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2 de julio de 2018

La crueldad en el embarazo, el parto y la infancia


Joe Webb
 

Crueldad en el embarazo y el nacimiento: violencia obstétrica

Somos gente cruel: vivimos en un mundo que ha normalizado y naturalizado la violencia hasta tal punto que no la vemos. Vivimos en un mundo en el que todos ejercemos nuestro poder sobre los demás en la medida en que nos dejan, o en que podemos. Es la ley del más fuerte: el pez grande se come al chico. 

Con los bebés es con quien más nos cebamos a la hora de aplicar nuestra maldad sin ningún tipo de remordimientos. Un ejemplo es cuando después de nacer alguien te pide que dejes al bebé en la cuna. No lo hace porque sea mala persona, sino porque a ella le dieron el mismo consejo transmitido por generaciones y generaciones bajo los más absurdos argumentos: "No le cojas mucho en brazos que se malacostumbra". 

¿Qué tiene de malo que un ser humano se acostumbre a los brazos, a los besos, a los mimos, al calor humano, a las palabras de amor?, ¿hay algo malo en un bebé que necesita cariño y demanda atención?

La cultura de la crueldad consiste en creer que hay que separar al niño y a la madre porque les viene bien a los dos: "así ella descansa, así el niño descansa, así se le pasa el calor, está mejor solito en su cuna". Es lo que siempre se aconseja, por lo tanto ya es una costumbre, por lo tanto no se cuestiona. Es lo normal, lo común, lo natural. 

La crueldad con los bebés empieza desde antes de salir del útero de las madres. Las mujeres embarazadas tenemos que llevar el seguimiento de nuestro embarazo en una estructura patriarcal como la Medicina moderna, que nos trata como a enfermas, que nos toma por ignorantes, que nos somete a pruebas dolorosas e invasivas, que toma decisiones sin consultar sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, que nos trata mal cuando no nos informan de lo que está pasando, que no nos deja parir en la posición que nos pide el cuerpo en ese momento, que nos medica sin nuestro consentimiento.

Cuando aceleran el parto sin respetar los ritmos de la mamá y el bebé, cuando nos hacen miles de tactos innecesarios, cuando nos gritan de malos modos para que pujemos, cuando nos aplican procedimientos que no hemos autorizado, cuando nos hacen cesáreas innecesarias. Todo se hace por el “protocolo”, y  aunque ya hay muchos países tratando de adaptarse a las nuevas recomendaciones de la OMS sobre el parto respetuoso, lo cierto es que el personal sanitario tiene unos horarios terribles, unos turnos de trabajo inhumanos, y unos salarios indecentes que les hacen víctimas y a la vez agentes de la crueldad del sistema laboral y médico. 

El parto es un momento trascendental en nuestras vidas, pero puede ser una experiencia hermosa o una auténtica tortura. En webs como ElPartoEsNuestro podéis leer historias de violencia hacia las madres en uno de los momentos en los que somos más vulnerables. El maltrato a las parturientas es una práctica común en muchos países del mundo: damos a luz la vida en condiciones de estrés, agotamiento, miedo, angustia, y dolor. Nada más nacer el personal sanitario suele tener mucha prisa para separar a madre e hija, y llevarse al bebé a hacer unas pruebas que podrían hacerse perfectamente estando el bebé sobre el pecho de la madre. Pero no lo hacen porque el primer acto de crueldad cultural es separar al bebé y a la mamá: así les demostramos a ambos quién manda sobre sus cuerpos, sobre su salud, sus afectos y sus vidas. 

Están más que comprobados los beneficios físicos, mentales y emocionales de los partos respetados en lo que no se separa a los bebés de sus madres en sus primeras horas de vida. Cuando ambos están juntos les mejora la presión sanguínea y la respiración, se regula la temperatura corporal, se estabiliza el latido cardiaco, y no hay cuna ni incubadora en el mundo que pueda sustituir a una madre o un padre haciendo el piel con piel con su bebé. Las máquinas no susurran palabras de tranquilidad al oído, no huelen a nada, no proporcionan consuelo frente al miedo, no cantan la canción que los bebés han estado escuchando durante meses en el vientre materno.

Y si la madre se rebela ante la crueldad de la separación, todo el mundo le exige que sea obediente, paciente, y se resigne a las normas obsoletas y crueles del hospital. 

Desde estas primeras horas en adelante, toda la sabiduría popular consiste en machacar a la madre para que no mime demasiado al hijo. Para que sea dura y firme, para que no se deje manipular por el pequeño bicho que quiere tiranizarla. Este es más o menos el argumento para justificar todos los comentarios acerca de lo importante que es la disciplina para un bebé desde los inicios de vida: dejarlos llorar para que ensanchen los pulmones, dejarlos resignarse para que se duerman después de pedir auxilio durante un rato a lágrima viva, dejarlos que se den cuenta de que sus necesidades no son importantes. 

La crueldad ignora la extrema vulnerabilidad de un bebé, que necesita sentirse seguro y protegido todo el tiempo. Su supervivencia depende de nosotros, de la atención que pongamos, de los cuidados que le brindemos, y esto nos hace sentirnos poderosos. En lugar de despertar ternura, en muchos adultos y adultas se despierta una sensación de triunfo: "este ser es mío, depende de mí, yo mando en él". 

Es curioso que cuando un familiar llora en una celebración nadie dice: "dejarle solo que le viene bien para ensanchar pulmones, no le hagáis ni caso". Generalmente nuestro impulso natural es ir a consolar a nuestro ser querido. Pero en los bebés es diferente: se entiende que lloran para molestarte, para interrumpirte, para llamar la atención, para tiranizarte. Entonces se les aplica esta forma sutil de maltrato para que su cerebro entienda que la vida es dura y cruel desde sus primeros segundos de vida hasta los últimos.

Otro de los actos máximos de crueldad consiste en no dejar que las mamás y los papás críen a sus bebés. La sociedad separa a las familias durante más de diez horas al día, y medica a los niños que viven con dolor esa separación forzosa. En algunos países los bebés sólo tienen derecho a estar con sus madres tres meses, en la mayoría los padres no tienen derecho a cuidar a sus hijos e hijas ni un sólo día. 

Es cruel que el mercado laboral nos aleje de nuestros bebés para que los cuiden otras personas a cambio de salarios bajos o muy bajos, y en condiciones poco idóneas por la cantidad de bebés y de niños y niñas que algunas profesionales tienen que cuidar. Deberíamos poder, las mamás que quisiéramos, encargarnos personalmente de la crianza y educación de nuestros bebés junto con nuestros compañeros y nuestra comunidad. Es monstruoso que sólo podamos vernos una, dos o tres horas al día, generalmente con una acumulación de cansancio atroz. No tiene sentido que nos presionen para ser mamás y luego no nos permitan serlo.

 
Crueldad en la infancia

Desde los primeros días de vida se nos fuerza de manera más o menos violenta a tener horarios, a distinguir entre el día y la noche, a comer cuando dice el pediatra, (no cuando tengamos hambre) a dormir cuando dice el pediatra (no cuando estemos cansados). Se escriben miles de libros con consejos para obligar a los niños a dormir toda la noche sin despertarse, para que sean niños-mueble que no den guerra durante el día, para que madruguen, para que corran a cumplir con los horarios del colegio y las extraescolares, para que no griten y no molesten, para que obedezcan en todo y no den problemas. Pero no encontramos la solución: es imposible tratar de conciliar el capitalismo con la infancia. 

Los niños y las niñas tienen otro ritmo, y necesitan mucho amor y mucha libertad de movimientos. Necesitan estar al aire libre, en contacto con la naturaleza, haciendo ejercicio y jugando. Los obligamos a permanecer miles de horas sentados en clase y ir de un lado a otro para cumplir con todas las obligaciones del día: es cruel que sólo puedan estar con su familia dos o tres horas al final del día, cuando todos están cansados y sin ganas de jugar, cuando a los adultos les toca hacer la cena, preparar el baño, recoger la habitación y la cocina. Cuando todo el mundo está de mal humor, vaya, y con prisas para desactivar por fin a los niños.

