25 de agosto de 2018

Tomarse un cafecito con el profesor




Veo a las chicas jóvenes tomando cafecito con el profesor mayor en los bares y restaurantes cercanos a la Universidad y me pregunto cómo es posible que a estas alturas todo el mundo lo vea normal, y nadie se pregunte por qué no hay profesoras mayores tomando cafecito con chavalitos jóvenes. Veo a esas chicas escuchando con atención a esos profesores, sonrientes, complacientes, pensando probablemente con angustia en esa beca que necesitan, en ese hueco en el Departamento de investigación, en esa nota más alta que necesitan para subir la media en su expediente. 

Veo que la mayoría de esos profesores son hombres casados con el Ego inflado presumiendo de su bagaje intelectual para deslumbrarlas y presumiendo de sus conquistas delante de todo el mundo. Les veo cómo utilizan su poder para hacer sus demostraciones de virilidad, y cómo se aprovechan de la necesidad de esas alumnas para acercarlas a a casa en su carro, para invitarlas a comer, para intimar con ellas con la excusa de ayudarlas en sus trabajos de investigación o en la obtención de alguna plaza en la Universidad. Los veo salir con ellas de los moteles que alquilan habitaciones por hora cerca de la Universidad, y me da una rabia tremenda. Porque me acuerdo de los cafecitos a los que me invitaron a mi y las insinuaciones que recibí, y pienso que ojalá alguna compañera feminista me hubiese dicho que no hay nada que negociar fuera de la Universidad, y que no tenía porqué aguantar viejos verdes. Lo mismo cuando salí de la Universidad, la de tipos que me han invitado a café con la excusa de conocernos mejor para darme un puesto de trabajo, y la de veces que he tenido que largarme de esas situaciones con hombres con poder en empresas privadas, instituciones públicas, agencias de la ONU, organismos de cooperación que se me insinuaron. 

Perdí buenos puestos de trabajo porque salía corriendo, pero ojalá nunca hubiera tenido que pasar por eso, ojalá ninguna chica joven tuviera que pasar por eso para hacer carrera en la Universidad o en el mercado laboral. Nunca lo conté porque me daba vergüenza. Sólo tomé conciencia de lo violentas y machistas que son esas relaciones de poder cuando estalló el #MeToo y millones de mujeres contaron historias parecidas a la mía: actrices, deportistas de élite, científicas, empleadas del hogar, camareras, cantantes, cajeras de supermercado... me di cuenta que no había sido un problema personal mío, es un problema colectivo y por eso luchamos las feministas, para acabar con esas relaciones de poder cargadas de testosterona y tensión sexual en el mundo laboral. 

Después de hablar de ello en espacios públicos, el siguiente paso sería preguntarse: ¿cómo vamos a hacer para evitar que más chicas tengan que pasar por esto?, ¿qué cambios habría que hacer en la Universidad para que ninguna estudiante dependa de los deseos sexuales y del Ego de su profesor?, ¿qué van a hacer los hombres para dejar de aprovecharse de la ingenuidad y la necesidad de las mujeres?, ¿cuándo dejarán de invitarnos a cafecitos? 

A nosotras nos toca empoderarnos y organizarnos, chicas, visibilizar y denunciar esas relaciones de poder, olvidarnos de los jefes y los directores, buscar espacios de trabajo en red con otras mujeres, tomar esos cafecitos con las compañeras, y compartir nuestras experiencias públicamente para que les sirvan a las nuevas generaciones de mujeres. 

#NoMásCafecitos #ProfesoresYAlumnas#UniversidadPatriarcal #MercadoLaboral #AcosoSexual

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