31 de julio de 2021

Día 2: Las tetas liberadas. En la Playa del Patriarcado



Hoy hemos bajado a la playa con mi amiga María, que ha hecho una parada en su viaje de Cádiz a Granada para visitarnos junto con su compañero y su hija, Malena. Cuando me quito la ropa y me siento en la toalla, noto que mi amiga me mira extrañada y cuando le pregunto que qué pasa, me dice, asombrada:

-Nada, que estaba esperando a ver si te quitas la parte de arriba del bikini, pa' ponernos las dos en tetas. ¿Ya no tomas el sol en tetas o qué?

Yo me quedé unos segundos sin saber qué decir. 

-Pues no sé si te lo podrás creer, pero como me he pasado nueve años en Costa Rica sin desnudarme en las playas, he perdido la costumbre. Me da no sé qué, Mari. 

- Jajja, Kori, pero si cuando fui a verte a Costa Rica estabas todo el día dando teta al niño en todos lados. 

-Sí, pero fíjate que no hacía top-less en la playa. Una vez vi a una gringa que se atrevió a hacerlo y todo el mundo la miraba mal, y al final se puso la parte de arriba del bikini. Yo ni cuando estábamos en playas sin gente me destetaba, me daba miedo que me montasen una escena o que viniera la poli. 

Es cierto que las tetas nutricias también molestan, y que yo defendí a capa y espada mi derechos a amamantar, y el derecho de mi bebé a comer siempre que lo necesitase. Fue una postura política frente a las miradas de desprecio y a la proliferación de salas de maternidad en los edificios públicos. Eran espacios asfixiantes, y me parecía que lo que intentaba no era tanto facilitar a las mamás la tarea, sino apartarnos del espacio público para no escandalizar a las mentes puritanas. 

Porque ya sabemos que las tetas para excitar a los hombres y para vender todo tipo de artilugios están bien vistas, pero las tetas para nutrir a nuestras crías no se aceptan porque les resultan "obscenas". 

Así que yo me pasé los cuatro años y medio de lactancia mostrando mis tetas nutricias y obscenas en los parques, en el bus, en la sala de espera de inmigración, en el banco, en las tiendas, en las reuniones familiares, en las fiestas, en las manifestaciones, en todos lados. 

Había gente que miraba para otro lado, gente que me miraba escandalizada, y mujeres que me sonreían con complicidad. 

Ahora que mis tetas ya no son nutricias, vuelven a ser tetas de mujer, pero ya no son tetas de adolescente, como antes. Crecieron muchísimo, dieron litros y litros de leche, y luego se desinflaron. Son unas tetas nuevas y no sé qué hacer con ellas. 

Mi amiga se quita el bikini y se mete en el agua. Yo de pronto escucho mi voz interior patriarcal: "Coral, ya no son tetas bonitas, ya las tienes ya un poco caídas, ¿no? Además la panza postparto que no se te ha quitado nunca, este año no estás tú muy para lucirte, ¿no?"

Aviso a los compañeros que me voy a dar un paseo, agarro mi sombrero y mis gafas violetas, y empiezo a caminar, mientras mi patriarcado interior me va dando argumentos para que abandone la idea de quitarme el bañador. 

Mientras, me fijo en las mujeres que sí se atreven, y hago un pequeño análisis sobre mis observaciones. 

La mayor parte de ellas son de cuarenta años para arriba. Unas tienen las tetas operadas y otras no, y todas están tan a gusto. 

Las adolescentes, ninguna se atreve. Todas tienen bikinis muy sexys que permiten activar la imaginación, pero están constantemente ajustándose el bikini para no enseñar más de lo que pueden enseñar.  

Unas arquean mucho la espalda, sacando el culo para destacar su pecho, otras en cambio hacen el arqueo al revés, haciendo joroba, para no destacar nada. 

Tienen unos cuerpos bellísimos, pero se sienten avergonzadas, especialmente las que están en grupos mixtos. Noto que las chavalas en grupos de mujeres se mueven de una forma más libre y no están tan pendientes de lo que enseñan, ni arquean tanto la espalda para destacar o para ocultar su fisonomía. 

Veo a las de 70 y 80 pasear tan a gusto con sus tetas liberadas, y me dan ganas de quitarme inmediatamente el bikini. Se las ve tan empoderadas y seguras de sí mismas, y vuelvo a ver otro grupo de adolescentes tapadas, y pienso, "madre mía, con lo que podrían disfrutar las de 20 si supieran ya lo que saben las de 70"

Y me pongo a pensar en cómo el patriarcado se nos mete dentro para que vivamos en guerra contra nosotras mismas durante los años en los que tenemos salud, alegría y energía para disfrutar de la vida. 

