21 de abril de 2020

Cómo disfrutar del amor, mi nuevo libro



Os presento con mucha ilusión mi nuevo libro, "Cómo disfrutar del amor", de Ediciones B. Es una caja de herramientas feministas para trabajarse el tema del amor, a solas, en pareja, y con vuestras amigas y colectivas.

Es útil para trabajar en terapia, para diseñar talleres, y para todas aquellas mujeres que quieren dejar de sufrir, y empezar a disfrutar del amor, y de la vida.

Podréis adquirirlo en la web de Penguin Random House, megustaleer.com, y ya podéis reservar vuestros ejemplares en papel para que os lleguen a casa en Julio, en:

- vuestra librería favorita
- la Casa del Libro
- FNAC
- Amazon
- Google Play y Apple Books



Becas para el Laboratorio del Amor




Ahora, cada vez que una mujer se inscribe en la Comunidad de Mujeres del Laboratorio, está becando a otra mujer sin recursos económicos durante dos meses. Aquí puedes unirte a nosotras, y estar todo el tiempo que necesites: un mes cuesta 30 euros, dos meses 50 euros, un año 100 euros.
Si quieres, también puedes suscribirte por 10 euros al mes.

También puedes amadrinar a otras mujeres , puedes hacer tu donación con una beca (20 euros), 2 becas (40 euros), o 3 becas (60 euros)

Si necesitas una beca, escríbeme un correo a esta dirección: laboratorioamorcoral@gmail.com

Más información en mi web:

http://otrasformasdequererse.com/amadrina-a-una-mujer/

13 de abril de 2020

#SembradorasDeSemillas



Una de las cosas que podemos hacer desde casa para cambiar el mundo es usar nuestras redes sociales para ayudar a la gente a hacerse preguntas, a pensar desde la crítica constructiva, a tomar conciencia, a activar su imaginación para imaginar un mundo mejor. 

Es un buen momento para que todas y todos hagamos autocrítica y nos cuestionemos nuestro estilo de vida, y revisemos la manera en que repartimos los cuidados, la forma en que tratamos a la gente cercana y a la desconocida, la forma en que consumimos y viajamos, la forma en que nos organizamos. Hay que hacer muchos ejercicios de empatía para despertar a la gente y para ilusionar a todo el mundo con la posibilidad de transformar esta sociedad a base de solidaridad y apoyo mutuo. 

No es fácil hacer pedagogía, lo sé, pero pensad que al lanzar preguntas a la gente estáis sembrando semillas para despertar su sensibilidad, su creatividad y su conciencia crítica. A mí me ayuda pensar que alguna de estas semillas pueden florecer en los corazones de unas cuantas personas, aunque sean pocas. Creo que este trabajo de sensibilizar a la gente y ayudarles a tomar conciencia merece la pena y dará sus frutos, pienso que en algún momento volverá la primavera. 

#SembrandoSemillas #HaciendoRevolución #LlegaráLaPrimavera

Informe Redes Sociales y Blog Coral Herrera 2020


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Datos actualizados 30 de mayo 2020

12 de abril de 2020

¿Qué sienten las mujeres víctimas de violencia machista?



Las mujeres que sufren malos tratos por parte de su pareja sienten muchas cosas, y muy diversas, y cambian con el tiempo, y hasta el tiempo que aguantan sufriendo malos tratos varía: unas están toda la vida, y otras sólo unos meses.

Cada mujer que sufre malos tiene una situación diferente: hay mujeres que pueden escapar, y otras no. Hay mujeres que sufren dependencia económica, otras dependencia emocional, otras, las dos cosas. Hay mujeres que son religiosas y otras que no lo son, a unas sus creencias las ata más al agresor, y a otras no.

Unas son conscientes desde el primer momento de lo que les está pasando, otras tardan meses o años, otras no toman conciencia nunca. Unas saben de feminismo y otras no, unas han estudiado un máster sobre violencia machista y no pueden verse como víctimas, y otras no saben ni leer pero saben el peligro que corren sin que nadie se lo diga.


MIEDO 

Es la emoción más común, y la más torturante: el miedo es una emoción muy poderosa y se emplea para torturar a los enemigos en las guerras. Las mujeres victimas de violencia machista viven en guerra: a veces el miedo es puntual (cuando él llega a casa), y otras veces las mujeres lo sienten cada segundo de sus vidas. Son muchos los miedos: miedo a quedarse solas, miedo a la reacción de sus seres queridos cuando se enteren, miedo a hacer sufrir a los demás, miedo a que sus hijos e hijas sufran violencia, miedo a la pobreza, miedo a imaginar otra vida posible, miedo al qué dirán, miedo a ser culpabilizadas de la situación, miedo a que las separen de sus mascotas, miedo a que las maten, miedo a que él descubra sus deseos de huir, miedo a que maten a sus hijos, hijas y animales.


