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17 de junio de 2018

Cómo destrozar tu relación de pareja en pocas semanas. Método garantizado.




Lo más importante a la hora de destrozar tu relación de pareja es que te asegures de que hay sufrimiento constante, que hay drama y desgarro, que hay dolor. Se trata de convertir una relación que podría ser hermosa, en un infierno para ambos miembros de la pareja. No importa si estás en una relación hetera, bisexual, lesbiana o gay: siempre que apliques los mitos del romanticismo patriarcal en tu forma de relacionarte con el amado o la amada, tienes casi garantizada la ruptura. Puedes empezar este método desde el incio del romance, aquí mis consejos para estropear una relación bonita:

1. Desconfía en todo momento: tu pareja es tu enemigo/a, así que nunca debes confiar en ella. Da igual lo que te diga o lo que haga: no la creas. No es tu amiga ni tu compañera, no es tu amigo ni tu compañero: el amor es una guerra y tú quieres ganar todas las batallas. Así que no te fíes: cada cual tiene sus estrategias para dominar al otro, y para hacer lo que no se debe cuando se está en pareja. Si das por sentado que te miente y te engaña, te será más fácil hacerle la vida imposible con tus continuas sospechas, y por lo tanto, antes se hartará de ti.

2. Sé egoísta y piensa solo en ti, en tus necesidades, en tus apetencias y tus deseos. Para dominar la situación, puedes optar por dos vías: o dejarle muy claro que le amas, o que no lo tenga nada claro. Puedes decirle que estás dispuesta a renunciar a todo por ella, o por él, que la cosa va muy en serio, que el centro de tu vida ahora mismo es ella, o él, que vives por y para ella, o para él, que tu vida carece de sentido sin ella, o sin él. Así se agobiará con la tremenda responsabilidad de hacerte feliz y empezará a pensar en dejarte. O puedes hacer justo lo contrario: no te comprometas, repite insistentemente que "no sois nada", coloca a tu pareja en una segunda o tercera categoría, insiste en que no quieres pareja formal aunque la tengas. Así aunque primero puede que se esfuerce en enamorarte, al final se hartará de intentarlo y de sufrir para nada.

3. No negocies el modelo de relación que váis a seguir: impón el tuyo, por ejemplo, el modelo romántico ideal para seguir la senda del noviazgo tradicional, siguiendo los pasos marcados por el patriarcado, como Dios manda: "Voy a presentarte a mis padres, a mi familia, a mis amigas y amigos, voy a pedirte que te hipoteques conmigo, voy a pedirte matrimonio, hijos y familia feliz". Algunas personas salen corriendo cuando les planteas esto en las primeras citas, no falla. También puedes imponer una relación de amantes o de amigos, avivando de vez en cuando su esperanza para que se convierta en algo más, pero sin dar un solo paso. Más temprano que tardé, se cansará de esperar el milagro romántico.

4. Lluvia de reproches: intenta montar una escena a tu pareja plagada de reclamos y falsas acusaciones, al menos una vez al día. Convierte la lluvia en tormenta cuando notes que la otra persona está feliz o se siente muy bien. Que los reproches le dejen claro que es imperfecta, que es una mala persona, que no se puede confiar en ella, que se sienta culpable por todo, que se vea a sí misma como un monstruo. Es una peli en el que tú siempre eres el bueno o la buena, y ella la mala o el malo. Así se harta y te deja enseguida porque sabe que quieres bajar su autoestima para aumentar su dependencia emocional. Y como ya lo sabe, no se deja, y se aleja.

5. Hazte indispensable: sé el mejor o la mejor en todo. Ten a tu pareja como a una reina: ayudale en todo, intenta resolver tú sus problemas, ofrece tus recursos y tus conocimientos para apoyarle en momentos difíciles, hazle la vida más fácil en todo momento: lleva su coche a reparar al taller, hazle la declaración de la renta, cocina como una diosa, o como un dios, limpia su casa, paga la cuenta en el cine y en el bar, hazte necesaria e importante para su día a día. Cuando se de cuenta del tremendo poder que tienes sobre ella, saldrá espantada, o espantado, a recuperar su autonomía y su libertad.

6. Mientras, intenta manipularla, controlarla, tenerla vigilada. Pídele sus contraseñas del correo y de sus perfiles en redes como una prueba de su amor. Sugierele qué ropa le sienta bien y señala sin piedad la que no le queda bien. Opina sobre sus proyectos de vida y sus proyectos profesionales para minusvalorarlos o para hacerle sentir que está perdiendo el tiempo y que no lo logrará. Exige que esté pendiente del teléfono porque si no te vas a sentir muy mal porque eres muy sensible y tienes miedo al abandono. Sé crítico o crítica en plan destructivo, intenta que se sienta poca cosa y se sienta poderosa. Al principio puede que se sienta confundida y triste, pero luego te mandará a Siberia a freír espárragos.

7. Intenta asilarla de su familia y amigos/as. Primero hazte el simpático o la simpática para caerles bien, luego te dedicas a criticarles. Ponle difícil la conciliación de su vida contigo y con su gente. Exige que su tiempo es tuyo con este rollo del amor verdadero, que asuma que tiene que dedicarte
a ti todos los ratos en los que no estudia o trabaja. Pon malas caras cuando te obligue a ir a sus compromisos, y no vayas a todos, pero quéjate porque te sientes excluida o excluido. Siempre que puedas, monta enormes broncas a tu pareja, así lograrás que la gente que la quiere reaccione en contra tuya y empiecen a convencerla de que debe dejarte inmediatamente. Ella misma se resistirá con uñas y dientes a que la aisles, el feminismo la ha ayudado a valorar su red de afectos y de cuidados.

8. Cuando tu pareja salga sin ti, intenta amargarle la noche y hacerle sentir culpable de la ansiedad que sientes. Da rienda suelta a tus celos, y exige "tus derechos" como pareja. Obligale a estar permanentemente conectado/a, localizable y disponible para ti, intenta que le de miedo tu forma de reaccionar, monta la bronca si no te contesta en una hora, intenta chantajearla/e con la idea de que no puedes ni respirar del dolor que sientes por su culpa. El objetivo es que no disfrute con sus amigas, sus amigos o su familia, o que no disfrute de su tarde de soledad y lectura. No se puede disfrutar sin ti. 

9. Aunque tampoco se puede disfrutar contigo: dale unas migajas de amor, y el resto del tiempo, una de cal y otra de arena. Que se crea que estar en guerra es estar en el paraíso, cambia de humor con rapidez, intenta aguar todas las fiestas, monta peleas por nada, tratala mal, amenaza con dejarla, o con dejarle. Dale placer, regalalé orgasmos, sé cariñoso/a, concedelé todos sus deseos, ponte de rodillas para que se sienta una diosa. Ponte sado, ponte masoquista, ponte victimista, ponte autoritario/a. Seguro que al principio se resistirá y aguantará todo lo que pueda, pero al final te dejará, harta de tu patriarcados, tus miedos, tus traumas, tus limitaciones, tu mal humor y tu agresividad.

10. Sé infiel, miente, portaté mal, hazle putadas, da donde más duele. Si sufre es más fácil que te de todo el poder al principio. Que vea que eres una persona muy deseable, que sospeche de tus infidelidades, que cuando quiera hablar de ello te pongas de malas. Ves dejando pistas que te delaten, pero niegalo todo. Que sienta que está loca y se inventa las cosas. Que llore, que lo pase fatal, que te perdone, que empiece a odiarte: acabará harta de tus mentiras, tus paranoias, y tus malos tratos. Y le entrarán unas enormes ganas de liberarse de ti, y de todos los que son como tú. No estará sola, estará acompañada de un montón de gente que la quiere y a la que le preocupa su bienestar y su felicidad. 

Algunas personas tardan más, otras tardan menos, pero este método es infalible. Estas relaciones patriarcales de dominación y sumisión empiezan a quedarse atrás: cada vez somos más las mujeres que queremos disfrutar del amor.

Ninguna relación resiste tanta desconfianza, tantas luchas de poder, tantos dramas llenos de reproches, tanta posesividad y tantos celos, tanta agresividad e intentos de manipulación. Cualquier romance muere con chantajes, amenazas, mentiras, peleas y escenas desagradables con llantos, gritos e insultos casi todas las semanas. Tampoco resiste a la presión social de la gente que quiere a tu pareja y hace todo lo posible por convencerla para que salga de ahí. Porque no hay amor posible en el corazón del patriarcado: si no te cuidan, si no hay igualdad, si no hay compañerismo, si no hay ternura, si no hay placer, si no hay confianza y honestidad, si no se puede disfrutar, nosotras nos vamos ya: no aguantamos más.

#MujeresQueYaNoSufrenPorAmor

Coral Herrera Gómez


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13 de junio de 2018

Desaprender la crueldad






Somos crueles con las mujeres embarazadas, con los bebés recién nacidos, con la persona que se enamora de nosotros, con el anciano que pierde sus facultades, con los niños y las niñas, con los inmigrantes y los refugiados, con la gente diversa en capacidades y orientaciones sexuales, con los raros y los anormales, con los locos, con los animales domésticos y con el ganado que criamos para comer. Somos crueles con los demás en los momentos de máxima vulnerabilidad: cuando las mujeres dan a luz, cuando llegamos al mundo, cuando enfermamos o cuando nos vamos a morir.   

