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13 de diciembre de 2013

Fragmentos de Bodas Diversas y Amores Queer






Y tú aquí te me vas a morir de la pena en París. Aquí es así de gris todo el año. Tienes que ser valiente, apostar por ti, por tus sentimientos, por la gente a la que amas. Eso es lo único que merece la pena, créeme. El amor, las apuestas personales, las decisiones que una toma”.

Rocío me contó su historia con Freddy: los dos ilustres becarios, uno en París y otro en Hong Kong. Ninguno quiso renunciar a su carrera para unirse al otro en cualquiera de las dos ciudades. Aceptaron con resignación que iba a ser solo por tres años, y en esto se les pasó la vida y se les difuminó el amor de tanto skype.

Mientras Rocío trabajaba para convencerme de que una tiene que estar donde es feliz, Freddy estaba en una conferencia en Río de Janeiro, preparando mentalmente las maletas para regresar definitivamente a París, al lado de Rocío. Pero esto no lo sabíamos ninguna de las dos. Un poco más al norte, en Costa Rica, Maika pensó que el billete de avión a París para Jorge había sido buena idea. Y lo fue, porque durante esos meses nos agarramos a ese billete electrónico con ardor. Nos consolaba mucho repetir en voz alta la fecha del vuelo. Y el reencuentro fue maravilloso. 


Mi boda mágica


Mi boda mágica


Boda Helen e Isabel


Boda en Lavapiés

Boda en Lavapiés

Boda en Lavapiés


Boda En Tánger



Boda en Tánger


El lado oscuro de las bodas





La gente se quiere, es inevitable. A pesar de las tradiciones impuestas, de las normas y las prohibiciones, de los mandamientos morales o religiosos, la gente se enamora. No hay cura, legislador, policía, soldado, juez o psiquiatra que pueda evitarlo.





Lo llaman amor pasional y no lo es. Desde mi punto de vista, es una pena que no podamos construir relaciones igualitarias exentas de luchas de poder y egoísmos. Seguimos anclados a miedos y emociones fosilizadas por el patriarcado.





En nuestras sociedades occidentales no hay tiempo para el amor: ni para el de pareja, ni para construir redes de amor colectivo en el vecindario o en el pueblo. Y sin embargo, la soledad nos mata. Necesitamos llenar nuestro vacío con compañía, y sabemos que el efecto del abrazo de nuestra gente querida es más potente que los antidepresivos, que una charla profunda es mejor que cualquier ansiolítico, que una noche de amor cura todos los males del alma, que una tarde de trabajo compartido con la gente del barrio es más potente que una tarde de chat por internet.

Pero nos hacen creer que la gente en general es pura mierda, y que la solución a nuestros problemas pasa por encontrar a una sola persona que colme todas nuestras necesidades afectivas y de ocio. Una media naranja que nos haga sentir que nunca más estaremos solas, o solos.








Otras Bodas son posibles


"En la calle, en las casas y en las camas, la realidad es mucho más diversa, compleja y colorida. Existen otras parejas, existen otros modelos, y la gente va saliendo de los armarios e inventando nuevas formas de quererse. Son muchos los que están trabajando para crear otras formas de organizarse. Y muchas las que trabajan para visibilizar otros romanticismos y para reivindicar el derecho universal al amor.

Porque otras bodas son posibles, tenemos que seguir construyendo relaciones alternativas al absolutismo heterosexual e individualista, ampliar nuestros horizontes, ensanchar nuestros corazones." 



1 de octubre de 2013

Bodas diversas y amores queer






Este libro habla de mis bodas en Madrid, Tánger y San José, y otras bodas diversas. En estas páginas encontrarán reflexiones en torno a los ritos nupciales y las utopías románticas posmodernas, anécdotas personales, historias de vida, cuentos sobre bodas románticas y divertidas, y unas cuantas preguntas. Es una propuesta a medio camino entre el cuento y el ensayo para aportar a la visibilización de la diversidad de nuestra realidad amorosa, para contribuir a la creación de nuevos relatos sobre amores románticos, y a la lucha por el matrimonio igualitario y los derechos humanos de la población LGBTQ.









"Bodas Diversas y Amores Queer" es el nuevo libro de Coral Herrera sobre las bodas románticas y los amores diversos. 

Es un libro a medio camino entre el ensayo y el relato en el que se mezclan reflexiones teóricas, anécdotas personales, historias de vida y unos cuantos análisis de ritos nupciales románticos alternativos. La autora, Doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual por la UC3M, nos cuenta sus bodas en Madrid, Tánger y San José, desde un enfoque antropológico y queer. 

Este es el tercer libro de Herrera Gómez, en el que sigue la línea de sus trabajos anteriores basada en el análisis de la utopía romántica posmoderna, la idea de que lo romántico es político, y que otras formas de amor son posibles. La autora madrileña y residente en Costa Rica ofrece su visión sobre la dimensión política, económica y social del amor, sobre las consecuencias del individualismo y el miedo a la soledad, sobre los amores clandestinos y amores legítimos, sobre la necesidad y la libertad para amar. 