CULPA 

Muchas de ellas sienten culpa porque creen que si se portaran bien y obedecieran, su marido no se pondría agresivo. Sienten que algo hacen mal, porque el maltratador las hace creer que son ellas las que le provocan. El maltratador las quiere sumisas, y siempre va a encontrar una manera de hacerlas responsables de la violencia que sufren. Algunos intentarán hacerles creer que lo hacen por su bien, o que no les quedó otro remedio.

La sociedad entera cuestiona a la víctima de violencia machista porque no se comprende como un hombre amable y educado puede llegar al desborde emocional y estallar en violencia. "Algo habrá hecho esa mujer", murmuran cuando ven que el vecino que da los buenos días en la escalera ha asesinado a su compañera.

La forma en que la sociedad disculpa a los maltratadores y asesinos es haciéndonos creer que están locos, o que se les cruzó el cable momentáneamente porque estaban sufriendo mucho. Por eso en la prensa de muchos países nos presentan un acto de odio como un acto de amor: la mató porque ella le hizo sufrir.


COMPASIÓN

Muchas mujeres permanecen con sus maltratadores y los siguen amando porque sienten pena por ellos. Las mujeres enamoradas ven lo que los demás no ven: al niño asustado que hay dentro de cada agresor. Les da ternura y pena, y quieren maternarlo, ayudarlo, guiarlo, educarlo, acompañarlo en su proceso con la esperanza de que ellos cambien algún día.

Les da mucha pena porque conocen bien a su agresor, creen que son buenas personas pero que tienen un problema... a veces justifican su maldad con la idea de que ellos han sufrido mucho en la infancia, en la adolescencia, o en la juventud. Conocen sus miedos, sus frustraciones, sus inseguridades, sus complejos de inferioridad y superioridad, sus rencores, y creen que ellos solo necesitan amor para poder cambiar y atreverse a ser buenas personas. Piensan que si ellas se van, algo malo les puede pasar, y les da pena imaginarles solos, sin saber cocinar, sin saber cuidarse a sí mismos. Algunas creen que es solo una etapa, que ellos en realidad no son así, y que volverán a ser los de antes.


ESPERANZA 

Muchas creen realmente que bajo la piel de la Bestia hay un príncipe azul, y que si esperan como la Bella, si les cuidan y les apoyan, sus Bestias podrán liberarse del hechizo y podrán volver a quererlas sin hacerlas daño. Por eso priorizan el cuidado del otro al suyo propio: se entregan en cuerpo y alma porque lo ven un ser indefenso y sin herramientas para gestionar sus emociones. Creen que deben amar con todo su corazón y aguantar todo lo que puedan para que él un día se de cuenta de que ellas le aman y no merecen ser golpeadas, humilladas e insultadas.

Algunas creen que podrán escapar pronto de la casa o que podrán echar a su agresor tarde o temprano, otras se ilusionan pensando que puede ocurrir algo extraordinario y que él puede cambiar de pronto, como en las películas. Muchas se aferran a su esperanza creyendo que de tanto invocarla, algún día todo acabará.


RABIA

Hay momentos en que sienten rabia porque saben que es injusto lo que están viviendo, porque en algún momento creen que se merecen ser amadas y cuidadas, porque soñaron otro tipo de vida y les ha tocado este, porque creían que podrían cambiarle y no pueden, porque a veces parece que todo terminó, y vuelve a ocurrir lo mismo, porque están hartas del ciclo que les lleva del arrepentimiento a la agresión, y de nuevo al arrepentimiento.

La rabia podría sacar a muchas mujeres del círculo de la violencia, pero a las mujeres no nos dejan expresar la rabia. A ellos sí, pero no les dejan llorar. Nosotras si podemos llorar, todo lo que queramos, pero nada de explotar, de gritar, o de hacer escenas con nuestro enfado: tradicionalmente el papel de la mujer ha sido aguantar, aguantar y aguantar. No se nos permite expresar el cabreo, la rabia, la indignación, ni el odio: tenemos que reprimirnos y por eso acabamos dirigiendo todos esos sentimientos negativos contra nosotras mismas.


NOSTALGIA 

Hay mujeres que sienten nostalgia de los tiempos en que todo iba bien, probablemente, de los inicios de la relación, cuando él se mostraba como un hombre encantador, alegre, generoso, amable y tierno. A veces se aferran a esas semanas o meses de felicidad, cuando él se esforzaba por parecer buena persona, cuando tenía gestos románticos, cuando le prometía la luna entera y soñaban juntos con una vida felices juntos. También sienten nostalgia de la época en la que no le conocían y vivían libres de violencia y sufrimiento. Nostalgia de todo aquello que soñó, nostalgia por lo que no pudo ser.


