25 de septiembre de 2016

Se vive mejor sin religiones del amor


En el trabajo que llevo a cabo con mujeres de toda España y América Latina en el Laboratorio del Amor, trabajamos mucho el tema de las nuevas formas de querernos, y en concreto hablamos mucho de las relaciones abiertas, el anarquismo relacional, la agamia,y el poliamor. Algunas lo están disfrutando mucho, especialmente las que ya eran poliamorosas antes de leer sobre el tema, las que nunca disfrutaron  en relaciones cerradas con pactos de fidelidad rígidos, las que se han atrevido por fin a relacionarse como siempre habían soñado: sin miedos, sin culpas, sin normas ajenas.
Sin embargo, muchas otras están llevando a cabo un esfuerzo titánico para convertirse en poliamorosas, y se preguntan si este esfuerzo merece la pena. Unas han llegado a la poliamoría de la mano de sus parejas masculinas, y otras han  llegado leyendo y debatiendo con amigas o en asambleas o foros virtuales. Sin darnos cuenta, casi todo el mundo mitifica la poliamoría como la práctica amorosa ideal que acabará con el sufrimiento, las mentiras, las peleas, las luchas de poder, la infidelidad, la violencia romántica.. y sin embargo al vivirlo nos damos cuenta de que las nuevas religiones del amor pueden ser tan tiranizantes como las antiguas. 
Casi todas coincidimos en que la fase teórica es lo mejor: hablar sobre relaciones abiertas es liberador y transgresor, y no es difícil entusiasmarse con esta forma de amar que nos liberará del patriarcado para siempre. Lo difícil es llevar la teoría a la práctica, porque la mayor parte de nosotras carecemos de herramientas para gestionar nuestras emociones: no nos han enseñado a manejarlas, y no podemos obligar al cuerpo a no sentir. Se  requiere de mucho tiempo y entrenamiento para cambiar nuestras estructuras emocionales: no se pueden borrar siglos de patriarcado de un plumazo.
Lo ideal sería encontrar la fórmula mágica para convertirnos en poliamorosas de la noche a la mañana, pero eso se les da mejor a los chicos, que llevan siglos simultaneando relaciones y ahora pueden hacerlo a la luz del día, sin mentir, sin sentirse culpables y sin miedo a que les descubran. 
En nuestro análisis colectivo hemos descubierto que la poliamoría puede ser tan patriarcal (o más) que la monogamia, y que por lo tanto la poliamoría tiene que ser feminista para que sea revolucionaria, y para que podamos disfrutarla nosotras también. Durante siglos y siglos hemos tenido que reprimirnos, mentir y jugarnos la vida para poder tener varios amores. Cuando nos han descubierto, los castigos han sido, y siguen siendo en muchos países del mundo, extremadamente crueles: se nos etiqueta como adúlteras, y luego se nos dilapida, se nos quema vivas o se nos tortura hasta la muerte.  
En el mundo desarrollado, sin embargo, ahora la imposición viene del lado contrario: lo que mola y lo que se lleva ahora es ser poliamorosa, y si no lo eres puedes ser etiquetada como una antigua, una conservadora o aún peor, una mujer machista que no se abre a las tendencias más "transgresoras". 
Como la mayoría quiere evitar estas etiquetas, nos adaptamos a las modas del amor y muchas veces nos machacamos tratando de seguir con fidelidad los nuevos esquemas y modelos amorosos. Lo hacemos para que la manada y la tribu nos acepten, pero también para que nos quieran y nos elijan como pareja. 
Sin embargo, someternos a las nuevas normas duele, porque no es nada fácil hacer la transición desde el romanticismo tradicional y monógamo al romanticismo poliamoroso y abierto. De hecho, puede llegar a ser una tortura que nos machaca la autoestima y la salud emocional, porque no toda la gente que practica el poliamor sigue una ética poliamorosa. Hay mucha gente cruel que miente, que no cuida a sus compañerxs, que hace daño para alimentar su Ego, que jerarquiza y minusvalora a sus amantes para reafirmarse y demostrar su poder y su capacidad de seducción.

