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16 de marzo de 2026

Prólogo Amiga, sepárate ya

 




Hace varios años me costó mucho separarme de un amor que ya no me quería. El libro que tienes en tus manos es el que me habría gustado leer en aquel entonces, cuando necesitaba algo de luz entre tanta oscuridad. Me sentía confundida porque me estaba 
autoengañando; me costaba ser honesta cuando me sentaba a hablar conmigo y con mis amigas. Me daba miedo despedirme de mi gran amor porque la esperanza seguía muy viva en mí: aún creía en los milagros románticos y en mi enorme poder para salvar la relación. 

Creía que él podía cambiar, que en algún momento se daría cuenta de que mi amor era puro y sincero, que dejaría de ir y venir, y haría como hizo don Juan cuando se arrodilló frente a doña Inés.

Sabía que el abismo era cada vez más grande entre mis sueños y la realidad. Me decía a mí misma que lo mejor era liberarme y echarme a volar, pero me atemorizaba, y me aferraba a un clavo ardiendo, pensando que el amor todo lo podía y creyendo que,
cuando este era verdadero, nunca moría.

A lo largo de estas páginas te contaré cómo escapé de las cárceles del amor en las que estuve. Soy alguien que ha sufrido mucho por amor, y también por desamor: me han roto el corazón varias veces y también la he pasado muy mal cuando es a mí me a quien
le ha tocado dejar la relación.

Por más de veinte años, he ayudado a otras mujeres a separarse y a volar, y ahora te voy a ayudar a ti a parar la guerra dentro de tu cuerpo, a lograr que tu corazón y tu mente bailen abrazados y sigan el mismo ritmo, a poner en práctica el autocuidado, a cultivar tu autonomía, y a fortalecer tu autoestima. En las siguientes páginas te voy a acompañar en tu proceso de liberación, y a enseñar lo que viene después para que te ilusiones contigo misma. Mientras me leas voy a ayudarte a que sueñes con una vida mejor, planees cambios, tomes decisiones, y te comprometas con tu bienestar y tu felicidad.

Yo pasé mucho tiempo empeñada con que una relación que no funcionaba pudiera hacerlo, hasta que comencé a trabajar mi humildad y me di cuenta de que lo mejor era plantar los pies en la tierra y aceptar la realidad. Me costó, pero el día en que me percaté de que la vida es muy corta y no hay recompensa por pasar penurias, me atreví a decir en voz alta: «Estoy harta de sufrir por amor», y emprendí el camino hacia la liberación. 

Desde entonces me he propuesto ayudar a todas las mujeres que han pasado por lo mismo a que tomen conciencia de lo importante que es comprometerse con el cuidado de su salud mental y emocional, y defiendan su derecho a vivir una buena vida, libre de explotación, abuso, violencia y sufrimiento. Porque sí, amiga, vivir bien es un derecho humano fundamental. Las mujeres somos seres humanos. Tenemos derecho a tener derechos tú, yo, y todas las niñas y mujeres.

Pero ¿cómo dejar de sufrir?

Una de las cosas más importantes que he aprendido es que, para poder tener una buena vida, debes romper las relaciones en las que no puedas ser tú misma, donde no te sientas querida, respetada o cuidada, y en las que no halles condiciones para disfrutar del amor.

De manera similar a como ocurre en las relaciones familiares, si estás sufriendo con una pareja, rompe la relación y aléjate, porque, como aprenderás durante este proceso, el amor hay que cuidarlo, y eso no solo depende de ti: es un trabajo de ambas personas —o de todo un grupo si la relación es grupal—.

En este libro te cuento cómo aprendí a aceptar el rechazo y las derrotas, cómo empecé a trabajar mi ego, cómo logré liberarme de las luchas de poder y cómo, derivado de estos aprendizajes, mis duelos han sido más cortos y llevaderos. De una vez te lo adelanto: las claves están en la humildad y la aceptación; gracias a ambas, he podido poner los pies sobre la tierra y dejar de engañarme, así como aceptarme a mí misma, y ser más responsable y comprometida conmigo.

No ha sido un camino fácil. Tuve que pasar por una separación interminable y por una larga guerra contra mí misma. Solo cuando me harté de sufrir, comencé a investigar y a crear las herramientas que hoy te comparto en esta obra.

Cuando estaba en mis treintas, me hallaba atrapada en la cárcel del amor. No lograba dejar a mi novio de ninguna manera y tardé cerca de cuatro años en liberarme. Pensarás que es una barbaridad estar tantísimo tiempo así, pero créeme que hay mujeres que permanecen muchos más años; otras incluso pasan toda la vida diciéndose a sí mismas «Lo tengo que dejar, debo hacerlo ya...». Algunas lo logran; otras, nunca dan el paso.

No es fácil separarse, para ninguna de nosotras. 

No importa qué títulos tengas, cuántos libros feministas hayas leído, si perteneces a un colectivo feminista, si hiciste un posgrado en el tema o mil cursos sobre él; el caso es que a cualquiera de nosotras le puede pasar: a las más cultas, a las más rebeldes, a las más duras; desafortunadamente, nos pasa a todas.

¿Y por qué es tan difícil? 

Porque a todas nos da miedo la soledad y el qué dirán, y porque a veces sentimos esperanza pensando que quizá ocurra algo que cambie la historia por completo. También nos cuesta separarnos porque muchas veces no tenemos independencia económica: las condiciones laborales, políticas y sociales a las que nos enfrentamos nos lo ponen más difícil todavía; las mujeres ganamos menos que los hombres, nuestro trabajo es más precario, gozamos de menos derechos laborales, y los precios de la vivienda y los alimentos no dejan de subir.

La sociedad está construida por y para las parejas que forman una familia feliz, así que salirse del sistema es toda una odisea y, por si esto fuera poco, el amor es una droga buenísima y está muy rica. A todas nos han educado para ser adictas al amor. 

Es normal que a veces tardemos mucho tiempo en despertar, en abrir los ojos, en decir «basta». Hemos pasado la mitad de nuestra vida consumiendo la droga del amor, por eso se entiende que nos cueste tanto desintoxicarnos y desengancharnos.

También es normal que tengamos caídas, recaídas y tropiezos; que nos sintamos culpables y tengamos miedo. Y es que dejar las adicciones no es nada fácil. Aunque tú luches contra ti misma, tu cerebro siempre querrá más droga, y el problema de esta en particular es que nos pone de rodillas frente a un hombre, razón por la cual muchas mujeres se sienten tan atrapadas en esta adicción.

