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16 de marzo de 2026

Prólogo Amiga, sepárate ya

 




Hace varios años me costó mucho separarme de un amor que ya no me quería. El libro que tienes en tus manos es el que me habría gustado leer en aquel entonces, cuando necesitaba algo de luz entre tanta oscuridad. Me sentía confundida porque me estaba 
autoengañando; me costaba ser honesta cuando me sentaba a hablar conmigo y con mis amigas. Me daba miedo despedirme de mi gran amor porque la esperanza seguía muy viva en mí: aún creía en los milagros románticos y en mi enorme poder para salvar la relación. 

Creía que él podía cambiar, que en algún momento se daría cuenta de que mi amor era puro y sincero, que dejaría de ir y venir, y haría como hizo don Juan cuando se arrodilló frente a doña Inés.

Sabía que el abismo era cada vez más grande entre mis sueños y la realidad. Me decía a mí misma que lo mejor era liberarme y echarme a volar, pero me atemorizaba, y me aferraba a un clavo ardiendo, pensando que el amor todo lo podía y creyendo que,
cuando este era verdadero, nunca moría.

A lo largo de estas páginas te contaré cómo escapé de las cárceles del amor en las que estuve. Soy alguien que ha sufrido mucho por amor, y también por desamor: me han roto el corazón varias veces y también la he pasado muy mal cuando es a mí me a quien
le ha tocado dejar la relación.

Por más de veinte años, he ayudado a otras mujeres a separarse y a volar, y ahora te voy a ayudar a ti a parar la guerra dentro de tu cuerpo, a lograr que tu corazón y tu mente bailen abrazados y sigan el mismo ritmo, a poner en práctica el autocuidado, a cultivar tu autonomía, y a fortalecer tu autoestima. En las siguientes páginas te voy a acompañar en tu proceso de liberación, y a enseñar lo que viene después para que te ilusiones contigo misma. Mientras me leas voy a ayudarte a que sueñes con una vida mejor, planees cambios, tomes decisiones, y te comprometas con tu bienestar y tu felicidad.

Yo pasé mucho tiempo empeñada con que una relación que no funcionaba pudiera hacerlo, hasta que comencé a trabajar mi humildad y me di cuenta de que lo mejor era plantar los pies en la tierra y aceptar la realidad. Me costó, pero el día en que me percaté de que la vida es muy corta y no hay recompensa por pasar penurias, me atreví a decir en voz alta: «Estoy harta de sufrir por amor», y emprendí el camino hacia la liberación. 

Desde entonces me he propuesto ayudar a todas las mujeres que han pasado por lo mismo a que tomen conciencia de lo importante que es comprometerse con el cuidado de su salud mental y emocional, y defiendan su derecho a vivir una buena vida, libre de explotación, abuso, violencia y sufrimiento. Porque sí, amiga, vivir bien es un derecho humano fundamental. Las mujeres somos seres humanos. Tenemos derecho a tener derechos tú, yo, y todas las niñas y mujeres.

Pero ¿cómo dejar de sufrir?

Una de las cosas más importantes que he aprendido es que, para poder tener una buena vida, debes romper las relaciones en las que no puedas ser tú misma, donde no te sientas querida, respetada o cuidada, y en las que no halles condiciones para disfrutar del amor.

De manera similar a como ocurre en las relaciones familiares, si estás sufriendo con una pareja, rompe la relación y aléjate, porque, como aprenderás durante este proceso, el amor hay que cuidarlo, y eso no solo depende de ti: es un trabajo de ambas personas —o de todo un grupo si la relación es grupal—.

En este libro te cuento cómo aprendí a aceptar el rechazo y las derrotas, cómo empecé a trabajar mi ego, cómo logré liberarme de las luchas de poder y cómo, derivado de estos aprendizajes, mis duelos han sido más cortos y llevaderos. De una vez te lo adelanto: las claves están en la humildad y la aceptación; gracias a ambas, he podido poner los pies sobre la tierra y dejar de engañarme, así como aceptarme a mí misma, y ser más responsable y comprometida conmigo.

No ha sido un camino fácil. Tuve que pasar por una separación interminable y por una larga guerra contra mí misma. Solo cuando me harté de sufrir, comencé a investigar y a crear las herramientas que hoy te comparto en esta obra.

Cuando estaba en mis treintas, me hallaba atrapada en la cárcel del amor. No lograba dejar a mi novio de ninguna manera y tardé cerca de cuatro años en liberarme. Pensarás que es una barbaridad estar tantísimo tiempo así, pero créeme que hay mujeres que permanecen muchos más años; otras incluso pasan toda la vida diciéndose a sí mismas «Lo tengo que dejar, debo hacerlo ya...». Algunas lo logran; otras, nunca dan el paso.

No es fácil separarse, para ninguna de nosotras. 

No importa qué títulos tengas, cuántos libros feministas hayas leído, si perteneces a un colectivo feminista, si hiciste un posgrado en el tema o mil cursos sobre él; el caso es que a cualquiera de nosotras le puede pasar: a las más cultas, a las más rebeldes, a las más duras; desafortunadamente, nos pasa a todas.

¿Y por qué es tan difícil? 

Porque a todas nos da miedo la soledad y el qué dirán, y porque a veces sentimos esperanza pensando que quizá ocurra algo que cambie la historia por completo. También nos cuesta separarnos porque muchas veces no tenemos independencia económica: las condiciones laborales, políticas y sociales a las que nos enfrentamos nos lo ponen más difícil todavía; las mujeres ganamos menos que los hombres, nuestro trabajo es más precario, gozamos de menos derechos laborales, y los precios de la vivienda y los alimentos no dejan de subir.

La sociedad está construida por y para las parejas que forman una familia feliz, así que salirse del sistema es toda una odisea y, por si esto fuera poco, el amor es una droga buenísima y está muy rica. A todas nos han educado para ser adictas al amor. 

Es normal que a veces tardemos mucho tiempo en despertar, en abrir los ojos, en decir «basta». Hemos pasado la mitad de nuestra vida consumiendo la droga del amor, por eso se entiende que nos cueste tanto desintoxicarnos y desengancharnos.