Es un alegato a favor de la diversidad del amor y de la cantidad de formas que hay de unirse y celebrar la vida junto a los seres queridos. Esta auto publicación de 126 páginas es una mezcla de anécdotas, análisis y deconstrucciones, muchas preguntas y unas cuantas propuestas para encontrar el modo de querernos más y mejor. La escritora queer Coral Herrera aporta con su obra a la visibilización de la diversidad de nuestra realidad amorosa y a la lucha por el matrimonio igualitario y los derechos de la población LGBTQ.




31 de mayo de 2013

Prólogo del libro Bodas Diversas y Amores Queer



Hoy tengo el gusto de presentarles mi nuevo libro sobre mis bodas en Madrid, Tánger y San José, y otras bodas diversas. En estas páginas encontrarán reflexiones en torno a los ritos nupciales y las utopías románticas posmodernas, anécdotas personales, historias de vida, cuentos sobre bodas románticas y divertidas, y unas cuantas preguntas. Es una propuesta a medio camino entre el cuento y el ensayo para aportar a la visibilización de la diversidad de nuestra realidad amorosa, para contribuir a la creación de nuevos relatos sobre amores románticos, y a la lucha por el matrimonio igualitario y los derechos humanos de la población LGBTQ.








Me casé por amor. Y escribo este libro porque me encantan las bodas.

Aquí les cuento sobre las bodas que he creado, las bodas que he protagonizado y algunas bodas que he vivido de gente muy querida. Me apetecía dejar la teoría y sumergirme en la realidad, fuente inagotable de narrativas de todo tipo, a menudo más complejas, coloridas y diversas que las de ficción. Mientras les entretengo con historias de amor, haremos un análisis crítico de de los ritos nupciales de nuestra cultura y también obtendremos herramientas para poder analizar nuestras propias bodas en clave de humor, y con enfoque de género.

Este es mi primer libro escrito desde una perspectiva queer, con afán crítico y con mucho humor. Con mucho amor, también.

Lo escribí con el afán de contribuir a la despatriarcalización del amor romántico y a la construcción de relaciones más sanas, igualitarias y libres; y para tratar de entender por qué nos casamos y nos divorciamos tanto, por qué el matrimonio se considera el día más importante en la vida de una mujer, por qué todos los relatos acaban en boda, por qué solo unos pocos pueden casarse, y por qué dedicamos tanto tiempo y energía a encontrar a nuestra media naranja.

Pienso que es fundamental que aprendamos a querernos más allá de las etiquetas que nos separan, que logremos crear redes de afecto y de ayuda mutua más allá de la pareja, que luchemos unidos por el derecho a amar de todo ser humano (sea cual sea su identidad de género o su orientación sexual), que aprendamos a tejer redes de solidaridad para poder trabajar unidos por el bien común.

Además, creo que es fundamental contribuir a este trabajo de desmitificación y de nuevas construcciones desde la cultura: es necesario contarnos otros cuentos, visibilizar otras historias amorosas, dar espacio a héroes y heroínas de carne y hueso, crear tramas narrativas más diversas y coloridas.

Y por eso he escrito este libro. Bodas diversas y amores queer está confeccionado con diversas historias de vida, incluida un trocito de la mía propia. En él encontraréis anécdotas y relatos de celebraciones de amores diversos, muchas preguntas, alguna idea para vuestra propia boda y reivindicaciones variadas.

Es el libro más personal que he escrito porque habitualmente me escondo detrás de la teoría y de autoras y autores de prestigio para poder opinar sobre un tema que hasta ahora no ha tenido mucho espacio en el mundo académico.

Nos casamos y nos divorciamos todos los días, y yo no puedo seguir hablando del tema como si no fuese una humana que se enamora perdidamente. Caigo bajo los influjos de los mitos románticos como cualquier otra, y es importante para mí hablar y escribir de ello porque lo romántico es político y porque estoy trabajando desde hace años –como mucha otra gente– en resolver la contradicción entre el enfoque feminista queer y las emociones patriarcales que me habitan.

Ésta es la primera obra en la que mezclo teoría y praxis, intelecto y sentimientos, cultura y política, porque no los vivo ya como realidades opuestas, según la lógica del pensamiento binario patriarcal. Escribo desde donde soy, desde mis propias experiencias, desde mi contexto de mujer blanca treintañera emigrante juvenil, sin pretensiones de objetividad o neutralidad.

Manejo el lenguaje académico y el de la calle por igual, y quizás lo noten ustedes mientras leen: ambas jergas se complementan, no son contradictorias, flotan en el magma de jergas que me habitan sin jerarquías (el pachuquismo tico, el madrileñismo barriobajero, la finura académica, la jerga periodística y bloguera, la jerga del mundo del cine y el teatro…).

