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17 de junio de 2018

Cómo destrozar tu relación de pareja en pocas semanas. Método garantizado.




Lo más importante a la hora de destrozar tu relación de pareja es que te asegures de que hay sufrimiento constante, que hay drama y desgarro, que hay dolor. Se trata de convertir una relación que podría ser hermosa, en un infierno para ambos miembros de la pareja. No importa si estás en una relación hetera, bisexual, lesbiana o gay: siempre que apliques los mitos del romanticismo patriarcal en tu forma de relacionarte con el amado o la amada, tienes casi garantizada la ruptura. Puedes empezar este método desde el incio del romance, aquí mis consejos para estropear una relación bonita:

1. Desconfía en todo momento: tu pareja es tu enemigo/a, así que nunca debes confiar en ella. Da igual lo que te diga o lo que haga: no la creas. No es tu amiga ni tu compañera, no es tu amigo ni tu compañero: el amor es una guerra y tú quieres ganar todas las batallas. Así que no te fíes: cada cual tiene sus estrategias para dominar al otro, y para hacer lo que no se debe cuando se está en pareja. Si das por sentado que te miente y te engaña, te será más fácil hacerle la vida imposible con tus continuas sospechas, y por lo tanto, antes se hartará de ti.

2. Sé egoísta y piensa solo en ti, en tus necesidades, en tus apetencias y tus deseos. Para dominar la situación, puedes optar por dos vías: o dejarle muy claro que le amas, o que no lo tenga nada claro. Puedes decirle que estás dispuesta a renunciar a todo por ella, o por él, que la cosa va muy en serio, que el centro de tu vida ahora mismo es ella, o él, que vives por y para ella, o para él, que tu vida carece de sentido sin ella, o sin él. Así se agobiará con la tremenda responsabilidad de hacerte feliz y empezará a pensar en dejarte. O puedes hacer justo lo contrario: no te comprometas, repite insistentemente que "no sois nada", coloca a tu pareja en una segunda o tercera categoría, insiste en que no quieres pareja formal aunque la tengas. Así aunque primero puede que se esfuerce en enamorarte, al final se hartará de intentarlo y de sufrir para nada.

3. No negocies el modelo de relación que váis a seguir: impón el tuyo, por ejemplo, el modelo romántico ideal para seguir la senda del noviazgo tradicional, siguiendo los pasos marcados por el patriarcado, como Dios manda: "Voy a presentarte a mis padres, a mi familia, a mis amigas y amigos, voy a pedirte que te hipoteques conmigo, voy a pedirte matrimonio, hijos y familia feliz". Algunas personas salen corriendo cuando les planteas esto en las primeras citas, no falla. También puedes imponer una relación de amantes o de amigos, avivando de vez en cuando su esperanza para que se convierta en algo más, pero sin dar un solo paso. Más temprano que tardé, se cansará de esperar el milagro romántico.

4. Lluvia de reproches: intenta montar una escena a tu pareja plagada de reclamos y falsas acusaciones, al menos una vez al día. Convierte la lluvia en tormenta cuando notes que la otra persona está feliz o se siente muy bien. Que los reproches le dejen claro que es imperfecta, que es una mala persona, que no se puede confiar en ella, que se sienta culpable por todo, que se vea a sí misma como un monstruo. Es una peli en el que tú siempre eres el bueno o la buena, y ella la mala o el malo. Así se harta y te deja enseguida porque sabe que quieres bajar su autoestima para aumentar su dependencia emocional. Y como ya lo sabe, no se deja, y se aleja.

5. Hazte indispensable: sé el mejor o la mejor en todo. Ten a tu pareja como a una reina: ayudale en todo, intenta resolver tú sus problemas, ofrece tus recursos y tus conocimientos para apoyarle en momentos difíciles, hazle la vida más fácil en todo momento: lleva su coche a reparar al taller, hazle la declaración de la renta, cocina como una diosa, o como un dios, limpia su casa, paga la cuenta en el cine y en el bar, hazte necesaria e importante para su día a día. Cuando se de cuenta del tremendo poder que tienes sobre ella, saldrá espantada, o espantado, a recuperar su autonomía y su libertad.

6. Mientras, intenta manipularla, controlarla, tenerla vigilada. Pídele sus contraseñas del correo y de sus perfiles en redes como una prueba de su amor. Sugierele qué ropa le sienta bien y señala sin piedad la que no le queda bien. Opina sobre sus proyectos de vida y sus proyectos profesionales para minusvalorarlos o para hacerle sentir que está perdiendo el tiempo y que no lo logrará. Exige que esté pendiente del teléfono porque si no te vas a sentir muy mal porque eres muy sensible y tienes miedo al abandono. Sé crítico o crítica en plan destructivo, intenta que se sienta poca cosa y se sienta poderosa. Al principio puede que se sienta confundida y triste, pero luego te mandará a Siberia a freír espárragos.

7. Intenta asilarla de su familia y amigos/as. Primero hazte el simpático o la simpática para caerles bien, luego te dedicas a criticarles. Ponle difícil la conciliación de su vida contigo y con su gente. Exige que su tiempo es tuyo con este rollo del amor verdadero, que asuma que tiene que dedicarte
a ti todos los ratos en los que no estudia o trabaja. Pon malas caras cuando te obligue a ir a sus compromisos, y no vayas a todos, pero quéjate porque te sientes excluida o excluido. Siempre que puedas, monta enormes broncas a tu pareja, así lograrás que la gente que la quiere reaccione en contra tuya y empiecen a convencerla de que debe dejarte inmediatamente. Ella misma se resistirá con uñas y dientes a que la aisles, el feminismo la ha ayudado a valorar su red de afectos y de cuidados.

8. Cuando tu pareja salga sin ti, intenta amargarle la noche y hacerle sentir culpable de la ansiedad que sientes. Da rienda suelta a tus celos, y exige "tus derechos" como pareja. Obligale a estar permanentemente conectado/a, localizable y disponible para ti, intenta que le de miedo tu forma de reaccionar, monta la bronca si no te contesta en una hora, intenta chantajearla/e con la idea de que no puedes ni respirar del dolor que sientes por su culpa. El objetivo es que no disfrute con sus amigas, sus amigos o su familia, o que no disfrute de su tarde de soledad y lectura. No se puede disfrutar sin ti. 