También es normal que tengamos caídas, recaídas y tropiezos; que nos sintamos culpables y tengamos miedo. Y es que dejar las adicciones no es nada fácil. Aunque tú luches contra ti misma, tu cerebro siempre querrá más droga, y el problema de esta en particular es que nos pone de rodillas frente a un hombre, razón por la cual muchas mujeres se sienten tan atrapadas en esta adicción.

A algunas les gustaría separarse de sus parejas, pero no pueden; otras tardan años en hacerlo, pero es que cada una necesita su propio tiempo.

Ciertamente, es difícil echar a volar. En nuestro cerebro, hay motivos de sobra para dar el paso:

  • Te desenamoraste.
  • Estás cansada de vivir peleando.
  • Te hartaste de cuidar sin recibir lo mismo a cambio.
  • Necesitas un cambio de vida.
  • Tienes un sueño que quieres cumplir o un proyecto que siempre has postergado.

Y, sin embargo:

  • Te sientes culpable al pensar en tu liberación.
  • Crees que eres la mala.
  • Te da miedo la soledad.
  • No tienes dinero.
  • Te da flojera.
  • No quieres hacer sufrir a tu gente.
  • Piensas que lo van a resentir tus hijas o hijos (si es que tienes).
  • Te da vergüenza hacerlo.
  • Ya te resignaste.
  • Cuando te rebelas, se te pasa pronto la emoción.
  • Crees que no eres capaz y no confías en ti.
  • Lo has intentado tantas veces que ya estás cansada.
  • Le temes a la guerra del divorcio.
  •  Tu pareja te da mucha lástima.
  •  Piensas que debiste hacerlo antes.
  • Le crees cuando dice que va a cambiar.
  • Confías en que tu amor y paciencia deben rendir frutos en algún momento.
  • Incluso cuando ya estás convencida, te frenas a ti misma porque vislumbras en el horizonte un rayo de esperanza.


No obstante, dentro de ti sabes que no eres feliz, que debes dejar a tu novio o marido porque solo tienes una vida y no puedes malgastarla junto a alguien con quien no te sientes plena. Esto me lo decía yo misma cuando intentaba liberarme de esta relación interminable; también me lo decían mis amigas y amigos, y yo pensaba «Sí, sí, es verdad, la vida es muy corta, todavía me quedan muchos amores por vivir; este es uno más en mi vida, se trata de mirar al futuro».

A nivel racional lo tenía claro, pero a nivel emocional, no.

Yo era consciente de que, cuando mis amigas me decían: «Amiga, date cuenta, sepárate ya», era un consejo cargado de amor. Ahora soy yo la que se lo da a las demás mujeres: «Amiga, tienes que dejar esa relación que ya no te satisface para poder florecer, para empezar de nuevo tu vida». Cuando ellas se sienten preparadas, es maravilloso verlas soltar la carga y echar a volar, porque cuando una mujer se libera, nos liberamos todas.

El camino hacia la liberación a veces es largo, y necesitamos herramientas. Aquí te comparto las que a mí me sirvieron para dejar de luchar contra mí misma y empezar a cuidarme de verdad.

Lo primero que te voy a pedir es que te conectes emocionalmente con todas las mujeres que están leyendo estas páginas. Algunas lo están haciendo a solas y en secreto; otras lo están haciendo acompañadas; pero todas estamos conectadas porque nuestros objetivos son los mismos:

  • dejar de sufrir,
  • liberarnos de la culpa y del miedo,
  • hacernos responsables de nuestro bienestar y autocuidado,
  • y empezar una nueva etapa de vida.


En el viaje que vamos a emprender juntas por los océanos, este libro servirá un faro en tu camino, pero tú eres quien lleva el timón, tú decides el rumbo y tú eliges el destino final.

Cada una de nosotras viaja en su propio barco, pero todas juntas vamos en el camino hacia la liberación, y se nos van a unir más.

Porque cada vez somos más las que nos estamos dando cuenta de que no hemos venido a este mundo a sufrir, ni a aguantar, ni a soportar, ni a pasarla mal.

Estamos haciendo la Revolución Amorosa, y esto nos está cambiando la vida. Cada vez más mujeres se quitan la venda y descubren que la vida es corta y que hay que disfrutarla, que tienen derecho a vivir una buena vida y que, para poder estar bien, sus relaciones también deben ser buenas.

Ahora sabemos que podemos construir relaciones sanas, igualitarias y basadas en el respeto mutuo, los buenos tratos, los cuidados recíprocos, el trabajo en equipo, la solidaridad y el compañerismo.

Y que no tenemos por qué conformarnos con menos.

Sabemos también:

  • Que a nuestras parejas no las vamos a cambiar.
  • Que estamos mejor solas que mal acompañadas.
  • Que no estamos obligadas a cargar con la cruz que cargaron nuestras abuelas y madres.
  • Que no somos las únicas responsables de que la relación funcione.

Cuando tomamos conciencia de que no podemos vivir la vida que los demás quieren, y que tenemos derecho a vivir la que nosotras decidimos, empezamos a liberarnos de todo aquello que nos ata y oprime.

Y aquí estamos ahora todas, leyendo juntas desde diferentes puntos del planeta, sabiendo que no somos tan raras, ni estamos tan locas, ni tampoco solas. Antes de empezar con el primer capítulo, te voy a contar cómo nació la Revolución Amorosa.

Cuando me dejaba un novio o yo lo dejaba, mi abuela me reprochaba que las mujeres de hoy en día cada vez «aguantamos menos». Yo le explicaba a ella que en su generación no les quedaba más remedio que aguantar, pero que si hubieran podido, muchísimas se habrían divorciado, incluida ella. Y me daba la razón.

Yo le decía:
—Abuela, no venimos al mundo a sufrir, sino a disfrutar.
Ella, por su parte, sonreía, y me respondía:
—¡Qué cosas se te ocurren!
—Dime, abuela, ¿para qué sirve sufrir? Para nada, ¿a ti te ha servido para algo?, ¿te han dado algún premio o compensación por hacerlo? No, ¿verdad?