Pienso en todas las mujeres a las que no le gustan sus propios pechos, ni su barriga, ni sus muslos, ni sus michelines, ni sus arrugas.  Pienso en las 16 mil mujeres que se operan los pechos cada año en España para agrandarlos, reducirlos o elevarlos, las 20 millones de mujeres que se someten en el mundo cada año a intervenciones quirúrgicas por motivos estéticos, y las cientos o miles de mujeres que mueren durante o después de la intervención. 

Pienso en ese 43% de las mujeres que declaran haberse sentido incómodas por practicar la lactancia materna en público en España, y en el 14% de las madres que opta por abandonar esta práctica por este motivo, según la 'Encuesta Nacional sobre Hábitos de Lactancia', un estudio impulsado por la Iniciativa Mundial de la Lactancia Materna.

Pienso que es increíble que en pleno siglo XXI siga existiendo un rechazo tan fuerte al desnudo, con lo placentero que es y la sensación de libertad que te entra cuando tu piel entra en contacto con los rayos de sol, el viento y el agua del mar. 

La obscenidad sólo está en la mirada de la persona que se siente incómoda o excitada ante unas tetas femeninas que toman el sol o que dan leche. 

Y entonces aparece la voz de la feminista que hay en mí, y me pregunto a mi misma: ¿pero tú alguna vez has querido mostrar tus tetas para lucirlas?, ¿no, verdad?, tú te desnudas porque te encanta estar en la naturaleza sin ropa. Pues entonces lo mismo te da enseñar las tetas cuando tienes 20 años que cuando estás a punto de cumplir 44. Sigues siendo la misma mujer todo el tiempo. 

Cuando regreso a mi sombrilla, después de ver tetas de todos los tamaños, colores y formas, y tetas de todas las edades y diversos tonos de piel, y después de reflexionar sobre cómo el patriarcado y el capitalismo utilizan las tetas para someternos a todas, aún no me he decidido. Tengo claro el tema a nivel intelectual, pero,  cómo cuesta ponerlo en práctica.  

Mientras bebo agua fresquita del termo, me doy cuenta de que Malena está agarrada a su libro y no se ha quitado la camiseta de manga larga, con el calor que hace.

Malena está a punto de cumplir 11 años, pero tiene desarrollo precoz y se siente super avergonzada. Me siento junto a ella, aprovechando que los demás se están bañando en el Mar Patriarcal, y le cuento lo que me está pasando. 

- ¿Te puedes creer que yo siempre he tomado el sol con las tetas al aire libre, y que ahora me da vergüenza porque soy más mayor y las tengo un poco caídas? 

Malena aparta la vista del libro y me sonríe. 

- ¿Cuando te empezaron a salir también te daba vergüenza?

- También, sí. Al principio, en la piscina, pero como mi madre y sus amigas tomaban el sol en tetas en el pantano, me di cuenta de que se vive mejor cuando te sientes tan libre y tan tranquila. 

- Mi madre me ha contado que antes siempre ibais a playas nudistas. 

-Es que es donde mejor se está. En la naturaleza, desnuda, sintiéndote libre. No como en esta playa patriarcal, que no nos dejan desnudarnos. 

- Bueno mi madre se ha quedado en tetas, mírala. Y hay más mujeres un poco más allá: yo creo que las que son feministas van todas en tetas. Tú también eres feminista, ¿no, Kori?  

- Si, mi amor. Pero es que no veas, el patriarcado se te mete dentro, y es bien difícil no hacerle caso. No importa que seas o no feminista: es que lo llevamos aquí dentro, y por eso nos cuesta tanto hacer cosas que nos gustan.  

- ¿Y a ti qué te dice el patriarcado? .- Malena se ríe pensando que soy una tía muy graciosa. 

- Que no me quede con las tetas al aire, porque no son tetas como las de las modelos o las actrices, no son tetas para vender un producto, no son tetas para que disfruten los hombres. 

- ¿Y para qué te dice eso el patriarcado? 

- Para que me de vergüenza y me tape. Pero mira una cosa, Malena, al patriarcado hay que  desobedecerle y hay que sacarle de aquí. -le digo señalando mi cabeza. 