Pensando sobre todo esto, nos dimos cuenta de que entonces es fundamental cuidarse a una misma, no permitir que nadie nos haga daño, no traspasar los límites propios, no tener miedo al "qué dirán". Es importante, pactar con una misma, respetar los acuerdos, conocerse bien, saber qué es lo que nos hace bien y lo que no, y querernos tanto como queremos a las personas con las que nos relacionamos. Es importante, también, tener la libertad para cambiar de opinión, para atrevernos o para quedarnos donde estamos: el poliamor no es la salvación, ni es la solución a todos los problemas del amor patriarcal. 
Otra conclusión a la que hemos llegado juntas es que la monogamia es una forma de relacionarse como otra cualquiera y que forma parte de la diversidad sexual y amorosa. Es decir, la monogamia ha de ser una opción libre que cualquiera de nosotrxs pueda elegir. Finalmente, sucede lo mismo que con la poliamoría: la monogamia ha de ser igualitaria, feminista y diversa. 
Todos los modelos amorosos se pueden desmitificar y despatriarcalizar.  En el Laboratorio vamos viendo que no merece la pena sufrir ni sacrificarse para alcanzar el paraíso del poliamor. Al mundo de las relaciones abiertas se ha de llegar disfrutando, sin imposiciones externas o internas, sin mitos ni normas que nos obliguen a adaptarnos al modelo hegemónico poliamoroso. 
Lo bueno de la poliamoría es que podría llamarse de otra manera, y puede vivirse y practicarse como a una le apetezca, de la manera en que a una le convenga, customizando o personalizando la experiencia como deseemos. Esto es practicar el feminismo desde una misma: sentirse libre para elegir, para entrar o salir, y para construir nuestros vínculos desde donde queramos.  
Hemos descubierto que no hay que culpabilizarse si una no es tan poliamorosa como las demás, que no pasa nada si no podemos tener varias relaciones a la vez, que no tenemos porqué torturarnos reprimiendo las emociones o tratando de disimularlas pensando en que nos van a juzgar y a etiquetar con los términos más abyectos (antiguas, mojigatas, estrechas, conservadoras, reaccionarias, patriarcales).
Hay que ser valienta y no tener miedo a las opiniones de la gente. Lo que de verdad es transgresor es disfrutar de tu vida sin pensar en los demás, sin seguir las modas, sin someterse a normas ajenas. Para las chicas del Labo, al final lo importante es sufrir menos, y disfrutar más del amor. 

Si sufres tratando de adaptarte a un nuevo esquema, no merece la pena hacer tanto esfuerzo: es legítimo intentarlo y abandonar, es legítimo probar otras formas de quererse, y es válido negarse a someterse a las nuevas o a las antiguas religiones del amor
Es importante reivindicar nuestro derecho a ser poliamorosas y a dejar de serlo cuando nos apetezca, pues nunca somos las mismas, cada pareja es un mundo, cada etapa de nuestras vidas es diferente, y lo que te apetece en un momento puede no apetecerte en otro. 
Por eso la etiqueta "poliamorosa"  debería ser como una prenda de vestir: me la pongo o me la quito cuando me apetezca, y no soy mejor o peor persona. Sigo siendo estupenda amando de una manera o de otra: lo importante es sentirnos completamente libres a la hora de relacionarnos y de construir nuestros vínculos con lxs demás.
Lo mismo sucede con la heterosexualidad: si es lo que me sale del coño y del corazón, no me hace menos feminista el amar y follar con hombres deliciosos. Si no es impuesta, la heterosexualidad es una opción tan transgresora como otra cualquiera: las lesbianas no son más feministas que las heteros. 
Quien esté libre de patriarcado, que tire la primera piedra. El patriarcado afecta lo mismo a gays, trans, lesbianas y heteros, por eso es tan importante hacer autocrítica amorosa continua, y por eso es tan importante cuestionar cualquier estructura amorosa, emocional, sexual y sentimental.
Todas las religiones y modas del amor pueden ser analizadas, repensadas, desmitificadas, despatriarcalizadas y desmontadas. La poliamoría es una liberación y un espacio de gozo para la gente poliamorosa, pero puede ser un infierno para la gente que no lo es. Por eso hay que probar y ver cómo nos sentimos, si es o no para nosotras, si nos apetece quedarnos un tiempo o para siempre, si nos sentimos nosotras mismas, si estamos a gusto, si tenemos la suerte de encontrarnos con gente linda en el proceso. 
Lo esencial para amar con alegría es poder ir más allá de las etiquetas, no arrodillarnos frente a las religiones del amor (las tradicionales o las nuevas), y sentirnos libres a la hora de elegir con quién y cómo queremos amar. Esto es el feminismo diverso: poder construir la estructura amorosa que queremos cada una, porque todas las formas de quererse son igual de válidas. Lo importante es vivirlas libremente y poder disfrutarlas.
Coral Herrera Gómez