Yo le contaba que gozar de la vida es un derecho fundamental y que cada vez son más mujeres conscientes de que nadie puede arrebatarles ese derecho. Por eso cada vez aguantamos menos, y cada vez tenemos más claro lo que queremos en la vida y lo que no, así como con quiénes queremos compartirla.

Estas conversaciones las tenía mientras hacía mi tesis doctoral sobre el amor romántico. Me había ido al pueblo a cuidar de ella y a investigar sobre la «fórmula mágica» para dejar de sufrir por amor. Quería liberarme y liberar a las demás, pero con el tiempo comprendí que dicha fórmula no existe y que en realidad es cuestión de ponernos a trabajar en nosotras mismas.

Primero identifiqué todo aquello que me hacía sufrir y sentir prisionera: la culpa, el miedo, el ego, los mitos románticos, la guerra contra mí misma... luego me puse a fabricar las herramientas para poder trabajar en mi propia liberación.

Cuando llegó el internet, comencé a compartir mis conocimientos escribiendo libros e impartiendo charlas y talleres sobre el tema.

Fundé mi propia escuela virtual del Laboratorio del Amor, un espacio de acompañamiento en el que elaboro estas herramientas con mujeres de todo el mundo.

Han sido muchos años apoyando a cientos de mujeres en sus procesos de desarrollo y crecimiento personal, y acompañándolas en su camino hacia la libertad, ¿y sabes qué hemos aprendido juntas? 

Que, en la medida en que aprendemos a vincularnos con nosotras mismas y con el mundo con amor, más fáciles y hermosas serán nuestras relaciones.

Por eso entreno cada día para ser mejor persona y para poder defenderme de quienes no me saben querer bien. He aprendido a decir que no, a poner límites y a irme de aquellas interacciones en las que no soy feliz.

Al cambiar yo, contribuyo a que más mujeres lo hagan. Porque la liberación es contagiosa, y al final se convierte en un movimiento social y político: la Revolución Amorosa se basa en la idea de que lo personal es político, y por eso lo romántico también lo es. En otras palabras, los cambios personales tienen un impacto social y la energía revolucionaria se expande, por lo que cada vez somos más las mujeres que reivindicamos nuestro derecho a disfrutar.

Para que todas podamos vivir bien, debemos liberarnos de todo aquello que nos impide avanzar hacia una vida mejor, así como transformar nuestras formas de relacionarnos y organizarnos política, social, económica, sexual y afectivamente. 

Porque ahora todo nuestro sistema se sostiene gracias al amor y los cuidados de las mujeres, a nuestra capacidad para sacrificarnos y entregarnos, y al trabajo no remunerado que realizamos para los demás.

Sin embargo, las mujeres no nacimos ni para servir, ni para sufrir. Vinimos al mundo a vivir una buena vida, pues solo tenemos una y es muy corta.


¿Qué necesitamos para liberarnos? 

Conocernos mejor a nosotras mismas, hacer autocrítica desde el amor, desmontar los mitos románticos y ayudar a las demás a quitarse la venda de los ojos y a poner los pies en el suelo.

Nuestro tesoro más valioso son las redes de apoyo, ya que en ellas podemos celebrar la vida con las amigas, conocer nuevas compañeras, brindarnos ayuda mutua, superar juntas los duelos, salvarnos cuando estamos en peligro, y darnos calor y amor del 
bueno.

Acompañadas, la liberación resulta más fácil, así que vamos juntas, ¿estás preparada para emprender el camino hacia la liberación?

Coral Herrera Gómez,
Galicia, 2025


Amiga, sepárate ya: nuevo libro de Coral Herrera en la editorial DIANA. 

Día del lanzamiento y presentación del libro en México: sábado día 21 de marzo a las 4 pm.

Dónde: Centro Cultural Elena Garro, Coyoacán, Ciudad de México.  




Ya puedes encargar el libro en tu librería favorita 



9 de marzo de 2026

Amiga, sepárate ya



Queridas Amigas:

Estoy muy feliz porque hoy os presento la portada de mi nuevo trabajo, que es el libro que yo habría querido tener a los veintipico años, cuando estaba intentando dejar una relación y no lo lograba. 

Yo me sabía la teoría, pero no sabía cómo podía ponerla en práctica. Mis amigas me decían las verdades, pero yo me autoengañaba. 

Yo intentaba dejarlo, pero estaba enganchada y me sentía atrapada. 

Yo sabía que ya no me amaba, pero mi ego se resistía a aceptarlo. 

Yo pensaba que mi mente y mi corazón estaban en guerra, y que estaba enjaulada en una cárcel con muros de titanio. Pero eran de humo.

Y yo podía desplegar las alas y echar a volar cuando quisiera. Pero tenía una venda en los ojos y soñaba con milagros románticos. Mi feminismo no me servía, no me ayudaba. Tenía miedo y no sabía cómo trabajar mi valentía.

En mi nuevo libro os cuento la experiencia que viví y cómo logré liberarme y dejar de sufrir por amor. Fabriqué mis propias herramientas con la utopía feminista, y entonces acabó la guerra en mi interior.

Y eché a volar sin miedo, por fin. 

Y volví a enamorarme de la vida, otra vez.

En mi nuevo libro os acompaño a todas en vuestro proceso de liberación mientras tomáis conciencia de lo hermosas y grandes que son vuestras alas.

Ya podéis verlo en la web de la Editorial Diana: 

Amiga separaté ya

El 21 de marzo es el lanzamiento y lo presento en Ciudad de México en el Centro Cultural Elena Garro, en Coyoacán a las 4 pm. 

Estáis todas invitadísimas a venir al evento, que es gratis y abierto al público💜

Coral 




21 de septiembre de 2025

Adolescentes ricas y adolescentes pobres: roles de género y clase social





Las adolescentes de clase obrera se hipersexualizan y adoptan la estética de las actrices porno, y las adolescentes de clase alta se disfrazan de señoras. 