- ¿Y qué es el patriarcado? 

- Es esa voz interior que te hace avergonzarte de tu cuerpo, que te dice que tu cuerpo es pecado, y que eres fea, gorda, vieja, y no vales. Es esa voz que te vigila constantemente y te obliga a estar sexy, a seguir los estereotipos y las normas, a ser la mejor en todo, y que te hace la guerra a ti misma todo el día. Es una voz que te somete a la opinión de los demás, no te deja disfrutar y te fastidia todos los momentos hermosos de tu vida. 

- Yo creo que tengo ya esa voz del patriarcado dentro, tía Kori. Yo también siento vergüenza porque me están saliendo las tetas. Y es que yo aún soy una niña, pero mira lo que me está pasando. Hasta pelos me están saliendo. 

- Pues Malena, no le escuches al patriarcado, no le des poder sobre ti. Estás en un momento de transición bien bonito. Nuestros cuerpos cambian, nuestras tetas cambian, todo va cambiando en nosotras... nuestros cuerpos son nuestra casa. Hay que sacarlo fuera de nosotras para que no nos torture y no nos haga la vida imposible. Si le hiciésemos caso, las mujeres nunca haríamos nada. 

- Pero, ¿cómo se saca al patriarcado de aquí?

- Hablando con él, y llevándole la contraria todo el rato. El patriarcado nos quiere inseguras, sumisas, acomplejadas, tristes, aburridas, dependientes y miedosas. 

- Es un señor amargado, el patriarcado.

- Muy amargado, jajaj, es verdad. Yo lo que quiero en realidad es ser libre, y que todas podamos elegir si queremos o no sacar las tetas al viento. Pero para poder ser libres, tenemos que rebelarnos y ser valientes. Mis abuelas no pudieron tomar sol con las tetas al aire, pero gracias a que muchas mujeres se atrevieron a romper con las normas, hoy nosotras podemos quitarnos la parte de arriba del bikini. 

Me quité la parte de arriba del bikini. 

Malena me miró asombrada.

-Ahora me siento mucho mejor, ¿ves? -sonrío y sigo diciendo -mis tetas son mías y les encanta tomar el sol. 

- No sé por qué te da vergüenza, yo te las veo muy bonitas. 

- Gracias, cariño. 

- Yo también las voy a poner al sol. 

Malena se quitó la camiseta y yo le pasé el bote de crema: "Hay que cuidar nuestras tetas liberadas"

Cuando su madre regresó me miró con una alegría inmensa y me preguntó con la mirada: ¿cómo lo has conseguido?

- Mira, María, a las dos nos daba vergüenza, pero nuestras tetas se han liberado por fin. 

-¡Me alegro mucho, chicas! 

-¿Le damos un bañito a las tetas, Kori?

-¡Vamos!

Las dos nos metimos en el agua dando gritos de alegría por la victoria contra el patriarcado interior. 

- Ser rebelde, es ser libre, ¡nosotras somos libres! -gritaba Malena feliz

- ¡Ya no nos da más vergüenza, que vivan las tetas liberadas!- gritaba yo, eufórica.  


Yo creo que no se nos va a olvidar este acontecimiento a ninguna de las dos. Nos hemos hecho una foto para conmemorar el día en que nos atrevimos a liberar nuestras tetas en la Playa del Patriarcado. 

Pero no la subo aquí porque las tetas cuanto más libres son, más obscenas resultan a la censura: los pezones libres de las mujeres están prohibidos en las redes sociales del Patriarcado.

¿Y qué hay de vosotras, cómo hacéis con vuestras tetas en la playa?, 

¿cómo mandáis callar a la voz del patriarcado?, ¿lográis mantenerlo a  raya?

¡Mañana más!

Coral Herrera Gómez 


Mis vacaciones en la Playa del Patriarcado

Día 1: Las mujeres sin vacaciones, y los manolos, en La Playa Del Patriarcado

Día 2: Las tetas liberadas, en la Playa del Patriarcado 

Día 3: La tormenta en el Mediterráneo, en la Playa del Patriarcado. 