Nuestra cultura sadomasoquista nos hace creer que para amar, para aprender, para adaptarse a este mundo enfermo hay que sufrir. Muchos ejercemos estos malos tratos sin darnos cuenta, sin pensar en si está mal o no, si la otra persona está sintiendo dolor o no. Nos importa poco porque la crueldad con la que nos tratamos entre nosotros hoy en día nos resulta "normal" y "natural": la hemos sufrido, la hemos interiorizado, la reproducimos y la transmitimos a las nuevas generaciones  como parte de nuestra "sabiduría popular".

La cultura de la crueldad es una forma de practicar la violencia y de ejercer nuestro poder que está legitimada y naturalizada en nuestra sociedad patriarcal, del mismo modo que la cultura de la violación. La crueldad, como el amor, es también una construcción social y cultural. Está tan normalizada que no percibimos la crueldad como una forma de violencia: nos parece natural dejar llorar a un bebé que necesita cariño, o pegar a los niños cuando desobedecen. Nos parece normal también devolver el daño que nos hacen los demás: justificamos nuestra violencia con el "derecho a la venganza" y con la filosofía del "ojo por ojo". 

Justificamos la crueldad con los argumentos más disparatados. Nos decimos los unos a los otros que para aprender en la vida hay que sufrir y pasarlo mal, que es lo que toca, que es lo natural: la vida es dura y nosotros tenemos que hacernos duros también. Aprendemos a insensibilizarnos y perdemos la empatía a medida que resistimos los golpes de la vida, y luego interiorizamos esta cultura de la crueldad para reproducirla y transmitirla a las nuevas generaciones. Así es como se perpetúa en cada uno de nosotros el ciclo de la violencia y los malos tratos hacia los demás.  

Nos parecen normales comportamientos monstruosos, como separar a las mamás de sus bebés, o la explotación y el maltrato animal, tan cotidiano en todo el planeta. En las relaciones familiares, en las relaciones laborales, y en las redes sociales nos aplastamos los unos a los otros, nos damos lecciones, nos juzgamos y nos insultamos sin piedad, nos  imponemos a los otros para ganar todas las batallas. No sabemos resolver conflictos sin usar la violencia, no sabemos discutir sin insultarnos, no sabemos expresar nuestras emociones sin hacer daño a los demás. 

También en el ámbito del amor romántico la crueldad se justifica y se sublima: las relaciones de pareja están atravesadas por el sufrimiento porque antes de llegar al paraíso hay que atravesar este valle de lágrimas. En la cultura patriarcal, parece natural que los hombres casados mientan y sean infieles a sus esposas, o que las maten cuando son ellas las infieles. Todo el amor romántico está impregnado de violencia machista disfrazada de violencia pasional: a las mujeres nos hacen creer que si nos pegan es porque nos quieren mucho, que quien bien nos quiere nos hace llorar, que si nos sacrificamos al final tendremos nuestra recompensa. A ellos les hacen creer que el amor es una guerra que hay que intentar ganarla como sea, y que la única forma de tener a sus pies a una mujer es combinando los buenos y los malos tratos para que se muera de amor por ti y así poder dominarla. 

Sufrimos la crueldad de los demás, y la ejercemos nosotros también, dependiendo del lugar que ocupemos en la jerarquía de poder. Cuando somos hijas, cuando somos madres, cuando somos empleadas, cuando empleamos a alguien, cuando somos novias, cuando somos amantes, cuando somos ancianas: con cada persona sostenemos nuestras luchas de poder para resolver los conflictos y para lograr lo que queremos, lo que deseamos o lo que necesitamos. 

El mundo sería un lugar mejor si pudiésemos entender los mecanismos con los cuales hacemos daño a los demás y a nosotras mismas, y si pudiésemos aprender a relacionarnos desde la ternura y el amor. En lugar de dejarnos llevar por nuestro Ego y su ansia de poder, podríamos poner en el centro los cuidados, construir relaciones igualitarias, ampliar nuestras redes de afecto. El mundo sería un lugar mucho mejor sin violencia, y sin la estructura de explotación que ejercemos unos sobre otros: hay que empezar a hablar de los malos tratos, y de la cultura de la crueldad que los justifican, para poder desaprenderlos y aprender otras formas de relacionarnos y de querernos.  

He llevado a cabo un breve análisis con propuestas incluidas para desmontar esta cultura y los argumentos que justifican el dolor, el sufrimiento y la crueldad como si fueran necesarios para sobrevivir y para relacionarse. La sufrimos y la ejercemos en el nacimiento y en la infancia, en la adolescencia, en el amor romántico, en la vejez, y en la muerte:

11 de junio de 2018

El Laboratorio cumple 3 años



El Laboratorio del Amor cumple tres años este mes, para celebrarlo me he grabado un vídeo en el que os cuento qué es y cómo trabajamos lo romántico en buenas compañías.

Empezamos nuevo curso el 21 de Junio, aquí tenéis toda la información y el botón para inscribiros:

10 de junio de 2018

Video de Coral: La Escuela del Amor



La Escuela del Amor cumple tres años este mes, para celebrarlo me he grabado un vídeo en el que os cuento qué es y cómo trabajamos lo romántico en buenas compañías.

Empezamos nuevo curso el 21 de Junio, aquí tenéis toda la información y el botón para inscribiros:

16 de mayo de 2018

Feminismo para sufrir menos, y disfrutar más del amor: nuevo libro de Coral Herrera Gómez




En su nuevo libro, "Mujeres que ya no sufren por amor: transformando el mito romántico", Coral Herrera Gómez analiza la manera en la que aprendemos a ser hombres y mujeres, y a relacionarnos entre nosotros, con el objetivo aportar su granito de arena para liberar al amor de su carga machista y patriarcal. La autora cree que para poder sufrir menos, y disfrutar más del amor necesitamos herramientas para desmontar el amor romántico, y para llevar la teoría feminista a la práctica.

Coral Herrera afirma que el amor es una energía que mueve al mundo, y tiene un potencial transformador que es revolucionario a todos los niveles, porque puede cambiar nuestra forma de sentir, de gestionar nuestras emociones, de relacionarnos y de organizarnos social, política y económicamente. Ella nos invita a trabajar individual y colectivamente para despatriarcalizarlo, reinventarlo, ensancharlo, multiplicarlo, y expandirlo más allá de la pareja.

Bajo el lema de que lo romántico es político y otras formas de quererse son posibles, la autora propone algunas claves para desaprender todas las creencias en torno a la utopía romántica posmoderna de corte individualista que nos mantiene anestesiadas, aisladas unas de otras, en eterna búsqueda del amor, encerradas en nuestra burbuja de miedos, y creyendo que estamos condenadas a sufrir por amor.

Coral Herrera trabaja desde la autocrítica amorosa feminista. Para aprender a querernos bien, y para poder relacionarnos de una forma más libre, igualitaria y amorosa con nosotras mismas, entre nosotras, y con los hombres, cree que es esencial que analicemos las relaciones de poder y las herramientas que tenemos para unirnos, para separarnos, para disfrutar del amor, para arreglar nuestros problemas y resolver los conflictos que tenemos con nuestras parejas y con las demás relaciones que construimos con nuestros seres queridos.

En esta recopilación de artículos, escritos con un lenguaje accesible y con espíritu alegre y combativo, la autora nos abre las puertas de una nueva utopía amorosa de carácter colectivo en la que quepamos todas y todos. Para llegar a ella es necesario hacer una revolución afectiva, sexual, amorosa, emocional, y cultural que nos permita construir relaciones más sanas y más bonitas.

Las mujeres que ya no sufren por amor son las protagonistas de esta transformación social  y esta revolución amorosa: hemos puesto en el centro del debate y la lucha feminista la ética de los cuidados, la política de las emociones, y el derecho de las mujeres al placer, al bienestar, y a disfrutar del amor, y de la vida en libertad, y en buenas compañías.


Coral Herrera Gómez es Doctora en Humanidades y Comunicación, escritora y bloggera, y coordinadora del Laboratorio del Amor, una red social de mujeres y un taller permanente en torno a los estudios sobre las relaciones amorosas desde una perspectiva de género. Ha trabajado como consultora de comunicación y género en organismos internacionales como Unesco, ILANUD, AECID y actualmente trabaja en UNED Costa Rica, y en Observatorio de Medios y Comunicación Centroamericano (GEMA). Escribe en su blog desde hace siete años y colabora en diversos medios de comunicación como Mente Sana o Pikara Magazine. Ha sido profesora e investigadora en la Universidad de la Sorbona en París IV, en la Universidad Carlos III de Madrid y ha publicado varios libros, entre los que destacan La construcción sociocultural del amor romántico (Fundamentos, fecha) y Más allá de las etiquetas (Txalaparta, 2011). También ha participado en varios libros colectivos e imparte conferencias en congresos internacionales sobre comunicación y género.