Unas sueñan con despertar el deseo de los hombres y usar su atractivo sexual para tener poder, las otras están siendo educadas para ser esposas perfectas de ingenieros y abogados. Es cierto que muchas cuando salen de casa se quitan la falda y se ponen la minifalda, y se rebelan a las normas de su familia para ligar con chicos. Pero de cara a la galería, las adolescentes de clase alta se maquillan como sus madres, con colores discretos como el rosa o el marrón clarito, y las niñas de clases populares en cambio usan el rojo para levantar pasiones entre los chicos. El maquillaje de las rocas es clarito y amable, el de las otras es más agresivo porque les sirve para identificarse como “chicas rebeldes” y transgresoras. Unas llevan las uñas y las pestañas larguísimas, escotes de vértigo, joyas falsas y llamativas, bolsos de marca falsos. y muchas pasan por quirófano para agrandarse los pechos, realzar las nalgas, o ponerse labios carnosos. Es un mercado brutal: moda accesorios, cosmética, tratamientos de belleza y skincare (cuidado facial), operaciones de estética, etc.

Esto es especialmente visible en las culturas narco, en la que la máxima aspiración de las chicas es convertirse en novias de los pequeños narcos, porque así aumentan el rango en la jerarquía social, y también aumentan su poder adquisitivo. 

Los adolescentes varones saben que unas son para ser amantes, y las otras sirven para ser novias oficiales y futuras esposas. Cuando las niñas de clase trabajadora sueñan con ser amadas chocan brutalmente con la realidad: cuando se cosifican a sí mismas ya nunca podrán ser elegidas como compañeras ni esposas, porque los hombres tienen muy claro que nunca podrán fiarse de las chicas que se ofrecen como objetos sexuales. Son chicas que usan todos, y que no sirven para presentárselas a sus padres. 

Los roles de género se adjudican según la clase social a la que pertenecemos. Y el sistema tiene sus estrategias para perpetuarse y disfrazarse, por eso a las chicas pobres se les dice que poner su cuerpo al servicio del patriarcado y del capitalismo es una práctica empoderante. Les ofrecen modelos a seguir como el de las cantantes hipersexualizadas que lucen una estética porno a las que siguen millones de niñas: por eso ves a tantas bailando en los cumpleaños infantiles con movimientos eróticos. Y tantos hombres babeando con las niñas sexys.

Les ofrecen pocas opciones a las adolescentes de las clases bajas: ser sirvientas sexuales o bien sirvientes domésticas, cuidadoras o niñeras.

Para las adolescentes ricas, la opción es convertirse en esposas tradicionales o modernas (las que son profesionales y trabajan sin descuidar su rol de esposas y madres). Hay influencers para ellas también, chicas jóvenes que se representan a sí mismas como felices tradwives. 

Las niñas que se niegan a pornificarse y putificarse, o que no desean ser madres-esposas, no lo tienen nada fácil. Hay gente que las señala porque ellas sí son rebeldes. Hay que ser muy valiente para desobedecer los mandatos de género y romper con los estereotipos de la feminidad patriarcal, y hacerlo sola es una odisea. Cuando encuentras otras desobedientes como tú es más fácil. 

Y mucho más divertido. 

Saber que puedes ser mujer sin convertirte en sirvienta es un alivio enorme para muchas niñas y adolescentes.

No dejéis de repetírselo,

no dejéis de apoyar a todas las rebeldes.


Coral Herrera Gómez


    




26 de agosto de 2025

Mujeres que se aman. Cómo construir relaciones amorosas libres de patriarcado



Las relaciones entre mujeres están atravesadas por el patriarcado, igual que las relaciones entre hombres. En ellas hay luchas de poder como en todas las relaciones, y funcionan desde las jerarquías, y con la estructura del amo y el esclavo: son relaciones de dominación y sumisión. En los centros de estudio y de trabajo se ve perfectamente la jerarquía que existe entre profesores y alumnos, directoras, jefas y empleadas. Y en la familia también existen relaciones basadas en el poder y en las jerarquías. 

Las relaciones románticas entre mujeres también están atravesadas por el patriarcado: nos educan en el patriarcado, y aprendemos a amar desde los mitos románticos.

Las mujeres lesbianas y las bisexuales también mitificamos e idealizamos a nuestras parejas, también creemos que el amor de otra mujer puede salvarnos, también sufrimos la necesidad de ser deseadas y amadas. También tenemos miedo a la soledad, también creemos que estando solas nos falta algo o estamos incompletas, también soñamos con un amor verdadero y para siempre. Da igual que seamos o no feministas: los mitos están en nosotras, nos los inocularon desde pequeñas.

Y esos mitos están impregnados de los principios y valores de la ideología patriarcal y capitalista. Por eso las mujeres lesbianas también se aman desde el concepto de la propiedad privada y la posesión, también tienen luchas de poder y practican la domesticación mutua. También tienen celos, también ejercen de policías y carceleras entre ellas, también se ponen los cuernos y rompen los pactos de cuidados, también se tratan mal cuando están enfadadas o dolidas, y también entran en guerras terribles cuando se separan o se divorcian.

El amor lésbico no es tan bonito ni tan feminista como quisieramos, pero lo importante es que estamos trabajando en ello. No es nada fácil porque vivimos en una sociedad llena de lesbofobia: los hombres no pueden soportar las relaciones entre mujeres en las que ellos no pintan nada. Muchísimas mujeres siguen metidas en el armario porque siguen sufriendo violaciones correctivas, palizas, cárcel y muerte solo por ser lesbianas. Muchísimas mujeres tienen que seguir escondiendo su orientación sexual porque siguen siendo señaladas, estigmatizadas y atacadas con discursos de odio, y por eso desde el feminismo seguimos luchando contra esta guerra contra las mujeres. Pero también estamos intentando acabar con la guerra contra nosotras mismas (dentro de cada una de nosotras) y entre nosotras.

Liberarte de los patriarcados que te habitan no es nada fácil, seas hetero o lesbiana. Pero muchísimas mujeres están leyendo, estudiando, haciendo terapia, aprendiendo y formandose, porque necesitamos herramientas para poder despatriarcalizar nuestras emociones y nuestras relaciones.

En este audio vamos a hablar de cómo podríamos liberarnos nosotras y liberar a las relaciones lésbicas del patriarcado, y de cómo cuidar nuestras parejas para que el amor no sea una experiencia carcelaria sino una experiencia de liberación y de disfrute.