A algunas les gustaría separarse de sus parejas, pero no pueden; otras tardan años en hacerlo, pero es que cada una necesita su propio tiempo.

Ciertamente, es difícil echar a volar. En nuestro cerebro, hay motivos de sobra para dar el paso:

  • Te desenamoraste.
  • Estás cansada de vivir peleando.
  • Te hartaste de cuidar sin recibir lo mismo a cambio.
  • Necesitas un cambio de vida.
  • Tienes un sueño que quieres cumplir o un proyecto que siempre has postergado.

Y, sin embargo:

  • Te sientes culpable al pensar en tu liberación.
  • Crees que eres la mala.
  • Te da miedo la soledad.
  • No tienes dinero.
  • Te da flojera.
  • No quieres hacer sufrir a tu gente.
  • Piensas que lo van a resentir tus hijas o hijos (si es que tienes).
  • Te da vergüenza hacerlo.
  • Ya te resignaste.
  • Cuando te rebelas, se te pasa pronto la emoción.
  • Crees que no eres capaz y no confías en ti.
  • Lo has intentado tantas veces que ya estás cansada.
  • Le temes a la guerra del divorcio.
  •  Tu pareja te da mucha lástima.
  •  Piensas que debiste hacerlo antes.
  • Le crees cuando dice que va a cambiar.
  • Confías en que tu amor y paciencia deben rendir frutos en algún momento.
  • Incluso cuando ya estás convencida, te frenas a ti misma porque vislumbras en el horizonte un rayo de esperanza.


No obstante, dentro de ti sabes que no eres feliz, que debes dejar a tu novio o marido porque solo tienes una vida y no puedes malgastarla junto a alguien con quien no te sientes plena. Esto me lo decía yo misma cuando intentaba liberarme de esta relación interminable; también me lo decían mis amigas y amigos, y yo pensaba «Sí, sí, es verdad, la vida es muy corta, todavía me quedan muchos amores por vivir; este es uno más en mi vida, se trata de mirar al futuro».

A nivel racional lo tenía claro, pero a nivel emocional, no.

Yo era consciente de que, cuando mis amigas me decían: «Amiga, date cuenta, sepárate ya», era un consejo cargado de amor. Ahora soy yo la que se lo da a las demás mujeres: «Amiga, tienes que dejar esa relación que ya no te satisface para poder florecer, para empezar de nuevo tu vida». Cuando ellas se sienten preparadas, es maravilloso verlas soltar la carga y echar a volar, porque cuando una mujer se libera, nos liberamos todas.

El camino hacia la liberación a veces es largo, y necesitamos herramientas. Aquí te comparto las que a mí me sirvieron para dejar de luchar contra mí misma y empezar a cuidarme de verdad.

Lo primero que te voy a pedir es que te conectes emocionalmente con todas las mujeres que están leyendo estas páginas. Algunas lo están haciendo a solas y en secreto; otras lo están haciendo acompañadas; pero todas estamos conectadas porque nuestros objetivos son los mismos:

  • dejar de sufrir,
  • liberarnos de la culpa y del miedo,
  • hacernos responsables de nuestro bienestar y autocuidado,
  • y empezar una nueva etapa de vida.


En el viaje que vamos a emprender juntas por los océanos, este libro servirá un faro en tu camino, pero tú eres quien lleva el timón, tú decides el rumbo y tú eliges el destino final.

Cada una de nosotras viaja en su propio barco, pero todas juntas vamos en el camino hacia la liberación, y se nos van a unir más.

Porque cada vez somos más las que nos estamos dando cuenta de que no hemos venido a este mundo a sufrir, ni a aguantar, ni a soportar, ni a pasarla mal.

Estamos haciendo la Revolución Amorosa, y esto nos está cambiando la vida. Cada vez más mujeres se quitan la venda y descubren que la vida es corta y que hay que disfrutarla, que tienen derecho a vivir una buena vida y que, para poder estar bien, sus relaciones también deben ser buenas.

Ahora sabemos que podemos construir relaciones sanas, igualitarias y basadas en el respeto mutuo, los buenos tratos, los cuidados recíprocos, el trabajo en equipo, la solidaridad y el compañerismo.

Y que no tenemos por qué conformarnos con menos.

Sabemos también:

  • Que a nuestras parejas no las vamos a cambiar.
  • Que estamos mejor solas que mal acompañadas.
  • Que no estamos obligadas a cargar con la cruz que cargaron nuestras abuelas y madres.
  • Que no somos las únicas responsables de que la relación funcione.

Cuando tomamos conciencia de que no podemos vivir la vida que los demás quieren, y que tenemos derecho a vivir la que nosotras decidimos, empezamos a liberarnos de todo aquello que nos ata y oprime.

Y aquí estamos ahora todas, leyendo juntas desde diferentes puntos del planeta, sabiendo que no somos tan raras, ni estamos tan locas, ni tampoco solas. Antes de empezar con el primer capítulo, te voy a contar cómo nació la Revolución Amorosa.

Cuando me dejaba un novio o yo lo dejaba, mi abuela me reprochaba que las mujeres de hoy en día cada vez «aguantamos menos». Yo le explicaba a ella que en su generación no les quedaba más remedio que aguantar, pero que si hubieran podido, muchísimas se habrían divorciado, incluida ella. Y me daba la razón.

Yo le decía:
—Abuela, no venimos al mundo a sufrir, sino a disfrutar.
Ella, por su parte, sonreía, y me respondía:
—¡Qué cosas se te ocurren!
—Dime, abuela, ¿para qué sirve sufrir? Para nada, ¿a ti te ha servido para algo?, ¿te han dado algún premio o compensación por hacerlo? No, ¿verdad?

Yo le contaba que gozar de la vida es un derecho fundamental y que cada vez son más mujeres conscientes de que nadie puede arrebatarles ese derecho. Por eso cada vez aguantamos menos, y cada vez tenemos más claro lo que queremos en la vida y lo que no, así como con quiénes queremos compartirla.

Estas conversaciones las tenía mientras hacía mi tesis doctoral sobre el amor romántico. Me había ido al pueblo a cuidar de ella y a investigar sobre la «fórmula mágica» para dejar de sufrir por amor. Quería liberarme y liberar a las demás, pero con el tiempo comprendí que dicha fórmula no existe y que en realidad es cuestión de ponernos a trabajar en nosotras mismas.

