10 de enero de 2016

Taller on line "Sufrir menos, y disfrutar más del amor" con Coral Herrera Gómez

Si Taller sufrir menos, disfrutar más (1)

Taller on line: "Sufrir menos, y disfrutar más del amor". 
Coordinado por : Coral Herrera Gómez
Duración: 4 semanas
Precio: 70 euros
Fechas: 20 de Enero- 17 de Febrero 2016
Público: Exclusivo para Mujeres
Programa: 
  1. ¿Por qué duele el amor?. Análisis de la cultura y auto-conocimiento amoroso.
  2. Desmontando el amor romántico: los mitos patriarcales.
  3. Quererse bien (a una misma): Autoreconocimiento, autoestima y autocrítica
  4. Otros amores son posibles. Diseño colectivo de nuevas formas de querer(se)nos.

Objetivos del Taller
En este taller on line, Coral Herrera facilitará a las alumnas el viaje hacia el interior de una misma y hacia la cultura amorosa en la que vivimos, poniendo ambas dimensiones en relación bajo la idea de que lo romántico es político. En todo el recorrido, las reflexiones teóricas se mezclan con las experiencias personales de cada una de nosotras, pues es preciso comprender cómo se construye el amor y cómo aprendemos a amar desde la infancia para poder desaprender los esquemas, las estructuras y los patrones heredados de nuestra cultura. Sólo así podremos configurar nuevas formas de sentir, de gestionar las emociones, de relacionarnos con nosotras mismas y con los demás: hacer el trabajo individual en compañía de otras mujeres nos permitirá comprobar que no estamos solas, y que cada vez somos más las que queremos adquirir herramientas para sufrir menos, y disfrutar más del amor.  


Inscripciones e información en: 

4 de enero de 2016

Amar con los pies en la tierra: el romanticismo práctico



¿Cómo ser realista y romántica a la vez?, ¿es posible emborracharse de amor sin perder la sensatez?, ¿cómo se hace para ser práctica, sufrir menos y disfrutar más del amor?, ¿cómo dejar de perder el tiempo en relaciones que me hacen sufrir?, ¿cómo enfocar mis energías en personas o cosas que me hagan sentir bien?, ¿cómo hacer para que mi romanticismo no inunde todos mis espacios y mis tiempos?.



Hoy está de moda cuidarse al máximo: comemos sano, evitamos los excesos (de grasa, de tabaco, de alcohol), tomamos vitaminas, hacemos ejercicio, practicamos yoga y otras artes orientales, nos hidratamos la piel, bebemos agua cada tres horas, retocamos las imperfecciones en el quirófano… nos preocupamos mucho por la salud y el bienestar físico, pero, ¿qué ocurre con nuestro bienestar mental y emocional?

Hasta ahora le hemos prestado poca atención a nuestra salud emocional, pese a que cada vez hay más gente deprimida o que sufre enfermedades mentales para los que solo tenemos pastillas y atención psicológica. Es hora de que aprendamos a cuidar nuestros sentimientos, gestionar nuestras emociones, y adquirir herramientas para sufrir menos, y disfrutar más del amor.

Los humanos sufrimos mucho porque somos seres muy complejos y nuestras relaciones también lo son. Cuanto más románticas son nuestras relaciones, más nos duelen: el romanticismo del XIX construyó su concepción del amor ligado al sufrimiento, y nosotros somos herederos de esa forma de entender el amor.

Los románticos eran unos grandes sufridores, unos mártires del amor, unos genios atormentados que como no tenían que madrugar para ir al huerto o a la fábrica, disponían de muchas horas libres para pensar en el amor. Su tiempo de ocio lo empleaban en quejarse y llorar amargamente, en dejarse llevar por la imaginación o los recuerdos, fantaseaban sobre el futuro, teorizaban sobre el amor o creaban sus utopías amorosas y sus castillos en el aire. Con todas esas emociones intensas componían bellos y desgarrados poemas, hermosos y melancólicos paisajes,  o  grandiosas obras musicales.

Los habitantes del siglo XXI, en cambio, no tenemos tanto tiempo libre. Nuestras pocas horas del día transcurren mayormente en la oficina o a la fábrica, tenemos que cocinar, limpiar, ir a la compra, hacer lavadoras, atender a los hijos y las hijas, cuidar a los animales domésticos, cuidar nuestra vida social y afectiva…. no podemos permitirnos el lujo de pasar horas soñando con amores imposibles, o malgastar días y días atormentados por un amor no correspondido.

