26 de diciembre de 2011

El poder de las mujeres






Las mujeres, a nivel individual y como clase social dominada, hemos tenido todo tipo de reacciones ante el poder patriarcal: por un lado la sumisión en diferentes grados, por otro, la lucha abierta contra la opresión. Y es que aunque no nos lo cuenten en la escuela, han sido muchas las pequeñas rebeliones de mujeres, individuales o en grupo,  que han tenido lugar a lo largo de toda la Historia del patriarcado. En la actualidad, el planeta entero está lleno de mujeres que están luchando por los derechos para todas, y por la igualdad, y afortunadamente, son cada vez más los hombres que están apoyando políticamente esta lucha contra la discriminación y la violencia contra las mujeres.

Decía Foucault que el poder es bidireccional, condicionado por múltiples factores interrelacionados entre sí, y más complejo de lo que pensamos aplicando la lógica del amo y el esclavo. En realidad, el poder es cambiante y toma múltiples formas. 

A mi no me hace especial ilusión que las mujeres presidan bancos, empresas o naciones si lo hacen al modo masculino, ya que por muy mujeres que sean las estructuras democráticas y capitalistas son masculinas, y el margen de maniobra para cambiar esta estructura patriarcal es mínimo. O sea, que me alegraría más ver el poder no representado por un hombre o una mujer, sino ejercido por la ciudadanía.









Angela Merkel, Presidenta de Alemania










Dilma Roussef, Presidenta de Brasil



Cristina Fernández, Presidenta de Argentina









Ellen Sirleaf Johnson. Presidenta de Liberia










Hillary Clinton, 
primera mujer que se presentó como candidata
 a las elecciones presidenciales de EEUU.




Helen Fisher afirma que la forma de organizarse de muchas mujeres en el planeta está basado en la creación de redes de ayuda mutua, en la cooperación, en la horizontalidad. Pero la realidad es que las presidentas, directoras y jefas están solas ahí arriba, en el poder de las culturas patriarcales. Y que la mayoría de ellas no luchan por acabar con  la desigualdad de género; es el caso de la Presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, que no se casa con los valores feministas ni tiene en sus prioridades trabajar por la Igualdad.











Siempre he pensado que el poder compartido, el poder del grupo, es mucho más interesante que el poder individualizado. Es decir, me emociona mucho más ver a las Mujeres de Negro manifestándose contra las guerras, o a las Abuelas de Plaza de Mayo denunciando al régimen dictatorial que la subida al poder de mujeres relevantes. Que Isabel la Católica gobernara durante unos años no creo que significase el fin del machismo en la España de la época; era una excepcionalidad, más bien, que confirmaba la regla. 






A nivel personal, en una misma pueden darse diferentes grados de sumisión o rebeldía según las circunstancias. Es el caso, por ejemplo, de las mujeres que son jefas y a la vez tienen superiores, son madres pero también hijas, han sido nietas y luego se convierten en abuelas, son universitarias pero tienen trabajos precarios, a veces tienen autonomía y otras veces la pierden.


“Mujeres de clase alta pueden influir y mandar en hombres de clase inferior, las mujeres maduras a los hombres más jóvenes, las mujeres jóvenes y atractivas a los hombres maduros, y las esposas a sus maridos. Aun donde el sometimiento se aplica con especial rigor, los hombres nunca dominaron universalmente a las mujeres”. (Helen Fisher, 2000)

Helen Fisher destaca otros ejemplo de mujeres que han tenido poder en la esfera pública: Hatshepsut, que gobernó Egipto en el año 1505 antes de Cristo, y otras faraonas de género femenino. Las amas de casa de la Grecia clásica vivían recluidas, pero las cortesanas recibían educación y eran muy independientes. En los siglos I y II de la era cristiana algunas mujeres romanas de la clase alta urbana alcanzaron notoriedad como literatas; otras trascendieron en la política. 


