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15 de agosto de 2019

Manual de ética amorosa para ligar en Tinder y otras redes sociales



Articulo publicado en eldiario.es:

-Todas las relaciones son amorosas, sean románticas o no, sean sexuales o no, sean reales o virtuales. Partiendo de esta base, los cuidados deben ponerse siempre en el centro: el cuidado a una misma, el cuidado a las personas con las que te relacionas.

- La base del cuidado es la sinceridad y la honestidad. Cuenta lo que estás buscando: relaciones basadas en el placer sexual o un romance en toda regla, si estás abierto o no para tener una relación sentimental, o varias, si eres monógamo o poliamoroso, si tienes pareja o estás soltero, si te apetece vivir una historia de amor alucinante, o sólo pasar ratos lindos y divertidos.

- No confundas a la otra persona: sé claro y utiliza tu asertividad. Si quieres quedar, dilo. Si no quieres quedar, dilo también. Hay que ser claro y transparente, no marear a la gente con tu indecisión.

- Trata bien a las mujeres y a los hombres con los que te relaciones. No importa si los vas a ver sólo una noche, o si os vais a ver cien noches. No importa si sólo os une el placer sexual, o si también estáis conectados emocionalmente: lo único que importa es el buen trato.

- Cuando alguien quiere ligar contigo y a ti no te gusta, que no se te olvide el buen trato. En lugar de pasar de alguien y bloquearle, hay que explicar con sinceridad cómo te sientes, y contar que no quieres hablar más, que deseas cerrar la relación, o que no quieres empezar ninguna.

- Cuando quedes con una persona en algún sitio, mejor que sea público, como una plaza, una cafetería, un centro social, un centro cultural, un bar o un restaurante, un teatro, un cine, un museo, una discoteca, un parque. A las mujeres nos conviene quedar en espacios seguros y llenos de gente. Ya habrá tiempo para buscar espacios más íntimos si os apetece a ambos.

- Misterios, los justos: la otra persona quiere saber quién eres, cómo vives, qué haces en tu tiempo libre, cuales son tus pasiones... en la primera cita todos necesitamos información para saber si nos gusta o no la otra persona, y si hay algún tipo de afinidad.

- El tiempo que estéis juntos, que sea de calidad. Para mostrar interés lo mejor es tener guardado el celular, y escuchar con atención amorosa a la otra persona, sin interrupciones ni vacíos.

- Si la otra persona se va antes de tiempo de la cita, acepta y respeta. Si te vas tú antes, el otro tiene que aceptar y respetar igual.

- Si le propones a la otra persona iros a un lugar más privado y la otra persona te dice que no, es no.

- Si te entran ganas de darle un beso a la otra persona, es importante que tengas señales muy claras sobre su nivel de receptividad. Si no sabes si la otra persona quiere, díselo con una sonrisa: "me encantaría darte un beso", o pregunta: "¿puedo darte un beso?" Si te dice no, es no.

- Estáis en el sofá y os estáis dando besos, pero cuando la cosa se pone más intensa, ella te dice que no quiere más, y entonces tienes que volver a recordarlo: "No es no". Incluso aunque estéis desnudos, o en mitad del acto sexual. No, es siempre no.

- Si vais más allá de la primera cita y estás viendo a otras personas en la misma red social, o en otras redes, hay que contarlo con naturalidad: estamos todos en lo mismo, buscando gente que nos guste, probando, y explorando. Mentir sólo sirve para crear relaciones de desconfianza que aumentan las inseguridades que llevamos todos encima, los celos y otros asuntos poco placenteros.

- No finjas orgasmos para no herir el frágil Ego del otro. Hay que hablar de sexo y crear el espacio de confianza para que podamos contar lo que nos gusta y lo que no, para compartir nuestras fantasías y nuestras apetencias, para elaborar pactos a la hora de compartir placeres de manera que ambos os sintáis a gusto.

- Hay que hablar de anticonceptivos desde la primera cita: ¿cómo vamos a evitar embarazos y enfermedades de transmisión sexual?, ¿cómo vamos a cuidar nuestra salud y la del otro? No le pidas a nadie que haga el amor sin protección: a las mujeres nos baja la libido cuando los hombres se niegan a usar barreras.

- También hay que pactar la frecuencia del contacto virtual y de las citas presenciales: hay gente que necesita mucha comunicación y pasa el día pegada al teléfono, hay gente que sólo se sienta una vez al día a contestar mensajes, hay gente que no usa redes sociales ni Internet... hay gente que le encanta chatear, y gente que no. Hay que sentarse a explicar qué desea cada cual, qué necesita o qué le apetece, es ideal para poder establecer el ritmo de la comunicación. Es esencial que ambos os sintáis a gusto con los pactos alcanzados.

- Si aumenta la pasión y necesitas, o la otra persona necesita elaborar pactos de exclusividad y os planteáis una relación monogáma, ojalá haya la confianza y la complicidad necesaria para poder hablar de lo que os apetece, y de cómo os sentís, y de cuándo es el momento de dejar las redes para ligar, sin sentirse obligado ni obligar a la otra persona.

- Si a la otra persona no le apetece lo mismo que a ti, hay que aceptar y hablar mucho para ver si se puede construir una relación en la que ambos estéis a gusto, o si quizás sea mejor no seguir porque ambos queréis cosas diferentes. Lo que no funciona es que uno de los dos renuncie a lo que necesita o lo que quiere, y el otro no. Es cuestión de ir negociando, y si no se llega a ningún punto, no pasa nada. Es bonito intentarlo, y de todo se aprende.

- Cuando estás en una o varias relaciones de Tinder, hay que ir midiendo los niveles de recicprocidad y correspondencia, para ver si uno se enamora demasiado y el otro no, o al revés. Porque cuando tienes claro esto, puedes cuidarte mejor a ti mismo y cuidar a la otra persona, tanto si es la otra persona la que está muy enamorada de ti, como si eres tú el que estás muy enamorado.

- Cierra las historias con elegancia, con cariño, con honestidad. Portaté bien. Que os quede a los dos un bonito recuerdo de la relación, no importa cuánto haya durado. Evita las mentiras, los engaños, los chantajes, los reproches. No desaparezcas, enfrenta la cuestión con respeto y cuidando a la otra persona: se trata sólo de decir cómo te sientes y por qué quieres dejar la relación. Respeta también la libertad de la otra persona para irse si desea seguir su camino a solas o con otras personas.


Coral Herrera Gómez


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8 de octubre de 2018

¿Por qué los hombres no entienden que "no" es "no"?




¿Por qué los hombres no entienden que "no" es "no"? En este post explico el cambio que hemos experimentado en las formas de iniciar el cortejo y empezar una relación: antiguamente las mujeres tenían que decir siempre que no, hacerse las difíciles, y hacer como que cedían sin quererlo. 

Era un sistema muy complejo porque se jugaban mucho si decían que sí: ellas tenían que "ganarse el respeto" de los hombres y parecer mujeres "decentes". Ahora en cambio, nos importa poco si parecemos o no decentes, ahora elegimos con quien queremos estar o si preferimos estar solas, somos libres para decir si o para decir no, y todo es mucho más sencillo que antes: cuando decimos si, es si, y cuando decimos no, es no. 


Gracias al feminismo, sabemos que todas nosotras podemos decir que no en cualquier momento de nuestras vidas, que tenemos derecho a vivir una vida libre de acoso y de violencia, y que merecemos el respeto de todo el mundo sin tener que ganárnoslo, sólo porque somos personas. 