9. Aunque tampoco se puede disfrutar contigo: dale unas migajas de amor, y el resto del tiempo, una de cal y otra de arena. Que se crea que estar en guerra es estar en el paraíso, cambia de humor con rapidez, intenta aguar todas las fiestas, monta peleas por nada, tratala mal, amenaza con dejarla, o con dejarle. Dale placer, regalalé orgasmos, sé cariñoso/a, concedelé todos sus deseos, ponte de rodillas para que se sienta una diosa. Ponte sado, ponte masoquista, ponte victimista, ponte autoritario/a. Seguro que al principio se resistirá y aguantará todo lo que pueda, pero al final te dejará, harta de tu patriarcados, tus miedos, tus traumas, tus limitaciones, tu mal humor y tu agresividad.

10. Sé infiel, miente, portaté mal, hazle putadas, da donde más duele. Si sufre es más fácil que te de todo el poder al principio. Que vea que eres una persona muy deseable, que sospeche de tus infidelidades, que cuando quiera hablar de ello te pongas de malas. Ves dejando pistas que te delaten, pero niegalo todo. Que sienta que está loca y se inventa las cosas. Que llore, que lo pase fatal, que te perdone, que empiece a odiarte: acabará harta de tus mentiras, tus paranoias, y tus malos tratos. Y le entrarán unas enormes ganas de liberarse de ti, y de todos los que son como tú. No estará sola, estará acompañada de un montón de gente que la quiere y a la que le preocupa su bienestar y su felicidad. 

Algunas personas tardan más, otras tardan menos, pero este método es infalible. Estas relaciones patriarcales de dominación y sumisión empiezan a quedarse atrás: cada vez somos más las mujeres que queremos disfrutar del amor.

Ninguna relación resiste tanta desconfianza, tantas luchas de poder, tantos dramas llenos de reproches, tanta posesividad y tantos celos, tanta agresividad e intentos de manipulación. Cualquier romance muere con chantajes, amenazas, mentiras, peleas y escenas desagradables con llantos, gritos e insultos casi todas las semanas. Tampoco resiste a la presión social de la gente que quiere a tu pareja y hace todo lo posible por convencerla para que salga de ahí. Porque no hay amor posible en el corazón del patriarcado: si no te cuidan, si no hay igualdad, si no hay compañerismo, si no hay ternura, si no hay placer, si no hay confianza y honestidad, si no se puede disfrutar, nosotras nos vamos ya: no aguantamos más.

#MujeresQueYaNoSufrenPorAmor

Coral Herrera Gómez


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13 de junio de 2018

Desaprender la crueldad






Somos crueles con las mujeres embarazadas, con los bebés recién nacidos, con la persona que se enamora de nosotros, con el anciano que pierde sus facultades, con los niños y las niñas, con los inmigrantes y los refugiados, con la gente diversa en capacidades y orientaciones sexuales, con los raros y los anormales, con los locos, con los animales domésticos y con el ganado que criamos para comer. Somos crueles con los demás en los momentos de máxima vulnerabilidad: cuando las mujeres dan a luz, cuando llegamos al mundo, cuando enfermamos o cuando nos vamos a morir.   

Nuestra cultura sadomasoquista nos hace creer que para amar, para aprender, para adaptarse a este mundo enfermo hay que sufrir. Muchos ejercemos estos malos tratos sin darnos cuenta, sin pensar en si está mal o no, si la otra persona está sintiendo dolor o no. Nos importa poco porque la crueldad con la que nos tratamos entre nosotros hoy en día nos resulta "normal" y "natural": la hemos sufrido, la hemos interiorizado, la reproducimos y la transmitimos a las nuevas generaciones  como parte de nuestra "sabiduría popular".

La cultura de la crueldad es una forma de practicar la violencia y de ejercer nuestro poder que está legitimada y naturalizada en nuestra sociedad patriarcal, del mismo modo que la cultura de la violación. La crueldad, como el amor, es también una construcción social y cultural. Está tan normalizada que no percibimos la crueldad como una forma de violencia: nos parece natural dejar llorar a un bebé que necesita cariño, o pegar a los niños cuando desobedecen. Nos parece normal también devolver el daño que nos hacen los demás: justificamos nuestra violencia con el "derecho a la venganza" y con la filosofía del "ojo por ojo". 

Justificamos la crueldad con los argumentos más disparatados. Nos decimos los unos a los otros que para aprender en la vida hay que sufrir y pasarlo mal, que es lo que toca, que es lo natural: la vida es dura y nosotros tenemos que hacernos duros también. Aprendemos a insensibilizarnos y perdemos la empatía a medida que resistimos los golpes de la vida, y luego interiorizamos esta cultura de la crueldad para reproducirla y transmitirla a las nuevas generaciones. Así es como se perpetúa en cada uno de nosotros el ciclo de la violencia y los malos tratos hacia los demás.  

Nos parecen normales comportamientos monstruosos, como separar a las mamás de sus bebés, o la explotación y el maltrato animal, tan cotidiano en todo el planeta. En las relaciones familiares, en las relaciones laborales, y en las redes sociales nos aplastamos los unos a los otros, nos damos lecciones, nos juzgamos y nos insultamos sin piedad, nos  imponemos a los otros para ganar todas las batallas. No sabemos resolver conflictos sin usar la violencia, no sabemos discutir sin insultarnos, no sabemos expresar nuestras emociones sin hacer daño a los demás. 

También en el ámbito del amor romántico la crueldad se justifica y se sublima: las relaciones de pareja están atravesadas por el sufrimiento porque antes de llegar al paraíso hay que atravesar este valle de lágrimas. En la cultura patriarcal, parece natural que los hombres casados mientan y sean infieles a sus esposas, o que las maten cuando son ellas las infieles. Todo el amor romántico está impregnado de violencia machista disfrazada de violencia pasional: a las mujeres nos hacen creer que si nos pegan es porque nos quieren mucho, que quien bien nos quiere nos hace llorar, que si nos sacrificamos al final tendremos nuestra recompensa. A ellos les hacen creer que el amor es una guerra que hay que intentar ganarla como sea, y que la única forma de tener a sus pies a una mujer es combinando los buenos y los malos tratos para que se muera de amor por ti y así poder dominarla. 

Sufrimos la crueldad de los demás, y la ejercemos nosotros también, dependiendo del lugar que ocupemos en la jerarquía de poder. Cuando somos hijas, cuando somos madres, cuando somos empleadas, cuando empleamos a alguien, cuando somos novias, cuando somos amantes, cuando somos ancianas: con cada persona sostenemos nuestras luchas de poder para resolver los conflictos y para lograr lo que queremos, lo que deseamos o lo que necesitamos. 

