27 de noviembre de 2012

Entrevista en el Confidencial: ¿Hablamos de Soltería o de Soledad?




J.P ¿Cual es el imaginario sobre la soltería? ¿Se están rompiendo tópicos o estereotipos respecto al tema?

C.H.G 



Yo defiendo la soltería porque me parece más sana que el sadomasoquismo de algunas parejas. Antiguamente si no te casabas eras una rara/o, o un fracasado, o bien un homosexual en el armario. Hoy heteros, lesbianas y gays pueden casarse, en algunos países, o permanecer solteros; la soltería ya no está bajo sospecha, ni es una condena perpetua, sino que es una opción y hasta un estilo de vida.

Antes la gente corría a casarse con el primero que pasaba por allí o con las disponibles que aún no se habían emparejado, y después pasaban la vida en infiernos conyugales. 
Ahora esos infiernos se rompen, por el bien de los hijos e hijas, y la gente se separa. 
Unos buscan nueva pareja con frenesí, y otros prefieren vivir a su aire, sin complicaciones emocionales. A veces son etapas transitorias, otras veces es una renuncia total a perder la libertad personal. Lo importante es que la gente ahora se junta por amor y se separa por desamor, y que en algunas sociedades existe mayor libertad para organizar tu vida y afectos. 





Creo que las mujeres disfrutamos más de la soltería porque gracias la transmisión de conocimientos por vía materna, aprendemos a cuidarnos y a mantener la limpieza, cocinar para comer rico, pasar las enfermedades con remedios naturales que nos alivien. Tenemos autonomía total en cuestión de nutrición e higiene, mientras que existen muchos hombres aún que no saben cocinar ni un huevo frito porque sus madres no les transmitieron ese conocimiento que los hace seres dependientes. Creo que por eso los hombres tradicionales lo pasan peor a la hora de separarse y rehacer su vida en solitario, y por eso buscan pareja con más frecuencia que los  que no necesitan una madre-criada (secretaria-asistente-enfermera-psicóloga-cocinera-planchadora-limpiadora-jardinera-educadora-amante). 

Por eso las mujeres de mediana edad disfrutan mucho más su soltería que sus hijas treintañeras. Disfrutan de su tiempo libre, de sus ahorros,  de su vida social: los grupos de vecinas, las compañeras del curso, las antiguas compañeras del trabajo, las amigas de toda la vida, las hermanas y las primas. Se resisten a ceder espacios conquistados y no abandonan su soltería a cualquier precio. 


En general, somos cada vez más selectivos y exigentes a la hora de juntarnos con alguien, sobre todo la gente que tiene divorcios a sus espaldas. A la hora de trasladarse de domicilio y compartir recursos es preciso pensárselo mucho, porque la gente ama su independencia, la convivencia es muy difícil (sobre todo si hay división de roles y sobrecarga doméstica para nosotras), y porque el amor no es eterno, ni perfecto, ni es la panacea para resolver todos nuestros problemas. 

La soltería es una opción para gente que sale herida de batallas amorosas y decide, generalmente, ahorrarse sufrimientos, eliminar expectativas, olvidarse del mito romántico, y diversificar afectos. Los solteros y solteras de hoy en día cuidan sus amistades y poseen círculos sociales más amplios, pero se ahorran el peso de la cotidianidad, de modo que cuando llegan a casa no aguantan malas caras, ni reproches, ni tensiones. De hecho, a menudo se sienten más felices porque encauzan la energía y el  tiempo en cuestiones creativas, sociales o políticas,  lúdicas, etc. en lugar de emplearlo en peleas amorosas y luchas de poder que nos agotan. 

 Hoy en día, ni los matrimonios ni las solterías son para siempre. Aumenta cada vez es más la cantidad de gente que se separa, se divorcia, se vuelve a juntar y se vuelve a separar. Los estereotipos sobre la soltería se van viniendo abajo, y afectan cada vez menos a  nuestra libertad para unirnos o separarnos, a pesar de que la crisis económica limita mucho este derecho a estar con quien una quiera y a separarse. 

La soltería es un fenómeno social muy diverso: unos pocos están desengañados, otros están cegados de amor: hay viudas y divorciados, gente joven y mayor, románticos y ateos del amor. Hay gente que vive sola por razones de fuerza mayor (muerte del cónyuge, guerras y desplazamientos, cárcel), o que está disfrutando de unas "vacaciones emocionales", o  que está deseando renunciar a la soltería por amor pero no encuentra a la persona soñada. Hay gente que busca caminos híbridos que les permitan ser libres y a la vez disfrutar de los afectos, y otra gente que defiende a capa y espada su libertad... 