La cultura de la crueldad se aprende en las escuelas. Aún hay maestros y maestras que creen que la letra con sangre entra. Que para aprender hay que sufrir, hay que pasarlo mal, hay que disciplinarse y soportar estoicamente los gritos, insultos y golpes de los profesores. Ello incluye también los abusos sexuales, no sólo en la escuela, también en la familia: vivimos en una sociedad monstruosa que viola a diario a los niños y a las niñas. Y no es para satisfacer el deseo sexual de los adultos: es para ejercer el poder y el control sobre los seres más débiles y más vulnerables. 

Las niñas son más vulnerables que los niños, pero toda nuestra cultura se vuelca en enseñarnos que las niñas tienen que aguantarse, y que si los niños las pegan es porque les gusta. Sin embargo, cuando un niño se queja de maltrato, se le invita a hacer frente a su agresor y a convertirse en agresor a su vez: “defiéndete y ataca, que sepa que mandas tú y que no puede tratarte mal".  Es decir, a las niñas les hacemos ver que el maltrato es una prueba de amor, y que aguantar el maltrato también es una prueba de amor. Y a los niños, que la violencia es algo normal y que tienen que aprender a ser violentos si no quieren recibir hostias por todos lados, y a diario.

Los niños nos imitan: establecen jerarquías de poder y tratan mal a los que están por debajo de ellos. Utilizan motes para reírse de las singularidades de cada cual (gordo, orejón, cabezón, gafotas, enano, moro, chino, negro, loco, etc.), y reproducen todo el racismo, el clasismo, la homofobia, el machismo, y los odios que aprenden en casa y ven en la tele. En un aula de niños de 9 años, ya hay supremacismo blanco y patriarcado en cantidades industriales: ya hay grupitos de niños alfa haciendo de matones con los más débiles. Toda la crueldad con la que tratan a sus compañeros la han aprendido viendo a los adultos y adultas relacionarse, pero también tiene que ver con sus instintos primarios, y sobre todo, con su necesidad de tener el poder y el control. 

Se supone que en el proceso de socialización tenemos que enseñarlos a ser solidarios, a sentir empatía por los demás, a ser generosos, a compartir sus juguetes, a no acaparar todos los juguetes de los demás niños, a no resolver los conflictos con violencia. Esto debería formar parte de la educación que reciben en casa y en la escuela, pero no hay manera de que los adultos nos den ejemplo cuando somos niños. Si ellos acaparan recursos, y resuelven sus conflictos de poder con violencia, aprendemos a hacer lo mismo que los adultos. 

Creemos que la única manera de pasar de la infancia a la adultez es sufriendo para después hacer sufrir a los demás e inflingirles el mismo dolor que sentimos en la infancia. Así se perpetúa el ciclo de la violencia psicológica, emocional y física; creyendo que es el mejor método para aprender a ser humanos. Por eso castigamos a los niños, les imponemos nuestras normas, les hacemos sentir un estorbo, les mandamos callar, les neutralizamos con drogas, les desconectamos con pantallas para que nos dejen en paz un rato. 

Somos crueles con las niñas y los niños porque no los consideramos ciudadanos de pleno derecho, para nosotros no son sujetos, y no tienen derechos: somos nosotros, los padres y las madres, los que ponemos las normas y aplicamos las sanciones. Somos los presidentes, los legisladores, la policía, y los jueces de nuestra propia casa, así que los niños están completamente indefensos ante los abusos de poder, el sadismo y la violencia de los adultos.

Las estadísticas sobre maltrato infantil, abuso sexual, violaciones, y asesinatos de niños y niñas son atroces en todo el mundo. Los niños pobres y los refugiados son los más vulnerables: mueren huyendo de guerras, pasan toda su vida entre las bombas y llorando a sus muertos, se juegan la vida en el mar, sufren violaciones, secuestros y son esclavizados en redes de traficantes de niños para su explotación sexual o para robarles algún órgano y desaparecerles del mapa. 

Los niños son los que más sufren la violencia patriarcal, el hambre, el miedo, el horror de la guerra, la esclavitud, la soledad, las enfermedades mentales y los trastornos emocionales. Y hasta que no pare la explotación y la violencia en el mundo, no dejaremos de destruir a las nuevas generaciones para que lleguen heridas a la adultez, y reproduzcan la misma violencia que sufrieron. La crueldad que sembramos se vuelve contra nosotros: el dolor se perpetúa durante generaciones, vivimos en un mundo enfermo lleno de gente que necesita mucho amor, mucho cariño, muchas atenciones, mucha ternura. 

Para cambiar el mundo en el que vivimos, tenemos que empezar por la forma en que las mujeres parimos, por nuestros derechos sexuales y reproductivos, por garantizar a todas las madres un parto respetado, por permitir a las madres y a los padres criar a sus bebés. 
Y desaprender toda la cultura de la crueldad para poder aprender a disfrutar de la infancia, de la crianza, de la comunidad afectiva en la que nacemos y vivimos los primeros años de nuestras vidas.

Coral Herrera Gómez 

23 de enero de 2018

Mujer sorda y cyborg. Mi discapacidad auditiva y mi capacidad de adaptación

Ilustración de la Señora Milton para el artículo publicado en Pikara Magazine 


Somos millones de personas, pero nadie nos ve. Nuestra discapacidad es invisible y además tratamos de que no se nos note. Yo al principio me ponía roja, porque me daba vergüenza y no sabía pedir ayuda ni facilitarle a la gente que fuese solidaria conmigo. Ahora ya no digo “estoy sorda” (se reían pensando que bromeaba), sino “soy sorda”, y si no se lo creen, les enseño mis ciberoídos: me siento orgullosa de ser una mujer cyborg del siglo XXI.