El mundo sería un lugar mejor si pudiésemos entender los mecanismos con los cuales hacemos daño a los demás y a nosotras mismas, y si pudiésemos aprender a relacionarnos desde la ternura y el amor. En lugar de dejarnos llevar por nuestro Ego y su ansia de poder, podríamos poner en el centro los cuidados, construir relaciones igualitarias, ampliar nuestras redes de afecto. El mundo sería un lugar mucho mejor sin violencia, y sin la estructura de explotación que ejercemos unos sobre otros: hay que empezar a hablar de los malos tratos, y de la cultura de la crueldad que los justifican, para poder desaprenderlos y aprender otras formas de relacionarnos y de querernos.  

He llevado a cabo un breve análisis con propuestas incluidas para desmontar esta cultura y los argumentos que justifican el dolor, el sufrimiento y la crueldad como si fueran necesarios para sobrevivir y para relacionarse. La sufrimos y la ejercemos en el nacimiento y en la infancia, en la adolescencia, en el amor romántico, en la vejez, y en la muerte:

12 de junio de 2018

Video-presentación del Libro "Mujeres que ya no sufren por amor", de Coral Herrera



En su nuevo libro, "Mujeres que ya no sufren por amor: transformando el mito romántico", Coral Herrera Gómez analiza la manera en la que aprendemos a ser hombres y mujeres, y a relacionarnos entre nosotros, con el objetivo aportar su granito de arena para liberar al amor de su carga machista y patriarcal. La autora cree que para poder sufrir menos, y disfrutar más del amor necesitamos herramientas para desmontar el amor romántico, y para llevar la teoría feminista a la práctica.

Coral Herrera afirma que el amor es una energía que mueve al mundo, y tiene un potencial transformador que es revolucionario a todos los niveles, porque puede cambiar nuestra forma de sentir, de gestionar nuestras emociones, de relacionarnos y de organizarnos social, política y económicamente. Ella nos invita a trabajar individual y colectivamente para despatriarcalizarlo, reinventarlo, ensancharlo, multiplicarlo, y expandirlo más allá de la pareja.

Bajo el lema de que lo romántico es político y otras formas de quererse son posibles, la autora propone algunas claves para desaprender todas las creencias en torno a la utopía romántica posmoderna de corte individualista que nos mantiene anestesiadas, aisladas unas de otras, en eterna búsqueda del amor, encerradas en nuestra burbuja de miedos, y creyendo que estamos condenadas a sufrir por amor.

Coral Herrera trabaja desde la autocrítica amorosa feminista. Para aprender a querernos bien, y para poder relacionarnos de una forma más libre, igualitaria y amorosa con nosotras mismas, entre nosotras, y con los hombres, cree que es esencial que analicemos las relaciones de poder y las herramientas que tenemos para unirnos, para separarnos, para disfrutar del amor, para arreglar nuestros problemas y resolver los conflictos que tenemos con nuestras parejas y con las demás relaciones que construimos con nuestros seres queridos.

En esta recopilación de artículos, escritos con un lenguaje accesible y con espíritu alegre y combativo, la autora nos abre las puertas de una nueva utopía amorosa de carácter colectivo en la que quepamos todas y todos. Para llegar a ella es necesario hacer una revolución afectiva, sexual, amorosa, emocional, y cultural que nos permita construir relaciones más sanas y más bonitas.

Las mujeres que ya no sufren por amor son las protagonistas de esta transformación social  y esta revolución amorosa: hemos puesto en el centro del debate y la lucha feminista la ética de los cuidados, la política de las emociones, y el derecho de las mujeres al placer, al bienestar, y a disfrutar del amor, y de la vida en libertad, y en buenas compañías.


Coral Herrera Gómez es Doctora en Humanidades y Comunicación, escritora y bloggera, y coordinadora del Laboratorio del Amor, una red social de mujeres y un taller permanente en torno a los estudios sobre las relaciones amorosas desde una perspectiva de género. Ha trabajado como consultora de comunicación y género en organismos internacionales como Unesco, ILANUD, AECID y actualmente trabaja en UNED Costa Rica, y en Observatorio de Medios y Comunicación Centroamericano (GEMA). Escribe en su blog desde hace siete años y colabora en diversos medios de comunicación como Mente Sana o Pikara Magazine. Ha sido profesora e investigadora en la Universidad de la Sorbona en París IV, en la Universidad Carlos III de Madrid y ha publicado varios libros, entre los que destacan La construcción sociocultural del amor romántico (Fundamentos, fecha) y Más allá de las etiquetas (Txalaparta, 2011). También ha participado en varios libros colectivos e imparte conferencias en congresos internacionales sobre comunicación y género.



Herrera Gómez, Coral: Mujeres que ya no sufren por amor, Editorial Catarata, 2018, Madrid.



¿Cómo puedo conseguir el libro?

- Puedes encargarlo en tu librería favorita. 

- Puedes comprarlo on line en la web de la Editorial Catarata

- Puedes pedirlo en Amazon


11 de junio de 2018

El Laboratorio cumple 3 años



El Laboratorio del Amor cumple tres años este mes, para celebrarlo me he grabado un vídeo en el que os cuento qué es y cómo trabajamos lo romántico en buenas compañías.

Empezamos nuevo curso el 21 de Junio, aquí tenéis toda la información y el botón para inscribiros:

21 de mayo de 2018

¿Quienes son las Mujeres Que Ya no Sufren Por Amor? Prólogo del libro

Foto cortesía de la librería Louise Michel Liburuak


Las mujeres que ya no sufrimos por amor somos pocas aún, pero somos cada vez más. No nos hemos liberado del dolor ni hemos encontrado la fórmula para ser felices en el amor, pero nos llamamos así porque ya no nos sentimos condenadas a sufrir por amor: sabemos que lo romántico es político, y que otras formas de relacionarnos, de organizarnos y de querernos son posibles.

Las mujeres que ya no sufrimos por amor estamos haciendo la revolución amorosa desde los feminismos: estamos poniendo sobre la mesa la importancia de reinventar el amor romántico para sufrir menos, y disfrutar más del amor. Las redes sociales y afectivas, las emociones y los cuidados están en el centro de nuestro pensamiento, nuestros debates y nuestras luchas.

Las feministas hemos logrado muchos cambios a nivel legislativo y político, y estamos despatriarcalizando todo: la ciencia, la educación, las religiones, la medicina, la filosofía, el periodismo y la comunicación, el cine, el teatro, la democracia, los deportes, las instituciones, la familia… pero nos queda mucho trabajo por hacer en el nivel sexual, emocional y sentimental.

