23 de abril de 2026

Carta a los Hombres




Esta es una carta para los hombres que protestan porque cada vez hay más mujeres que preferimos estar solteras, para los hombres que están cabreados porque no ligan, para los hombres que no logran encontrar pareja, y para los que están resentidos porque su compañera ha dejado la relación.

Yo os pregunto:  ¿Cuántos de vosotros estáis dispuestos a cambiar para ser más igualitarios y solidarios? ¿Cuántos de vosotros queréis realmente salvar vuestra relación de pareja?, ¿cuántos de vosotros estáis dispuestos a escuchar a las mujeres para comprender por qué quieren separarse? 

Que levante la mano el que esté dispuesto a renunciar a sus privilegios, el que esté dispuesto a ir a terapia o a terapia de pareja, el que quiera realmente dejar de hacer promesas y empezar a hacer cambios de verdad.

Os enfadáis cuando hablamos de lo bien que viven las mujeres solteras, cuando protestamos contra la explotación doméstica y la violencia sexual, cuando pedimos el fin de los femicidios, cuando denunciamos que 62 millones de hombres han visitado una web donde se enseñan unos a otros a sedar y a violar a sus propias compañeras.

No nos oís cuando decimos que estamos hartas de trabajar gratis para vosotros, que no somos vuestras sirvientas domésticas ni vuestras sirvientas sexuales, que ya no aguantamos infidelidades, que queremos tener el mismo tiempo libre que vosotros.

No comprendéis que llevamos años haciendo terapia, leyendo libros feministas, estudiando, haciendo talleres, escuchando podcast, participando en clubes de lectura feministas, en jornadas y congresos, en asambleas de mujeres. Nosotras estamos poniendo tiempo y energía en trabajar en nuestros patriarcados y en hacer autocrítica amorosa porque queremos cambiar nuestras formas de relacionarnos y organizarnos.

Vosotros ni habéis empezado.

Todos los seres vivos se adaptan a los cambios.

¿Por qué a algunos os está costando tanto asumir que se acabó vuestro reinado?

Os llevamos años de ventaja, porque a vosotros no os ha preocupado lo más mínimo el tema. Nosotras hemos aprendido a cuidarnos y a priorizarnos, a negociar, a poner límites, a decir que no y a defendernos de la explotación emocional. Ahora somos más sabias, más fuertes, más sensibles y más conscientes, y nos hemos empoderado juntas para defender nuestras libertades y nuestros derechos.

Nosotras creamos laboratorios y escuelas feministas para liberarnos juntas, vosotros academias de violadores para compartir estrategias de violencia sexual. Nosotras nos organizamos para ayudar a supervivientes de la violencia, vosotros os juntáis en grupos para compartir fotos y vídeos íntimos, y desnudos que hacéis con la IA.

Claro, NOT ALL MEN: no sois todos los hombres, pero no sabemos cuáles de vosotros sois un peligro para nosotras.

¿Y sabéis por qué? Porque la ONU nos contó en 2018 que el lugar más peligroso del mundo para las niñas y las mujeres es su propio hogar y su entorno más cercano. Es decir, nos explotan, maltratan, nos violan y nos matan los hombres a los que queremos y en los que confiamos.

Sabemos ya que el caso de Giselle Pelicot de Francia no es un suceso extraordinario, sino común y cotidiano.

Nosotras estamos haciendo Historia y hemos entrado ya en la Cuarta Ola Feminista, que empezó con el #MeToo. Hemos roto el eterno Pacto de Silencio entre hombres, estamos educando a nuestros hijos varones para que desobedezcan y se rebelen contra el patriarcado, y estamos haciendo la Revolución Amorosa. Queremos erradicar las relaciones basadas en la dominación y la sumisión, y probar otras formas de amar y de relacionarnos.

¿Sabéis cuál es la clave de nuestro triunfo? Habernos dado cuenta en los años 60 de que lo personal es político, que lo que nos pasa a una nos pasa a todas, que los problemas no son individuales y que las soluciones son colectivas. Ya sabemos que solas no podemos, por eso creamos redes de apoyo entre nosotras: es una estrategia de supervivencia fundamental para nosotras.

Es cierto que algunos de vosotros estáis empezando a trabajar en vuestro interior y a cambiar patrones de conducta, pero sois muy, muy pocos. Algunos apoyáis las reivindicaciones del movimiento feminista, pero la gran mayoría de los hombres estáis enrabietados, cabreados y a la defensiva.

