11 de noviembre de 2010

Apuntes sobre el divorcio



Los datos de 2007 sobre los índices de divorcio en España se resumían así : por cada cuatro matrimonios  se divorcian tres: "Se produce un divorcio cada 3,7 minutos, es decir, 16 cada hora, y 386 al día", según un informe del IPF.

Separarse, romper la unión, deshacer los lazos, ha sido y es un fenómeno corriente en la historia de la Humanidad, aunque según Barash y Lipton (2003) también es un fenómeno común en el reino animal.  Las causas que los sociobiólogos han encontrado en el divorcio entre los animales tienen que ver con la incompatibilidad (conductual, genética, fisiológica) entre los miembros de la pareja, en cuyo caso la separación es juzgada como beneficiosa para ambos. Una visión alternativa, propuesta recientemente, es la llamada hipótesis de la mejor opción, que sugiere que el divorcio es resultado de una decisión unilateral tomada por uno o los dos miembros de la pareja establecida, que aspiran a mejorar su situación.

Entre los humanos, el divorcio es un fenómeno con una historia legal muy reciente. Hasta hace poco, las personas o permanecían juntas toda la vida, o su convivencia cesaba sin ningún tipo de bendición religiosa o reconocimiento legal o jurídico. En este sentido, el divorcio, igual que el matrimonio, ha sido siempre cosa de las clases altas.

Según Helen Fisher (2007), el divorcio es frecuente en las sociedades donde tanto las mujeres como los hombres son dueños de tierras, animales, dinero en efecto, información u oros bienes valiosos o recursos, y donde ambos tienen el derecho de redistribuir o intercambiar  sus patrimonios fuera del círculo de la familia inmediata. Cuando hombres y mujeres no dependen el uno del otro para la supervivencia, una pareja con problemas puede divorciarse, y de hecho a menudo lo hace”.

Esta correlación entre independencia económica y divorcio se verifica en numerosas culturas. Por ejemplo, entre los yoruba del África occidental son las mujeres quienes controlan el complejo sistema económico: manejan el cultivo, transportan la cosecha hasta el mercado semanal, y venden la mercancía. Como resultado de esto, las mujeres traen a casa no sólo provisiones sino también dinero y artículos santuarios, lo que Fisher denomina riqueza independiente: “Hasta un 46% de matrimonios yoruba terminaban en divorcio. La autonomía económica personal, pues, genera libertad para separarse”.

En cambio, el divorcio disminuye en sociedades desiguales en los que la gente se relaciona en torno a la discriminación de género, es decir, cuando los cónyuges dependen unos de otros para la subsistencia:

 “La más notable correlación entre dependencia económica y una baja tasa de divorcios se verifica en la Europa preindustrial y en todas las sociedades que trabajan la tierra con arado, como es el caso de la India y China. (…) Además, existe una ineludible realidad ecológica: las parejas de agricultores se necesitan para sobrevivir. Los agricultores estaban atados a la tierra, uno al otro, y a una compleja parentela que formaba una red inalterable. En estas circunstancias, el divorcio no era una alternativa práctica”(Fisher, 2007).

Existen numerosas sociedades donde no se practica el divorcio, o donde es difícil conseguirlo, o donde ha sido prohibido por la religión y el poder político (los antiguos incas no lo practicaban, la Iglesia católica apostólica romana lo prohibió, en la religión musulmana solo puede divorciarse el hombre; la mujer solo puede ser abandonada). Para Fisher la diferencia entre la sociedad occidental y otras es que existen comunidades que no hacen del divorcio una cuestión moral, aunque entiendan que es un proceso doloroso y difícil:

Si dos personas no pueden vivir juntas armoniosamente, mejor será que se separen” es el lema de los engoles de Liberia.

En el cristianismo, al principio los padres de la Biblia tenían las opiniones divididas acerca del tema del divorcio, a pesar del consejo de Jesús en torno al matrimonio: “Lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe”. No obstante algunos pasajes de la Biblia enviaban mensajes contradictorios y algunos eruditos piensan que los primeros cristianos tenían el derecho tanto legal como religioso divorciarse de su esposa por adulterio o por no ser creyente. 

El divorcio sin embargo nunca fue común entre los cristianos agricultores, ni antes ni después de la decadencia romana, según Fisher (1992). No todos nuestros antepasados labriegos creían en Dios. No todos esos hombres y mujeres formaban parejas felices. A no todos ellos les entusiasmaba la idea de volver a casarse. Pero la inmensa mayoría de esas personas vivan del sol y de la tierra. Los labriegos estaban uncidos a sus tierras y a sus parejas… para siempre” (Fisher, 1992).

Se piensa que San Agustín fue el primer líder de la Iglesia que consideró el matrimonio un sacramento sagrado, y con el paso de los siglos prácticamente todas las autoridades cristianas determinaron que el divorcio es impensable en cualquier circunstancia para los miembros de la Iglesia católica.  

Durante la Edad Media, la Iglesia trató de imponer su visión sobre la indisolubilidad del matrimonio y luchó contra el repudio de la mujer por parte del esposo, según Leah Otis-Cour (2000): “Se aceptó de manera creciente que sólo la Iglesia tenía jurisdicción en tales cuestiones. Una separación no era un mero asunto familiar, sino una cuestión que debía ser resuelta por los tribunales de la Iglesia, que se volvieron más uniformes y consecuentes en sus decisiones. Pero tuvieron que pasar muchas generaciones antes de que se impusieran en la sociedad las nuevas normas matrimoniales. En el mundo celta siguió existiendo el divorcio, y en la Península Ibérica el repudio de las mujeres”.