Durante la Edad Media muchas monjas fueronintermediarias del poder dentro de la Iglesia; otras ejercieron enorme influencia en el mundo mercantil. En el 1400 algunas mujeres pertenecientes al mundo islámico del Imperio Otomano eran dueñas de tierras y barcos. Durante el Renacimiento europeo, una cantidad importante de mujeres inglesas y del continente eran tan cultas como cualquier hombre. 

Gracias a la Teoría Feminista, al Postestructuralismo y la Teoría Crítica, se han llevado a cabo minuciosas revisiones de ideas científicas que hasta ahora parecían verdaderas e inmutables, como la teoría occidental de que la dominación del hombre sobre la mujer es universal. Desde este proceso de crítica y revisión, y a la luz de nuevas investigaciones, han surgido nuevos modos de comprender las relaciones entre los géneros en las diversas culturas de la Tierra, tanto las que aún existen como las que desaparecieron. 

Para  la antropóloga norteamericana, el aporte fundamental de estos estudios fue demostrar que las mujeres de muchas otras culturas tradicionales eran relativamente poderosas hasta la llegada de los europeos: Antes del movimiento feminista de los años 70, los antropólogos norteamericanos y europeos simplemente daban por sentado que los hombres eran más poderosos que las mujeres y en sus investigaciones reflejaban sus convicciones. Por ejemplo en el caso de los aborígenes australianos, los estudios posteriores reflejaron que ningún sexo domina al otro, un concepto que aparentemente resultaba inconcebible para los eruditos occidentales” 
 (Helen Fisher, 2000).



Antes de que Colón desembarcara en el Caribe, antes de que los misioneros franceses cruzaran a remo los grandes lagos de Norteamérica, antes de que el capitán Cook arribara a Tahití, antes de que los europeos se introdujeran en África, Australia y el Ártico, las mujeres de muchas sociedades aborígenes poseían bienes e información que podían vender, trocar o regalar. Las mujeres hopis, blackfoot, iroquesas y algonquinas de Norteamérica contaban con un sustancial poder económico. Las mujeres pigmeas del Congo tenían autoridad dentro de sus comunidades, al igual que las balinesas, las semang, las polinesias, las indias tlingit, mujeres de las islas Trobiand, y mujeres de regiones de los Andes, África y el Caribe. Muchas de ellas tenían un estatus económico y social considerable. (Etienne y Leacock, 1980; Dahlberg, 1981; Sacks, 1979).

Las mujeres navajo forman parte de una comunidad matrilineal (aproximadamente el 15% de las sociedades humanas son matrilineales, es decir, trazan su ascendencia por vía femenina). Son las que heredan las propiedades familiares, curan medicinal y espiritualmente a sus semejantes, y gozan de un enorme poder económico y social. Su deidad más poderosa es femenina, “la Mujer cambiante”.





Las investigaciones de Martin Whyte, que exploró el Archivo del Área de Relaciones Humanas, (un avanzado banco de datos que contiene información sobre más de 800 sociedades) y otras fuentes etnográficas, fueron muy importantes por varias razones. En primer lugar, acabaron con el mito del matriarcado como sistema de poder semejante al  patriarcal, pero revelaron la existencia de sociedades igualitarias. Este es un tema muy controvertido porque hay autores y autoras que sí defienden la idea de que han existido y existen sistemas matriarcales, especialmente en las culturas prehistóricas cuando todo apuntaba a que los hombres no tenían ningún papel decisivo en la reproducción.





En segundo lugar, demostraron que muchas mujeres tenían poder e influencia en unas áreas y en otras no, pero que eso no significaba que estuvieran sometidas en todas las sociedades.

El estudio lo realizó basándose en la investigación de 93 culturas preindustriales. De ellas, un tercio eran cazadores-recolectores nómadas, otro tercio granjeros labriegos, y el último de agricultores y/o ganaderos. El espectro de pueblos estudiados iba desde los babilónicos en el 1750 a.C. hasta las culturas tradicionales modernas. Gracias a estos resultados se vio que el equilibrio de poderes entre hombres y mujeres era polifacético y variable en intensidad. Según Helen Fisher (2000), Whyte no encontró ninguna sociedad donde las mujeres dominaran a los hombres en la mayoría de las esferas de la vida social.

