19 de julio de 2013

Ningún amor es ilegal





 

Todos los seres humanos tenemos los mismos derechos. Partiendo de esta base, también tenemos los mismos derechos en el ámbito afectivo, sexual y emocional. Todos y todas, independientemente de nuestra orientación sexual, de nuestra identidad de género, de nuestro origen o nuestra edad, tenemos derecho a amar a quien queramos, y a que nos quieran. 


Este es uno de los derechos fundamentales e inaleienables del ser humano: amar en libertad. Juntarse, disfrutar y separarse en libertad.




Vivimos en una cultura que nos ofrece un modelo de amor único: el de Barbie y Ken, el del príncipe y la princesa, el de Brad Pitt y Angelina Jolie. El régimen heteronormativo patriarcal nos dice cómo, a quién, cuando y bajo qué circunstancias podemos amar. A través de la cultura patriarcal se nos impone este esquema de pareja heterosexual monogámica, y se condena todas las desviaciones de la "norma amorosa". 

Todo lo que no sea un pareja de dos (hombre y mujer) en edad reproductiva, constituye un acto de desobediencia y rebeldía a las normas del amor patriarcal. Por eso las lesbianas, las bisexuales, los gays, las transexuales, los adúlteros, las poliamorosas, las parejas de ancianos, las parejas de niños o las parejas de diferente clase socioeconómica, etnia o religión, han de ocultar sus relaciones porque son consideradas "anormales".  


Ejemplos hay millones: la Señora que tiene un romance con el jardinero de su mansión, la duquesa que se casa con un señor 25 años más joven que ella, el alumno que se enamora de su profesor, la niña que trae a su novio negro a cenar a casa, el muchacho gitano que se junta con la joven paya, la judía israelí que se enamora de su amiga palestina, el viudo que se enamora de la viuda en la Residencia y quiere volver a casarse, los tríos que tienen hijos y viven felices... 

La normalidad no es natural, sino construida. Cada cultura tiene sus normas, prohibiciones, tabúes, costumbres amorosas, de modo que en cada una de ellas se promueven unos modelos y se condenan otros. Las relaciones que se desvían de estas normatividades han de se viven en la clandestinidad, por eso hay cientos de miles de personas que pierden la vida por enamorarse de quien "no deben". 







Los castigos para los y las que se desvían de la norma  son variados: pueden ir desde una simple condena social desde el entorno próximo (aislamiento, rumores, rechazos, peleas), hasta una pena de cárcel o de muerte, como sucede en un gran número de países donde los homosexuales son golpeados y torturados, las lesbianas sufren "violaciones correctivas" y las mujeres casadas que han querido divorciarse o son infieles a sus esposos son apedreadas hasta la muerte. 

Por todos estos crímenes de odio se hace necesario reivindicar nuestro derecho a amar a quien queramos. Son millones las personas que no pueden vivir su amor por miedo a las leyes que prohíben determinados tipos de relación sexual/sentimental. Y las que se atreven, a veces lo pagan muy caro.

Es preciso que defendamos el derecho a querernos como nos plazca, a desviarnos a donde queramos, a juntarnos como deseemos, a probar formas más bonitas e igualitarias de relacionarnos. Tenemos derecho a construir las relaciones desde la libertad y no la necesidad, a probar nuevos esquemas de relación, a amarnos como queramos, sin leyes discriminatorias que permitan unos amores y condenen otros. 


Legalicen el amor: ¿por qué es ilegal enamorarse?


Al final, el amor es el amor,  y afortunadamente cualquier puede sentirlo y vivirlo: forma parte de nuestra condición humana. Tener afectos es algo fundamental para nuestra salud emocional y psíquica, y tenemos derecho a disfrutar de ellos sin obstáculos de ningún tipo (religiosos, legales, sociales, familiares, etc). También tenemos derecho a dejar las estructuras patriarcales a un lado y probar otras formas de querernos que no impliquen luchas de poder, jerarquías, estructuras de dependencia o dominación y sumisión. Podemos amarnos sin sufrir tanto, sin tantos conflictos, sin tantas mentiras y dolor: se trata de aprender a amar sin egoísmos, sin miedos y sin violencia. Y todas las formas de construir relaciones alternativas a este modelo amoroso patriarcal, son válidas si se hacen desde el amor, desde la igualdad, desde la libertad.

El amor no puede ser ilegal porque es la construcción humana más hermosa del mundo: somos humanos cuando nos ayudamos mutuamente, cuando construimos redes de solidaridad, cuando nos transmitimos placer, cariño y ternura entre nosotros. Somos humanos porque amamos.

Así que es preciso que luchemos juntas por el derecho a amarse con libertad. Lo romántico  es político: nuestras comunidades deberían poder garantizar estos "derechos emocionales, sexuales y afectivos" para todos sus habitantes. Entre todxs podemos construir una ética del amor que nos permita aprender a gestionar las emociones y adquirir las herramientas para querernos bien, para tratarnos bien, para sufrir menos y disfrutar más, para fomentar el amor colectivo de modo que nos llegue a todxs.











 Amar, digan lo que digan las religiones y las iglesias, las leyes absurdas o la doble moral, ni es pecado ni delito: es un derecho fundamental. 




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