Si en el pasado el matrimonio había sido un estado del que se podía salir con facilidad, hacia el final de la Edad Media ciertos hombres lo consideraban una “auténtica cárcel, una trampa de la que teóricamente no había escapatoria”. En términos generales, esta situación fortaleció la posición de la mujer según Otis-Cour, pues en el pasado el divorcio había equivalido, en la mayoría de los casos, al repudio de la mujer por parte del hombre.  


La Revolución Industrial modificó la relación económica entre hombres y mujeres, y contribuyó a estimular el surgimiento de modelos más modernos de divorcio. En el siglo XX la gente se casa por amor, y se separa por lo mismo. Es decir, tratamos de conjugar institución y emociones pese a que el matrimonio es una estructura sólida pensada para durar, y el amor romántico en cambio es perecedero, imprevisible y difícil de controlar a voluntad propia. 

En la actualidad, el divorcio legal es posible para todo el mundo en las sociedades democráticas, pero no lo es a nivel económico, ya que muchas parejas no pueden permitírselo, sobre todo desde el boom inmobiliario que ha atado a las parejas en un contrato económico del que es difícil desligarse.

Autores como Jaeggi y Hollstein (1985) han resaltado el el coste económico de los divorcios para  las naciones, y el coste psíquico y emocional para las personas:

 “Hasta ahora nadie ha pensado ni ha calculado lo que en el ámbito de la economía nacional se ha gastado y se sigue consumiendo en fuerzas, recursos y dinero por culpa de las crisis de la pareja, de las angustias del amor y de los esfuerzos para superar el dolor. Pero, a pesar de la falta de datos y de números concretos, se puede concluir que, para la economía nacional, la separación se ha convertido en un problema que absorbe una parte considerable del producto interior bruto”.



Las razones principales por las que se divorcian las personas son: el agotamiento del amor, el aburrimiento, la infidelidad, los problemas de convivencia, la falta de intimidad, la ausencia de comunicación, los reproches mutuos y las discusiones amargas, la carga doméstica no compartida, las adicciones, el rechazo o la indiferencia sexual

Según Helen Fisher, los motivos que hombres y mujeres dan para querer interrumpir el vínculo matrimonial son tan variados como los que tuvieron para casarse, pero hay algunas circunstancias comunes a todas las personas que eligen terminar una relación:

El adulterio manifiesto encabeza la lista. En un estudio sobre 160 sociedades, la antropóloga Laura Vestí demostró que la infidelidad (sobre todo la femenina) es la razón más comúnmente alegada para pedir el divorcio.
- La frigidez, la esterilidad y la impotencia sexual.
- La violencia masculina.
- La personalidad y la conducta del cónyuge: entre las razones más aducidas están el mal carácter, tener celos en exceso, regañar constantemente, ser totalmente dependiente del otro, no ser respetuoso, no contribuir al trabajo en común, la indiferencia sexual, la violencia, el estar siempre ausente o la existencia de otra pareja.


La característica más peculiar y sobresaliente del divorcio es que se produce a los pocos años del casamiento, alrededor de la época del cuarto año. Esto es una realidad transcultural que la antropóloga Fisher (2007) ha constatado en sus estudios:
- En las 24 sociedades sobre las cuales los anuarios de las Naciones Unidas ofrecen información, el riesgo de divorcio alcanza su pico máximo entre los 25 y los 29 años para los hombres, mientras que para las mujeres tiene un doble pico máximo, entre los 25 y los 29, y entre los 20-24. El 81% de todos los divorcios ocurre antes de los 45 años en el caso de las mujeres. 
- En los grupos de mayor edad, el divorcio se vuelve menos y menos frecuente. Y ya en la edad madura el divorcio es un fenómeno raro. 
- El 39% de las parejas que se divorciaron no tenía hijos dependientes, el 26% tenía un solo hijo dependiente, el 19% con dos hijos, el 7% en parejas con tres; el 3% eran parejas con cuatro, y las parejas con 5 o más hijos raramente se separaron. Por lo tanto cuantos más hijos tiene una pareja, menos probable es que los cónyuges se divorcien. 
- El período promedio entre divorcio y nuevo casamiento es de tres años. El 80% de todos los varones divorciados norteamericanos y el 75% de las mujeres divorciadas norteamericanas vuelven a casarse.  


En España el divorcio se legalizó en el año 1981, lo que supuso un avance gigantesco en la lucha por la igualdad que sostenía el feminismo. Antes de 1981 una mujer no podía separarse y si abandonaba el domicilio conyugal era buscada por la policía y devuelta a su casa; la paliza que esperaba a la mujer rebelde era de morirse, porque los maridos de entonces tenían el respaldo de la ley para ejercer la violencia con sus esposas. A los asesinatos de mujeres se les denominaba "crímenes pasionales", y eran condenados por la sociedad, que se escandalizaba ante las mujeres que reclamaban sus derechos y libertades. Sobre todo, lo más importante fue la batalla por la independencia femenina a nivel económico (gracias a su introducción masiva al mercado laboral en los años 80), y la soberanía total de sus cuerpos (gracias a la píldora y al condón).

También los hombres se han beneficiado de esta ley porque les permitió acabar con los dobles matrimonios (el oficial y el oculto), o con matrimonios rotos basados en el odio mutuo que se mostraban como perfectos de puertas para fuera. Dentro, la gente pudo acabar con sus infiernos conyugales gracias a una ley que por fin eximía a las mujeres de estar bajo la tutela de nadie, y que legalizaba su autonomía personal.

Como ya vimos en el post dedicado al desamor, los divorcios no son solo separaciones sentimentales, sino que a menudo suponen la destrucción de la estructura de vida, basada en la familia nuclear, y también la eliminación del status de casado/a, que tiene consecuencias fiscales y sociales. Se dejan atrás vivencias compartidas, recuerdos buenos y malos, sueños y decepciones, proyectos en común, guerras internas, amistades y espacios compartidos. Se rompe el pacto económico, pero si hay hijos se crean otros. Se rompen unas dependencias, pero surgen otras nuevas.

