21 de julio de 2026

Cómo dejar de sufrir en la playa



Hoy os propongo un entrenamiento para los y las que queréis dejar de sufrir en la playa, en la piscina, en el gimnasio y en cualquier espacio público. La primera parte son tres ejercicios de gimnasia mental y emocional y la segunda parte es el entrenamiento, que se realiza en la interacción con los demás.

El primer ejercicio se llama “Este espacio público es para disfrutar”. Se trata de convencer a tu cerebro para que entienda que los espacios públicos en verano no son concursos de belleza ni espacios para exhibir tu cuerpo como si fuera una cosa, un objeto o un producto. 

Puedes explicarle que estos espacios son lugares para disfrutar del contacto de la brisa marina con tu piel, para disfrutar de la naturaleza, del agua y del sol, para divertirte jugando con tu familia y/o amigos/as en el agua y fuera de ella, para hacer deporte, pasear o relajarte en la toalla, para perder la mirada en el horizonte, para leer o para conversar con tu gente querida.

Lo mismo en el bosque, que en un funeral, un festival de música, una maratón, un retiro en el rural, una exposición de pintura, una boda, un partido de tenis, una manifestación, un cumpleaños, una fiesta de carnaval o una discoteca. A los espacios públicos no vamos a hincharnos el ego, vamos a disfrutar, a conocer gente nueva, a aprender cosas nuevas, a comer rico, a beber, a divertirnos y a socializar.

El segundo ejercicio: “Mi cuerpo está bien como está“ consiste en convencer a tu cerebro de que tu cuerpo no tiene que competir con otros cuerpos, y que no necesitas pasar ningún examen para que los demás te aprueben o te suspendan. Tu cuerpo eres tú y lo importante es que tengas salud y energía, y no te duela nada. Tu cuerpo está bien como está y no es necesario torturarlo para que se adapte a los cánones de belleza actual, que son prácticamente inalcanzables: son muy pocos los cuerpos “perfectos”. Lo normal es ver cuerpos con asimetrías, cicatrices, arrugas, estrías, celulitis, calvicie, pecas, granos, lunares, verrugas, flacidez y acumulaciones de grasa en el abdomen, en las nalgas, y en todas las partes del cuerpo.

El tercer ejercicio “No necesitas los aplausos de gente desconocida” consiste en explicarle a tu cerebro que no necesitas despertar en los demás deseo, admiración o envidia, y tampoco necesitas sentirte superior a los demás ni sentirte más especial que los demás. No te dejes arrastrar por el ego: se sufre mucho intentando destacar y comparándote con los demás .Nuestro aspecto físico o nuestro nivel de belleza no determina nuestro valor: la gente nos aprecia por nuestra forma de ser, de estar en el mundo, de comportarnos y relacionarnos. Y la única opinión que debe importarnos es la de la gente que nos conoce: tener miles de seguidores no es lo importante. Lo importante en tu vida es la gente que te quiere y que te cuida.

Además despertar la envidia en la gente no es bueno para ti y tampoco para los demás. Tú para ser feliz lo que necesitas es el amor y el calor de tu comunidad y que te aprecien por tu generosidad, amabilidad, inteligencia, solidaridad, creatividad, habilidades sociales… en definitiva, que lo importante no es tener un cuerpo perfecto, sino ser buena persona.

Después de estos tres ejercicios de reprogramación neuronal ya puedes empezar el entrenamiento, que consiste en poner atención a diario a tus pensamientos con el objetivo de aprender a identificar lo que estás haciendo (por ejemplo: estoy evaluando a los demás) y dejar poco a poco de comentar y criticar los cuerpos ajenos.

Cuando dejas de competir empiezas a ver muchas cosas que antes no veías. Por ejemplo, que hay mucha gente a la que le importa poco lo que opinen los demás. Y son más felices porque no sienten envidia, ni miedo ni vergüenza. Hay muchas personas con malformaciones y discapacidades que no se encierran en su casa y también van a la piscina y a la playa. También van las personas mayores que son los que más disfrutan de estar sanos y estar vivos, y los que menos se preocupan por el el qué dirán.

A tu cerebro le irá muy bien si le repites varias veces que somos gente diversa e imperfecta, que el concepto de belleza es muy variable, que nuestros cuerpos también se van transformando a lo largo de la vida, y que lo importante es vivir sin dolor ni sufrimiento, ni enfermedades graves.

Cuando entrenas a diario para no comentar, alabar o criticar cuerpos ajenos, comienzas a notar poco a poco que te da igual lo que los demás opinen de ti. Cuando liberas a los demás del juicio patriarcal de la belleza, también te liberas tú. Y cuando llegas a la playa o a la piscina o al bar lo que quieres es disfrutar, no vas a exhibirte ante un tribunal.

Todos somos estupendos tal y como somos. No sirve de nada torturarse para parecerse a modelos irreales que ni siquiera son humanas. Las personas “normales” tenemos todas singularidades: ojos muy juntos o muy separados, caderas muy anchas o muy estrechas, piernas muy largas o muy cortas, narices pequeñas o muy prominentes, tetas muy grandes o muy pequeñas, mucho pelo o poco pelo...

Y cuando tomas conciencia de esta bella diversidad, y te liberas de la tiranía de la belleza, y te das cuenta de que solo tenemos un cuerpo y hay que cuidarlo. No para convertirlo en mercancía ni para ganar poder ni aumentar tu rango, sino para vivir bien muchos años.

Y entonces al final del entrenamiento llega un momento en el que simplemente te sientes afortunada porque tienes un cuerpo con el que puedes ver, comer, beber, comunicarte, escuchar, oler, saborear, hablar, nadar, saltar, bailar, acariciar, abrazar, caminar, correr, cantar, tocar instrumentos, dormir, tejer, cocinar, tener orgasmos, contar historias, aprender, construir cosas, cuidar a otros seres humanos y animales, y gozar de los pequeños placeres terrenales.

Ojalá os ayuden estos tres ejercicios y este plan de entrenamiento para que podáis disfrutar en los espacios públicos y podáis sentiros a gusto y en paz con vuestros cuerpos.

Coral Herrera Gómez

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