Día 4: Las familias felices, en la Playa del Patriarcado

Día 5: Una cita romántica, en la Playa del Patriarcado 

Día 6: Hombres que quieren ser libres: el Juanfran y sus amigos en la Playa del Patriarcado



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30 de julio de 2021

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29 de julio de 2021

Día 1. Las mujeres sin vacaciones y los manolos, en #LaPlayaDelPatriarcado


Día 1 

En esta mini serie quiero compartir con vosotras como es pasar tu verano en la Playa del Patriarcado

Hoy es el primer día.  En cuanto extiendo mi toalla en la arena me pongo la crema solar, abro mi libro para disimular, y me pongo las gafas violetas de analizar. No lo puedo evitar. Mi chico me dice que me paso todo el año analizando y que por favor desconecte un poco de la realidad, pero la Playa del Patriarcado es un sitio increíble que te permite palpar con tus propias manos lo que para mucha gente es una abstracción o un invento del feminismo. 

Ayer en cuanto llegué me di cuenta de que el tema del día sería: uso del tiempo libre con perspectiva de género: ¿cómo disfrutan hombres y mujeres de su tiempo libre frente al mar patriarcal?

Llegó una familia formada por una mujer y su marido, dos hijas, y cinco nietas. El marido se llamaba Manolo, y nada más llegar hizo lo que hacen los astronautas en la luna: un pequeño agujero en la arena para colocar la bandera, en este caso, una sombrilla de color verde. Desplegó el artefacto protector, y una de las sillas. Se quitó su camiseta, se descalzó, se sentó en la silla, y se encendió un cigarro, mirando al horizonte patriarcal con cara de orgullo y satisfacción. 

Carmen sacó de la nevera una cerveza fresquita y se la dio a su marido, como premio por su hazaña, y después se puso a organizar las mesas, las sillas, las neveras, los juguetes del playa, las toallas, y el carrito del bebé. Su hija mayor se puso a dar crema solar a cada uno de sus nietos y nietas mientas su hija menor cambiaba los pañales del bebé. Entre todas hincharon manguitos y flotadores, y después se pusieron crema en sus propios cuerpos. La hija menor se puso a dar teta, la mayor sacó un libro, pero su hija mayor la interrumpió enseguida: "mami, vente a bañarte con nosotras". 

Las dos hijas se bañaron con su prole mientras Carmen acunaba a la bebé, y a la salida volvieron a repetir la operación de la crema solar, mientras Manolo tomaba su tercera cerveza y fumaba su quinto cigarro, sin despegarse de su móvil. La hija pequeña daba teta al bebé y la mayor jugaba con los demás niños en la orilla, mientras Carmen llamaba a su hermana para preguntarle por su brazo escayolado, y por los resultados del análisis de su hijo. 

Al poco rato las mujeres empezaron los preparativos para la comida. Al ver el menú me di cuenta del trabajo que habían estado haciendo las mujeres bien temprano en la mañana, antes de ir a la playa: tortilla de patatas, ensalada campera, boquerones en vinagre, filetes empanados, y bizcocho de postre. Cerveza para las adultas, agua y zumos para los niños. El día anterior fueron al súper a comprar los alimentos y las bebidas, anoté. 

Después de comer las mujeres lo recogieron todo, y Manolo siguió sin mover un dedo. Echó para atrás su tumbona y se puso a dormir la siesta, mientras sus hijas recogían, limpiaban y llevaban la basura al contenedor. El tipo se dio unos tres baños en todo el día y se comportó todo el tiempo como si él fuese el rey, y las demás mujeres sus sirvientas: se le notaba como pez en el agua en la Playa del Patriarcado.

Al terminar la jornada, las mujeres levantaron el campamento y él esperó a que terminaran de recoger. Quitó la sombrilla, plegó su silla, y agarró la nevera para parecer un tipo fuerte y necesario. Mientras su esposa e hijas se dedicaban a quitarse la arena y quitársela a los niños y a los juguetes de los niños bajo la ducha de la playa, él estuvo mirando su móvil como si no se tratase de su propia familia. 

Y como no llegaba a sus propios pies con la enorme panza que tenía, Carmen se agachó para quitarle la arena en el chorro de la ducha. A Manolo no le dio ninguna vergüenza, y acto seguido, se encaminó hacia su coche tan feliz a meter los bártulos en el maletero, mientras yo imaginaba lo que iban a hacer las mujeres al llegar a la casa: tender las toallas y los bañadores mojados, duchar a los niños, cambiar los pañales al bebé, poner una lavadora, cocinar la cena, recoger todo después de cenar, tender la lavadora, y preparar la comida del día siguiente, mientras Manolo se sienta frente al televisor a descansar y le grita a los nietos para que no molesten. 