Al principio pensé que tenía un tumor cerebral y me iba a morir, luego reuní valor y fui al médico, y cuando me dijeron el diagnóstico y la solución, la primera reacción fue sentirme fatal al saber que tenía una discapacidad seria, que es irreversible, que ya nunca más podré escuchar el sonido natural, sino electrónico, y que soy dependiente de mis aparatos y de mis pilas: sin ellas estoy perdida.
Luego lo pensé mejor y me sentí afortunada por tener acceso a la tecnología que me permite oír. Aquí, en Costa Rica, la sanidad pública te proporciona los audífonos, pero en el resto del mundo existen muchas personas sin medios para comprarse unos, están condenadas al aislamiento y a los peligros que conlleva no oír apenas, o no oír nada.
La otosclerosis es una enfermedad degenerativa de los huesecillos del oído. Se hereda, normalmente la sufrimos las mujeres y los embarazos te disparan la sordera por las hormonas. Es operable y hay gente que recupera el 90% de la audición, pero en mi caso el otorrino —un hombre que habla susurrando (sí, no es broma: el tío trabaja con personas sordas y habla bajito, tan tranquilamente)— me dijo que no me merece la pena operarme porque necesitaría audífonos igualmente.
Lo mío empezó con el embarazo: empecé a engordar y a dejar de oír a un ritmo vertiginoso. Gorda, y sorda; tardé tiempo en poder asimilar ambos términos para definir los cambios brutales en mi cuerpo y en mi identidad. Mi gente empezó a quejarse de los ¿qué?, esa muletilla que usamos las sordas para que nos repitan lo que han dicho. A la segunda me decían en tono de cabreo: “¡Pero qué sorda estás, Coral!”; y me lo repetían, pero con tono irritado: “Que-si-te-gusta-el-helado-co-ño;, que-cie-rres-la-puer-ta-jo-der”. Nadie repite dos veces con una sonrisa. Yo me sentía fatal, sobre todo si a la tercera tampoco me enteraba. Me faltaba asertividad y valentía para decir: “Oye, tengo una discapacidad, soy sorda, un poquito de paciencia, ¿no?”.
CON EL EMBARAZO, EMPECÉ A ENGORDAR Y A DEJAR DE OÍR A UN RITMO VERTIGINOSO. TARDÉ EN ASIMILAR LOS CAMBIOS EN MI CUERPO Y EN MI IDENTIDAD
Tuve que aguantar muchas broncas de mi gente —“Es que no me escuchas, no te interesa lo que te digo, no me haces ni caso”—. La cosa es peor en el espacio público, cuando vas a Hacienda, al hospital, a la embajada, a resolver papeleos. Los funcionarios te miran mal porque no les gusta repetir, se cabrean, se lo toman como algo personal, como si te estuvieras riendo de ellos en su cara. Al médico no voy nunca sola, siempre tiene que venir mi compañero a “traducirme” porque aquí en Costa Rica gritar es de maleducados, así que te repiten amablemente lo que te han dicho, pero no te elevan el tono ni el volumen. En general aquí la gente habla muy bajito, en especial las mujeres. En España es al revés: todo el mundo grita y se pasa mal a veces porque los ruidos fuertes te taladran el cerebro. Mi cerebro no distingue los sonidos lejanos de los cercanos, los sonidos importantes de los no importantes, porque no oigo con mis oídos. Los golpes me retumban y me duelen, todo me suena demasiado alto.
No puedo regular sola el audífono, se hace con un programa, así que no puedo decirle a mis ciberoídos: “Estoy en una fiesta con mucha gente, bájame el ruido de fondo”. Ni: “Estoy sola en la habitación, no necesito mucho volumen ahora”. Los audífonos de alta tecnología son así: puedes conectarte por bluetooth al teléfono, a la compu, a la tele, y ecualizar el sonido a tu gusto. Ya estoy ahorrando para poder comprarme unos.
Conforme aumentaba mi sordera, adopté tres estrategias: una es aprender a leer los labios, pero necesitas tener enfrente a la persona y que no se tape la boca con pañuelos, bufandas, cigarros, ni con la mano;. otra es intentar reconstruir el mensaje con las pocas palabras que entiendas. Suena divertido, pero es agotador, porque si te falta el verbo principal o el sujeto la adivinanza es una tortura. Y la tercera es hacer como que has entendido lo que te han dicho, sonriendo mucho. Lo único malo es que es fácil que te descubran cuando te hacen una pregunta y tú sólo sonríes, y te sientes fatal. Es de muy mala educación no pedir que te repitan cuando no has entendido algo.
También es de mala educación pedir que te repitan algo cuando la otra persona ya lleva un rato hablando. Si te sientes fatal, solo te quedan tres opciones: hacer un comentario que no suele tener nada que ver con lo que te están diciendo, cambiar de tema, o sonreír con cara de gilipollas sin comentar nada. Este es el motivo por el cual las sordas parecemos gente rara y tenemos salidas raras. Yo ahora sonrío mucho: prefiero que la gente se crea que estoy un poco loca, a que se crean que soy una antipática, una maleducada o una estirada.
Mientras llegaba la fecha de entrega de mis audífonos, siguieron los problemas, y la búsqueda de soluciones. La sordera me iba aislando cada vez más, a veces sin darme cuenta me quedaba en mi mundo y me costaba mucho salir de él. Para mí el silencio es delicioso, en él puedo perderme en mis pensamientos y seguir el hilo en el que está trabajando mi mente. Mi compañero se enfadaba y me decía que cuando no le respondía se sentía mal tratado. Que era desesperante hablar y no tener respuesta, que era como hablarle a una pared. O peor aún, a veces contestaba y me metía en una conversación con él, y de pronto la abandonaba y le dejaba ahí tirado.
Yo me disculpaba, pedía perdón, me sentía fatal, y se lo volvía a hacer una y otra vez. Así que se me ocurrieron dos cosas para que mi problema no fuese tan doloroso para ambos: le pedí que cuando me hablara, me tocara físicamente para aterrizar en la realidad y en la conversación; y, cuando empezamos una conversación, dejo de hacer lo que esté haciendo y me sitúo frente a él para hablar, sin hacer nada más. Antes podíamos charlar mientras uno cocinaba y el otro fregaba platos, pero desde que soy sorda, ya no.
Mi vida sexual y amorosa se vio afectada también, porque al principio no escuchaba a mi compañero decirme cosas cuando hacíamos el amor, hasta que le pedí que me hablara directamente al oído y descubrí que se siente rica la vibración. Con los audífonos ocurre a veces que, si me aprietas las orejas al besarme o al abrazarme, suena un ruido metálico, poco erótico para mi compañero, que dice que parece que está haciendo el amor con una ginoide. Mi bebé en cambio se parte de risa con su “mamá robot”.

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20 de diciembre de 2017

Cómo relacionarte con un bebé que no te conoce de forma respetuosa



A veces ocurre que nos relacionamos con los bebés sin saber que estamos siendo agresivos con ellos, pero si nos ponemos en su lugar, es obvio que a nadie le gusta estar tan tranquila en un sitio y que aparezca un desconocido de la nada que te agarra en brazos sin pedirte permiso, te besa y te achucha, te dice cosas que no entiendes, y luego te recrimina tu reacción de rechazo llamandote antipática o malcriada. 

Esto es lo que hacemos con los bebés cuando los arrancamos de los brazos de su madre o su padre, aunque se nos vea toda la buena intención del mundo es muy violento pedirle a una persona que no te conoce de nada que se deje besar y abrazar. Es violento primero porque los sacamos de su espacio de seguridad, porque apenas tienen capacidad para comunicarse verbalmente y decir que no o pedir ayuda, porque no pueden defenderse por sí solos, y porque cuando expresan disgusto el adulto deja de ser encantador y se enoja. 

Si lo que queremos es relacionarnos respetuosa y amorosamente, tenemos que hacer un ejercicío de empatía, es decir, ponernos en su lugar e imaginar que te pasa a ti algo así con un desconocido al que le gustas mucho y  necesita besarte y acariciarte.
Ocurre que ponemos por delante nuestra necesidad de abrazar y besar a los bebés, a la necesidad de los bebés, que generalmente necesitan un tiempo para procesar la información que están recibiendo. Nadie se pone a pensar si el bebé querrá irse con nosotros, si se siente a gusto, si le caemos bien y le transmitimos confianza, o si hay algo en nosotros que les asusta. Y nos enfadamos o nos sentimos mal si el bebé nos rechaza, entonces arremetemos contra la madre o el padre para que se sientan culpables por no tener un bebé obediente, sociable y cariñoso con desconocidos. 

En realidad es muy sencillo relacionarse con bebés: basta con ponerse frente al bebé a su misma altura, saludarlo con una sonrisa, presentarse (me llamo tal, soy la amiga de tu mamá, me dedico a no sé qué, tengo un perrito, etc), dejar que nos mire y nos analice, y tener paciencia. Hay bebés que superan la timidez inicial en tres minutos, y otros que necesitan más tiempo. 

Una de las mejores cosas que facilitan la interacción es que la mamá o el papá los pongan en el suelo y tú te bajes a su altura para hablar con ellos, porque piensa que eres gigante y la comunicación en vertical no es nada placentera y no sirve para conectar. 

¿Cómo se conecta con el bebé?, pues conversando de manera respetuosa, contándole cosas o haciéndole preguntas para que nos cuente algo, aunque no utilice palabras. Cuando logras crear esa conexión y sientas que el bebé está a gusto, entonces puedes pedirle permiso para abrazarlo y cargarlo en tus brazos, y si no quiere, eaceptar, darle prioridad a la voluntad del bebé y aguantarte las ganas de espachurrarlo. 

Piensa que a nosotros nos pasa lo mismo: hay gente que nos atrae mucho enseguida, y hay gente que no nos genera esa química linda o esa curiosidad. Hay gente que nos cae bien y gente que nos cae mal, hay gente a la que nos encanta besar y abrazar, y otra gente con la que jamás tendríamos contacto físico. Y no pasa nada. 

Si al bebé no le apetece que le separes de su madre, no  te lo tomes a lo personal y no les insultes a ambos recriminándoles su apego. La mamitis no existe, es un invento creado para que las madres crien seres mutilados emocionalmente, y para que se sientan mal si les dan mucho amor, como si el amor fuese algo malo a lo que no debe uno acostumbrarse. 

Bien, entonces recuerda que al final casi todos los bebés logran conectar con los adultos cuando cogen confianza y cuando se les despierta la curiosidad. En general, a todos los bebés les gusta que les hablen y les canten, y les cuenten cosas, y les sonrían, y casi todos necesitan un tiempo para tener confianza con adultos desconocidos, aunque sean familia muy cercana. Los bebés no saben lo que es la familia ni lo que son los amigos, de manera que no puede conectar tu relación con su mamá o su papá, ni sabe que os queréis mucho. 

Empatía, respeto, paciencia, generosidad... es bien sencillo. No olvides siempre saludar y presentarte, ser respetuoso/a, sonreír mucho, no elevar el volumen de tu voz, trabajarte con cariño la conexión con el bebé, y pedirle permiso como harías con una persona adulta. Y si no obtienes permiso, no te enfades ni te sientas mal: cada bebé es un mundo, cada bebé tiene sus ritmos y su propia personalidad. Tienen todo el derecho del mundo a construir sus propias relaciones en igualdad de condiciones, derechos y libertades que la gente adulta.