Así que tomad nota, compañeros: insistir no es romántico. Si decimos No, es No. Y no hay nada que puedas hacer: si no hay deseo, si no hay ganas, si te dicen que no, es que no. 

Y punto.


La evolución del “No es No”

En la época de mi abuela, a principios del siglo XX, las mujeres tenían que “hacer como si no” para mantener su reputación de mujeres respetables. Si les gustaba un chico, tenían que disimular y esperar a que él se acercase. Si él se acercaba, tenía que hacerse “la dura”, y “hacer como que” no quería ser cortejada, para que él insistiese.

El deber de los hombres era esforzarse a ver si alguna cedía. También insistía para  probar a las mujeres que pretendía. Ellos tenían que parecer muy interesados, y muy comprometidos, aunque no fuera cierto. Las mujeres sólo podían dejar acercarse a aquel que quisiese casarse con ellas, y no podían relacionarse con otros hombres para mantener siempre su imagen de mujer virgen.

Se jugaban mucho las mujeres en esto: no podían acceder a besarse o a ir más allá de los besos porque la peor amenaza para ellas era quedarse solteras, y señaladas como mujeres fáciles. Así que, quisieran o no, tenían que hacerse las difíciles, reprimir su deseo, frenar el deseo del otro, y asumir que su vida sexual sería nula hasta el día de la boda, mientras que ellos se desahogaban por otro lado. Las que cedían a la tentación sabían cuál era el castigo: embarazo antes del matrimonio, y chico que huye despavorido porque no quiere casarse con una mujer fácil.

Esta doble moral es lo que hace que las mujeres en lugar de decir Sí, tuvieran que decir No, y resistir todo lo posible para no caer en los brazos del hombre que la deseaba y al que deseaba. Porque un buen polvo podría acabar para siempre con todo, y ser soltera en un mundo en el que las mujeres solo podían trabajar en el campo, era una condena a la pobreza y a la soledad.

Después, cuando la mujer había resistido como una campeona y había logrado el compromiso matrimonial, se encontraba con que tenía que seguir un poco en las mismas, porque los hombres desconfían de las mujeres que disfrutan mucho del sexo. Tenía que parecer como que cumplían con su obligación, que disfrutaban porque el macho era poderoso, pero no demasiado para no parecer una mujer indecente. Entonces el No a veces era No, y a veces era Si, pero resultaba complicado para los hombres entenderlo, y más teniendo en cuenta que para ellos las mujeres eran cosas, y estaban ahí disponibles para ellos. El acoso sexual estaba romantizado, y sigue estándolo en las películas: el insistente siempre acaba logrando su objetivo, derribando los muros de la princesa que se resistía al amor con su paciencia y perseverancia.

Hoy en día las cosas han cambiado mucho. Ahora las mujeres ya podemos decir No cuando queremos decir que No. Pero los hombres siguen sin entender ni asumir el No y el rechazo en alguien que se supone que “en el fondo” lo está deseando. Hemos vivido muchos siglos en esa doble moral que nos hace a las mujeres tener que estar siempre disponibles a los reclamos del macho pareciendo que no queremos hacerlo, pero queriéndolo mucho. Muy en “el fondo”.

Ahora cuando queremos hacer el amor decimos Sí, o lo proponemos, sutil o abiertamente. Y cuando decimos No, es que no queremos.

Lo explicamos una y otra vez, pero en el imaginario patriarcal persiste la idea de que
a las mujeres cuando nos fuerzan, “en el fondo” estamos disfrutando. Piensan que nos gustan las violaciones, pero hacemos como que no para no parecer ninfómanas. Piensan que lo que queremos las mujeres es hacernos desear, y que basta con insistir. Piensan que  tenemos el Ego muy grande y necesitamos muchos piropos, pero que en realidad estamos deseando ceder y entregarnos a los reclamos sexuales o románticos del otro.

Sabiendo entonces de donde viene esta confusión, ahora ya podemos todos tenerlo claro: en el siglo XX cuando una mujer quiere tener relaciones contigo, las tiene, y las disfruta sintiéndose libre. Cuando una mujer no quiere tener relaciones contigo, no las tiene, y lo dice sin miedo y sin culpa: no quiere.

No quiere, y no querrá más adelante, y no te pide que te esfuerces para seducirla con el manual de las frases bonitas. No quiere, y punto. Es un ser humano libre como tú.

Es bien sencillo, sólo hay que respirar hondo y empezar el proceso de aceptación: no quiere, y no puedo hacer nada más que respetar que no quiere. Lo he intentado, me he mostrado interesado, pero me ha dicho que no quiere, y no tiene que darme más explicaciones: no quiere, y punto.

Si te fijas en el contexto, es fácil de entender por qué hay que creer a una mujer cuando dice que no. Ahora ya no nos importa la reputación, elegimos con quién queremos acostarnos, con cuántos, y cómo queremos hacerlo. Elegimos si queremos pasar una noche loca o si queremos una relación duradera, elegimos cuánto dura esa relación, y ya no tenemos que parecer mujeres asexuales para que nos respeten. No tenemos ninguna necesidad de ocultar que nos gusta el sexo y cómo nos gusta, ni con qué frecuencia lo practicamos, así que cuando queremos lo hacemos. Y cuando no queremos, no lo hacemos.

Y siendo todo tan simple, es más fácil entender que ahora todos somos libres para decir sí o no, para coquetear un rato o llegar al encuentro sexual si la cosa fluye, para parar cuando ya no nos apetece o cuando no estamos disfrutando. Y de este modo disfrutamos todos y todas: no hay confusión ni malentendidos posibles, no hay un doble discurso. Si es si, y no es no.

Queridos compañeros, no hay necesidad de perder el tiempo y las energías en alguien que no te corresponde. No hay por qué hacer el ridículo ni enfadarse: si no conectas con alguien, no hay por qué insistir. Ninguna mujer te debe nada: si le gustas, estará contigo, y si no le gustas, no.

Y a otra cosa, mariposa.


Coral Herrera Gómez 


Post publicado en la revista Mente Sana: ¿Por qué los hombres no entienden que no es no?

1 de octubre de 2018

La química del amor y del desamor

Para yonkis del Amor: por qué nos hacemos adictas, y cómo pasar el mono. 

Mi nuevo post en Mente Sana

10 de septiembre de 2018

El Mercado del Amor




Publicado en mi blog de la Revista Mente Sana:

El mercado del Amor es ese espacio en el que la gente se mueve cuando empieza la adolescencia, hasta la llegada de la madurez. Es un espacio en el que nos movemos seduciendo a los demás para elegir y ser elegidos, para conocer gente nueva, para probar el acople con los otros y las otras, y ver si se puede empezar una historia de amor. 

De este espacio queda mucha gente excluida: los feos y las feas, los hombres viejos
 y pobres, las mujeres ancianas, la gente con discapacidades y malformaciones, la gente con con enferemedades crónicas, los y las enfermas mentales, los y las disidentes del género, los pobres, los extranjeros, las mujeres en la prostitución, la gente rara, diferente, y no normativa. 

En el mercado del amor triunfan los más guapos y las más guapas: en la cúspide del éxito sexual y amoroso se encuentran los personajes más sexys y famosos del planeta, casi todos blancos y jóvenes, atractivos y millonarios, con talento y energías. A todos ellos los amamos de lejos: actrices, actores, futbolistas, cantantes, modelos, directores de cine, personajes de televisión que inundan nuestras pantallas con su belleza y su felicidad. 

A ellos los admiramos, los amamos, los envidiamos, y todos los demás nos parecen poca cosa a su lado. Nos gusta este modelo porque los medios nos seducen con hombres y mujeres con unas medidas corporales muy concretas, gente rica que ha triunfado, gente que tiene a su alcance todo lo que desee a golpe de tarjeta, gente por la que millones de personas suspiran en silencio. 