Quería también contarles que las doctoras feministas que critican el romanticismo patriarcal también se enamoran, disfrutan del amor, sufren lo indecible, se ilusionan y se decepcionan, e incluso se casan. Como todo el mundo.



Coral Herrera Gómez

7 de diciembre de 2012

Los mitos románticos en las bodas reales: el amor de los príncipes de Asturias





LOS MITOS ROMÁNTICOS EN LAS BODAS REALES

Las bodas reales son la encarnación más bella del mito romántico, engrandecido por los lujos de las monarquías. En estas bodas es donde podemos ver endiosados todos los estereotipos y roles de género mejor que en ningún otro evento social, porque las rendiciones y las dependencias mutuas se engalanan con los adornos del romanticismo. 

Las bodas reales son la encarnación de Disney, de las películas de Hollywood, de las telenovelas latinoamericanas: son bodas de príncipes azules y princesas rosas "reales", pero a la vez divinas. La performance medieval que se representa nos sitúa en espacios mágicos, en escenarios grandiosos como catedrales, cochazos de lujo, palacios monumentales, vestidos majestuosos de princesa virgen, uniformes de príncipe azul, y derroche de belleza por todos lados. 


14 de febrero de 2012

¿Qué es el Amor?








El amor es una construcción social y cultural que determina nuestra forma de organizarnos económica y políticamente. Es un sentimiento colectivo muy complejo en el que se interrelacionan muchos factores y que varía según las épocas históricas, las zonas geográficas, los climas, la biología, la cultura, la economía, las formas de organización social y política, las religiones, los tabúes y las normas morales de cada comunidad, etc. 

No aman igual en China que en Marruecos. No ama igual una monja de clausura que un ejecutivo de Manhattan, y sin embargo, el amor tiene algo en común en todas las culturas: es una energía poderosa, nos hace sufrir, nos hace felices, nos mueve constantemente. El amor es algo que nos pasa a todos alguna vez en la vida, y lo vivimos de acuerdo a la cultura en la que nacemos. Aprendemos a amar a través de los cuentos y las películas, que nos ofrecen modelos a seguir, soluciones para resolver conflictos, mapas emocionales y estructuras de relación que adoptamos casi sin pensar. 


El amor es una mezcla de instintos, emociones, normas, prohibiciones y mitos bajo los cuales subyacen las creencias y cosmovisiones que los grupos de poder político y económico nos trasladan a través de la cultura. Estas creencias se invisibilizan porque se engalanan con las vestiduras de la magia del amor, pero nuestros cuerpos, nuestra sexualidad, nuestros sentimientos, están atravesados de ideología.  

El amor es un fenómeno universal, pues no es exclusivo de la especie humana. Se quieren los animales, nos queremos los humanos: las madres y las hijas, los abuelos y los nietos, las tías y las sobrinas, los hermanos, las primas, las amigas, los compañeros de lucha, las vecinas del barrio, los amantes clandestinos, los matrimonios felices, las pandillas, las cuadrillas, las bandas de música, los miembros de los equipos de fútbol, los actores y actrices de un montaje teatral. 

Vivimos rodeados de afectos diversos. Queremos a la gente de los grupos con los que hemos compartido fiestas interminables, o veranos inolvidables. Queremos a nuestros compañeros del colegio y de la universidad, a gente con la que hacemos deporte, con la que compartimos nuestra pasión por el rock, la informática, los huertos urbanos o la astronomía. 


El amor ha permitido la supervivencia de la especie humana, y es un motor que mueve el mundo. Somos animales gregarios que necesitamos el aprecio y el afecto de la gente que nos rodea. Aprendemos socializandonos y comunicandonos. Necesitamos abrazar y que nos abracen, compartir buenos momentos, necesitamos que nos besen, que nos digan cosas bonitas, que nos regañen cuando nos portamos mal, que nos enseñen, que nos hagan hacernos preguntas. Necesitamos dormir entrelazados con alguien en la oscura noche... para darnos calor, para compartir placeres, para no sentir miedo.





El amor romántico es un producto cultural de la Humanidad, pero también es una forma de organizarse social y afectivamente en dúos. Así pues, tiene una dimensión política, pero también una dimensión religiosa y espiritual. Los amantes se escapan de la realidad a través del amor mitificado e idealizado: es una especie de droga que nos envuelve en caricias, jadeos, gemidos, susurros y gritos, sangre, sudor, semen y fluidos.  

El romanticismo hace aflorar la buena gente que llevamos dentro,  y cuando nos ponemos románticos, suelen invadirnos sentimientos muy hermosos: altruismo, generosidad, entrega, ilusión, felicidad intensa. Es muy común que hasta los más egoístas, cuando se enamoran, derrochen alegría y recursos: nos entregamos plenamente para hacer que el amado o la amada sean felices, para hacernos deseables, para mostrar nuestra mejor cara. 