Herrera Gómez, Coral: Mujeres que ya no sufren por amor, Editorial Catarata, 2018, Madrid.





¿Cómo puedo conseguir el libro?

- Puedes encargarlo en tu librería favorita. 

- Puedes comprarlo on line en la web de la Editorial Catarata

- Puedes pedirlo en Amazon



13 de febrero de 2018

¿Crees que vives en un mundo lleno de parejas felices?





Estábamos celebrando un chat en directo en el Laboratorio del Amor cuando una compañera nos contó que ella cuando caminaba por la calle y veía tantas parejas felices con o sin hijos, con o sin perro, se preguntaba: ¿por qué yo no puedo estar así, emparejada y feliz?, ¿por qué todo el mundo menos yo? 

Enseguida nos pusimos a desmontar las imágenes idílicas que habitan nuestro imaginario colectivo sobre las parejas:

De todas las parejas felices que ves paseando por el parque, unas están en proceso de separación, otras están juntas porque creen que no les queda otro remedio.

Unas acaban de discutir a gritos y llantos antes de salir con sus galas de domingo a pasear su “felicidad”, otras llevan sin hablarse una semana.

De todas esas parejas felices que vemos en el súper y en el centro comercial, hay un alto porcentaje de personas que se han arrepentido o se arrepienten de haberse juntado a su pareja pero se han resignado. También es probable que un alto número de ellas apenas tenga encuentros sexuales, si acaso algún sabadete al mes y para de contar.

Hay parejas que ves en las fiestas tan sonrientes que viven verdaderos infiernos conyugales, pero no saben o no pueden salir de ellos y se han habituado a pasar la vida peleando y guerreando.

Hay muchas parejas que en realidad no son pareja pero siguen conviviendo juntos, bien “por los niños”, bien por cuestiones económicas o logísticas (no todo el mundo se puede permitir el divorcio), bien por costumbre o por miedo a quedarse solo/a.

Hay parejas felices abiertas que tienen varias parejas, unas son felices y otras lo pasan fatal, ambos o uno de ellos.

Hay también parejas clandestinas que pasean con miedo a ser descubiertas, hay parejas que pasean sin saber que la otra persona junto a la que caminan tiene un amante.

Si, hay parejas felices y enamoradas, sobre todo las que están empezando: las vemos radiantes, haciéndose arrumacos, mirándose con deseo, tocándose en todas partes. Pero cuando acaba la borrachera del enamoramiento, muchas veces la cosa no culmina en la construcción de un amor feliz, sino que generalmente se acaba la relación porque no da para más la cosa. 

Cuando si da para construir una relación amorosa, el paso del tiempo va haciendo estragos en casi todas las parejas. El aburrimiento, el Ego, la necesidad de sentir nuevas emociones con nuevas personas nos hacen romper todos los juramentos de amor eterno que hacemos al principio. Esto sobre todo les pasa a ellos, porque como a nosotras nos inocularon el mito de la monogamia, nos cuesta más expandir nuestro amor a más personas, y encima seguimos creyendo que es para los hombres también. Pero incluso nosotras también nos saltamos las normas, aunque lo tengamos muchísimo más difícil que ellos: tenemos menos tiempo, (recordemos que según las estadísticas, ellos tienen 4 o 5 horas de tiempo libre al día y nosotras una o ninguna), y socialmente está peor vista la infidelidad femenina que la masculina. En algunos países te matan por ser infiel, te encarcelan o te torturan si eres mujer.

Hay parejas felices que ves entrando al cine cuyos miembros sufren porque no saben amar, porque son egoístas e interesados, porque no confían en nadie, porque tienen miedo de ser felices.

Hay parejas felices que van a misa en las que las mujeres están sufriendo malos tratos y violaciones a manos de su propia pareja, pero tú no te das cuenta. De todas esas mujeres, algunas serán asesinadas por la violencia machista. Algunas de esas parejas tienen hijos e hijas que también sufren la violencia machista, los malos tratos y los abusos sexuales de sus padres, padrastros, abuelos, tíos, primos o gente cercana, aunque no puedas verlo cuando van todos vestidos de punta en blanco simulando ser una familia feliz.

Por eso es tan importante desmitificar a la pareja como la quintaesencia de la felicidad: el patriarcado no nos deja disfrutar del amor. Es muy complicado quererse bien cuando no hay igualdad, admiración, respeto, fascinación mutua. No se puede construir nada en relaciones en las que unos son sujeto y las otras objeto. 

Todas nuestras relaciones humanas son complejas, y a menudo conflictivas. En todas sostenemos luchas de poder, dominamos o nos dominan, abusamos o abusan de nosotras. En todas las relaciones tenemos problemas para comunicarnos con claridad y asertividad, para contener nuestras emociones más fuertes, y nos cuesta relacionarnos de tú a tú, de igual a igual. En las relaciones de pareja es más complicado todavía.

Nuestras emociones son patriarcales, nuestros sueños y anhelos son patriarcales, nuestro deseo es patriarcal. En la teoría y el discurso tenemos muy claro que hay que liberarse del patriarcado, pero el cambio en las emociones es mucho más lento, son muchos siglos de patriarcado. 

Aguantamos y sufrimos tanto en pareja porque el romanticismo occidental está basado en el masoquismo femenino, y las mujeres creemos que no se puede desligar el amor del sufrimiento, el amor del sacrificio, el amor de la renuncia.

No sabemos separarnos con amor, no sabemos parar una relación en cuanto detectamos la primera señal de que la cosa no nos conviene, o no funciona y no va a funcionar. Toda la cultura mitifica el amor de pareja, pero lo cierto es que no todos sabemos querernos bien: para construir una pareja hay que trabajárselo día a día, y también, hay que tener mucha suerte para encontrar una persona con la que poder disfrutar del amor.

Porque no abundan.

Es casi un milagro encontrar a alguien especial con el que surja un enamoramiento recíproco y la magia se sostenga en el tiempo. 

A veces ocurre que nos juntamos a personas que no conocemos y no resultan ser tan geniales cuando nos vamos conociendo.

Otras veces sucede que sí te encanta como es la otra persona, pero notas que se le va pasando poco a poco el enamoramiento y se va alejando de ti.

O al revés, eres tú la que te vas alejando porque se te baja el deseo, las ganas, o simplemente te va dejando de gustar o la otra persona conforme la vas conociendo mejor.

Entonces si lo pensáis, es bien difícil tener pareja, y sobre todo, es difícil que dure. La realidad es que nos juntamos para probar si nos va bien, si funcionamos, si hay química, si hay compatibilidad, pero si nos enamoramos y la otra persona no nos corresponde, sufrimos. Fijaos si es complicado: los hombres han sido educados con un concepto de amor, y nosotras con otro radicalmente diferentes. Por eso a ellos les importa poco San Valentín y para nosotras es tan importante.

No podemos estar siempre deseando que el amor nos colme, nos complete, nos haga volar, nos empodere, nos permita valorarnos y querernos a nosotras mismas. No nos hace falta tener pareja: nos hace falta tener comida, un techo para cobijarnos, una ducha, ropa para vestir, agua potable para beber, atención sanitaria de calidad y gratuita, educación pública de calidad y gratuita, salarios dignos... 

Tanto si hemos vivido un romance brutal con una conexión absoluta como si no hemos experimentado jamás tal éxtasis, la meta de nuestras vidas no puede ser el paraíso romántico. La búsqueda de la media naranja no puede convertirse en el centro de nuestras vidas.

Porque si todo nuestro tiempo y energías los dedicamos a encontrar al Príncipe Azul y a retenerlo a nuestro lado, ¿qué pasa con nuestros proyectos, con nuestras pasiones, con nuestra red de afectos? El amor no puede ser una eterna carencia o un sueño imposible, sino una energía que flota en el ambiente cuando eres feliz, cuando estás con tus tribus, cuando tienes mucha alegría de vivir, cuando tienes ganas de disfrutar de la vida, cuando no necesitas tener una pareja para ser feliz.

Y precisamente esta es la clave de la transformación individual y colectiva que necesitamos: que todas podamos liberarnos del miedo a la soledad, y de la necesidad de tener pareja para poder amar en libertad. Y para disfrutar de la vida todo el tiempo, con o sin pareja. 


Coral Herrera Gómez

11 de febrero de 2018

Otras formas de organizarnos son posibles



Nuestra sociedad se organiza en jerarquías. En lo más alto de la pirámide están unos pocos multimillonarios, en su mayoría hombres blancos que toman decisiones importantes que afectan a todo el planeta. Y abajo estamos todos los demás. Cada uno ocupamos una posición diferente dentro de esta pirámide social y económica, dependiendo del país en el que hemos nacido, la clase a la que pertenecemos, si somos hombres o mujeres, si somos heteros o no lo somos, la edad que tenemos, la profesión que ejercemos, la religión que seguimos... los de arriba nos oprimen y nosotros oprimimos a los de abajo.