Si quieres saber más sobre el Laboratorio del amor, visita mi web: 
laboratorio del amor final - TEXTO 3

12 de septiembre de 2016

El Bestia y la Bella, el mito





El cuento de la Bella y la Bestia está basado en la idea de que si eres una mujer con paciencia y capacidad de aguantar menosprecios, malos tratos y violencia, al final obtendrás tu recompensa. La moraleja es que si le das mucho amor a la Bestia, al final se convierte en Príncipe Azul. Y es que la Bestia no es un tío agresivo y violento por naturaleza, sino porque es víctima de un hechizo. El hechizo se deshace con un beso, y así por fin "la que todo lo aguanta", puede ver su sueño hecho realidad: él por fin cambia. Dejará de pegarla, dejará de insultarla, dejará de controlarla y ella podrá volver a ser libre y feliz a su lado. 

Si, el violento te secuestra, te viola, te escupe, te golpea, te mata, pero es porque te quiere mucho y no sabe cómo demostrártelo. El Bestia es un pobre monstruo que ha sufrido de pequeño y que como no tiene herramientas para gestionar sus emociones, cuando se enoja o se siente mal, te maltrata. Luego te pide perdón y te promete que cambiará, y la Bella por supuesto le cree, y le da mil oportunidades: ella además de bondadosa es una ingenua que se aferra a la idea de que él cambiará y podrá quererla bien algún día. 


Esta es una de las razones por las cuales las víctimas de violencia de género se quedan junto a sus maltratadores: creen que ellos son víctimas que algún día cambiarán. Las películas de Hollywood están constantemente mitificando e idealizando a los machos violentos como seres muy sensibles que han sufrido mucho y que están mutilados emocionalmente por algún trauma del pasado (su novia les traicionó y les abandonó, su esposa se murió en un accidente, etc) 


Las mujeres que salen en las películas se sienten atraídas por ese corazón de piedra y todas quieren ablandar y derretir sus muros defensivos. Quieren protegerle, cuidarle, y devolverle la fe en la Humanidad. Ellas creen que con su entrega y su capacidad de sacrificio, ellos volverán a creer en la fuerza del amor, y podrán abrir su alma a la otra persona para fusionarse románticamente con ella. 


El resultado es que a las mujeres de carne y hueso nos da mucha ternura encontrarnos con estos machos mutilados emocionalmente, y nos ponemos en el papel de las salvadoras: yo le daré tanto amor que al final cambiará, y seremos felices como en los cuentos de hadas.  


También las películas para niños y niñas lanzan el mismo mensaje: si te dejas maltratar, serás recompensada. Por ejemplo, en Frozen: la hermana mayor maltrata y desprecia a la hermana pequeña durante toda la película, hasta que al final también un beso deshace el hechizo que amargó el carácter de "la pobre" Elsa, una sádica que no nació con el corazón de hielo, sino que un hechizo la convirtió en un ser frío y cruel.  La pequeña Ana aguanta y su amor es completamente masoquista: yo la quiero aunque no me deje acercarme, yo la quiero aunque ella no me quiera, yo la quiero y espero que algún día se compadezca de mi y me quiera también. 






En los cuentos y las películas, los maltratadores nunca reconocen su problema, ni piden ayuda, ni se lo trabajan para poder dejar de ejercer violencia sobre las mujeres. Su problema siempre se resuelve mágicamente, en un abrir y cerrar de ojos, sin terapias de ningún tipo: es una especie de milagro, por eso en la vida real muchas mujeres creen que también sus parejas algún día pueden cambiar de la noche a la mañana. 


El mensaje que tenemos que lanzar para los maltratadores es que las mujeres no son objetos, no son su propiedad privada, y no se merecen ser tratadas como seres inferiores. No hay excusas que justifiquen su crueldad, tienen que aprender a resolver los conflictos sin violencia, y si no saben cómo hacerlo, han de pedir ayuda profesional y trabajarselo mucho para no dañar a la gente que les quiere.  


No es un tema individual, sino colectivo: para poder acabar con los malos tratos y la violencia contra las mujeres, tenemos que acabar con la desigualdad y el machismo, tenemos que acabar con la pobreza y la dependencia económica, tenemos que introducir la educación sexual y emocional, y los valores del feminismo para que los niños aprendan a relacionarse con respeto y con amor. 