Sin embargo, el amor romántico también potencia nuestro lado oscuro: el egoísmo, el miedo y las inseguridades, los complejos, los deseos de venganza y dominación, la crueldad extrema. Cuando sufrimos, cuando se portan mal con nosotros, cuando nos portamos mal con alguien: el amor romántico nos muestra la peor cara de nosotros mismos, nuestro lado más sombrío e inconfesable. Además, el amor nos sirve de excusa para justificar mezquindades como violar la intimidad de la otra persona, o barbaridades como matar a tu esposa en un ataque de celos. 






Los seres humanos nos relacionamos en base a intereses personales, jerarquías y luchas de poder. Nuestra estructura de relación está basada en el esquema de la sumisión-dominación, y debido también a la diversidad y complejidad de las emociones humanas, nos es muy difícil relacionarnos de un modo igualitario y horizontal entre nosotros. De ahí que sean tan comunes las guerras románticas, y que sigamos asociando el amor al dolor y al sufrimiento extremo.

Las relaciones eróticas o románticas pueden ser un paraíso o un infierno... pese a que la pasión está sublimada en nuestra cultura, la realidad es que sufrimos terriblemente por amor, y que eso nos hace muy infelices. Los problemas que más nos afectan en la vida, aparte de los económicos, son los emocionales: las relaciones con nuestra pareja, con nuestros padres, con nuestros hijos, con los compañeros del trabajo... No es fácil quererse en una sociedad tan individualista y competitiva como la nuestra. 


El "capitalismo romántico" es la base de nuestra cultura amorosa, construida según los principios y valores del sistema económico y político en el que vivimos. Por eso configuramos nuestras relaciones en base a la propiedad privada (yo soy tuya, tú eres mío) y en base a la acumulación (medimos la virilidad, por ejemplo, en base al número de mujeres que un hombre puede conquistar, al estilo de Don Juan). 

La industria del amor romántico, por ejemplo, es un motor que mueve nuestra economía, dado que invertimos muchísimos recursos en encontrar pareja, en formalizar y celebrar las uniones, en pedir a profesionales que nos ayuden a mantener la pareja, o que nos ayuden a separarnos. Entre los regalos que nos hacemos en las bodas y aniversarios, y la creación de niditos de amor, son muchas las empresas que se benefician de este inagotable negocio. Ganan las iglesias, las joyerías, los salones de boda, las agencias de viaje de novios, las tiendas de ropa nupcial, las floristerías, las orquestas de música, las agencias matrimoniales, los gabinetes de psicólogos, los bufetes de abogados, y las inmobiliarias. 


Además, amamos patriarcalmente, es decir, nos relacionamos desde las jerarquías y la desigualdad, porque en nuestra cultura nos hacen creer que hombres y mujeres somos radicalmente diferentes pero a la vez complementarios. El Romanticismo patriarcal consiste en que nos relacionamos en base a jerarquías de afecto (las mujeres podemos ser la señora esposa/la otra/la puta, los hombres pueden ser esposos, amantes/clientes), y a los privilegios de género que nos sitúan a unas por debajo de los otros. Nuestro modelo amoroso por excelencia es heterosexual con una clara orientación reproductiva, pues la homofobia es el mayor distintivo del patriarcado, que cree que el placer es pecado, y más grave en el caso de las mujeres. 


Las mujeres sufrimos de dependencia emocional aguda y los hombres se declaran en estado de crisis transitoria. Unas sufrimos las contradicciones entre los discursos de la posmodernidad y las estructuras emocionales arcaicas que heredamos de nuestras abuelas. Los otros reivindican su derecho a deshacerse de todos sus privilegios de género y de las cargas patriarcales que llevan siglos oprimiéndolos. Unas se aferran a la feminidad tradicional, otros al ominpresente modelo de macho alfa. Unos se declaran disidentes del género, gente rara, gente queer, y otros desean heteronormativizarse, y en el camino, las relaciones son más apasionantes que nunca, porque estamos todos desorientados y hace falta innovar a la hora de juntarse con alguien. 


Es más fascinante construir de cero estructuras amorosas para el disfrute que seguir con las antiguas, porque resultan un tanto sadomasoquistas. Esta cosa del placer del sufrimiento inserta en nuestra cultura cristiana,  que nos hace creer que para amar de verdad hay que sufrir, que si no se tienen celos no se ama de verdad, que hay que llorar mucho para rozar el amor verdadero, que la pasión está basada en el conflicto eterno y sostenido

Por eso nos creemos que no hay pasión sin sufrimiento y por eso nos gusta vivir el dramón como en las mejores telenovelas. Nos embarcamos en relaciones tormentosas y en eternas luchas de poder entre nosotros porque no sabemos construir relaciones sanas, bonitas, libres e igualitarias. Nuestra cultura mitifica la violencia pasional y por eso nos creemos el rollo de que "los que más se pelean son los que más se desean", o "quien bien te quiere te hará llorar". Nos dicen también, que el odio es lo mismo que el amor, por eso el amante tiene todo el derecho del mundo a tratar mal al que ya no le ama, y emplear toda la violencia que necesite para desahogarse.