Así que el divorcio posee varias dimensiones: la social, la económica, la sentimental... y es que los procesos de separación a menudo se ven inundados por una amalgama de sentimientos intensos (despecho, desprecio, tristeza, nostalgia, amargura, desesperación u odio), y pueden ser amistosos, o largos y complicados. Muchas personas actúan vengativa o cruelmente e involucran a sus hijos e hijas en el conflicto; pero muchas otras hacen fiestas de divorcio y se separan amistosamente (en Estados Unidos están de moda las empresas que organizan eventos de este tipo).

El matrimonio Beck (2001) aporta una idea novedosa para las ciencias sociales actuales: el concepto de “matrimonio postmatrimonial” y el concepto de “divorcio intramatrimonial”: 

De manera similar a alguien que ha perdido el brazo, pero que sigue utilizándolo, los divorciados siguen manteniendo durante muchos años un matrimonio sin matrimonio; pues el otro está presente con toda la intensidad de la ausencia y del dolor que su pérdida provoca. Sólo quien equipara el matrimonio con sexualidad, amor y convivencia, puede caer en el error de creer que el divorcio significa el final del matrimonio. Si se ponen en el centro los problemas económicos de la manutención, los hijos o la biografía vivida conjuntamente, se ve claramente que el matrimonio ni siquiera termina en el ámbito jurídico con el divorcio; más bien pasa a una nueva fase del “matrimonio de separación”. Los divorciados quedan unidos, a pesar de todo, por múltiples y diversos vínculos, como los hijos comunes y el recuerdo de la vida, “hasta que la muerte los separe”.

6 de noviembre de 2010

LOS AMORES SWINGER


 
 Debido a la doble moral de la cultura patriarcal, tradicionalmente los hombres han podido tener relaciones sexuales al margen del matrimonio frecuentando prostíbulos, burdeles, mancebías, casas de citas, puticlubs, etc. en los cuales podían satisfacer sus fantasías sexuales con una o más mujeres a cambio de dinero. Nunca ha existido un lugar semejante para las mujeres, a excepción de las cortes faraónicas o reales en las que las reinas y las mujeres de la nobleza tenían sus harenes masculinos más o menos encubiertos.

Sin embargo, en la posmodernidad existen espacios para el placer compartido en los que las mujeres pueden desarrollar prácticas sexuales alejadas de la norma y de la moral sexual tradicional. Estos lugares de encuentro (chalés, casas particulares, hoteles, discotecas o bares) son utilizados por mujeres que llevan a cabo sus fantasías sexuales, a solas o con sus compañeros, en un ambiente liberal. 

En las ciudades occidentales proliferan este tipo de espacios normalmente enfocados a los intercambios de pareja, en los que su máxima ley es el consentimiento mutuo y la libertad de elegir el número de personas o el tipo de prácticas sexuales que se  prefieren. En ellos se cuida al máximo la higiene y la seguridad (por un lado, la sexual –se fomenta el uso de preservativos- y por otro la seguridad de las personas ante situaciones conflictivas).

Su norma básica es el respeto: “No” significa siempre “no”, y no suele ir seguido de un “¿Por qué?”, de modo que las relaciones entre las personas que se encuentran allí no se tensen ni se produzcan malentendidos. Dado que nuestra cultura amorosa está basada en la posesividad y la exclusividad sexual de la pareja, las personas que acuden a este tipo de locales, fiestas, festivales o encuentros cuidan al máximo sus comportamientos y modos de relacionarse, porque son conscientes de que es un mundo alternativo a la sexualidad hegemónica en el que pueden surgir emociones intensas (celos, miedo, inseguridades, y emociones contradictorias como excitarse por ver a su pareja disfrutar con otra persona y a la vez sentir celos). Por ello la cortesía, la educación y la elegancia en el trato son básicos.

Existen, además, las figuras de los mediadores, que vigilan la armonía del entorno y guían a las parejas en el funcionamiento del local. Una pareja puede elegir el grado de implicación y participación en los intercambios sexuales según sus apetencias. En España estos sitios proporcionan una pulsera de colores que marca ese grado de implicación: desde parejas que solo quieren mirar o que los demás les miren mientras practican sexo, hasta la forma de empezar por primera vez un intercambio con una pareja. Los mediadores pueden presentar a parejas que se gusten y no se atrevan a saludarse por miedo al rechazo, asesoran a las parejas para su actitud no presione a otras personas, y resuelven cualquier duda o conflicto que pudiera presentarse.

Existe una especie de manual de etiqueta para este tipo de contactos, aunque es un código no escrito y está normalizado más que nada por el uso y por la cortesía elemental.

1. Amabilidad. Aunque no te interesara llevar a cabo algún encuentro sexual con otra pareja o persona, respeta sus sentimientos, sus deseos y sus gustos, aunque no coincidan con los tuyos.

2. Contesta los mensajes. No dejes de contestar los mensajes que te envíen, aun cuando sea para decir simplemente "No, gracias"; de esa manera evitas que alguien pierda el tiempo esperando inútilmente. 


3. Prepárate. Si deciden con tu pareja concretar un encuentro con alguien, toma las previsiones del caso. No olvides JAMAS llevar encima la correspondiente cajita de preservativos.


4. Toma en cuenta los sentimientos de los demás. Observa si tu pareja y la otras personas actúan de un modo relajado o tenso, e intenta, si algo anda mal, disipar el mal momento con un gesto afectuoso o de confianza. 