En esto consiste el patriarcado capitalista o el patriarcapitalismo. Para que unos pocos dejen de acumular todo el poder y todos los recursos explotando a los demás, tenemos que acabar con esta jerarquía basada en la dominación masculina y el supremacismo blanco, y buscar otras formas de organizarnos política, social y económicamente de manera que todos podamos disfrutar de la vida y de las riquezas que poseemos en común. 

Nuestras relaciones personales y sociales son conflictivas y a menudo son interesadas. Casi todas las relaciones están basadas en el abuso y la dominación: todos queremos llevar razón, queremos que las cosas se hagan como a nosotros nos conviene, queremos imponer nuestros puntos de vista y nuestras necesidades, queremos ser amados,, respetados y admirados, queremos acumular poder y riquezas, queremos ganar todas las batallas.

Vamos cambiando de papeles según la edad y las circunstancias: somos madres e hijas a la vez, podemos ser alumnas y profesoras, ciudadanas y presidentas, empleadas y jefas. Según el lugar en el que estamos hacemos uso de nuestro poder para manipular a los demás, desde una posición dominante o sumisa.

Los más poderosos nos roban el tiempo y la energía para enriquecerse a cambio de salarios indecentes, nosotros nos compramos ropa hecha por esclavas que apenas cobran unos céntimos al día. Los más débiles son quienes más sufren la violencia: mujeres, niñas, mujeres ancianas, mujeres indígenas o afrodescendientes, mujeres pobres... para acabar con tanto sufrimiento tenemos que cambiar nuestra forma de organizarnos y de relacionarnos.

Tenemos que acabar con esta estructura de explotación: es urgente acabar con la pobreza, la violencia, la esclavitud, la guerra contra las mujeres, la guerra contra la naturaleza y el clima.
Este sistema no funciona, y nuestras relaciones interpersonales son demasiado dolorosas. Perdemos mucho tiempo y energías en amar a quien no nos corresponde, en luchas de poder en las que todos queremos ganar, en relaciones tóxicas que no nos hacen felices. Estas luchas nos agotan y nos tienen en conflicto permanente, por eso es tan importante preguntarnos: ¿cómo podemos aprender a convivir en paz?, ¿cómo podríamos solucionar los problemas que tenemos sin violencia?, ¿cómo dejar de guerrear y empezar a querernos bien?, ¿cómo hacemos para tratarnos con amabilidad?, ¿cómo podríamos construir relaciones más horizontales, más equilibradas, y más bonitas?

Hay que acabar con el patriarcado y el capitalismo: nos dirigimos de cabeza hacia la autodestrucción. Vivimos en un mundo en el que millones de personas sufren los efectos de las hambrunas, las guerras, el exilio, la inmigración, el clasismo, la xenofobia, el machismo, el racismo, el odio contra la gente diversa.

Demasiado dolor y demasiadas injusticias: para soñar con otro mundo tenemos que inventar nuevas formas de trabajar en equipo, tenemos que pensar en el bien común y en la buena vida para todas y todos, tenemos que cambiar sistema de abajo a arriba.

La especie humana sobrevivió gracias a la empatía y la solidaridad. El amor como forma de relación con el mundo y con los demás nos ha permitido cooperar para sacar adelante proyectos, para avanzar, para mejorar las vidas de millones de seres humanos. Tenemos una hermosa capacidad para cuidarnos los unos a los otros, para colaborar y ayudarnos mutuamente. Ahora vivimos en un mundo atroz y deshumanizado en la que hemos abandonado estas redes de cuido, de trabajo en equipo, de solidaridad en grupo. El individualismo nos enferma de soledad: necesitamos volver a recuperar estas redes para poder hacer frente a este sistema injusto, desigual y violento.

Es urgente acabar con la pobreza y dejar de destrozar el planeta, es urgente cambiar el modo de producir y de consumir, es urgente acabar con las guerras y la violencia entre los pueblos, entre los vecinos, entre la familia, en las parejas. Hay que redistribuir las riquezas para que nos alcancen a todos, hay que dejar de alimentar el odio contra los demás, hay que aprender a quererse más y mejor. 

Y lo más importante: hay que seguir trabajando para que todos y todas tengamos garantizados las libertades y los derechos humanos fundamentales.

Otras formas de organizarse y de relacionarse son posibles: necesitamos mucha generosidad, mucha solidaridad, mucha alegría de vivir y mucho amor del bueno para construir un mundo más humano, más pacífico, más justo, más igualitario y diverso en el que quepamos todos y todas.

Coral Herrera Gómez

10 de febrero de 2018

Qué bonito es el amor (correspondido)


·"MiniCuadro", de David Fernandez Saez


A veces en la vida pasan cosas extraordinarias, como enamorarte de alguien y ser correspondida. Es una de las experiencias más hermosas y alucinantes de estar viva. Querer y que te quieran, estar en el mismo momento, en la misma onda, con la misma energía puesta en el amor, con la misma curiosidad y fascinación por adentrarse en el interior de la otra persona . Tener el mismo ritmo, tener las mismas ganas, la misma ilusión, y parecidas ideas sobre el amor y la pareja. Que nos apetezca a los dos lo mismo, que nos pase a los dos lo mismo, que nos veamos los dos inundados de la borrachera del enamoramiento a la vez.

No es frecuente, pero pasa. Yo lo he vivido algunas veces en mi vida y ha sido maravilloso. Es bien difícil que ocurra, porque todos llegamos al amor con nuestros miedos, resistencias, intereses, deseos, y con nuestro pasado a las espaldas. Es bien difícil que se de la chispa entre dos personas a la vez, y que puedan vivirlo con la misma intensidad ambos. A veces vivimos ese espejismo durante unos días, pero pronto empiezan los peros, los problemas, las definiciones, los miedos, y ya no resulta tan fácil gozar del amor. 

Para mi ese momento que transcurre entre el primer beso y el ¿"qué somos?" es un espacio de incertidumbre deliciosa, porque es el momento máximo de libertad total, y trato de alargarlo lo más posible cuando los dos estamos disfrutando con tanta intensidad y tanta alegría. No hay ninguna palabra que reduzca o limite el encuentro, no hay ningún límite al placer. El cuerpo nos lleva al otro cuerpo, llamamos sin saber si estamos haciendo bien o no, queremos drogarnos como locas y lo más alucinante es que a la otra persona le pasa lo mismo. No hay límites al amor, sólo muchas ganas de verse y de compartir placeres. No hay obligaciones ni compromiso, sólo el aquí y el ahora: podemos detener el mundo y amarnos como si no hubiera un mañana. No sabemos si será una gran historia de amor ni cuánto durará, pero no nos importa porque lo único que queremos es saborear el presente y disfrutar de una oportunidad única de vivir en un estado de locura total durante un tiempito que siempre nos parece corto. 

Porque después de este tiempito de felicidad desbordante y colocón permanente, generalmente viene la realidad y pasan muchas cosas: que nos definimos como amantes clandestinos, novios o novias oficiales, rolletes de primavera, amiguitos. A veces no nos gusta la posición en la que nos han colocado o el modelo que hemos elegido para construir la relación. Suele pasar que baja la intensidad, nos tranquilizamos un poquito, reanudamos nuestras rutinas, nos vamos conociendo mejor y ya no nos gustamos tanto. A veces pasa que uno quiere compromiso formal y el otro no, que uno se está enamorando demasiado y el otro demasiado poco, que no tenemos nada que ver, que no hay compatibilidad, que no hay tiempo para el amor, que no hay ganas de profundizar, que no hay ganas de ir a ninguna parte, que hay demasiados miedos o demasiados obstáculos para disfrutar del amor, o que la otra persona no tiene las cualidades que buscábamos en la pareja ideal. 

Entonces lo realmente extraño es cuando no hay ningún "pero". Cuando a ninguno de los dos se nos pasa. Cuando no hay problemas y sigue sin haberlos. Cuando no ha habido ninguna señal que nos haga ver que estamos aterrizando en la realidad, que el cuento se terminó, que ya no hay más droga gratis. Cuando podemos seguir la fiesta del enamoramiento sin muros, sin obstáculos, sin peros, sin que nadie ni nada nos lo impida. Cuando la cosa en vez de disminuir se hace más grande, cuando ambos permanecemos desnudos y con el corazón abierto, cuando nuestra vida sigue inundada de risas, de sonrisas, de caricias, de juegos, de conversaciones profundas, de abrazos, de sesiones increíbles de sexo... cuando todo esto nos pasa, no queda otra que disfrutar intensamente, zambullirse en la historia, sentir el placer de poder amar sin prohibiciones, sin obstáculos, sin tener que dismular o reprimirse. Sentir el placer de ser amada. Sentir una intensa alegría de vivir sin miedo a que se acabe. 

No todo el mundo lo logra: no es fácil disfrutar del amor. Y no todo el mundo sabe qué hacer cuando se presenta la felicidad así como así, sin avisar. Pienso, por ejemplo, en esas parejas que se quieren mucho y para no aburrirse, se inventan problemas, se pelean, batallan y se reconcilian. Creen que el amor es una guerra y que cuanto más dolor sientan, más pasión desbordan.