Ya puedes escuchar completo el audio suscribiendote a mi Patreon, 

a mi Spotify o mi Ivoox por sólo 2,99 euros. 


4 de agosto de 2025

Amiga, se está mejor sola que mal acompañada





Se está muchísimo mejor sola que mal acompañada, eso lo sabemos todas las que hemos estado en relaciones en las que no nos hemos sentido queridas ni cuidadas. Y también lo saben las que creen que hay que estar en pareja sí o sí, y aguantar como sea, porque lo importante es no ser soltera. Pero amiga, amar no es aguantar, y estar con una pareja que no te quiere y no te cuida no es gratis, tiene un coste emocional muy alto. 

Estar con alguien que te hace sentir sola es mucho más duro que estar sola.  

Además, a las mujeres no nos viene nada bien el matrimonio: cuando nos casamos perdemos muchas horas de tiempo a la semana, pero también años de esperanza de vida. Y para los hombres es justo al revés.

En el audio de hoy vamos a hablar de todas las razones que existen para afirmar que las mujeres estamos mejor solas que mal acompañadas, y si no te sirve a ti, porque estás felizmente soltera, seguro que a tu amiga sí le viene bien escuchar esto. 

Te lo cuento en el Laboratorio del Amor, 

en mi Patreon,

y también puedes escucharlo en Ivoox y Spotify 


 

 




                                              Todos los podcast de Coral Herrera Gómez










18 de julio de 2025

La amistad entre niños y niñas

Sabes que lo estás haciendo bien cuando tu hijo tiene amigas y juega con ellas, y es capaz de resistir la presión de los demás niños. 

Llega una edad en la que los niños empiezan a despreciar profundamente a las niñas y a construir su masculinidad desde el rechazo a todo lo que tiene que ver con los estereotipos femeninos.

A muchos niños les da auténtico terror ser comparados con niñas. Es el peor insulto que pueden recibir en el colegio y en el parque: “lloras como una niña”, “corres como una niña”, “nenaza”, “marica”…. 

Elisabeth Badinter nos explicó que los niños construyen su masculinidad desde el rechazo y en base a 3 principios: “no soy un bebé, no soy una niña y no soy homosexual”

Los estudios demuestran que desde los seis años los niños se creen superiores a las niñas, y las niñas ya tienen claro a esa edad que pertenecen al grupo de las inferiores. 

Por eso que los niños varones tengan amigas es un síntoma de que aún no desprecian a las niñas y de que tienen una personalidad lo suficientemente fuerte como para resistir las burlas de los demás niños. 

Hay que apoyarles porque desobedecer los mandatos de género tiene un coste muy alto para los niños rebeldes: los que no juegan al fútbol, los que no les gusta la violencia, los que se visten como les da la gana, los que no tratan mal a las niñas… sufren una especie de apartheid en los espacios infantiles. 

Creo que por eso mi hijo tiende a juntarse más con las niñas, porque con ellas se siente más libre para ser él mismo. 

A mí me da la vida cuando me junto con madres y padres que fomentan la amistad de sus hijos con niñas y niños. Siento que así estamos apoyando su rebeldía. Porque la sociedad entera les pide que se mutilen a sí mismos y que aprendan a tratar a las mujeres como objetos sexuales, no como iguales. Y les hace creer que no hay nada peor en el mundo que ser una niña o compartir tiempo con niñas.

Contadme por aquí, ¿vuestros niños tienen amigas, vuestras niñas tienen amigos?, ¿y en la adolescencia, lograron disfrutar de la amistad con chicas?

Coral Herrera Gómez 


15 de julio de 2025

Humillar a tu novia el día de su boda no es gracioso y no es romántico, es maltrato

 


Alucino cuando me encuentro vídeos de bodas en las que los hombres humillan públicamente a las mujeres con las que están casando. Alucino con la gente que se ríe y aplaude cuando las tiran a una piscina para estropearles el vestido y el maquillaje, o cuando hunden sus rostros en tartas nupciales, o las rocían enteras con champán, o las sacan las bragas en público. 

Humillar a la gente para divertir a los demás es una forma de maltrato, y es violencia.

Humillar a las mujeres en el día de su boda no es gracioso ni es romántico, es violencia machista. Publicar y difundir esas humillaciones en redes sociales es violencia también. 

La única forma de que las mujeres dejen de ser humilladas en sus propias bodas es que nadie les ría las gracias y nadie les aplauda, que no se compartan sus vídeos y que todo el mundo se les eche encima para mostrar su rechazo. 

Si los hombres se comportan así no es solo para hacer reír a los demás, sino también para mostrar su superioridad , su fuerza y su poder. Y si les aplaudimos, lo más probable es que el día de su boda no será el único día que humillen públicamente a sus esposas. Habrá muchos más días. 

Y lo harán también con sus propios hijos e hijas. Ridiculizar y burlarse de la infancia es uno de los deportes nacionales favoritos de millones de personas adultas, que ahora también graban las humillaciones y las difunden en redes sociales.

La única manera de que dejen de hacerlo es dejar de reírles las gracias, dejar de aplaudir, de darle al “me gusta” y de compartirlo en redes. 

Los hombres solo dejarán de ridiculizar a las mujeres y a la infancia en cuanto se den cuenta de que a la gente no le hace gracia y sientan que no tienen apoyo de ningún tipo.

Posdata: 🚩Amigas esto es una red flag y es más grande que una catedral.

Coral Herrera Gómez


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7 de junio de 2025

La violencia entre mujeres es también patriarcado


Las mujeres no solo sufrimos la violencia, también la ejercemos. Pero no contra los hombres: nuestra violencia solo va dirigida contra otras mujeres y contra nosotras mismas. 

Nosotras no matamos a los hombres, pese a que cada diez minutos una de nosotras es asesinada por el marido o el ex marido. Nosotras no nos vengamos ni pagamos con la misma moneda, y cuando una mujer muere asesinada nuestra reacción no es salir a matar hombres, sino salir a las calles a pedir pacíficamente a los hombres que por favor dejen de matarnos. 

¿Por qué? Porque el feminismo es un movimiento que lucha contra la violencia. Es un movimiento pacifista.

