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5 de noviembre de 2019

#1 Trampas del romanticismo patriarcal




Cuando él hace como que se compromete pero sigue de fiesta: una de las trampas que nos pone el romanticismo patriarcal es hacernos creer que tu novio se va a convertir en un buen compañero de vida y en un papá comprometido. La sorpresa viene cuando él sigue de fiesta sin ti, huye agobiado y tú te quedas en casa sola, criando sola, asumiendo toda la carga doméstica y de cuidados, cabreada y frustrada porque en el noviazgo te trató como a una compañera, montasteis el nidito de amor, luego te pidió hijos, y después decidió seguir su vida como si nada.

Ante esta situación tenemos tres opciones: o buscar una mamá sustituta para poder seguir la fiesta con él, o separarte de él, o seguir con él, eternamente cabreada porque él es un ser libre con criada a su servicio, y tú te ves atada a la enorme responsabilidad de tener una familia, con doble jornada laboral y sin apenas tiempo libre.

Para muchas mujeres el matrimonio y la maternidad son una cárcel, pero nos lo venden como una utopía igualitaria, aunque son muchos los hombres que jamás forman equipo ni tratan a las mujeres como compañeras. Trampas del patriarcado moderno que nos hace creer que el amor es compartir una vida en común con un hombre que nos tratará como a iguales.

No hay más que echar un vistazo a las estadísticas de uso del tiempo libre en las que se ve la enorme diferencia que existe entre hombres y mujeres. #TrampasDelAmorRomántico

11 de julio de 2019

Nunca más de rodillas ante el Señor: las ateas del amor romántico



Rebecca Hendin para Buzz Feed


El amor romántico es una especie de religión posmoderna, y tiene muchas cosas en común con la religión cristiana. Para que nos hagamos devotas, nos seducen con el paraíso romántico: ese lugar al que llegaremos tras atravesar el valle de lágrimas, en el que seremos felices, nos sentiremos  amadas, y comeremos perdices.

El romanticismo también tiene su infierno, y caemos en él cuando nuestra pareja deja la relación, cuando ofrecemos nuestro amor y nos rechazan, cuando nos son infieles, cuando nos mienten o nos traicionan, cuando se aprovechan  de nosotras, cuando nos tratan mal, cuando nos traicionan, cuando perdemos una batalla en la guerra del amor.

Como todas las religiones, el amor romántico tiene sus santos, santas y mártires: esas mujeres enamoradas que se suicidan “por amor”, esos hombres enamorados que matan “por amor”, esas mujeres enamoradas que lo dejan todo por amor, que aguantan por amor, que se sacrifican en nombre del amor.

Los sufridores y sufridoras románticas más famosas son mitificadas y endiosadas por nuestra cultura patriarcal para que las mujeres las admiremos y las imitemos. El patriarcado nos quiere de rodillas, mirando a los hombres como miramos a Jesucristo, desde abajo hacia arriba. Para muchas mujeres en el mundo, es su primera figura de referencia: le aman como se ama a un Dios, porque Jesús es el Hijo de Dios, y le adoramos porque nos ama, nos escucha, nos acompaña, nos protege, nos quiere aunque nos portemos mal. Y nunca nos abandona. 

Jesucristo es el Hombre que todas las sufridoras necesitamos: el Salvador, el Príncipe Azul, el Don Juan, el Guerrero, el Caballero que nos rescata y nos lleva al palacio en el que seremos felices. Algunas pasamos años y años esperando su llegada.

Los relatos del amor romántico nos fascinan tanto como los relatos sagrados de las religiones: nos encantan las canciones, películas, poemas, novelas y cuentos que nos narran historias de amor y tragedias románticas. Las consumimos vorazmente porque son una drogas: nos evaden de la realidad un rato, nos entretienen, nos hacen sentir emociones fuertes y de gran intensidad, nos revuelven por dentro, nos traen la paz y avivan nuestra esperanza con sus finales felices.

Los finales felices nos recuerdan constantemente la existencia del paraíso romántico, ese lugar lleno de abundancia, felicidad, paz, armonía y amor. Así nos enganchan a la droga más potente, a la religión más patriarcal. Así nos mantienen muchos años de nuestra vida, buscando a nuestra media naranja, soñando con el amor verdadero, sintiéndonos incompletas o fracasadas, creyendo que teniendo pareja nunca más volveremos a sentirnos solas.

Para muchas de las mujeres que aman, el amor es un espejismo colectivo que puede resultar muy peligroso. Porque nos hace creer que para conseguir el amor tenemos primero que sufrir, y que el sufrimiento es una demostración de amor hacia el que nos hace sufrir, de manera que caemos en la trampa sin darnos cuenta de que el patriarcado nos quiere de rodillas. Necesita que la búsqueda de amor sea el centro de nuestras vidas, que el deseo de ser amadas nos vuelva dependientes y sumisas, y que pongamos a un hombre en la cúspide de nuestros afectos para entregarnos a él con total devoción, como si fuera un dios.

El modelo femenino a seguir que nos proponen en las películas románticas se parece tanto a la tradicional de la Virgen María: la enamorada es una mujer pura, inocente, bondadosa, altruista, entregada y leal que quiere y cuida sin esperar nada a cambio. Es una mujer que cree en su amado, que lo ama incondicionalmente, que sufre y se sacrifica por amor, que acompaña al héroe en su inmolación, que se olvida de si misma y se centra sólo en el amor.

Todas las religiones tienen su propia ideología y la imponen como normas sagradas a sus fieles. Y en el amor romántico todos los mandamientos están dirigidos a coartar la libertad de las mujeres y a garantizar la de los hombres, a ponernos de rodillas a nosotras, y a ellos elevarlos a un trono.