Definitivamente, disfrutar del amor es un arte y requiere entrenamiento para poder vivirlo sin boicotear la relación y sin boicotearse a sí misma. Necesitamos herramientas para poder ser felices sin más, para poder disfrutar del presente, para nutrir la llama del amor, para construirlo día a día, para compartir la alegría y el amor el tiempo que dure. El tiempo que nos dure. 


31 de enero de 2018

Consejos para chicos que quieren disfrutar del amor, y de la vida

Grafitti callejero de Stikki Peaches



Algunos consejillos para chicos que quieren disfrutar del amor: 


- El amor es un placer. El amor es una energía renovable, una fuente de goce, placer, aprendizajes, crecimiento, alegría y orgasmos. Si estás en una relación en la que no lo estás pasando bien, o la otra persona no lo está pasando bien, lo mejor es cortar por lo sano. Sufrir por amor daña gravemente la salud emocional y sentimental: no pierdas tu tiempo y tus energías en relaciones que no funcionan.

-El amor no es una guerra, y las personas con las que te juntas no son tus enemigas. Así que puedes relajarte: no tienes por qué ser el ganador, no tienes por qué tratar de someter a tu pareja para sentir que eres el que domina en la relación. No es cierto que los que más se pelean son los que más se desean, no es verdad que del amor al odio hay un paso, y es mentira que quien bien te quiere te hace llorar. Quien bien te quiere te trata bien y contribuye a tu felicidad. Vivimos en un mundo cruel y violento, por eso lo verdaderamente subversivo es lograr relacionarte con la gente desde el amor, la ternura, el cariño, y la alegría de vivir. Además, también puedes separarte con amor y cariño: los finales de las parejas no tienen por qué ser traumáticos, desgarradores o terribles. Otros finales son posibles. 

- Amar en libertad: si quieres que el amor sea una experiencia maravillosa, es fundamental que la gente con la que te juntas se sienta libre para quedarse, o para irse de tu lado. Sin libertad, no hay amor. En la relación amorosa tienen que disfrutar ambos: no se puede gozar del amor si no es en condiciones de igualdad, respeto mutuo y reciprocidad. Es imposible que una persona que se sienta obligada o presionada a permanecer en una relación pueda disfrutar del amor. Que nadie te ate con la excusa de que te ama: no perteneces a nadie, todos somos radicalmente libres para estar en una relación o para dejar de estar en ella. Y esto no sólo has de aplicártelo a ti, sino también a tu pareja, que tiene los mismos derechos y libertades que tú, sea hombre o sea mujer. 

- No hay por qué sufrir. Hay muchas formas de solucionar los conflictos sin pasarlo mal y sin utilizar la violencia. Puedes intentar hablar de lo que sientes con tu pareja sin tener que enfadaros, sin insultaros, sin faltaros al respeto, sin haceros daño: todo se puede solucionar hablando. Y si no se puede solucionar, siempre os podéis separar con el mismo amor y el mismo cariño con el que empezasteis.

- Aprende a gestionar y a expresar tus emociones. A veces nos invaden unos tsunamis tremendos de emociones muy intensas y muy fuertes que nos hacen sufrir mucho y hacen sufrir a los demás, por eso es tan importante aprender a auto-controlarse, a identificar lo que nos pasa y a ponerle nombre, a expresarlo con la voz y con el cuerpo, a desahogarnos y liberarnos de las inundaciones emocionales que tanto daño nos hacen. 


- No te reprimas, y desnúdate cuando hagas el amor: quítate la coraza, el escudo, el casco, y deja las armas. Atrévete a desvestirte y a que te vean por dentro, tal y como eres, tal y como sientes. Comparte tus adentros con generosidad y sintiéndote libre: el amor es más intenso cuando se rozan las almas y se crea intimidad de la buena, cuando hacemos piel con piel y nos sentimos en un espacio seguro y de confianza en el que podemos ser nosotros mismos y caminar desnudos en total libertad.


- Los sentimientos no son cosas de chicas: la capacidad de sentir es una característica esencial de todos los seres vivos. Tenemos emociones porque estamos vivos. Es absurdo pasarte la vida entera reprimiéndolas para no parecer débil. La única emoción que se les permite expresar a los hombres es la ira y el odio: todo lo demás hay que reprimirlo por miedo a lo que pensarán los demás de nosotros. Tenemos derecho a estar tristes, a estar alegres, a sentir miedo, a sentirnos destrozados por dentro, a sentir nostalgia, a sentir ilusión, a sentir dolor, a sentir impotencia. Tenemos derecho a decirlo y a expresarlo, siempre sin hacer daño a nadie.  


- No tengas miedo a ser como eres. Todos somos seres fuertes y frágiles a la vez. Somos vulnerables y somos poderosos, a veces estamos bien y otras veces estamos mal, somos sensibles y somos valientes: somos todo a la vez, hombres y mujeres. Todos tenemos heridas en el alma, todos somos a la vez seguros e inseguros, todos nos caemos y nos volvemos a levantar. No somos robots: somos seres sentipensantes. No pierdes tu poder por mostrar tus emociones, por dejarte invadir por la ternura, o por llorar delante de tu gente. Compartir con los demás lo que sentimos es una de las experiencias más liberadoras y sanadoras de la vida: no tengas miedo a mostrarte tal y como eres, tal y como sientes. No te sometas a la tiranía del "qué dirán los demás".


- Todos los hombres tenéis derecho a amar y a disfrutar del sexo con quien queráis. Ningún amor es ilegal: no importa si sois heteros, homosexuales o bisexuales, ninguna opción es mejor que otra, y todos merecemos ser tratados con respeto, independientemente de nuestra orientación sexual. Los hombres heterosexuales no son superiores, ni son más hombres, ni son mejores que los hombres homosexuales o bisexuales, así que liberaté del mandato machista que te pide que humilles, insultes, te burles y trates mal a los hombres gays para parecer más heterosexual y más macho. Si eres homosexual, piensa que la gente que te quiere de verdad va a seguir queriéndote igualmente. Aún hay muchas resistencias para aceptar otras orientaciones sexuales, pero el cambio es imparable: cada vez más países reconocen el derecho al amor de todos los seres humanos, y el derecho a casarnos con quien queramos.


- Libera a tu polla del patriarcado. Las pollas de hoy en día viven obligadas a funcionar siempre, en todo momento, con cualquier mujer, y a repartir con generosidad sus semillas. Las pollas viven con miedo a no dar la talla, sufren una gran presión para llegar a ser la mejor de todas las pollas. Estas pollas son esclavas y son utilizadas como la prueba máxima de la virilidad de su dueño. No son pollas libres porque están sujetas a los miedos, las carencias, los traumas, los problemas que tienen sus dueños, por eso cuando las pollas están demasiado oprimidas, no funcionan. En el patriarcado, las pollas perdedoras son las de menor tamaño, las pollas raras, las pollas tristes, las pollas que no cumplen con los requisitos que se exigen para ser pollas alfa. Es muy duro llegar a tener una polla alfa de esas que se meten en todos los agujeros de los cuerpos de las mujeres. Son pollas soldado que siempre cumplen con su deber de mostrar la virilidad de su dueño, y de dominar todo su entorno. Son pollas violentas, y cuanto más inseguras, más miedosas, más frágiles, más violentas son y más necesitan sentirse superiores a las demás pollas y a todos los coños que se crucen en su camino. Así que libera a tu polla de tanta mala vibra, de tanta opresión y tantas obligaciones, dale menos importancia, y no la conviertas en el centro de tu universo. Libera tu mente y tus emociones, verás qué rápido se libera tu polla, y comprobarás personalmente cuánto disfrutan las pollas en libertad.  


- Las mujeres no son tus enemigas. Las mujeres no somos malas. No somos inferiores, no somos un objeto, no somos propiedad de nadie. No hemos nacido para gustar ni complacer a los hombres, ni para servirles, ni obedecerles, aunque todo el tiempo te lleguen este tipo de mensajes en los formatos más variados: canciones, películas, cómics, textos religiosos, novelas. El patriarcado quiere que creas que tienes que defenderte de las mujeres porque somos interesadas, aprovechadas, manipuladoras, abusonas, y porque utilizamos nuestros encantos para seduciros y dominaros a través de los sentimientos. Sin embargo, nuestro objetivo número uno no es cazar un marido: todas tenemos nuestras vidas, nuestros proyectos, sueños, pasiones, nuestras redes de afecto y redes sociales. Si te enamoras de una mujer, puedes seguir siendo quien eres si perder tu autonomía y tu libertad, y sin que tu compañera pierda las suyas. Si te relacionas con miedo, no podrás disfrutar del amor como te mereces. 