También tenemos que introducir muchos cambios en nuestra cultura amorosa: acabar con la mitificación del macho violento y con el victimismo femenino, dejar de ensalzar el sadismo masculino y el masoquismo romántico femenino, y  desmontar la idea de que "quien bien te quiere te hará llorar", "del odio al amor hay un paso", o "los que más se pelean son los que más se desean". 


Los medios de comunicación y las industrias culturales pueden hacer mucho para eliminar el machismo y acabar con la violencia en todos los cuentos, películas, canciones y series televisivas. Los mensajes que podemos lanzar son simples y sensatos: si te pega, no te quiere. La violencia no es una prueba de amor. El secuestro, los insultos, los desprecios, las amenazas, los castigos, las humillaciones, los abusos sexuales dentro y fuera de la pareja, no son una demostración de amor. 


Quien te quiere bien, no te hace llorar: te cuida y te trata con cariño. Podemos desaprender el romanticismo patriarcal y aprender a querernos bien, podemos sufrir menos, y disfrutar del amor. Otras maneras de amar son posibles...


Coral Herrera Gómez





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9 de julio de 2016

Mi plan de parto: cómo quiero parir





Queda poco para el gran momento. Ya estoy preparada: quiero ser la protagonista de mi parto. Voy a dar a luz en un hospital público. Quiero disfrutar de mi parto y quiero que mi bebé también pueda disfrutarlo, en la medida de lo posible.

Deseo tener un parto lo más natural posible, con la mínima intervención tecnológica y médica, y para ello he elaborado mi propio plan de parto junto con mi compañero y papá del bebé que va a nacer. Para nosotros, lo más importante es ser informados y consultados en todo momento, y el contacto piel con piel con el bebé después de nacer, y la primera hora o dos primeras horas de vida, en las que queremos permanecer unidos sin interrupciones.

La OMS ha elaborado unas recomendaciones para garantizar los derechos humanos de las mujeres embarazadas que dan a luz en hospitales, y de acuerdo a este documento y a la Guía de Atención Integral a las Mujeres. Niños y niñas en el período prenatal, parto y posparto de la CCSS de Costa Rica, hemos elaborado nuestro propio plan de parto:

PLAN DE PARTO DE CORAL HERRERA Y JORGE MORALES

Acompañante en el parto o en la cesárea
Me gustaría estar acompañada por mi compañero durante todo el proceso de parto. Sufro de discapacidad auditiva (hipoacusia por otosclerosis en ambos oídos), como pueden comprobar en mi expediente médico de la CCSS, razón por la cual necesito estar permanente acompañada para poder comunicarme con claridad con el personal sanitario.
 Comunicación con el personal sanitario
Desearíamos ser informados en todo momento de la evolución del proceso de parto y de los procedimientos que se quisieran llevar a cabo para poder decidir y consensuarlo con el personal sanitario.
 Durante el parto
Quisiera que fuese un parto lo más natural posible, con la mínima intervención médica, y que cualquier procedimiento clínico que se lleve a cabo se haga con mi consentimiento y en caso de ser necesario.
Los puntos más importantes para nosotros durante el parto son:
-          Libertad para elegir la postura en el expulsivo.
-          Libertad de movimientos para caminar y cambiar de posturas (monitorización mínima)
-          Minimizar el número de tactos vaginales
-          Respeto de mi ritmo de parto (siempre que no haya sufrimiento fetal)
-          Poder ingerir líquidos para no deshidratarme.

Por eso quisiéramos evitar o prescindir (en la medida de lo posible), de:
-          Lavativa o enema
-          Rotura artificial de membrana.
-          Piquete  (espisotomía)
-          Uso de analgésicos
-          Suero, oxitocina artificial, pitocín.

Para tratar el dolor nos gustaría trabajar con masajes de mi acompañante, ducha de agua caliente, uso de la pelota pilates, respiraciones…

Alumbramiento y cuidados del bebé después del parto o cesárea
 -          Quisiera tener a mi bebé colocado en mi pecho inmediatamente después de que nazca, y que se retrasen los procedimientos habituales del protocolo al menos una hora o dos para propiciar el contacto piel con piel y la lactancia natural.
-          Quisiera que no se corte el cordón umbilical hasta que deje de latir.
-          Quisiera tener tiempo para poder alumbrar la placenta por si sola de manera natural.
-          Quisiera que la limpieza, el test de Apgar, la vitamina K y la vacunación se le proporcionen a mi bebé estando encima de mi pecho.