Por eso hay cada vez más mujeres ateas e insumisas ante la religión romántica: ya nos hemos hartado de sufrir, de rezar para que nos amen, de hundirnos en los infiernos, de pasar calvarios y pagar penitencias. Cada vez son menos las que viven esperando la llegada de Dios y soñando con el paraíso. Cada vez nos rebelamos más ante nuestro rol de mártires: lo que queremos es disfrutar, y relacionarnos con iguales. Ya no queremos vivir atravesando el valle de lágrimas: nos hartamos de pasarlo mal, y renegamos de nuestro rol de mujer complaciente y sumisa que se entrega por completo sin pedir nada, o muy poco, a cambio. No queremos vivir esperando, no queremos relaciones basadas en la dominación o la sumisión, ya no creemos en el milagro romántico. 

Las ateas del amor romántico ya no podemos creer más en el mito romántico: ya sabemos que no está ahí la salvación, ni la felicidad, ni el paraíso. Las mujeres que ya no sufrimos por amor estamos fabricando las herramientas que nos permitan unirnos algún día a un compañero o compañera sin perder nuestra libertad y autonomía. Queremos construir relaciones igualitarias, sanas, sin dependencias, y basadas en el placer y la alegría de vivir.

Ya no nos vemos tan guapas sufriendo, ya sabemos que no hace falta sufrir. Lo que queremos es vivir bien, disfrutar del sexo, de los afectos, y del amor. Lo que buscamos no son dioses a los que idolatrar, ni salvadores que nos rescaten, sino compañeros y compañeras con los que compartir un trocito de nuestras vidas. 

Queremos vivir el amor y los afectos que nos rodean aquí y ahora: sin perder el tiempo esperando, sin dejarnos seducir por las promesas falsas del paraíso romántico, amando con los pies en la tierra, y sin ponernos de rodillas ante nadie. 

Coral Herrera Gómez




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Pasos a seguir para someter a millones de mujeres con la droga del amor romántico








25 de junio de 2019

Las mujeres con las que nos comparamos

Gloria Steinem y Dorothy Pitman Hughes, con 40 años de diferencia 


Seríamos más felices si en lugar de compararnos con mujeres bellas nos comparásemos con mujeres luchadoras que trabajan duro para sobrevivir y para salir adelante. A las mujeres nos han educado para que estemos constantemente comparándonos con las demás, de manera que siempre nos medimos con respecto a mujeres con cuerpos de top model, mujeres millonarias, mujeres exitosas que han triunfado en la música, el baile o la interpretación y han encontrado el amor con un hombre de éxito. De esta manera, es fácil que nos sintamos siempre imperfectas, y más viejas, más gordas, más feas que las mujeres famosas que salen en la tele o inundan las portadas de las revistas o las vallas publicitarias. 

Pienso que si en lugar de compararnos con las famosas o con las mujeres bellas nos fijáramos en las mujeres de nuestro alrededor, nos veríamos muy parecidas a ellas. Por ejemplo, la amiga que desobedece los mandatos de género y se rebela a sus padres, la vecina que decide separarse de su maltratador y saca adelante a sus hijos sola, la compañera de trabajo que decide no soportar una situación de acoso y denuncia, la prima que se rebela a la tradición patriarcal y decide vivir la vida a su manera... 

Si nos fijamos en ellas, podremos admirar y sentirnos inspiradas por mujeres de carne y hueso, como por ejemplo las mujeres de nuestra familia que sufrieron la guerra civil y el terrible hambre de la posguerra en España, las mujeres migrantes de América Latina y África que cruzan las fronteras en busca de una vida mejor, las mujeres que huyen de las guerras y las hambrunas, las mujeres que se organizan y defienden los derechos de todas nosotras, las mujeres que ayudan a otras mujeres en redes de apoyo mutuo y solidaridad. 

Hay muchas mujeres valientes, trabajadoras, luchadoras a las que podemos admirar: defensoras de los pueblos indígenas, de la naturaleza y los animales, y las mujeres que luchan por la paz y los derechos de las mujeres. Pero apenas sabemos de ellas porque no están de moda, no aparecen en la tele, no tienen millones de seguidoras en redes sociales. 

Otras referentes femeninas son todas aquellas mujeres que están borradas de los libros de texto y aquellas que apenas salen en los telediarios: filósofas, escritoras, dibujantes, pintoras, músicas, poetas, astrónomas, matemáticas, químicas, médicas, biólogas, periodistas, deportistas, inventoras... hay muchas mujeres a las que podemos admirar por su inteligencia, su bondad, su rebeldía, su sensibilidad, su fortaleza, y por su capacidad para resistir día a día en situaciones de pobreza, marginación, exclusión y violencia. Porque tenemos mucho más en común con ellas que con las herederas millonarias que lucen sus cuerpos a bordo de un yate: todas estamos luchando y resistiendo día a día contra el patriarcado, cada una desde su trinchera, intentando sobrevivir y tratando de ser felices. 

Como el patriarcado nos quiere envidiosas y acomplejadas, hay que buscar referentes femeninos: nos hace mucha falta tener presentes a mujeres poderosas, a mujeres luchadoras, a mujeres que son invisibilizadas y que día a día hacen que este mundo sea un poquito mejor. También a nuestras niñas les hace mucha falta conocer a esas mujeres a las que admirar, porque necesitan ejemplos a seguir y modelos de mujeres que les inspiren en la construcción de su identidad y su feminidad. 

#MujeresAdmirables #MujeresLuchadoras #MujeresValientes #ReferentesFemeninos

11 de junio de 2019

¿Cómo contribuimos las mujeres a la transformación de las masculinidades?



Siento que las mujeres tenemos una influencia enorme sobre los hombres de nuestro entorno, y que tenemos cada vez más capacidad para transformar nuestro mundo a través de nuestras relaciones personales.