Es normal que os sintáis así porque vuestro mundo se está desmoronando. Antes teníais garantizados los cuidados de mamá y de la esposa, ahora nosotras estamos exigiendo que las relaciones sean recíprocas y los cuidados sean mutuos. Antes vivíais como reyes en vuestros hogares y ahora os estamos quitando la corona. Antes aguantábamos y aparentábamos delante de los demás, ahora nos vamos de las relaciones en las que no somos felices y no nos sentimos bien tratadas ni bien queridas.

Y algunos de vosotros no lo lleváis nada bien. No os es fácil asumir que las mujeres somos seres libres y somos seres humanos, y que tenemos derecho a elegir con quién queremos compartir la vida y tenemos derecho también a terminar las relaciones.

Cada diez minutos una de nosotras es asesinada por uno de vosotros en el mundo. Maridos y ex maridos, novios y amantes nos matáis cuando desobedecemos y cuando queremos huir. Nosotras no tenemos armas. Vosotros tenéis cuchillos, pistolas, martillos, cuerdas, escopetas, puñales.

Estamos en una guerra global contra las mujeres, y los soldados del patriarcado nos ejecutan a diario en todos los países del mundo. Hemos tenido que construir refugios para supervivientes de la violencia, pero no todas logran llegar a ellos.

Se estima que solo un 10 por ciento de las niñas y las mujeres denuncian la violencia que sufren, pero la gran mayoría estáis preocupados por las denuncias falsas.
Pocos hombres interpeláis a los demás hombres y protestáis por la violencia que ejercen otros hombres.

Ya es hora de que os posicionéis públicamente contra la violencia que sufrís y ejercéis, y empecéis a hablar de ella. Tenéis que ser valientes y exigir a los otros hombres que pararen la guerra mundial contra las mujeres.

Vosotros también necesitáis hacer autocrítica amorosa, hablar de cómo os aprovecháis de las mujeres que os quieren, de cómo os sentís ante los cambios sociales que estamos logrando, y poneros a pensar colectivamente cómo vais a contribuir los hombres a la construcción de un mundo mejor.

Vais muy tarde, compañeros. Muchos de vosotros seguís buscando mujeres sumisas, indefensas, serviles, discretas, que os permitan vivir una doble vida y no se quejen. Y esas mujeres no existen. Si antes aguantaban tantas era porque no podíamos divorciarnos.

Ahora podemos porque hemos luchado para legalizar el divorcio, y aunque aún no hemos conquistado del todo la autonomía económica y la autonomía emocional, nos queda poco.

Estamos trabajando mucho para dejar de depender de vosotros.

Por eso nos estamos separando o estamos eligiendo la soltería.

Y eso a muchos os da miedo.

El miedo alimenta el odio. Y hoy en día el odio contra las mujeres no para de crecer. Hay muchos hombres que reaccionan con violencia ante la liberación de las mujeres, que no saben gestionar sus emociones, y que no saben relacionarse con nosotras de tú a tú.

Nosotras ya no queremos a este tipo de hombres junto a nosotras. Y como son muy pocos los que os trabajáis el machismo y la misoginia, preferimos quedarnos solteras.

Vosotros podéis seguir cabreados y en negación, podéis seguir protestando y amenazando a las mujeres feministas, podéis seguir parados en el camino si queréis: nosotras seguimos andando, siempre hacia adelante.

Y no vamos solas, somos muchas mujeres en el camino hacia la liberación. Nos estamos sosteniendo y acompañando entre todas. Somos cada vez más.

Nosotras queremos un mundo mejor para nosotras y para vosotros. Todas soñamos con una vida mejor, y por eso pedimos igualdad, libertad, derechos y justicia social.

Sin embargo, cuanto más avanzamos nosotras, más grande es la brecha entre hombres y mujeres, y más difícil es entendernos. 

Nosotras no paramos de aprender cosas nuevas, vosotros estáis paralizados por la nostalgia de un mundo que ya no existe, que ya es pasado, aferrados a vuestras certezas y sin querer enfrentar el miedo.

Las mujeres estamos trabajando en nuestros traumas y nuestros miedos. 

Estamos en procesos de sanación, de crecimiento y desarrollo personal.
 
Estamos trabajando la culpa, los celos, la envidia, la rivalidad, el ego, y el poder. 

Estamos desmontando los mitos de nuestra cultura romántica y analizando la realidad con herramientas distintas a las vuestras, mucho más avanzadas: cada vez vemos con mayor nitidez lo que antes no se veía. 