Primero identifiqué todo aquello que me hacía sufrir y sentir prisionera: la culpa, el miedo, el ego, los mitos románticos, la guerra contra mí misma... luego me puse a fabricar las herramientas para poder trabajar en mi propia liberación.

Cuando llegó el internet, comencé a compartir mis conocimientos escribiendo libros e impartiendo charlas y talleres sobre el tema.

Fundé mi propia escuela virtual del Laboratorio del Amor, un espacio de acompañamiento en el que elaboro estas herramientas con mujeres de todo el mundo.

Han sido muchos años apoyando a cientos de mujeres en sus procesos de desarrollo y crecimiento personal, y acompañándolas en su camino hacia la libertad, ¿y sabes qué hemos aprendido juntas? 

Que, en la medida en que aprendemos a vincularnos con nosotras mismas y con el mundo con amor, más fáciles y hermosas serán nuestras relaciones.

Por eso entreno cada día para ser mejor persona y para poder defenderme de quienes no me saben querer bien. He aprendido a decir que no, a poner límites y a irme de aquellas interacciones en las que no soy feliz.

Al cambiar yo, contribuyo a que más mujeres lo hagan. Porque la liberación es contagiosa, y al final se convierte en un movimiento social y político: la Revolución Amorosa se basa en la idea de que lo personal es político, y por eso lo romántico también lo es. En otras palabras, los cambios personales tienen un impacto social y la energía revolucionaria se expande, por lo que cada vez somos más las mujeres que reivindicamos nuestro derecho a disfrutar.

Para que todas podamos vivir bien, debemos liberarnos de todo aquello que nos impide avanzar hacia una vida mejor, así como transformar nuestras formas de relacionarnos y organizarnos política, social, económica, sexual y afectivamente. 

Porque ahora todo nuestro sistema se sostiene gracias al amor y los cuidados de las mujeres, a nuestra capacidad para sacrificarnos y entregarnos, y al trabajo no remunerado que realizamos para los demás.

Sin embargo, las mujeres no nacimos ni para servir, ni para sufrir. Vinimos al mundo a vivir una buena vida, pues solo tenemos una y es muy corta.


¿Qué necesitamos para liberarnos? 

Conocernos mejor a nosotras mismas, hacer autocrítica desde el amor, desmontar los mitos románticos y ayudar a las demás a quitarse la venda de los ojos y a poner los pies en el suelo.

Nuestro tesoro más valioso son las redes de apoyo, ya que en ellas podemos celebrar la vida con las amigas, conocer nuevas compañeras, brindarnos ayuda mutua, superar juntas los duelos, salvarnos cuando estamos en peligro, y darnos calor y amor del 
bueno.

Acompañadas, la liberación resulta más fácil, así que vamos juntas, ¿estás preparada para emprender el camino hacia la liberación?

Coral Herrera Gómez,
Galicia, 2025


Amiga, sepárate ya: nuevo libro de Coral Herrera en la editorial DIANA. 

Día del lanzamiento y presentación del libro en México: sábado día 21 de marzo a las 4 pm.

Dónde: Centro Cultural Elena Garro, Coyoacán, Ciudad de México.  




Ya puedes encargar el libro en tu librería favorita 



9 de marzo de 2026

Amiga, sepárate ya



Queridas Amigas:

Estoy muy feliz porque hoy os presento la portada de mi nuevo trabajo, que es el libro que yo habría querido tener a los veintipico años, cuando estaba intentando dejar una relación y no lo lograba. 

Yo me sabía la teoría, pero no sabía cómo podía ponerla en práctica. Mis amigas me decían las verdades, pero yo me autoengañaba. 

Yo intentaba dejarlo, pero estaba enganchada y me sentía atrapada. 

Yo sabía que ya no me amaba, pero mi ego se resistía a aceptarlo. 

Yo pensaba que mi mente y mi corazón estaban en guerra, y que estaba enjaulada en una cárcel con muros de titanio. Pero eran de humo.

Y yo podía desplegar las alas y echar a volar cuando quisiera. Pero tenía una venda en los ojos y soñaba con milagros románticos. Mi feminismo no me servía, no me ayudaba. Tenía miedo y no sabía cómo trabajar mi valentía.

En mi nuevo libro os cuento la experiencia que viví y cómo logré liberarme y dejar de sufrir por amor. Fabriqué mis propias herramientas con la utopía feminista, y entonces acabó la guerra en mi interior.

Y eché a volar sin miedo, por fin. 

Y volví a enamorarme de la vida, otra vez.

En mi nuevo libro os acompaño a todas en vuestro proceso de liberación mientras tomáis conciencia de lo hermosas y grandes que son vuestras alas.

Ya podéis verlo en la web de la Editorial Diana: 

Amiga separaté ya

El 21 de marzo es el lanzamiento y lo presento en Ciudad de México en el Centro Cultural Elena Garro, en Coyoacán a las 4 pm. 

Estáis todas invitadísimas a venir al evento, que es gratis y abierto al público💜

Coral 




2 de marzo de 2026

Vídeos 100 preguntas sobre el Amor

 


Acompañamé cada día a leer una nueva pregunta de mi libro: 100 preguntas sobre el Amor, La Revolución Amorosa para jóvenes.

Puedes conseguir el libro en tu librería favorita,

en la Editorial Catarata

y en Amazon,

tanto en digital como en papel. 

Aquí puedes seguir mi canal de Youtube

20 de enero de 2026

El amor en tiempos de guerra

 



¿Habéis visto cómo se están organizando en Minessota?, la ciudadanía se ha unido para crear estrategias de defensa, protección y cuidados frente a las fuerzas del ICE. Están celebrando asambleas, conciertos, y protestas, y están organizando redes vecinales de apoyo mutuo. Los matones del ICE van casa por casa, armados hasta los dientes, y los y las vecinas salen a la calle a enfrentarse a ellos y a proteger a las víctimas.

Esto es amor del bueno, amor comunitario, amor vecinal, amor en grupo.

¿Y en Gaza?, ¿has visto cómo la población palestina se ayuda entre ella y comparten lo poco que tienen?, ¿has visto cómo la gente de la cooperación lo está dando todo para poder ayudar a las víctimas del genocidio?, ¿y cómo el personal sanitario se desvive por salvar vidas, cerrar heridas, operar para extraer balas, y curar enfermedades generadas por la falta de agua potable y de comida?, ¿has visto como las poblaciones de todos los países del mundo han salido a la calle a pedir el fin del Genocidio y en solidaridad con Palestina?

