26 de abril de 2019

La gente que me cuida



En el Laboratorio del Amor propuse un ejercicio a las compañeras: hacer un listado con la gente que te quiere y te cuida. Sirve para que tomemos conciencia del amor que nos rodea, y para que destronemos al amor romántico: podemos ser muy felices sin pareja, y rodeadas de afectos y de amor del bueno. 

Cuando empecé a hacer este repaso de toda la gente que me cuida, y que cuida a mis perras y a mi hijo cuando yo no puedo cuidarlos, me invadió un enorme sentimiento de gratitud. La lista de gente con la que celebro mis éxitos y me apoyan en los momentos difíciles es enorme, en ella están no sólo mis familiares, mis amigas y amigos, mis amantes y mis amores, también las compañeras del Laboratorio del amor, algunas compas feministas, y muchas personas que no me conocen y me ayudan en la distancia, de diferentes maneras. A veces yo me entero quienes son, y otras veces no me entero, pero me siento igualmente agradecida porque gracias a muchas de ellas me siento útil, me dan ganas de seguir en esto, y me sale trabajo porque me recomiendan. 

Pensar en todas ellas me hace darme cuenta de que a lo largo de mi vida he estado rodeada de mucho amor: me han velado las fiebres cuando he estado enferma, me han curado las heridas, me han limpiado los mocos, me han dado herramientas para ser autónoma y para ser buena persona, me han ayudado a crecer y a comprender el mundo, me han dado muy buenos consejos, me han ayudado con el autoengaño, me han guiado cuando me he sentido muy perdida, y me han proporcionado palabras de aliento cuando lo he necesitado. Mi gente me ha acogido en sus casas cuando me vi fuera del mercado laboral, me han prestado dinero, me regalan cosas que ya no necesitan, me han ayudado cuando emigré y llegué a Costa Rica sin apenas dinero. Mi gente querida me ayuda a pensar con claridad cuando estoy confusa, me sostiene cuando me caigo, me escucha cuando necesito desahogarme. 

Todas me dan abrazos reconfortantes, me ayudan a reírme de mí misma, me hacen cuestionarme a mi misma, y también quererme más a mí misma. Su solidaridad me hace sentir de nuevo fe en la Humanidad, porque leyendo las noticias y viendo como va el mundo, la fe me desaparece. Ellos, ellas, me hacen sentir que hay esperanza, y que mi vida tiene un sentido: el amor y los cuidados que doy y que recibo son los que me anclan a la realidad y los que me hacen sentir que esta vida merece la pena. 

Algunos llevan muchos años en mi vida, otros estuvieron sólo unos meses, o incluso un día, pero los veo a cada uno, a cada una, mirándome con ojos de amor, y me invade una inmensa gratitud, y una alegría desbordante: me siento muy afortunada, y ese sentimiento es tan potente que me alivia cualquier angustia, y me ayuda mucho en los momentos difíciles. Hagan ese listado, sientense a hacer ese repaso de toda la gente que les ama y les cuida, verán qué bien sienta rodearse de tanto amor, y tomar conciencia de los cuidados que reciben y recibieron. No hay dinero que pueda pagar esos cuidados, no hay manera de conseguirlos si no es amando y cuidando con el mismo amor que te cuidan a ti. Es la mayor revolución que podemos hacer en estos días: cuidarnos gratis, querernos gratis, tejer redes de solidaridad y apoyo mutuo. Viva la gente y viva el amor, y gracias a la vida que me ha dado tanto 

Coral 

Coral Herrera Gómez Blog

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