24 de junio de 2021

No es lo mismo ser la surfera que la novia del surfero



No es lo mismo ser la surfera que ser la novia del surfero.

No es lo mismo tener una gran pasión, que sentarte a ver cómo disfruta tu hombre en el mar, en la montaña, en la cancha, o en el escenario.

No es lo mismo ser protagonista que ser espectadora.

No es lo mismo compartir tu pasión con otras mujeres, que sentarte con las demás novias a ver cómo disfrutan ellos con sus pasiones artísticas o deportivas.

Es hora de dejar de contemplar, aplaudir y animar a los hombres y a sus héroes masculinos.

Ya es hora de ponerse en pie y gozar con nuestras propias pasiones, tengamos o no tengamos pareja.

Las mujeres nacemos para disfrutar, no para quedarnos sentadas a ver cómo los hombres disfrutan.

#mujeresquedisfrutan #mujeresenpie #nuestraspasiones


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23 de junio de 2021

Cómo me trabajo el arte de la no violencia


Yo no voy al gimnasio, pero entreno todos los días. Una de las cosas que más me trabajo es el arte de la no violencia. Cuando me enfado, cuando me invade la ira o la rabia, me cuido en tres niveles: 

-cuido la emoción para no hacerme daño ni hacer daño a nadie, 

-cuido mis palabras y mi forma de expresarme, 

-cuido el trato contra las personas que me enfadan o que me caen mal. 

Soy consciente de que yo no puedo gustarle a todo el mundo, y que no todo el mundo opina como yo, pero sí puedo exigir que me traten bien y no me hagan daño. 

Y al revés: no tengo derecho a tratar mal a nadie sólo porque yo sienta rechazo o emociones negativas hacia esa persona. 

Mi entrenamiento consiste en: 

- Tomar conciencia del dolor que siento o que puedo hacer sentir a los demás, 

-Evitar darle un tono de desprecio a mis palabras, evitar los ataques personales, los insultos, las burlas, los sarcasmos, y las humillaciones. 

- Uso los mejores argumentos que tengo para defender mi postura, y cuido el tono y el volumen de mi voz. 

-Si la otra persona empieza a atacarme e insultarme, me retiro de la conversación. Jamás me pongo a su altura, jamás intento machacar a la otra persona, aunque pueda hacerlo, porque no soporto la violencia. Ni la mía, ni la de los demás. 

-Jamás me subo al ring cuando me invitan a pelear. Esta postura no violenta le pone muy furiosa a la gente violenta: no hay nada más frustrante que intentar obligar a alguien a subirse al ring, y quedarse solo pegando puñetazos al aire.

-No malgasto mi tiempo en defenderme, porque no quiero entrar en el terreno al que quiere llevarme la otra persona.

- Tomo conciencia del daño que me hace a la autoestima y mantengo el ego a raya para que la emoción no me lleve al ring. 

-Lo importante es que las palabras no me revuelvan por dentro, porque lo que busca la persona violenta es una reacción emocional fuerte

- No me lo tomo a lo personal cuando me invitan a subirme al ring. Me digo a mí misma que el problema no soy yo, porque si yo no acepto, se aburren y buscan a otra persona. 

-Solo converso con gente que tiene el nivel suficiente para hablar sin agredir y sin hacer daño, y con gente que conversa para aprender y para disfrutar. 

-Utilizo el método de la autocrítica amorosa para identificar las violencias y los patriarcados que me habitan, y soy consciente de que la mayor parte de la gente no se identifica como violenta, ni identifica el maltrato psicológico y emocional como violencia. 

-Mi postura política ante el mundo como mujer feminista y pacifista es el NO a la guerra. 

No quiero sufrir ni ejercer violencia. 

No me gusta pelear, no soporto que me ataquen, y jamás participo en ataques colectivos. 

Me lo trabajo mucho porque quiero ser consecuente con la filosofía de los cuidados, del quererse bien, y de los buenos tratos que promuevo en mis libros y mi blog. 