Quiero evitar:
-          El uso de gotas o colirio en los ojos de mi bebé en su primera hora de vida.
-          Uso de leche artificial, agua, etc.
-          No quisiera ser separada del bebé en ningún momento del proceso de parto, ni en el traslado del paritorio a la habitación.

Problemas imprevistos
A menos que sea absolutamente necesario, quisiera evitar una cesárea. Si es necesaria, quisiera ser informada y consultada. También quisiéramos poder hablar con la persona responsable de la cesárea porque desearíamos que se me aplicase el protocolo de la cesárea respetada: 
- permanecer acompañada por mi pareja
- no cortar inmediatamente el cordón umbilical
- no dormirme para hacer los puntos de sutura
- no separarme en ningún momento del bebé: tener contacto piel con piel mientras se me proporcionan puntos de sutura y permanezco en reanimación.
Si esto no fuese posible por causas médicas, entonces deseo que mi compañero pueda tener el contacto piel con piel.  En ningún caso deseamos que el bebé permanezca solo en una cuna térmica, ni que se le proporcione biberón o chupón con leche artificial.
Muchas gracias por su atención,
 Coral y Jorge

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Enlaces útiles:

Que no os separen

El parto es nuestro 


2 de julio de 2016

Cómo saber si le estoy dejando de querer: el test del desamor



"Quiereme sin prisa", Verónica Ramilo Graña, artista y miembra del Laboratorio del Amor



En el Laboratorio del Amor estuvimos trabajando en la construcción de un termómetro del desamor, una herramienta muy útil para saber si todavía estamos o no enamoradas, y si el otro o la otra sigue también enamorada de nosotras. Es una herramienta práctica y fácil de usar, y sirve para saber si estamos perdiendo el tiempo y las energías en una relación, o si merece la pena o la alegría seguir alimentando el amor.

Empezamos el trabajo por nosotras mismas, preguntándonos qué nos pasa cuando nos estamos desenamorando, cómo cambia nuestro comportamiento, cuales son las señales que nuestro cuerpo emite cuando llegan el desamor, el desencanto, la pereza y la falta de ganas... 

- Cuando te sientes cada vez menos generosa, y cada vez más egoísta, por ejemplo con tu tiempo. 
- Cuando nos apetece ver menos a la pareja, espaciamos los encuentros, no sentimos tanta necesidad de estar con la persona amada, no queremos dedicar todo nuestro tiempo a la pareja o la situamos en un lugar secundario en nuestras vidas. 
- Cuando ya no te sientes conectada al cien por cien, cuando sientes que falta complicidad, cuando no fluye bien la comunicación con tu pareja, cuando evitas las conversaciones profundas, cuando te cuesta mirar a los ojos a la otra persona. 
- Cuando nos baja la libido y nos apetece menos tener relaciones sexuales, cuando evitamos la intimidad, cuando el cuerpo responde con frialdad a los requerimientos amorosos de la otra persona.
- Cuando estás absorbida por el trabajo y sólo te preocupa sacar adelante las tareas pendientes, y utilizas el trabajo como excusa para no pasar tiempo con tu pareja. 
- Cuando estás con tu pareja pero te sientes muy sola. Cuando tu pareja estando contigo se siente muy sola. 
- Cuando los silencios empiezan a ser incómodos. 
- Cuando tu forma de tratar a la otra persona cambia, y ya no estás tan cariñosa y amable.
 - Cuando uno de los dos está permanentemente enfadado/a o dolido/a. 
- Cuando nos hablan del futuro y se nos pone el cuerpo tenso porque no nos vemos en el futuro ya, y no nos gusta hacer planes más allá del próximo fin de semana. 
- Cuando accedes a hacer un viaje sabiendo que es el último viaje. 
- Cuando te besa tu pareja y ya no sientes nada parecido a lo que sentías antes. 
- Cuando sientes que estás más pendiente del celular que de tu pareja, cuando te cuesta centrarte en el presente, cuando notas que evitas los momentos románticos. 
- Todo aquello que antes nos hacía gracia, ya no. Tenemos otra actitud, menos favorable al otro o a la otra, y lo que antes nos parecía maravilloso, puede llegar a irritarnos profundamente. 
- Cuando echas de menos los inicios y te das cuenta de que todo tiempo pasado fue mejor.
- Cuando ponemos excusas porque no queremos hacer el amor o no queremos pasar la tarde con la pareja: excusas que no suenan bien, que se repiten, que resultan a veces absurdas, y generalmente provocan la protesta de la otra persona por que son inconsistentes. 
- Cuando hay lluvia constante de reproches mutuos:  "es que tú siempre", "es que tú nunca", "es que yo siempre", "es que lo que te pasa a ti es...".
- Cuando la estructura de relación está basada en el ataque y la autodefensa, cuando las conversaciones se basan en demostrarle al otro lo mala persona que es o la cantidad de defectos que tiene.
- Cuando sientes que te falta algo, cuando echas de menos cosas que antes no te afectaban tanto, cuando ya no te apetece conformarte con lo que hay, cuando no te resignas y crees que podrías estar mejor.  
- Cuando ves otras parejas y te das cuenta de que la tuya no funciona ya, pero no queréis admitirlo ninguno de los dos. 
- Cuando sientes que ya no tenéis muchas cosas en común, que ya no sois los mismos, que tú ya no estás en el mismo lugar, cuando notas que estáis evolucionando por separado. 
- Cuando te das cuenta además que te apetece compartir más con otras personas que con tu pareja. 
- Cuando te gusta alguien más, cuando te atraen otras personas, cuando empiezas a fantasear con todo el mundo menos con tu pareja, cuando te entran ganas de vivir un romance pasional y no es con tu pareja. 
- Cuando dejas de cumplir los acuerdos fundamentales, cuando rompes los pactos que teníais, cuando te sientes una traidora. 
- Cuando empiezas a portarte mal con tu pareja, cuando empiezas a mentir o a ocultar información, cuando contestas mal o gritas, cuando te sientes desquiciada o pierdes la paciencia, cuando dejas de contar con ella para hacer tus planes, cuando actúas con indiferencia y ya no cuidas a la otra persona....