Esto es amor del bueno, un amor que nos une pese a nuestras diferencias, un amor que nos sostiene, nos acuna, y nos envuelve a todos y a todas. Este Amor es lo que nos hace salir a la calle a protestar y a apoyar a las víctimas, lo que nos empuja a cuidar a la gente más vulnerable, y a aportar nuestro granito de arena para las buenas causas.


¿Has sentido alguna vez este amor del bueno a tu alrededor?

Recuerda qué ocurrió durante la pandemia. En el confinamiento, en los pueblos la gente se ayudó como hace siempre, y en las grandes ciudades los barrios se organizaron para llevar comida y medicinas a las personas con problemas de movilidad, con enfermedades, discapacidades o dependencia. En las familias se pusieron mesas grandes donde comía todo el mundo, tuvieran o no ingresos.

¿Qué ocurrió durante la catástrofe de Filomena en España? Que en muchas ciudades la gente quedó atrapada sin poder ir a trabajar, y acabaron creando redes vecinales mientras sus hijos e hijas jugaban en la nieve. Muchos ni se conocían ni se saludaban, pero aquellos largos diez días se reconocieron como vecinos y vecinas, y se ayudaron todos en lo que pudieron.

Esto es amor del bueno, y es nuestro mayor tesoro en tiempos de odio. Nos quieren enemistados, enfrentados, divididos, aislados, y anestesiados, cada uno con su teléfono, distraídos y ensimismados. Nos quieren debatiendo a muerte en redes sociales, linchandonos los unos a los otros, echando espuma por la boca y humo por la cabeza. Nos quieren cabreados, iracundos, amargados, y frustrados.

Pero cuando el nivel de sufrimiento se hace insoportable, nos juntamos para ayudarnos. Cuando hay un accidente o una catástrofe, corremos a ayudar y a aportar lo que sea necesario. Cuando hay un estado excepcional por cuestiones políticas, los humanos nos juntamos, nos organizamos, nos ayudamos y resistimos juntos. Cuando los poderosos se pasan de la raya y ejercen violencia contra la población, la población sale a la calle, se encuentra, se abraza, se ayuda, se habla, y entonces somos invencibles.

Porque la élite es siempre una minoría, en cualquier lugar del planeta. Y nosotros somos mayoría, en todos los rincones del mundo.

Y si en lugar de odiarnos entre nosotros empezamos a querernos unos a otros, este grupo de poderosos caería y no podría volver a someternos.

El Amor es lo que nos ha permitido sobrevivir como especie. Somos animales muy vulnerables, y somos interdependientes: nos necesitamos los unos a los otros para sobrevivir. Recibimos cuidados durante la infancia y la vejez, cuidamos a los demás en la adultez. Recibimos cuidados cuando enfermamos, cuando sufrimos un accidente, cuando nos van mal las cosas. Cuidamos a los demás cuando les pasa lo mismo. Cuidamos también a las personas desconocidas, y esto es amor del bueno.

El amor no se puede pagar. No se puede vender, alquilar, comprar, forzar o prestar. Solo se puede intercambiar. Es lo único que hoy escapa a la lógica del capitalismo y del patriarcado: el amor resiste al dinero porque nace de lo más hondo de nuestras entrañas, o no nace.

El Amor es un trabajo de cuidados, y requiere tiempo y energía. Es como una semilla que siembras, cuidas y riegas, y ves primero los brotes, después empieza a crecer, luego florece y más tarde da sus frutos. Si no cuidas el amor, se desgasta, se deteriora y se muere.

Así que para que siga vivo hay que alimentarlo como si fuera un fueguito, y echarle ramitas y palos a menudo para que no se extinga.

Vivimos en un mundo lleno de gente que odia, y el odio nos lleva a la violencia y a la destrucción. Y también nos autodestruye. La única forma de salvarnos de este suicidio colectivo es abrir puertas y ventanas para que entre el Amor, derribar los muros, abrir nuestro corazón, establecer redes de cooperación y apoyo mutuo, y recuperar colectivamente la alegría de vivir y las ganas de disfrutar.

Cuando el Amor nos inunda, nuestra capacidad para la empatía, la solidaridad, la fraternidad y el compañerismo se eleva a unos niveles enormes. Porque lo llevamos en el ADN: nos encanta ayudar, nos encanta sentirnos útiles, nos hace muy felices saber que podemos resolver problemas y colaborar para que los demás también sean felices.

La felicidad es política: yo no puedo ser feliz en un mundo en el que toda la gente sufre a mi alrededor. A mí me va bien cuando a todos nos va bien, y yo soy feliz cuando todos los demás son felices. No es posible vivir aislado de los demás: somos una enorme comunidad formada por muchas comunidades chiquitas.

Cuando nos invade el amor del bueno, nos sentimos llenos de energía y de ideas nuevas para mejorar nuestras vidas, y las vidas de los demás. Nos ponemos creativos y trabajadores: con amor lo que sientes es unas enormes ganas de aportar a la construcción de un mundo mejor.

El amor nos hace también mejores personas, porque nos vuelve generosas y valientes. Gracias al amor es que defendemos y protegemos a las personas más vulnerables, y nos dejamos cuidar cuando somos nosotros y nosotras las vulnerables. Sabemos que a lo largo de la vida humana todos y todas necesitamos amor, ternura y cuidados, y por eso es tan importante hablar de ello y ponerlo en el centro de nuestras vidas.

En los relatos de nuestra cultura occidental siempre es un héroe el que nos salva de las peores catástrofes, el que nos libera de un régimen político tiránico, el que encuentra la fórmula mágica para la salvación. Pero en la realidad, no es un héroe ni un ser divino el que nos salva: cuando hay problemas, es la comunidad la que se salva a sí misma.

Es la comunidad la que sale a protestar contra las injusticias y la violencia, es la comunidad la que te defiende cuando los bancos te echan de tu hogar, es la comunidad la que crea espacios seguros para comer y ormir, y para ayudar a quienes más lo necesitan.

No necesitamos salvadores: es la comunidad la que se enfrenta al tirano, y en ella todos somos héroes y heroínas, porque cada uno de nosotros aporta a la lucha desde sus posibilidades, y todas las aportaciones son igual de importantes y valiosas.