En la cultura amorosa occidental existe un tipo de justicia romántico- patriarcal según la cual unos son los buenos y otros son los malos. Unas personas son las víctimas, y otras las culpables (todas aquellas personas que rompen el pacto de fidelidad monogámica, o aquellas que aunque juraron amor eterno, no pueden cumplirlo y desean separarse del amado o la amada). y de esta manera, no somos libres ni para unirnos, ni para separarnos, bajo la posibilidad de que nos denuncien publicamente por "alta traición".

En las redes abundan ejemplos de esos amores horribles basados en los celos o en la misoginia, amores horribles que fomentan el narcisismo, el egocentrismo y el reproche amargo. Esos inocentes cartelitos, me temo, llegan al extremo de promover esa terrible relación entre el amor romántico y la violencia de género. Los medios siguen mitificando las patologías del amor romántico que generan tanto sufrimiento, sobre todo en el cine o en los telediarios, que siguen presentándonos los asesinatos a mujeres como crímenes pasionales. 

Nos sentimos demasiado solos y solas en la posmodernidad individualista, y muchos son como yonkis del amor que no pueden evitar esa adicción a las emociones fuertes. La magia del amor, sin duda, es una droga demasiado potente que nos coloca en estados de éxtasis y de dolor, pero que también sirve para que todo siga como está.



El amor perjudica seriamente la igualdad porque está basado en la división tradicional de roles, de manera que dependamos unos de otros para sobrevivir. Para reforzar las relaciones basadas en la dependencia mutua, nuestra cultura se ha inventado el mito de la heterosexualidad, el mito del matrimonio por amor, el mito de la monogamia, y todos los demás mitos románticos como la media naranja, el amor eterno, el príncipe azul y la princesa rosa.... 


Todos estos mitos románticos existen porque necesitamos modelos de héroes y heroínas mitificados, y para que adoptemos ciertos patrones emocionales y ciertas estructuras de relación que están muy marcadas por la doble moral. La doble moral consiste en que nos creamos que las mujeres somos monógamas e inapetentes sexuales y los hombres son, por naturaleza, promiscuos y con una gran potencia sexual. A pesar de ello, a las mujeres se nos sigue castigando duramente, restringiendo nuestra libertad de movimientos y nuestro derecho al amor,  y se nos sigue confinando en espacios domésticos porque en nuestra sociedad las mujeres libres representan toda la carga cultural del ancestral miedo masculino a la potencia sexual femenina. 


El amor, entonces, posee una dimensión política y económica que configura nuestras emociones y sentimientos, nuestro deseo y erotismo, nuestras formas de convivencia, nuestra cotidianidad. Aprendemos a amar a través de la cultura, aprendemos qué formas de relación son las aceptadas por nuestra sociedad, qué formas de amar están prohibidas o mal vistas, aprendemos a formar dúos de amor, e imitamos los modelos amorosos que nos proponen la publicidad, el cine y los medios de comunicación, por eso todos y todas deseamos un amor de Coca-Cola.








La construcción cultural del amor romántico de nuestras sociedades está basada en  modelos muy limitados, en realidad es siempre el mismo esquema narrativo: dos personas heterosexuales jóvenes y blancas que se aman pero no pueden estar juntos por diversos motivos. El lucha contra los obstáculos y los enemigos, ella espera pacientemente. Y cuando él triunfa, acaban juntos y viven felices para siempre. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Aunque sabemos que otros finales Disney son posibles, y que la realidad es mucho más diversa y colorida de lo que nos cuentan. 


Basta con echar un vistazo a los índices de divorcios, re-casamientos, infidelidades;  asomarse a las carreteras repletas de puticlubs, y bucear un poco en Internet para observar la cantidad de gente que busca amor a través de las redes sociales. Son millones los que se apuntan a plataformas de ligue virtual, a grupos de sadomasoquismo y bondage, a blogs de parejas swinger, a colectivos de poliamor, a foros de gente rara, queer, friki con gustos sexuales particulares, como los que tienen relaciones de amor sin sexo, o relaciones sexuales sin amor. 


Del amor se ha escrito mucha literatura, pero la ciencia no le ha prestado la atención suficiente hasta hace bien poco, pueden leer sobre el tema en "El amor romántico desde una perspectiva científica: ¿por qué y para qué estudiar el amor?". Las relaciones de parentesco, por ejemplo, se estudian mucho más que las relaciones de pareja, y el reflejo salivar condicionado mucho más que las emociones que nos sacuden por dentro y nos descolocan la vida. 


Nos enseñan educación sexual para protegernos de enfermedades, pero no nos ofrecen educación emocional para aprender a gestionar la ira, la pena, la euforia, la esperanza, el dolor o el miedo. Para eso está el cine con sus mitos románticos: aprendemos de historias de amor como Dirty Dancing o Avatar


Y con estas películas aprendemos, de paso, como son o deben ser las mujeres, como son o deben ser los hombres, y nos convertimos en soñadores de la utopía romántica posmoderna, que nos promete la salvación y la obtención del estado anímico ideal: la felicidad. 