La posmodernidad nos tiene a todos estresados y sin tiempo para el amor, por eso el poquito tiempo que tenemos, es mejor disfrutarlo en buena compañía. Somos eficientes y eficaces, somos productivos, nos sometemos a la tiranía de los relojes y los calendarios, nos pasamos la vida resolviendo, y nos queda muy poco tiempo para estar con nuestra gente querida: generalmente las dos o tres últimas horas del día, o los fines de semana, que son muy cortos.

Con tan poco tiempo libre, tampoco hay espacio para lamentarse: los lutos ya no nos determinan, los duelos ya no duran años. El sufrimiento romántico es cosa de adolescentes con tiempo para llorar en su habitación mientras todo se nubla a su alrededor. Los adultos no podemos pedir en el trabajo una semana de permiso para llorar a mares por una ruptura sentimental pues el mal de amores no se considera una enfermedad que nos incapacite para trabajar: el mundo gira a su ritmo, y sufras o no, la vida continúa, y hay que pagar las facturas.

La cuestión es: ¿cómo ser realista y romántica a la vez?, ¿es posible emborracharse de amor sin perder la sensatez?, ¿cómo se hace para ser práctica, sufrir menos y disfrutar más del amor?, ¿cómo dejar de perder el tiempo en relaciones que me hacen sufrir?, ¿cómo enfocar mis energías en personas o cosas que me hagan sentir bien?, ¿cómo hacer para que mi romanticismo no inunde todos mis espacios y mis tiempos?.

El romanticismo práctico sólo puede vivirse desde el presente: “te amo mientras dure, te quiero aquí y ahora, te quiero hasta que deje de quererte o dejes de quererme”. Amar con los pies en la tierra supone dejar el pasado atrás, y no perderse en el futuro con la imaginación: no  hacerse expectativas ni fabricarse fantasías paradisíacas. Las personas románticas que también son prácticas, tienen una gran capacidad para aceptar la Realidad, para conocer bien a la gente con la que se relacionan, para mantener a raya el auto engaño y ser realista en la medida de sus posibilidades.

Ser una persona romántica y práctica a la vez tiene muchas ventajas:

-te evitas meses y meses de sufrimientos y llantos desgarrados porque eres realista y cuando lo vas viendo venir, eres rápida en tomar decisiones.

-tomas las decisiones pensando en tu bienestar, trabajas siempre a favor de ti misma, te das buenos consejos.  

-identificas con facilidad las situaciones en las que no te sientes bien para poder irte, y para evitarlas.

-identificas con facilidad si puedes o no conectar a un nivel profundo con alguien, si la otra persona siente lo mismo por ti.

-distingues  con mayor facilidad lo que es importante y lo que no, lo que merece la pena y lo que no.

-controlas tus emociones y sabes cómo hacer para que no te invadan.


El romanticismo práctico es un arte y tiene pocas reglas: quererse bien a una misma, estar en el presente, ser realista, y saber reconocer el nivel de reciprocidad de la relación en la que estás. Es más fácil que una relación funcione si las dos personas se enamoran al mismo nivel, si les apetece lo mismo, si tienen el mismo ritmo, las mismas expectativas, la misma manera de entender el amor y las mismas ganas de construir una relación. Si alguno de los dos no se enamora, si alguno de los dos sufre, si la relación no funciona, lo mejor es dejarlo… y a otra cosa mariposa.

Aquí algunos consejos para aprender las artes del romanticismo práctico:

- ¿Cuánto espacio le dedicas al amor romántico en tu vida? Búscale su lugar entre todos los afectos que tienes y toda la gente  que te hace sentir bien. Si sabe cuál es su sitio, no invadirá todo y podrás dedicarle el tiempo que se merece.

- Aprende a aceptar: Si eres muy feliz, no te sientas mal por ello: acepta que te lo mereces, que la vida es corta y solo hay una. Si en cambio tu relación no funciona, acepta también. Si ya no te aman, acepta. Si se te acabó el amor, acepta. Si no se enamora de ti, acepta. No hay nada que puedas hacer para enamorar o re enamorar a alguien, no está en tu mano: no podemos cambiar a los demás. Sólo podemos elegir si queremos o no estar a su lado, y evaluar si nos merece o no la pena compartir con alguien que no te quiere.

- Si estás disfrutando mucho una relación y todo va bien, ¿para qué crearte problemas que no existen? Vive el presente mientras dure, y no le pongas trabas a tu disfrute. No tengas miedo: amar es de valientes, y no hace falta sufrir para vivir un romance: lo importante siempre es que te sientas bien y lo estés disfrutando.