15 de diciembre de 2017

Maternidades feministas, libres y elegidas




La idea era que la casa nos embrutecía, nos aislaba y nos hacía dependientes de los hombres, así que nuestras madres feministas reclamaron su espacio en el mercado laboral para ser mujeres autónomas y libres. Se suponía que trabajar nos realizaba y nos empoderaba, pero hoy nosotras, las hijas feministas, nos encontramos con que trabajando seguimos siendo dependientes de nuestras parejas, que además de ser precarias estamos agotadas con la doble jornada laboral, que muchas renuncian a la maternidad o a la crianza, y que la conciliación es una fantasía.

Es imposible criar y trabajar a la vez si no contamos con una red de cuido (compañero-a, madre, hermanas, primas, vecinas y amigas), o si no explotamos a otras mujeres más pobres y necesitadas que nosotras. Los hombres siguen teniendo muchísimo más tiempo libre, y esto es una realidad tan dura y tan evidente como la brecha salarial, la desigualdad de oportunidades, el acoso sexual laboral, el trabajo gratis que hacemos a diario, el techo de cristal, la pobreza con rostro de mujer soltera y con hijes.

Realmente salir a trabajar miles de horas por 700 euros con no sé cuantos títulos en un curro de mierda, o pasar meses de tu vida buscando un hueco para evitar la exclusión me resulta mucho más embrutecedor que las tareas domésticas y la crianza. Lo digo porque lo estoy viviendo en persona: he batallado en el mercado laboral de varios países, sigo en la precariedad, elegí la maternidad al final de mi etapa reproductiva y estoy maternando a tiempo completo, sin ayuda de mi familia, sin nana ni guarderías. Y no me siento esclava por estar practicando la crianza con apego y la lactancia a demanda (ya van 14 meses), sino que me siento afortunada de poder disfrutar de esta etapa de mi vida y de no tener que renunciar como tantas madres que no tienen otra opción. A ratos es muy duro, por la energía que requiere, y por mil cosas más, pero lo estoy disfrutando mucho. Soy privilegiada porque además trabajo en lo que me gusta: escribir. Y aunque tengo menos tiempo para trabajar y menos ingresos, me he dado cuenta de que mi profesión no lo es todo en la vida, que puedo parar un poco, que me gusta cuidar y que me cuiden, que me gusta enseñar y aprender, que es una etapa bien linda la que estoy viviendo.

A mí la maternidad me permite poner en práctica mi feminismo, hacer autocrítica amorosa, aterrizar la teoría a la realidad, trabajarme los patriarcados que me habitan, y ser mejor persona, porque maternar requiere mucha generosidad, empatía, paciencia y solidaridad. Gracias al feminismo estoy trabajandomelo para educar a un niño que pueda llegar a ser un hombre libre de patriarcados, o al menos con herramientas para trabajarselos. Creo que esta forma de educar y acompañar a un ser humano en la construcción de su identidad es una contribución a la lucha feminista por la igualdad, la diversidad y los derechos igual de importante que mis libros, mis artículos, mis conferencias o mi Escuela del Amor.

Y bueno, pienso que las maternidades libres y elegidas son maravillosas, hoy en día es un privilegio poder disfrutar de educación sexual, acceso a anticonceptivos, y al aborto. Pocas mujeres en el mundo tienen sus derechos sexuales plenamente garantizados, y muchas son madres sin querer serlo. Los jueces, los médicos, los obispos y los políticos legislan sobre nuestros cuerpos y nuestra sexualidad, y creo que en esto todas las feministas estamos de acuerdo en que tenemos que defender con uñas y dientes nuestros derechos.

Independientemente de si damos o no damos teta, si maternamos así o asá, si nos sumamos a una moda de crianza o a la contraria: lo importante es que podamos elegir y decidir, y que ninguna mujer se sienta atacada por querer ser madre o no querer ser madre, ni cuestionada en su forma de criar y educar. Porque resulta que no podemos elegir, no la mayoría de las mujeres de este planeta. Así que hay que trabajar para crear las condiciones que nos permitan no tener hijos si no queremos, y poder disfrutar de la crianza si queremos, y dedicarle el tiempo y las energías que queramos.

Para mi lo realmente subversivo es la revolución amorosa que pone en el centro de la lucha feminista los cuidados y los afectos. Y todavía más subversivo es poder abrazar la diversidad en todas las formas de maternar, de paterna y de cuidar, sin juzgar a las demás por el tipo de crianza que han elegido, sin batallar para imponer a las demás nuestra propia y particular visión de lo que está bien y lo que está mal, lo que es normal y anormal, lo que es o no natural.

En el feminismo estamos debatiendo eternamente si la maternidad es un sistema de opresión patriarcal o si las maternidades pueden ser feministas y subversivas. Unas defienden la idea de que
lo que nos libera es el acceso al mercado de trabajo, pero resulta que entonces alguien tiene que cuidarnos a los bebés, y a los familiares enfermos o con dependencia. Y ese alguien suele ser la mujer de la familia que se sacrifica por todo el mundo, que no necesita tener tiempo libre, que no tiene dinero propio, que no tiene vacaciones ni cotiza a la seguirdad social, o sea, las abuelas.

Cuando no hay abuelas, o cuando nuestras madres también trabajan y tienen su vida propia, entonces acudimos a las nanas o las niñeras, generalmente mujeres migrantes más pobres que nosotras que no pueden cuidar de sus hijas e hijos porque tienen que generar ingresos para mantener a una familia enorme.

Entonces, ¿liberarse unas para oprimir a otras?, ¿es eso subversivo?

Y de las que entran en el mercado laboral: ¿cuantas se dedican a lo que les gusta y les apasiona?, ¿cuantas pueden compatibilizar su carrera con su familia y su vida personal?, ¿cuantas tienen salarios dignos que les permite pagar guarderías?. Pues pocas, muy pocas.

¿Y hombres que puedan conciliar en sus trabajos, y que quieran implicarse en la crianza? Muy pocos, poquísimos.

También me hago otras preguntas: ¿cómo llevan los bebés lo de ver a sus mamás y papás dos horas al día?, ¿cómo es estar con gente que te cuida a cambio de dinero pero no construye un vínculo afectivo contigo?, ¿qué sucede cuando se construye un vínculo entre cuidadora y bebé, y los padres los separan?

Luego están las que defienden la idea de que las mujeres tenemos derecho a involucrarnos plenamente en los cuidados de los bebés, que disfrutamos mucho de esa etapa en nuestras vidas, que nos olvidamos del mercado laboral para poder ofrecer a nuestros hijos e hijas muchas horas de cuidado, aprendizaje, mimos y diversión.

Pero para ello no se trata de hacernos dependientes de nuestros compañeros ni pedirles que ejerzan su rol tradicional de proveedores de recursos, sino más bien crear las condiciones para que ellos también puedan criar si quieren, porque no nos engañemos: la crianza es cosa de tribus, no de una mamá sola.

La solución sería entonces formar redes de crianza y crear una renta básica que nos proporcionase un salario normal que nos permitiese elegir si queremos o no ser madres, y cuánto tiempo queremos dedicarle a la (p)maternidad y los cuidados, al menos en los primeros años de vida de los nuevos seres humanos que traemos al mundo.

En los feminismos necesitamos hablar mucho de maternidades y cuidados, y para eso tenemos que debatir y trabajar en equipo, y no excluir a nadie en el debate: las revoluciones sólo florecen cuando la gente está unida por una causa. Y nosotras tenemos muchas causas en común, siendo todas tan diferentes y diversas como somos. Así que vamos a seguir haciendo un feminismo muy grande en el que quepamos todas sin excepción.