Cuando nos relacionamos entre nosotros, buscamos ese modelo. Y claro, todas las personas de carne y hueso con las que nos relacionamos nos parecen imperfectos: demasiado bajo, demasiado alta, demasiado delgado, demasiado gorda, demasiada nariz, pocas tetas, poco culo, muchas caderas, demasiadas orejas, demasiados lunares y cicatrices, demasiadas arrugas y michelines, demasiados pelos, poca plata, poco éxito en la vida…

A nosotras también nos ocurre que nos cuesta mucho emparejarnos con personas que sufren las burlas de toda la sociedad por su tartamudez, por su obesidad, por su sordera, por su voz gangosa o su cojera, por miedo a sentir vergüenza en espacios públicos. El éxito de la gente se mide por las personas que logra seducir y enamorar, por eso los hombres muy poderosos siempre tienen a su lado mujeres guapas y jóvenes. Y por eso a todos se nos baja la autoestima si no tenemos éxito en el mercado del amor: todos queremos sentirnos deseables, pero no hay sitio para todos. El triunfo es sólo para los que cumplen con los estándares de la belleza patriarcal, para los que tienen éxito en la vida, para los que acumulan poder, recursos y mujeres, para los guapos y las guapas.

El Mercado del Amor es un espacio injusto y cruel porque unas pocas personas reciben todo el amor y el deseo, y las mayorías viven suspirando por esos pocos. Nos emparejamos con mucha torpeza los unos con los otros, presas del miedo a quedarnos solos, sin conocernos, sin saber cuidarnos y querernos bien. Chocamos en el espacio, pero no logramos la fusión con el otro para siempre. Vamos probando a ver qué tal, pensando que nuestra media naranja tiene que estar ahí en el mercado esperando a que le encontremos, y que cuando nos veamos nos reconoceremos mutuamente. 

Es como si estuviéramos todos en un gran centro comercial viendo escaparates, deseando sólo a los modelos que nos proponen las tiendas, sin vernos entre nosotros, sin interactuar entre nosotros, buscando a alguien que no existe, sin ver lo que tenemos delante. 

Las mujeres dedicamos mucho dinero y muchas energías a adaptarnos a los cánones de belleza patriarcal para poder entrar en el mercado del amor y encontrar a nuestra media naranja. El mensaje que nos mandan los medios deja una huella profunda en nuestra psique: “si no eres bella, nadie te amará”

Y bajo esta  amenaza nos sometemos a cirugías que ponen en peligro nuestra salud y nuestras vidas, a dietas de tortura para adelgazar, a depilaciones dolorosas para estar más guapas, a sesiones de machaque en un gimnasio para perder grasa, a tratamientos de belleza carísimos cuyos efectos se evaporan con el tiempo, a estar siempre a la moda en ropa, calzado y accesorios, a cuidar nuestras uñas y cabellos con esmero, a invertir nuestros recursos y nuestro tiempo en estar guapas y resultar deseables. 

Este despilfarro de medios y recursos lo abandonamos el día en el que se nos expulsa del mercado laboral por la edad, y nos damos cuenta de lo bien que se vive sin estar 0ometida a la tiranía de la belleza, de lo a gusto que se está sin tener miedo a la soledad, de lo tranquila que se está sin buscar a la media naranja. Es una especie de liberación; ya no tiene una que esforzarse en gustar, ya nuestra autoestima no depende del deseo sexual que sienten los demás por nosotras, ya no hace falta centrarse en los demás sino en una misma, en nuestro placer y nuestra felicidad. 

¿Por qué esperar a que nos expulsen de ese mercado laboral para liberarnos? 

Podemos hacerlo desde la adolescencia, para vivir libres de la tiranía de la belleza y de
este espejismo romántico que nos hace creer que nadie nos querrá si no obedecemos los mandatos de género que nos exigen estar siempre bellas. Podemos transformar este mercado del amor en un espacio libre de jerarquías y de patriarcado, libre de idealizaciones y mitos, un espacio en el que podamos querernos tal y como somos, y en el que podamos compartir placeres y amor libres, tal y como somos, libres de todos los miedos que no nos dejan disfrutar de nosotras mismas, de la gente y del amor. 

Coral Herrera Gómez

12 de agosto de 2018

Feminismo para Jóvenas




Os presento la nueva publicación colectiva en la que participo: Feminismo para Jóvenas, una compilación de diversas autoras y colectivas realizada por Nadia Fink y Laura Rosso y publicada en Antiprincesas / Chirimbote, una editorial de Argentina especializada en feminismos populares para niñas y niños, infancias diversas y adolescentes. Es mi tercera publicación en América Latina, me siento muy feliz de formar parte de este libro:

https://tienda-chirimbote.mercadoshops.com.ar/feminismo-para-jovenas-994284819xJM

15 de junio de 2018

Amor en Construcción

Amor en Construcción es el blog semanal de la Revista Mente Sana en el que publico todos los lunes un post, podéis visitarlo aquí:

http://www.mentesana.es/blogs/coral-herrera

12 de junio de 2018

Video-presentación del Libro "Mujeres que ya no sufren por amor", de Coral Herrera



En su nuevo libro, "Mujeres que ya no sufren por amor: transformando el mito romántico", Coral Herrera Gómez analiza la manera en la que aprendemos a ser hombres y mujeres, y a relacionarnos entre nosotros, con el objetivo aportar su granito de arena para liberar al amor de su carga machista y patriarcal. La autora cree que para poder sufrir menos, y disfrutar más del amor necesitamos herramientas para desmontar el amor romántico, y para llevar la teoría feminista a la práctica.

Coral Herrera afirma que el amor es una energía que mueve al mundo, y tiene un potencial transformador que es revolucionario a todos los niveles, porque puede cambiar nuestra forma de sentir, de gestionar nuestras emociones, de relacionarnos y de organizarnos social, política y económicamente. Ella nos invita a trabajar individual y colectivamente para despatriarcalizarlo, reinventarlo, ensancharlo, multiplicarlo, y expandirlo más allá de la pareja.

Bajo el lema de que lo romántico es político y otras formas de quererse son posibles, la autora propone algunas claves para desaprender todas las creencias en torno a la utopía romántica posmoderna de corte individualista que nos mantiene anestesiadas, aisladas unas de otras, en eterna búsqueda del amor, encerradas en nuestra burbuja de miedos, y creyendo que estamos condenadas a sufrir por amor.

Coral Herrera trabaja desde la autocrítica amorosa feminista. Para aprender a querernos bien, y para poder relacionarnos de una forma más libre, igualitaria y amorosa con nosotras mismas, entre nosotras, y con los hombres, cree que es esencial que analicemos las relaciones de poder y las herramientas que tenemos para unirnos, para separarnos, para disfrutar del amor, para arreglar nuestros problemas y resolver los conflictos que tenemos con nuestras parejas y con las demás relaciones que construimos con nuestros seres queridos.

En esta recopilación de artículos, escritos con un lenguaje accesible y con espíritu alegre y combativo, la autora nos abre las puertas de una nueva utopía amorosa de carácter colectivo en la que quepamos todas y todos. Para llegar a ella es necesario hacer una revolución afectiva, sexual, amorosa, emocional, y cultural que nos permita construir relaciones más sanas y más bonitas.

Las mujeres que ya no sufren por amor son las protagonistas de esta transformación social  y esta revolución amorosa: hemos puesto en el centro del debate y la lucha feminista la ética de los cuidados, la política de las emociones, y el derecho de las mujeres al placer, al bienestar, y a disfrutar del amor, y de la vida en libertad, y en buenas compañías.