Muchas de nosotras estamos luchando en las calles y en las instituciones, pero todas estamos librando una gran batalla en nuestra cama, en nuestra casa, en nuestra familia, en el trabajo y en el vecindario. Cada vez aguantamos menos, cada vez cedemos menos, y cada vez decimos más lo que sentimos. Estamos destronando a los reyes, y desmitificando la masculinidad patriarcal y el amor romántico, que es lo que más nos somete hoy en día porque nos vinculamos emocionalmente a ellos. Nos estamos quitando la venda de los ojos, estamos despertando, nos estamos hartando. Muchas nos estamos trabajando los patriarcados: ya estamos más que hartas de sufrir.


Yo siento que somos cada vez somos más las que tenemos ganas de disfrutar del amor y de la vida, y que estamos aprendiendo a querernos y a cuidarnos mejor. Las mujeres heterosexuales estamos llevando a cabo una lucha tremenda para compartir igualitariamente los cuidados, la crianza y las tareas domésticas. Ya no nos resignamos a asumir la doble jornada laboral, ni aguantamos malos tratos como antes, y esto está teniendo un fuerte impacto en los varones, que van perdiendo sus privilegios a medida que nosotras vamos ganando en derechos y a medida que nos empoderamos personal y colectivamente.


Todas estamos, de una forma u otra, rompiendo los esquemas y haciendo frente al machismo, el egoísmo y la deshonestidad de los compañeros y de los hombres de nuestra familia. Creo que estamos haciendo pensar mucho a los hombres con los que nos relacionamos día a día. A veces lo hacemos por solidaridad, de forma pedagógica, otras veces tenemos que imponernos para poder negociar las formas en que nos relacionamos con ellos. Todas de alguna forma u otra, vamos aportando a la transformación de las masculinidades, ya sea desde la ternura y la solidaridad, ya sea en las batallas nuestras de cada día.


Hay pocos varones que se trabajan los patriarcados, pero haberlos haylos. Yo trabajo con algunos en mis talleres presenciales o del Laboratorio del Amor, y la mayor parte me cuentan que empezaron a trabajarse el amor romántico cuando trataban de salvar su relación amorosa. Son las parejas, las ex o las amigas las que ponen límites, las que logran confrontarles y hacerles pensar, y son las que les orientan cuando quieren empezar a leer sobre Feminismo y Masculinidades.


Son ellas las que compran mi libro de #HombresQue para regalárselo a ellos, y cuando llegan al Laboratorio, ya hablan nuestro idioma. La mayoría se vuelca en el trabajo colectivo que hacemos en los cursos mixtos, aunque no todos participan al mismo nivel. Los más afortunados han pasado muchas horas hablando con el sobre el patriarcado, el feminismo y el amor romántico con ellas, aprenden a conversar mezclando las vivencias personales con la política, y algunos de ellos también se reúnen con sus amigos para currar en el tema.

Casi todos ellos reconocen que por si solos no habrían empezado a trabajarselo, aunque desde hacía años se sentían en crisis con su masculinidad y sus relaciones con las mujeres. Y agradecen en voz alta el haber tenido a su lado una mujer con paciencia que les introdujese en el mundo del feminismo. Y es que aunque no nos demos cuenta, las mujeres tenemos una gran influencia en nuestros hijos, padres, hermanos, amigos, alumnos, profesores, jefes, compañeros de trabajo y parejas. Vamos sembrando poco a poco en los hombres de nuestro entorno la semilla de la rebeldía contra el patriarcado.


Creo que las mujeres no somos conscientes del poder que tenemos: pienso que si fuésemos más selectivas a la hora de emparejarnos, si fuésemos capaces de abandonar las relaciones que no nos hacen felices, si le concediésemos menos importancia a los hombres, si nos quisiésemos más entre nosotras, si lográramos desengancharnos de la droga del amor, si aprendiésemos a decir no y a poner límites, si pudiésemos tener otros sueños, otras metas, otra relación con los hombres...


Si lográsemos liberarnos de la necesidad de amor, y la necesidad de ingresos, cambiaría radicalmente nuestra forma de relacionarnos con los hombres, y entonces ellos se lo tendrían que trabajar mucho todos para estar a nuestra altura. Y así es como se pondría de moda el tema de las masculinidades: por la insumisión feminista ante el amor, y nuestra rebeldía ante el rol de cuidadoras que nos ha tocado ejercer sin obtener cuidados a cambio.


Si el mundo se llenase de mujeres cuidándose a sí mismas y entre sí, enfocadas en su bienestar y su placer, y en el de las compañeras, el mundo sería muy diferente. Si las mujeres fortaleciésemos nuestras redes de autodefensa y apoyo mutuo, tendríamos mucho más poder.


Si pudiésemos liberarnos todas de la droga del amor romántico para tener una buena vida y no perder las energías y el tiempo en sufrir por amor, entonces los hombres patriarcales se quedarían solos y desfasados. Y probablemente, muchos de ellos enfadados, dolidos y frustrados.


Creo que sólo así, algunos empezarían a buscar la manera de encontrar su identidad masculina lejos de los mandatos patriarcales, y a explorar nuevas formas de relacionarse con nosotras, renunciando a sus privilegios y su posición de poder. Aunque sólo fuese para poder ligar, los hombres tendrían que espabilar. Disminuirían mucho las relaciones de abuso y explotación, y la violencia machista: si los hombres quisiesen cuidar las relaciones que tienen con nosotras, tendrían que hacer un trabajo enorme de deconstrucción y transformación personal y colectiva.


Por la parte que nos toca, tenemos que dejar de aguantar y de complacer a los hombres que no se lo trabajan. Nosotras ya llevamos años en ello: o se ponen ya, o se quedan atrás.