- No utilices a las mujeres para mostrar tu hombría. No son un objeto ni un medio para obtener placer, son seres humanos con sentimientos y tienes que respetarlas y tratarlas bien, dentro y fuera de la cama. El sexo no es algo sucio, no es un pecado: es un encuentro íntimo maravilloso entre dos personas que tienen ganas de jugar y de compartir placeres. No importa si sólo vais a compartir una noche, una semana o un año juntos: el sexo es más bonito con risas y con ternura. Y es mucho más bonito cuando gozáis los dos y ella no tiene que fingir para no herir tu orgullo. Así que si vas a compartir placeres con chicas, no sólo pienses en tu propio placer: ellas también quieren tener orgasmos y pasarlo bien. 


- Las chicas a las que les gusta el sexo y tienen varias parejas o disfrutan de todas las relaciones que desean con quien desean y como les apetece, no son unas zorras. No son putas, no son ninfómanas. Son mujeres que disfrutan tanto o más que tú del sexo, y eso no es malo, ni en los hombres, ni en las mujeres. Las mujeres tenemos el mismo derecho que los hombres a elegir a nuestras parejas, romper las relaciones si ya no somos felices, y disfrutar del amor con quien nos plazca. Todas tienen el mismo derecho que tú a gozar con quien quieran y cuando quieran: si piensas que tú eres el mejor por tener las relaciones que te de la gana, y las mujeres son lo peor porque hacen lo mismo que tú, entonces estás cayendo en actitudes machistas y en la doble moral. 


- Disfruta de tus amigas: no renuncies a la posibilidad de tener amigas, es una experiencia fascinante y te permitirá conocer mejor a las chicas. No te limites a ti mismo: cuanta más gente linda haya a tu alrededor, más rica será tu vida, y estará más llena de afectos. La cultura patriarcal te cuenta que las chicas son objetos, y están para utilizarlas en el sexo, y que si no hay sexo no puede haber una relación bonita con ellas. No es cierto. Puedes tener todas las amigas que quieras: no estás obligado a demostrar tu hombría tratando de tener sexo con ellas. Puedes ser tú mismo con ellas, no tienes que demostrarles nada.  


-Si te dicen que no, siempre es no. Incluso si ella está borracha o drogada: no se puede tener sexo con alguien que no está en condiciones de decidir si quiere o no quiere sexo. Lo mismo cuando ya estáis desnudos y habéis empezado a acariciaros: si ella decide parar, tú tienes que respetar su voluntad. El consentimiento es fundamental para follar, no importa si es tu novia o una desconocida, no importa si tienes muchas ganas o te dijeron primero que si y luego que no. No es siempre NO.


-¿Te imaginas siendo papá con 17 años, con 20, con 25?, ¿no verdad?, usa condón. ¿Te imaginas a tus hijos o hijas viviendo sin padre, sabiendo que existes pero que no quieres saber nada de ellos?, ¿no, verdad?. Usa condón.


- Follar sin miedos: ¿cómo te sientes pensando que si no usas condón puedes enfermar o peor, hacer enfermar a tus compañeras sexuales?, ¿te has parado a pensar lo que significa para una mujer tener que pasar por un aborto?, ¿sabías que es la segunda causa de muerte de mujeres en México? Usa anticonceptivos para evitar embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.  


- No esperes a que te pidan que te pongas el preservativo. Toma la iniciativa siempre: es una muestra de respeto y de compañerismo, una demostración de que eres un tipo grande, responsable y que sabe cuidarse y cuidar a sus compañeras sexuales para que ambos disfrutéis del sexo sin miedos. 


- Las mujeres son seres libres, y esto significa que no son propiedad de nadie: ni de su padre, ni de su novio, de nadie. Todos, todas somos seres libres y tenemos derecho a ejercer nuestra libertad sin que nadie nos presione, nos amenace, nos manipule, nos haga sentir culpables, nos metan miedo o nos controlen. 


- Confianza y honestidad para disfrutar: amar no es controlar, amar no es vigilar, amar no es castigar. Si logras crear una relación de confianza con tu pareja, es más fácil pasarla bien y liberarse de los celos y de los miedos. Confiar en la otra persona es saber que se siente libre para contarnos cómo se siente, y las cosas que le están pasando. Si nos deja de amar, nos lo dirá. Si se enamora de otra persona, nos lo dirá. Cualquier cosa que ocurra vamos a saberla los primeros, que la otra persona va a ser honesta y sincera con nosotros. Y nosotros con ella. 


- No pierdas tu tiempo y tus energías en parecer muy macho. Ser hombre es agotador: la mayoría os sentís obligados a obedecer los mandatos del patriarcado, a cuidar siempre vuestra reputación y a demostrar vuestra hombría cada vez que alguien la cuestiona. Liberaté de los mandatos que te obligan a estar dando pruebas constantes de tu virilidad: se vive mejor siendo tal y como eres, sin competiciones y sin sentirse obligado a imitar el modelo de macho patriarcal. 


- No pierdas tu tiempo y tus energías en seguir al líder o en tratar de serlo. A los niños os educan en la competición: tenéis que ser siempre los vencedores de todas las batallas, los ganadores en todos los deportes, los lideres de todas las manadas. Cuando no sois los líderes, os sentís obligados a seguir a los que mandan, a admirarlos, a respetarlos, y a poneros por debajo de ellos para que ellos se sientan dioses. No malgastes tu corta vida en tratar de ser aceptado en el círculo de los alfa, en imponerte a los demás, en quedar siempre por encima, en demostrar tu poder y tu fuerza, en imitar al líder para estar cerca de él y ocupar los primeros puestos de la jerarquía social. Atrévete a desobedecer y a ser tú mismo: la vida es mucho más hermosa cuando te rebelas a todas las normas que te imponen por haber nacido varón.   


- Aprende a quererte y a cuidarte: muchos hombres sufren problemas de autoestima, porque la percepción de sí mismos depende mucho del reconocimiento de los demás. Los hombres más inseguros son los que necesitan sentirse importantes, dominar a los demás, ganar todas las batallas, y ejercer la violencia para tener el control. Los hombres más inseguros son también los que se autodestruyen por acción o por omisión: ejercen violencia también contra sí mismos. En todo el mundo, los hombres viven menos años que las mujeres y mueren más porque nadie les enseña a cuidarse a sí mismos: sólo aprenden a machacarse cuando se sienten mal. A la mayor parte de los niños les educan para que crean que su salud y su bienestar es responsabilidad de una mujer (primero la mamá, luego la esposa), y para que aprendan a burlarse de aquellos hombres que sí se cuidan, como si fueran menos hombres. La mayor parte de los varones educados en el patriarcado no van al médico porque tienen miedo, no se toman las medicinas cuando enferman a no ser que tengan a alguien encima, no cuidan su dieta, no piden ayuda cuando la necesitan, y no prestan atención a los síntomas que delatan una enfermedad grave. Los hombres consumen más drogas y alcohol, y mueren más a causa de las sobredosis, los accidentes de tráfico, los deportes de riesgo y las peleas que acaban en asesinato. Esto quiere decir que es urgente que los hombres se responsabilicen de su salud mental, emocional y física, que aprendan a aceptarse tal y como son, que mejoren su autoestima y aprendan a cuidarse a sí mismos y a cuidar a los demás.  


- Aprende a cuidar a tu gente: pasamos muchos años recibiendo cuidados, al principio y al final de nuestras vidas. Nos cuidan cuando somos bebés, cuando somos niños, cuando enfermamos y cuando envejecemos, y casi siempre son mujeres las que os cuidan: las abuelas, la madre, la esposa, la hija. Para cambiar el mundo hay que repartir entre todas y todos los cuidados, especialmente entre los jóvenes y adultos que tenemos salud y energías. Cuidar no es algo propio de la naturaleza de las mujeres: lo llevamos todos dentro porque es lo que nos permitió desarrollarnos como especie. Somos seres muy frágiles y vulnerables que no podríamos sobrevivir en soledad, así que es fundamental que nos cuidemos, a nosotros mismos y a las personas que queremos.


- Cuida a tu pareja: la comunicación, la sinceridad, el respeto, la honestidad y los buenos tratos son fundamentales para poder disfrutar en una relación. Tratar bien a tu compañera supone considerarla una igual a ti: no es tu sirvienta, no es tu esclava, y no se merece que machaques su autoestima para tenerla dominada. No hace falta dominar para tener una relación: sólo hay que aprender a tratarse bien y a quererse bien.


- Hay muchas formas de relacionarse, de amarse y de quererse. Puedes tener relaciones íntimas sin sexo, relaciones sexuales sin romanticismo, puedes tener una pareja con exclusividad, o puedes tener varias, puedes elegir qué modelo seguir o puedes construir el tuyo propio junto a las personas que quieras. Elijas lo que elijas, lo importante es que seas honesto y hables abiertamente de lo que deseas y lo que te apetece en estos momentos de tu vida, de tu concepción del amor, de tus sentimientos y emociones con las personas con las que te relacionas. Ante todo tiene que haber respeto y buen trato: si eres poliamoroso, por ejemplo, tienes que cuidar a tu pareja o tus parejas, y pactar las condiciones en las que vais a relacionaros. Lo que no se vale es pedirle a tu pareja amor en exclusiva mientras tú tienes otras compañeras y no se lo cuentas a tu pareja. Honestidad ante todo.   