#Feminismo #Diversidad#Maternidades #Autonomía #Masculinidades #Empoderamiento #Igualdad#Cuidados #Amor #Crianza #Lactancia #MaternidadesSubversivas

14 de octubre de 2017

Preguntas que puedes hacerte si estás pensándote la maternidad o la paternidad


Black Beanie, de Loui Jover 


Si estás pensando en ser madre (o padre), pero estás hecha un lío, aquí unas preguntas que a mí me ayudaron en mi proceso cuando quise ser mamá y que quizás pueda ayudaros a vosotras:

1. Todas andamos escasas de tiempo, ¿estás dispuesta/o a hacerle un hueco a tu bebé de 16 a 20 horas cada día? Yo antes de quedarme embarazada pensaba que los bebés dormían todo el día o se quedaban como muebles mirando a la pared mientras tú trabajas, pero no. Son seres que necesitan contacto físico permanente, y si toman teta, quieren teta a todas horas. Les gusta estar en brazos todo el día: protestan en cuanto intentas aparcarles en el corralito, en la hamaca para bebés o en la cuna. Quieren estar en tus brazos, cerca de ti, tener toda tu atención. Necesitan mimos, estímulos, juegos, canciones, sonrisas, y necesitan sentirse queridos, protegidos y seguros. Como cualquier cachorro del reino animal.

Si ni tú ni tu pareja podéis dedicarle tiempo, es importante que tengáis en cuenta cómo le afectara al bebé el estar todo el día lejos de vosotros, y cómo se sentirá con otras personas. 


2. ¿Cómo te sientes con la presión social, y con la presión biológica? ¿Cómo te sientes frente a la tiranía del "qué dirán"?, ¿cuánto te afectan la opinión y los comentarios de los demás? Es una buena pregunta para intentar ver si lo de ser madre es un deseo propio tuyo, o es un deseo/imposición de los demás. Puedes preguntarte por qué todo el mundo quiere verte con un bebé en brazos, y por qué son las mismas personas que te presionaban en su día para que te echaras pareja y te casaras. Son los mismos que nunca van a ir a echarte una mano en la crianza. Simplemente quieren verte con un bebé, y que tú te las apañes como puedas. Puedes preguntarte también por qué a los hombres no se les presiona tanto para que tengan bebés. Puedes preguntarte también si realmente te importa lo que opinen los demás, y si te sirve de algo pensar en ellos para diseñar tu vida. Es importante tener en cuenta que la presión social sirve para que te sometas y obedezcas los mandatos del patriarcado: busca el amor, cásate, ten hijos.  Y aunque lo hagas, nunca van a dejar de criticar y comentar, así que, mejor olvidarse de lo que esperan los demás de ti.


3. ¿Estás preparada para los tremendos cambios hormonales, químicos, físicos y emocionales que vas a experimentar con tu cuerpo?, ¿ya estás visualizando la piel de naranja, los descolgamientos, las celulitis, arrugas y canas que llegan con la maternidad cuando lo has dejado para muy tarde?. ¿Has considerado la posibilidad de que jamás recuperes tu figura de antes y que te importe una mierda, o te hunda la autoestima? ¿Te sientes con fuerzas para dormir poco durante años, para gatear, para arrastrarte por el suelo, para agacharte cien mil veces al día, para jugar mil horas al día, para ir sucia todo el tiempo, para ver las montañas de ropa limpia que tienes que doblar y guardar en los armarios, y para acumular la gigantesca energía que requiere la crianza de un bebé?


4 ¿Te sientes generosa con tu tiempo, tus energías y tus recursos?, ¿te ves dando amor y cuidados a tu bebé las 24 horas del día?, ¿te ves capaz de disfrutar con lo absorbente que es la maternidad, y lo duro que es ser responsable del bienestar y la salud de alguien que depende completamente de ti, sobre todo al principio?


5 ¿Qué tal se te da lo de madrugar tooodos los días?, ¿ y lo de dormir poco, muy poco o nada?, ¿te pone de mal humor estar con sueño todo el día?, ¿y a tu pareja?


6 ¿Te cuidas a ti misma?, ¿eres responsable con tu salud física, mental, emocional y psicológica?, ¿te ves con salud y estabilidad para cuidar de un ser pequeño e indefenso? 


7 ¿Cómo te vas a sentir cuando tengas que decirle no a las propuestas de todo el mundo, no a los mil proyectos en los que te habías embarcado, no a muchas cosas que te daban placer?, ¿cómo te sientes cuando estás recuperándote de un acontecimiento tan brutal y sientes que ya no vas a ser la misma?


8 ¿Y el bebé, cómo se va a sentir contigo?, ¿se va a sentir querido?, ¿cómo va a jugar, a revolcarse por el suelo, a tirarlo todo, cómo va a conseguir de ti lo que necesita?, ¿cómo va a aprender a comer, a sentarse, a gatear, a caminar, a hablar, y a ensayar su autonomía?, ¿contigo o sin ti?



9 ¿Te gusta jugar con bebés, te gustan los niños, eres capaz de pasar una tarde entera con un bebé y disfrutar?, ¿y a tu compañero/a? ¿Te gusta pasar tiempo al aire libre, te gusta ir todas las tardes al parque, te gustan las actividades de niños y niñas, como por ejemplo, los cumpleaños llenos de niños colmados de oxitocina y otras drogas duras que segregan sus excitados cerebros? Esta es una de las preguntas más importantes, porque mucha gente tiene niños y no les gustan los niños. Les parecen un coñazo los niños de los demás, y también los suyos cuando los tienen ellos. Les mantienen entretenidos porque no saben cómo interaccionar con ellos, les mantienen lejos de los espacios de adultos, les obligan a jugar solos porque a ellos no les apetece jugar ni tirarse al suelo durante horas.


10 ¿Estás preparada/o para convivir con virus, bacterias y hongos?, ¿asumes que pasarás gran parte del invierno luchando contra las enfermedades, vigilando fiebres fuertes, pendiente de la medicación, limpiando mocos y flemas, eliminando microbios, etc?, ¿Cómo te llevas con la caca, con la diarrea, con el pis, los vómitos, los pedos, la sangre de las heridas, los moratones, y los fluidos corporales de nuestro cuerpo, y de los cuerpos ajenos?


11 ¿Qué sientes leyendo artículos sobre la edad y la infertilidad, no es demasiada presión para que nos pongamos sin dilación a la tarea reproductiva? Hay una disparidad tremenda entre nuestra edad biológica, nuestra edad social, nuestras condiciones económicas y laborales que hace que plantearse un hijo sea una cuestión muy compleja de resolver. De ahí que nos presionen para que nos pongamos en mano de la tecnología reproductiva, un mercado muy exitoso y lucrativo.


12 ¿Cómo te afecta el que todas o casi todas tus amigas sean madres y tú no?, ¿cómo me ha afectado a nivel social y emocional que casi todas estén en un mundo que yo no comparto porque no tengo hijos?, ¿no poder hablar con ellas de series porque se quedan dormidas en cuanto pueden?, ¿cómo llevo las preguntas y las indirectas sobre si voy a ser madre o no?, ¿cómo influye esta pequeña pero constante presión en mi (no)deseo de tener hijxs?


13 ¿De verdad crees que tu trabajo, tu maternidad, tus parejas y tus pasiones son compatibles durante los primeros años de crianza?, ¿de verdad crees que tu vida va a ser más o menos igual que ahora?


14 ¿Merece la pena tener un bebé para que lo cuiden y lo disfruten otras personas? Si tienes que trabajar fuera de casa, ¿quién va a cuidar a tu bebé?, ¿tu madre, tu suegra, una nana, o lo llevarás a la guardería?, ¿estás psicológica y emocionalmente preparada para tener que irte cada día y dejarlo en manos de una mujer que cobra menos que tú por cuidar a tu bebé y que no puede cuidar el suyo? ¿Estás preparada para ver a tu bebé sufrir cada vez que te vas, y para intentar convencerte a ti misma que tu bebe no te necesita, sin conseguirlo?


15 ¿Estás preparada para que tu relación de pareja cambie, muera o se transforme en otra cosa?  Tu pareja puede verse fortalecida por este proyecto tan maravilloso que es tener bebés, pero también puede ocurrir que tengáis maneras diferentes de criar y educar, que haya choques, peleas, y momentos de mucha tensión, agravados por el cansancio y por los vaivenes hormonales que tenemos en el embarazo, el parto y el posparto. La actividad sexual puede desaparecer, disminuir o aumentar, y también puede transformarse, para bien o para mal. Hay gente que huye aterrorizada de la carga tan tremenda que supone cuidar a un ser humano bebé. Les pasa a los hombres casi siempre: entran en crisis, la paternidad les viene grande, no saben hacer tareas domésticas ni criar, y no saben pedir ayuda si lo necesitan.Por eso hay tantisimos hogares liderados por mujeres solas o por grupos de mujeres sin pareja que se unen para criar juntas.