Si los hombres quieren unirse a la lucha por la igualdad y si quieren disfrutar del amor, que se lo trabajen a fondo y empiecen a leer, a conocerse mejor y a hacer autocrítica, individual y colectivamente. Necesitamos un cambio urgente en las masculinidades. Nosotras ya no queremos esperar, ni podemos aguantar más: queremos hombres trabajados a nuestro lado, queremos compañeros con capacidad para hablar y para trabajar la autocrítica. Tomen nota, señores, y empiecen ya, que el tren se va.



#OtrasMasculinidadesSonPosibles #HombresQueYaNoHacenSufrirPorAmor


Coral Herrera Gómez



31 de mayo de 2019

La crueldad del machismo: divertirse haciendo sufrir a los demás



Me ha impresionado mucho la forma en que cientos, miles de personas han estado durante divirtiéndose y torturando a la trabajadora de Iveco en España hasta matarla. Me pregunto cómo se sentirán hoy todos y cada uno de los hombres que participaron en el asesinato. Me pregunto cuántas mujeres habrán compartido el vídeo y habrán participado en el acoso, y cómo se sentirán hoy. 

Me pregunto cómo es posible que se divirtieran tanto en su momento y ahora nadie admita haber participado en el acoso: a todos les da vergüenza admitir que vieron el video y lo compartieron. Hablamos de una empresa de 3 mil trabajadores en la que ni los compañeros ni los dirigentes movieron un dedo para proteger a una mujer que estaba sufriendo horrores por culpa de un hombre machista y violento. 

Me pregunto cómo es posible que a nadie se le ocurriese ir a denunciarle, ya que todo el mundo sabía quién era él. Incluso los que no compartieron el vídeo pero sabían de su existencia: son todos, todas, cómplices de la muerte de Verónica. Me pregunto cómo es posible que ella tuviera miedo de la reacción de su compañero y que él no estuviera apoyandola al cien por cien. 

Probablemente pocos sabían que lo que estaban haciendo era delito, pero la pregunta es: ¿por qué nadie se indignó, nadie se compadeció, nadie hizo nada?, ¿por qué tanta gente encuentra divertido hacer sufrir a una persona? Tenemos que hablar mucho del machismo, de la banalidad del mal, y de la crueldad de nuestra cultura. Tenemos que analizar por qué tanta gente fue incapaz de sentir empatía y ponerse en el lugar de Verónica. Qué nos pasa que nos deshumanizamos cuando seguimos la corriente a la gente sin pensar en lo que estamos haciendo y en sus posibles consecuencias. 

¿Cuando vamos a dejar de divertirnos haciendo daño a la gente más vulnerable y débil?

 #StopViolenciaContraLasMujeres #MachismoMata

26 de enero de 2019

Hombres que ya no hacen sufrir por amor, mi nuevo libro en Catarata



Los hombres no nacen, se hacen. La masculinidad patriarcal es una construcción que surge, crece y se transmite de generación en generación en el seno de nuestra sociedad. Igual que la feminidad. Pero también hay muchas formas de ser hombre: existen cada vez más disidentes que no interiorizan los mitos de la masculinidad, ni reproducen sus estereotipos y roles clásicos. Cada hombre, en mayor o menor medida, se rebela contra el patriarcado, aunque la mayoría suele adaptarse para no quedarse al margen, y también para aprovecharse de los privilegios que el sistema concede a los varones solo por el hecho de serlo. Pero como nos cuenta Coral Herrera, los sumisos al orden patriarcal van a tener cada vez más problemas para relacionarse con mujeres independientes.

En un momento en el que cada vez hay más mujeres en lucha por su igualdad, ¿son capaces ellos de disfrutar de estos cambios?, ¿por qué siguen resistiéndose a que sus compañeras obtengan los mismos derechos?, ¿cuál es su relación con el feminismo?, ¿están dispuestos a implicarse en esta revolución? Nos encontramos en un momento histórico: ya no hay excusas para seguir alimentando el machismo que todos hemos heredado y que seguimos llevando dentro. La autora nos incita a declararnos en rebeldía contra los mandatos de género, nos invita a entender que la forma que tenemos de relacionarnos, de amarnos, no es inocente ni definitiva. 

Estas páginas contienen una visión crítica, pero también una llamada a la acción desde el optimismo: porque otras masculinidades son posibles.


INDICE

Introducción 

1. Los hombres no nacen, se hacen 
2. Los hombres y el poder 
3. Los hombres y las mujeres 
4. Los hombres y el miedo a la potencia sexual de las mujeres 
5. Los hombres y el sexo: ¿disfrutan realmente en la cama? 
6. Los hombres y el patriarcado 
7. Los hombres y la amistad 
8. Los hombres y los cuidados 
9. Hombres que sufren por amor 
10. Los mitos de la masculinidad: el salvador, el príncipe azul y el guerrero 
11. Los hombres y el mito de las princesas 
12. El mito de don Juan y la seducción masculina 
13. Hombres que no entienden que no es no 
14. Los hombres y la honestidad 
15. Los hombres y el espacio público 
16. Los hombres y los derechos humanos 
17. Los hombres hacen lo que les da la gana 
18. Los hombres que hacen sufrir por amor 
19. Los hombres y la violencia machista 
20. Los hombres, no todos los hombres 
21. Los hombres y la paternidad 
22. Las masculinidades diversas 
23. Los hombres (también) vivirían mejor sin machismo 
24. Los hombres y el feminismo 
25. Un mensaje para los hombres que se liberan del patriarcado y ya no hacen sufrir por amor


¿Cómo consigo el libro?

Si quieres conseguir mi libro y vives en España, puedes encontrarlo en tu librería favorita, o encargarlo si aún no lo tienen. También puedes pedirle a la editorial que te lo envíen a casa por correo. 

Si vives fuera de España: puedes encargarlo en tu librería, si reciben muchos pedidos le encargan a la distribuidora española que los lleve. También puedes comprarlo en Amazon y en librerías on line, en papel y en digital.  