En las grandes ciudades hemos perdido a la comunidad, pero en los pueblos y aldeas siguen existiendo las redes de apoyo mutuo. A los humanos nos encanta ayudar, sentirnos útiles, contribuir al Bien Común. Sentimos un enorme placer cuando resolvemos problemas, cuando facilitamos a la gente la vida, cuando aportamos con dinero o con tiempo a una buena causa.

El único antídoto contra el odio y la violencia que arrasan nuestro mundo es el amor comunitario y la ternura de los pueblos. Los poderosos que controlan el mundo quieren que el odio siempre vaya hacia abajo y se expanda entre nosotros, nunca hacia arriba, nunca contra ellos. Y no soportarían que en lugar de odiarnos, nos quisierámos.

Lo más peligroso para ellos es que tomemos conciencia colectivamente de que tenemos derecho a vivir una Buena Vida, y que no es un derecho del que solo deban gozar unos pocos humanos. Todos tenemos derecho a disfrutar de esta única vida que tenemos, y sólo es posible disfrutar si todos y todas tenemos las necesidades básicas cubiertas, los derechos humanos garantizados, y una sólida red social y afectiva que nos sostenga.

Es la solidaridad y el compañerismo amoroso lo que nos une, y la unión es lo que nos hace grandes. Y cuando nos juntamos la energía colectiva se convierte en una energía muy potente que nos llena de amor y de valentía.

El Amor es un refugio colectivo y un espacio de cuidados, y a él van asociados la bondad, la alegría, la generosidad, los buenos tratos, el placer, el apoyo mutuo… y si es tan revolucionario es porque el orden social está basado en lo contrario: acumulación, acaparamiento, dominación, abuso, explotación, violencia y sufrimiento.

Muchos de nuestros representantes carecen de emociones y sentimientos amorosos, y viven inmersos en el odio. Por eso el Amor colectivo o comunitario es un espacio de resistencia frente a su maldad y su crueldad.

En los medios de comunicación y en las industrias culturales nunca hablan de este amor colectivo: sólo nos hablan del amor de pareja, y nos lo venden como el antídoto contra la soledad y como la puerta de entrada al paraíso. Apenas hablan del amor de la amistad, el amor hacia los desconocidos, el amor hacia los animales, y el amor de la Comunidad.

Porque el amor colectivo es el más peligroso de todos: si la gente se uniera para trabajar unida por el Bien Común, las estructuras de poder capitalista y patriarcal colapsarían. Si lograsemos tomar conciencia masivamente de la inmensa potencia que tiene el Amor, podríamos cambiar el mundo. Porque si en lugar de odiarnos entre nosotros nos atreviesemos a querernos bien, podríamos convivir en paz, trabajar en equipos, y crear redes de cooperación y apoyo mutuo para que las vidas de todos y todas fueran mejores.

Barrio a barrio, pueblo a pueblo, podríamos ir mejorando progresivamente nuestras comunidades, y olvidarnos de los líderes políticos. Si nos quisieramos entre todos, podríamos relacionarnos y organizarnos de otras formas, y eliminar las jerarquías que hoy nos someten, nos separan y nos enfrentan.

Todos y todas vamos buscando amor en esta epìdemia de soledad posmoderna: buscamos que nos quieran y nos cuiden, y nos sentimos inmensamente afortunados cuando podemos amar y cuidar a los demás. Ante la falta de sentido, el miedo al futuro, la incertidumbre de nuestro presente, los humanos encontramos refugio en las relaciones que tenemos con otros seres humanos y con animales.

Buscamos protección, abrazos y besos, buscamos intimidad sexual, buscamos palabras de aliento, apoyo emocional. Buscamos un hombro en el que poder llorar, buscamos sentirnos útiles y necesarios, buscamos cariño y comprensión, buscamos ojos que nos miren, que nos hagan sentir que existimos y que somos importantes para nuestros seres queridos.

El error que estamos cometiendo es dar amor solo a una persona, y creer que una sola persona puede darnos todo el amor que necesitamos. El amor es una energía que no se agota: cuanto más tenemos, más damos, y cuanto más damos, más recibimos. Por eso no la podemos centrar únicamente en nuestra pareja o familia: la mayor felicidad es poder expandir el amor también a las comunidades que habitamos.

Porque el Amor es lo único que hace que estas comunidades sean vivibles, pacíficas, igualitarias. El Amor alimenta las relaciones entre las personas que viven cerca, que trabajan juntas, que comparten espacios físicos, y cuanto más amor hay en ellas, más fáciles son nuestras vidas, y las vidas de los demás.

El Amor es la fuerza que nos impulsa a crear, a soñar, a imaginar un mundo mejor. El odio en cambio nos provoca emociones muy fuertes como la rabia, la ira, la envidia, y exacerba en nosotros la necesidad de ejercer nuestro poder para sentirnos superiores a los demás, y para someter a los demás. El odio tiene impacto en los demás (en tus vecinos y vecinas, en tus compañeros y compañeras de trabajo, en tu familia, en tus redes sociales), pero también te daña a ti. Porque te empuja hacia la destrucción y la autodestrucción, y cuanto más daño haces a los demás, más solo y aislado te quedas.

El Amor es un acto revolucionario en un mundo que nos quiere en guerra constante contra nosotros y nosotras mismas, y contra los demás. Es una pulsión que nos empuja hacia la esperanza, la ilusión, el deseo de construir y de aportar a lo que los demás están construyendo.

Amar hoy es una postura política fundamental: yo amo mi vida, amo la vida de los demás, amo a mi gente, amo a mi planeta. Amar significa cuidar: yo me cuido, y cuido el mundo que habito, y cuido mi mundo y las personas con las que comparto el mundo.


La salvación colectiva está en las comunidades unidas por el amor y los cuidados.


Coral Herrera Gómez

26 de agosto de 2025

Mujeres que se aman. Cómo construir relaciones amorosas libres de patriarcado



Las relaciones entre mujeres están atravesadas por el patriarcado, igual que las relaciones entre hombres. En ellas hay luchas de poder como en todas las relaciones, y funcionan desde las jerarquías, y con la estructura del amo y el esclavo: son relaciones de dominación y sumisión. En los centros de estudio y de trabajo se ve perfectamente la jerarquía que existe entre profesores y alumnos, directoras, jefas y empleadas. Y en la familia también existen relaciones basadas en el poder y en las jerarquías. 