Aunque hace décadas que luchamos por alcanzar la autonomía económica, hasta hace poco se había hecho muy poco por la autonomía emocional, y cada una tenía que buscar las herramientas individualmente para poder trabajar la dependencia sentimental y despatriarcalizar sus emociones. Hoy, sin embargo, estamos trabajando colectivamente fabricando esas herramientas para la revolución de los afectos.

Nuestra forma de amar es patriarcal porque aprendemos a amar bajo las normas, las creencias, los modelos, las costumbres, los mitos, las tradiciones, la moral y la ética de la cultura a la que pertenecemos. Cada cultura construye su estructura emocional y sus patrones de relación desde una ideología concreta, por eso nuestra forma de amar en Occidente es patriarcal y capitalista.

Las niñas y los niños recibimos mensajes opuestos y aprendemos a amar de forma diferente, así que, cuando nos encontramos en la adultez, resulta imposible quererse bien. Los niños aprenden a valorar y defender su libertad y su autonomía; las niñas aprenden a renunciar a ellas como prueba de su amor cuando encuentran pareja. Las niñas aprenden a situar el amor en el centro de sus vidas, mientras que los niños aprenden que el amor y los afectos son “cosas de chicas”. Las niñas creen que para amar hay que sufrir, pasarlo mal, aguantar y esperar al milagro romántico; los niños, en cambio, no renuncian ni se sacrifican por amor. Las niñas aprenden a ser dulces princesas; los niños, a ser violentos guerreros. Ellas creen que su misión es dar a luz a la vida; la misión de ellos es matar al enemigo. Mientras ellas se hipersensibilizan y dibujan corazones por todos lados, ellos se mutilan emocionalmente para no sufrir y se preparan para ganar todas las batallas.

Así las cosas, no es de extrañar que cuando nos juntamos para amarnos el encuentro sea un desastre. En estas condiciones es imposible construir una relación basada en el respeto mutuo, el buen trato y la igualdad. Es imposible gozar del amor en una estructura de relación basada en la dominación y la sumisión, y en las luchas de poder que nos quitan gran parte de nuestro tiempo y energía: las guerras románticas que sostenemos nos impiden disfrutar del amor y de la vida.

Aprendemos a amar desde nuestra experiencia personal con la familia y el entorno más cercano, pero también con los relatos que mitifican el amor e idealizan unos modelos determinados de masculinidad y feminidad. Mitificar el amor sirve para que las mujeres, movidas por la pasión amorosa, interioricemos los valores del patriarcado, obedezcamos los mandatos de género y cumplamos con nuestros roles de mujer tradicional, moderna y posmoderna a la vez.

Estamos disfrutando de un salto tecnológico impresionante que nos permite contar relatos en múltiples formatos y soportes, pero el esquema narrativo de las historias sigue siendo el mismo: “Mientras él salva a la humanidad, ella espera a ser rescatada de la pobreza, de la explotación, de un encierro, de un hechizo, o de una vida aburrida. Cuando él termina su misión, va a buscarla y se la lleva a palacio, donde ambos vivirán felices y comerán perdices”.

Por culpa de estos cuentos, desde pequeñas nos convertimos en adictas a la droga del amor romántico, y así nos tienen entretenidas soñando con nuestra utopía romántica. Al patriarcado le conviene que permanezcamos encadenadas a esta ilusión, cada cual buscando la manera de ser rescatada por un príncipe azul. El milagro romántico nos aísla de las demás: para el patriarcado no hay nada más peligroso que las mujeres unidas, alegres y empoderadas trabajando en equipo en busca del bien común.

El romanticismo patriarcal es un mecanismo de control social para dominar a las mujeres bajo la promesa de la salvación y el paraíso amoroso en el que algún día seremos felices. La monogamia, por ejemplo, es un mito inventado exclusivamente para nosotras; ellos siempre han disfrutado de la diversidad sexual y amorosa y nos han prohibido que hagamos lo mismo. En el pasado, las leyes permitían a los hombres matar a sus esposas adúlteras. Hoy en día, la infidelidad femenina sigue siendo inaceptable, mientras se disculpan las “canitas al aire” de los hombres. Las mujeres seguimos sacrificándonos, renunciando, aguantando y sufriendo “por amor”, seguimos trabajando gratis en casa y en los cuidados “por amor”, seguimos soñando con la salvación personal a través del amor.

El patriarcado sigue vivo en nuestros corazones y goza de una excelente salud, por eso es tan importante hablar en términos políticos de nuestras emociones y relaciones. Desde mi perspectiva, el amor es un arma muy potente para revolucionar nuestro mundo y cambiarlo de abajo arriba. Podemos liberarlo de toda su carga patriarcal y expandirlo más allá de la pareja, hacia la comunidad. Podemos eliminar las jerarquías y luchas de poder entre nosotros, y construir nuestras relaciones con los demás desde la ternura, la empatía, la generosidad, la solidaridad y el compañerismo.

¿Os imagináis cómo sería el mundo si las mujeres, en lugar de despilfarrar nuestro tiempo en el amor romántico, lo dedicásemos a la lucha por una sociedad más libre e igualitaria? ¿Os imagináis a millones de mujeres trabajando unidas por la defensa de la naturaleza y los derechos humanos? Yo sueño con el día en que el amor rompa la barrera del dúo y pueda expandirse para cambiar toda nuestra forma de organizarnos y de relacionarnos.

Ese día aún está muy lejos: las ideas evolucionan a toda prisa, y somos geniales a la hora de imaginar nuevos modelos amorosos y nuevas formas de relacionarnos, pero las emociones evolucionan lentamente a lo largo de las décadas, y no podemos cambiar en dos semanas nuestra forma de sentir. Son muchos siglos de patriarcado los que llevamos a cuestas, y no tenemos herramientas aún para gestionar nuestras emociones. Seguimos con la misma madurez emocional de los primeros Homo sapiens: sentimos las emociones más básicas (alegría, ira, tristeza, miedo) de manera similar. La mayor parte de la humanidad resuelve sus conflictos con violencia, porque no nos educan para hacer frente a los tsunamis emocionales que nos invaden cada vez que sufrimos y hacemos sufrir a los demás. En las escuelas no nos enseñan a querernos bien, y cuesta mucho trabajo aprender a relacionarse con amor con nosotras mismas, con nuestro entorno y con la gente a la que queremos.

Sin embargo, estamos… en ello. 