5. No seas insistente. Si alguien te dice NO, no es válido preguntar POR QUÉ, porque después de todo, el ser swinger significa también la libertad
 de decisión y de elección para todos. Aquí en todos los caso NO significa NO.
6. Sólo acepta lo que sea divertido para tod@s. Recuerda, ésa es la idea, divertirse y pasar un rato agradable.



Lo curioso del fenómeno es que el perfil de este colectivo de personas es de clase media-alta y profesiones liberales: jueces, profesoras, ejecutivos, empresarias, académicos, funcionarias, médicos, etc. En las páginas webs de los locales de encuentros de parejas existen guías y recomendaciones para las personas que quieran abrir su intimidad sexual para compartirla con más gente. Todas ellas recomiendan tener tacto, actuar con sinceridad, honestidad, y propiciar la comunicación. Normalmente son los hombres quienes introducen a sus parejas femeninas en este mundo. Sin embargo, cada vez es más común que las mujeres tomen la iniciativa o que incluso acudan solas a fiestas de este tipo donde son bienvenidas.


Estas prácticas sexuales se engloban bajo el término swinger, que deriva del inglés to swing (balancearse, oscilar). El movimiento swinger incide en el hecho de que las parejas que practican el libre intercambio se quieren, se respetan y poseen una profunda complicidad entre ellos. Nunca recomiendan entrar en el mundo swinger cuando la pareja sufre problemas graves, porque suponen que empeorarán sus problemas y su falta de confianza, inseguridad, miedos o contradicciones. El movimiento swinger en cambio es apta para parejas que se quieren, que se comunican entre sí con fluidez y que son capaces de compartir y expandir su sexualidad sin miedo a perder a su pareja. 

Según el estudio de Mcginley  (1979), las parejas swinger:
1.- Disfrutan y están más satisfechos con su actual relación emocional.
2.- Se comprenden mejor a sí mismos y a su pareja.
3.- Tienen una comunicación más íntima y eficaz con su pareja.
4.- El sexismo es menor en su relación de pareja. 


La tolerancia, el respeto y la sinceridad mutua eliminan la doble moral y la hipocresía, y supone un trato igualitario entre los miembros de la pareja, que se sienten libres para compartir sus fantasías con su pareja y con más gente afín. El movimiento swinger, en este sentido, separa la fidelidad sexual de la afectiva: se trata de divertirse y disfrutar en colectividad pero manteniendo la relación afectiva con su pareja como algo valioso e indispensable. De algún modo, creen en la fidelidad sentimental aunque no en la sexual, y se les ha criticado precisamente porque no rompen con la estructura de pareja de dos, ni con la heterosexualidad ni el matrimonio. Sólo rompen con la hipocresía burguesa del binomio matrimonio-adulterio. Los swingers, como principio teórico, no tienen sexo al margen de la pareja, por lo cual no mienten ni traicionan a su cónyuge, ya que lo hacen con su propio compañero o compañera.

A pesar de esta fidelidad sentimental, entienden que se exponen al riesgo de que su pareja se fascine con otra persona, pero al final ese riesgo es el mismo que corren las personas que practican la monogamia y el adulterio clandestino. Según Daniel Bracamonte, de la Asociación Argentina de Swingers, la gran mayoría de las parejas se iniciaron estando muy bien en su sexualidad íntima e, incluso, fue el alza del deseo el que los llevó a buscar “nuevos horizontes”. 

Para Bracamonte el sexo swinger no reemplaza al sexo en pareja porque en realidad distinguen muy bien entre las relaciones fugaces y descomprometidas que establecen con otros y otras, y su relación, que es más compleja, más profunda y duradera. Practicar los intercambios, los tríos y las orgías comunales no empobrece el sexo dentro de la pareja, sino que lo enriquece: “Podemos hablar de una interacción entre ambas variantes: el intercambio eleva el morbo junto a las fantasías de la pareja, y generan una complicidad sexual que estimula genitalmente. Es por esta razón que muchas parejas ven incrementada su sexualidad de pareja después del primer intercambio”.

Los swingers entienden que la fidelidad es una cuestión que tiene que ver con la función reproductora de la sexualidad. Sin embargo, la sexualidad va más allá de la reproducción porque se convierte en un instrumento de placer y un modo de relacionarse eróticamente con otras personas; por eso creen que el placer debe ser algo libre y múltiple, no constreñido socialmente. Los swinger son conscientes de la contradicción de sus planteamientos, porque por un lado defienden la pareja clásica heterosexual y por otro, a la vez, defienden la libertad sexual (pero compartida con el otro)

Daniel Bracamonte, por ejemplo, admite que el miedo es el trasfondo de la contradicción que sentimos las personas al ver gozar a nuestra pareja con un tercero. Los swingers transforman el miedo en confianza, y transforma “la aterradora imagen de que nuestra pareja goce con otros en una placentera forma de compartir fantasías y placer mutuo. Lo contradictorio es en general dialéctico: negamos lo que aceptamos y aceptamos lo que supuestamente negamos. El swinger es en sí una contradicción: puede ser placentero y nocivo, conveniente e inconveniente, todo depende de cómo se viva”.

Los swingers no necesitan, para sentirse seguros y amados, tener la exclusividad sexual, y declaran sentir el amor de una forma más profunda, menos posesiva: “Vemos a la pareja no como una unidad reproductiva sino como la unión de aspiraciones, proyectos y fantasías, y entendemos que acompañarnos es a la vez comprendernos y ayudar al otro a realizar aquellas cosas que lo hacen feliz o le aportan placer. No hay en la posesividad ni en los celos nada que nos asegure amor, más bien hay mucho de un individualismo no elaborado”.