- Si estás empezando una relación y no estás disfrutando, corta por lo sano. Te ahorrarás meses de peleas, malentendidos y malos ratos. Si no  te hace feliz, si no te sientes bien, si el trato no es bueno, rompe la relación: no merece la pena malgastar tu tiempo y energías en una relación que no funciona.

- Si llevas mucho tiempo en una relación, has sido muy feliz pero ya no disfrutas, corta por lo sano también. Ahórrate meses o años de guerras románticas y luchas de poder. Lo que se deteriora con el tiempo es mejor dejarlo morir: es agotador andar reavivando llamas lánguidas que se extinguen en cuanto dejas de soplar fuerte.

- Si no te sientes bien tratada, no exijas ni mendigues amor, simplemente rompe la relación y aléjate cuanto antes. Sean cuales sean los sentimientos de tu pareja hacia ti (muy enamorado, poco enamorado, desenamorado), el trato siempre ha de ser el mismo: sin buen trato, no hay acuerdo posible.

- No pierdas el tiempo y las energías dándole vueltas a los problemas. Tú sola no los solucionas pensando y repensando: pon tus dudas y emociones en común con tu pareja, dedica tiempo para hablar en profundidad y desde el cariño, y verás cómo es todo más fácil. Hablar nos permite desahogarnos y adquirir otras perspectivas sobre los temas que nos preocupan. Siempre es más fácil afrontar los problemas en equipo que a solas.

- No le pidas al amor lo que no puede darte. Cuantas menos expectativas, menos decepciones tendrás. Dejar a un lado los mitos puede ayudarte a construir relaciones muy bonitas que sin ser de cuento, te hagan sentir bien. Ser realista te permitirá disfrutar mucho más de las relaciones que tengas, duren lo que duren, porque así evitarás el miedo a vivir un engaño y a quedarte frustrada cuando todo acabe. 

- No pierdas el tiempo y la energía tratando de controlar el futuro. Tu único patrimonio es el presente, y sólo puedes trabajar en el aquí y el ahora: imaginar futuros bonitos o tristes nos lleva al mundo de la especulación absurda que no nos sirve de nada. Las circunstancias y la interacción con la gente nos van cambiando los escenarios: no está en nuestras manos controlar lo que ocurre en el presente o lo que va a ocurrir más adelante, y no hay otra realidad que ésta en la que estás ahora mientras me lees.

- Distinguir lo que es importante y lo que no lo es tanto nos puede ayudar mucho a evitar dramas y pasar malos ratos. Todo tiene su espacio y su tiempo, y las obsesiones recurrentes son lo menos práctico y sano que hay. Es importante dedicar nuestras energías a cosas y personas que merecen la pena, y dejar a un lado lo que no merece la pena.

- Aprende a relacionarte de igual a igual, las luchas de poder son agotadoras y nos roban mucho tiempo, y muchas energías.  Evita relacionarte con gente que se cree inferior o superior a ti, que se somete o trata de dominarte, que te endiosa o te machaca: una relación sólo puede funcionar desde la igualdad.

- Elige un buen compañero/a: júntate con gente que tenga herramientas para disfrutar del amor y de la vida. Gente solidaria y alegre que en lugar de criticar, siempre aporta, gente generosa con ganas de compartir, gente con capacidad para la empatía y el optimismo, gente que te trate bien, que te quiera bien en todas las etapas de la relación, gente con la que te sientas aceptada y  sientas que puedas ser tú misma.

- Quiérete mucho: conócete a ti misma, hazte tu mejor amiga y compañera, disfruta del tiempo que pasas contigo misma, practica la autocrítica, aprende a trabajar con tus emociones y a trabajar por tu bienestar, usa el sentido común … son todas herramientas que te pueden ayudar mucho para escribir tus historias de amor con sus finales felices. 


Coral Herrera Gómez 

Este artículo se publicó en la Revista Mente Sana, nº 121, Enero-Febrero 2016. 