Coral Herrera Gómez es Doctora en Humanidades y Comunicación, escritora y bloggera, y coordinadora del Laboratorio del Amor, una red social de mujeres y un taller permanente en torno a los estudios sobre las relaciones amorosas desde una perspectiva de género. Ha trabajado como consultora de comunicación y género en organismos internacionales como Unesco, ILANUD, AECID y actualmente trabaja en UNED Costa Rica, y en Observatorio de Medios y Comunicación Centroamericano (GEMA). Escribe en su blog desde hace siete años y colabora en diversos medios de comunicación como Mente Sana o Pikara Magazine. Ha sido profesora e investigadora en la Universidad de la Sorbona en París IV, en la Universidad Carlos III de Madrid y ha publicado varios libros, entre los que destacan La construcción sociocultural del amor romántico (Fundamentos, fecha) y Más allá de las etiquetas (Txalaparta, 2011). También ha participado en varios libros colectivos e imparte conferencias en congresos internacionales sobre comunicación y género.



Herrera Gómez, Coral: Mujeres que ya no sufren por amor, Editorial Catarata, 2018, Madrid.



¿Cómo puedo conseguir el libro?

- Puedes encargarlo en tu librería favorita. 

- Puedes comprarlo on line en la web de la Editorial Catarata

- Puedes pedirlo en Amazon


3 de junio de 2018

Coral en Mente Sana: Amor en Construcción



Estoy muy contenta de anunciarles que tengo un nuevo trabajo, en la Revista Mente Sana inauguro hoy mi propio espacio: "Amor en Construcción". 

Todos los lunes publicaré un nuevo post, espero que os guste el primero:

http://www.mentesana.es/blogs/coral-herrera/amor-construccion_1644

21 de mayo de 2018

¿Quienes son las Mujeres Que Ya no Sufren Por Amor? Prólogo del libro

Foto cortesía de la librería Louise Michel Liburuak


Las mujeres que ya no sufrimos por amor somos pocas aún, pero somos cada vez más. No nos hemos liberado del dolor ni hemos encontrado la fórmula para ser felices en el amor, pero nos llamamos así porque ya no nos sentimos condenadas a sufrir por amor: sabemos que lo romántico es político, y que otras formas de relacionarnos, de organizarnos y de querernos son posibles.

Las mujeres que ya no sufrimos por amor estamos haciendo la revolución amorosa desde los feminismos: estamos poniendo sobre la mesa la importancia de reinventar el amor romántico para sufrir menos, y disfrutar más del amor. Las redes sociales y afectivas, las emociones y los cuidados están en el centro de nuestro pensamiento, nuestros debates y nuestras luchas.

Las feministas hemos logrado muchos cambios a nivel legislativo y político, y estamos despatriarcalizando todo: la ciencia, la educación, las religiones, la medicina, la filosofía, el periodismo y la comunicación, el cine, el teatro, la democracia, los deportes, las instituciones, la familia… pero nos queda mucho trabajo por hacer en el nivel sexual, emocional y sentimental.

Aunque hace décadas que luchamos por alcanzar la autonomía económica, hasta hace poco se había hecho muy poco por la autonomía emocional, y cada una tenía que buscar las herramientas individualmente para poder trabajar la dependencia sentimental y despatriarcalizar sus emociones. Hoy, sin embargo, estamos trabajando colectivamente fabricando esas herramientas para la revolución de los afectos.

Nuestra forma de amar es patriarcal porque aprendemos a amar bajo las normas, las creencias, los modelos, las costumbres, los mitos, las tradiciones, la moral y la ética de la cultura a la que pertenecemos. Cada cultura construye su estructura emocional y sus patrones de relación desde una ideología concreta, por eso nuestra forma de amar en Occidente es patriarcal y capitalista.

Las niñas y los niños recibimos mensajes opuestos y aprendemos a amar de forma diferente, así que, cuando nos encontramos en la adultez, resulta imposible quererse bien. Los niños aprenden a valorar y defender su libertad y su autonomía; las niñas aprenden a renunciar a ellas como prueba de su amor cuando encuentran pareja. Las niñas aprenden a situar el amor en el centro de sus vidas, mientras que los niños aprenden que el amor y los afectos son “cosas de chicas”. Las niñas creen que para amar hay que sufrir, pasarlo mal, aguantar y esperar al milagro romántico; los niños, en cambio, no renuncian ni se sacrifican por amor. Las niñas aprenden a ser dulces princesas; los niños, a ser violentos guerreros. Ellas creen que su misión es dar a luz a la vida; la misión de ellos es matar al enemigo. Mientras ellas se hipersensibilizan y dibujan corazones por todos lados, ellos se mutilan emocionalmente para no sufrir y se preparan para ganar todas las batallas.

Así las cosas, no es de extrañar que cuando nos juntamos para amarnos el encuentro sea un desastre. En estas condiciones es imposible construir una relación basada en el respeto mutuo, el buen trato y la igualdad. Es imposible gozar del amor en una estructura de relación basada en la dominación y la sumisión, y en las luchas de poder que nos quitan gran parte de nuestro tiempo y energía: las guerras románticas que sostenemos nos impiden disfrutar del amor y de la vida.

Aprendemos a amar desde nuestra experiencia personal con la familia y el entorno más cercano, pero también con los relatos que mitifican el amor e idealizan unos modelos determinados de masculinidad y feminidad. Mitificar el amor sirve para que las mujeres, movidas por la pasión amorosa, interioricemos los valores del patriarcado, obedezcamos los mandatos de género y cumplamos con nuestros roles de mujer tradicional, moderna y posmoderna a la vez.

Estamos disfrutando de un salto tecnológico impresionante que nos permite contar relatos en múltiples formatos y soportes, pero el esquema narrativo de las historias sigue siendo el mismo: “Mientras él salva a la humanidad, ella espera a ser rescatada de la pobreza, de la explotación, de un encierro, de un hechizo, o de una vida aburrida. Cuando él termina su misión, va a buscarla y se la lleva a palacio, donde ambos vivirán felices y comerán perdices”.

Por culpa de estos cuentos, desde pequeñas nos convertimos en adictas a la droga del amor romántico, y así nos tienen entretenidas soñando con nuestra utopía romántica. Al patriarcado le conviene que permanezcamos encadenadas a esta ilusión, cada cual buscando la manera de ser rescatada por un príncipe azul. El milagro romántico nos aísla de las demás: para el patriarcado no hay nada más peligroso que las mujeres unidas, alegres y empoderadas trabajando en equipo en busca del bien común.

El romanticismo patriarcal es un mecanismo de control social para dominar a las mujeres bajo la promesa de la salvación y el paraíso amoroso en el que algún día seremos felices. La monogamia, por ejemplo, es un mito inventado exclusivamente para nosotras; ellos siempre han disfrutado de la diversidad sexual y amorosa y nos han prohibido que hagamos lo mismo. En el pasado, las leyes permitían a los hombres matar a sus esposas adúlteras. Hoy en día, la infidelidad femenina sigue siendo inaceptable, mientras se disculpan las “canitas al aire” de los hombres. Las mujeres seguimos sacrificándonos, renunciando, aguantando y sufriendo “por amor”, seguimos trabajando gratis en casa y en los cuidados “por amor”, seguimos soñando con la salvación personal a través del amor.