Este individualismo además conlleva un egoísmo y una serie de mentiras que convierten las relaciones monogámicas heterosexuales en una institución hipócrita en el que cada uno de los miembros puede llevar una doble vida: actuar como una perfecta casada o casado y tener amantes sin problemas, y con mucha discreción. Los swinger entienden que mentir, ocultar o reprimirse no es sano para la salud física y mental de las personas, y además conlleva multitud de problemas asociados. El adulterio supone traicionar un pacto o contrato de fidelidad y sinceridad, hace mucho daño a las personas que lo practican y a los terceros protagonistas. En cambio, las prácticas swinger no socavan la confianza del otr@, sino que refuerza la unión de la pareja porque entre sus miembros no hay mentiras ni secretos. 

El swinger es una actividad de parejas que nace de una relación estable, crece como fantasía de ambos, recorre el proceso de construcción de la confianza mutua, de la caída de los prejuicios y, superado ese momento, comienza el juego en la búsqueda de la primera experiencia”. La ley mayor del swinger es oscilar. Pasamos fugazmente por la cama de los otros, no nos quedamos en ella ni buscamos más atención que la genital en ese momento concreto. Si esto se respeta -y la mayoría de los swingers lo hacemos-, no hay otras historias que lamentar. Cuando, por el contrario, nos aferramos a otra pareja o a un solo o sola en el caso de los tríos, la cuestión comienza a tener sus riesgos. Somos ¨osciladores¨, vamos del placer hacia lo nuevo. Sólo tenemos un puerto fijo en nuestro constante navegar: nuestra pareja"



Según Terry Gould  en “The Lifestyle: A Look at the Erotic Rites of Swingers”, el intercambio de parejas comenzó entre los pilotos de su fuerza aérea y sus esposas durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de los años 60, la práctica se ha extendido por E.E.U.U y Europa principalmente, y de ahí a muchos otros países. En la España de los años setenta fue conocido en círculos restringidos un lujoso chalé de la sierra madrileña donde se organizaban reuniones de pequeños grupos de parejas no profesionales. También por la misma época se habría dado actividad swinger con cierta asiduidad en determinados campings, entre clases sociales más modestas. Revistas como la histórica Lib fueron uno de los pocos canales de contacto entre parejas a finales de los setenta y durante la década de los ochenta.

En Estados Unidos existen al menos 400 clubes de intercambio de pareja y en Europa más de 600. Los clubes se dividen típicamente en clubes “internos” o "On premise", donde la actividad sexual puede ocurrir dentro del local, y clubes “externos” " Off premise" donde la actividad sexual no está permitida en el interior del local pero se puede concertar en un lugar cercano.

En Europa existen tres formatos de clubes estándar:
·       el bar / club nocturno, usualmente pequeño, ubicados en los centros de las ciudades, y enfocado alrededor de la pista de baile;
·       el formato de Spa en ambiente nudista, con piscinas, piscinas de hidromasaje, saunas, cuartos de vapor;
·       el formato de club de campo, fuera de las ciudades, que incluyen elementos de los dos anteriores, ofrece además amplias áreas recreativas y usualmente los alimentos se sirven a manera de buffet.

Existen algunas organizaciones nacionales que organizan el intercambio de sus miembros, convenciones y vacaciones grupales. En Europa, los intercambiadores de todo el continente se congregan en julio y agosto en el pueblo nudista de Cap d'Agde en el sur de Francia donde existen cerca de 8 clubes de intercambiadores de pareja. En su temporada alta, Cap d'Agde alcanza una población de 30.000 personas.

 En España proliferan chalés de encuentro swinger en la costa, o clubs cada vez más exitosos, como Momentos Club, Encuentros, o Satén en Madrid, o Training Events en Barcelona.

Al margen de los organizadores empresariales que ven el movimiento swinger como un negocio, existen organizaciones autogestionadas que ven el swigerismo como un modo de vida y que tratan de no mercantilizar el sexo. Así que otras formas de conocer gente swinger es a través de anuncios personales, fiestas caseras de intercambio y principalmente Internet.

“Te amo, te comparto” es una contradicción, pero como toda contradicción respeta las generales de la evolución. Compartir no es entregar, dar un paso al costado ni perder nuestra posición dominante en el plano del amor, único sustento de la pareja. Compartir es más precisamente dejar hacer en comunidad para el placer mutuo. Esto parece muy filosófico, pero es esencial. También se ve como una contradicción aun más compleja el hecho de que los swingers gocemos viendo al otro gozar con un tercero. Allí lo que se expresa es el principio de la omnipotencia genital: si ella o él me ama, nadie le podrá dar placer sexual. Nada más inexacto. Quizás el amor nos asegure el lugar más cálido y requerido en la sexualidad del otro, pero no inhibe su capacidad natural para gozar. Podemos gozar con otros sexualmente y amar en exclusividad, esto es así, podemos aceptarlo o mirar para otro lado. Y si es así, ¿por qué no dejar que esa capacidad fluya y no mentirnos con la idea de que somos los únicos que excitamos a nuestra pareja?” 


Si las bodas son actos luminosos celebrados a plena luz del día, los intercambios de pareja pertenecen al lado oscuro de nuestra realidad, porque transgreden la monogamia y abren otras formas de relacionarse eróticamente. Sin embargo, gracias a Internet, este fenómeno invisibilizado por los grandes medios está experimentando un fuerte desarrollo; existen numerosos blogs, webs y redes sociales de swingers como Vidas Libres en el que las parejas pueden conocerse, quedar, intercambiar fotos, vídeos, etc.



Coral Herrera Gómez


Fuentes: 



 Vídeos:






Enlaces interesantes:






Artículos relacionados de la autora:



Postpornografía: más allá del patriarcado



Sexualidades alternativas: el BDSM


La industria del amor romántico





El Derecho al Amor


Ser Queer






Libros de la autora: 


Narrativa Erótica: Cuentos de Poliamor

Bubok: 
2 euros versión digital
16 euros versión papel











Editorial Txalaparta, 2011.

