Las relaciones románticas entre mujeres también están atravesadas por el patriarcado: nos educan en el patriarcado, y aprendemos a amar desde los mitos románticos.

Las mujeres lesbianas y las bisexuales también mitificamos e idealizamos a nuestras parejas, también creemos que el amor de otra mujer puede salvarnos, también sufrimos la necesidad de ser deseadas y amadas. También tenemos miedo a la soledad, también creemos que estando solas nos falta algo o estamos incompletas, también soñamos con un amor verdadero y para siempre. Da igual que seamos o no feministas: los mitos están en nosotras, nos los inocularon desde pequeñas.

Y esos mitos están impregnados de los principios y valores de la ideología patriarcal y capitalista. Por eso las mujeres lesbianas también se aman desde el concepto de la propiedad privada y la posesión, también tienen luchas de poder y practican la domesticación mutua. También tienen celos, también ejercen de policías y carceleras entre ellas, también se ponen los cuernos y rompen los pactos de cuidados, también se tratan mal cuando están enfadadas o dolidas, y también entran en guerras terribles cuando se separan o se divorcian.

El amor lésbico no es tan bonito ni tan feminista como quisieramos, pero lo importante es que estamos trabajando en ello. No es nada fácil porque vivimos en una sociedad llena de lesbofobia: los hombres no pueden soportar las relaciones entre mujeres en las que ellos no pintan nada. Muchísimas mujeres siguen metidas en el armario porque siguen sufriendo violaciones correctivas, palizas, cárcel y muerte solo por ser lesbianas. Muchísimas mujeres tienen que seguir escondiendo su orientación sexual porque siguen siendo señaladas, estigmatizadas y atacadas con discursos de odio, y por eso desde el feminismo seguimos luchando contra esta guerra contra las mujeres. Pero también estamos intentando acabar con la guerra contra nosotras mismas (dentro de cada una de nosotras) y entre nosotras.

Liberarte de los patriarcados que te habitan no es nada fácil, seas hetero o lesbiana. Pero muchísimas mujeres están leyendo, estudiando, haciendo terapia, aprendiendo y formandose, porque necesitamos herramientas para poder despatriarcalizar nuestras emociones y nuestras relaciones.

En este audio vamos a hablar de cómo podríamos liberarnos nosotras y liberar a las relaciones lésbicas del patriarcado, y de cómo cuidar nuestras parejas para que el amor no sea una experiencia carcelaria sino una experiencia de liberación y de disfrute.

Ya puedes escuchar completo el audio suscribiendote a mi Patreon, 

a mi Spotify o mi Ivoox por sólo 2,99 euros. 


29 de mayo de 2025

El poder de las Mujeres Solteras



Una de las cosas que están cambiando a toda velocidad en nuestra sociedad es la imagen de las mujeres solteras, su status social y el espacio que ocupan en nuestra sociedad, que es cada vez más grande. 

Las solteras han sido siempre una amenaza porque son impares en un mundo hecho por y para las parejas felices que van a fundar una familia feliz. En los eventos sociales (bodas, funerales, bautizos, comuniones, día de la Madre, cena de Nochebuena, comida de Navidad, etc) y en las renuniones sociales y familiares van solas.

Y se las ve estupendamente.

Y eso constituye en primer lugar una amenaza para los hombres, que temen que sus compañeras envidien la autonomía, la libertad y la alegría de las mujeres solteras. 

Ya no son unas fracasadas que no han conseguido novio y se sienten avergonzadas, ya no son esas mujeres que buscan emparejarse desesperadamente en las fiestas: ahora son mujeres normales y corrientes que tienen muchos seres queridos a su alrededor.

No las falta novio, no las falta amor: viven rodeadas de amigas, amigos, familia, animales domésticos, y el centro de su vida está ocupado por ellas mismas, no por un hombre. 

No las falta de ná.

Eso es lo que las hace tan peligrosas: una mujer soltera es la prueba de que las mujeres podemos vivir perfectamente sin marido. Y muchos hombres están convencidos de que son un mal ejemplo a seguir para sus parejas.

Además, ellos creen que cuando una mujer no pertenece a uno de ellos, cualquiera puede intentar tener sexo con ellas porque en realidad las mujeres sin pareja son patrimonio colectivo de los hombres. Por eso no soportan que ellas digan que no. Y tampoco soportan pensar en la envidia que sienten sus esposas de la libertad, la autonomía, y la vida sexual y amorosa de las mujeres solteras.

Para las mujeres casadas y emparejadas, también las solteras son una amenaza. Algunas creen que sus maridos podrían querer acostarse con ellas, o que ellas podrían robarle a sus maridos. Las ven como rivales, sobre todo si son guapas, jóvenes y felices.  

Las mujeres estamos dando un salto gigante porque gracias al feminismo hemos tomado conciencia de que las mujeres no deberíamos colaborar con el patriarcado, y el primer paso es no rivalizar ni competir entre nosotras.

Ya no es tan fácil distinguir en en las fiestas y demás eventos sociales a las mujeres que no tienen pareja porque hay muchas mujeres emparejadas que tienen su propia agenda y salen sin sus parejas. Las mujeres hemos conquistado (negociando con el compañero) nuestros propios espacios y nuestro propio tiempo. En las agendas de las mujeres hay tiempo para la pareja, y tiempo para una misma, y para nuestras pasiones y seres queridos.

Antiguamente toda la vida social se hacía con el marido, y luego cuando nos dejaban en casa ellos se escapaban. Ahora ya no: nosotras tenemos nuestros espacios propios con amigas, pasamos fines de semana en retiros con otras mujeres, estudiamos juntas, hacemos activismo social y político, salimos a divertirnos juntas.

Si cada vez hay más mujeres solteras es porque hay pocos hombres con ganas de trabajarse por dentro para crecer y para dedicarse al desarrollo personal. Nosotras somos cada vez más selectivas y exigentes, y no nos conformamos con migajas. Buscamos compañeros que sepan estar a la altura, que no busquen una sirvienta, que den la talla, y hay muy pocos. Así que no perdemos tiempo y energía en relaciones con hombres a los que ya sabemos que no vamos a cambiar. 

Los hombres más misóginos andan cabreadísimos, en especial los incels que declaran públicamente su odio contra las mujeres porque no queremos tener sexo ni relaciones de pareja con ellos.