Cada vez somos más mujeres pensando y debatiendo sobre nuestra forma de querernos y relacionarnos, cada vez somos más las que queremos liberar al amor del patriarcado, y las que reivindicamos nuestro derecho al bienestar, al placer y a la felicidad.

Las mujeres que ya no sufrimos por amor estamos analizando nuestra cultura amorosa para transformarla de arriba abajo, buscando otras formas de querernos, fabricando colectivamente herramientas para aprender a usar nuestro poder sin hacer daño a los demás, y para construir relaciones bonitas con los demás. Relaciones desinteresadas, relaciones basadas en el amor compañero, relaciones basadas en el placer, la ternura y la alegría de vivir.

Estamos con la imaginación activada, buscando nuevas formas de relacionarnos con nosotras mismas y con los demás. Queremos un mundo mejor para todos y todas, un mundo sin violencia, y sin guerras. Nuestro objetivo común es parar la guerra contra las mujeres y entre las mujeres, y contra nosotras mismas: queremos aprender a querernos bien para poder amar a los demás de la misma manera.

La revolución amorosa es a la vez personal y colectiva: lo romántico es político, pero también es social, económico, sexual y cultural. Queremos que el amor deje de ser un instrumento de opresión para utilizarlo como motor de la revolución sexual, afectiva y de cuidados en la que estamos trabajando desde los feminismos.

Las mujeres que ya no sufrimos por amor nos estamos cuestionando todo: ¿cómo desmitificamos el amor?, ¿cómo vamos a trabajar los patriarcados que nos habitan?, ¿cómo acabamos con las relaciones de dominación y sumisión?, ¿cómo nos liberamos de las masculinidades patriarcales?, ¿cómo aprendemos a amar sin hacernos la guerra?, ¿cómo podemos construir relaciones placenteras, hermosas, respetuosas, e igualitarias?, ¿cómo aprendemos a resolver nuestros conflictos sin violencia?, ¿cómo tejemos redes de cuidado, de trabajo cooperativo, de solidaridad con la gente?, ¿cómo vamos a trabajar desde el feminismo para reapropiarnos del placer, para reinventar el amor, para liberar al deseo de la culpa y los miedos?

Estamos en un momento apasionante. Por fin el amor ha dejado de ser un asunto íntimo y privado para convertirse en un debate social y político. Ahora hablamos de amor en las redes sociales, en las asambleas, en los bares, en las tesis doctorales, en los blogs, en los congresos y en las fiestas populares.

Las mujeres que ya no sufrimos por amor aún lo pasamos mal, pero no nos sentimos solas. Todas queremos vencer al monstruo de la soledad que nos tiene muertas de miedo, queremos superar la dependencia emocional, y aprender a amar desde la libertad, no desde la necesidad.

Es mucho el trabajo que tenemos por delante: queremos construir un amor compañero en el que nos sintamos libres e iguales. Queremos relaciones basadas en el buen trato, en el placer compartido, en la honestidad y la ternura. Queremos cambiar nuestra relación con nosotras mismas, y entre nosotras. Y queremos acabar con el patriarcado, la desigualdad, la pobreza y la violencia. Se trata de reinventar el amor para que nos alcance a todos y a todas.

El amor es una herramienta maravillosa para la transformación individual y colectiva. Cuando el amor no se reduce a la pareja y llega al vecindario, al barrio, al pueblo, entonces es un motor para construir una sociedad libre de explotación, violencia, jerarquías y dependencias.

La revolución amorosa que estamos llevando a cabo las mujeres feministas pone en el centro la alegría de vivir, los afectos, los cuidados y el placer. Sabemos que otras formas de quererse y organizarse son posibles, y aquí estamos: unidas, creativas y combativas, reivindicando el disfrute y el placer. Somos las mujeres que ya no sufren por amor.


Coral Herrera Gómez: Mujeres que ya no sufren por amor: Transformando el mito romántico, Editorial Libros de la Catarata, Madrid, 2018.










¿Cómo puedo conseguir el libro?

- Puedes encargarlo en tu librería favorita. 

- Puedes comprarlo en papel y en ebook en la web de la Editorial Catarata

- Puedes pedirlo en Amazon


16 de mayo de 2018

Feminismo para sufrir menos, y disfrutar más del amor: nuevo libro de Coral Herrera Gómez




En su nuevo libro, "Mujeres que ya no sufren por amor: transformando el mito romántico", Coral Herrera Gómez analiza la manera en la que aprendemos a ser hombres y mujeres, y a relacionarnos entre nosotros, con el objetivo aportar su granito de arena para liberar al amor de su carga machista y patriarcal. La autora cree que para poder sufrir menos, y disfrutar más del amor necesitamos herramientas para desmontar el amor romántico, y para llevar la teoría feminista a la práctica.

Coral Herrera afirma que el amor es una energía que mueve al mundo, y tiene un potencial transformador que es revolucionario a todos los niveles, porque puede cambiar nuestra forma de sentir, de gestionar nuestras emociones, de relacionarnos y de organizarnos social, política y económicamente. Ella nos invita a trabajar individual y colectivamente para despatriarcalizarlo, reinventarlo, ensancharlo, multiplicarlo, y expandirlo más allá de la pareja.

Bajo el lema de que lo romántico es político y otras formas de quererse son posibles, la autora propone algunas claves para desaprender todas las creencias en torno a la utopía romántica posmoderna de corte individualista que nos mantiene anestesiadas, aisladas unas de otras, en eterna búsqueda del amor, encerradas en nuestra burbuja de miedos, y creyendo que estamos condenadas a sufrir por amor.

Coral Herrera trabaja desde la autocrítica amorosa feminista. Para aprender a querernos bien, y para poder relacionarnos de una forma más libre, igualitaria y amorosa con nosotras mismas, entre nosotras, y con los hombres, cree que es esencial que analicemos las relaciones de poder y las herramientas que tenemos para unirnos, para separarnos, para disfrutar del amor, para arreglar nuestros problemas y resolver los conflictos que tenemos con nuestras parejas y con las demás relaciones que construimos con nuestros seres queridos.

En esta recopilación de artículos, escritos con un lenguaje accesible y con espíritu alegre y combativo, la autora nos abre las puertas de una nueva utopía amorosa de carácter colectivo en la que quepamos todas y todos. Para llegar a ella es necesario hacer una revolución afectiva, sexual, amorosa, emocional, y cultural que nos permita construir relaciones más sanas y más bonitas.