Visita la página en Catarata:


https://www.catarata.org/libro/hombres-que-ya-no-hacen-sufrir-por-amor_89331/

18 de diciembre de 2018

Qué puedes hacer para acabar con la violencia machista si eres hombre

Grafitti urbano de Smug

Conozco a muchos compañeros que están horrorizados con los últimos acontecimientos, y con las últimas cifras sobre la violencia machista publicadas por la ONU el pasado 25 de Noviembre, pero muchos no saben cómo contribuir a la lucha contra el patriarcado, o cuál podría ser su papel en este movimiento contra la violencia machista.

Hay muchas cosas que puedes hacer, aquí os dejo algunas ideas para empezar a trabajar:

- Trabajarte personalmente: hacer autocrítica constante con uno mismo. Ponle atención a la manera en como te relacionas con las mujeres que hay en tu vida: tus compañeras de estudios o trabajo, tu madre, tus hermanas, tus hijas y demás mujeres de tu familia, tus ligues o tu pareja, tus vecinas del barrio, o las camareras de los bares que visitas. Observa tus privilegios y la forma en que te beneficias de ellos, tu forma de cortejar y ligar, tu forma de tratar a tus compañeras sexuales y sentimentales, y la manera en que hablas de las mujeres en público. Analiza la manera en que gestionas tus emociones y resuelves conflictos, la forma en la que ejerces tu poder, la manera en que te beneficias de los cuidados que recibes de las mujeres que te quieren, Es un trabajo para toda la vida: constantemente tenemos comportamientos patriarcales y machistas, y la mayor parte de las veces no nos damos cuenta. Una vez que los identificas, puedes empezar a hacer cambios en tu vida cotidiana y en tu forma de relacionarte con nosotras.

- Trabajar en grupo: puedes juntarte con más hombres que estén trabajando sus patriarcados, y que tengan ganas de poner su granito de arena en una de las luchas políticas más importantes del siglo XXI. Podéis formaros, leer juntos, debatir, hacer talleres, y salir a las calles para protestar y para pedir a los gobiernos y a la sociedad que pongan la violencia machista en el centro de su agenda política.

- Evitar ser cómplice En tus reuniones con hombres: no le rías la gracia a los machistas, no le sigas el juego a los hombres de tu entorno que no se trabajan el machismo, y prestales tus gafas violetas: si les das tu punto de vista en vez de quedarte callado, puedes ayudar a muchos del grupo que piensan como tú y no se atreven a cortar el rollo a sus amigos. Y puedes lograr que tus amigos se hagan preguntas y empiecen también a trabajarse.

- Lee y escucha a las mujeres que llevan años estudiando y luchando en el movimiento feminista, puedes aprender mucho de ellas. El feminismo es una teoría y también un movimiento social, y como en la escuela no nos hablan de ello, tienes que ser autodidacta y aprender por tu cuenta. También puedes hacer cursos sobre feminismo y masculinidades, asistir a charlas y conferencias, y formar grupos de estudio feminista con otros hombres.

- Trabaja tu victimismo: es lógico que muchos hombres se sientan atacados y se enfaden porque todo está cambiando y no pueden hacer nada para que todo siga igual. Cuando te tocan tus privilegios, es hasta cierto punto normal que quieras seguir teniéndolos. El feminismo no es un discurso de odio contra los hombres, lo que trata es de poner el foco en la masculinidad patriarcal que domina el planeta y asesina mujeres cada cinco minutos en todo el mundo. Aunque vosotros también sufris vuestras opresiones, todas vienen del patriarcado, no del feminismo: el feminismo es un movimiento de liberación, y vosotros también estáis incluidos, pero no sois los protagonistas. Os necesitamos más como agentes del cambio que como lideres de un movimiento de mujeres.

- Educa a tus hijas e hijos sin machismo: asume de una vez tus responsabilidades domésticas, de crianza y cuidados. La única manera de enseñar la igualdad a tus descendientes es que la vean en casa, y que tú des ejemplo con tus acciones, no sólo con tus discursos. Eres el representante de las nuevas masculinidades y las nuevas paternidades, da lo mejor de ti en esta tarea.

- Trata bien y cuida a tus parejas, sean parejas formales o informales, sean parejas de una noche o de cien noches. Construye relaciones sanas e igualitarias con tus compañeras.

- Trata bien a las desconocidas también: no ejerzas acoso sexual en la calle y en los espacios públicos.

- No alquiles mujeres para tu placer sexual o tus necesidades reproductivas. No explotes mujeres pobres y no te aproveches de tu poder económico para obtener favores sexuales.

- Sé honesto contigo mismo para hacer una revisión de todas las ocasiones en que te has aprovechado de tu condición de hombre, las veces que has hecho daño a las mujeres, las veces en que has ejercido la opresión sobre ellas, y la forma en que el patriarcado te ha oprimido a ti. Si tienes que perdir perdón a alguien, hazlo. Te sentirás mucho mejor.

- Ten empatía para poder ser solidario y pregúntate a diario cómo es ser mujer en un mundo patriarcal.

- No seas indiferente ante las injusticias de tu entorno: no permanezcas callado para proteger a un compañero, no culpabilices a las víctimas, protesta cuando detectes situaciones de abuso y violencia contra las mujeres, actúa para llevar el feminismo a tus espacios cotidianos, practica tu feminismo en todas las situaciones, y aplicalo en cada una de tus relaciones.

- No intentes liderar la causa feminista: si te unes a un grupo mixto de mujeres y hombres, intenta no ser el primero que lleve la pancarta, intenta no acaparar el espacio de diálogo, intenta apoyar en lugar de protagonizar.