El patriarcado sigue vivo en nuestros corazones y goza de una excelente salud, por eso es tan importante hablar en términos políticos de nuestras emociones y relaciones. Desde mi perspectiva, el amor es un arma muy potente para revolucionar nuestro mundo y cambiarlo de abajo arriba. Podemos liberarlo de toda su carga patriarcal y expandirlo más allá de la pareja, hacia la comunidad. Podemos eliminar las jerarquías y luchas de poder entre nosotros, y construir nuestras relaciones con los demás desde la ternura, la empatía, la generosidad, la solidaridad y el compañerismo.

¿Os imagináis cómo sería el mundo si las mujeres, en lugar de despilfarrar nuestro tiempo en el amor romántico, lo dedicásemos a la lucha por una sociedad más libre e igualitaria? ¿Os imagináis a millones de mujeres trabajando unidas por la defensa de la naturaleza y los derechos humanos? Yo sueño con el día en que el amor rompa la barrera del dúo y pueda expandirse para cambiar toda nuestra forma de organizarnos y de relacionarnos.

Ese día aún está muy lejos: las ideas evolucionan a toda prisa, y somos geniales a la hora de imaginar nuevos modelos amorosos y nuevas formas de relacionarnos, pero las emociones evolucionan lentamente a lo largo de las décadas, y no podemos cambiar en dos semanas nuestra forma de sentir. Son muchos siglos de patriarcado los que llevamos a cuestas, y no tenemos herramientas aún para gestionar nuestras emociones. Seguimos con la misma madurez emocional de los primeros Homo sapiens: sentimos las emociones más básicas (alegría, ira, tristeza, miedo) de manera similar. La mayor parte de la humanidad resuelve sus conflictos con violencia, porque no nos educan para hacer frente a los tsunamis emocionales que nos invaden cada vez que sufrimos y hacemos sufrir a los demás. En las escuelas no nos enseñan a querernos bien, y cuesta mucho trabajo aprender a relacionarse con amor con nosotras mismas, con nuestro entorno y con la gente a la que queremos.

Sin embargo, estamos… en ello. 

Cada vez somos más mujeres pensando y debatiendo sobre nuestra forma de querernos y relacionarnos, cada vez somos más las que queremos liberar al amor del patriarcado, y las que reivindicamos nuestro derecho al bienestar, al placer y a la felicidad.

Las mujeres que ya no sufrimos por amor estamos analizando nuestra cultura amorosa para transformarla de arriba abajo, buscando otras formas de querernos, fabricando colectivamente herramientas para aprender a usar nuestro poder sin hacer daño a los demás, y para construir relaciones bonitas con los demás. Relaciones desinteresadas, relaciones basadas en el amor compañero, relaciones basadas en el placer, la ternura y la alegría de vivir.

Estamos con la imaginación activada, buscando nuevas formas de relacionarnos con nosotras mismas y con los demás. Queremos un mundo mejor para todos y todas, un mundo sin violencia, y sin guerras. Nuestro objetivo común es parar la guerra contra las mujeres y entre las mujeres, y contra nosotras mismas: queremos aprender a querernos bien para poder amar a los demás de la misma manera.

La revolución amorosa es a la vez personal y colectiva: lo romántico es político, pero también es social, económico, sexual y cultural. Queremos que el amor deje de ser un instrumento de opresión para utilizarlo como motor de la revolución sexual, afectiva y de cuidados en la que estamos trabajando desde los feminismos.

Las mujeres que ya no sufrimos por amor nos estamos cuestionando todo: ¿cómo desmitificamos el amor?, ¿cómo vamos a trabajar los patriarcados que nos habitan?, ¿cómo acabamos con las relaciones de dominación y sumisión?, ¿cómo nos liberamos de las masculinidades patriarcales?, ¿cómo aprendemos a amar sin hacernos la guerra?, ¿cómo podemos construir relaciones placenteras, hermosas, respetuosas, e igualitarias?, ¿cómo aprendemos a resolver nuestros conflictos sin violencia?, ¿cómo tejemos redes de cuidado, de trabajo cooperativo, de solidaridad con la gente?, ¿cómo vamos a trabajar desde el feminismo para reapropiarnos del placer, para reinventar el amor, para liberar al deseo de la culpa y los miedos?

Estamos en un momento apasionante. Por fin el amor ha dejado de ser un asunto íntimo y privado para convertirse en un debate social y político. Ahora hablamos de amor en las redes sociales, en las asambleas, en los bares, en las tesis doctorales, en los blogs, en los congresos y en las fiestas populares.

Las mujeres que ya no sufrimos por amor aún lo pasamos mal, pero no nos sentimos solas. Todas queremos vencer al monstruo de la soledad que nos tiene muertas de miedo, queremos superar la dependencia emocional, y aprender a amar desde la libertad, no desde la necesidad.

Es mucho el trabajo que tenemos por delante: queremos construir un amor compañero en el que nos sintamos libres e iguales. Queremos relaciones basadas en el buen trato, en el placer compartido, en la honestidad y la ternura. Queremos cambiar nuestra relación con nosotras mismas, y entre nosotras. Y queremos acabar con el patriarcado, la desigualdad, la pobreza y la violencia. Se trata de reinventar el amor para que nos alcance a todos y a todas.

El amor es una herramienta maravillosa para la transformación individual y colectiva. Cuando el amor no se reduce a la pareja y llega al vecindario, al barrio, al pueblo, entonces es un motor para construir una sociedad libre de explotación, violencia, jerarquías y dependencias.

La revolución amorosa que estamos llevando a cabo las mujeres feministas pone en el centro la alegría de vivir, los afectos, los cuidados y el placer. Sabemos que otras formas de quererse y organizarse son posibles, y aquí estamos: unidas, creativas y combativas, reivindicando el disfrute y el placer. Somos las mujeres que ya no sufren por amor.


Coral Herrera Gómez: Mujeres que ya no sufren por amor: Transformando el mito romántico, Editorial Libros de la Catarata, Madrid, 2018.










¿Cómo puedo conseguir el libro?

- Puedes encargarlo en tu librería favorita. 

- Puedes comprarlo en papel y en ebook en la web de la Editorial Catarata

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16 de mayo de 2018

Feminismo para sufrir menos, y disfrutar más del amor: nuevo libro de Coral Herrera Gómez




En su nuevo libro, "Mujeres que ya no sufren por amor: transformando el mito romántico", Coral Herrera Gómez analiza la manera en la que aprendemos a ser hombres y mujeres, y a relacionarnos entre nosotros, con el objetivo aportar su granito de arena para liberar al amor de su carga machista y patriarcal. La autora cree que para poder sufrir menos, y disfrutar más del amor necesitamos herramientas para desmontar el amor romántico, y para llevar la teoría feminista a la práctica.

Coral Herrera afirma que el amor es una energía que mueve al mundo, y tiene un potencial transformador que es revolucionario a todos los niveles, porque puede cambiar nuestra forma de sentir, de gestionar nuestras emociones, de relacionarnos y de organizarnos social, política y económicamente. Ella nos invita a trabajar individual y colectivamente para despatriarcalizarlo, reinventarlo, ensancharlo, multiplicarlo, y expandirlo más allá de la pareja.

Bajo el lema de que lo romántico es político y otras formas de quererse son posibles, la autora propone algunas claves para desaprender todas las creencias en torno a la utopía romántica posmoderna de corte individualista que nos mantiene anestesiadas, aisladas unas de otras, en eterna búsqueda del amor, encerradas en nuestra burbuja de miedos, y creyendo que estamos condenadas a sufrir por amor.