Más artículos de Coral


Si quieres trabajar estos temas en compañía de un grupo de mujeres en un taller on line permanente, uneté al Laboratorio del Amor




Más información e inscripciones en mi web: 

1 de enero de 2016

El Laboratorio del Amor






                                       
El Laboratorio del amor es una red social y una plataforma de formación continua en torno a los estudios sobre el amor, un espacio para reflexionar individual y colectivamente sobre nuestra cultura amorosa bajo el lema "Lo romántico es político" y con la filosofía basada en la idea de que "Otras formas de quererse son posibles"
El Laboratorio, coordinado por Coral Herrera Gómez,  es una red social para gente diversa: somos mujeres de todas las edades, nacionalidades, profesiones, orientaciones sexuales y a todas nos une el deseo de sufrir menos, y disfrutar más del amor. Trabajamos desde una perspectiva crítica, para analizar y desmontar nuestra cultura, para elaborar conjuntamente una ética amorosa basada en el buen trato, en la igualdad y la libertad, en el compañerismo y las redes de cuido y apoyo mutuo.
Llevamos a cabo un doble trabajo, individual y colectivo: practicamos la autocrítica amorosa, compartimos experiencias personales, y aportamos en la deconstrucción y construcción en torno al mundo de los afectos, el erotismo y la sexualidad, las emociones y los sentimientos. Tenemos una Biblioteca del Amor, un Blog y foros temáticos en los que analizamos, debatimos, compartimos información y recursos, y construimos herramientas colectivamente. Además, tenemos un espacio de acompañamiento para tratar temas personales, compartir nuestras experiencias, escucharnos las unas a las otras, desahogarnos, aconsejarnos, reírnos juntas, y acompañarnos en los procesos que estamos viviendo en el presente (enamoramientos, rupturas, duelos, momentos difíciles, etapas de cambio y transformación...).

Echa un vistazo al interior de la plataforma on line con Coral:



¿Qué hacemos en el Laboratorio del Amor? 

Analizar nuestra cultura romántica y desmontar sus estructuras tradicionales para inventar e imaginar otras formas de querernos y organizarnos. 
- Aprender a gestionar emociones y adquirir herramientas para sufrir menos, y disfrutar más del amor.
- Conocernos mejor a nosotras mismas, y hacer frente a los miedos (los propios y los colectivos).
- Acompañarnos en el proceso individual que cada una llevamos a cabo.
- Despatriarcalizar el amor, aprender a relacionarnos sin luchas de poder y sin jerarquías: de igual a igual, de tú a tú.
- Liberarnos de las represiones emocionales y sexuales que heredamos a través de la educación patriarcal.
- Poner en común experiencias personales del pasado y del presente.
- Construir una ética amorosa basada en el amor del bueno: diverso, igualitario y pacifista.




¿Qué es el Laboratorio del Amor?


  • Un espacio de trabajo colectivo en torno a los estudios sobre el amortrabajamos en Foros en los que hablamos sobre temas específicos, cada mes os propondré uno nuevo, y vosotras también podréis lanzar temas para debatir con las compañeras. 
  • Un espacio de conocimiento e intercambio de recursos e información: tenemos una estupenda Biblioteca con bibliografía, vídeos, libros en pdf, imágenes, artículos, enlaces, entrevistas, documentales, blogs y webs de interés, podcasts y audios, etc.
  • Un espacio de acompañamiento: en el Foro de Señoras  hablamos sobre nuestras cosas personales, compartimos dudas, pedimos consejo, nos desahogamos, compartimos los procesos personales de cada una, y echamos una mano en lo que podemos: es el espacio más sororario en el que nos expresamos con libertad, en un ambiente de confianza y privacidad. 
  • Un espacio de creación colectivo: en el Blog de las Señoras podréis subir todo el material que sea de vuestra propia cosecha: textos, poemas, ensayos, relatos, cartas, dibujos, canciones... y enriquecer vuestros posts con música, imágenes, vídeos o links interesantes. Será un espacio para crear con total libertad, sin miedo a ser juzgadas o criticadas, con generosidad para mostrarnos y para compartirnos.

¿Cuántas horas a la semana requiere mi participación en el Laboratorio?
  • El trabajo es flexible y cada participante se conecta cuando lo desea, trabaja a su ritmo y se organiza a su manera. Las únicas citas fijas son los martes en el chat con Coral Herrera y el resto de las compañeras en directo. 

  • Tú decides cuanto tiempo quieres o puedes dedicarle a este proceso de formación permanente. La idea es que puedas trabajar sin agobios, y disfrutando de esta red internacional de mujeres.
¿Quién puede participar?

Este es un espacio inclusivo y diverso en el que cabemos todas: mujeres jóvenes, adultas y mayores, mujeres heterosexuales, bisexuales y lesbianas, mujeres cisexuales y transexuales, mujeres enamoradas, mujeres decepcionadas, solteras, casadas, poliamorosas…  tenemos en común las ganas de conocer mejor nuestra cultura amorosa, de conocernos mejor a nosotras mismas, y de construir herramientas individuales y colectivas para poder disfrutar más de la vida y del amor.

¿Cómo funciona el Laboratorio del Amor?