Y no se crean que es el único: en la Playa del Patriarcado se ve claramente que hay multitud de hombres que están disfrutando de sus vacaciones, mientras que sus esposas e hijas siguen trabajando. Para las mujeres de esta playa no hay días libres, ni vacaciones, ni baja por enfermedad, ni siquiera un salario: no hay reconocimiento para ninguna, porque así nos quiere Dios, sirviendo a los hombres y cuidando a su prole.

Al observar a las familias a la orilla del mar patriarcal, me vienen a la cabeza las cifras que nos ofrece cada año el Informe de Oxfam que revelan que: 

-los hombres disfrutan del doble de tiempo libre que las mujeres,

- el trabajo gratuito de las mujeres equivalen a 16 millones de personas trabajando 8 horas todos los días, en España, 

-a nivel mundial, el trabajo no remunerado suponen casi 11 billones de dólares al año. 

Viendo lo necesario e imprescindible que es Manolo para este grupo de mujeres, me pregunto cómo será cuando Manolo ya no pueda poner la sombrilla por sí solo y sea una persona dependiente, al final de su vida. Las imagino aseándole, dándole las medicinas, dándole de comer, y él quejándose por todo. Me las imagino agotadas, turnándose entre ellas, durante meses o años, y me pregunto: un tipo que no cuida, ¿se merece recibir tanto amor y tantos cuidados?

Me pregunto cómo sería la vida de ellas sin tener que atender a este faraón del patriarcado.  

Me pregunto si la monarquía de los hombres está en peligro de extinción. y qué eligirán sus nietos: si heredarán la corona y los privilegios de su abuelo, o si querrán trabajar en equipo junto a sus compañeras, compartiendo las tareas por igual. 

No se pierdan los próximos capítulos de esta mini serie sobre mi verano en la Playa del Patriarcado, ¡mañana más! 


Coral Herrera Gómez 


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22 de julio de 2021

Que circule la información, compañeras



Si tu nueva pareja te confiesa que está casado o emparejado, díselo a su pareja oficial. 

Si has visto al marido de tu tía salir del burdel, díselo a tú tía.

Si ves al novio de tu mejor amiga en una app para ligar, díselo a tú mejor amiga. 

Si ves a tu cuñado saliendo del hotel con su amante, díselo a tu hermana. 

Si el marido de tu compañera del trabajo intenta ligar contigo, díselo a tu compañera. 

La información tiene que circular entre nosotras porque la información es poder, y porque el amor romántico es una estafa. 

Millones de mujeres viven encerradas en una falsa monogamia, y millones de hombres hacen lo que les da la gana protegidos por el pacto de silencio entre ellos. 

Nosotras no podemos colaborar más con el patriarcado: el silencio protege a los hombres mentirosos para que puedan tener a su disposición todas las mujeres que quieran. 

No es justo que todo el mundo pueda ver tus cuernos menos tú: nos tenemos que mostrar unas a otras las cornamentas que adornan nuestras cabezas, para no vivir en una realidad paralela como hemos hecho hasta ahora. 

Con información cada cual puede decidir si quiere llevar su cornamenta o liberarse de ella. Hay que estar abiertas a recibir información y ser agradecidas con las mujeres que nos la brindan,  y protegerlas frente a nuestra pareja.

Hay que atreverse aún sabiendo que muchas mujeres se enfadan con la persona mensajera y no con su pareja, es una cuestión de justicia social.

Cuando tenemos información podemos evitar que se rían de nosotras y nos traten mal, y podemos tomar decisiones. Solo acabaremos con los privilegios masculinos y con su violencia cuando nos quitemos la venda y dejemos de ser cómplices de la doble vida que llevan tantos hombres. 

Sé que hay mujeres que prefieren vivir en la estafa romántica, pero no se nos olvide que poder vivir en la realidad es un derecho que tenemos todas, y que hay muchas mujeres atrapadas en jaulas que, en secreto, sueñan con poder volar algún día. 

La información abre puertas y ventanas, el silencio nos hace cómplices de las violencias masculinas. 

Que circule la información, compañeras, con generosidad y alegría, ¡si entre nosotras no hay secretos, el patriarcado se hunde! 

#sororidad #LaInformacionEsPoder #conlospiesenlatierra #laestafaromántica #ElSilencioNosHaceCómplices #YaNoNosEngañanMás

19 de julio de 2021

Terapia social: cambia tu mundo, y cambias el mundo


Una de las medicinas más potentes que conozco para aliviar  la soledad, el aburrimiento, el vacío existencial, la angustia vital, o el sufrimiento romántico, es unirte a la gente que lucha por un mundo mejor.