Coral Herrera trabaja desde la autocrítica amorosa feminista. Para aprender a querernos bien, y para poder relacionarnos de una forma más libre, igualitaria y amorosa con nosotras mismas, entre nosotras, y con los hombres, cree que es esencial que analicemos las relaciones de poder y las herramientas que tenemos para unirnos, para separarnos, para disfrutar del amor, para arreglar nuestros problemas y resolver los conflictos que tenemos con nuestras parejas y con las demás relaciones que construimos con nuestros seres queridos.

En esta recopilación de artículos, escritos con un lenguaje accesible y con espíritu alegre y combativo, la autora nos abre las puertas de una nueva utopía amorosa de carácter colectivo en la que quepamos todas y todos. Para llegar a ella es necesario hacer una revolución afectiva, sexual, amorosa, emocional, y cultural que nos permita construir relaciones más sanas y más bonitas.

Las mujeres que ya no sufren por amor son las protagonistas de esta transformación social  y esta revolución amorosa: hemos puesto en el centro del debate y la lucha feminista la ética de los cuidados, la política de las emociones, y el derecho de las mujeres al placer, al bienestar, y a disfrutar del amor, y de la vida en libertad, y en buenas compañías.


Coral Herrera Gómez es Doctora en Humanidades y Comunicación, escritora y bloggera, y coordinadora del Laboratorio del Amor, una red social de mujeres y un taller permanente en torno a los estudios sobre las relaciones amorosas desde una perspectiva de género. Ha trabajado como consultora de comunicación y género en organismos internacionales como Unesco, ILANUD, AECID y actualmente trabaja en UNED Costa Rica, y en Observatorio de Medios y Comunicación Centroamericano (GEMA). Escribe en su blog desde hace siete años y colabora en diversos medios de comunicación como Mente Sana o Pikara Magazine. Ha sido profesora e investigadora en la Universidad de la Sorbona en París IV, en la Universidad Carlos III de Madrid y ha publicado varios libros, entre los que destacan La construcción sociocultural del amor romántico (Fundamentos, fecha) y Más allá de las etiquetas (Txalaparta, 2011). También ha participado en varios libros colectivos e imparte conferencias en congresos internacionales sobre comunicación y género.



Herrera Gómez, Coral: Mujeres que ya no sufren por amor, Editorial Catarata, 2018, Madrid.





¿Cómo puedo conseguir el libro?

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29 de abril de 2018

(h) amor 3: culpas y celos


 

(h)amor 3: celos y culpas, 

de la editorial Continta Me Tienes, 

he escrito un capítulo en este libro colectivo en el que participan autoras como Pamela Palenciano Jódar, Giazú Enciso Domínguez, Roy Galán, Miguel Vagalume, Nuria Alabao, Daniel Cardoso, Roma de las Heras y Ana G. Borreguero, y Patricia González. 

Podéis adquirirlo aquí, el envío es gratis en toda la península y Baleares (España):

http://contintametienes.com/producto/hamor-3-celos-y-culpas/


20 de abril de 2018

(h)amor 3: celos y culpas




Amor, celos y culpas: si mañana viernes 20 de Abril os apetece disfrutar de la Noche de los Libros en Madrid, se presenta uno en el que he participado yo con un capítulo, 

(h)amor 3: celos y culpas, 

de la editorial Continta Me Tienes, 

en compañía de autoras como Pamela Palenciano Jódar, Giazú Enciso Domínguez, Roy Galán, Miguel Vagalume, Nuria Alabao, Daniel Cardoso, Roma de las Heras y Ana G. Borreguero, y Patricia González. 

Sitio y hora: Museo La Neomudejar (c/Antonio Nebrija, s/n), Madrid, a las 21h. 

Podéis adquirirlo aquí, el envío es gratis en toda la península y Baleares (España):

http://contintametienes.com/producto/hamor-3-celos-y-culpas/


24 de enero de 2018

Otras formas de ser hombre son posibles

Artículo Publicado en la Revista Ajoblanco



“Nunca me enseñaron a poner palabras a mis sentimientos, así que me cuesta mucho nombrar mis emociones y expresarlas. Me cuesta desnudarme y compartirme, me cuesta mostrar mi vulnerabilidad, me cuesta lidiar con el miedo a que cuestionen mi virilidad, y todos estos miedos y carencias me han impedido disfrutar del amor. Ahora me lo estoy trabajando porque quiero ser más generoso con mis compañeras, y quiero construir relaciones más sanas y más igualitarias. Me he juntado con un grupo de hombres porque en compañía resulta más fácil liberarse del patriarcado”. Aitor
“Me pasé toda la infancia frustrado porque no podía proteger a mi madre de la violencia de mi padre, y ahora tiendo a ser proteccionista con mis novias porque tengo en mi cabeza la idea de que las mujeres son débiles y vulnerables, y me siento responsable de su seguridad y su bienestar. Estoy tratando de liberarme, pero sin darme cuenta me pongo en plan controlador, defensor y salvador de damas al estilo de don Quijote. Llevo el rol del Salvador muy adentro”. Deivich
“Me pasé toda mi vida odiando a las niñas y tratando de no ser como ellas. A mí me gustaba jugar con niños, y me cabreaba muchísimo que me comparasen con una nena o con un maricón. En la adolescencia follé con alguna chica para que me respetasen y admirasen mis amigos, pero nunca quise tener novia porque para mí lo primero era mi libertad. Un desastre, porque nunca las traté como personas, sino como un objeto para aumentar mi prestigio de macho. He perdido mucho tiempo de mi vida odiando a las mujeres, afortunadamente hoy estoy aprendiendo a relacionarme con ellas, a respetarlas y a tratarlas como a iguales”. Hernán

Los hombres no nacen, se hacen. El género es una construcción social y cultural: aprendemos a ser hombres y mujeres a través de los relatos de nuestra cultura, y a través de la socialización, primero con nuestra familia y círculo de gente más cercana, luego en las instituciones educativas. Nuestros modelos culturales de masculinidad y feminidad son los héroes y heroínas de nuestras novelas, cuentos, películas, canciones, series televisivas, cómics y videojuegos. La masculinidad es una performance que aprenden los hombres, y todo lo que se aprende se puede desaprender y reinventar.

Según Elisabeth Badinter, la masculinidad patriarcal se construye en oposición a tres grupos de personas: las niñas, los bebés y los homosexuales. Las niñas y los maricones son seres despreciables: son débiles, cursis, cobardes, dependientes, caprichosos, torpes, tienen menos fuerza física y menos inteligencia. Esta es la razón por la cual cuando un niño no cumple con los mandatos de género, se le degrada a la categoría de ser inferior. 

Ser hombre en un mundo patriarcal es agotador, porque, para no verse marginados, los hombres tienen que demostrar continuamente su hombría. Además, viven compitiendo entre ellos para ocupar los puestos más altos de la jerarquía social, aunque sólo unos pocos hombres tienen el poder. El resto asume su posición en la jerarquía sometiéndose a los de arriba, y oprimiendo a los de abajo: para que un macho alfa pueda ser inmensamente rico, los demás tienen que ser inmensamente pobres. Así es como se alían el capitalismo y el patriarcado para que el mundo funcione en base a esta estructura de poder tan injusta y cruel. 

Los hombres, entonces, no sólo son opresores, sino también oprimidos. Tienen más privilegios y derechos que las mujeres, pero también son explotados por hombres con más poder que ellos. Los hombres que no compiten, los que no obedecen, los que son diferentes pagan un coste muy alto por no ser como los demás. Desde la infancia hasta la muerte sufren burlas, humillaciones, acoso, agresiones físicas, torturas, violaciones, asesinatos: el patriarcado no soporta la disidencia. Los castigos van desde el rechazo familiar y social hasta la pena de muerte, como sucede en países que aún tienen leyes que permiten asesinar a hombres homosexuales, bisexuales y transexuales.