Conocimiento: Cada mes trabajaremos en un tema específico en los Foros del Laboratorio.
Investigación: en la Biblioteca  del Amor tendremos nuevo material todos los meses. Todas podemos acceder a los recursos y aportar con libros, artículos, audios, entrevistas, reportajes, documentales, música...

Creatividad: En el Blog de las Señoras podremos publicar nuestros textos (poemas, reflexiones, ensayos, cartas, relatos, microrrelatos...)

Acompañamiento: espacio para compartir nuestros temas personales, enriquecer nuestros procesos individuales, pedir ayuda a las compañeras, aconsejarnos unas a otras, desahogarnos y poner en común lo que nos pasa.

¿Cuál es el precio de este taller permanente? 

Para participar en este espacio puedes eligir entre dos modalidades de suscripción: mensual o anual.

SUSCRIPCIÓN MENSUAL: 9,95 € /mes

SUSCRIPCIÓN ANUAL: 100 €/año 


El pago se realiza a través de Paypal y la suscripción es automática, para que no tengas que preocuparte de nada. Y, claro, puedes darte de baja cuando quieras.






Más info e inscripciones en: 
http://otrasformasdequererse.com/



27 de diciembre de 2015

Acabar con las fobias sociales y el miedo a la diversidad






Conozco a mucha gente que pide ayuda a psicólogos y terapeutas para tratarse la tristeza, el vacío existencial, las angustias y los miedos, pero no conozco a nadie que quiera curarse de enfermedades sociales como el racismo, el machismo, el clasismo, la xenofobia, la homofobia, la lesbofobia o la transfobia. 

Vivimos en un mundo competitivo, violento y jerárquico en el que unos seres humanos tienen más valor que otros: no nos educan para amarnos los unos a los otros en las escuelas ni en las universidades, y no hay especialistas a los que acudir cuando experimentamos un odio profundo hacia colectivos de personas o minorías. 

Las religiones tampoco promueven el amor hacia la gente diferente: generalmente los curas, sacerdotes, rabinos o imanes nos incitan al odio acusando de herejes e infieles a todos aquellos que no siguen su doctrina. Es frecuente escuchar en las iglesias, las mezquitas y las sinagogas discursos de odio hacia las mujeres que no se someten a los dictados del patriarcado, o hacia lesbianas y gays, pero sus autores no son acusados ni encarcelados por hacer apología de la discriminación y la violencia desde sus púlpitos. 

Vivimos en una cultura muy romántica, pero muy poco amorosa. Si bien el racismo es una enfermedad social que con los años se ha convertido en un fenómeno políticamente incorrecto, los chistes sobre negros, latinos, árabes, etc siguen fomentando el uso de estereotipos negativos  que se asumen como algo "natural" y gracioso, lo mismo que los chistes machistas que denigran a las mujeres. Cuando nos acusan de ser personas que discriminan, que odian o que rechazan a otros seres humanos, generalmente nos justificamos empezando con la tan conocida y estúpida frase: "Yo no soy racista pero... no soporto a los gitanos", "Yo no soy homófobo pero... a mi que no se me acerque un gay", "Yo no soy machista pero... las mujeres no están capacitadas para ciertas tareas", "Yo no soy clasista pero... creo que los pobres son unos vagos". 

Es curioso que a poca gente le de vergüenza expresar en voz alta su miedo o su odio hacia otros seres humanos y que nadie quiera curarse de estas enfermedades sociales que provocan tanta violencia. Hasta cierto punto es demencial que enseñemos a los niños y a las niñas a comportarse con corrección en público (dar los buenos días, no tocarse los genitales en público, rezar por las noches), pero luego tengan que oir en casa chistes y comentarios despreciativos hacia los inmigrantes, las lesbianas o las personas transexuales como si discriminar a otras personas no fuera un acto violento. 

Los seres humanos sentimos terror hacia las personas que no son como nosotras, por eso siempre estamos buscando la integración en los grupos, y por eso buscamos a los que son semejantes para formar grupos frente a otros grupos de gente que no son como nosotros. En nuestro sistema patriarcal, nos han convencido de que hay gente "normal" y gente "anormal", que hay un "nosotros" y un "ellos", que están los "buenos" y los "malos", que por fuerza has de ser "masculino" o "femenina"... todo nuestro pensamiento es binario, es decir, nuestra forma de pensar está determinada por los opuestos: blanco/negro, positivo/negativo, válido/inválido. 