“El mito de las mujeres amazonas, las historias de matriarcas que gobernaban con puño de terciopelo eran solo eso; mitos e historias. En el 67% del total de culturas (principalmente en el caso de los pueblos agricultores) los hombres parecían haber controlado a las mujeres en la mayoría de los ámbitos de actividad. En una cantidad importante de sociedades (30%) hombres y mujeres parecían haber detentado jerarquías equivalentes, en especial en el caso de los pueblos dedicados a la horticultura y en el de los cazadores-recolectores. Y en el 50% del total de las culturas, las mujeres tenían mucha más influencia informal de la otorgada por las reglas de la sociedad. Aun en las sociedades en que las mujeres tenían varias propiedades y ejercían considerable poder económico, no necesariamente contaban con derechos políticos amplios o influencia religiosa, lo que demuestra que el poder en un sector de la sociedad no se traduce siempre en poder en los demás ámbitos. Estados Unidos es el paradigma: en 1920 las mujeres lograron el derecho al voto y su influencia política aumentó. Pero continuaron siendo ciudadanas de segunda clase en lo laboral. Whyte demostró asimismo que no existe nada parecido a una posición social femenina única, que tampoco existe en el caso de los hombres”.
 Helen Fisher.





 Según la Antropología de Género, las mujeres tienen y han tenido poder en todas las culturas, pero no lo han ejercido bajo la violencia o la imposición de un sistema político y económico de signo matriarcal, sino que han ejercido su influencia más bien a nivel práctico o cotidiano y simbólico:

Los pigmeos Mbuji de Zaire por ejemplo, creen que las mujeres son poderosas porque sólo ellas pueden dar a luz. Los mehinaku de Amazonia y muchos otros pueblos otorgan poder a la sangre menstrual (tocarla es causa segura de enfermedad). Los occidentales inmortalizaron el poder de seducción de la mujer sobre el hombre con la fábula de Adán, Eva, la serpiente y la manzana. En última instancia, lo que una sociedad designa como simbólicamente poderoso, acaba siendo poderoso”. (Helen Fisher, 2006)

Según un estudio de la antropóloga Susan Rogers, en las sociedades campesinas contemporáneas en las que los hombres monopolizan todas las posiciones de prestigio y autoridad, las mujeres suelen tratarlos con deferencia cuando están en público, pero en la intimidad poseen una gran influencia informal. Rogers entiende que a pesar de los alardes y actitudes masculinas de poder, ninguno de los dos sexos considera realmente que los hombres dominan a las mujeres, y llega a la conclusión de que el poder entre los sexos está más o menos equilibrado. 





Otro autor que defiende la idea de la mitificación del poder masculino es Franz De Waal, porque afirmó que la capacidad para liderar no depende de la fuerza, la velocidad, el tamaño, la agilidad o la agresividad; sino de otros factores como el ingenio, la seducción, las habilidad sociales para relacionarse,etc. Según Fisher, De Waal comprobó en los estudios sobre el papel fundamental de las hembras chimpancé en el juego de poder y confirmó las dos teorías observadas por los antropólogos en las culturas humanas: la jerarquía no es una cualidad única, monolítica, que pueda medirse de una sola manera, y el dominio de los machos, si implica poder sobre las hembras en todos los aspectos de la vida, es un mito.


Entendiendo que el poder tiene múltiples dimensiones y que la sumisión también puede ser una fuente de poder sobre el dominador, los  teóricos de ambos sexos han puesto el acento en otras variables como son las socioeconómicas, las raciales, laborales, psicológicas, etc. La mayor parte de ellas se han dado cuenta de que la variable de la edad es sumamente importante a la hora de valorar el poder femenino en todas las culturas de la tierra. Además, en muchos rincones del planeta a las mujeres mayores se las considera “parecidas” a los hombres, según la antropóloga Judith Brown (1982).



