En esta semana del 8 de marzo quiero hablar de la violencia que sufrimos las defensoras de los derechos humanos de las mujeres. Cada año asesinan a varias lideresas feministas, y las que más peligro corren son las activistas que defienden la naturaleza, la tierra y el agua. El 40% son lideresas indígenas. Ayer asesinaron a la activista feminista iraquí Yanar Mohammed, y cada asesinato es un aviso para todas las demás. En pleno siglo XXI las mujeres feministas tienen que huir de sus países y muchas están en la cárcel.
Yo quiero poner el foco en todas las mujeres que trabajan todo el año por la igualdad y la justicia social, y a todas las que luchamos por un mundo mejor. Exponerse en estos tiempos de odio es muy duro, y es muy peligroso: nos señalan, nos insultan, nos amenazan, nos cancelan, y nos atacan en redes sociales: el movimiento antifeminista está más fuerte que nunca. Y no viene solo de la derecha y la ultraderecha.
Nos llaman feminazis, hembristas, brujas, charos, terfas, y a pesar de la persecución política que sufrimos, nosotras seguimos protestando y trabajando por un mundo mejor. Nos inspiran nuestras antecesoras, que sufrieron palizas, torturas, y prisión para que ahora nosotras podamos estudiar, trabajar, viajar, divorciarnos, elegir si queremos o no ser madres, y disfrutar una vida libre de explotación y violencia. Nosotras estamos conquistando nuevos derechos para las nuevas generaciones de niñas y adolescentes, en todos los rincones del planeta, y no pararemos hasta que caiga el patriarcado.
Un abrazo inmenso a todas las compañeras que hoy están en la cárcel y en el exilio por las amenazas de muerte.