ANSIEDAD

Muchas mujeres no le cuentan a sus familias y amigas el infierno en el que viven, y como no pueden hablar de ello con nadie, sienten ansiedad. Los ratos de paz a veces duran muy poco, pero ellas están siempre en estado de alerta. Muchas tienen los nervios a flor de piel, duermen mal, comen mal, no descansan, pasan mucho miedo y nervios esperando las reacciones violentas de su marido. Algunas piden ansiolíticos y somníferos para poder soportar una vida de maltrato verbal y/o físico, pero la única manera de parar la ansiedad es escapar y llegar a un lugar seguro donde no teman por sus vidas.


ODIO 

Hay mujeres que odian a su maltratador a ratos, otras lo odian todo el tiempo. Lo odian pero tienen que disimularlo para no perder su vida. Algunas quisieran verlo muerto, otras sólo lejos de ellas y de sus hijos e hijas, si los tienen. El odio de las mujeres es como la rabia: no puede expresarse en voz alta, no puede salir de nosotras a través del cuerpo, y vuelve a nosotras en forma de odio contra las demás mujeres y contra una misma.


SENSACIÓN DE OMNIPOTENCIA

Hay algunas mujeres, en algunos momentos de la relación, que creen que pueden con todo. Creen que la responsabilidad de la situación es suya, a ratos pueden hasta creer que la controlan perfectamente. Creen que pueden amansar al Bestia, que pueden ayudarlo a resolver sus problemas, que pueden aguantar durante mucho tiempo los insultos, las humillaciones, las muestras de desprecio, los golpes, los gritos, las violaciones.

Creen que son fuertes y que pueden resistirlo, y si no, sacan la fuerza de donde pueden para resistir y soportar tanto dolor. Creen que si ellas se empeñan, podrán sacar a su compañero del pozo en el que está, o podrán cambiarle a base de paciencia y amor. Muchas tratan de ocultarlo a su gente querida porque creen que no les va a pasar nada. A pesar de que están sufriendo mucho, creen que no les está pasando nada realmente grave, o que pueden aguantar, o que deben aguantar porque no hay otra.

Hay momentos en los que esta sensación de omnipotencia les hace olvidar en el daño que está sufriendo su autoestima, y su salud mental y emocional. Como el dolor no se ve, creen que puede aguantar de todo sin que les afecte demasiado: creen que las heridas curan, cicatrizan enseguida, y no se notan.

Después, cuando viene el bajón, una se da cuenta de que está destrozada y tiene que ir recomponiendo a trozos su ser para poder sanar y volver a ser la de antes. Pero después de una experiencia traumática, nadie logra volver a ser la de antes. El problema es que cuando una se siente capaz de poder con todo, ni ve el peligro que corre, ni tampoco ve el tremendo daño que le están haciendo.


CONFUSIÓN Y CONTRADICCIÓN: AUTOENGAÑO

Lo que lleva a las mujeres al autoengaño es la enorme contradicción que sienten en algunos momentos, o durante todo el tiempo. Muchas saben que están sufriendo demasiado, que no se lo merecen, y que tendrían que salir de ahí, pero por otro lado piensan que es solo una etapa, que puede que todo cambie de repente, que puede que él algún día se de cuenta... Muchas mujeres saben que tienen que cuidarse a sí mismas, que se merecen mucho amor del bueno, que deberían compartir con alguien lo que les pasa para tener otra perspectiva sobre el tema, y para escuchar consejos sensatos.

La única forma de no autoengañarse es hablarlo con su gente querida, pero creen que es mejor no decirlo para no complicar más el asunto, y además les da verguenza, y no quieren preocupar a nadie, y creen que pueden gestionarlo solas sin ayuda. La contradicción es permanente: pueden verlo todo muy claro en una hermana o una amiga, pero no en ellas mismas, porque sienten una gran confusión y porque a la vez quieren salir de ahí, y les da pena, mucha pena, su agresor.


TRISTEZA, IMPOTENCIA, RESIGNACIÓN

Hay mujeres que viven sumidas en la tristeza, otras sólo pasan cortos períodos sintiéndose tristes. Unas lloran, otras no pueden llorar, pero son muchas las que sufren depresión. Sobre todo cuando se dan cuenta de que en realidad no pueden con la situación, no la controlan, y no logran cambiar nada. Muchas caen en la tristeza cuando se sienten resignadas o completamente atrapadas por las razones que sean, cuando sienten que no pueden hacer nada para transformar a su pareja, cuando creen que no pueden hacer nada para escapar.