La verdad que no es fácil cuidar las palabras y no caer en provocaciones, pero en las redes sociales podemos entrenar a diario. Yo he sufrido dos o tres ataques muy fuertes en redes sociales y desde entonces me auto censuro mucho y cuido mucho mis palabras, y j

También es fundamental, para entrenar, hacerlo en buenas compañías: yo practico con mis compañeras del Laboratorio del Amor cada día. Así no me siento tan rara, ni tan sola buscando la manera de ser asertiva y de evitar la violencia.  

Desde que trabajo el arte de la no violencia tengo más tiempo libre y más energía para mí, y para trabajar en las herramientas que necesitamos para tratarnos bien y para dejar de normalizar la violencia. 

Mi sueño es que algún día podamos aprender el arte de la no violencia, el arte del quererse bien y el arte de los buenos tratos en la escuela, y ahí es donde pongo las energías. 

Me ayuda mucho pensar que no estoy sola en esto, y cada vez somos más las que queremos trabajar en #elartedelanoviolencia #elartedequerersebien #elartedelosbuenostratos 

Coral Herrera Gómez


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22 de junio de 2021

Conversaciones incómodas con hombres: trata y esclavitud sexual



La doble vida de los hombres es perjudicial para todas las mujeres, pero a quienes más afecta es a las mujeres más vulnerables de nuestra sociedad: las víctimas de la trata y la esclavitud sexual. 

Las infidelidades masculinas son una forma de violencia machista, sólo que hasta ahora el patriarcado ha justificado la doble vida de los hombres con la doble moral que nos culpa a nosotras, y les disculpa a ellos. Nos ha hecho creer que nosotras no tenemos necesidades sexuales y que en todo caso, tienen prioridad las de ellos: su "desmedido" apetito sexual hace inevitable que necesitemos una reserva de sirvientas sexuales porque, nos dicen, si no existieran ellas, nosotras sufriríamos violaciones a todas horas. 

Sin embargo, ahora sabemos que el apetito sexual es el mismo en mujeres y hombres, que los hombres no son violentos por naturaleza, y que las violaciones no tienen tanto que ver con el deseo sexual como con el poder y la dominación.  

La monogamia no es un pacto entre parejas, es un mito para tenernos controladas a las mujeres, y es una ficción colectiva en la que participamos todos y todas. Frente al mito, la realidad: los aparcamientos de los burdeles están a reventar de hombres emparejados y casados durante las 24 horas, todos los días de la semana, todos los días del año. En España un 39% de los hombres son clientes de los más de 1.200 burdeles que existen, y se gastan entre todos 5 millones de euros al día. Cuatro de cada diez hombres en España: es difícil que nuestras parejas y familiares no pertenezcan a este grupo tan inmenso. 

España es el segundo país del mundo en el negocio de alquiler de mujeres: hay cientos de miles de víctimas de la trata. Están al alcance de todas las edades y todos los bolsillos. Y existen porque los hombres pagan, y el resto de la sociedad mira para otro lado.  

A las mujeres nos han engañado, pero también nos auto engañamos creyendo que aunque "casi todos" los hombres van al burdel, el "nuestro" no. 

Los hombres que acuden a los burdeles no son monstruos: son nuestros maridos, nuestros padres, nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros amantes, nuestros amigos. 

No podemos seguir viviendo como si esos centros de esclavitud no existieran, porque hay uno en cada barrio y cada pueblo, y se distinguen claramente por sus luces de neón. Van los pobres, los ricos, los de derechas, los de izquierdas, los conservadores y los progres, los machistas y los deconstruidos, los curas y los diputados, los hombres de familia: cualquiera de ellos puede vivir la experiencia de subir a los cielos para entrar en el paraíso del patriarcado, ese espacio sin leyes ni restricciones lleno de mujeres de todas las edades y países. 