No se les ocurre que igual no les elegimos porque son unos machistas, porque no saben relacionarse con nosotras como si fueramos seres humanos, porque nos siguen tratando como objetos de usar y tirar. 

Y porque ya sabemos que se está mucho mejor sola que mal acompañadas.

Mientras ellos siguen rabiando, las mujeres seguimos avanzando. Nos hemos quitado el miedo a que no nos quiera nadie, porque ahora sabemos que el amor está en todas partes. Aspiramos a juntarnos con alguien capaz de renunciar a sus privilegios, de respetar nuestros derechos humanos fundamentales, de hablar de sus emociones y sentimientos, de hacer terapia, de hablar sobre la relación. Hombres que sepan cuidarse a sí mismos y sepan cuidar sus vínculos afectivos y sentimentales. 

Y si no hay (porque los hombres capaces de hacer autocrítica amorosa no abundan), nuestras vidas siguen su curso. Nuestros proyectos, nuestra carrera profesional, nuestra red de amor y de apoyo mutuo, nuestras aficiones: nosotras disfrutamos de la vida, con y sin pareja. Y si llega alguien especial en nuestras vidas, ya sabemos cuidarnos a nosotras mismas para evitar relaciones de abuso y de maltrato. 

Como hemos tomado conciencia de que las relaciones tienen que ser recíprocas y que el amor es un trabajo de cuidados, no nos conformamos con menos.

El poder de las solteras es cada vez más grande, porque estamos trabajando mucho en nuestra autonomía, y porque cada vez se separan más mujeres de sus novios, amantes y maridos. Ya no aguantamos, no toleramos, no soportamos: tenemos cada vez más claro cómo queremos vivir las relaciones, y cómo negociar para que sean relaciones igualitarias, sanas y bonitas. 

Y este poder de las solteras no va a parar de crecer, porque ya nos hemos dado cuenta de que si no tenemos pareja no estamos solas: estamos rodeadas de gente que nos quiere y nos cuida. 

Y que no nos falta de ná si no tenemos un hombre a nuestro lado.

Una vez que saboreamos la libertad, ya no tenemos ganas de volver a depender de nadie nunca más.

Coral Herrera Gómez


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11 de mayo de 2025

Consultorio Sentimental de Coral Herrera

 




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11 de abril de 2025

Paremos la guerra: las mujeres queremos la Paz



Ya no podemos más. Queremos un alto el fuego y un plan para el proceso de paz. 

Las mujeres no somos las enemigas: somos la mitad de la Humanidad. 

Queremos que dejen de matarnos: la guerra contra las mujeres deja cerca de 85 mil víctimas asesinadas cada año. Una cada diez minutos. 

Queremos una tregua indefinida, que los hombres bajen las armas, que las pongan sobre la mesa, y se sienten a negociar. 

¿En qué consiste la guerra contra las mujeres?, ¿cómo podemos comenzar a elaborar los acuerdos de paz?

Lo primero es conocer los orígenes de esta guerra, lo segundo es tomar conciencia de cómo sufrimos y ejercemos explotación y violencia. 

La guerra contra las mujeres empezó cuando dio comienzo el patriarcado, hace unos 8 o 9 mil años. La resistencia feminista comenzó en el mismo momento en que empezó la opresión y la dominación. Cuando los hombres quisieron encerrarnos en casa y usarnos como sirvientas domésticas, sexuales y reproductivas, las mujeres se resistieron y comenzaron su lucha por la liberación. 

Después de tantos miles de años, las mujeres desobedientes que no cumplen con los mandatos de género y se rebelan contra la misoginia y la violencia siguen siendo castigadas en todo el mundo con malos tratos, torturas sexuales, explotación, esclavitud, y también con la muerte. 

El enemigo número uno del patriarcado son las mujeres feministas, y todas aquellas mujeres que luchan por la igualdad y los derechos humanos de todas las mujeres. Por eso nos odian tanto los hombres machistas y sus aliadas, las mujeres patriarcales. 

Gracias al feminismo ahora contamos con datos estadísticos para explicar cómo se desarrolla la guerra contra las mujeres en todo el mundo. Sin embargo, cuantos más datos tenemos, más aumenta el negacionismo y el odio contra las que se atreven a protestar. 

La mayoría de los hombres no sienten ninguna empatia por nuestra lucha, no se solidarizan y no asumen la parte que les toca. Nosotras estamos cambiando a pasos agigantados, los hombres no quieren cambiar. Quieren seguir gozando de los privilegios que gozaban sus abuelos. 

¿Cuáles son esos privilegios? 

- Los hombres tienen el doble de tiempo libre que las mujeres en todo el mundo. Es cierto que la gran mayoría sufre explotación laboral, pero muchos de ellos tienen criadas a su servicio, sirvientas que sufren explotación emocional, doméstica, sexual y reproductiva. Unos pagan y otros lo disfrutan gratis, pero la inmensa mayoría se beneficia de la energía y del tiempo de las mujeres. 

- Explotación doméstica: millones de mujeres trabajamos para nuestro marido y descendientes sin derechos laborales: sin cobrar salario, sin días de descanso ni vacaciones, sin cotizar a la seguridad social, sin permisos por enfermedad ni derecho a la jubilación. Nosotras somos las que gestamos y parimos bebés, los cuidamos y los educamos, y además cuidamos el hogar, cuidamos a las personas mayores y a las personas dependientes de la familia, a las mascotas y animales domésticos, al ganado, el jardín y el huerto familiar. Son toneladas de horas de trabajo cada año, un trabajo del que se benefician los hombres. 

- Explotación laboral: los dueños de las tierras, las fábricas, los medios de producción y comunicación, los bancos y las empresas son en su mayoría de los hombres. La gran mayoría de las mujeres del planeta sufre, del mismo modo que los hombres, la explotación laboral, pero nuestras condiciones de trabajo son mucho peores: nos salarios son mucho más bajos, las condiciones laborales mucho más precarias, y sufrimos mucho más el desempleo. Nuestras pensiones de jubilación son más bajas, nos echan del trabajo si nos quedamos embarazadas, y además sufrimos acoso sexual de iguales y superiores en nuestros centros de trabajo. Lo mismo las secretarias que las campesinas, las abogadas, las azafatas, las ingenieras, las cocineras, las profesoras, las ganaderas, las investigadoras, las peluqueras, las artistas, las camareras, las atletas, las obreras, las enfermeras… las que más explotación y abusos sufren son las mujeres que trabajan en el sector de los cuidados (empleadas de la limpieza, trabajadoras sociales, internas domésticas, cuidadoras de personas mayores) 

- Acoso en los espacios públicos: los hombres nos castigan si salimos solas a la calle. Nos acosan en el bus, en el tren, en el metro, en las plazas, en los espacios de ocio, en fiestas populares, en los bares, las discotecas y en los conciertos, en las competiciones deportivas... solo nos dejan en paz cuando vamos acompañadas de otros hombres. 