El amor es un tema que va cobrando cada vez más importancia conforme ahondamos en las teorías de género, abandonamos el pensamiento binario, vamos más allá de las etiquetas que nos discriminan, dejamos de pensar en conceptos absolutos como verdad, objetividad, normalidad. Ya sabemos que el tiempo es relativo, que las emociones son parte de nuestro cerebro racional, y aprendimos hace décadas que lo romántico es político. 



Conclusiones


El único camino viable hoy para despatriarcalizar el amor y descapitalizarlo, creo, pasa por nuestra capacidad para dejar de idealizar las utopías románticas. Para poder construir relaciones bonitas que nos hagan medianamente felices, creo que es fundamental trabajar el apego y el miedo a la soledad. Es necesario cuestionar la división tradicional de roles, subvertir los estereotipos, desmontar los mitos del romanticismo decimonónico, y diversificar afectos


No solo en el ámbito de lo erótico, sino también en el campo de las emociones, es preciso liberar al amor de la necesidad y las dependencias. Liberarlo de sus cadenas represivas (esas normas no escritas sobre con quién se puede tener relaciones y con quién no), ir más allá de la pareja como única fuente de amor, y deshacernos del imperio de la heteronormatividad porque las personas nos queremos, más allá de nuestra masculinidad o feminidad, más allá de las etiquetas hetero/homo, más allá de lo que las  religiones y las industrias culturales nos venden como modelo ideal. 


Considerando que todas nuestras necesidades de afecto y compañía no pueden ser cubiertas por una sola persona, es preciso expandir el amor, poder disfrutar de los seres queridos y romper con el aislamiento y el anonimato que impone la vida urbanita posmoderna. Nos sentimos solas y solos cuando no nutrimos nuestras redes sociales o cuando estas son únicamente virtuales. Por eso creo que hay que volver a crear, o bien reforzar, las redes de solidaridad y ayuda mutua. Expandir el cariño al vecindario, organizarse para mejorar la calidad de vida de todos y todas, no solo la propia. Para ello tenemos que derribar los estereotipos que nos discriminan, acoger la diferencia como algo enriquecedor, dejar de pensarnos en dicotomías (nosotros/ellas, los unos/las otras, los blancos/los negros, los de dentro/los de fuera). 


Es importante que desde la cultura podamos trabajar para crear otros patrones emocionales, que podamos contar otras historias más reales y por tanto más diversas, que podamos inventar otros modelos y personajes más complejos y menos polarizadosEs importante también trabajar contra la desigualdad que genera violencia, y liberar a nuestro cuerpo y sexualidad de  la tiranía de la belleza y de las estructuras de pecado que nos oprimen. 


Estoy convencida de que solo desde la libertad podremos querernos y hacernos la vida más fácil. Solo desde la alegría de vivir podremos construir relaciones de disfrute y de cariño colectivos que nos hagan sentir menos solos y solas. 


Un día que me puse muy optimista se me ocurrió el ensayo "El futuro es Queer" y en otro ataque de alegría me escribí el "Manifiesto de los Amores Queer". 


Otras veces pienso que hace falta siglos para poder lograr liberar al amor del miedo y del patriarcado, y del interés económico. Me digo entonces que a pesar de lo complicado que es entender el amor, a pesar de la contradicción que existe entre nuestra necesidad de independencia y la necesidad de compañía, a pesar de lo mucho que sufrimos "por amor",  lo importante es que lo estamos intentando


Ya somos muchas las personas que estamos leyendo, reflexionando, cuestionando y debatiendo acerca de nuestras emociones y nuestras formas de relacionarnos. Ya somos muchas las que estamos trabajandonos el patriarcado inserto en nuestros sentimientos, las que apostamos por la creación de nuevas formas de convivencia social, más pacíficas y amorosas, que nos hagan sentir que pasar un ratito por este mundo ha merecido la pena. Está en nuestras manos trabajar unidas por un mundo mejor, sin batallas de género, orientación sexual, raza o clase social. Solo con  mucho amor podremos disfrutar de la vida, y construir relaciones mas bonitas, sanas e igualitarias, basadas en redes de ayuda mutua y solidaridad. 

Si, se puede disfutar del amor!


3 de diciembre de 2011

La industria del amor romántico: el control social sobre nuestros sentimientos





Hay gente que me pregunta en mis charlas que por qué se ha mitificado en nuestra cultura el amor entre dos personas y para qué. Es decir, ¿cuál es la función social del amor?, ¿Tienen, las formas de querernos, alguna implicación en nuestra economía, en la organización social?. 


16 de octubre de 2011

Después del final feliz de la boda...