Es pura terapia social: cuando aportas tu granito de arena en los grupos de gente que pone su energía, su amor y su tiempo a las causas sociales y políticas, te sientes útil y empiezas a sentir la magia del apoyo mutuo y el compañerismo.

Cuidando a los demás y recibiendo cuidados, te cuidas mejor, y empieza a salir lo mejor de ti: toda tu capacidad para la empatía, la generosidad, la solidaridad, y el amor del bueno. Luchar por tus derechos y los de los demás, y ayudar a la gente que más lo necesita, te ensancha los horizontes mentales, y te aumentan los niveles de fe en la Humanidad y la alegría de vivir. 

Además te permite convertir la palabra en acción: el discurso se transforma en realidad.

Hay tanto por hacer: hace falta mucha gente para echar una mano en las asociaciones vecinales que reparten alimentos, que se organizan para ayudar y acompañar a las personas mayores, que se reúnen para parar desahucios, que intentan acabar con las casas de juegos y apuestas y ofrecen alternativas de ocio a la gente joven. 

Hace falta mucha gente para crear redes de crianza, para ayudar a alfabetizar e integrar a la población migrante, para apoyar a las tareas escolares a niñas y a niños en riesgo de exclusión social. 

Hacen falta familias de acogida para menores sin familia, redes para personas que sufren soledad y enfermedades mentales, víctimas de violencia machista. 

Necesitamos gente que crea en el Bien Común para devolverle la vida a los pueblos y a los barrios organizando actividades deportivas, artísticas y culturales, y teniendo redes.

También hay gente que me esita apoyo para cuidar los bosques y limpiar los ríos, para defender el derecho al agua y el aire limpio, para proteger a los animales salvajes, para impedir el cierre de centros de salud y centros de día, y para luchar por los servicios sociales que alivian el sufrimiento de tantas miles de personas.

Hacen falta muchas manos en las protectoras de animales, hay mucho trabajo en los colectivos ecologistas y animalistas, feministas y LGBT, y antirracistas. 

Puedes también aportar en agrupaciones sindicales y políticas y aprender mucho de la gente que está luchando para que todas y todos podamos vivir mejor. 

Este tejido social nos protege de los políticos que gobiernan contra nosotros, y empuja a las administraciones a buscar soluciones para los principales problemas en los barrios, los pueblos y las ciudades. Sentirte parte de este tejido social y político te permite trascender tu yo, dejar de mirarte el ombligo, olvidarte un poco de tus problemas, y mirar el mundo desde otras perspectivas. 

Ayudar, y recibir ayuda, cuidar, y recibir cuidados, es sanador y terapéutico: cuando te comprometes con la justicia social, la libertad, la igualdad, los derechos de todas y todos, es cuando la vida parece tener por fin algo de sentido. Porque sobrevivimos como especie gracias a esta capacidad para cuidarnos y para practicar el apoyo mutuo: los seres humanos no podemos sobrevivir en soledad, somos seres muy vulnerables. 

Cuando te juntas a gente con ideales que mantiene la esperanza y lucha contra las injusticias, contra las guerras, contra la pobreza y el sufrimiento, te contagias, floreces y aparece la mejor versión de ti misma. 

Salir de tu burbuja y conocer otras realidades te ayuda a valorar lo que tienes y a ensanchar tu mundo, tu mente y tu corazón. Te das cuenta de que hay otras formas de vivir, de relacionarse y de organizarse, y de que no eres tan rara ni estás tan sola. 

Da mucha alegría comprobar que hay más gente que sueña, como tú, con un mundo mejor, y que sí se puede cuando somos muchos y muchas. 

Cuidando y recibiendo cuidados aprendes a cuidarte mejor a ti misma. La búsqueda del bienestar y la felicidad no puede ser individual, ha de ser colectiva, porque lo personal es político, y no podemos ser felices si los demás a nuestro alrededor sufren. 

La mejor terapia del mundo es tejer y alimentar las redes de apoyo mutuo, y lo mejor es que no cuesta dinero: lo que aportas es tu energía, tu tiempo y tu amor.  

#lafelicidadespolítica #cuidados #apoyomutuo #solidaridad #amordelbueno #terapiasocial #unmundomejoresposible


Coral Herrera Gomez 


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