16 ¿Eres muy maniática del orden o la limpieza? (Preparaté para el caos) ¿Qué espacios vas a perder en tu casa con la llegada del bebé? ¿En tu casa hay sitio para que tu bebé se mueva con libertad?, ¿hay espacio para una cuna, para un baúl de juguetes, para almacenar la ropa, para meter el carrito de paseo, para colgar la bañera del bebé, para el cambiador de pañales?


17 ¿Eres sensible a los ruidos y los gritos?, ¿estás preparada para el salvajismo infantil, para los momentos de euforia y felicidad intensa, para los berrinches y pataletas en medio del supermercado, para los gritos que acompañan inevitablemente los juegos infantiles?


18 ¿Tienes paciencia?, porque vas a necesitar toneladas mientras tu bebé aprende a comer, a caminar, a manipular objetos... y también vas a necesitar mucha paciencia cuando le expliques a tu bebé como funciona el mundo, cómo tiene que comportarse en público, cómo tiene que cumplir las normas básicas para interaccionar con los demás. Y lo mejor, verlo desobedecer y resistirse a esas normas que le imponen desde fuera.


19 ¿Quieres tener hijos porque crees que podrás hacer de tu hija o de tu hijo la persona que tú hubieras querido ser, por ejemplo, una prestigiosa pianista, o un futbolista millonarios? Olvídalo, los hijos no salen nunca como quisiéramos. Apúntate a piano o a fútbol y disfruta tú de tu pasión: tus hijas tendrán las suyas propias. Casi todos harán con sus vidas lo que les apetezca a ellos, no lo que te apetezca a ti.


20 ¿Quieres tener hijos pensando que así no estarás sola en tu vejez?, piensa en las residencias de ancianos y ancianas, y mira como esperan en la puerta la visita de los hijos y los nietos que nunca llegan a verlas. Así están las cosas: tener hijos o hijas no te salva de la soledad, ni del abandono de los tuyos.


21 ¿Crees que tener un bebé te unirá más a tu compañero?, ¿crees que se quedará siempre a tu vera sólo por que tengáis un hijo? Echa un vistazo a  las estadísticas de divorcio, y pregúntale a tus amigas que sean mamás, verás como suele ser justo todo lo contrario. Hay algunos hombres a los que les viene muy grande la paternidad, se agobian, o huyen. Sucede que las peleas aumentan casi siempre, debido al cansancio principalmente. Si no tienes un compañero comprometido, honesto, sincero y responsable, ni sueñes con la idea de que un hijo o una hija le van a hacer sentar la cabeza y le van a hacer madurar. Suele ser más bien lo contrario.


22 ¿Tu pareja tiene ganas realmente de ser papá o mamá?, ¿está implicada al cien por cien?, ¿sabe cocinar, lavar, doblar ropa, etc tan bien como tú?, ¿le ves preparado para cuidarte durante todo el postparto, para acompañarte en los momentos más duros, para asumir la crianza del bebé como una responsabilidad propia?, ¿crees que disfrutará con el bebé aunque sea muy cansado, o vivirá la paternidad como una carga a ratos insoportable?


23 ¿Cómo será la crianza a solas si te separas?, ¿cómo sería la separación?, ¿me quedaría yo con toda la carga y él un régimen de visitas, o custodia compartida?, ¿cómo se hace cuando tu bebé es muy pequeño y sigue lactando?, ¿cómo es sentirte hundida por tu proceso de separación, y tener que cuidar de un bebé alegre que te pide risas y caricias?


24 ¿Cómo imaginas a tu hijo/a?, ¿se te ha pasado por la cabeza que quizás no te guste su personalidad, ni su forma de ser?, ¿qué ocurre si se parece a tu suegro, a tu cuñado, a tu abuelo o a tu ex?, o peor aún, ¿y si es tan miedoso/cabezota/torpe/indisciplinada como tú?, ¿y si hereda tus peores defectos?


25 ¿Te imaginas tu parto?, ¿te imaginas la recuperación del parto o de la cesárea si todo va mal?, ¿te imaginas lo que se siente con una nueva vida en tus manos a la vez que un profundo cansancio y un dolor desgarrador en los pezones, en los puntos del coño o los de la panza durante dos meses, las 24 horas? ¿Cómo es no tener energías para cuidar a un ser humano que te necesita?


26 ¿Te imaginas la infancia de tu hijo o tu hija completa?, ¿crees que podrás darle la mejor de las infancias, que podrá jugar y moverse con libertad, que podrá sentirse querido, que podrá quererse a sí mismo?, ¿cómo te gustaría que fuese el día a día de tu hijo/a, y cómo te ves a ti misma en ese día a día?


27 ¿Cómo te llevas con los miedos?, ¿te imaginas la angustia que pasan algunas mujeres por los miedos que genera la incertidumbre del embarazo, el parto, el postparto y la crianza?, ¿sabrás aguantar todo el bombardeo que te lanzan sobre los abortos espontáneos de los 3 primeros meses, las malformaciones, los niños y niñas prematuros, los problemas en los partos, etc?, ¿y el bombardeo de los consejos que nunca pides y todo el mundo te da?, ¿y las insinuaciones sobre los peligros de tu modelo de crianza?


28 ¿Cómo vas a gestionar tus emociones cuando sientas ganas de tirar por la ventana a tu bebé y eso te haga sentir culpable, y los remordimientos te chupen las energías, y te sientas mala madre todo el rato?, ¿qué vas a hacer con el sentimiento de culpa cuando te sientas arrepentida de haber tenido un hijo o una hija?, ¿cómo te liberarías de las opiniones que todo el mundo emite sobre tu forma de maternar sin ningún tipo de pudor?.


29 ¿Estás preparada para cuidar a un bebé con problemas? Un bebé con malformaciones, con enfermedades, síndromes, trastornos o discapacidades. La tecnología y la medicina han avanzado mucho, pero a veces ocurre que los bebés vienen con problemas. Como el aborto terapéutico no existe en muchos países del mundo, y no hay ayudas sociales de ningún tipo, son muchas las mujeres que se ven condenadas a la pobreza cuando tienen bebés con discapacidades. En los países más ricos, las mujeres no estamos psicológicamente preparadas para cuidar a un ser que no es tan perfecto como lo soñamos.


30 ¿Sabes pedir ayuda cuando la necesitas a tu gente querida?, ¿a quién pedirías ayuda con la crianza de tu bebé cuando te das cuenta de pronto que sola no puedes?, ¿con quién crees que podrías contar?


31 ¿Tienes una red para criar, o vas a estar sola con el bebé?, es importante que te hagas esta pregunta. Porque para criar a un bebé se necesita una tribu entera, y nuestra sociedad es inhumana: separamos a los adultos de los ancianos, los enfermos y los niños, y pagamos salarios míseros a las mujeres que se encargan de cuidarlos. Si los cuidamos nosotras, necesitamos a nuestra gente: mientras tu das teta, alguien tiene que hacer la comida, limpiar y doblar ropa, limpiar platos, barrer el suelo, regar las plantas, comprar pañales, limpiar el baño, pasear al perro, y otros cuantos tienen que encargarse de traer recursos, o sea, dinero para poder comprar pañales, comida y ropa. Si no tienes gente con la que formar redes de apoyo y cuido mutuo, tendrás que pagar a alguien que te ayude a criar y a limpiar para tu poder ganar dinero con el que pagar esa ayuda, y para llenar la nevera.


32 ¿Cómo va a ser la vida de la persona que se encargue de pasar la mayor parte de su tiempo con tu hijo/a? Si es tu madre o la madre de tu pareja, es importante ponerse a pensar: ¿tiene energías, tiene amor, tiene tiempo libre y salud para poder cuidar a tu bebé como lo harías tú?, ¿es justo pedirle a alguien que ya cuidó y crió sus hijos, que se ponga al final de su vida a criarte los tuyos?, ¿qué haría tu madre en lugar de cuidar a su nieta, qué le gustaría estar haciendo?, ¿cómo te sientes cuando le pides que sea la madre sustituta para que tú puedas vivir todas las dimensiones de tu ser, y para que la maternidad sea una cosa más entre tantas otras en tu vida?