 - Busca tus modelos de referencia para trabajar tu masculinidad: hay muchos hombres feministas escribiendo en revistas y blogs, impartiendo charlas, haciendo vídeos y documentales, organizando jornadas y concentraciones de protesta contra la violencia machista. Están en las redes sociales, debatiendo y compartiendo información, y apoyando a las compañeras feministas. 

- Conviértete en un modelo de masculinidad antipatriarcal para los hombres de tu entorno, especialmente para los más jóvenes. Se contagia a la gente con acciones y con el comportamiento, no sólo con los discursos. Siendo una referencia puedes ayudar a muchos a cuestionarse, a trabajarse, y a unirse a la causa contra la violencia machista. Necesitamos muchos como tú.


Coral Herrera Gómez


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15 de diciembre de 2018

Crianza con apego, y compartida




Cuando hablo del derecho que tenemos las mujeres a criar a nuestros propios hijos, no pienso en el modelo tradicional de la mujer sola que se queda en casa, abandona su carrera y sus proyectos personales para dedicarse con esfuerzo y sacrificio a cuidar a los demás. 

Yo pienso más bien en la crianza con apego y compartida, es decir, aquella que se hace en tribu. La que se ha hecho siempre, toda la vida, en los pueblos y en las comunidades: las madres han contado siempre con sus madres y abuelas, con sus tías y primas, con sus hermanas y amigas, y con las vecinas, incluso también con los hombres de la familia, en especial con los abuelos. 

Ahora también hay tribus de mujeres que se apoyan mutuamente en la crianza, y tribus mixtas de amigas, amigos y parejas que se implican en el cuidado de todos los niños y las niñas para que todos puedan tener tiempo libre, y para poder acompañar y apoyar a las madres en el período de lactancia, tanto a nivel emocional como a nivel logístico y económico. De verdad que me parece una brutalidad que tantas mujeres queden condenadas a la dependencia económica y a la soledad, además siento que la crianza es una de las tareas más duras del mundo. No pienso que la solución sea buscar una sustituta para que haga nuestro trabajo y el de nuestro compañero con un salario indecente. 

Siento que no pensamos en los bebés, y que la clave no es explotar a mujeres más pobres o condenar a los niños a pasar diez horas en la guardería: hay que robarle tiempo al capitalismo para que nos deje criar y cuidar a nuestra gente. Las jornadas actuales, los horarios y las condiciones laborales no permiten que nadie se implique en una responsabilidad que tiene que ser compartida. 

Así que hay que buscar la manera de compartir los cuidados, y en esto los hombres tienen que trabajarselo mucho, a nivel personal y también a nivel político: son ellos los que tienen que aprender a cuidar, replantearse su uso del tiempo libre, y pedir las condiciones laborales aptas para asumir sus responsabilidades. 

#LaCrianzaEsPolítica#LosCuidadosSonPolíticos #CrianzaConApegoYCompartida#TribusDeCrianza #ComunidadesDeCrianza

5 de noviembre de 2018

¿Por qué no se van de casa las mujeres que sufren violencia machista?


¿Que por qué no se van de casa las mujeres que sufren violencia machista? Porque cuando se separan, a veces empieza un infierno mucho peor: los maltratadores se obsesionan, viven devorados por la rabia y el odio, las acosan, las persiguen por la calle, entran en su casa, la atacan en redes sociales y por teléfono, las amenazan todos los días, a algunas las pegan palizas y las violan, las destruyen psicológicamente mientras ellas tratan de aguantar. 

Muchas de las que se atreven a denunciar no reciben orden de protección, a pesar de que cuando lo hacen la violencia y el odio contra ellas se intensifica. A muchas las acaban matando porque la rabia del maltratador no disminuye con el tiempo: son capaces de estar años acosando, insultando, maltratando, y tratando de quitarle a los hijos e hijas, porque saben que es la forma de castigo más cruel que podemos sufrir cuando somos madres. 

Las mujeres no se separan para proteger a sus hijos y porque no quieren separarse de ellos, ni dejarles solos con el padre. Tienen la autoestima por los suelos, sufren depresiones y ansiedad, sus energías están puestas en sobrevivir, y viven con un miedo permanente. 

Las mujeres no se van de la casa porque la mayoría no tienen donde ir, y cuando logran huir, ellos las encuentran y las amenazan en su lugar de trabajo o en la calle. 

La única forma que tienen algunas mujeres de salvar su vida es que el maltratador lleve escolta humana que le controle las 24 horas del día, pero la ley pone el foco en la víctima. Algunos jueces protegen a los agresores y les permiten convivir con sus hijos e hijas aunque sean un auténtico peligro. 

Así que a ellas no les queda más remedio que intentar "desaparecer", pero no todas pueden hacerlo. Se necesita una red de gente querida muy volcada en apoyarla, y no todas las mujeres tienen esa red. Muchas están solas y desamparadas por el Estado, y cuando el machista las mata, ningún juez es inhabilitado pese a que han negado la ayuda en una situación de peligro. Son los máximos responsables de las vidas de esas mujeres, niñas y niños que necesitan protección, y son cómplices de los machistas violentos.También la prensa es cómplice porque sigue justificando a los agresores y los asesinos, y culpabilizando a las víctimas.

¿Se entiende entonces por qué no huyen las mujeres, y qué ocurre cuando lo hacen? 

#25N #DíaInternacionalContraLaViolenciaMachista
#MachismoMata #StopFemicidios
#UnMaltratadorNoEsUnBuenPadre
#JusticiaPatriarcal #JuecesCómplices #MujeresEnLucha

28 de octubre de 2018

Que tus emociones no hagan daño a nadie: primer principio de la ética amorosa





"Que tus emociones no hagan daño a nadie" es una de las leyes fundamentales del amor y los afectos. También es un principio básico de la autocrítica amorosa: por gigantesco que sea el tsunami emocional que te arrasa, que no deje víctimas a su paso, que no duela a los demás, que no se multiplique. 