El segundo paso tras elaborar este listado de señales que emitimos en el desamor, fue reflexionar sobre qué ocurre cuando en lugar de ser nosotras las emisoras, es nuestra pareja la que empieza a estar distante, indiferente, fría, o empìeza a comportarse de un modo extraño. 

Cuando es la otra persona la que deja de desearnos como antes, cuando escuchamos excusas tontas, cuando notamos que no nos miran a los ojos, cuando vemos que la otra persona se siente culpable y no sabe cómo hacer, generalmente pensamos que estamos pasando una crisis de pareja, pero nos cuesta mucho admitirlo y sentarnos a hablar.  Y cuando hemos reunido el coraje para preguntar qué ocurre, no siempre la otra persona ha logrado ser sincera con nosotras.  

A casi todas nos ha pasado que, de la misma manera que nos costó sentarnos a hablar con nosotras mismas para enfrentarnos a la situación, nuestras ex parejas también se autoengañaron, es decir, también tardaron mucho tiempo en admitirse a sí mismas que se estaban desenamorando de nosotras, o incluso, que jamás llegaron a enamorarse del todo. 

A los y a las ex les pasó como a nosotras: tardaron mucho tiempo también en sentarse a hablar y en asumir que se había acabado el amor. Algunas veces ocurre que la crisis se niega una y otra vez, o se disfraza de otra cosa, o se pide tiempo a la otra persona, y eso solo alarga la agonía del final: nos dimos cuenta de todo lo que nos podríamos haber ahorrado si hubiésemos tardado menos en sincerarnos con nosotras mismas y con la otra persona. 

A nadie le gusta escuchar en labios del amado o la amada: "Ya no te amo, ya no siento lo mismo por ti, ya no quiero seguir el camino a tu lado". Pero tampoco nos gusta ser nosotras las emisoras de ese mensaje, porque no queremos hacer daño a la otra persona, y tampoco queremos enfrentarnos a una escena dramática típica de la violencia romántica en la que la otra persona nos insulta, nos cubre de reproches, nos envuelve en su rabia y su dolor. 

No nos enseñan a separarnos, no nos enseñan a cerrar las historias de amor con amor, con ternura, con cariño, con elegancia. Lo que vemos en las películas es que podemos buscar culpables, hacernos las víctimas, mendigar amor y exigirlo, pelearnos para lograr lo que queremos, putearnos mutuamente, vengarnos cuando nos hacen daño, castigar al que ya no nos ama. 

Nos han convencido de que para acabar una relación hay que acabar mal, portarse mal y declarar al otro la guerra. En casi todas las historias de amor de ficción las estrategias que utilizan los amantes están basadas en la idea de que en el amor "todo vale": engañarse y engañar al otro, putearse mutuamente, disimular los sentimientos, ocultar información, justificar lo injustificable, emitir excusas absurdas, mentir como bellacos... 