En el Paraíso (un nombre que eligen muchos dueños de burdeles para sus negocios) hay barra libre a los deseos masculinos: se puede beber, bailar, cantar, comer, esnifar y hacer lo que uno quiera (pagando). No hace falta usar mascarilla ni  respetar la distancia social, no hay policía ni tratados internacionales de derechos humanos, no hay esposas con ganas de aguarte la fiesta. En el Edén hay mujeres jóvenes, guapas y disponibles para todos: es el sueño de los machos, el reino de la libertad y la felicidad masculina. 

No podemos seguir dando la espalda a la realidad más tiempo, porque hay muchas mujeres sufriendo una vida de explotación, miseria y violencia a escasos metros de nuestros hogares. La misión de las mujeres no es aguantar los cuernos, ni mirar para otro lado: las mujeres no hemos nacido para sufrir, ni para ver sufrir a las demás.

Por fin se nos está cayendo la venda, y estamos comprendiendo que la doble vida de los hombres nos daña a todas, pero especialmente a las mujeres de los países pobres que son secuestradas y traídas a España en contra de su voluntad. No son las "otras" con las que se divierten nuestros maridos, son nuestras hermanas. 

La doble moral nos ha hecho creer que las mujeres nacimos para servir a los hombres, y que somos libres para elegir si queremos servir a uno solo, o a varios. Y lo peor: nos han hecho creer que las que sirven a un solo hombre merecen respeto, y las demás no. Que unas valen más que otras, que unas somos buenas y las otras malas, que unas valemos para ser señoras y las otras, no.

Pero ya no nos engañan más: estamos todas de rodillas ante el Señor, y es hora ya de acabar con el pacto patriarcal que nos oprime a todas, de diferentes maneras y en diversos grados. 

Es hora de que nos sentemos a hablar con los hombres sobre la estafa de la monogamia femenina, sobre cómo nos afectan sus privilegios, y decir en voz alta de una vez por todas que no es justo que para que ellos puedan disfrutar, haya tantas mujeres que tengan que sufrir. 

Los hombres que se hacen ricos traficando con mujeres son financiados por sus clientes. La mayor parte de ellos no se sienten cómplices del sistema de explotación patriarcal, pero todos sabemos que si no hubiera demanda, no habría esclavitud sexual.   

Ha llegado la hora de sacar a la luz el problema: esta es una de las conversaciones más difíciles y más duras que nos toca tener con maridos, hijos, padres, hermanos, amigos, compañeros de trabajo o de estudios. Tienen que entender que ya no cuentan con nuestra resignación, ni con nuestro silencio, y que les toca analizar la dimensión ética de su forma de relacionarse con las mujeres, especialmente con las mujeres más vulnerables de la sociedad: las víctimas de la trata y la esclavitud sexual. 

Por supuesto, también les toca a los hombres que se dicen aliados del feminismo, defensores de los derechos humanos y la igualdad: el silencio y la indiferencia nos hacen cómplices a todos. 

Aquí algunas preguntas que a los hombres os pueden ayudar para hacer autocrítica, y a las mujeres para abordar el tema con sus parejas:

- Si vas al burdel, ¿vas solo, o prefieres ir con tus amigos?, ¿prefieres ir temprano en la mañana, a medio día, o mejor en las noches cuando sales de fiesta con hombres? 
- ¿Cuánto dinero gastas cada mes en tus "escapadas"? 
-¿Qué método de protección utilizas con las mujeres con las que tienes sexo?, ¿alguna vez has pagado más para no tener que usar preservativo? 
-¿Tienes relación con las mujeres fuera del burdel?, ¿te has encaprichado alguna vez con una de ellas?, ¿te has enamorado de alguna? 
-¿Tienes alguna favorita, o prefieres variar y estar cada vez con una diferente?
- ¿Son todas mayores de edad? Si la respuesta es sí, ¿cómo estás seguro de que lo son?
-¿Sabes si están ahí porque quieren, o si están presas en el burdel, o prefieres no preguntar?
-¿Te sabes sus nombres, les ofreces tu ayuda por si la necesitan para salir de ahí? 
-¿Sabes si tienen familia, si tienen hijos, si tienen libertad para moverse? 
-¿Con cuántos hombres están cada día ellas, y cómo hacen para soportarlo?, ¿toman medicación, toman drogas, cómo aguantan? 
-¿Sabes si pueden ir al médico cuando enferman?
-¿Sabes cómo abortan cuando se quedan embarazadas?
-¿Sabes cuantos días o meses vuelven al burdel después de sus partos, y quién cuida a sus bebés? 
- ¿A ti también te gusta pagar por tener sexo con mujeres embarazadas? 
- ¿Te gusta estar a solas con ellas o prefieres tener sexo con una entre varios?, ¿os tocáis también entre vosotros cuando cumplís la fantasía de las violaciones colectivas? 
-¿Cómo sabes si son o no víctimas de la trata?, ¿sabes de qué países vienen, cómo llegaron hasta ahí, sabes si tienen su pasaporte o documentación consigo?, ¿te ha preocupado alguna vez este tema? 
-¿Sabes cuál es la deuda que tienen las mujeres con sus proxenetas, y el dinero que les queda a ellas después de pagar a otros hombres por usar la habitación, las sábanas y las toallas limpias? 
-¿Les preguntas por el trato que reciben por parte de los hombres que hacen negocio con ellas?, ¿cómo las tratan los demás clientes? 
-¿Por qué ni tú ni tus amigos habláis de vuestras escapadas con vuestras parejas, y en las reuniones sociales o familiares?, ¿te avergüenzas de tu doble vida?, ¿crees que yo como pareja tuya puedo sentirme avergonzada?
-¿Con quién te encuentras en el burdel: has visto a mi padre, a mi abuelo, a mi hermano, a mi mejor amigo, a mi profesor, a mi jefe?, ¿Os saludáis, compartís copas y mujeres con ellos, o cada uno va por su lado? 
 -¿Sabes cuánto duran las mujeres en los burdeles y en los pisos? Una media de tres años, ¿sabes lo que hacen con ellas cuando ya no sirven?, ¿sabes a donde van?, ¿lo saben ellas?
-¿Qué sientes cuando ves en la televisión noticias sobre redes de trata y esclavitud sexual?, ¿te has planteado alguna vez cómo contribuyes tú a este negocio de hombres? 
- ¿Sabes a qué clase social pertenece la inmensa mayoría de las mujeres que están en los burdeles?, ¿has leído algo sobre el porcentaje de mujeres se dedican a la prostitución por cuenta propia, y el número de mujeres que son traídas a España en contra de su voluntad?
-¿Crees que la doble vida es un privilegio que únicamente podéis tener los hombres?, ¿por qué crees que no existen burdeles para que las mujeres puedan hacer lo mismo que vosotros? 


¿Qué puede ocurrir al tener esta conversación? Que tu pareja, tu hermano, tu padre, tu amigo, niegue que él tenga una doble vida, como hacen casi todos, o que te hable con sinceridad. 

Pero seamos realistas: es difícil que tu pareja sea sincero contigo porque la mayoría de los hombres no hablan de sus dobles vidas con mujeres, solo con hombres. 

Saben muy bien que para mantener su "libertad" y su corona de rey, tienen que mentir todo el tiempo. Las mentiras no les hacen sentir malas personas: creen que mentir es "normal" en los hombres, normal y necesario para poder sostener sus privilegios. 

La mayor parte de los hombres no son honestos con sus parejas porque no quieren que nosotras también disfrutemos de una vida sexual y amorosa diversa. Es egoísmo, y es machismo puro y duro.
 
Los hombres tienen que hacer autocrítica, renunciar a sus privilegios, y empezar a salir del armario ya. También tienen que romper el pacto de silencio que protege a los hombres desde hace siglos, y que hace sufrir a tantas mujeres. 

Hay que sacar a la luz lo que ahora permanece en la oscuridad. Aunque nos duela reconocer que la monogamia es una estafa romántica, y aunque a ellos les cueste reconocer que están sosteniendo la esclavitud y la violencia con su dinero (y con nuestro dinero) 

La única forma de acabar con el patriarcado es acabar con los privilegios masculinos y con la esclavitud doméstica, laboral, sexual y reproductiva de las mujeres: al patriarcado para derribarlo hay que mirarlo de frente, y mostrarlo al mundo tal cual es. 
    
Coral Herrera Gómez 

16 de junio de 2021

Seis años de amor en el Laboratorio

 



Hoy cumplimos 6 años juntas en el Laboratorio del Amor, 

y para celebrarlo, hemos activado 10 becas 

y hemos lanzado una oferta para que podáis suscribiros 

a la Comunidad de Mujeres por solo 15 euros al mes.


 ¡Hasta el 3 de julio!





¡Quiero información! 


¡Quiero suscribirme!


11 de junio de 2021

Ningún hombre nace violento



Ningún hombre nace violento: les enseñamos a serlo. 

La violencia masculina no es innata, no es natural, su origen no es biológico ni genético. Los niños aprenden el machismo y la violencia en casa, en la calle y en la escuela, y lo interiorizan a través de los chistes, los refranes, las canciones, los juguetes, los anuncios publicitarios, los cuentos, las noticias y los programas de televisión, las series infantiles, las películas, el porno, los videojuegos, los vídeos de YouTube y Tiktok, y las redes sociales. 

Ni el machismo ni la violencia están en el ADN masculino. Los bebés nacen todos siendo buena gente, pero vivimos en una cultura patriarcal que mitifica y ensalza al macho violento, y que no nos ofrece apenas ejemplos de masculinidades no violentas, ni tampoco nos ofrece herramientas para resolver nuestros conflictos sin violencia.

Es urgente derribar la educación patriarcal que están recibiendo millones de niños y niñas en el mundo a base de estereotipos, mitos, creencias erróneas y mandatos de género. La violencia, lo mismo que se aprende, se desaprende también. 

  #LaViolenciaNoEsNatural

 #ElMachismoSeAprende

9 de junio de 2021

3 consejos para trabajar la autoestima desde la autocrítica amorosa



3 consejos para trabajarte la autoestima desde el método de la autocrítica amorosa:  

1) El trabajo de la autoestima, mejor en buenas compañías. Aprender a cuidarse a una misma es un trabajo personal, pero también es colectivo: somos muchas mujeres tratando de construir una relación bonita con nuestro propio yo, y si nos juntamos, es más fácil que podamos disfrutar del viaje. Podemos aprender mucho unas de otras, y compartir nuestros aprendizajes y saberes para que todas avancemos juntas. 

Además, es importante que entendamos que la autoestima se construye en relación con la gente. Nos han hecho creer que la autoestima es un trabajo que hacemos en soledad, pero en realidad sólo podemos poner en práctica la teoría interaccionando con los demás. 

Son tus relaciones con la gente las que te permiten analizar si tu trabajo avanza, si te estás tratando bien a ti misma, si te tratan bien, y si sabes tratarles bien. Porque trabajamos la autoestima no sólo para aprender a querernos bien y para cuidarnos a nosotras mismas, sino también para aprender a querer bien y para cuidar nuestras relaciones. 

El objetivo es tener una buena relación contigo misma, y a la vez poder también construir relaciones igualitarias, sanas, equilibradas con los demás. La única forma de construir relaciones libres de sufrimiento y violencia es que todos y cada uno de nosotros y nosotras nos lo trabajemos a fondo para fabricar las herramientas que necesitamos.  

En la medida en que aprendes a cuidarte más y mejor, también aprendes a cuidar las relaciones que te hacen feliz, y a alejarte de aquellas que te hacen sufrir. En la interacción social es donde podrás darte cuenta de muchas cosas: si florecen las semillas que has ido sembrando en tu trabajo personal, si tienes una relación bonita contigo misma, y si estás aprendiendo a cuidarte a ti misma. 


2) No hay trabajo de autoestima sin trabajo de autocrítica amorosa: no es fácil asumir la responsabilidad que tenemos sobre nuestra salud mental, emocional y física, pero es la primera tarea cuando empiezas a trabajar tu autoestima. 

No sólo tenemos que ser responsables de nuestro bienestar, sino que además tenemos que ser honestas con nosotras mismas para evitar el auto engaño, y comprometernos en serio con nuestro auto-cuidado. 

Los cambios empiezan cuando aprendes a identificar los patriarcados que te habitan, qué te duele y te hace sufrir, qué cosas de ti hacen daño a los demás. Porque así puedes identificar qué necesitas trabajarte para vivir mejor, y para que la vida de los demás también sea más fácil y más bonita. 

Una vez que identificas qué necesitas trabajar para ser mejor persona y para cuidarte a ti misma, puedes elegir las estrategias que vas a utilizar para tu trabajo, y elaborar tus pactos para cuidar la relación contigo misma. 


3) La autoestima se trabaja a la vez que el ego: tu ego quiere sentirse única y especial, quiere aplausos y suspira por los "me gusta" en redes sociales, pero en realidad no los necesitas para nada. 

La autoestima es la relación que construyes contigo misma, y para sentirte bien contigo misma, no necesitas el aplauso y la envidia de los demás, ni necesitas sentirte importante, necesaria, o imprescindible. 

Tampoco necesitas compararte con otras mujeres, ni sentirte diferente a ellas, ni sentirte superior a  ninguna de ellas. 

No necesitas el reconocimiento ni el deseo masculino: sólo necesitas conocerte bien a ti misma, aceptarte a ti misma, y trabajarte todo aquello que crees que puedes mejorar. 

Puedes levantar tu autoestima sin necesidad de compararte con otras mujeres, ni de querer ser la mejor, ni situarte como reina o diosa de tu mundo: en realidad, lo único que necesitas es sentirte aceptada por tu comunidad, y sentirte querida y cuidada por nuestra gente. 

No necesitas sentir que vales más que las demás y que eso te hace más respetable, porque todas nosotras nos merecemos ser respetadas y bien tratadas por igual. 


Si quieres aprender el método de la autocrítica amorosa y trabajarte la autoestima en buenas compañías, vente a la Comunidad de Mujeres del Laboratorio del Amor. Al entrar recibirás 4 packs para trabajar a tu ritmo, y encontrarás mucho material, foros, ejercicios y herramientas. Además, nos reunimos en directo cada mes para trabajar juntas desde todos los rincones del mundo, ¿te apuntas? 

Aquí tienes toda la información y el botón de inscripción, ¡te esperamos!

Coral Herrera Gómez 


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Ser "normal", o ser tú misma: la rebelión contra la tiranía de la normalidad





Autoestima y resistencia política 





PODCAST: 


6 de junio de 2021

Ponte una fecha


 Ponte una fecha.

A mí me ha ayudado mucho pactar conmigo misma una fecha de liberación. Sirve para cuidarte, para poner límites a los demás, para ponértelos a ti misma. Es muy útil para empezar o terminar algo que pospones indefinidamente, para dejar de perder tu tiempo y de malgastar años de tu vida, y para atreverte a hacer cambios. Muy útil también para terminar relaciones que no funcionan, para evitar el autoengaño, para liberarte de una adicción, para que no te esclavice la esperanza en un cambio que no llega, para arrancar un proyecto, para cerrar una etapa de tu vida, para empezar otra nueva. También nos ayuda a resolver situaciones que se alargan y de las que no sabemos salir. Ponerte fecha o ponerle fecha a los demás te ayuda a pensar en las estrategias que necesitas para salir de ahí, y también te ayudan a imaginar tu liberación: ¿cómo va a ser todo después de ese día? 

Para respetar este pacto tienes que confiar en tí misma y tener claro que no puede haber prórrogas: has de comprometerte en serio para respetar los acuerdos contigo. 

Ponte una fecha de liberación en el calendario, verás como te ayuda a tomar decisiones, a empezar los cambios que necesitas, y a poner en marcha tu plan para vivir mejor y para disfrutar de una buena vida.

 #tufechadeliberación

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