Funciona muy bien, por ejemplo, para evitar reproducir la cadena familiar de los malos tratos, o para trabajar los celos, el odio, la pena, los miedos... es justo lo contrario al pensamiento patriarcal que legitima la sed de venganza del amante dolido, y con el que se justifica, por ejemplo, la violencia machista.


Creo que controlar las emociones para que no hagan daño a los demás y tampoco a nosotras mismas, es una de las mejores herramientas para mejorar nuestras relaciones y para cuidar nuestra salud mental y emocional. Las emociones suben de intensidad cuando las estallamos contra la otra persona, y nunca nos hace sentirnos bien. Además no suele provocar reacciones positivas en ella, sino más bien lo contrario. Es así, en realidad, como iniciamos las guerras, los conflictos, y las peleas, con la idea de que si nosotras estamos dolidas, entonces la otra persona tiene que sufrir también.  
La única forma de desahogarnos sin hacer daño a nadie es cuando podemos compartir lo que sentimos con nuestra gente querida. Si tenemos el espacio afectivo para hablar de ellas, si logramos  desahogarnos sin que nuestras palabras hieran a nadie, entonces se van diluyendo poco a poco, bajan en intensidad y volumen, se hacen más manejables para trabajar con ellas. Necesitamos hablar de lo que sentimos, pensar la emoción para lograr que no nos arrase. Necesitamos racionalizarla, tomar distancia, coger otras perspectivas del tema, y escuchar buenos consejos de las amigas y los amigos que nos quieren. A veces, incluso, necesitamos ayuda profesional para tener herramientas que nos permitan trabajar las emociones.
Al compartirlas y sacarlas de las profundidades de nuestro ser, creo que dejan de tener tanto poder sobre nosotras. De pronto no parecen ya monstruos gigantescos y no nos sentimos tan vulnerables. Una vez que las vemos manejables, es más fácil sentarse a hablar con la persona con la que hemos tenido el conflicto, por ejemplo. Para solucionarlo y elaborar nuevos pactos, o para separarnos sin hacer la guerra. 
Mi propuesta es que tomemos esta idea como un principio fundamental de la ética amorosa: que mis emociones no hagan daño a nadie, ni a mi misma. Tenemos que aprender a manejar la ira, la pena, la frustración, el dolor, el desamparo, el odio, los miedos, la rabia y la tristeza para que no nos destruyan, y no destruyan a los demás.
De lo que se trata al fin y al cabo, es de disfrutar de la vida y del amor, y para eso es fundamental aprender a surfear en los tsunamis emocionales, a sacar toda la emoción sin que estalle contra nadie, a convivir con las emociones, a expresarlas y compartirlas, a manejarlas para que no nos inunden, y para que podamos tener calidad de vida. Y porque nos merecemos estar bien, y ser felices. 

Coral Herrera Gómez

20 de octubre de 2018

Autoestima y resistencia política

En realidad las mujeres no tenemos un problema de autoestima. El problema lo tiene el patriarcado que nos quiere machacar y encuentra en todas nosotras una resistencia feroz. Todas queremos estar bien, vivir bien, disfrutar de la vida y del amor., pero el patriarcado nos invita a autodestruirnos a diario. 

Es cierto que a veces tenemos las defensas más bajas, pero ahora ya sabemos que la guerra no es contra nosotras mismas, sino contra el patriarcado que tenemos dentro repitiéndonos constantemente que no valemos nada. Y esto nos pasa a todas, así que hay que unirse, compartir herramientas, desobedecer todo lo que se pueda, y aprender a quererse bien a una misma. 

Resistir al patriarcado y desalojarlo de nuestro interior es el mayor acto de rebeldía política que estamos haciendo en nuestras vidas. Y ya tenemos la receta mágica para liberarnos: aprender a cuidarnos y a querernos mucho, a nosotras y entre nosotras. y estamos en ello, ya no nos para nadie. 

#MujeresQueYaNoSufrenPorAmor

13 de octubre de 2018

Reflexiones sobre la Guerra Mundial contra las Mujeres


The Conquest of Natureby Eugenia Loli (178) The Old Reader



Brasil: una mujer asesinada cada 2 horas.
México: una mujer asesinada cada 3 horas.
Colombia: una mujer asesinada cada 9 horas.
Argentina: una mujer asesinada cada 34 horas.
El Salvador: una cada día.
Venezuela: una cada 2 días.
República Dominicana: una cada 3 días.

Multipliquen las horas, los días y los meses para echar cuentas de la cantidad de mujeres asesinadas por el terror machista. Y luego les invito a leer sobre la cantidad de violaciones, desapariciones, secuestros, agresiones y abusos sexuales, acoso callejero y laboral que sufren las mujeres y las niñas en América Latina. Sus agresores y asesinos son hombres: maridos, novios, pretendientes, ex novios. Las matan en casa, y nadie lo ve. La prensa te cuenta que el asesino la amaba.

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La Guerra Mundial contra las mujeres y las niñas es la guerra más larga de la Historia de la Humanidad. También es la más cruel, porque sólo hay un ejército, no dos. Los soldados del patriarcado matan, esclavizan, violan, torturan y maltratan a la mitad de la población, que está desarmada. La Resistencia feminista lucha desde posiciones pacifistas, sacando a miles de mujeres a las calles cada 25 de Noviembre en todo el planeta. No lo leerás en los libros de Historia ni en los de texto.


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#DesdeEuropaNoLoVéis: a mi me pasó también, así que entiendo que le pase a tanta gente. Yo había leído mucho sobre feminismo y estaba muy concienciada, pero cuando emigré a América Latina, me quedé horrorizada. Cuando estás en Europa, es fácil que te hagan creer que las mujeres tienen ya todos sus derechos y que la desigualdad está en los salarios, y en los altos puestos directivos, y poco más, porque en los medios apenas te cuentan lo que pasa en el mundo.