- Si quieres cambiar el mundo, empieza por ti mismo, y juntaté con más gente que quiera rebelarse y transformar esta realidad. Uno de los primeros pasos consiste en revolucionar el mundo del sexo, las emociones, los afectos y los cuidados. Es fundamental que aprendamos a relacionarnos en horizontal para no construir relaciones de dominación y sumisión, y para poder imaginar otras formas de organizarnos y de querernos. El mundo está organizado en una estructura jerárquica: en el patriarcado los hombres ocupan los puestos más altos, y las mujeres los más bajos de la pirámide. Los hombres acumulan la mayor parte de las riquezas y los recursos, las mujeres son más pobres. Las mujeres negras o indígenas están en la base de la pirámide, e incluso más abajo si además son niñas, pobres, discapacitadas, ancianas o lesbianas. A los hombres les dominan otros hombres: en lo alto de la pirámide hay un grupo muy reducido de hombres poderosos, todos blancos y ricos, la mayor parte heterosexuales y occidentales.  Esto supone que todos vivimos inmersos en luchas de poder con los de arriba y los de abajo, y que sólo podremos cambiar este sistema tan desigual, injusto y cruel cuando empecemos a relacionarnos de tú a tú, cuando todos tengamos los mismos derechos, cuando acabe la explotación, el abuso y la violencia. Hay que acabar con las jerarquías, la desigualdad y las luchas de poder: viviríamos mejor colaborando, cooperando, y trabajando en equipos en el que todos tengamos los mismos derechos y oportunidades.  


- Sé desobediente, libérate del patriarcado: todos y todas llevamos el machismo dentro porque nos han educado en el patriarcado. La buena noticia es que podemos liberarnos, desaprender y despatriarcalizarnos, a solas y colectivamente. Cuanto más desobediente seas, más libre te vas a sentir para ser quien eres realmente, y vas a tener menos miedo a que los demás se burlen, te insulten o cuestionen tu virilidad. Libera tu sexualidad, tu mente, tus emociones, tu cuerpo, tu erotismo, tu deseo del patriarcado, y hazlo en buenas compañías.


El machismo no nos deja disfrutar del amor porque no nos deja relacionarnos en igualdad a los hombres y a las mujeres. Para acabar con el machismo hay que desaprender todo lo que aprendimos, desobedecer todos los mandatos de género, romper con los mitos y los estereotipos machistas, cuestionar nuestras creencias, romper nuestros esquemas, liberar nuestras emociones, activar la imaginación e inventar otras formas de ser hombres, y otras formas de querernos. 


Hay que desobedecer al patriarcado para gozar y liberarnos todos juntos: que al final lo que queremos todas y todos es disfrutar del amor y de la vida, compartir placeres y risas, cuidar y que nos cuiden, querer y que nos quieran, y gozar en buena compañía el ratito que pasamos vivos en este mundo, ¿no?



Coral Herrera Gómez 


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24 de enero de 2018

Entrevista a Coral Herrera Gómez en Diario Público




Entrevista a Coral en Público por Beatriz Asuar Gallego:

Los mitos del amor y la realidad de las relaciones sociales: una distancia tan grande que parece existir en mundos paralelos. Este es uno de los motivos que impulsó a la antropóloga Coral Herrera a comenzar a investigar sobre el amor romántico: "Desde pequeña me contaban cuentos que luego no veía en la realidad. Lo que veía en mi vida eran peleas, divorcios, gente sufriendo, errores… y los mitos me presentaban el amor como algo maravilloso y que dura para siempre".

Buscando cómo llevar la teoría a la práctica y, sobre todo, conseguir "sufrir menos y disfrutar más del amor", comenzó a estudiar el amor desde una perspectiva feminista. Así, se lanzó a un mundo todavía desconocido e hizo la primera tesis sobre amor romántico. "El amor tiene que ser algo bonito y placentero, un motor que nos lleve a querernos y tratarnos bien y hacer un mundo mejor. Por eso, cuando termine la tesis doctoral la convertí en tres libros, abrí un blog y comencé a hacer talleres para que pudiera llegar a más gente". Y en este camino sigue, haciendo de su investigación y del amor un tema colectivo que abandone el ámbito individual y privado para que pase a entenderse como un fenómeno social.

Beatriz Asuar: ¿Cómo se construye nuestra forma de amar? 

Coral Herrera: Nuestra forma de construir el amor romántico tiene que ver con la forma en la que nos organizamos social, económica y políticamente. Lo romántico es político, y por ello, se construye a través de la ideología de ese momento. En la actualidad a través del capitalismo y del patriarcado. Así entendemos que se ame de forma diferente en distintos tiempos y en distintas culturas.

Por la ideología patriarcal construimos nuestra forma de amar en base a unos mitos que perpetúan el machismo en las relaciones. Y la capitalista se mantiene, principalmente, a través de la idea de la concepción de la propiedad privada: cuando amas a alguien, ese alguien te pertenece, eso de 'yo soy tuya y tu eres mio'.

Y la manera que tenemos de reproducir estas ideas es a través de la cultura: canciones, películas, chistes, series de televisión… Reproducimos así los mitos románticos del amor romántico.

B. A.¿Qué mitos del amor romántico?

C. H. Yo siempre hablo de tres frases principales: quien bien te quiere te hará llorar, los que más se pelean son los que más se desean y del amor al odio hay un paso. Tres ideas que están muy arraigadas en nuestro imaginario colectivo. De manera que si tú le gustas a un niño en el colegio es normal que el chico te haga rabiar, te moleste, te violente… porque todos los adultos se ríen y le parece muy normal que si tu le gustas a un niño, el niño te machaque y te acose. Hacemos creer eso a los niños, en vez de decirles, 'si te gusta fulanita, la tienes que tratar bien, dale unos besitos, si le gusta bien, y si no te aguantas'. Así se naturaliza la violencia, y ese es el principal problema, que lo tenemos tan normalizado que no nos parece violencia.

O que si no le haces caso, ella irá a ti…

Exacto. Y eso es maltrato. Los chicos así aprenden desde pequeños que cuanto más maltrates a una mujer, más la vas a tener en tu poder. Es un ejemplo de como nos enseñan desde pequeños a tratarnos mal y hacer sufrir a quien nos gusta.

¿Cómo sustenta el amor romántico la violencia machista?

El amor romántico tal y como lo concebimos es muy violento. Está basado en una forma de relación sadomasoquista. La cultura cristiana nos ha transmitido el placer del sufrimiento, que consisten en creer que para conseguir el amor verdadero hay que sufrir mucho, hay que aguantar mucho y hay que pasarlo muy mal. Este mensaje se transmite principalmente a las mujeres, que somos las que tenemos que aguantarnos, sacrificarnos y renunciar a todo.

"El amor romántico tal y como lo concebimos es muy violento"

Por otro lado, todas nuestras relaciones están basadas en jerarquías. En estas jerarquías, a veces mandas, y a veces obedeces. Y todo el amor romántico está construido en este binomio de sumisión - dominación, es decir, uno domina y otro se somete. No nos enseñan a relacionarnos horizontalmente, de tú a tú, de igual a igual. Y como vivimos en una sociedad tan machista, nuestra forma de querernos es machista y por eso siempre la sumisión es de la mujer ante el hombre. Y encima, como está acostumbrada al sufrimiento, no nos importa y nos creemos que así es el amor.

Con los jóvenes esto pasa aún más. A las adolescentes les parece normal que su novio le diga cómo tienen que vestir. O cómo tiene que ser el largo de la falda o el ancho del escote. Y este es el problema, que se ha normalizado y se ha teñido de amor lo que es control y dominación.

¿En estos procesos tan machacantes cómo acaba nuestra autoestima?

Nunca nos enseñan a querernos bien a nosotras mismas. Primero, porque desde pequeñas vemos a las mujeres más cercanas, mujeres que no les gusta sus físicos y que están siempre intentando perder kilos, con dietas, gimnasios, operaciones… Eso nos da la idea de que nuestros cuerpos son imperfectos y que tenemos que machacarlos para que sean como la sociedad quiera.

A nivel de personalidad, como las niñas tenemos que ser mucho mejor que los niños para ser iguales, nos lleva a un nivel de autoexigencia brutal que hace que tengamos que ser buenas en todo, y esto es imposible. Hay un mito de la superwoman que nos dice que tenemos que llegar a todo y esto nos hace sufrir mucho y sentir constantemente que tenemos que mejorar.

B. A. "Hay un mito de la 'superwoman' que nos dice que tenemos que llegar a todo y esto nos hace sufrir mucho"

C. H: La autoestima es fundamental para nosotras y para relacionarnos. Si yo estoy bien conmigo misma voy a tener una relación mucho más bonita. Porque si no me quiero bien voy a estar pensando que no me merezco el amor de la otra persona y que mi valía personal depende de si me quieren o no me quieren... Pero todos somos iguales de estupendos si tenemos novio o no. Antes, durante y después. Y no lo dejas de ser porque te dejen de querer. Esto nos cuesta mucho a las mujeres porque tenemos una necesidad enorme de reconocimiento externo, una dependencia enorme de cómo nos quieren los demás y de cómo nos ven los demás, y si nos aprecian los demás o no.