La tristeza llega cuando pierden las fuerzas, la valentía, y la energía para seguir adelante. A la tristeza se suman la impotencia y el cansancio: cuanto más agotadas están, más se sienten encarceladas y condenadas a seguir así para siempre. Se mueren de pena cuando sienten que nadie puede ayudarlas, y que tampoco pueden ayudarse a sí mismas.


DESEOS DE CUIDAR

Las mujeres víctimas de violencia machista por lo general quieren proteger a su familia y amigos para que no sufran por ella, mientras protegen también a su agresor para que nadie le denuncie. Se les olvida cuidarse a sí mismas porque están pendientes del dolor de los demás, pero no del suyo propio, que a veces asumen como una condena, o como un castigo que les ha tocado, aunque no sepan por qué, ni para qué.

A muchas mujeres les salva este deseo de cuidar a los más vulnerables: sus hijos, hijas y mascotas, y se animan a denunciar porque quieren protegerlos a ellos. No piensan tanto en sí mismas como en los más vulnerables, aunque también quieran cuidar a su agresor. En algún momento ellas comprenden que es injusto vivir en un clima de terror y que aunque ella se lo merezca, sus seres más queridos no. Y es cuando esos deseos de cuidar a sus amores puede acrecentar su deseo de escapar y de pedir ayuda.


DESEOS DE ESCAPAR 

Algunas de ellas sólo sienten deseo de escapar cuando ya no pueden más, cuando la situación se hace insostenible, y otras están deseando escapar todo el tiempo, desde que empezaron los malos tratos. Este deseo de escapar es producto del instinto de supervivencia, y late en sus corazones de forma más o menos consciente.

A muchas les salva la vida este deseo, especialmente cuando empiezan a imaginar una vida libre de violencia y llena de amor del bueno, cuando empiezan a creer que tienen derecho a tener una buena vida y a disfrutar del amor, pero sobre todo, cuando tienen ayuda por parte del Estado, de su familia, de su red de amigos y amigas para huir y para salir adelante.


Coral Herrera Gómez

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5 de abril de 2020

Gente famosa y gente importante



Gente famosa y gente importante: es el momento ideal para que la televisión nos hable de la gente verdaderamente importante, y deje de endiosar a las personas menos útiles y productivas de nuestra sociedad: futbolistas, princesas, millonarios, famosas del corazón, herederas de imperios y demás personajes. Porque no son un ejemplo a seguir para nadie, ni aportan nada, aunque haya tanta gente que los admire.

Yo los veo a todos, en general, gente muy vaga, insolidaria y egoísta, y me cuesta entender que tantas personas quieran ser como ellos. Estaría bien que desaparecieran de las pantallas, porque en realidad no nos sienta nada bien la frustración y la envidia que tantos sienten viendo sus cochazos de lujo, sus mansiones, sus viajes en yate o avión, y sus toneladas de tiempo libre.

Yo le daría espacio en los medios a las historias de la gente de la que dependemos ahora: las enfermeras de urgencias con sus turnos de 48 horas, las cajeras y reponedoras que están expuestas a la pandemia cada día, las cuidadoras de las residencias que acogen bebés, niños y gente mayor poniendo en riesgo su vida, la gente que recoge frutas y verduras en condiciones infrahumanas en el campo para que podamos comer, las mujeres que limpian y cocinan en hospitales y cárceles, los transportistas que distribuyen la comida y los suministros sanitarios.

Su trabajo es indispensable para nuestra superviviencia, y los medios pueden ayudar a dignificar sus profesiones si nos muestran sus rostros y nos cuentan sus historias de lucha y superación personal. Hasta ahora sólo nos invitaban a aplaudir a chavales que patean balones, chavalas que cuentan su vida en platós, herederos que viven como reyes, y que pagan mucho menos de impuestos que los trabajadores y trabajadoras más precarias...

Ahora que aplaudimos a la gente más necesaria desde nuestros balcones, es un buen momento para que los medios dejen a un lado a los famosos y las famosas, y pongan el foco en la gente más trabajadora, valiente, y solidaria. La gente más importante.

Coral Herrera Gómez

2 de abril de 2020

Parejas que disfrutan, y parejas que sufren durante el confinamiento del Coronavirus

Foto de Susan Sleeply Slipsaway


Hoy pensaba en lo felices que tienen que estar las parejas recién enamoradas que han podido confinarse juntas, y se pasan el día follando como locos, contándose la vida, imaginando su futuro juntos, diseñando su proyecto en común, comiendo rico, durmiendo como leones, jugando a todas horas, y abriéndose en canal para deslumbrar al otro con su alma desnuda. Ahora muchas de estas parejas no tienen que abandonar la cama para ir a trabajar, ya no sufren por la falta de tiempo para amar, y pueden olvidarse de los relojes durante varias horas al día para saborear el presente como nunca.

