Estar enamorada de la vida es una de las experiencias más hermosas que podemos vivir los seres humanos. Puedes enamorarte de la vida varias veces a lo largo de tu existencia, pero también puedes estar permanentemente enamorada. Y lo increíble es que es un amor correspondido.
Hay gente que vive enamorada de la vida y no es consciente, y nunca habla de ello, pero se le nota porque disfruta mucho. También hay mucha gente que no ama la vida, ni la de los demás ni la suya propia, y pasa toda su existencia amargada, preocupada, angustiada, cabreada, obsesionada por cosas absurdas o en una batalla permanente contra el mundo y contra sí mismas. Hay personas que malgastan su vida creyendo que es eterna, otras que son incapaces de disfrutar de la vida que tienen porque siempre están soñando con una vida diferente o viven enfocados en el futuro y no gozan del presente.
Yo me siento afortunada porque la amo, y porque me lo trabajo mucho para intentar estar en el presente, y asombrarme cada día de lo maravilloso que es existir y caminar por el sendero de la vida. Es cierto que es un viaje muy duro: a veces atraviesas hermosos valles con ríos tranquilos, otras veces te toca atravaser desiertos de arena o de hielo, otras veces encuentras lagos en calma y navegas en ellos disfrutando del paisaje, otras veces te toca atravesar océanos, escalar volcanes y montañas, o tratar de sobrevivir en ríos de aguas turbulentas. A veces te hundes en ciénagas de lodo, y otras te divierte s surfeando en una playa paradisíaca. Hay momentos en que llegas a islas es las que poder descansar, otras veces te toca sobrevivir en una jungla de torres de cemento… es un viaje duro, para millones de personas durísimo, pero ninguno estamos caminando solos.
Nos acompañaron las abuelas y los abuelos, las madres y los padres, hermanos y hernanas, familiares, amigos y amigas de infantil y primaria, luego los de secundaria, nos acompañan novios y novias, compañeras de trabajo, vecinas, hijas, hijos, sobrinos, sobrinas, nietos y nietas.
Unas personas nos acompañan un fin de semana, otras durante años. Con algunas volvemos a reencontrarnos en otras etapas de la vida, a otras las perdemos para siempre. Y duele mucho tener que seguir sin ellos. Pero seguimos hacia delante, sabiendo que vendrán q nuestras vidas nuevos amores y nuevas amistades, y que habrá más momentos felices durante la travesía.
Las personas que nos acompañan son un regalo de la vida para que no se nos haga tan duro el camino y para que merezca la pena hacer toda la travesía. En realidad esa red de amor es la que nos ayuda a soportar las pérdidas, las derrotas, los fracasos y las malas épocas. Pero también es una red para celebrar, para divertirnos, para apoyarnos, para crear cosas juntos, para contarnos historias, para aprender juntos y para hacer que la vida sea más fácil y mas bonita. Así que cuando te enamoras de la vida también te enamoras de la gente que te acompaña en tu viaje, y viceversa: amando a los demás, te enamoras de la vida.
Ojalá todos y todas pudiéramos dejar de malgastar nuestro tiempo y disfrutar del aquí y del ahora con plena conciencia. La vida es lo único sagrado para mí, y ver atardeceres tan hermosos como este me hacen sentir una inmensa gratitud a la gente que me acompaña en este camino y un inmenso amor hacia todo lo que me rodea y todo lo que existe. Es tan bonito sentir de vez en cuando y con tanta intensidad este amor tan profundo y maravilloso hacia la vida.