3 de noviembre de 2010

Señoras que "heredan" el poder



¿Se imaginan a Aznar besando cariñosamente a Rajoy si este gana las elecciones dentro de dos años?. ¿O a Felipe González agarrando a ZP con ternura en la portada de El País?. ¿Se imaginan a la prensa pasando de los millones de votos que permiten a una persona presidir el gobierno de un país , y destacando machachonamente que Rajoy "hereda" el puesto de Presidente gracias a Aznar y sus gestos de cariño paternal en público?.

Y yo me pregunto, ¿es que Dilma Rousseff no tiene nada que aportar?, ¿es que su legitimidad solo viene dada porque Lula la eligió a ella y no a otro?, ¿por qué no aparece sola con gesto triunfal como los presientes de las democracias el día que resultan victoriosos?. 
Al fin y al cabo le han votado 55 millones de personas, que son muchas personas....
¿Y qué dice Lula?
Lula dice: "No existe ninguna posibilidad de que un ex presidente forme parte del Gobierno. Dilma tiene que hacer un Gobierno con su propio rostro" (El Mundo.es).

miren como le ayuda su marido a sostener la batuta del poder, debe pesar kilos...


Inevitable relacionar este tema con este otro: ¿cómo es posible que la prensa diga que existe un vacío de poder en Argentina si Cristina Fernández no ha muerto?. ¿Se muere un ex presidente, y Argentina se queda sin mando que la gobierne?, ¿es que Cristina es invisible?, ¿ o es que todo el mundo piensa que su marido la utilizó para perpetuar su poder desde la sombra y que ella no tiene ni idea?, ¿van a permitirle demostrar que las mujeres no necesitan maridos ni padres para ejercer su profesión?.

Y luego me choco con las declaraciones de la mismisima viuda de Kichner, que en lugar de prometer a los argentinos trabajar para ellos (y ellas), dice (según elmundo.es) que en el resto de su mandato hasta 2011 "se propone "hacer honor" a la memoria y el Gobierno de su fallecido marido" . Esto me hace replantearme si Cristina realmente va a trabajar o si prefiere perder el tiempo en hacer de viuda inconsolable.

Así que no tengo tan claro que las mujeres presidentas sean mejor que los hombres presidentes... es decir, no sé si es una cuestión de género
El poder es el poder. 

Volviendo a Dilma me pregunto, ¿gobernará para los empresarios o para la gente?, ¿trabajará por fin para erradicar la diferencia entre pobres y ricos?, ¿invertirá en sanidad, educación y cultura?, ¿combatirá la homofobia y el machismo?, ¿será valiente a la hora de trabajar, o dejará, como ZP, que el mercado y las instituciones neoliberales le marquen la agenda?. 

Todo son preguntas cuando analizo el tratamiento de los medios de comunicación; sobre todo los latinoamericanos; alucino porque la mayoría, incluso los "progres" o la izquierda siguen con la idea de que las mujeres necesitan detrás un gran hombre para gobernar (Néstor, Lula, Bill...)

Luego pienso que no se trata de cambiar de género o de raza en las presidencias, sino directamente transformar las estructuras económicas y sociopolíticas mundiales (patriarcado, capitalismo y democracia), que han revelado su inutilidad para trabajar por el progreso de la Humanidad, el reparto equitativo de la riqueza, el bienestar y la igualdad entre los seres humanos. Así que no hay por qué pensar que una mujer va a hacer una democracia mas participativa y menos representativa, y tampoco ilusionarse imaginando que por ser mujer va a trabajar por la paz, va a invertir en investigación o va a reducir el presupuesto de sus ejércitos. 

Pero al menos vamos a escuchar a ver qué nos cuenta Rousseff, y dejemos que trabaje antes de juzgarla. Después, cuando veamos los índices de alfabetización, desnutrición, feminicidios, trata de esclavas sexuales, turismo sexual infantil, corrupción de cargos políticos, etc. o el destrozo de la Amazonia en Brasil podremos compararlos con legislaturas anteriores y entonces, evaluar su sensibilidad y su capacidad para desempeñar el cargo. No antes.

31 de octubre de 2010

"Amores Dependientes" en UNA ONLINE

U.N.A. ONLINE Redes con visión de Género ha publicado un monográfico sobre el amor en el que sale un artículo mío, "Amores Dependientes". 

Pinchando la imagen podeis leer la revista y pasar las páginas, es una pasada.

4 de octubre de 2010

Entrevista en Diario Público





Me entrevistaron en Público:


http://www.publico.es/espana/339644/-el-amor-es-tan-adictivo-como-las-drogas




Varios psiquiatras aseguran que existe la adicción al sexo, ¿existe también la adicción al amor?

Por supuesto que sí. La antropóloga Hellen Fisher realizó un estudio con grupos de cocainómanos y enamorados y descubrió que tienen las mismas sensaciones. De ahí que se defina el amor como una droga: ambos provocan sentimientos placenteros y, cuando ya no están esos sentimientos, aparece el mismo síndrome de abstinencia. El amor es tan adictivo como las drogas.

¿Existe un perfil de persona adicta al amor?

Como en cualquier otra adicción, hay gente más propensa que otra, pero no existe un perfil exacto de adicto.

¿Qué puede causar esta "enfermedad"?

Varios factores, pero principalmente se debe a la herencia que nos ha dejado el modelo de sociedad patriarcal, que crea dependencia mutua. Piensa en la gente mayor de un pueblo. Si se muere un hombre: "Pobrecita la mujer, que se queda sola"; pero si se muere una mujer es todavía peor: "¡Qué va a hacer ahora él solo, si no sabe hacer nada!".