Numerosos estudios demuestran que en casi todas las culturas las mujeres, al llegar a la madurez, alcanzan la independencia, el dinero, las propiedades y las relaciones que les dan poder económico y prestigio. 


Helen Fisher dedica capítulos enteros a la importante función social de las abuelas, y a la figura de la mujer madura llena de experiencia, segura de sí misma, y con múltiples capacidades y habilidades que puede aportar a la sociedad.









“En todas las sociedades tradicionales estudiadas, la mujer posmenopáusica alcanza un tipo u otro de poder: económico, social, político y/o espiritual. Heredan propiedades y acceden a una posición central en la familia; ya no tienen niños pequeños a su cargo y pueden tener tiempo para dedicarse a los asuntos de la comunidad y para colaborar en las prácticas chamánicas.  Al no tener ya capacidad procreadora, se les suelen pasar por alto sus deslices sexuales. (…) Con la menopausia las mujeres se vuelven más seguras, decididas, directas, desinhibidas, todas ellas asociadas a la presencia de altos niveles de testosterona en las mujeres. Kristen Hawkes considera que el desarrollo de la menopausia en la fisiología femenina, junto con la aparición de la figura de la abuela, es uno de los hitos de la evolución humana. (…)  Las mujeres posmenopaúsicas ancestrales eran bibliotecas vivas, ancianas sabias que podían reconocer todo tipo de climatologías extrañas, plantas venenosas, curativas o nutritivas. Impedían las peleas entre los niños, calmaban a adolescentes inquietos, escuchaban quejas maritales, etc. Mediaban en las disputas y ayudaban a difundir las noticias. Algunas eran visionarias o clarividentes. Muchas tenían una especialidad y eran curanderas, comadronas, educadoras, contadoras de cuentos y mediadoras con el mundo de los espíritus”.
 Helen Fisher (2000)


En nuestra sociedad, las mujeres maduras se caracterizan en la actualidad por su mayor esperanza de vida y su capacidad adquisitiva. Un dato importante, según la antropóloga estadounidense, para la industria  y la política, pues se calcula que para 2020 el 45% de los votantes norteamericanos serán personas mayores de 55 años, y mayoritariamente mujeres (Fisher, 2000).



Aquí os dejo un vídeo donde se habla de la comunidad Mosuo, considerada por much@s una sociedad donde las mujeres tienen una gran importancia social. 




Artículos relacionados: 


http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/2011/11/cuando-las-mujeres-mandan-la-mujer.html?spref=fb




http://es.wikipedia.org/wiki/Matriarcado


Otros artículos de la autora:


EL PODER FEMENINO EN LA EDAD MEDIA

Señoras que "heredan" el poder


Mujeres y Ciencia: aún queda mucho para la igualdad


Qué es el Patriarcado




2 comentarios:

Maria dijo...

Me ha gustado mucho el análisis tan conciso y abreviado (con toda la cantidad de información que hay) que has hecho sobre el tema del poder femenino.
El poder ejercido por las mujeres es diverso, y secundar que no poseen poder es limitar su capacidad de transgresión y reivindicación.
El tema me apasiona y cada vez que leo este tipo de iniciativas, experiencias, luchas,... me salta una sonrisa y pienso que admirables estas mujeres. De hecho en mi blog hablo o por lo menos lo intento (aunque últimamente poco) sobre esas experiencias de empoderamiento de las mujeres.
Dejo la dirección si le quieres echar un vistazo: http://www.movimientosdegenero.com/
Un saludo, Maria

MARIANGEL dijo...

Estoy muy de acuerdo con el artículo.Las mujeres si podemos desarrollar nuestras ideas,sueños,ambiciones...Yo soy restauradora,pintora y tengo una sordera desde niña(por la polio).Y yo nunca consiento que me llamen minusválida.Soy válida como todos.He ido a la escuela,instituto con el resto de la gente.He impartido clases a todo tipo de gente.En fin, que todas podemos.
Un saludo,Mariángel
mi blog:
http://mariangel1961.wordpress.com
http://espaciodemariangel.blogspot.com