Nos cuesta aceptar que una relación está llegando a su fin porque en nuestra cultura amorosa los finales se viven como un fracaso: los divorcios se consideran una especie de derrota, o una catástrofe. Los finales no se ven como inicios, no se viven como una liberación, no se asumen como un aprendizaje, ni como una nueva oportunidad que te da la vida para vivir otras historias bonitas.  

También nos pasa que nuestro Ego se siente muy herido y se nos baja la autoestima cuando nos dicen que no nos aman más. Por eso protestamos y nos enfadamos: nos parece que si alguien nos ama, no nos puede dejar de amar. Y si ya no nos quieres es porque no valgo lo suficiente, porque no soy la mejor, porque he engordado y ya no me veo guapa, porque he envejecido, porque hay otras mucho más guapas y estupendas que yo... 

El Ego nos juega malas pasadas haciéndonos creer que solo tenemos valor si los demás nos valoran. Nuestro aprecio por nosotras mismas depende siempre del aprecio de los demás, por eso una de las peores amenazas que alguien puede decir para herirnos es: "te vas a quedar sola, no te va a querer nadie". También podemos auto torturarnos con esta idea a nosotras mismas, pues en el amor no sólo nos hacen daño los demás: nosotras también contribuimos cuando nos sentimos fracasadas o traicionadas. 

Hasta cierto punto, es normal que ante un cambio tan fuerte en nuestras vidas, reaccionemos con miedo. Miedo a quedarnos solas, miedo al qué dirán los demás, miedo a no volver a encontrar el amor. Miedo a envejecer sin compañía, miedo a que nos vean como seres raros, miedo a dejar atrás una etapa y comenzar otra nueva. 

Nos da miedo convertir el presente en pasado y empezar a vivir el futuro, nos da miedo desmantelar un hogar y transformar la cotidianidad: son muchos los cambios que se producen en nuestras vidas cuando una relación se rompe. Cambios en nuestra economía, en nuestra vida social, en nuestra vida familiar, en nuestras estructuras sexuales, afectivas, sentimentales. 

Vivimos además en una sociedad en la que todos viven en pareja (o quisieran vivir en pareja), de manera que pasamos al grupo de las solteras o los solteros, esa gente incómoda a la que todo el mundo quiere buscar pareja. Aunque tengamos ganas de pasar al bando de la soltería, lo cierto es que nos da miedo hacer daño a la otra persona y que nos sentimos responsables de su felicidad y bienestar. Y si la otra persona no quiere romper, aumenta mucho este miedo y esta sensación de culpabilidad, especialmente en nosotras. 

A las mujeres el divorcio nos sale mucho más caro: se nos castiga socialmente y sufrimos una crisis de identidad porque las mujeres sin el don para amar incondicional y eternamente somos "malas mujeres", parecemos anormales, monstruosas, o poco "femeninas". 

Las mujeres que deciden con quién quieren estar, con quién desean compartir la vida, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones son egoístas porque solo piensan en su bienestar y en su felicidad, y les importa muy poco la felicidad de los demás. Y ya se sabe que una mujer "de verdad", siempre antepone las necesidades de su marido, hijos e hijas, padre y madre, etc. a las suyas propias. 

Una mujer de verdad es abnegada, se sacrifica por los demás, se entrega totalmente al amor, sin peros, sin condiciones. Por eso nunca se entiende que una mujer se desenamore de un hombre que se porta bien con ella. Es común lo de: "pero si no te golpea ni te  es infiel, si es buena persona, ¿por que quieres separarte?". 

Y es que a la gente le cuesta entender que las mujeres tenemos nuestros propios proyectos de vida, que nos sentimos dueñas de nuestro deseo, que nos sentimos responsables de nuestra libertad y de nuestra felicidad, y que tenemos todo el derecho del mundo a iniciar y a terminar nuestras relaciones como nos apetezca y cuando nos apetezca. 

Razones para separarse hay muchas, sin embargo. El amor no es eterno, no dura para siempre: se empieza y se acaba, como todo en la vida, y no hay por qué buscar culpables. En el amor no podemos dividirnos en buenos o malos según lo que sentimos: se trata de ser honesto, de portarse bien, de empezar y terminar las relaciones con amor. 

Nosotras creemos que si el amor te hace sufrir, no merece la pena, y que es mejor estar sola que mal acompañada. Es decir, que la vida es más bonita cuando estamos a gusto, cuando estamos bien, cuando tratamos bien a la gente, cuando nos tratan bien, cuando nadie nos está jodiendo. A mucha gente le cuesta entenderlo porque cree que es mejor estar en un infierno conyugal que sola: en el infierno al menos las dos personas se hacen compañía, aunque sea amargándose la vida mutuamente. 