Pero eso ya está cambiando en las últimas generaciones, ¿no es así?

Sí, pero la sociedad aún no está preparada para la gente soltera. Con 4 años, tus mayores te preguntan si tienes novio cuando sales de la guardería, a los 30 te preguntan que cuándo te casas Lo preocupante es que ahora que, sobre todo las mujeres, hemos conseguido la independencia económica, todavía dependemos emocionalmente de los demás. La gente sigue confundiendo los términos. A menudo oímos eso de "te necesito, te quiero", y la necesidad no es amor. La necesidad sólo crea una dependencia insana.

¿A qué se debe esa necesidad?

Se debe a la insatisfacción permanente que sufrimos en la sociedad postmoderna. Cuando conseguimos una meta, enseguida buscamos otra. Y así provocamos nuestra infelicidad permanente. Ahora lo tenemos todo, pero siempre nos falta algo. Podemos tener una familia y unos amigos estupendos, un buen trabajo, etc., pero si no tenemos pareja estaremos siempre deprimidos. Esa necesidad de estar en pareja tiene, además, otras consecuencias. Como todavía existen hombres que temen a las mujeres poderosas, independientes e inteligentes, hay muchas mujeres que se esconden e intentan no destacar demasiado porque piensan que, si no, jamás ligarán.

Y, según usted, la culpa es de los cuentos clásicos...

Influyen mucho en nuestra forma de actuar a la hora de elegir una pareja porque, por culpa de las historias que nos han contado desde pequeñitos, tampoco nos vale cualquiera. Blancanieves y Cenicienta nos han vendido el mito del amor romántico como el único amor posible. Esa es la causa de que las mujeres sigamos buscando a nuestro príncipe azul y ellos a su princesa. Y esto ocurre también en las parejas homosexuales. Por eso, cuando estamos en pareja intentamos cambiar todo lo que no nos gusta del otro, para que sea esa persona perfecta que soñamos desde siempre. Y el problema es que el ser humano es imperfecto por naturaleza.

¿Y cuál es la solución?

Aceptar que no existen los príncipes azules ni las medias naranjas. Que uno más uno no son uno, son dos. Tenemos que aceptar a nuestra pareja tal y como es, saber que no te pertenece y que, simplemente, es una persona independiente que comparte tu vida. Sólo así podremos hacernos todos la vida más fácil.



http://www.publico.es/espana/339644/-el-amor-es-tan-adictivo-como-las-drogas


Otras entrevistas:


ENTREVISTA RADIO 3





1 de octubre de 2010

Ni si ni no, ni blanco ni negro: más allá de las etiquetas



Los seres humanos tenemos diferentes formas de pensar dependiendo del idioma que hablemos y la cultura a la que pertenezcamos. La sociedad occidental, por ejemplo, se caracteriza por la estructura de pensamiento binaria que divide la realidad en dos grandes grupos opuestos entre sí. Y además, uno representa lo superior y el otro lo inferior, supongo que os sonará todo esto a Platón.

Según el dualismo idealizante de Platón, la realidad se presenta dividida en dos mundos distintos y contrapuestos: por una parte, el mundo superior, invisible, eterno e inmutable de las ideas y, por otra, el universo físico, visible, material, sujeto a cambios. En un polo está la biología, en otro la sociedad; en uno el cuerpo y en el otro el alma.

Aristóteles, en esta línea, también afirmó que la realidad está dividida en pares de opuestos, que son la base del pensamiento y nuestra forma de acceso al conocimiento. Esta idea culmina en la Ley del Tercio Excluso, "tertium non datur" ('una tercera (cosa) no se da), y según este principio, toda proposición es verdadera o falsa. Entre estos dos valores de verdad no se admite nada intermedio o “tercero”.

El pensamiento binario es lo que nos hace amar al Barça y odiar al Real Madrid, declararnos heteros u homos, ser cristianos y rechazar a los musulmanes, defender nuestro pueblo contra el otro pueblo, lo mío frente a lo tuyo, perseguir la delgadez y huir de la obesidad,  subir del Sur hacia el Norte. El fundamentalismo existe porque pensamos desde los extremos, como si entre ambas purezas no existiese una vasta y rica gama de matices.




Esta forma de pensar hace que para nosotros la juventud y la vejez, la salud y la enfermedad, la cordura y la locura, los humanos y los animales, los hombres y las mujeres, sean cosas distintas. Y es que necesitamos categorizar todo, clasificarlo y definirlo, para tratar de mantener el orden, para garantizar la seguridad. Si un día mi madre se levantase hablándome en chino y no pudiéramos entendernos, yo pensaría probablemente que estoy trastornada de la cabeza o viviendo una pesadilla. 

Por eso separamos, definimos, clasificamos todos los objetos, seres vivos, situaciones, sentimientos, sexualidades; para tener claro quiénes somos, cuál es nuestro lugar y nuestro papel. Todos necesitamos saber lo que no somos (no soy una mujer, no soy un niño, no soy pobre, no soy gitana), porque eso nos ayudará a determinar nuestro comportamiento, expectativas y trayectoria vital.


El problema de tenerlo todo tan controlado es que a veces la realidad no es tan radical como creemos, sino que es más bien relativa. Prueba de ello es la risa y el humor, que son críticas a nuestras construcciones y a nuestras verdades por supuestas. En el fondo, a los humanos nos encanta ir más allá y romper los corsés que nos imponen y nos limitan, por eso nos encanta la transgresión y la novedad. 