Las mujeres feministas nos trabajamos los patriarcados que nos habitan, estamos muy comprometidas en la lucha contra el abuso y la explotación, y en erradicar tanto la violencia que sufrimos como la que ejercemos. 

Pero somos minoría. 

Las mujeres feministas somos minoría.

La mayoría de las mujeres del mundo viven en guerra contra otras mujeres y contra sí mismas. 

Nunca contra los hombres. 

¿Qué tipos de violencia ejercemos?  Explotación laboral, doméstica y reproductiva, violencia psicológica y emocional, y ciberviolencia. 

 ¿Quienes son las mujeres que más explotación y violencia sufren? Las mujeres más pobres del planeta. Ellas no solo tienen que soportar la violencia de los hombres, también la de las mujeres que están por encima de ellas en la jerarquía patriarcal. 

Por ejemplo, las mujeres empresarias que explotan a sus trabajadoras, 

Las mujeres ricas que explotan a mujeres de alquiler para comprarles sus bebés, 

mujeres que maltratan a sus empleadas domésticas, niñeras y cuidadoras, 

mujeres que maltratan a sus hijas y a sus nueras, 

jefas que ejercen violencia contra sus empleadas,

Y compañeras de trabajo. 

Mujeres en el poder

También hay muchas mujeres malvadas en el poder político y económico que hacen daño a miles o millones de personas, y aprovechan su puesto para atentar contra el patrimonio colectivo y los derechos humanos fundamentales de la población. 

Son esas mujeres que lo primero que hacen al llegar al poder es destruir la Sanidad pública y la Educación. Gastan nuestro dinero en enriquecer a la elite mundial (señores de la industria militar, farmacéutica, etc) y recortan en derechos sabiendo que a quien más afecta esta violencia contra la población es a las mujeres y las niñas. 

Son poquísimas las que han llegado al poder pensando en el Bien Común, y en mejorar la sociedad en la que viven: podemos contarlas una a una, porque la gran mayoría buscan el beneficio propio y se dedican a imitar a los hombres: reparten dinero y puestos de poder entre sus amigos y amigas, y gobiernan para las élites de su país y las mundiales. 

La mayorías de las mujeres poderosas han interiorizado la misoginia y carecen de la más mínima pizca de agradecimiento por las que lucharon para que ellas pudieran estudiar y trabajar. Tampoco sienten ni una pizca de solidaridad con las de su mismo sexo. Muchas padecen el síndrome de la abeja reina, que consiste en creer que una no es como las demás mujeres, y que si ellas están en el poder "es porque ellas lo valen", es decir, porque son “especiales”. Batallan por el poder igual que los hombres y lo ejercen para su propio beneficio, no en pro del Bien Común. 

Algunas son de derechas y otras son progres, pero todas son aliadas del patriarcado porque se benefician de su posición y porque no han llegado al poder para cambiar nada.

Sin embargo, estas mujeres patriarcales con poder son una minoría. 

La gran mayoría de las mujeres ejercemos violencia solo en el entorno más cercano. Vivimos en guerra contra las madres, las hijas, las suegras, las hermanas, las compañeras de trabajo y contra nosotras mismas. 

Algunas mujeres maltratan a sus compañeros, pero generalmente a quien peor tratamos es a nosotras mismas, y a otras mujeres.

El patriarcado nos necesita aisladas, divididas, enfrentadas y entretenidas en guerras. Nos enseñan desde pequeñas a compararnos y a rivalizar entre nosotras. Nos enseñan a competir, a construir enemigas y a volcar toda nuestra violencia contra nosotras mismas y entre nosotras. 

Una de las relaciones más violentas entre mujeres son las relaciones suegra-nuera. Cuando dos mujeres batallan por ejercer su dominio en el corazón de un hombre, puede empezar una guerra que a veces dura toda la vida. Son guerras muy dolorosas para ambas, pero también para el resto de la familia, que se ve obligada a posicionarse en un bando o en otro. Al hombre en cuestión le ponen entre la espada y la pared para que elija a una de ellas y se aleje de la otra. Algunos sufren, pero la gran mayoría se beneficia de esta competición entre mujeres. 

¿Por qué esta guerra entre mujeres? Hay hombres que no adquieren jamás autonomía y no se convierten nunca en adultos: pasen de la tutela de la madre a la de la esposa sin experimentar nunca la responsabilidad sobre su propia vida, y sin tener que cuidarse a sí mismos. Esto es porque siempre tienen una mujer que se encarga de cuidarlos. Son hombres que solo salen de casa para casarse.

Algunos de ellos no han roto el cordón umbilical, y algunas de ellas creen que sus hijos son de su propiedad, y que son el príncipe azul con el que soñaron de pequeñas. No tienen muy claro si son madres o esposas, por eso odian a cualquier mujer que se le acerque porque sienten su poder amenazado. 

También hay nueras que tienen un problema muy grande: creen que ellas tienen que sustituir a la mujer que ha reinado sobre la vida de su marido, destronarla y convertirse en una madre-esposa. La característica que comparten todas ellas es que intentan aislar a sus maridos de sus redes afectivas, tanto familiares como sociales. 

Para comprender esta relación es fundamental entender que esto es una estructura. No es algo que le pasa solo a mujeres inseguras y con autoestima baja: sucede en todos los rincones del planeta, porque es una estructura de poder. 

Cualquier mujer puede sufrir malos tratos de su suegra, y convertirse a su vez en una suegra maltratadora. 

Aunque muchas mujeres con conciencia feminista lo que hacen es ser las suegras que habrían querido tener. Cuando las relaciones entre mujeres son buenas, el patriarcado se desmorona. 

Otras relaciones jerárquicas entre mujeres son la de jefa y empleada, doctora y paciente, policía y ciudadana… la gran mayoría de las mujeres se relacionan desde estas estructuras patriarcales en las que siempre (o casi siempre) las que más rango tienen y las más ricas son las que juegan con ventaja. 

Mujeres que odian a mujeres feministas

Las mujeres aprendemos a odiar a las demás mujeres y a nosotras mismas desde que somos pequeñas. Por eso muchas mujeres odian el feminismo, atacan a las mujeres feministas, y aplauden a los hombres misóginos. 