La identidad masculina en el patriarcado se construye en base a la aprobación y el reconocimiento de los demás hombres de la manada. La posición dentro de la jerarquía depende de su capacidad para acumular poder y riquezas, y para despertar la admiración y el deseo de los demás hombres y de las mujeres. Un macho alfa es más poderoso cuantas más mujeres penetra, y cuantos más hijos sea capaz de concebir. 

El primer mensaje que reciben muchos chicos desde su más tierna infancia es: “Los hombres no lloran”. Llorar es cosa de niñas: para ser un hombre de verdad hay que ser un tipo duro capaz de reprimir las emociones. Así que lo primero que aprenden los niños es a mutilarse emocionalmente a sí mismos para no parecer frágiles, y a burlarse de todos aquellos que lloran o no saben o no quieren disimular su vulnerabilidad. 

A muchos hombres esta falta de habilidades para gestionar sus emociones, para expresarse con libertad, para desahogarse y compartirse, les acompaña toda su vida. Las consecuencias para su salud emocional, psicológica, sexual y física son devastadoras. Sólo con echar un vistazo a las cifras de la violencia del hombre contra sí mismo y contra los demás, se entiende por qué la mayor parte de las personas que se suicidan en el planeta son hombres. Los hombres sometidos a la tiranía del patriarcado se autodestruyen más: sucumben al alcohol, las drogas, la conducción temeraria, las conductas de riesgo con las que demuestran su hombría y las peleas con otros machos en las que salen gravemente heridos o muertos. 

Los héroes de nuestra cultura patriarcal son superhombres, seres sobrehumanos que ni sienten ni padecen, y que logran sus objetivos y resuelven sus problemas mediante la violencia. Son casi todos seres mutilados emocionalmente con escasas habilidades para comunicarse y relacionarse con los demás. Los niños educados en el patriarcado construyen su identidad en base a estos héroes violentos y mutilados; por eso les resulta tan difícil desnudarse, abrirse y compartirse entre ellos o con sus parejas. No están acostumbrados a hablar de sus sentimientos, al contrario que las mujeres, que aprendemos desde muy pequeñas a hablar con nuestras amigas de cómo nos sentimos, y dedicamos miles de horas a hablar, pensar y fantasear sobre el amor.  

Las relaciones entre los hombres en las culturas patriarcales son extrañas. Por un lado, desarrollan su red afectiva en grupos exclusivamente masculinos. Pasan mucho tiempo de su vida juntos, aprenden juntos y tienen mucho contacto físico entre ellos gracias a los deportes. Un gol, por ejemplo, es una excusa perfecta para tocarse el culo y los genitales, abrazarse, darse besos en la boca o revolcarse por el suelo. 

Sin embargo, el resto del tiempo tienen que esforzarse mucho para reprimir estas demostraciones de afecto: los hombres se pasan toda la adolescencia y la juventud evitando el deseo sexual hacia sus semejantes. Se duchan y duermen juntos, pero bromean todo el tiempo para espantar al fantasma de la homosexualidad que les acompaña siempre que están desnudos o que se tocan entre ellos. ...
Seguir leyendo en la Revista Ajoblanco: 

12 de junio de 2017

Consultorio Sentimental en Revista Cáñamo



Desde hace un año llevo un Consultorio Sentimental en la Revista Cáñamo, y ya tenemos lista la versión web con un formulario para que envíes tus preguntas. Si dejas tu mail, te envío la respuesta a tu correo antes de publicarla:

https://www.canamo.net/cultura/consultorio-sentimental

30 de noviembre de 2016

Sexualidad Queer: gente "rara" y amores diversos



Este artículo forma parte de la Revista del Instituto de la Juventud de EspañaINJUVE, en la que encontraréis material didáctico para trabajar con gente joven el tema de las identidades, las TIC, lo queer y la sexualidades diversas. 

Mi aportación es el capítulo 4 que podéis leer y descargar aquí: 

Sexualidad Queer, de Coral Herrera


4 de enero de 2016

Amar con los pies en la tierra: el romanticismo práctico



¿Cómo ser realista y romántica a la vez?, ¿es posible emborracharse de amor sin perder la sensatez?, ¿cómo se hace para ser práctica, sufrir menos y disfrutar más del amor?, ¿cómo dejar de perder el tiempo en relaciones que me hacen sufrir?, ¿cómo enfocar mis energías en personas o cosas que me hagan sentir bien?, ¿cómo hacer para que mi romanticismo no inunde todos mis espacios y mis tiempos?


Hoy está de moda cuidarse al máximo: comemos sano, evitamos los excesos (de grasa, de tabaco, de alcohol), tomamos vitaminas, hacemos ejercicio, practicamos yoga y otras artes orientales, nos hidratamos la piel, bebemos agua cada tres horas, retocamos las imperfecciones en el quirófano… nos preocupamos mucho por la salud y el bienestar físico, pero, ¿qué ocurre con nuestro bienestar mental y emocional?


Hasta ahora le hemos prestado poca atención a nuestra salud emocional, pese a que cada vez hay más gente deprimida o que sufre enfermedades mentales para los que solo tenemos pastillas y atención psicológica. Es hora de que aprendamos a cuidar nuestros sentimientos, gestionar nuestras emociones, y adquirir herramientas para sufrir menos, y disfrutar más del amor.


Los humanos sufrimos mucho porque somos seres muy complejos y nuestras relaciones también lo son. Cuanto más románticas son nuestras relaciones, más nos duelen: el romanticismo del XIX construyó su concepción del amor ligado al sufrimiento, y nosotros somos herederos de esa forma de entender el amor.


Los románticos eran unos grandes sufridores, unos mártires del amor, unos genios atormentados que como no tenían que madrugar para ir al huerto o a la fábrica, disponían de muchas horas libres para pensar en el amor. Su tiempo de ocio lo empleaban en quejarse y llorar amargamente, en dejarse llevar por la imaginación o los recuerdos, fantaseaban sobre el futuro, teorizaban sobre el amor o creaban sus utopías amorosas y sus castillos en el aire. Con todas esas emociones intensas componían bellos y desgarrados poemas, hermosos y melancólicos paisajes,  o  grandiosas obras musicales.


Los habitantes del siglo XXI, en cambio, no tenemos tanto tiempo libre. Nuestras pocas horas del día transcurren mayormente en la oficina o a la fábrica, tenemos que cocinar, limpiar, ir a la compra, hacer lavadoras, atender a los hijos y las hijas, cuidar a los animales domésticos, cuidar nuestra vida social y afectiva…. no podemos permitirnos el lujo de pasar horas soñando con amores imposibles, o malgastar días y días atormentados por un amor no correspondido.


La posmodernidad nos tiene a todos estresados y sin tiempo para el amor, por eso el poquito tiempo que tenemos, es mejor disfrutarlo en buena compañía. Somos eficientes y eficaces, somos productivos, nos sometemos a la tiranía de los relojes y los calendarios, nos pasamos la vida resolviendo, y nos queda muy poco tiempo para estar con nuestra gente querida: generalmente las dos o tres últimas horas del día, o los fines de semana, que son muy cortos.


Con tan poco tiempo libre, tampoco hay espacio para lamentarse: los lutos ya no nos determinan, los duelos ya no duran años. El sufrimiento romántico es cosa de adolescentes con tiempo para llorar en su habitación mientras todo se nubla a su alrededor. Los adultos no podemos pedir en el trabajo una semana de permiso para llorar a mares por una ruptura sentimental pues el mal de amores no se considera una enfermedad que nos incapacite para trabajar: el mundo gira a su ritmo, y sufras o no, la vida continúa, y hay que pagar las facturas.