- Matrimonio infantil, mutilación genital, violencia sexual, embarazos forzados: el lugar más peligroso para nosotras no es el espacio publico sino el hogar, donde sufrimos todo tipo de malos tratos, abusos y violencias:  en casa nos mutilan genialmente, nos encierran en burkas, nos casan cuando somos niñas con pedófilos, nos violan y nos obligan a ser madres.

- Violencia obstétrica: es la que sufrimos durante el embarazo, el parto y el posparto en los centros médicos y en los hospitales. El maltrato en momentos de tanta vulnerabilidad deja una huella profunda en nosotras, y además tenemos que hacer frente a la tremenda soledad de los primeros meses de la maternidad. Aún son mayoría los hombres que no cambian pañales ni piden permisos para cuidar de sus criaturas; se asume todavía que toda la responsabilidad de la crianza es de las madres.  

- Explotación sexual y reproductiva: los hombres ganan mucho dinero alquilando y vendiendo mujeres. Nos usan como mercancía: trafican con nuestros cuerpos y nuestras vidas, nos exponen en escaparates y en catálogos, y nos ofrecen como productos. Los hombres hacen negocios con nuestras vaginas, nuestros óvulos y nuestros bebés. Nos usan como incubadoras humanas para satisfacer los deseos y necesidades de los hombres que puedan pagar por ello, y hay precios para todos los bolsillos.  

- Malos tratos y femicidios en el ámbito de la pareja: los hombres casados viven como reyes y nosotras como sirvientas. Accedemos voluntariamente al matrimonio, una cárcel de la que muy pocas mujeres se atreven a salir. Algunas somos asesinadas cuando queremos separarnos o divorciarnos. Seguimos siendo un bien de consumo y una propiedad privada para nuestros maridos, por eso nos castigan cuando queremos escapar. 


Cada vez más países están identificando y cuantificando la violencia y están tomando medidas para proteger a las víctimas, pero los niveles de impunidad son espantosos,  y la misoginia impregna toda nuestra cultura y en nuestra comunicación: 

En los medios de comunicación de masas nos cosifican, nos hipersexualizan y nos invisibilizan. 

- Las industrias culturales nos ofrecen productos fabricados con mitos y estereotipos para perpetuar su sistema de dominación.  

- En las redes sociales nos borran, nos linchan y nos cancelan, tanto los machos de izquierda como los de derechas, tanto los machos hegemónicos como los diversos. Los algoritmos premian la ciberviolencia contra las mujeres, y esa violencia traspasa las pantallas al mundo real. Por eso tantas figuras públicas han tenido que abandonar las redes: el mayor triunfo para el patriarcado es que solo se queden los hombres y sus aliadas más fieles.  

En esta guerra las que más sufren son las mujeres pobres, las mujeres migrantes y refugiadas, las ancianas y las niñas. Cuanto más pobres, más vulnerables somos a la explotación.

Y ya no podemos más.

Queremos una tregua para sentarnos a hablar: las mujeres queremos pedir la Paz. 

Nosotras no tenemos armas. Nos matan con pistolas, cuchillos, martillos, cadenas, machetes, puñales, nos tiran del balcón, nos ahorcan, nos arrojan ácido, nos matan a golpes. Nosotras no respondemos con violencia ante este genocidio, no nos organizamos en grupos para atacar a los hombres violentos.. solo nos organizamos para prestarnos apoyo mutuo, para romper las cadenas que nos atan, para salir de las cárceles en las que vivimos presas, para luchar por nuestros derechos humanos fundamentales. 

El feminismo no mata a los hombres ni pide venganza.

Nosotras lo que queremos es vivir en libertad, en armonía y en igualdad. 

Pedimos un alto el fuego, que se entreguen las armas, que acabe la esclavitud femenina dentro y fuera del hogar. 

Queremos que se nos reconozca como seres humanos, que los países garanticen nuestros derechos sexuales y reproductivos, y queremos poner en el centro de la mesa de negociaciones los cuidados y el amor. 

Nos puedes ver en las calles protestando, exigiendo justicia y pidiendo la Paz mundial. Nos oirás gritar que no nacimos para servir ni para sufrir: todas las mujeres del mundo tenemos derecho a vivir una Buena Vida, libre de sufrimiento, explotación y violencia. 

Nosotras no somos vuestras enemigas ni vuestras sirvientas: somos la mitad de la Humanidad.

Hombres, escuchen nuestro grito mundial: las mujeres queremos vivir en Paz. 

Coral Herrera Gómez 


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20 de marzo de 2025

Love Revolution de Coral Herrera Gómez

 



Estoy muy emocionada con mi nuevo proyecto de Escritura Acompañada. Se llama Love Revolution: es una obra de ensayos cortos que voy a escribir en tiempo real con mis lectoras, suscriptoras y mecenas de Patreon, y con mis compañeras del Laboratorio del Amor. Empiezo hoy y no sé cuánto tiempo tardaré en completarla. Durante todo el proceso creativo mis lectoras podrán darme feedback y contribuir según vaya publicando los textos.
Escribir es un ejercicio muy solitario, y yo soy de las que no enseño nada a nadie hasta que termino y reviso mil veces. A veces sufro mucho, sobre todo cuando se acerca el final, y siento que esta idea de escribir acompañada por mis lectoras puede ayudarme mucho a disfrutar más y a sufrir menos.
Es un proyecto auto gestionado para poder interaccionar con mi público sin intermediarios, en un espacio seguro a salvo de haters.
Hay dos formas de apoyar: podéis comprar el libro en construcción y verlo crecer, o suscribiros a mi Patreon. En cada publicación podréis dejar vuestros comentarios, sugerencias, y críticas constructivas, y aportar con vuestros conocimientos, reflexiones y experiencias.
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