Estamos poniendo nombre a todas y cada una de las violencias que sufrimos. Vosotros repetís que a los hombres os matan más, pero no os organizáis para defenderos de la violencia de los demás hombres.

Y es que vosotros tampoco sois felices en el patriarcado, pero a casi todos os compensa por los privilegios que os ofrece para que seáis machos obedientes.

A nosotras no nos compensa. 

Ya no queremos obedecer, nosotras somos las rebeldes, somos la Resistencia.

Si no nos acompañáis, nos separamos.

Tenemos claro que cuando un hombre no quiere andar, la mujer no debe parar junto a él a esperar el milagro romántico. Los cambios nunca vienen de fuera: siempre surgen en uno o en una misma, y no son mágicos, hay que trabajar en ellos.

Las mujeres nos hemos quitado la venda, tenemos los pies bien firmes en la tierra y seguimos caminando. Con o sin vosotros.

Ya no os necesitamos. Y esto es positivo porque a vosotros también os liberamos. Esto nos permite a ambos sexos construir relaciones libres, no determinadas por el interés, la conveniencia, la necesidad o la dependencia.

Ahora podemos construir relaciones mas libres con vosotros, pero sólo con aquellos que quieren disfrutar de un amor compañero.

Sois bienvenidos si queréis sumaros a nuestra Revolución Amorosa, pero tenéis que hacer acopio de mucha valentía y humildad para la travesía. Porque nosotras ya no vamos a volver atrás, ya no hay posibilidad de volver al pasado. Nosotras solo podemos seguir avanzando.

Vosotros podéis seguir haciéndonos la guerra o podéis dar un paso al frente y empezar a hacer cambios.

Nosotras estamos educando a nuestras hijas para que no sean criadas ni sirvientas, y para que defiendan su derecho a vivir una Buena Vida, libre de explotación, de violencia y sufrimiento. Les estamos explicando que amar no es sacrificarse, que no hay recompensa por sufrir por amor, y que las mujeres nunca debemos renunciar a nuestra dignidad, a nuestra libertad y a nuestros derechos humanos por amor a un hombre.  

El futuro de nuestros hijos varones depende de vosotros. Sois su modelo a seguir, y si queréis que ellos puedan encontrar pareja y disfrutar del amor y del sexo tenéis que enseñarles a respetar a las mujeres y a tratarnos como a compañeras. Tenéis que dar ejemplo: ellos aprenden e imitan vuestra forma de relacionaros. Solo serán buenos compañeros y buenos padres si vosotros lo sois.

Y es que ahora mismo la clave del cambio que necesita el planeta para que todos y todas podamos vivir mejor es una transformación radical de las masculinidades. La responsabilidad que tenéis es enorme: no podéis resistiros eternamente a los cambios. Y así no podemos seguir: nos estáis llevando a la destrucción total y al suicidio colectivo de la especie humana.

Es hora ya de dejar los discursos y pasar a la acción. Si queremos un mundo sin violencia tenemos que empezar por nosotros y nosotras mismas, y las relaciones que tenemos con los demás. Ya es hora de 
sentaros con vuestras parejas a hablar y sobre todo a escuchar. Hay que negociarlo todo de nuevo para construir parejas igualitarias basadas en el amor y el placer, no en la dominación y la explotación.

Hay mucho que hacer, tanto a nivel individual como colectivo, tanto en el ámbito de la pareja y la familia como en el ámbito político y social. Lo primero es entender que el amor no es una guerra, que otras formas de querernos son posibles, que tenemos que aprender a usar nuestro poder para que no haga daño a los demás, y que si mejoramos como personas, mejoran nuestras relaciones también.

La clave del asunto es poner en el centro la ética y comenzar con la Revolución de los Cuidados: aprender a cuidaros a vosotros mismos, a cuidar vuestras relaciones, los espacios que habitáis y el planeta en el que vivimos.

Nosotras ya estamos haciendo la Revolución del Amor,

¿cuando empezáis vosotros?

Coral Herrera Gómez


Hombres que ya no hacen sufrir por amor. Transformando las masculinidades


Todos los artículos de Coral Herrera sobre masculinidades


Todos los libros de Coral Herrerra Gómez 




Coral Herrera Gómez Blog

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Únete al Laboratorio del Amor

Únete al Laboratorio del Amor
Para saber más pincha en la imagen

Regalos

Regalos
Visita mi tienda