También imagino felices a las pocas parejas que se quieren y se llevan bien, algunas quizás llevan juntas muchos años y disfrutan de las mieles del amor compañero. Su etapa de enamoramiento terminó hace mucho tiempo, pero han logrado formar equipo, apoyarse mutuamente en los momentos difíciles, y hacer frente a las crisis de pareja y a la pesadez de la convivencia y la rutina. Algunas han sacado adelante una familia con hijos e hijas y hoy probablemente tienen que estar solos, sin verlos y sin disfrutar de los nietos y nietas si los hay, pero contentos porque se tienen mutuamente y disfrutan de la compañía y la ayuda mutua que se prestan. 

Pienso en las parejas separadas por el confinamiento, bien en la misma ciudad, o en diferentes ciudades o países, sufriendo por la distancia, deseandose brutalmente, haciendo videollamadas a diario, soñando con el día en el que podrán juntarse de nuevo y saborearse el uno al otro con una intensidad brutal. Pienso sobre todo en los y las adolescentes, su sed de besos, de caricias, de frotamientos, su necesidad de oler y tocarse, los abrazos que no pueden darse. 

También pienso en las parejas que trabajan en hospitales o lugares de riesgo y no pueden hacer el amor, ni siquiera tocarse, para no contagiarse. E imagino las ganas tremendas que se tienen, y los momentos duros que les estará tocando vivir teniendo a su pareja tan cerca y tan lejos a la vez.

Pienso en las parejas que están sufriendo porque les toca estar juntos. Bien porque ya tenían pensado separarse pero les sobrevino la crisis y no les dio tiempo, bien porque no se pueden divorciar porque no tienen ingresos suficientes para vivir por separado y con la situación actual y la que viene, no podrán hacerlo tampoco ni aunque quieran. Los imagino compartiendo techo pero no lecho, intentando no hablar, intentando disimular frente a los hijos e hijas, quienes los tengan, y soñando con poder emprender pronto el vuelo. 

También hay parejas que están sufriendo porque se han dado cuenta de que no soportan a la otra persona, y algunas, de que no se soportan ni a sí mismas. Quizás lo sabían pero con el jaleo de la vida "normal" no tenían tiempo para plantearselo, quizás vivían en lucha perpetua pero algunas tenían amantes que les hacían más fácil sobrellevar su matrimonio. Y en una situación de encierro, lo que antes parecía una crisis puede que ahora sea una catástrofe, y la sensación de estar atrapada o atrapado puede empeorar mucho este sufrimiento de tener que pasar las 24 horas del día con alguien a quien no quieren, y con quien no se llevan bien. 

Hay parejas que se quieren mucho pero no pueden convivir juntas porque se pelean: unas habrán optado por estar separados y echarse de menos, que tampoco viene nada mal, y otras habrán optado por intentar convivir para darse compañía y calorcito. Habrá incluso ex parejas de estas que se llevan de maravilla que habrán podido optar por juntarse temporalmente si tienen hijos en común y no quieren estar cambiando a los niños y niñas de casa. 

También imagino a las parejas clandestinas: habrá gente escapando de sus hogares para ir a pasar una noche con sus parejas, sorteando a la policía, rezando para que no les descubran yendo a ver a sus amores.

Habrá parejas que estén haciendo terapia para intentar salvar su relación, dando lo mejor de sí mismos, hablando mucho, llorando a mares, tratando de recomponer la relación, viendo a ver si es posible empezar de nuevo... 

Imagino que habrá parejas en las que uno de ellos, o los dos, estén amargados echando de menos a sus amantes y odiando a su esposo o esposa, habrá parejas que se estarán conociendo de verdad y puede que les guste mucho (o nada) lo que están descubriendo.

Habrá parejas en las que uno de los dos no se siente correspondido o correspondida y está sufriendo porque sabe que su pareja se iría si pudiera. 

Seguro que hay también gente que está reconectando después de haber pasado un tiempo desconectados o distanciados, parejas unidas por el miedo a la soledad, o parejas que quieren volver a intentarlo cuando termine el aislamiento.

Habrá parejas que se han dado cuenta con tristeza de que se les ha acabado el amor y que lo mejor es separarse cuando todo esto termine, y están viviendo sus últimos días con una mezcla de nostalgia, miedo, dolor y pena. 

Habrá parejas que estén haciendo números cuando los niños duermen, desesperados porque les rebajaron el sueldo, les echaron del trabajo, o se les cayeron todos los proyectos de los siguientes meses y no saben cómo van a pagar el alquiler de la casa o la hipoteca, las facturas de luz y agua, y la comida de cada mes. Las imagino angustiadas con la situación, especialmente a toda la gente que vive al día, a la gente que si no trabaja no come, a las personas autónomas que no tienen salario, a las personas que antes tenían salario y ahora no. Y las imagino a algunas unidas haciendo frente al miedo y la incertidumbre, dándose calorcito humano y apoyándose.