“Después del beso, la Bella Durmiente descubrió una suegra infame, un príncipe no tan azul y unos niños no tan indefensos. Es decir, la vida misma”. 
Ana María Matute




Estas son las princesitas guapas que están deseando encontrar a su príncipe azul...

Según la artista canadiense Dina Goldstein, Blancanieves no parece muy contentacon su nueva vida en palacio...




Ella es Blancanieves, cinco años después, rodeada de chiquillos mientras su príncipe azul come palomitas y ve el fútbol, ajeno al discurrir de la vida familiar...



Ella es Cenicienta, ¿recuerdan?, la dulce muchachita que iba a ser feliz con su príncipe azul en su palacio... aquí la vemos tres años después, sola, aburrida, y ahogando sus penas en el alcohol...

28 de abril de 2011

El mito del matrimonio en las bodas reales: KATE Y GUILLERMO






Las bodas reales hoy en día cumplen dos funciones: una de tipo político, y otra de carácter mitológico. Sirven para demostrar que “los ricos también lloran”, que sienten, aman y sufren como el resto de los mortales; es un modo de acercarse al pueblo, y a la vez de seducirlo mediante el mito del “matrimonio por amor”, ya que antiguamente los príncipes y princesas se unían para perpetuar dinastías, unir territorios, formar imperios. Y el amor se daba siempre al margen del matrimonio; nadie pedía que los reyes y las reinas se amasen locamente y para siempre.  

Hoy las monarquías europeas tratan de demostrar a la población que son “modernas” porque se unen por amor, como la gran mayoría de la población occidental (al menos, es el principal motivo que se refleja en las encuestas sociológicas). Estas uniones románticas reales, en realidad, sirven para legitimar la perpetuación de las instituciones monárquicas, estructuras que quedaron obsoletas con la imposición de las democracias en casi toda la sociedad occidental.

Ya que la necesidad de la existencia de los reinados actuales es puesta en entredicho por amplios sectores de la sociedad, que protesta porque las familias reales consumen una cantidad de presupuesto público que podría emplearse en sanidad, educación o cultura, las casas reales necesitan seducir a las masas, y una de las mejores formas es a través de las bodas entre hombres y mujeres “modernos” y enamorados.



Esta imagen de “modernidad” comenzó con la boda de Diana de Gales y Carlos de Inglaterra, porque abrió la puerta a otras plebeyas europeas para ocupar tronos reales, y porque fue la primera que se mostró accesible a la prensa, a la que permitió penetrar en la intimidad de las alcobas palaciegas británicas.

Con la boda de Kate Middleton y el Príncipe Guillermo, se ha desatado, de nuevo, un circo mediático que comenzó con la boda de la actriz hollywoodiense Grace Kelly con el Príncipe Rainiero de Mónaco.



 El 19 de Abril de 1956 cerró su carrera cinematográfica con una de las bodas más espectaculares de la época, según Mariángel Alcázar (2002). La organización contó con la ayuda profesional y técnica de Hollywood. La novia fue maquillada y peinada por el equipo de caracterización de la Metro Goldwin Meyer, y su directora de moda fue la diseñadora del vestido. En la pareja confluían dos mundos distintos pero llenos de glamour y prestigio social: Hollywood y la realeza europea. Grace tuvo que renunciar a seguir trabajando, pero a cambio subió al olimpo de las princesas más populares y admiradas del mundo. Había sido educada para ser una princesa y casarse, y además era una mujer joven, sana y extremadamente atractiva: lo tenía todo para ser una verdadera princesa. La práctica totalidad de las casas reales europeas, según Alcázar (2002), rechazaron la invitación de Rainiero para mostrar su desacuerdo con que una mujer norteamericana y además, actriz, subiera al trono de Mónaco. Pero a cambio, la boda fue espectacular y los medios contribuyeron mucho a su lucimiento. 


Desde entonces, las aventuras y desventuras de esa familia real se han convertido en una constante en la prensa rosa internacional. La muerte de Grace Kelly en un accidente de coche intensificó y potenció ese mito, pues Carolina, Estefanía y Alberto quedaron huérfanos, y el Príncipe Rainiero triste y solo para siempre, pues no volvió a casarse.




La boda del Príncipe Carlos de Inglaterra con Lady Di fue todavía más impactante para la población mundial que la de Grace. El relato de esta historia no podría haberlo ideado ni el mejor guionista de telenovelas, porque contiene todos los elementos narrativos para ser una historia apasionante. Para mí, la historia de amor  empieza y acaba en Camilla Parker-Bowles, una mujer perteneciente a la aristocracia inglesa pero sin títulos nobiliarios con la que Carlos ha vivido un intenso y prolongado romance desde su juventud hasta la actualidad.


Conoció al  Príncipe Carlos con 23 años y, según cuenta la prensa rosa, ella le comentó al príncipe que el tatarabuelo de Carlos fue amante de su  bisabuela. A partir de ahí siguieron un romance que no interrumpieron pese a la boda de ella con Andrew Parker-Bowles, con el cual tuvo dos hijos.