Las mujeres que ya no sufren por amor son las protagonistas de esta transformación social  y esta revolución amorosa: hemos puesto en el centro del debate y la lucha feminista la ética de los cuidados, la política de las emociones, y el derecho de las mujeres al placer, al bienestar, y a disfrutar del amor, y de la vida en libertad, y en buenas compañías.


Coral Herrera Gómez es Doctora en Humanidades y Comunicación, escritora y bloggera, y coordinadora del Laboratorio del Amor, una red social de mujeres y un taller permanente en torno a los estudios sobre las relaciones amorosas desde una perspectiva de género. Ha trabajado como consultora de comunicación y género en organismos internacionales como Unesco, ILANUD, AECID y actualmente trabaja en UNED Costa Rica, y en Observatorio de Medios y Comunicación Centroamericano (GEMA). Escribe en su blog desde hace siete años y colabora en diversos medios de comunicación como Mente Sana o Pikara Magazine. Ha sido profesora e investigadora en la Universidad de la Sorbona en París IV, en la Universidad Carlos III de Madrid y ha publicado varios libros, entre los que destacan La construcción sociocultural del amor romántico (Fundamentos, fecha) y Más allá de las etiquetas (Txalaparta, 2011). También ha participado en varios libros colectivos e imparte conferencias en congresos internacionales sobre comunicación y género.



Herrera Gómez, Coral: Mujeres que ya no sufren por amor, Editorial Catarata, 2018, Madrid.





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- Puedes comprarlo on line en la web de la Editorial Catarata

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12 de mayo de 2018

Mujeres que ya no sufren por amor



Cada vez que una de nosotras deja a un hombre que no la quiere, es un triunfo para el feminismo. Cada paso que damos para liberarnos del romanticismo patriarcal es un logro a la vez individual y colectivo. Cada vez que una mujer deja una relación en la que no es feliz, en la que no es correspondida, o en la que no es bien tratada, nos liberamos un poco todas. Estamos dando pasos gigantescos cada vez que decidimos que estamos mejor sin pareja que con ella, porque antes las mujeres no podíamos divorciarnos y teníamos que "aguantar". Ahora ya no estamos para sufrir, para sacrificarnos, para renunciar, para someternos al rol que nos han impuesto: ahora somos más autónomas, más libres y más felices, tenemos nuestras redes de afecto, y queremos disfrutar del sexo, del amor y de la vida con gente valiente y comprometida. Somos un peligro para el patriarcado, somos la resistencia, somos las "Mujeres que ya no sufren por amor". 

Mii libro está en las librerías desde el 21 de mayo, 


y en la web de la Editorial Catarata, en papel y en ebook 

#MujeresQueYaNoSufrenPorAmor




¿Cómo conseguir el libro? 

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8 de mayo de 2018

¿Y tú, a qué estás esperando?


by Sean Joro, Hule

Esperamos que nos vuelvan a invitar a salir después de la noche de pasión,
esperamos que no sea la primera y también la última. 
Esperamos que nos contesten un wassap, una mensaje, un mail, una llamada, 
esperamos que nos den un toque de facebook, un corazoncito en instagram, un like en twitter...
Esperamos que nos salve del aburrimiento y del vacío existencial, 
que nos cure los miedos y nos haga felices, 
que sea tan bonito como nos lo contaron,

que nos quepa el zapatito y nos lleve a su palacio de cristal.
Esperamos el final feliz que nos merecemos,

esperamos que sea para siempre. 

Esperamos a que llegue a casa al final del día,
Esperamos que no nos mienta, 
esperamos a ver si cambia,

esperamos a ver si se cura, 
esperamos a ver si arregla sus problemas, 
esperamos a ver si se divorcia de su esposa de una vez por todas. 
Esperamos a ver si le llega la madurez como por arte de magia, 
esperamos a ver si asienta la cabeza (junto a nosotras), 
esperamos ser las elegidas para formar una familia, 
esperamos que no nos de plantón de nuevo. 
Esperamos a ver si paga la pensión alimenticia. 
Esperamos a ver si desaparece de nuestras vidas y nos deja en paz, 
esperamos al futuro a ver si allí volvemos a enamorarnos. 
Esperamos que la próxima vez podamos hacerlo mejor, 
Esperamos la llegada del nuevo príncipe azul,
Esperamos que nuestro amor lo conmueva, lo transforme, lo deleite. 
Esperamos que aprenda, que reflexione, que tome decisiones, que de el paso, que reaccione.  
Esperamos que algún día deje de tener miedo y sea valiente. 
Esperamos que la próxima vez no vuelva a ocurrir. 
Esperamos que algún día nos necesite, 
esperamos que algún día él se de cuenta de lo especiales que somos, 
que pase algo mágico y aprenda a amar, 
que venga a nosotras rendido de amor y ternura.
Esperamos ser importantes y necesarias, 
esperamos poder salvar a quien nos lo pida, 
esperamos el milagro que nos regale el amor verdadero.

Esperamos demasiado. 
Esperamos en vano. 
Esperamos para nada. 

¿Y tú, a qué estás esperando para liberarte de la espera?


22 de febrero de 2018

#ParoRomántico #8M


Las mujeres haremos también huelga de amor romántico el 8 de marzo para reivindicar que queremos ser tratadas como iguales en nuestras relaciones de pareja, queremos relaciones libres e igualitarias basadas en el amor compañero.

Queremos compartir el amor, hacerlo más grande, liberarlo de toda su carga machista y patriarcal, expandirlo a la tribu y a la comunidad.

Queremos garantizado nuestro derecho a vivir una vida libre de violencia. Queremos reivindicar los amores diversos y que se respeten todas nuestras formas de amar, sea cual sea nuestra orientación sexual.

Queremos disfrutar del amor, del sexo, de los afectos en libertad. Queremos relaciones de respeto, de placer y cuidados mutuos, queremos educación sexual y emocional, queremos anticonceptivos y queremos que todas las mujeres podamos tener garantizados nuestros derechos sexuales y reproductivos.

#8M #HuelgaInternacionalDeMujeres #HuelgaFeminista #ParoRomántico #LoRománticoEsPolítico #NingúnAmorEsIlegal #OtrasFormasDeQuererseSonPosibles

13 de febrero de 2018

San Valentín 2018

Veo a muchas chicas hablando del día de San Valentín, no veo a ningún chico hablando de tan sagrada fecha, ¿será que a ellos les importa poco o muy poco, y que a nosotras mucho, o demasiado? Da qué pensar, ¿no, compañeras?, ¿nos lo miramos juntas?



¿Crees que vives en un mundo lleno de parejas felices?