Pero cuando vienes acá, te encuentras con una realidad brutal. El nivel de machismo y de violencia en este continente es espantoso: salir a la calle para cualquier mujer es un peligro en la mayor parte de los países. Pero estar en casa, también: es el espacio en el que más violaciones, secuestros, torturas y asesinatos hay.

Si en España matan a una mujer una vez a la semana, aquí en América los machistas matan a doce al día. Si en España se denuncia una violación cada 8 horas, aquí es cada diez minutos, más todas las que no se denuncian. La cantidad de niñas violadas, embarazadas y obligadas a ser madres es demencial: es una tortura sistemática, diaria, llena de crueldad. Estamos hablando de miles, millones de niñas, desde la Patagonia hasta la frontera con Estados Unidos. Si en España las mujeres son precarias, aquí son pobres y extremadamente pobres.

Cualquier cifra que uses para explicar la violencia machista, en Centroamérica y México se multiplica por cien: aquí la guerra contra las mujeres es un genocidio. Mujeres descuartizadas, quemadas vivas, empaladas, degolladas, violadas en grupo hasta la hemorragia mortal, asesinadas con machetes, martillos, bates de béisbol, cuchillos, asfixiadas, o asesinadas a golpes. Aquí la impunidad es casi total, sobre todo en países como México. Los hombres trafican con mujeres para llevarlas a Europa y a Estados Unidos como si fueran ganado, desaparecen cientos de mujeres al año, y la justicia no actúa. No estamos seguras en los taxis, ni en el metro, ni en las calles, ni en el campo, ni en la casa. Es un verdadero infierno.

Entiendo que hay gente que cree que las feministas somos unas exageradas, pero ya es hora de que entendáis vosotros que Europa es una isla de bienestar desde la que no se aprecia la guerra contra las mujeres, no se percibe el cambio climático con tanta violencia, no se ve la pobreza extrema, ni el inmenso poder de las iglesias fundamentalistas. Mi consejo es que abráis los ojos, leáis mucho, y viajéis para abrir horizontes en vuestras mentes: la realidad fuera de vuestras islas es terrible, especialmente para las mujeres y niñas de Asia, África, India, China, y América Latina. Seguir negando el patriarcado y el femicidio mundial es un crimen: nos están matando, todos los días, a todas horas. Hay que visibilizar esta guerra, y visibilizar a las mujeres que luchan para acabar con ella, las heroínas del siglo XXI, las que están poniendo sus cuerpos y sus vidas para parar esta locura, pero no las ves porque para los medios de tu país no existen. Pienso que invisibilizar, minimizar o negar esta guerra es como negar el Holocausto, definitivamente. No es ignorancia, es maldad.

#AbreLosOjos #FeminismoOBarbarie #StopFemicidios #TerrorismoMachista #StopGuerraContraLasMujeres #AbajoElPatriarcado


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La Guerra mundial contra las mujeres y las niñas es una de las guerras más monstruosas y largas de la Historia de la Humanidad. No se habla de ella y no hay nadie con quien reunirse para pedir la paz, y mientras se acusa a las feministas de ser violentas, cada día los hombres nos matan, nos secuestran, nos esclavizan, nos violan y nos torturan en todos los paises del mundo.

En México cada 40 minutos un hombre viola a una mujer (sólo hablamos de las violaciones denunciadas). Cada 7 horas uno de ellos mata a una mujer, es decir, 3 o 4 personas asesinadas al día.

Es un genocidio lento y constante, en la que están implicados muchos hombres: policías, jueces, periodistas, y todos los que colaboran con el patriarcado para justificar la misoginia, cosificar a las mujeres, romantizar la violencia, negar la guerra, y culpabilizar a las víctimas. Son muchos soldados, y entre ellos no hay bajas, ni heridos, ni presos.

Nosotras estamos luchando desarmadas frente a unos enemigos armados hasta los dientes, nuestra única defensa es el feminismo

#ElOdioContraLasMujeres #LaGuerraMundialContraLasMujeres

Coral Herrera Gómez



Datos sobre la violencia contra las mujeres y las niñas en el mundo:

https://www.cepal.org/es/publicaciones/5826-estudio-la-informacion-la-violencia-la-mujer-america-latina-caribe

http://www.unwomen.org/es/what-we-do/ending-violence-against-women/facts-and-figures

https://www.fidh.org/es/temas/derechos-de-las-mujeres/8-de-marzo-de-2018-dia-internacional-de-lucha-por-los-derechos-de-las

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-37828573


30 de septiembre de 2018

Nosotras hacemos la revolución

Los hombres sueñan con la revolución, las mujeres estamos haciendo la revolución. Estamos luchando en las calles y en las casas, en la cama, en los parlamentos y en los medios, en la Ciencia y en el deporte, en las instituciones y en las fábricas, en los barrios de las ciudades y en el campo, en las aulas y en los sindicatos, en los movimientos sociales y en los partidos políticos, en las universidades y en las redes sociales. 

Estamos cambiando la vida de millones de personas, y damos pasos gigantescos cada vez que logramos convertir nuestros derechos en leyes, y luego en realidades. 

Hombres, tenéis el cambio delante de vuestras narices, pero no lo veis porque no tenéis las gafas violetas que os permitan solidarizaros con nuestra lucha, y uniros a ella. Y porque no sois los protagonistas y os cuesta perder privilegios.


Probad a empezar por vosotros mismos #Masculinidades #Autocrítica #DeconstruyeATuMacho
#LiberatéDelPatriarcado #RevoluciónFeminista #UtopíasParaTodas #NosVemosEnLasCalles

Coral Herrera Gómez Blog

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