La gente normal es aquella que cumple con los patrones y las normas del capitalismo patriarcal, es aquella que se puede etiquetar y definir, es aquella que encaja con una definición exacta. Toda la gente que no "encaja" es rara, es extraña, es extravagante, y por lo tanto es susceptible de recibir nuestro rechazo y nuestras burlas. Esto es lo que ocurre con las personas transexuales o las personas transgénero: nuestro cerebro trata de averiguar si estamos frente a un hombre o una mujer, y nos sentimos mal si no logramos definir con exactitud el género al que pertenece la persona que tenemos en frente. 

Y sin embargo, en la naturaleza nada es blanco o negro: vivimos en un mundo diverso con gente de todos los colores, tamaños, creencias, habilidades, capacidades, costumbres y formas de ser. En nuestro mundo hay mujeres masculinas, hombres femeninos, hermafroditas, personas que transitan, personas que se disfrazan, hombres travestidos, y toda clase de gente que no se adapta a ninguna etiqueta patriarcal. Nos cuesta gozar con esta ruptura de esquemas porque necesitamos que nuestro mundo sea estable, parecido al mundo simple que nos muestran los medios de comunicación: la diferencia nos da miedo, y por eso atacamos a personas que tienen otras creencias religiosas, otras formas de vestir, otros acentos e idiomas, otras orientaciones sexuales, otras costumbres y tradiciones....

Las enfermedades sociales producen discriminación, y la discriminación lleva a la violencia. Por eso la gente que vive esa violencia por ser diferente sufre tanto, por eso hay tantos niños y niñas diversas que se suicidan, por eso hay tantas personas adultas que son asesinadas cada año en todo el mundo. Por ser diferentes, por ser extranjeros, por ser raros...

Para acabar con las fobias sociales, hace falta integrar en la educación el respeto hacia las personas, y el amor hacia la diversidad del mundo en el que vivimos. No sirve de nada que nos aprendamos los nombres de los ríos y sus afluentes, o la lista de los reyes visigodos, si somos incapaces de entender que no se puede discriminar a nadie por su color de piel, por su forma de amar, por su identidad de género. No sirve de nada que tus hijos e hijas saquen buenas notas si luego acosan a sus compañeras con insultos, humillaciones, golpes y desprecios... no sirve de nada que hablemos de paz y de amor en Navidad si seguimos fomentando el odio contra colectivos de personas que no son como nosotros. 

Tenemos que ir más allá de las etiquetas y condenar todos los discursos de odio que nos hacen creer que hay personas inferiores y superiores, y que justifican la violencia contra las personas diversas. Tenemos que callar la boca a toda esa gente que utiliza esa maldita frase de: "Yo no soy machista pero..., yo no soy racista pero... yo no soy homófobo pero...." 

No hay peros que valgan. Todas las enfermedades sociales tienen cura: la mejor medicina contra la intolerancia, los miedos y la violencia es la educación en valores. Tenemos que romper con las etiquetas que nos reducen la libertad para ser y para sentir, y cuestionar profundamente los conceptos de "normalidad" y "anormalidad", porque en realidad somos todos gente diversa. Tenemos que ensanchar nuestras pequeñas mentes para que ser capaces de entender que la diversidad no es ninguna amenaza, que nos enriquece en la medida en que nos abre horizontes de realidad, y que la gente diversa merece respeto y amor. Tenemos que trabajar colectivamente, junto con los medios de comunicación, las familias y las instituciones, para promover una ética basada en el amor hacia la gente que nos rodea, sin exclusiones ni discriminaciones de ningún tipo. 


Coral Herrera Gómez


Otros artículos de la autora:


23 de diciembre de 2015

El poder de las brujas


 
Revista Mente Sana, número 120 (noviembre-diciembre)


Las brujas existen, y aunque no las vemos, haberlas, haylas, y por todas partes. A diferencia de otros seres mitológicos como los duendes o las hadas, que existen sólo como figuras narrativas, las brujas de carne y hueso nos acompañan desde hace muchos siglos.

La primera referencia documentada que tenemos de ellas es del siglo X DC, y en la actualidad se cree que hay más de 200 millones de brujas en el mundo. Las brujas posmodernas son muy diversas: algunas son curanderas que ejercen en sus pueblos; unas son clandestinas y llevan una doble vida, otras son famosas y ricas; unas son brujas hippies que dominan las técnicas de sanación oriental como el reiki, la acupuntura, el yoga; otras se dedican al activismo político y social y a la defensa de los derechos de las brujas…. 