A otras parejas las imagino peleando, y sufriendo por la cantidad de tensión y de rencor acumulado, intentando convivir en paz, o bien en constante batalla campal. Habrá gente que esté intentando practicar la comunicación no violenta, y gente que no tiene herramientas para gestionar la ira, el miedo, el cabreo, o la sensación de estar sufriendo como un animal enjaulado. 

Pero en quienes más pienso, es en las mujeres que conviven con sus agresores, antes atrapadas por la dependencia económica y la emocional, o las amenazas de muerte de él si decidían separarse, y que ahora están encerradas con ellos sin posibilidad de hablar con su familia o amigas sobre el infierno que están viviendo. Pienso también en sus hijos, hijas y mascotas, y el miedo que deben de sentir todos ante los estallidos de ira con violencia, el miedo a que un mal golpe mate a su madre, y la sensación horrible de que no hay una salida, y que después del encierro probablemente tampoco la habrá. Pienso mucho en las que no van a sobrevivir porque serán víctimas de femicidio: no podrán volver a la calle, no podrán volver a abrazar a los suyos, no podrán volver a la normalidad, porque sus maridos no han recibido la vacuna contra la violencia machista, aunque la descubrimos hace mucho. 

Pienso tambièn en las que están pidiendo ayuda en los teléfonos de emergencia pese a lo difícil de la situación, las que han podido ir a una casa de acogida para escapar de su agresor, las que han recibido ayuda de sus familias, amistades, el gobierno o colectivas feministas para salir del hogar, y me aferro con esperanza pensando en todas las que sí van a salvarse gracias a las redes de apoyo y cuidados. Las imagino tranquilas lejos de su agresor, las imagino pudiendo dormir bien por las noches, las imagino soñando con un futuro mejor. 

Coral Herrera Gómez 



1 de marzo de 2020

Autoboicot en el amor: ¿por qué te lo pones tan difícil?


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Autoboicot en el amor: ¿por qué me lo pongo tan difícil? 

A veces pasa que en medio del romance, te das cuenta de que con esa persona no vas a ser feliz. Pero en lugar de facilitarte las cosas y dejar esa relación, sigues en ella: te haces auto-boicot a ti misma, porque le das prioridad al romance, no a tu bienestar ni a tu felicidad. Es decir, quieres vivir tu historia de amor aunque sea sufriendo, pero ni se te pasa por la cabeza que sin pareja estarías mucho mejor. 

Esta es una forma de boicotearse muy común en las mujeres, porque no nos cuidamos ni nos demostramos amor a nosotras mismas cuando nos enamoramos, ni nos preocupamos por nuestra salud mental, emocional y física

Sin embargo, sufrir por amor duele mucho, y deja en nosotras una huella imborrable. Nos afecta a todos los niveles, y nos impide disfrutar de los demás afectos y de nuestras propias pasiones, porque lo inunda todo. Nos limita, nos atrapa, nos deprime: sufrir no es gratis, tiene un costo muy elevado para todas nosotras. Por eso hay que intentar ahorrarse el sufrimiento, y rodearse solo de buenas compañías: gente amorosa y comprometida que sepa quererte bien y que sepa disfrutar del amor.  

Otras veces pasa que te enamoras de alguien, alguien se enamora de ti, surge la chispa, hay correspondencia, y todo se incendia. Pero en lugar de disfrutar de la pasión, nos ponemos muros y obstáculos al amor. Nos da por el drama, por negarnos a nosotras mismas nuestros sentimientos y nos auto-reprimimos. Nos cortamos las alas para volar, nos morimos de miedo, empiezan los problemas, y no hacemos otra cosa que sufrir, y hacer sufrir a la otra persona. Es curioso como a veces aunque se den las condiciones para estar bien, preferimos estar mal. 

Sucede por ejemplo con las parejas que acaban de unirse y se colocan inmediatamente en la estructura de la pareja con celos. No acaban ni de empezar, y ya están inventando infidelidades, generando sospechas, ejerciendo la vigilancia, reclamando más atención, haciendo reproches, y convirtiendo la relación en un infierno. 

Hay parejas que tienen una breve luna de miel, y después ya entran en la clásica rutina de las parejas en guerra, con sus luchas de poder, su afán por dominarse mutuamente, sus peleas y sus reconciliaciones. Hay otras parejas que ni son capaces de disfrutar de la luna de miel, y pasan directamente a la estructura de la pareja en guerra. 

¿Por qué nos autoboicoteamos en el amor? 