Estábamos celebrando un chat en directo en el Laboratorio del Amor cuando una compañera nos contó que ella cuando caminaba por la calle y veía tantas parejas felices con o sin hijos, con o sin perro, se preguntaba: ¿por qué yo no puedo estar así, emparejada y feliz?, ¿por qué todo el mundo menos yo? 

Enseguida nos pusimos a desmontar las imágenes idílicas que habitan nuestro imaginario colectivo sobre las parejas:

De todas las parejas felices que ves paseando por el parque, unas están en proceso de separación, otras están juntas porque creen que no les queda otro remedio.

Unas acaban de discutir a gritos y llantos antes de salir con sus galas de domingo a pasear su “felicidad”, otras llevan sin hablarse una semana.

De todas esas parejas felices que vemos en el súper y en el centro comercial, hay un alto porcentaje de personas que se han arrepentido o se arrepienten de haberse juntado a su pareja pero se han resignado. También es probable que un alto número de ellas apenas tenga encuentros sexuales, si acaso algún sabadete al mes y para de contar.

Hay parejas que ves en las fiestas tan sonrientes que viven verdaderos infiernos conyugales, pero no saben o no pueden salir de ellos y se han habituado a pasar la vida peleando y guerreando.

Hay muchas parejas que en realidad no son pareja pero siguen conviviendo juntos, bien “por los niños”, bien por cuestiones económicas o logísticas (no todo el mundo se puede permitir el divorcio), bien por costumbre o por miedo a quedarse solo/a.

Hay parejas felices abiertas que tienen varias parejas, unas son felices y otras lo pasan fatal, ambos o uno de ellos.

Hay también parejas clandestinas que pasean con miedo a ser descubiertas, hay parejas que pasean sin saber que la otra persona junto a la que caminan tiene un amante.

Si, hay parejas felices y enamoradas, sobre todo las que están empezando: las vemos radiantes, haciéndose arrumacos, mirándose con deseo, tocándose en todas partes. Pero cuando acaba la borrachera del enamoramiento, muchas veces la cosa no culmina en la construcción de un amor feliz, sino que generalmente se acaba la relación porque no da para más la cosa. 

Cuando si da para construir una relación amorosa, el paso del tiempo va haciendo estragos en casi todas las parejas. El aburrimiento, el Ego, la necesidad de sentir nuevas emociones con nuevas personas nos hacen romper todos los juramentos de amor eterno que hacemos al principio. Esto sobre todo les pasa a ellos, porque como a nosotras nos inocularon el mito de la monogamia, nos cuesta más expandir nuestro amor a más personas, y encima seguimos creyendo que es para los hombres también. Pero incluso nosotras también nos saltamos las normas, aunque lo tengamos muchísimo más difícil que ellos: tenemos menos tiempo, (recordemos que según las estadísticas, ellos tienen 4 o 5 horas de tiempo libre al día y nosotras una o ninguna), y socialmente está peor vista la infidelidad femenina que la masculina. En algunos países te matan por ser infiel, te encarcelan o te torturan si eres mujer.

Hay parejas felices que ves entrando al cine cuyos miembros sufren porque no saben amar, porque son egoístas e interesados, porque no confían en nadie, porque tienen miedo de ser felices.

Hay parejas felices que van a misa en las que las mujeres están sufriendo malos tratos y violaciones a manos de su propia pareja, pero tú no te das cuenta. De todas esas mujeres, algunas serán asesinadas por la violencia machista. Algunas de esas parejas tienen hijos e hijas que también sufren la violencia machista, los malos tratos y los abusos sexuales de sus padres, padrastros, abuelos, tíos, primos o gente cercana, aunque no puedas verlo cuando van todos vestidos de punta en blanco simulando ser una familia feliz.

Por eso es tan importante desmitificar a la pareja como la quintaesencia de la felicidad: el patriarcado no nos deja disfrutar del amor. Es muy complicado quererse bien cuando no hay igualdad, admiración, respeto, fascinación mutua. No se puede construir nada en relaciones en las que unos son sujeto y las otras objeto. 

Todas nuestras relaciones humanas son complejas, y a menudo conflictivas. En todas sostenemos luchas de poder, dominamos o nos dominan, abusamos o abusan de nosotras. En todas las relaciones tenemos problemas para comunicarnos con claridad y asertividad, para contener nuestras emociones más fuertes, y nos cuesta relacionarnos de tú a tú, de igual a igual. En las relaciones de pareja es más complicado todavía.

Nuestras emociones son patriarcales, nuestros sueños y anhelos son patriarcales, nuestro deseo es patriarcal. En la teoría y el discurso tenemos muy claro que hay que liberarse del patriarcado, pero el cambio en las emociones es mucho más lento, son muchos siglos de patriarcado. 

Aguantamos y sufrimos tanto en pareja porque el romanticismo occidental está basado en el masoquismo femenino, y las mujeres creemos que no se puede desligar el amor del sufrimiento, el amor del sacrificio, el amor de la renuncia.

No sabemos separarnos con amor, no sabemos parar una relación en cuanto detectamos la primera señal de que la cosa no nos conviene, o no funciona y no va a funcionar. Toda la cultura mitifica el amor de pareja, pero lo cierto es que no todos sabemos querernos bien: para construir una pareja hay que trabajárselo día a día, y también, hay que tener mucha suerte para encontrar una persona con la que poder disfrutar del amor.

Porque no abundan.

Es casi un milagro encontrar a alguien especial con el que surja un enamoramiento recíproco y la magia se sostenga en el tiempo. 

A veces ocurre que nos juntamos a personas que no conocemos y no resultan ser tan geniales cuando nos vamos conociendo.

Otras veces sucede que sí te encanta como es la otra persona, pero notas que se le va pasando poco a poco el enamoramiento y se va alejando de ti.

O al revés, eres tú la que te vas alejando porque se te baja el deseo, las ganas, o simplemente te va dejando de gustar o la otra persona conforme la vas conociendo mejor.

Entonces si lo pensáis, es bien difícil tener pareja, y sobre todo, es difícil que dure. La realidad es que nos juntamos para probar si nos va bien, si funcionamos, si hay química, si hay compatibilidad, pero si nos enamoramos y la otra persona no nos corresponde, sufrimos. Fijaos si es complicado: los hombres han sido educados con un concepto de amor, y nosotras con otro radicalmente diferentes. Por eso a ellos les importa poco San Valentín y para nosotras es tan importante.