Esto tiene que ser un tema fundamental en las escuelas. Primero, que nos enseñen a querernos bien a nosotras mismas, y luego que nos enseñen a querer y tratar bien a los demás y gestionar nuestras emociones. Que nos enseñen a gestionar la pena, la alegría, la ira. la frustración... ¿De qué nos sirve aprendernos la lista de reyes visigodos? Absolutamente de nada. Lo que necesitamos es aprender a relacionarnos y aprender a que nuestras relaciones sean menos conflictivas y dolorosas. Aprender a resolver conflictos sin violencia.

Seguir leyendo en Público.es:

http://www.publico.es/sociedad/amor-romantico-coral-herrera-disfrazado-amor-control-dominacion.html

17 de enero de 2018

Utopías amorosas para todas



¿Qué tal si sustituimos al «Príncipe Azul» por «un mundo mejor para todas y todos»? Imaginen, chicas, todas nuestras energías, nuestros saberes, nuestra creatividad, nuestras habilidades, nuestra imaginación, nuestro deseo y erotismo, nuestro amor, nuestras ilusiones, nuestras fuerzas y nuestro tiempo en construir un mundo mejor.

Millones de mujeres están ahora solas sufriendo por amor, o soñando con un ser inexistente y con un modelo de pareja irreal como la salvación. Convirtamos la utopía romántica individualista en una utopía amorosa colectiva en la que quepamos toda. Imaginemos un mundo de mujeres organizadas salvándose juntas, con los pies en la tierra, peleando por sus derechos, liberándose del patriarcado, creando redes de solidaridad y apoyo mutuo, revolucionando los afectos y las relaciones, trabajando las emociones para la transformación personal y colectiva. Mujeres unidas diseñando un mundo mejor, libre de violencia, discriminación, jerarquías y explotación.

Mujeres que defienden el derecho al placer, mujeres que quieren disfrutar del amor, mujeres que quieren gozar y ser felices, mujeres que construyen sus utopías amorosas libres de dependencias y de mitos patriarcales, mujeres desobedientes y en rebeldía que sueñan con un mundo mejor.

#MujeresQueYaNoSufrenPorAmor #UtopíasAmorosasParaTodas #LaRevoluciónDelAmor #RomanticismoSocial #LoRománticoEsPolítico #AmorDelBueno #QuererseBien #Feminismo #Sororidad #DerechosHumanos #Solidaridad #BuenTrato #Igualdad #Diversidad #OtrasFormasDeQuererseYDeOrganizarseSonPosibles

21 de diciembre de 2017

¿Cómo le digo a mi pareja que ya no le quiero?





Ayer publiqué un post que es un ejercicio de autocrítica y honestidad para la gente que ya no ama a su pareja y sigue en la relación, y un ejercicio para trabajar el auto-engaño para la gente que está con parejas que no están ya enamoradas (o nunca lo estuvieron), y para convertir la pregunta ¿Por qué está conmigo si no me quiere?, en otra más importante: ¿Por qué estoy en esta relación si no me quiere?

Me escribieron unas cuantas personas contándome que se habían dado cuenta de que les pasaba algunas de las respuestas, y preguntándome: "yo sé que no amo a mi pareja, y que lo está pasando mal, pero, ¿cómo se lo digo?"

Es muy sencillo. Quedas con tu pareja en un espacio tranquilo e íntimo en el que se pueda hablar, como tu casa o su casa, o vuestra casa, sin prisas ni límite de tiempo, y os sentáis frente a frente. Respiras hondo, le miras a los ojos con amor, y le explicas cómo te sientes. La clave es hacerlo en un estado anímico lo más zen posible, es decir, que te sientas tranquila, en confianza, con libertad para expresarte, cuidando el volumen, el tono, la modulación de tu voz, y tus palabras para no herir a tu pareja. Suavidad y firmeza: "Así me siento", evitando utilizar el "es que tú...". Es mejor siempre hablar de una misma, así evitas los reproches, las falsas acusaciones, y evitas que la otra persona se sienta atacada y se ponga a la defensiva. Centra el discurso en ti, y en cómo te sientes, sin justificarte, sin sentirte culpable. Habla con la misma confianza de siempre, pide no ser interrumpida o interrumpido si no es necesario. Luego escuchas a tu pareja con toda la atención amorosa del mundo, para que se sienta también libre de explicar cómo se siente.

A veces sucede que el amor se va yendo, y no hay ningún motivo que lo explique. Ocurre que estás con tu pareja tan a gusto, pero no sabes por qué te vas desenamorando, y no es culpa tuya, y no es culpa de tu pareja. Simplemente sucede. El amor no es eterno, el amor es una energía en constante movimiento que se transforma a lo largo del tiempo, que evoluciona, que hace explosión, que se contrae, y a veces, desaparece o se convierte en otro sentimiento bonito.

Con lo cual es importante que hables sin sentirte culpable. Quizás alguna vez juraste amor eterno, pero eso son cosas lindas que nos decimos para expresarle al otro nuestro deseo de poder amarle para siempre. Y como a veces no se puede, en realidad ni es un juramento, ni es una promesa: es una declaración de intenciones: "quiero amarte para siempre".

Cuando nos comprometemos con alguien emocional, sentimental y sexualmente, siempre el contrato es revisable y se puede acabar en cualquier momento. Dos seres libres que se aman pueden elegir cuanto tiempo estar con alguien, y hasta cuándo. La otra persona sólo puede aceptar con humildad y generosidad: cuando te dicen "ya no te amo", no queda otro camino que aceptarlo.

Es duro, es difícil, pero es también muy liberador. No hay nada más bello en este mundo que la libertad para poder elegir, para poder deshacer los lazos que nos unen a la gente, para poder construir nuevos lazos. No hay nada más lindo que saber que cuando alguien está con nosotras, es libre para irse cuando quiera. Por eso mismo sabemos que nos ama: porque es libre para estar y para irse. Y bueno, si ocurre que se va, nos llenamos de dolor, pero no podemos hacer nada por retener a la otra persona, ni por volverlo a enamorar. Sólo podemos aceptar lo que nos están diciendo y agradecer la honestidad, que no es lo común en nuestros días.

Despedirse con amor es posible, sólo hay que trabajarselo. Hay gente que se funde en largos abrazos, hay gente que hace el amor por última vez, hay gente que se despide con amor varias veces antes de desconectar del todo.

Esto, claro, si la otra persona se ha portado bien con nosotras y nosotras nos hemos portado bien con ella. Hay parejas que no pueden ni sentarse a hablar del odio y el rencor que sienten.
La mayoría entra en guerras románticas muy dolorosas, o en despedidas intermibables que nos quitan mucho tiempo y mucha energía, y nos hacen sufrir mucho a todos: a la pareja y a la gente que quiere a la pareja.

Así que en lugar de hacerlo mal, vamos a hacerlo bien: nos sentamos a hablar con toda nuestra honestidad, nuestra sinceridad, nuestro respeto, nuestro cariño hacia la persona con la que hemos compartido estas semanas, o meses o años de nuestra vida.

Si nuestro caso es que estamos bien con la pareja, y queremos separarnos con amor, podemos decirle muchas cosas bonitas. Podemos decir: estoy agradecida con la vida por el tiempo que hemos estado juntos. Le podemos decir: "ya no siento lo mismo, ya no estoy enamorada, ahora quiero seguir mi camino. Suelto el lazo, te doy toda la libertad para volar. Yo vuelo ya, y me despido con amor"

Podemos escuchar a la otra persona para ver cómo lo recibe, cómo se siente. Y puede haber llantos, lamentos, reproches, abrazos, sonrisas, y también puede haber mucho enojo. Y no pasa nada mientras no empecemos la guerra para hacer daño al otro: todas las emociones pueden ser expresadas, pero evitemos utilizarlas como bombas de dolor. Se trata de cuidar a nuestra pareja cuando nos separemos, y cuidarnos a nosotras mismas en todo el proceso. Cuidarse, tratarse bien, actuar con amor y empatía.

Los duelos de las historias que acaban bien son más cortos y duelen menos. Cerrar la historia con tu pareja es una de las cosas más reconfortantes del mundo en medio del sufrimiento por la pérdida. Y así es más fácil cerrar tú también por dentro una etapa de tu vida para poder empezar otra.

Así que todo son ventajas si logras hacer este ejercicio de honestidad, empatía, generosidad, y amor del bueno con tu pareja a la hora de deshacer el lazo que os ha unido. Sólo tienes que ser valiente y relacionarte desde la ternura, verás como una vez que te atreves resulta muy liberador y muy placentero saber que estás haciendo las cosas bien, o al menos, que lo estás intentando.


Coral Herrera Gómez



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