Les es mucho más fácil empatizar con hombres que se victimizan, que con las victimas de esos hombres. Nos han educado para defender y proteger a los hombres, y para anteponer sus sentimientos, deseos y necesidades a las nuestras. 

Las mujeres estamos siempre más dispuestas a escuchar a los hombres como expertos. Les escuchamos con más respeto y más atención. Su palabra tiene mayor credibilidad. Por eso hay mujeres que creen que las culpables de que exista el patriarcado somos nosotras mismas: nos han convencido de que nosotras somos mucho más machistas y violentas que los hombres, que transmitimos el machismo a nuestras hijas e hijos, y que por lo tanto es un problema que tenemos que resolver nosotras. 

Además de las relaciones interpersonales, las mujeres formamos grupos de afinidad y luchamos entre nosotras por diferencias ideológicas, por los recursos y por el poder. Y en estas luchas, salimos perdiendo todas. Los hombres se aprovechan de la guerra entre mujeres: divididas y aisladas somos más vulnerables.

Esto es lo que ha ocurrido dentro del feminismo: los hombres han entrado a saco en el movimiento con la pretensión de redefinirlo y resignificarlo. A estos hombres les ofende profundamente que usemos la palabra “mujer” y nos denominan “seres menstruantes” o “personas gestantes”

Afirman que las mujeres somos privilegiadas opresoras y que ellos son los oprimidos. La colonización del movimiento ha llegado a tal punto que ahora el enemigo principal de este grupo dominante son las mujeres feministas. 

Las aliadas de los colonizadores no ponen la energía en luchar contra los proxenetas, puteros, pederastas, violadores, maltratadores y femicidas: el prinicipal enemigo para ellas son las mujeres feministas. 

En redes sociales se ve claramente: muchas mujeres apoyan la violencia masculina, los discursos antifeministas, y los ataques a mujeres desobedientes. 

Los linchamientos provienen tanto de los hombres hegemónicos como de los hombres diversos, tanto de la izquierda como de la derecha: el odio y la violencia contra las mujeres feministas es cada vez intensa.

Los machos anti feministas no tendrían tanto impacto sin la colaboración de las aliadas que se unen a los linchamientos públicos para destruir a otras mujeres. Ellas señalan a las feminazis y las terfas, y ellos se encargan de amenazarlas de muerte. 

La cancelación es una de las armas más letales del patriarcado, porque sirve no solo para destruir a una mujer, sino también para silenciar a las demás. 

Cuando se castiga a una mujer que tiene relevancia pública, es una forma de amenazar a las demás: “si eres cancelada te quedarás sin trabajo, y desaparecerás como si hubieras muerto”

Es un método muy eficaz para generar miedo, para que la censura se convierta en autocensura, y también para que muchas mujeres opten por salir voluntariamente de las redes sociales. 

Los hombres solo aceptan a las mujeres sumisas y a las colaboradoras: todas las demás son consideradas "rebeldes", y la forma más fácil de aniquilarlas es acusarlas de ser odiantes. 

Imitan la estrategia de Israel, que acusa de discurso de odio antisemita a cualquiera que se atreva a criticar su proceso de colonización y a cancelar a todos los que piden el fin del Genocidio contra el pueblo palestino.

Los hombres alimentan la enemistad entre mujeres porque les conviene, y a los algoritmos también les viene muy bien. Para enganchar a la gente a los linchamientos, se crea un enemigo común, como sucedió durante la caza de brujas. Nos llaman nazis, nos llaman terfas, y se hacen camisetas con mensajes que invitan a matarnos. Cuando protestamos, nos dicen que era broma y que no tenemos sentido del humor.

Las mujeres feministas somos el enemigo número uno de los influencers de la fachosfera y de los woke más reaccionarios. 

Ya lo dijo Simone de Beauvoir: “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos” Los varones misóginos no tendrían tanta fuerza si no contasen con las aliadas que les aplauden y se unen a los ataques contra las “enemigas” 

Las mujeres patriarcales siempre se solidarizan con los varones y tienden a protegerlos, y además no se fían de ninguna mujer: no son conscientes de su misoginia interiorizada, pero ese odio está ahí, y se mezcla con su rol de cuidadora y protectora. 

Las mujeres que colaboran con el patriarcado y participan en las cancelaciones creen que nunca les va a tocar a ellas.

En las guerras entre mujeres los únicos ganadores son los hombres, que se divierten mucho viendo cómo las mujeres se cancelan unas a otras, y comprobando cómo van abandonando las redes una a una. 

Lo que hacen es premiar a las que contribuyen a la caza de brujas. Les dan visibilidad en los medios de comunicación y puestos en el partido y en el Gobierno. Y castigan a todas las mujeres que no se ponen de rodillas.

Y sin embargo, las mujeres feministas nunca amenazamos de muerte ni llevamos camisetas haciendo apología de la violencia, y es porque las feministas somos pacifistas. Ponemos la energía en resistir a los ataques, en apoyarnos entre nosotras y en defender nuestro derecho al pensamiento crítico.



¿Cómo dejar de guerrear contra nosotras y entre nosotras?

Basta con tomar conciencia de esa misoginia interiorizada, y poner en práctica la sororidad (la solidaridad y el compañerismo entre mujeres), un término acuñado por Marcela Lagarde que a muchas de nosotras nos ha ayudado a comprender que si a los hombres les va tan bien es gracias a la hermandad que construyen entre ellos. Los hombres se apoyan aunque no se conozcan de nada, solo porque son hombres. 

La sororidad no nos convierte en amigas a todas: simplemente se trata de no colaborar con el patriarcado y en lugar de competir y guerrear, apoyarnos mutuamente frente al abuso, la opresión y la violencia machista. 

Las mujeres sabemos muy bien que solas y aisladas no podemos sobrevivir en un mundo tan cruel, y que nos necesitamos las unas a las otras para defender nuestra libertad y nuestros derechos. 

Por eso es tan importante que las nuevas generaciones nos vean haciendo autocrítica amorosa, trabajando la misoginia que llevamos dentro, y vean cómo trabajamos para liberarnos del patriarcado. 