Yo defiendo la idea de que todas las etiquetas nos cierran puertas: si soy homosexual, no puedo ser hetero, si soy hombre no puedo experimentar mi feminidad, si soy paya no puedo casarme con un gitano, si soy jefa no puedo irme de marcha con mis empleados, si soy testigo de Jehová no puedo interesarme por el budismo…

Las etiquetas bipolares no sólo han empobrecido nuestro desarrollo cerebral y nuestra evolución intelectual, sino que además ha provocado una división positiva y negativa de la realidad que, por más que parezca absurdo, ha generado una profunda desigualdad y un sistema social injusto. En casi todas las sociedades patriarcales el poder degradó a lo inferior conceptos como la colectividad, la ternura, la sensibilidad, la debilidad, la contingencia, la feminidad, la naturaleza, la pasión, la irracionalidad, la animalidad, la homosexualidad, la reproducción, la oscuridad, subsumiendo a todos en una misma categoría. En la tradición misógina, la superioridad estaba representada por los conceptos de virilidad, dureza, fuerza, razón, ley, individualismo, cultura, orden, claridad, heterosexualidad, etc.

El correlato social y económico de esta cultura binarista y jerárquica ha sido la supremacía del hombre blanco sano, rico, heterosexual y occidental sobre otros hombres (niños, ancianos, homosexuales, hombres de cualquier otra etnia o raza) y sobre las mujeres durante siglos. En el peldaño inferior de esta gradación piramidal y excluyente se encuentra la mujer negra, pobre, lesbiana, enferma o anciana. 

Esta forma binaria y jerarquizada de pensamiento fue el origen de los procesos de expansión y anexión de territorios, y se halla en la base de todas las guerras y la violencia entre pueblos y culturas. Es cierto que los animales también poseen relaciones jerárquicas y conflictos de poder, pero nosotros somos evidentemente un caso especialmente conflictivo, sobre todo para el propio planeta, pues nuestra destructividad y crueldad no conoce límites en un mundo arrasado por las guerras, el hambre y la pobreza.


Pienso que es importante entender que esta forma de pensar está cargada de ideología porque considera que los fuertes han de dominar a los más débiles. Por eso el hombre se cree con derecho a dominar y esclavizar la naturaleza, la tierra, los animales, e incluso a sus semejantes, en primer lugar las mujeres y los niños, y después, los más débiles (ancianos, pueblos pacíficos, desviados, marginados, pobres, etc.). La mayor parte de las mujeres también se mueven en esas categorías, porque el género femenino también piensa de forma binaria y ha asumido, en la mayor parte del mundo, su subordinación al hombre. Ha integrado en su interpretación de la realidad su condición de ser inferior, y ha interiorizado esta ideología patriarcal entendiéndola como natural, inevitable, lógica y eterna (Pierre Bourdieu, 1998). Prueba de ello es que las mujeres han transmitido los valores del patriarcado a su descendencia, generación tras generación, mediante la educación diferenciada de roles y estereotipos de género.

Con el desarrollo de la Antropología hemos podido comprobar que existen otras culturas humanas en las que existen otros conceptos sobre la normalidad y donde no piensan divididos entre dos categorías extremas. No es de extrañar que sean las más pacíficas e igualitarias. Además, se mueven con mucha más libertad que nosotros en el tema de los roles, y no estereotipan de una manera tan simple la realidad.

Siguiendo con Occidente, el relativismo del siglo XX vino a traer un poco de crítica a este sistema de conocimiento y de construcción social. El tiempo transcurre diferente según desde donde se esté; el vaso se ve medio lleno o medio vacío, y entre el negro y el blanco hay una bella e infinita riqueza cromática. 

También el movimiento hippy nos permitió conocer la estructura mental oriental a través del budismo y el hinduismo, religiones que entienden que la vida es parte de la muerte, y que concibe la realidad como un todo. Es decir, la filosofía oriental cree que todo forma parte del mismo proceso, y eso está simbolizado en la figura del ying y el yang, en la que luz y oscuridad, feminidad y masculinidad son las dos caras de la misma moneda y se complementan a la perfección, sin contradicciones.





Uno de los intelectuales que más ha aportado a la hora de criticar el reduccionismo occidental y presentar una propuesta teórica para superarlo ha sido Edgar Morín, que propone sustituir el pensamiento único con el pensamiento complejo, que define como “un pensamiento que relaciona”:  “Esto quiere decir que en oposición al modo de pensar tradicional, que divide el campo de los conocimientos en disciplinas atrincheradas y clasificadas, el pensamiento complejo es un modo de religación. Está pues contra el aislamiento de los objetos de conocimiento; reponiéndoles en su contexto, y de ser posible en la globalidad a la que pertenecen”

También Helen Fisher habla del pensamiento en Red, que parece ser más común en las mujeres: a la hora de analizar un problema y tomar una decisión hay que tener en cuenta todas las variables y las relaciones entre ellas, entendiendo que el análisis simple y en línea recta empobrece la psique humana y reduce el libre albedrío de los sujetos.


La Teoría Queer denunció que estas clasificaciones binarias sólo sirven para discriminar, porque imponen un sistema de poder que considera que unos están arriba y otros abajo, que unos son normales y otros anormales, que unos son salvajes y otros civilizados. Es una teoría que aboga por lo Trans, es decir, el ir más allá de las etiquetas reduccionistas y explorar la complejidad de los fenómenos entendidos como procesos, no como productos acabados. Los queers se mueven en el terreno de los nadie, de la ambigüedad, la androginia; ese espacio social donde un@ puede jugar a intercambiar roles, identidades y estéticas como le plazca. 

Lo Queer promueve la libertad del cuerpo y la deconstrucción de las verdades dadas por supuestas e instaladas como naturales en nuestra cultura, y el fin de las categorías excluyentes que constriñen y encajonan nuestra identidad, impidiéndonos evolucionar y limitando nuestra libertad.

Coral Herrera Gómez Blog

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