Las brujas profesionales de hoy en día estudian en academias y universidades de Brujas,  investigan y publican en revistas, se reúnen en encuentros internacionales y congresos de brujería, y fundan asociaciones y colectivos de brujas en todo el mundo.  Gracias a Internet, hoy conocemos mucho más acerca de ellas, podemos seguirlas en Facebook y Twitter, leer sus blogs, asistir virtualmente a sus conferencias, cursos y talleres, y contratar sus servicios vía skype o whattsap.

En los relatos de nuestra cultura las brujas son seres muy longevos con poderes especiales, mujeres de acción que cuando se juntan son imparables: no están solas, como las princesas, y tampoco esperan a que alguien les resuelva los problemas. Viven en sus casas con su gato negro, sus libros, sus instrumentos de trabajo, su escoba y sus hierbas, generalmente sin marido que las mande. Saben hacer y deshacer hechizos, usan pócimas mágicas, curan o provocan enfermedades, saben leer el pasado y el futuro, hacen profecías, inventan conjuros nuevos, te ponen en contacto con seres del más allá, te dan consejos sensatos o te destrozan la vida.

Los cuentos de brujas nos fascinan y nos dan miedo a partes iguales porque el poder quería que las viésemos como seres monstruosos: ellas representan a todas las mujeres libres que los hombres temen. Nos las dibujan como seres indomables y rebeldes que ponen en peligro el orden establecido con su feminidad transgresora. En el imaginario colectivo, ellas son la peor pesadilla para el poder patriarcal, porque son mujeres poderosas capaces de transformar la realidad a su antojo.

Sin embargo, en la realidad, las brujas eran tan solo mujeres cono conocimientos, como su propio nombre indica (la palabra bruja en inglés, “witch”, procede del verbo “wit”, que significa “conocimiento”). La mayor parte de ellas fueron científicas que tenían acceso a la lectura y la escritura de libros, sabias que aprendían de sus maestras y transmitían sus conocimientos a otras de su clan.

Algunas eran líderes espirituales de su comunidad, otras eran médicas, curanderas, biólogas, nutricionistas, chamanas, artesanas, científicas … todas se consideraban peligrosas para el patriarcado porque se organizaban en grupos sororarios, tenían secretos, conocían bien el cuerpo y la sexualidad de las mujeres, sabían controlar su fertilidad y ayudaban a muchas a elegir y decidir sobre su maternidad.

La Ciencia occidental se propuso eliminarlas a medida que se fue imponiendo la visión masculina en todas las áreas de investigación y conocimiento. El cuerpo de las mujeres pasó a ser “cosa de hombres”: los científicos pronto se dieron cuenta de que si les impedían ejercer la medicina, y les despojaban de sus saberes, lograrían controlar los cuerpos de todas las demás mujeres.

Para poder crear un rechazo colectivo hacia ellas, la Iglesia las convirtió en monstruos y las satanizó. Se les acusó durante mucho tiempo de trabajar para el Demonio, de asesinar a niños y niñas, de provocar catástrofes medioambientales, de enloquecer a los hombres…  por eso en todos los cuentos y canciones se las representaba como mujeres malvadas, raras, feas o deformes, salvajes, misteriosas, viejas y locas que dan miedo.

Desde el principio de los tiempos, el miedo masculino al poder de las mujeres se ha expresado a través de figuras monstruosas que chupan la sangre a los hombres, que les despojan de su voluntad, que se aprovechan de ellos, que los atraen con sus encantos para destrozarles el corazón. Las mujeres malas de nuestra cultura son desobedientes, insaciables, caprichosas, irracionales, rebeldes, violentas y por eso aparecen como hienas, serpientes, sirenas, vampiresas, diablesas, magas, hechiceras…

Las maléficas (del latín maleficae) fueron, y aún son, el monstruo femenino más grande creado por nuestra cultura. Para hacernos temer el poder de la feminidad sin domesticar, nos las han pintado como la encarnación de la belleza más perversa y la fealdad más horrenda. Ellas representan las fuerzas incontrolables de la naturaleza, son las hijas de la noche y el misterio, son las que navegan por el lado oscuro de la realidad. Son las mujeres salvajes cercanas a la locura, el éxtasis, la vida y la muerte, las drogas, la divinidad y la animalidad…

La caza de brujas que asesinó a 9 millones de mujeres durante los siglos XVI y XVII, no sólo quiso acabar con el acceso de las mujeres al conocimiento y a la Ciencia, sino también con la relación de todas nosotras con nuestra sexualidad, nuestra salud, nuestros cuerpos y nuestra maternidad. El resultado de esta guerra contra las mujeres libres fue una verdadera matanza de la que aún sabemos muy poco. No sólo quemaron vivas a las brujas, sino también a mujeres que fueron acusadas de brujería por no seguir los mandatos de género o no someterse al orden patriarcal. Por eso las ejecutaban en público: eran asesinatos ejemplares con el objetivo de impedir el contagio de la feminidad rebelde.