Además, en las películas nos siguen diciendo cosas como que el "amor todo lo puede", como que "aguantar" malos tratos tiene su recompensa, como que amar de verdad es resignarse a ser una infeliz hasta que ocurre algo mágico que hace resurgir el amor. Los cuentos que nos cuentan están basados en mitos y en "milagros" románticos, generalmente para justificar la importancia de no perder la esperanza, de ser fiel y leal al marido, de conformarse con lo que hay, de ser el sostén de la familia. Casi todos los mensajes de resignación están dirigidos a nosotras para que sigamos confiando en el amor y en su magia. 

Sin embargo, nosotras llegamos a la conclusión de que estar con alguien que no te ama y no te trata bien tiene un coste enorme y es de las cosas más deprimentes que puede pasarte en la vida. Y nos dimos cuenta de que para que sigamos practicando el masoquismo romántico, nos dicen que "los que más se pelean son los que más se desean" o que "quien bien te quiere te hará llorar". Nos negamos a asumir estos roles y estos mitos en torno a las mujeres de verdad, aquellas capaces de sufrir, pasarlo mal, llorar a mares, aguantar infidelidades, agresiones, violaciones y mil humillaciones "en nombre del amor". 

Hoy, gracias a los feminismos y a algunas abuelas muy sabias, las mujeres sabemos que no nacimos para sufrir, que si no nos quieren es mejor no tener pareja, que no estamos solas porque tenemos mucha gente alrededor que nos quiere, que la vida es muy corta y no merece la pena vivir amargada. 

Nosotras en el Laboratorio del Amor trabajamos con la idea de que no tiene sentido malgastar el tiempo y las energías en revivir un amor que ya no da más de sí, o en empeñarse en que una relación que no funciona, funcione. 

No merece la pena malgastar nuestro día a día en peleas, luchas de poder, escenas dramáticas, o tragedias pasionales...  es mucho más divertido ser feliz y dedicar nuestras energías a gozar y a disfrutar con la gente que nos quiere bien. Creemos que el amor no debería de doler, ni al principio, ni en medio, ni al final de la relación. Si la otra persona nos trata mal, es un signo inequívoco de que no nos quiere, no nos quiso, no nos va a poder querer. Y nosotras no vamos a resolver los problemas de los demás: no somos las madres de nuestras parejas, no vamos a salvar a nadie de sus traumas y sus carencias, no merece la pena juntarse a la gente que no sabe disfrutar del amor y de la vida. 

Para poder construir una relación de igualdad y de amor, hay que evitar a la gente que no se trabaja sus problemas, y juntarse con gente que sepa gestionar sus emociones, que sean capaces de compartir sus vidas sin hacer daño a los demás, que tengan herramientas para auto-analizarse, para hacer autocrítica amorosa, para crecer y evolucionar a solas, en pareja y en comunidad.   

Nosotras también nos los trabajamos: trabajamos en el Laboratorio aportando entre todas en la construcción de una ética del amor que nos permita crecer como personas, aprender a ser sinceras, honestas y coherentes, a tratar bien a la gente a la que queremos, a construir herramientas que nos permitan llevar la teoría a la práctica, que nos lleven a sufrir menos y a disfrutar del amor. 

Sabemos que otras formas de quererse son posibles y que podemos juntarnos y separarnos con amor. Queremos aprender a cuidarnos a nosotras mismas y a las personas que queremos, queremos utilizar el sentido común, ser sensatas y generosas, sentirnos libres en nuestras relaciones (y que los demás también se sientan libres a nuestro lado), queremos aprender a querernos bien en todas las etapas de la relación, tanto en los inicios como en los finales.

Creemos que cuando se acaba el romanticismo, no tiene por qué acabarse el respeto, el cariño y la ternura... no hay nada más hermoso que poder mirar a los ojos a la otra persona y decirle cómo nos sentimos desde lo más profundo de nuestro ser: "he sido muy feliz contigo, doy gracias a la vida por el tiempo que hemos compartido juntos, ahora quiero seguir mi camino a solas".

Todo esto nos trabajamos en equipo: queríamos compartirlo porque creemos que es fundamental construir herramientas como este termómetro que nos permitan sufrir menos, y disfrutar más del amor. 

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Coral Herrera Gómez Blog

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