33 Hacer un listado de mis deseos, y de los deseos de los demás, las exigencias sociales, los mandatos de género. Y ver en qué lugar está la maternidad, si en mis deseos o en los deseos de los demás.


34 ¿Por qué tiene hijos la gente, para qué?, ¿conoces gente que sería más feliz si no hubiese tenido hijos?


35 ¿Tienes ganas de cambiar radicalmente de vida, vivir emociones fortísimas, situaciones desbordantes, momentos de intensa alegría e intensa angustia, vivir entre abrazos, besos y risas, tienes ganas de vivir experiencias extremas?  


36 Describe brevemente cómo sería tu vida sin hijos ni hijas. ¿Cómo te ves, qué andarías haciendo, a qué dedicarías tu tiempo y tus energías? ¿Cómo sería estar con tu pareja sin tener bebés?


37 Describe brevemente cómo sería tu vida con una hija, varios hijos, ¿cómo te ves?


38 Cierra los ojos e imagina el día que tu bebé es mayor y se va de casa, ¿cómo te ves? ¿moviendo cajas o llorando como una magdalena?, ¿tratando de retenerlo o dándole alas para volar?. ¿Qué vas a hacer ahora con tu vida, cuando tu hijo e hijos se hayan independizado todos, cómo te ves?


39 ¿No está la maternidad un poquito mitificada en el imaginario colectivo?, ¿es real el paraíso que nos venden a las mujeres?, ¿de verdad es tan divertida, tierna y maravillosa la tarea de ser mamá?, ¿están tus amigas mamás felices y maravilladas, o se quejan mucho?, ¿por qué casi siempre somos nosotras las que cargamos con todo el peso de la crianza y las tareas domésticas, a menudo solas y sin apoyos?, ¿por que casi ningún país facilita la conciliación?, ¿por qué nos piden que tengamos hijas e hijos y luego nos dejan tiradas, luchando contra la crueldad del mercado laboral?


40 Enumera tus pasiones, enumera tu lista de afectos, ¿cómo te influye sobre tus dudas acerca de la maternidad?


Si después de leer y contestar a todas estas preguntas siguieses con ganas de tener un bebé, ¿qué crees que necesitarías para poder maternar como tú quisieras?,

Y otras preguntas prácticas: ¿cómo conseguir las condiciones en las que quisieras ser madre?, ¿tienes que hacer muchos cambios en tu vida para ello, te apetece pasar a otra etapa de tu vida?, ¿cómo te imaginas a ti misma de mamá en una sociedad pro-mamás, pro-niñas y por-niños, qué tipo de mamá te gustaría ser?, ¿qué vas a hacer para disfrutar de la crianza?, ¿no se necesita un puntito de locura para dar el Gran Paso?, ¿qué ganas tienes de cometer una locura?

¡Feliz viaje a todas, sea cual sea vuestra decisión!


Coral Herrera Gómez

7 de mayo de 2017

Mi lista de deseos para el Día de la Madre


Hoy es mi primer día de la madre. Esta es mi lista de deseos: 

-Que dejen de encarcelar a las chicas violadas que abortan en Centroamérica.

-Que los obispos quiten sus sucios rosarios de nuestros ovarios.

-Que el sistema médico se comprometa a erradicar la violencia obstétrica en el embarazo, el parto y el posparto.

-Que podamos decidir libremente si queremos o no ser madres.

-Que todas tengamos derecho a anticonceptivos y a una educación sexual y emocional.

-Que no tengamos que renunciar a la crianza de nuestros bebés por trabajo. Conciliación y corresponsabilidad, urgentes.

-Que los chicos que no quieren ser padres, ni usar condón, ni cumplir con las obligaciones y los derechos de paternidad se hagan la vasectomía. Urgente también.

-Que las mujeres con hijxs dejen de ser las más pobres del planeta: Renta Básica Ya.

-Que las empresas no castiguen ni penalicen a las madres ni a las que quieren serlo.


-Que dejen de mitificar la maternidad como la quintaesencia de la felicidad y la autorrealización personal.


12 de abril de 2017

La obsesión por separar a las mámás y a los bebés



Ya llevamos 8 meses de lactancia, y ya empieza a preguntar la gente que cuándo lo dejamos. Cuando nació mi bebé, me di cuenta de que vivimos en una sociedad obsesionada por separar a las madres de sus hijos. Por eso es tan importante que desobedezcamos todos los mandatos de la disciplina fascista que nos quita al bebé nada más nacer, que nos obliga a imponerles nuestros ritmos y horarios, que nos dice cuándo y como debemos alimentarle, que nos anima a dejarle llorar cuando se siente mal, y a hacerle comer o dormir cuando no tiene hambre o no tiene sueño. 

Todo el mundo participa en esta obsesión por separar a la mamá de la cría, bajo la lógica de que los bebés son unos seres caprichosos que te tiranizan y a los que tienes que enseñarles quién manda. Al amor y la necesidad del bebé hacia su mamá lo llaman "mamitis", como si fuera una patología que hay que corregir o curar. Si un niño no se comporta como un mueble, entonces se dice que es "malo" o que "se porta mal". Todo muy cruel: el imaginario colectivo está contaminado de esta obsesión por separarnos y disciplinarles. 

A mi todos los comentarios me entran por un oído y me salen por el otro: la mejor forma de resistencia es no hacer ni caso a las presiones del entorno. Le daré teta a Gael hasta que nos apetezca a los dos, le cuidaré con todo el amor del mundo con mis propios criterios, y le criaré libre de la tiranía del "qué dirán".


Coral Herrera

18 de enero de 2017

Sobre la crianza en pareja

Sobre la crianza en pareja: por lo que estoy viviendo hasta ahora, ese rollo de que un bebé necesita mucho más a su madre que a su padre es un mito. Estoy criando a mi hijo a medias con su papi y la única diferencia entre los dos es que yo tengo leche en las tetas y él no, y que yo soy mamá primeriza y él tiene mucha experiencia porque ha criado a otros dos seres maravillosos. Así que creo que la crianza no es cosa de mujeres, y por eso estoy a favor de los permisos iguales e intransferibles para ambos. Se necesita mucho tiempo y energía para criar bebés, por eso me parece injusto que toda la carga recaiga sobre nosotras, y también es injusto que ellos no puedan disfrutar de la paternidad ni puedan cumplir con sus obligaciones. Tremendo que si lo hacen sean penalizados en sus trabajos. 

En caso de separación de la pareja, estoy a favor de la custodia compartida excepto para padres que nunca ejercieron y que no sienten ningún interés en la crianza, y por supuesto, jamás para hombres violentos que maltratan a su pareja. ¿Cómo lo ven ustedes?

4 de enero de 2017

Fuerza feminista para el parto






En esta foto faltaban 3 minutos para que entrase en quirófano. Mi tremenda labor de parto había terminado, no podía parir, no había dilatado. Había hablado con la Pachamama, me había conectado con todas mis ancestras, en especial con mis abuelas, y estaba unida a todas las mujeres que en ese momento estaban de parto en el planeta. Bailé desnuda, canté, hablé con el bebé, aullé y resistí el dolor de las contracciones. No pedí epidural, solo respiraciones y masajes de Jorge. Y todo para que al final me tocase cesárea. Me sentía fracasada. Y pequeñita. Muy pequeñita. Ya no era dueña de mi cuerpo, ahora mi vida y la de mi bebé dependían de un equipo de gente a la que no conocía. Me moría de miedo. Me temblaban las piernas. Me dio un frío tremendo. Me sentí el ser más frágil del mundo. Sentí que podía morirme si algo salía mal. Nunca he estado tan cerca de la muerte y de la vida. Sentía un vértigo tremendo. Me pidieron que me quitara el audífono y entonces el terror de no oír nada, excepto el zumbido de mis oídos. Y pensé, bueno, al menos lo has intentado con toda tu alma. Venga campeona que tú puedes, poder feminista, claro que sí, empoderaté que sigue siendo tu parto, vamos que todo va a salir bien. 

Le dije al bebé: "mi amor te vamos a sacar. Como no puedes salir, te vamos a sacar. Prepárate, ya pronto nos abrazamos". Y le pedí a mi compañero que me hiciera esta foto porque sabía que no me olvidaría jamás de este momento, traté de sonreír para parecer más fuerte, y para que cuando mi hijo un día vea la foto, pueda sentir esa mezcla entre ilusión, miedo, alegría, pena, valentía y fuerza feminista. 