Muchas veces sucede que creemos que no nos merecemos ser felices. Soñamos con poder serlo, pero cuando la felicidad llega, no sabemos cómo vivirla. 

En todos los relatos de nuestra cultura, los héroes y las heroínas sufren. Todos atraviesan un valle de lágrimas para alcanzar el paraíso, por eso creemos que para llegar a ser felices primero tenemos que sufrir. Además, está la culpa: ser felices parece cosa de egoístas. 

Disfrutar de la vida se hace difícil cuando creemos que no somos dignas de ser amadas, que no somos lo suficientemente sexys, atractivas, guapas, que no valemos nada y que en cualquier momento la persona que se ha fijado en ti va a dejar de sentir deseo por ti. 

Se trata de nuestra autoestima: nos sentimos poco merecedoras de ser amadas porque nos vemos imperfectas, porque no nos acabamos de aceptar y querer tal y como somos, y nos cuesta creer que alguien de fuera si nos acepte y nos quiera tal y como somos. 

Interiorizamos la guerra contra el patriarcado y la dirigimos contra nosotras mismas, a veces de manera tan intensa que nos castigamos y nos prohibimos la posibilidad de vivir una historia de amor bonita. 

No es difícil entender por qué ese castigo: hemos interiorizado la misoginia del patriarcado, y aprendemos a odiarnos a nosotras mismas, y a tratarnos mal. El patriarcado nos quiere deprimidas, amargadas, perdidas, confundidas, inseguras, miedosas, frustradas, y en guerra contra nosotras mismas. Y nosotras sin darnos cuenta interiorizamos ese odio. Es una forma de maltrato que no somos capaces de ver desde dentro, porque no lo identificamos como tal: nos creemos que la violencia viene siempre desde fuera. 

Tenemos tan interiorizada la idea de que amar implica sufrir inevitablemente, que nos cuesta mucho empezar una relación desde el placer y desde el disfrute. No nos podemos creer que todo vaya tan bien, esperamos el momento en el que tenemos que despertar de nuestro “sueño”, creemos que se acabará más temprano que tarde. Anticipamos el sufrimiento porque de alguna manera cuando nos enamoramos nos sentimos desarmadas, vulnerables, en desventaja, especialmente si la otra persona no siente lo mismo o no siente con la misma intensidad que nosotros. 

Como en nuestra cultura el amor es una guerra, en cuanto nos enamoramos nos preparamos para la batalla contra el otro. Para que no nos dominen, para que no nos utilicen, para que no nos engañen, para que no jueguen sucio. Para que no nos limiten la libertad, para que no nos hagan daño; vamos al amor con sistemas defensivos a la vez que sentimos ilusión por la historia de amor que empieza. 

Es una de las formas más comunes de autoboicotearse: relacionarse con la pareja o con los demás desde el miedo. El miedo al rechazo, el miedo a que se enamoren de nosotros, el miedo a que no se enamoren, el miedo a que nos mientan y nos traicionen, el miedo a que nos rompan el corazón, el miedo a ser abandonadas, el miedo a no estar a la altura… el miedo no nos deja disfrutar, nos hace presos de la desconfianza. Y comenzar una relación desde la desconfianza supone tener a la otra persona como enemiga, bajo el foco siempre de la sospecha. 

Nuestra cultura está obsesionada con el sufrimiento. Las canciones populares no son de amor, son de desamor. Muchas están plagadas de lamentos, reproches, acusaciones, amenazas, chantajes emocionales: son canciones de despecho, de desahogo, de dolor.  Casi ningún artista le canta al amor feliz. 

Cuando tomas conciencia de las formas en que te boicoteas a ti misma,  es más fácil romper con la dinámica del sufrimiento: hay que darse permiso para disfrutar del amor el tiempo que dure, hay que hacerse la vida más bonita y más fácil a una misma, y a los demás. Tenemos derecho al placer, a la felicidad, a estar bien: disfrutar es un asunto político, porque el patriarcado nos quiere en guerra contra nosotras mismas. Así que gozar es un acto subversivo muy feminista: cuanto más disfrutemos del amor y de nosotras mismas, más felices somos, y menos fuerza tiene el patriarcado sobre nosotras.

Paremos el auto-boicot: nos merecemos disfrutar de la vida y del amor.  

Coral Herrera Gómez 




Ya a la venta en ebook. En papel lo tendréis en julio, en todas las librerías. 

2 de febrero de 2020

Desconexión total: la mejor manera de desengancharse de una relación

 



La desconexión total es la estrategia más potente para olvidar a tu ex y para  desengancharte del amor romántico. El contacto cero es lo mejor para evitar hacernos daño mutuamente y para desintoxicarnos de la droga del amor. 