No podemos estar siempre deseando que el amor nos colme, nos complete, nos haga volar, nos empodere, nos permita valorarnos y querernos a nosotras mismas. No nos hace falta tener pareja: nos hace falta tener comida, un techo para cobijarnos, una ducha, ropa para vestir, agua potable para beber, atención sanitaria de calidad y gratuita, educación pública de calidad y gratuita, salarios dignos... 

Tanto si hemos vivido un romance brutal con una conexión absoluta como si no hemos experimentado jamás tal éxtasis, la meta de nuestras vidas no puede ser el paraíso romántico. La búsqueda de la media naranja no puede convertirse en el centro de nuestras vidas.

Porque si todo nuestro tiempo y energías los dedicamos a encontrar al Príncipe Azul y a retenerlo a nuestro lado, ¿qué pasa con nuestros proyectos, con nuestras pasiones, con nuestra red de afectos? El amor no puede ser una eterna carencia o un sueño imposible, sino una energía que flota en el ambiente cuando eres feliz, cuando estás con tus tribus, cuando tienes mucha alegría de vivir, cuando tienes ganas de disfrutar de la vida, cuando no necesitas tener una pareja para ser feliz.

Y precisamente esta es la clave de la transformación individual y colectiva que necesitamos: que todas podamos liberarnos del miedo a la soledad, y de la necesidad de tener pareja para poder amar en libertad. Y para disfrutar de la vida todo el tiempo, con o sin pareja. 


Coral Herrera Gómez

11 de febrero de 2018

Otras formas de organizarnos son posibles



Nuestra sociedad se organiza en jerarquías. En lo más alto de la pirámide están unos pocos multimillonarios, en su mayoría hombres blancos que toman decisiones importantes que afectan a todo el planeta. Y abajo estamos todos los demás. Cada uno ocupamos una posición diferente dentro de esta pirámide social y económica, dependiendo del país en el que hemos nacido, la clase a la que pertenecemos, si somos hombres o mujeres, si somos heteros o no lo somos, la edad que tenemos, la profesión que ejercemos, la religión que seguimos... los de arriba nos oprimen y nosotros oprimimos a los de abajo.

En esto consiste el patriarcado capitalista o el patriarcapitalismo. Para que unos pocos dejen de acumular todo el poder y todos los recursos explotando a los demás, tenemos que acabar con esta jerarquía basada en la dominación masculina y el supremacismo blanco, y buscar otras formas de organizarnos política, social y económicamente de manera que todos podamos disfrutar de la vida y de las riquezas que poseemos en común. 

Nuestras relaciones personales y sociales son conflictivas y a menudo son interesadas. Casi todas las relaciones están basadas en el abuso y la dominación: todos queremos llevar razón, queremos que las cosas se hagan como a nosotros nos conviene, queremos imponer nuestros puntos de vista y nuestras necesidades, queremos ser amados,, respetados y admirados, queremos acumular poder y riquezas, queremos ganar todas las batallas.

Vamos cambiando de papeles según la edad y las circunstancias: somos madres e hijas a la vez, podemos ser alumnas y profesoras, ciudadanas y presidentas, empleadas y jefas. Según el lugar en el que estamos hacemos uso de nuestro poder para manipular a los demás, desde una posición dominante o sumisa.

Los más poderosos nos roban el tiempo y la energía para enriquecerse a cambio de salarios indecentes, nosotros nos compramos ropa hecha por esclavas que apenas cobran unos céntimos al día. Los más débiles son quienes más sufren la violencia: mujeres, niñas, mujeres ancianas, mujeres indígenas o afrodescendientes, mujeres pobres... para acabar con tanto sufrimiento tenemos que cambiar nuestra forma de organizarnos y de relacionarnos.

Tenemos que acabar con esta estructura de explotación: es urgente acabar con la pobreza, la violencia, la esclavitud, la guerra contra las mujeres, la guerra contra la naturaleza y el clima.
Este sistema no funciona, y nuestras relaciones interpersonales son demasiado dolorosas. Perdemos mucho tiempo y energías en amar a quien no nos corresponde, en luchas de poder en las que todos queremos ganar, en relaciones tóxicas que no nos hacen felices. Estas luchas nos agotan y nos tienen en conflicto permanente, por eso es tan importante preguntarnos: ¿cómo podemos aprender a convivir en paz?, ¿cómo podríamos solucionar los problemas que tenemos sin violencia?, ¿cómo dejar de guerrear y empezar a querernos bien?, ¿cómo hacemos para tratarnos con amabilidad?, ¿cómo podríamos construir relaciones más horizontales, más equilibradas, y más bonitas?

Hay que acabar con el patriarcado y el capitalismo: nos dirigimos de cabeza hacia la autodestrucción. Vivimos en un mundo en el que millones de personas sufren los efectos de las hambrunas, las guerras, el exilio, la inmigración, el clasismo, la xenofobia, el machismo, el racismo, el odio contra la gente diversa.

Demasiado dolor y demasiadas injusticias: para soñar con otro mundo tenemos que inventar nuevas formas de trabajar en equipo, tenemos que pensar en el bien común y en la buena vida para todas y todos, tenemos que cambiar sistema de abajo a arriba.

La especie humana sobrevivió gracias a la empatía y la solidaridad. El amor como forma de relación con el mundo y con los demás nos ha permitido cooperar para sacar adelante proyectos, para avanzar, para mejorar las vidas de millones de seres humanos. Tenemos una hermosa capacidad para cuidarnos los unos a los otros, para colaborar y ayudarnos mutuamente. Ahora vivimos en un mundo atroz y deshumanizado en la que hemos abandonado estas redes de cuido, de trabajo en equipo, de solidaridad en grupo. El individualismo nos enferma de soledad: necesitamos volver a recuperar estas redes para poder hacer frente a este sistema injusto, desigual y violento.

Es urgente acabar con la pobreza y dejar de destrozar el planeta, es urgente cambiar el modo de producir y de consumir, es urgente acabar con las guerras y la violencia entre los pueblos, entre los vecinos, entre la familia, en las parejas. Hay que redistribuir las riquezas para que nos alcancen a todos, hay que dejar de alimentar el odio contra los demás, hay que aprender a quererse más y mejor. 

Y lo más importante: hay que seguir trabajando para que todos y todas tengamos garantizados las libertades y los derechos humanos fundamentales.

Otras formas de organizarse y de relacionarse son posibles: necesitamos mucha generosidad, mucha solidaridad, mucha alegría de vivir y mucho amor del bueno para construir un mundo más humano, más pacífico, más justo, más igualitario y diverso en el que quepamos todos y todas.

Coral Herrera Gómez

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