La Iglesia Católica y muchos Estados de Europa y América se obsesionaron con las mujeres desobedientes y se propusieron acabar con todas ellas utilizando los métodos más crueles y sanguinarios. Fueron perseguidas, violadas, y sometidas a las torturas más horrendas porque el poder necesitaba domesticarlas (o mejor, eliminarlas), para instaurar el capitalismo patriarcal moderno, según nos cuenta Silvia Federici en su libro “Calibán y la bruja”.

La Historia silenció este genocidio hasta que en el siglo XX el feminismo reivindicó la importancia de las brujas, y denunció la invisibilización de la masacre de mujeres por parte de los historiadores. Hoy, muchas feministas nos consideramos herederas de esos colectivos de mujeres rebeldes a las que tanto temían los gobiernos, la Iglesia y la Ciencia. Desde que salió a la luz la represión que han sufrido las brujas en toda la Historia, son muchas las mujeres feministas que se han dedicado a estudiar su historia, a mostrarnos  su enorme diversidad, y a reivindicar el papel fundamental que ellas jugaron durante tantos siglos de patriarcado. 


¿Cómo ser bruja hoy?

Mis amigas y yo nos dimos cuenta un día de que cada vez que los chicos nos veían juntas hablando de “nuestras cosas” y riendo a carcajada limpia, nos señalaban con el dedo y nos decían: “ya están las brujas en su aquelarre”. Nos acusaban de brujería porque se sentían excluidos, pero les daba mucha curiosidad saber qué hacíamos en nuestras fiestas nocturnas a los que ellos no estaban invitados: “cosas de brujas, seguro”.

Nosotras nos preguntábamos cómo podríamos llegar a ser unas brujas de verdad, qué tipo de rito de iniciación habíamos de seguir, qué tipo de lenguaje y de códigos había que adoptar, y quién legitimaría nuestra condición de brujas. Una de mis amigas nos trajo la solución de la mano de las WITCH, que afirmaban que  solo hay que decir tres veces en voz alta “Soy una bruja”, y ya éramos brujas todas. Las WITCH (Women´s International Terrorist Conspiracy from Hell) fueron un grupo guerrillero feminista de los años 70 que actuaron en Nueva York durante tres años en los que hicieron aquelarres secretos y acciones públicas para denunciar la violencia contra las mujeres. Sus herederas actuales son las Pussy Riot y las Femen, grupos de lucha feminista que siguen su filosofía.

Mi amiga nos leyó esta cita que hoy todavía conservo escrita en un papel con los bordes quemados:
Si eres una mujer y te atreves a mirar dentro de ti, eres una bruja. Crea tus propias normas. Eres libre y hermosa. Tu poder procede de tu propio ser como mujer, y se activa al trabajar conjuntamente con tus hermanas”.

Nos hizo muy felices darnos cuenta de que brujas somos, entonces, todas las mujeres que nos unimos en colectivos para aprender, para compartir recursos y conocimientos, para organizarnos y ganar las batallas, para acompañarnos y ayudarnos, para celebrar la vida, para trascender la cotidianidad, para ponernos en contacto con el más allá, o para honrar a la naturaleza con ritos sagrados a luz de la luna llena.

Si tienes amor por el conocimiento, si tienes el don de leer la realidad y de actuar para transformarla, si te gusta unirte a más mujeres para celebrar y trabajar en equipo, entonces, tú también eres una bruja. Hay tantas formas de ser bruja como mujeres en el mundo, sólo necesitas un grupo de amigas, unas cuantas escobas, ¡y a volar!


Coral Herrera Gómez


Este artículo fue publicado originalmente en la Revista Mente Sana 
(nov-dic, número 120). 


13 de noviembre de 2015

¿Cómo es el Laboratorio del Amor?



¿Quién quiere ver el Laboratorio por dentro? 

Me acabo de grabar un vídeo casero para enseñaros las entrañas de nuestra plataforma, nuestros foros, nuestro blog, la Biblioteca del Amor... 

y animaros a todas a uniros a nuestro espacio para compartir los procesos individuales con mujeres de todos los países que también creen que otras formas de quererse son posibles, y que se puede sufrir menos, y disfrutar más del amor:








Más info e inscripciones en mi web: