algunas me han enseñado técnicas de supervivencia, han compartido sus saberes conmigo, me han contado sus historias de vida, han abierto su corazón y me han enseñado muchas cosas que aprendieron en el camino de la vida.

Otras han compartido información y conocimientos, me han roto los esquemas, me han abierto los horizontes, me han escuchado con amor, me han ayudado a hacerme preguntas para trabajar en mí, y me han ayudado a tomar conciencia de mi poder y mi poderío. En estas conversaciones largas y profundas aprendo las claves para entender la realidad, para poner los pies en la tierra, para reírme de mí misma, y para seguir luchando.

Cuando emigré a Costa Rica me sentía muy sola y un grupo de mujeres sabias, todas diez años mayores que yo, me acogieron en su colectiva feminista con mucho amor. Con ellas aprendí mucho de feminismo y comunicación, y trabajamos juntas hasta que me fui.

Además, también pertenecía a un grupo de mamás feministas, todas diez años menores que yo, todas con bebés y muchas de ellas extranjeras sin redes familiares, como yo. Nos prestamos apoyo mutuo y con ellas me di cuenta de que yo también podía escuchar con amor y dar buenos consejos a las más jóvenes.
Es un regalo de la vida poder compartir tu intimidad, tus problemas, tus miedos y tus alegrias con mujeres de todas las edades.

Creo que hoy soy quien soy gracias a las mujeres desconocidas que me abren su corazón, comparten sus historias de liberación conmigo, y me dan buenos consejos para mi propia liberación.

Las mujeres mayores son una gran fuente de inspiración para mí porque ellas ya pasaron por donde estoy pasando yo ahora, porque han vivido muchas experiencias y tienen muchos más conocimientos que yo. Es todo un acto de amor que haya tantas mujeres sabias dispuestas a escuchar y a conversar en profundidad con las más jóvenes.

Ellas ya se han liberado (de la culpa, de la guerra contra sí mismas, del miedo al que dirán, de la tiranía de la belleza, del autoengaño, de las inseguridades, del miedo a envejecer, y ya tienen las cosas muy claras. Siguen aprendiendo y creciendo, pero tienen ya algunas certezas, han aprendido a aceptar su cuerpo y a cuidarse, aman su libertad y saben defender sus derechos. 
Ya saben distinguir qué es lo importante y lo que no, ya saben lo que quieren y lo que no quieren, ya son asertivas y se atreven cada vez más a decir lo que piensan, lo que desean y lo que necesitan.
Todas aprendemos de todas. Compartir conocimientos y darnos buenos consejos es una forma de cuidarnos y es amor del bueno. 
Todas formamos parte de esta red intergeneracional e internacional de mujeres, solo que vivimos en una sociedad muy individualista que nos quiere aisladas y enfrentadas. Cuando sales de tu burbuja generacional te das cuenta de lo importante que es esa transmisión de información y de conocimientos entre nosotras, de lo importante que es tener referentes de mujeres sabias, y lo necesario que es que nosotras también nos convirtamos en referentes para nuestras hijas, nuestras sobrinas y nuestras alumnas.

Las mujeres jóvenes, las adolescentes y las niñas también nos enseñan, nos rompen los esquemas, nos abren horizontes, y nos ayudan a entender los cambios brutales que estamos viviendo en la actualidad. Escucharlas y aprender de ellas es un lujo: gracias a mi profesión me relaciono con lectoras y alumnas a diario, y me siento muy afortunada porque me estimulan mucho y me motivan a seguir luchando por una vida mejor para todas.

En el mundo rural aún perviven estas redes ínter-generacionales en las que las mujeres aprendemos unas de otras, conversamos durante horas, bailamos, cantamos y nos divertimos juntas, formamos alianzas, y nos hacemos más sabias. 

La sororidad, como nos enseñó la maestra Marcela Lagarde, es uno de los tesoros más valiosos para nosotras, y también uno de los salvavidas más importantes: sigamos cuidando y ampliando estas redes de cuidados entre mujeres de todas las edades.

Hoy estaba pensando mientras gozaba de los colores y olores de la primavera, en lo valientes y maravillosas que son las chicas de las nuevas generaciones, en cómo me sentía yo a su edad, en lo mucho que me inspiran tanto las mujeres que están empezando como las que ya se han liberado, y en lo importante que es la sororidad intergeneracional entre mujeres.

Me despido con un consejo: hablad con vuestras madres y con vuestras hijas, con vuestras hermanas mayores y pequeñas, con las abuelas y las nietas, tías y sobrinas, primas, vecinas, profesoras, entrenadoras, y con desconocidas: las mujeres nos inspiramos unas a otras, y nos prestamos apoyo mutuo desde hace milenios, y es importante cuidar estas redes porque solas no podemos.

Pensad un momento en las mujeres mayores y jóvenes que os rodean y en las que os habéis encontrado en el camino: ¿cómo son los vínculos con ellas?, ¿cómo los cuidáis?, qué habéis aprendido de ellas?, ¿qué compartís con ellas?, ¿qué das y que recibes en las relaciones con ellas?

Coral Herrera Gómez




Aquí tienes toda la información sobre el Laboratorio del Amor 

12 de marzo de 2025

Cómo hablar con adolescentes sobre la explotación de mujeres




Uno de los temas más difíciles para madres, padres y profesionales de la educación es cómo abordar el tema de la pornografia, la prostitución y la trata con la población adolescente.

En mis charlas y talleres yo lo abordo desde la perspectiva de la justicia social. 

Y además, creo que no hay nada más eficaz para ayudarles a desarrollar su empatía y para tomar conciencia que darles la oportunidad de escuchar a las supervivientes y que conozcan sus historias de vida. 

En las charlas de sensibilización y concienciación que impartimos en institutos y universidades, les damos cifras y datos, que son impresionantes. Les explicamos cómo funciona el negocio de los hombres que usan a las mujeres como mercancía, y quienés son los que realmente ganan dinero en el negocio que usa mujeres. A ellos les tienes que desmontar el mito de la libre elección (lo hacen porque quieren), y a ellas les tienes que desmontar el mito de la puta feliz: todo el tiempo las seducen con la idea de que es dinero fácil y es un trabajo como otro cualquiera. 

Por eso creo que escuchar a las mujeres supervivientes es la forma más efectiva para que entiendan que la explotación es violencia, y que no hay mujeres que merecen tener derechos, y otras que no merecen tener derechos. Es injusto que haya tantas mujeres sometidas a la esclavitud (laboral, doméstica, sexual y reproductiva), no es justo que los hombres puedan satisfacer sus deseos y caprichos usando unas pocas monedas y billetes. 

Desde la perspectiva de la justicia social y desde los principios elementales del feminismo, les explico que ninguna niña nace para puta, que no somos objetos, que no se puede alquilar ni comprar ni vender mujeres, que somos seres humanos, y que esto es una cuestión de derechos humanos.

Les hablo de cómo ser una buena persona y como conducirse por una ética amorosa, y de la importancia de hacer autocrítica, de cuidar su deseo para no abusar de nadie, y de cuidar sus emociones para que no hagan daño a nadie.

Les hablo de que para ser buenas personas los hombres deben dejar de aprovecharse de las mujeres más pobres, y les invito a hacer una revolución que transforme nuestras formas de relacionarnos y de organizarnos: la Revolución Amorosa.

A ellos les explico por qué es importante que aprendan a relacionarse desde el compañerismo con las mujeres. Les cuento que el amor no es una guerra, que no es necesario dominar ni someterse, que las relaciones igualitarias duran más, que no estamos condenados a sufrir, que hay muchas formas de quererse, y que el amor y el sexo son para disfrutar. 

Termino explicando que las mujeres no debemos someternos a las normas sociales ni a los mandatos de género, y que todas nosotras tenemos derecho a vivir una Buena Vida. El feminismo lucha para que la gente tome conciencia de que el mundo no puede girar en torno a los deseos, los sentimientos, los intereses, los privilegios y los negocios de los hombres. 

Porque ninguna mujer viene a este mundo a servir. Nuestra función no es la de ser sirvientas. 

Sirvientas en la Iglesia, en el Burdel, y en el Hogar.

Sivientas pariendo nuevas criaturas, 

Sirvientas limpiando su mierda 

y cuidando a sus hijos,

Sirvientas on line, chicas nuevas todos los días.

Es muy difícil combatir el discurso anti feminista hoy en día, tanto el de los progres como el de la extrema derecha, pero creedme que nada funciona tan efectivamente como permitirles escuchar la historia de mujeres reales que sobreviven a la pornografia y la prostitución. 

Os recomiendo el cómic de Alicia Palmer sobre la vida de Amelia Tinganus: Amelia: Historia de una lucha. Es una mujer superviviente que se dedica a sensibilizar y concienciar a la población sobre la violencia que sufren las mujeres. Ambas trabajaron juntas para contarle a la población adolescente y juvenil la historia de Amelia en formato cómic.

Y os recomiendo también las producciones de Mabel Lozano, que son muy buenas para concienciar sobre el tema. Si logras que tu hijo se horrorice con la industria del porno y la explotación, no tendrás que vigilarle ni castigarle: él mismo entenderá que si consume está alimentando la violencia contra las mujeres. 

Le creará probablemente un dilema ético que tendrá que resolver por si solo, como el resto de los asuntos de la vida. Tu misión es solo ofrecerle recursos y facilitar que se haga preguntas y trate de resolverlas por si mismo, conversando consigo, contigo y con sus amigos y amigas. 

Cuanto más piense y más preguntas se haga , mejor. No hay nada contra la injusticia como la toma de conciencia, la sensibilidad, la empatía y la solidaridad, y todas estas habilidades se desarrollan entrenando cada día, en la interacción con los demás. 

Y es que afortunadamente, todo en esta vida se puede trabajar.

También os recomiendo una plataforma para chicos jóvenes que se llama Broders hecha para chicos desde los 12 en adelante, un espacio seguro donde podrán hablar con expertos en temas de másculinidades.

Coral Herrera Gómez 


Material y recursos:

Cómic Amelia Tinganus

Libro: La Revuelta de las Putas, de Amelia Tinganus

Libro Ética para Celia, Ana de Miguel

Charla de Ana de Miguel en Youtube

Serie Pornoexplotación de Mabel Lozano

Documental AVA de Mabel Lozano

Entrevista a Sonia Sánchez, superviviente

Entrevista a Marina Marroquí

Ni Zorras Ni Héroes. Guía para trabajar el consumo de pornografía en menores





3 de marzo de 2025

Otras formas de seducir y de ligar son posibles

 



Otras formas de seducir y de ligar son posibles: sí, claro que es posible cortejar a una mujer de un modo respetuoso y divertido. Para que todos y todas podamos disfrutar del proceso de seducción, la clave es que todo sea mutuo y recíproco.

¿Cuál es el problema?

Que durante muchos años los hombres han creído que resultan más atractivos si se imponen físicamente y si acorralan a las mujeres. Les pasa a los machos tradicionales y también a los progres: muchísimos hombres tienen problemas para hacer del cortejo una experiencia divertida y excitante para los dos. Ahora que ya está claro que la técnica de imponerte y de acosar a las mujeres de una forma agresiva no sólo no funciona, sino que además es violencia, es hora de aprender a ligar sin acpsar y sin hacer daño a nadie.
El cortejo es un baile en el que las dos personas se muestran al otro y exhiben su belleza y habilidades. Las risas y el juego son dos elementos fundamentales para tener relaciones sexuales. Las normas son muy simples: el cortejo empieza cuando la persona que recibe la invitación la acepta, y las dos personas tienen derecho a terminar el baile en cualquier momento.
Muchos hombres no se dan cuenta de que es un baile, no una batalla, y no entienden que si una mujer no acepta el baile y el juego, no hay que insistir y hay que aceptar la derrota.
El juego del amor no es una guerra, los machos no tienen que salir victoriosos de ella.

Los cuerpos de las mujeres no son territorios de conquista, no son trofeos de caza, ni son botines de guerra.

No son objetos, no son premios.

Hay hombres que les da pereza la danza del cortejo, y prefieren pagar y ahorrarse todo ese proceso: son tipos que no entienden que si el deseo no es mutuo, es explotación y violencia. Les importa muy poco si el otro ser humano siente o no siente deseo, ellos saben que necesita el dinero y que simulará deseo, pasión y lo que haga falta.
A los machos que tienen mucho poder les cuesta mucho aceptar que les digan que no, y a otros les encanta: para ellos es un desafío, un reto. Se aburren con las fáciles y les excita muchísimo el juego de la dominación y la sumisión, aunque casi nunca eligen el papel de sumiso ni de siervo.
Porque no es placer sexual lo que buscan, es el placer del poder lo que realmente les excita.
El juego del cortejo les sirve para verse más grandes, más atractivos, más admirables: cuanto más narcisistas son, más necesitan tener su propio harén de mujeres.

Y cuánto más difícil les resulta conquistar a una mujer, más se excitan, por eso no entienden que cuando una mujer dice no, es no.


¿Cuál es la solución?

Generalmente los humanos antes de meterse en el baile del cortejo, tontean. El tonteo es una aproximación, pero no siempre tiene como fin empezar un baile ni tener sexo.

Generalmente el tonteo es un tanteo, pero también se hace porque es divertido.

No siempre se pretende establecer intimidad sexual ni tampoco llegar a la cama. Esto es muy evidente en la oficina o en el centro de trabajo: la gente se hace bromas picantes, se intercambian miradas, sonríen y se contonean un poco, y en la atmósfera se nota la tensión sexual, que puede ser muy leve o muy intensa, y puede durar años o darse solo de forma puntual.

Y muchas veces ese tonteo no nos lleva a la cama ni acaba en un polvo.
¿Cómo saber si la otra persona quiere algo con nosotros?

La clave es aprender a leer el lenguaje corporal, y aprender a escuchar las señales que te envía el cuerpo de la otra persona. Su forma de comportarse y de moverse te dice si le gustas o no. En los espacios donde no se puede hablar como por ejemplo una discoteca o un concierto, los cuerpos son super expresivos y se comunican con los demás. Se dicen cosas como: “me gustas mucho”, estoy deseando que te acerques”, “me encanta mirarte”, “me gustaría acercarme”
Pero también se dicen: “lo siento no me gustas nada”, “lo siento no quiero que te acerques”

Los machos más patriarcales creen que el rechazo es una invitación a la insistencia, porque antiguamente las mujeres tenían que hacerse las duras y decir que no aunque quisieran decir que sí.
Hoy en día la cosa ha cambiado: cuando las mujeres decimos sí es sí y cuando decimos no es no.

Pero los hombres más machistas no soportan que les digas que no, y no paran hasta que consiguen su objetivo, muchas veces porque su ego está obsesionado con triunfar.

Para ellos es una cuestión de números: cuantas más mujeres seduzcan y se lleven a la cama, más machos son. Su prestigio depende del número de mujeres que logren penetrar, por eso muchos se lanzan al consumo de cuerpos como si fuera un concurso.
El concurso es entre ellos, claro. No se lanzan a la caza de mujeres para gozar, lo hacen para que los demás machos les admiren y les envidien. A muchos de ellos ni siquiera les gustan las mujeres, les parece que son seres inferiores y aburridos que solo tienen valor si son follables. A las “feas” no se acercan, ni a las gordas, ni a las mayores: sólo quieren chicas jóvenes y guapas. Algunos las quieren inocentes e inexpertas, otros prefieren mujeres empoderadas para someterlas.

La mayoría no quieren sexo para gozar ni para divertirse, lo que quieren es sentirse poderosos.
Hasta hace muy poco estos machos poderosos gozaban de una impunidad total gracias al pacto de silencio, pero se ha roto con el MeToo, ya las mujeres ahora gritamos, se acabó el silencio.

Es un movimiento tan masivo que ha iniciado la cuarta ola del Feminismo. Las mujeres estamos haciendo Historia: ahora que os acosadores son denunciados por sus víctimas, se acabó aguantar, soportar y tolerar, se acabó el secreto y la impunidad.
Entonces, ¿cómo ligar ahora?, preguntan muchos machos, asustados ante la ola de mujeres que ya no callan más. Muy fácil: puedes tontear e invitar a bailar a una mujer siendo respetuoso, sin necesidad de acorralar y de imponerte físicamente. Puedes leer el lenguaje no verbal de la otra persona,: si no le gustas, no te mira y no te sonríe. Si te da la espalda es porque no quiere que te acerques. Si te da señales de que le gustas entonces tú también puedes emitir las mismas señales.
Si tienes dudas puedes atreverte a ser honesto y valiente: “oye me gustas muchísimo pero no sé si es recíproco“

Porque esta es la clave principal: si los dos os estáis divirtiendo en el cortejo y si los dos tenéis las mismas ganas, entonces tenéis la oportunidad de pasarlo muy bien juntos.
Si no es mutuo entonces hay que saber aceptar con humildad que no le gustas,

o que le gustas pero no quiere nada contigo.

Para los machos patriarcales no es nada fácil ser humilde, pero todo se puede trabajar en esta vida.

Es cuestión de entrenar para liberarte de tu machismo, y de mantener a raya el ego.

Es cuestión de escuchar y de aceptar que el deseo debe ser siempre mutuo y recíproco.

Y no solo es cuestión de aprender: también es importante que se lo enseñéis a los demás hombres.

Ligar tiene que ser un baile divertido y placentero para todos, y para todas.

Otras formas de seducir, cortejar y ligar son posibles.

Coral Herrera Gómez




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10 de diciembre de 2024

Da el paso acompañada: con amigas es más fácil




Si crees que tu pareja puede reaccionar mal o muy mal si le dejas, queda con él en un sitio público con gente, a la luz del día, y convoca a tus amigas y amigos para que estén cerca, por si tu pareja se pone agresiva. Si necesitas quedar con él para que te dé tus cosas, o si tienes que hacer una mudanza, nunca lo hagas sola, pide acompañamiento a tu gente querida. Si después de la ruptura crees que puede intentar hacerte daño, deja que te acompañen tus amigas y avisa a toda la gente que puedas para que él sepa que no estás sola. 

Las mujeres que reciben cuidados y protección de su comunidad tienen más probabilidades de salir de una relación violenta, pero para las que viven en otro pueblo, otra ciudad u otro país es más difícil, porque cuando no tienes redes eres más dependiente y te sientes más vulnerable. 

Si no tienes gente querida que te ayude a salir (a menudo es un proceso que dura semanas o meses), pide ayuda a profesionales de los servicios sociales y de la salud mental, o a las asociaciones y colectivas de mujeres más cercanas. Muchas médicas y doctoras de familia ya tienen la formación para ayudarnos a todas en los centros de salud.

También tus vecinas y compañeras de estudio y de trabajo pueden ayudarte: sean o no feministas, hay muchas mujeres sororarias en el mundo. Las mujeres desde siempre nos hemos ayudado entre todas, porque llevamos milenios sufriendo, resistiendo y haciendo frente a la violencia en todas sus formas. 

Entre todas nos escuchamos, nos cuidamos y nos arropamos: todas sabemos lo difícil que es tomar conciencia de lo que nos está pasando, lo mucho que nos cuesta después hablar de ello, y la odisea que supone dar el paso hacia la liberación. 

Sabemos respetar los tiempos de cada una y acompañar todo el proceso de una forma amorosa. 

Sabemos, también, celebrar las liberaciones de cada una de nosotras, y acompañarnos en el camino hacia una nueva vida.


No lo hagas sola, déjate acompañar: solas no siempre podemos, pero con amigas, compañeras y vecinas sí que se puede.


Coral Herrera Gómez 


8 de noviembre de 2024

¿Cómo proteger a las niñas de la adicción romántica y de la violencia machista?




El mito del amor romántico tiene un impacto enorme en las niñas y las adolescentes, que son las más vulnerables porque son más fáciles de manipular. Mientras los niños varones se hacen adictos al porno, ellas se hacen adictas al amor romántico, y esto les afecta a todos los niveles: a su salud mental y emocional, a la relación que tienen con su cuerpo y con su salud física, a las relaciones que tienen con otras chicas, a su rendimiento académico, y a la forma en que diseñan su proyecto de vida.

Desde pequeñitas nuestra cultura patriarcal fomenta en ellas el narcisismo: los relatos que consumen les ofrecen modelos femeninos a seguir de chicas obsesionadas con la tiranía de la belleza: la moda, los cosméticos, los quirófanos, los tratamientos, las cremas, las dietas y las sesiones para machacarse en el gimnasio… 

Es una estrategia perfecta para que las niñas aprendan a ser mujeres patriarcales y consumistas, y para que obedezcan los mandatos de género, además de una fuente de negocios inagotable. La publicidad les bombardea a diario para que gasten dinero en estar guapas, corregir sus imperfecciones, odiar su cuerpo, y empezar una guerra contra sí mismas. Lo hacen mediante amenazas: “nadie te va a querer si estás gorda”, “eres fea y por eso nadie te elige como novia”, “te vas a quedar sola si no disciplinas tu cuerpo”

En la adolescencia la necesidad de sentirse aceptada por el grupo es fortísima, pero además también las enseñan a aspirar a ser las mejores en todo, a complacer a todo el mundo, a vivir para agradar y encantar a los hombres. Su autoestima depende de si son o no atractivas para ellos: no se valoran si ellos no las valoran. Desde pequeñas las enseñan que las demás mujeres son una amenaza, y que tienen que competir entre ellas para ver quién es la más guapa, la más sexy y la más popular.

La vía para alcanzar status dentro de la jerarquía social es ser elegida por el macho o por los machos alfa del barrio o del instituto. Por si solas no lo logran: es a través de la validación y el deseo de los hombres que adquieren su rango. Para seducirle y enamorarle, tienen que competir con las demás, y parecer más mayores de lo que son.

El objetivo de encontrar al príncipe azul es casi la única meta de las niñas que sufren adicción romántica. Y como muchas están presas de su ego, buscan desesperadamente validarse a través de los machos más patriarcales y poderosos. Quieren un hombre que se desviva por ellas y se ponga de rodillas, pero las que acaban arrodilladas son ellas

Las niñas que caen en la trampa romántica luchan por estar a la moda y por parecer “modernas” y “transgresoras” como los machos alfa, que parecen muy rebeldes pero en realidad también viven sometidos a los mandatos de género del patriarcado.

Las novelas románticas actuales son iguales que las del siglo XIX: les meten toneladas de sadomasoquismo en vena para que crean que amar es sufrir, y que cuanto más sufran, y más se sacrifiquen “por amor”, más grande será el premio. Su deseo sexual no importa: todo en el sexo debe girar en torno al placer del macho. Aprenden muy pronto a someterse en la cama, y también fuera de ella: se sienten esclavas del amor y sirvientas de su macho, creyendo que atravesando el valle de Lágrimas llegarán pronto al Paraíso romántico.

Las adolescentes pronto se dan cuenta de que el patriarcado solo les ofrece dos posibilidades: o convertirse en la Diosa Venus  (una mujer sexy que se acuesta con quien quiere), o la Diosa Hera (la esposa perfecta)

No tienen mucho margen: o eligen ser mujeres buenas (discretas, sacrificadas, sumisas al macho patriarcal) o mujeres malas (putas, zorras, guarras, etc que están disponibles para todos los hombres porque nunca serán elegidas como novias)

Para ellas es muy difícil escapar, porque los machos lo tienen muy claro: las buenas pueden alcanzar el trono del matrimonio (y comprometerse a no tener relaciones con otros hombres), y las malas son para follar, objetos de usar y tirar.

Para seducirlas, el patriarcado las hace creer que es posible actuar como una Afrodita para enamorar al macho, y luego convertirse en Hera, para poder ser la novia oficial de Zeus, el marido de Hera, el dios de todos los dioses.

Pero es una trampa: si los machos logran acostarse contigo a la primera, nunca te eligirán como esposa, siempre serás la amante. Y al revés: si intentas comportarte como una mujer buena, tendrás que renunciar a tener relaciones con chicos hasta que llegue tu príncipe azul, que te quieren virgen e inmaculada.

Los machos patriarcales no quieren tener novias, pero el patriarcado les seduce con la idea de que si tienen novia pueden también tener las amantes que quieran, y que es más emocionante hacerlo clandestinamente. 

Los machos patriarcales dominan el escenario, mientras que los demás les aplauden y les admiran. Son muy pocos los chavales que desobedecen los mandatos de género y son capaces de relacionarse con las mujeres como compañeras. Los estudios nos muestran que los chicos cada vez son más conservadores, machistas, racistas, homofóbicos y de derechas. 

Para las adolescentes es muy difícil encontrar chicos que no sufran misoginia con los que poder vivir una relación basada en la igualdad, la libertad, los derechos humanos, el disfrute y el placer, la ternura y los buenos tratos.

Muchas de ellas se pasan años soñando con el día de su boda, invirtiendo mucha energía, mucho tiempo y mucho dinero en este sueño. Viven en guerra contra sí mismas, desarrollan una fuerte dependencia emocional, desarrollan depresiones y trastornos alimentarios, se hunden psicológicamente si no son elegidas por los más guapos de la comunidad. 

Nadie les cuenta lo que pasa después de la boda, cuando acaba la luna de miel. No saben que cuando entren en palacio no van a ser las reinas, sino las sirvientas. Y cuando se den cuenta ya será muy tarde, y la mayoría aprenderá a resignarse. Porque nuestra cultura sigue romantizando la violencia y haciéndoles creer que “quien bien te quiere te hará llorar”, o que “los que más se pelean, son los que más se desean”

El mayor peligro que corren nuestras adolescentes con el amor romántico es sufrir violencia emocional y psicológica, violencia sexual, malos tratos y agresiones. Las estadísticas nos muestran que cada vez hay más niñas y adolescentes con protección policial por el riesgo que corren de ser agredidas o asesinadas por sus novios y ex novios. Esta violencia machista va es proporcional al aumento de la misoginia en nuestra cultura, y cada vez es más difícil protegerlas, porque el mito del amor romántico sigue siendo uno de los métodos de control y sometimiento más eficaces del patriarcado.

En mi libro 100 preguntas sobre el amor, les explico todo esto a las chicas, y desmonto todos los mitos del romanticismo patriarcal para que no caigan en la trampa, para que se liberen de la adicción y de la dependencia emocional, y para que aprendan a defender su libertad y sus derechos humanos fundamentales. Espero que te sea útil y te ayude mucho a trabajar el tema de las emociones y de las relaciones con tus hijas, sobrinas, alumnas, y vecinas.

Coral Herrera Gómez 




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