La cuestión es: ¿cómo ser realista y romántica a la vez?, ¿es posible emborracharse de amor sin perder la sensatez?, ¿cómo se hace para ser práctica, sufrir menos y disfrutar más del amor?, ¿cómo dejar de perder el tiempo en relaciones que me hacen sufrir?, ¿cómo enfocar mis energías en personas o cosas que me hagan sentir bien?, ¿cómo hacer para que mi romanticismo no inunde todos mis espacios y mis tiempos?.


El romanticismo práctico sólo puede vivirse desde el presente: “te amo mientras dure, te quiero aquí y ahora, te quiero hasta que deje de quererte o dejes de quererme”. Amar con los pies en la tierra supone dejar el pasado atrás, y no perderse en el futuro con la imaginación: no  hacerse expectativas ni fabricarse fantasías paradisíacas. Las personas románticas que también son prácticas, tienen una gran capacidad para aceptar la Realidad, para conocer bien a la gente con la que se relacionan, para mantener a raya el auto engaño y ser realista en la medida de sus posibilidades.


Ser una persona romántica y práctica a la vez tiene muchas ventajas:


-te evitas meses y meses de sufrimientos y llantos desgarrados porque eres realista y cuando lo vas viendo venir, eres rápida en tomar decisiones.


-tomas las decisiones pensando en tu bienestar, trabajas siempre a favor de ti misma, te das buenos consejos.  


-identificas con facilidad las situaciones en las que no te sientes bien para poder irte, y para evitarlas.


-identificas con facilidad si puedes o no conectar a un nivel profundo con alguien, si la otra persona siente lo mismo por ti.


-distingues  con mayor facilidad lo que es importante y lo que no, lo que merece la pena y lo que no.


-controlas tus emociones y sabes cómo hacer para que no te invadan.



El romanticismo práctico es un arte y tiene pocas reglas: quererse bien a una misma, estar en el presente, ser realista, y saber reconocer el nivel de reciprocidad de la relación en la que estás. Es más fácil que una relación funcione si las dos personas se enamoran al mismo nivel, si les apetece lo mismo, si tienen el mismo ritmo, las mismas expectativas, la misma manera de entender el amor y las mismas ganas de construir una relación. Si alguno de los dos no se enamora, si alguno de los dos sufre, si la relación no funciona, lo mejor es dejarlo… y a otra cosa mariposa.


Aquí algunos consejos para aprender las artes del romanticismo práctico:


- ¿Cuánto espacio le dedicas al amor romántico en tu vida? Búscale su lugar entre todos los afectos que tienes y toda la gente  que te hace sentir bien. Si sabe cuál es su sitio, no invadirá todo y podrás dedicarle el tiempo que se merece.


- Aprende a aceptar: Si eres muy feliz, no te sientas mal por ello: acepta que te lo mereces, que la vida es corta y solo hay una. Si en cambio tu relación no funciona, acepta también. Si ya no te aman, acepta. Si se te acabó el amor, acepta. Si no se enamora de ti, acepta. No hay nada que puedas hacer para enamorar o re enamorar a alguien, no está en tu mano: no podemos cambiar a los demás. Sólo podemos elegir si queremos o no estar a su lado, y evaluar si nos merece o no la pena compartir con alguien que no te quiere.


- Si estás disfrutando mucho una relación y todo va bien, ¿para qué crearte problemas que no existen? Vive el presente mientras dure, y no le pongas trabas a tu disfrute. No tengas miedo: amar es de valientes, y no hace falta sufrir para vivir un romance: lo importante siempre es que te sientas bien y lo estés disfrutando.


- Si estás empezando una relación y no estás disfrutando, corta por lo sano. Te ahorrarás meses de peleas, malentendidos y malos ratos. Si no  te hace feliz, si no te sientes bien, si el trato no es bueno, rompe la relación: no merece la pena malgastar tu tiempo y energías en una relación que no funciona.


- Si llevas mucho tiempo en una relación, has sido muy feliz pero ya no disfrutas, corta por lo sano también. Ahórrate meses o años de guerras románticas y luchas de poder. Lo que se deteriora con el tiempo es mejor dejarlo morir: es agotador andar reavivando llamas lánguidas que se extinguen en cuanto dejas de soplar fuerte.


- Si no te sientes bien tratada, no exijas ni mendigues amor, simplemente rompe la relación y aléjate cuanto antes. Sean cuales sean los sentimientos de tu pareja hacia ti (muy enamorado, poco enamorado, desenamorado), el trato siempre ha de ser el mismo: sin buen trato, no hay acuerdo posible.


- No pierdas el tiempo y las energías dándole vueltas a los problemas. Tú sola no los solucionas pensando y repensando: pon tus dudas y emociones en común con tu pareja, dedica tiempo para hablar en profundidad y desde el cariño, y verás cómo es todo más fácil. Hablar nos permite desahogarnos y adquirir otras perspectivas sobre los temas que nos preocupan. Siempre es más fácil afrontar los problemas en equipo que a solas.


- No le pidas al amor lo que no puede darte. Cuantas menos expectativas, menos decepciones tendrás. Dejar a un lado los mitos puede ayudarte a construir relaciones muy bonitas que sin ser de cuento, te hagan sentir bien. Ser realista te permitirá disfrutar mucho más de las relaciones que tengas, duren lo que duren, porque así evitarás el miedo a vivir un engaño y a quedarte frustrada cuando todo acabe. 


- No pierdas el tiempo y la energía tratando de controlar el futuro. Tu único patrimonio es el presente, y sólo puedes trabajar en el aquí y el ahora: imaginar futuros bonitos o tristes nos lleva al mundo de la especulación absurda que no nos sirve de nada. Las circunstancias y la interacción con la gente nos van cambiando los escenarios: no está en nuestras manos controlar lo que ocurre en el presente o lo que va a ocurrir más adelante, y no hay otra realidad que ésta en la que estás ahora mientras me lees.


- Distinguir lo que es importante y lo que no lo es tanto nos puede ayudar mucho a evitar dramas y pasar malos ratos. Todo tiene su espacio y su tiempo, y las obsesiones recurrentes son lo menos práctico y sano que hay. Es importante dedicar nuestras energías a cosas y personas que merecen la pena, y dejar a un lado lo que no merece la pena.


- Aprende a relacionarte de igual a igual, las luchas de poder son agotadoras y nos roban mucho tiempo, y muchas energías.  Evita relacionarte con gente que se cree inferior o superior a ti, que se somete o trata de dominarte, que te endiosa o te machaca: una relación sólo puede funcionar desde la igualdad.


- Elige un buen compañero/a: júntate con gente que tenga herramientas para disfrutar del amor y de la vida. Gente solidaria y alegre que en lugar de criticar, siempre aporta, gente generosa con ganas de compartir, gente con capacidad para la empatía y el optimismo, gente que te trate bien, que te quiera bien en todas las etapas de la relación, gente con la que te sientas aceptada y  sientas que puedas ser tú misma.


- Quiérete mucho: conócete a ti misma, hazte tu mejor amiga y compañera, disfruta del tiempo que pasas contigo misma, practica la autocrítica, aprende a trabajar con tus emociones y a trabajar por tu bienestar, usa el sentido común … son todas herramientas que te pueden ayudar mucho para escribir tus historias de amor con sus finales felices. 



Coral Herrera Gómez 


Este artículo se publicó en la Revista Mente Sana, nº 121, Enero-Febrero 2016. 



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