En esta otra foto, poco os puedo contar. Estaba drogada por la anestesia y borracha de vida. No me lo creía. Gael ya en el mundo, yo partida en dos, sin mi bebé adentro, y sin poder separarme del cachorro que me pedía teta y me miraba encantado. La maternidad está siendo hermosa y brutal. Tan brutal que sigo estando alucinada y dolorida, sigo sintiéndome vulnerable, grande, pequeñita, llena de energía, sensible, fuerte, torpe, valiente, miedosa, generosa, agotada, y aún estoy en fase de recuperación física y emocional. 

Estoy muy agradecida con la vida, porque deseaba mucho vivir esto, y con mi compañero, por este inmenso regalo, por enseñarme a cuidar al bebé, y por la manera en que me acompañas en la crianza de Gael. Contigo es bien fácil disfrutar del amor, de la maternidad y de la vida.


27 de diciembre de 2016

Las niñas que querían ser adultas: embarazo adolescente y amor romántico


Collage: Señora Milton


Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), cada año dan a luz 16 millones de adolescentes, entre los 15 y 19 años de edad, en todo el mundo. El 95% de éstos, ocurre en países en desarrollo. 
Cerca de 2,5 millones de adolescentes se someten cada año a abortos clandestinos, algunos acaban derivando en problemas graves de salud e incluso la muerte.
Cada año se producen en el mundo 7,3 millones de partos de niñas y adolescentes de hasta 18 años, de los cuales dos millones corresponden a niñas menores de 15 años. 
Cada día 20.000 menores de 18 años dan a luz y cerca de 200 mueren como consecuencia de un embarazo o un parto.
El riesgo de muerte materna es cuatro veces más elevado en las adolescentes menores de 16 años que en las mujeres veinteañeras. Las muertes de madres y bebés en el parto y el primer mes de vida son entre un 50% y un 100% más frecuentes en madres adolescentes que en madres de más edad; cuanto más joven es la madre, mayor es el riesgo para las madres y para los bebés.



No puedo olvidar la conversación que tuve hace un par de años en un viaje a Nicaragua con una niña de quince años que estaba en la playa deambulando. Le pregunté que qué quería ser de mayor y me dijo que quería ser esposa y mamá, porque no le gusta estudiar y se aburre mucho en la escuela. Le pregunté que dónde estaban sus amigas y me dijo que no tenía, porque las amigas te roban el novio y es mejor buscar novio sola. Que sí, que ella estaba buscando novio en las playas porque están llenas de gringos. Que su prima conoció a uno que se enamoró de ella y se la llevó a Estados Unidos. Ella ya tiene cuatro hijos y una casa grande y un carro lujoso. Él ya no es tan guapo, está gordo y le pega a veces, pero ella es feliz por poder vivir allá. Cuando viene a Nicaragua trae muchas cosas lindas. Ella quiere ser como su prima, salir de su pueblo, salir de la pobreza, encontrar a un gringo que se la lleve para allá. “En este pueblo no hay futuro. Yo quiero empezar otra vida, quiero que me ame un hombre rico, sólo quiero ser feliz”


Seguir leyendo el artículo en Pikara Magazine: 

http://www.pikaramagazine.com/2016/12/embarazo-adolescente-y-amor-romantico/

9 de diciembre de 2016

La paternidad en Costa Rica, según el BCR





Cuando llegué a Costa Rica me impactó mucho ver a tantas madres jóvenes con hijos e hijas por la calle, en el bus, en la puerta de los colegios, en el médico, en el parque. Apenas se ven padres con niños, y cuando se ven, llaman la atención. No pasan desapercibidos. La mayor parte de los hogares familiares están formados por abuelas jóvenes, madres jóvenes y sus hijos e hijas, aunque los publicistas siempre nos quieren vender la idea de que en Costa Rica la familia más común es aquella formada por una mamá y un papá sonrientes posando con un niño y una niña, los cuatro muy blanquitos y felices. 

Muchas de mis amigas ticas crecieron sin papá. Algunas lo llevan bien, porque se criaron en un hogar con mucho amor y sus madres y abuelas lucharon mucho para darles lo mejor. Otras se sienten rechazadas y viven con ese dolor: el de no saber quién es su padre, o el de saber quién es sin entender por qué él nunca las quiso. Cada cual se trabaja esa ausencia como puede: algunas con terapia, otras a solas, pero lo cierto es que no es fácil vivir con la idea de que una de las personas que te dio la vida no quiere saber nada de ti. 

En el imaginario colectivo del patriarcado, los hombres más viriles son aquellos que conquistan muchas mujeres y aquellos que presumen de su fertilidad esparciendo sus semillas por el mundo. Para el patriarcado, el amor, los cuidados, la crianza de niños y niñas, y los métodos anticonceptivos son "cosas de mujeres". Los hombres solo gozan, reparten su esperma con generosidad, y presumen de sus trofeos de caza. 

Aunque ya no tanto desde que se les impuso la obligación de pagar la pensión alimenticia. A ninguno se les obliga a querer y cuidar a sus hijos, pero si a pagar la pensión: el segmento de población más pobre de los países en vías de desarrollo son las mujeres solteras con hijos e hijas. Y no es justo que ellos no asuman la parte que les corresponde. 

En Costa Rica hay un enorme debate porque los hombres que tienen muchos hijos tienen que trabajar mucho para poder pagar todas las pensiones, y muchos de ellos protestan porque no quieren mantener los niños y las niñas que ellos mismos hacen. Son los mismos que no quieren ni oír hablar del aborto, ni de la educación sexual, ni de los anticonceptivos, son los mismos que no reconocen los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. 

Hoy se desató una fuerte polémica porque el Banco de Costa Rica publicó un vídeo en el que se refleja esta masculinidad irresponsable: el protagonista es un futbolista guapo y joven que se esconde como un niñato estúpido cuando ve llegar a la madre de su hija con un par de policías, muy enfadada porque no ha pagado la pensión. Sus amiguitos le esconden en una bolsa de pelotas para que pueda salir sin ser visto, y todo es muy divertido, excepto la madre de la niña que es una bruja vestida de rosa: la típica mujer que quiere exprimirte como a un limón y chuparte hasta la última gota de sangre. Una malvada que utiliza a la niña para sacarle la plata al futbolista exitoso que aún no ha llegado a la adultez, que es un cobarde, un mentiroso, un evasor de la ley, un irresponsable, un inmaduro, y un tío sin escrúpulos ni sentimientos hacia la criatura que lleva su apellido. 

Así es como el BCR se burla de un problema nacional tan grave: representando a las madres solteras costarricenses como unas interesadas que quieren vivir a costa de los hombres. Y a los padres solteros costarricenses como unos irresponsables sin escrúpulos, sin sentimientos, sin capacidad para dar amor, ni para cuidar, ni para mantener a sus criaturas. Unos graciosillos que se apoyan entre sí cuando uno de ellos decide incumplir la ley.  

Para los responsables de esta publicidad, la idea era bromear sobre un tema que implica mucho dolor para los hijos e hijas que ven cómo sus padres se esconden cuando tienen que cumplir sus obligaciones, y que tienen que asumir que son una carga para ellos. 

Para nosotras las feministas de Costa Rica, el asunto no tiene gracia: si los hombres no quieren ser padres, que usen condón, que se hagan la vasectomía, que se preocupen por la planificación familiar. Y  si no quieren usar condón, entonces que asuman las consecuencias como hombres adultos que son. 

Si los que gobiernan no quieren obligar al pago de pensiones alimenticias, ni quieren invertir en niños y niñas huérfanas o maltratadas, entonces que garanticen el acceso a métodos anticonceptivos en las clases más humildes, que legalicen el aborto, y que tomen las medidas necesarias para acabar con la pobreza de las mujeres (la precariedad, la brecha salarial, etc). 

Si quieren hacer publicidad machista utilizando a los niños y las niñas, y haciéndonos ver lo malas personas que son los padres costarricenses, que no lo hagan con nuestro dinero: el BCR es una institución pública y tiene que retirar el vídeo, pedir disculpas, y pedir asesoría urgente en temas de género y derechos humanos.  


Coral Herrera Gómez


Para ver el vídeo machista, hagan click aquí

Si quieren emitir una queja, o denunciar, pueden hacerlo aquí

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