Si nos ven a nosotras practicando el autocuidado y el apoyo mutuo, y creando comunidad entre mujeres, ellas podrán convivir en paz, apoyarse mutuamente y trabajar juntas para construir un mundo mejor. 

Coral Herrera Gómez


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29 de mayo de 2025

El poder de las Mujeres Solteras



Una de las cosas que están cambiando a toda velocidad en nuestra sociedad es la imagen de las mujeres solteras, su status social y el espacio que ocupan en nuestra sociedad, que es cada vez más grande. 

Las solteras han sido siempre una amenaza porque son impares en un mundo hecho por y para las parejas felices que van a fundar una familia feliz. En los eventos sociales (bodas, funerales, bautizos, comuniones, día de la Madre, cena de Nochebuena, comida de Navidad, etc) y en las renuniones sociales y familiares van solas.

Y se las ve estupendamente.

Y eso constituye en primer lugar una amenaza para los hombres, que temen que sus compañeras envidien la autonomía, la libertad y la alegría de las mujeres solteras. 

Ya no son unas fracasadas que no han conseguido novio y se sienten avergonzadas, ya no son esas mujeres que buscan emparejarse desesperadamente en las fiestas: ahora son mujeres normales y corrientes que tienen muchos seres queridos a su alrededor.

No las falta novio, no las falta amor: viven rodeadas de amigas, amigos, familia, animales domésticos, y el centro de su vida está ocupado por ellas mismas, no por un hombre. 

No las falta de ná.

Eso es lo que las hace tan peligrosas: una mujer soltera es la prueba de que las mujeres podemos vivir perfectamente sin marido. Y muchos hombres están convencidos de que son un mal ejemplo a seguir para sus parejas.

Además, ellos creen que cuando una mujer no pertenece a uno de ellos, cualquiera puede intentar tener sexo con ellas porque en realidad las mujeres sin pareja son patrimonio colectivo de los hombres. Por eso no soportan que ellas digan que no. Y tampoco soportan pensar en la envidia que sienten sus esposas de la libertad, la autonomía, y la vida sexual y amorosa de las mujeres solteras.

Para las mujeres casadas y emparejadas, también las solteras son una amenaza. Algunas creen que sus maridos podrían querer acostarse con ellas, o que ellas podrían robarle a sus maridos. Las ven como rivales, sobre todo si son guapas, jóvenes y felices.  

Las mujeres estamos dando un salto gigante porque gracias al feminismo hemos tomado conciencia de que las mujeres no deberíamos colaborar con el patriarcado, y el primer paso es no rivalizar ni competir entre nosotras.

Ya no es tan fácil distinguir en en las fiestas y demás eventos sociales a las mujeres que no tienen pareja porque hay muchas mujeres emparejadas que tienen su propia agenda y salen sin sus parejas. Las mujeres hemos conquistado (negociando con el compañero) nuestros propios espacios y nuestro propio tiempo. En las agendas de las mujeres hay tiempo para la pareja, y tiempo para una misma, y para nuestras pasiones y seres queridos.

Antiguamente toda la vida social se hacía con el marido, y luego cuando nos dejaban en casa ellos se escapaban. Ahora ya no: nosotras tenemos nuestros espacios propios con amigas, pasamos fines de semana en retiros con otras mujeres, estudiamos juntas, hacemos activismo social y político, salimos a divertirnos juntas.

Si cada vez hay más mujeres solteras es porque hay pocos hombres con ganas de trabajarse por dentro para crecer y para dedicarse al desarrollo personal. Nosotras somos cada vez más selectivas y exigentes, y no nos conformamos con migajas. Buscamos compañeros que sepan estar a la altura, que no busquen una sirvienta, que den la talla, y hay muy pocos. Así que no perdemos tiempo y energía en relaciones con hombres a los que ya sabemos que no vamos a cambiar. 

Los hombres más misóginos andan cabreadísimos, en especial los incels que declaran públicamente su odio contra las mujeres porque no queremos tener sexo ni relaciones de pareja con ellos.

No se les ocurre que igual no les elegimos porque son unos machistas, porque no saben relacionarse con nosotras como si fueramos seres humanos, porque nos siguen tratando como objetos de usar y tirar. 

Y porque ya sabemos que se está mucho mejor sola que mal acompañadas.

Mientras ellos siguen rabiando, las mujeres seguimos avanzando. Nos hemos quitado el miedo a que no nos quiera nadie, porque ahora sabemos que el amor está en todas partes. Aspiramos a juntarnos con alguien capaz de renunciar a sus privilegios, de respetar nuestros derechos humanos fundamentales, de hablar de sus emociones y sentimientos, de hacer terapia, de hablar sobre la relación. Hombres que sepan cuidarse a sí mismos y sepan cuidar sus vínculos afectivos y sentimentales. 

Y si no hay (porque los hombres capaces de hacer autocrítica amorosa no abundan), nuestras vidas siguen su curso. Nuestros proyectos, nuestra carrera profesional, nuestra red de amor y de apoyo mutuo, nuestras aficiones: nosotras disfrutamos de la vida, con y sin pareja. Y si llega alguien especial en nuestras vidas, ya sabemos cuidarnos a nosotras mismas para evitar relaciones de abuso y de maltrato. 

Como hemos tomado conciencia de que las relaciones tienen que ser recíprocas y que el amor es un trabajo de cuidados, no nos conformamos con menos.

El poder de las solteras es cada vez más grande, porque estamos trabajando mucho en nuestra autonomía, y porque cada vez se separan más mujeres de sus novios, amantes y maridos. Ya no aguantamos, no toleramos, no soportamos: tenemos cada vez más claro cómo queremos vivir las relaciones, y cómo negociar para que sean relaciones igualitarias, sanas y bonitas. 

Y este poder de las solteras no va a parar de crecer, porque ya nos hemos dado cuenta de que si no tenemos pareja no estamos solas: estamos rodeadas de gente que nos quiere y nos cuida. 

Y que no nos falta de ná si no tenemos un hombre a nuestro lado.

Una vez que saboreamos la libertad, ya no tenemos ganas de volver a depender de nadie nunca más.

Coral Herrera Gómez


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