Para casar al Príncipe Carlos, la Corona optó por una chica dulce, joven e ingenua llamada Diana. Anteriormente se había elegido a su hermana, pero Diana logró  “arrebatarle” a su hermana el pretendiente y logró ser ella la que alcanzase el mayor sueño de una mujer bien educada. Carlos se casó con una chica con aspecto de virgen; una muchacha sumisa y entregada que no chocaría con los intereses de la monarquía real británica. La boda, celebrada en 1981, fue un acontecimiento mediático de gran envergadura (al que acudió Camilla en calidad de invitada de honor) que logró consolidar la monarquía inglesa y sumir a la población en un encantamiento de carácter romántico que despertó grandes pasiones a lo largo de los años. 

Carlos nunca dejó de amar y de ver a Camilla, y Diana vio como su feliz cuento de princesa rosa se desmoronaba. En lugar de asumir su función como esposa real y hacer su vida por su lado, Diana se rebeló, protestó ante las cámaras, se confesó ante la opinión pública, lloró a mares y se convirtió en la víctima de la malvada Reina Isabel II y su hijo Carlos, hombre calculador y frío que no supo amar las virtudes de su princesa y tampoco supo hacerla feliz.



  
Y VIVIERON FELICES, Y COMIERON PERDICES... Y AL PUEBLO, AJO Y AGUA




La alianza del poder mediático con el poder monárquico ha generado multitud de bodas de ensueño que han sido seguidas a través de televisión por millones de personas en el mundo. La boda de Kate y Guillermo deja en un segundo plano la crisis nuclear de Fukuyima, la represión de las masas que luchan por sus derechos en los países árabes, o la terrible crisis económica que azota Europa. En esta semana apenas se habla de los recortes sociales que está sufriendo la población, de los dividendos millonarios que se están repartiendo los accionistas de las principales empresas multinacionales, de las rebeliones que están teniendo lugar al Sur de Europa y que están dejando miles de muertos . 

Esta boda es como un cuento que actúa de calmante frente al miedo y la preocupación por el desempleo que están sufriendo millones de familias en España, Grecia, Portugal e Italia, y el fenómeno social de la generación perdida de gente muy formada sin posibilidades de trabajar.

Durante una semana nos olvidaremos de como avanza el neoliberalismo y desaparecen nuestros derechos porque hay una pareja feliz que va a casarse con todo el lujo; ellos representan lo que todos querríamos: vivir sin trabajar, y no tener que preocuparnos por nuestro futuro ni el de nuestros hijos e hijas. Kate es plebeya, hermosa, joven, sana y aunque no tiene sangre azul en sus venas, es la elegida por el hijo del heredero de Inglaterra para ser, en el futuro, la Reina del imperio británico. Él es el Príncipe Azul que la eligió para ser su esposa.



Los medios están repitiendo una y otra vez que ella es una chica “normal” (sus padres antes trabajaban, hoy regentan un negocio familiar que les convirtió en millonarios) y que él estudió como un chico “cualquiera” que compartía piso con sus amigos y amigas. Pese a que se separaron temporalmente, hoy nos cuentan que “el amor lo puede todo” y que cuando es amor verdadero, la historia acaba en boda, es decir, con final feliz. Después de que todos los hijos de la Reina Isabel se hayan divorciado (Andrés, Ana, Carlos), la población mundial puede volver a tener fe en que, esta vez sí, Kate y William van a a ser felices, no van a dar motivos de escándalo, van a tener bebés que perpetúen la dinastía Windsor.


Su historia de amor demuestra que la Monarquía no es una institución desfasada o arraigada en la tradición más rígida; porque se les ha permitido casarse, porque se les fotografía yendo de compras, esquiando, saliendo de copas con sus amigos y amigas, navegando por el mar, graduandose en la Universidad, “como cualquier pareja joven”. Además, como son muy “normales”, ambos se implican en dar publicidad y fondo a las organizaciones de caridad que ponen parches a las desigualdades sociales y económicas, pero que no sirven para acabar con ellas.


Lo que no dicen los medios es que ellos tienen privilegios que los elevan por encima de la masa, que ha de conformarse con soñar, a través de ellos, vidas felices sin necesidades ni precariedad. Y es que si la existencia de las Monarquías actuales tiene sentido, es precisamente porque ofrecen espectáculo y estrellas mediáticas con las que el vulgo se entretiene al final de su jornada laboral. La audiencia se identifica con princesas y príncipes, proyecta sus sueños sobre ellos, y también disfruta con sus desgracias, porque así sienten, de algún modo, que además de ser ricos, famosos y envidiables, son personas que, como Lady Di, tienen la regla, cometen adulterios, sufren, se automutilan, lloran, engordan y adelgazan, enferman y mueren. La principal función de las monarquías a nivel simbólico sería, pues, ofrecer relatos de vida que permitan a sus súbditos soñar y entretenerse.





Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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Coral Herrera Gómez Blog

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