Cuando dejamos el alcohol o el tabaco, nuestro cerebro nos engaña con una voz seductora que nos invita a coger un cigarro o a tomarnos una cervecita (no se va a acabar el mundo, no te va a ver nadie, en realidad no es tan grave, es sólo un cigarro, es sólo una birra, esta vez será la última de verdad, etc.). 

Esto sucede porque nuestro sistema nervioso necesita la nicotina y todas las sustancias que hacen adictivo el tabaco, o necesita el alcohol, o cualquier otra sustancia u objeto que nos hace esclavos de los mecanismos químicos de recompensa que activa el cuerpo cuando los consumimos. Todo el mundo sabe que para dejar de fumar, lo mejor es dejar de fumar y tomar conciencia de que se acabó para siempre.

Lo mismo entonces con el amor: primero hay que desintoxicarse para poder limpiarse, y luego viene la tarea de liberarnos de la adicción. Tenemos que pasar "el mono" o síndrome de abstinencia sabiendo que habrá momentos buenos, momentos malos, muy malos y horribles. Tenemos que cuidarnos mucho, igual que alguien que está dejando el alcohol o el juego, y rodearnos de nuestra gente querida para coger fuerzas y evitar recaídas. 

Nuestro cerebro tratará de engañarnos con mil trucos y estrategias porque necesita la serotonina, la dopamina, la oxitocina, la adrenalina, y todas esas drogas placenteras que fabrica nuestro cerebro cuando da y recibe amor. Nosotras tenemos entonces que resistir las ganas de llamar, de pedir un último encuentro por enésima vez, de buscar excusas para entrar en contacto con la persona de la que tenemos que desenamorarnos. 

Para mí, han sido necesarios siempre muchos meses e incluso uno o dos años de desconexión total, aunque siempre lo he hecho con la complicidad de la otra persona. Nos hemos dicho: "Yo sé que tú vas a estar bien, tú sabes que yo voy a estar bien, y si nos pasa algo, nuestros amigos y conocidos nos informan. Así que no hablemos, no nos llamemos, no nos veamos: los dos sabemos que nos queremos mucho y que esto es necesario para poder deshacer el lazo, soltar y emprender el vuelo cada uno por su lado".

La desconexión total  nunca debe de servir para hacer daño a la otra persona, no se utiliza como amenaza, ni como chantaje: es sólo una estrategia para sanar, para cuidarse a una misma, y para rehacer la vida. Beneficia a los dos miembros de la pareja, especialmente cuando se trata de separaciones muy dolorosas o muy difíciles.

Cuando hay hijos e hijas de por medio, el contacto cero puede hacerse con la ayuda de la familia y los amigos más cercanos, que seguro que están encantados y encantadas de ayudaros para superar la transición. Cuando hay asuntos legales y económicos de por medio, os pueden ayudar los profesionales (abogadas, asesorxs, etc.), o también la gente cercana. 

Este acuerdo puedes hacerlo contigo misma si la otra persona no quiere participar: "Me desconecto de ti sin rencores, sin odios, con mucho amor hacia ti y sobre todo hacia mi misma". Desenamorarse lleva tiempo y hay que tener paciencia, pero ayuda mucho cuando no sabes nada de la otra persona. 

O cuando sabes que está bien, pero no te enteras de si está hecha polvo, de si está feliz, de si ya tiene otra nueva pareja, de manera que no hay dolor: como sólo tienes información sobre el pasado, no queda de otra que mirar para delante y seguir el camino. Nos llevamos los recuerdos, pero nuestro presente ya está desligado de su presente, y esto es fundamental para poder vaciarnos de amor y dejar sitio para todos los afectos nuevos que están por venir. 

La Desconexión Total puede terminar cuando acaba ya no nos duele pensar en la otra persona, cuando el duelo acaba y nos damos cuenta de que estamos rehaciendo nuestra vida, cuando ya estamos enfocadas en nosotras mismas y en nuestros proyectos, cuando ya no queda ninguna emoción fuerte que nos remueva por dentro, cuando hemos aceptado plenamente el final, cuando estamos conectadas con otras pasiones, y cuando ya estamos mirando hacia el futuro con ilusión. 

Coral Herrera Gómez

22 de enero de 2020

La autoestima y el Laboratorio del Amor




La Comunidad de Mujeres del Laboratorio del Amor es un espacio virtual en el que trabajamos juntas mujeres de muchos países diferentes, cada cual a su ritmo y con sus horarios. Es un espacio sororario y lleno de amor compañero en el que trabajamos desde la filosofía de que lo personal es político, y que se puede sufrir menos y disfrutar más del amor.

Vamos a trabajar la autoestima a fondo en estos dos meses, si queréis más información podéis visitar mi web y apuntaros cuando queráis, tenéis:

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