El solo hecho de poder estar solo o poder elegir el matrimonio igualitario es mucho más sano que la obligatoriedad de antaño de aparentar heterosexualidad y amor mediante el matrimonio. Afortunadamente, cada vez más gente sale del armario; desafortunadamente, el estigma sigue acosando a las mujeres que prefieren vivir solas que mal acompañadas: o son lesbianas, o son monstruos sin corazón. Tradicionalmente se considera que una mujer que no ama no es una mujer, que el amor lo es todo para nosotras, que las mujeres somos niñas hasta que nos convierten en “señoras de”, que las mujeres que no nos casamos no hemos tenido éxito en la vida, o que somos tan “difíciles” que nadie nos quiere. Son estereotipos negativos que siguen reproduciéndose aún, y de algún modo siguen penalizando a las mujeres por su elección de vida, o por sus circunstancias personales. 


J.P ¿Consideras la soltería como una forma de vida? ¿Es algo pasajero? Hay personas sin pareja tan centradas en sus vidas y pasiones que no buscan pareja ¿Son más "felices" que los que buscan un compañer@?


C.H.G. En el caso de las mujeres y los hombres jóvenes, creo que estamos sumidos en la contradicción entre la necesidad de libertad y la necesidad de afecto. Tenemos miedo a la soledad total, pero las estructuras de nuestros abuelos y padres no nos sirven, y por eso estamos probando otras formas de relacionarnos, más flexibles, más cambiantes. A veces buscamos pareja, otras veces buscamos no tenerla; a veces soñamos con príncipes azules, otras veces el principio de realidad se impone y queremos a la gente tal y como es. Nos separamos, nos juntamos, nos chocamos, nos fusionamos, y todo sucede bajo una intensidad y una velocidad que asusta a nuestros abuelos y abuelas. 

A pesar de que en el imaginario colectivo la soledad es sinónimo de horror y vacío, la realidad es que la gente que necesita su espacio y su tiempo para desarrollar sus aficiones y sus pasiones es capaz de disfrutar mucho de ella. Los que practican deportes, las que aman la lectura o escriben,  la gente que se mueve en redes artísticas, espirituales o religiosas, los coleccionistas de cualquier cosa, los y las jugadoras de ajedrez, la gente activista en movimientos sociales y políticos, los hackers y los frikis del cómic, las frikis del patchwork, los que se sumergen en el baile, el Yoga, el Reiki, las artes marciales, los buscadores de setas, los amantes de la poesía, etc disfrutan muchísimo más de la soledad que la gente que pretende rellenar vacíos a través del amor y de la pareja. 

Cuando tenemos pasiones esta soledad es maravillosa porque te da libertad de movimientos y te permite dispersarte o concentrarte con pasión en la investigación de tesis doctoral, en la construcción de un puzzle gigante, en un viaje de meses por un continente, en una obra de teatro, en una maqueta, en estudiar para ser funcionari@, en sacar adelante cualquier proyecto político, social, artístico, etc. Más rico es aún cuando lo hacemos en redes: hay gente que cuanto está en pareja suele encerrarse más y reducir su vida social,  pero los solteros y las solteras tienen más afectos y más diversidad en sus relaciones porque no están condicionados por los celos de nadie, ni por la agenda de otra persona. 


La mayor contradicción de nuestra sociedad es que el individualismo es a duo: nos aislamos en paraísos infernales de dos en dos. Por eso la pareja es vista como una limitación, sobre todo las mujeres viudas o divorciadas que no pueden ya renunciar a la libertad y a la soltería porque ya han creado sus redes y sienten que no merece la pena perder su independencia por una sola persona. 


Las separaciones y los divorcios son más duros cuando nos hemos aislado del mundo con la pareja; al romper nos quedamos con grandes vacíos, nos sentimos solos de verdad. Por eso mucha gente busca compañía a cualquier precio y se angustia. Y este es un infierno totalmente desaconsejable: la vida no puede reducirse al objetivo esencial de encontrar pareja. Es normal que uno quiera ligar y conocer gente, pero buscar antes al compromiso que al amor es totalmente antierótico. 


Normalmente nos atraen de las personas su libertad, su energía  su poder.  Amamos a las personas en la medida en que son libres; lo terrible es que deseamos luego domesticar esa libertad, apoderarnos de ella, amarrar al otro para que no escape de nuestro lado. Por eso existe una especie de terror a ser domesticada o domesticado, por eso le tememos al compromiso y hay gente que huye espantada cuando oye palabras que pretenden fijar ese amarre.  La contradicción posmoderna es precisamente ese miedo a la soledad y esa defensa a ultranza de la libertad personal. Por eso nos divorciamos tanto, y por eso mismo firmamos hipotecas que nos atan durante más tiempo del que vamos a vivir. 


Otro de los problemas es que tenemos unas expectativas demasiado altas con respecto a la pareja, porque la mayor parte de nosotros idealizamos un modelo armónico y nos sentimos infelices y frustrados si no lo conseguimos. Por eso, creo, esa frustración nos impide amar a la gente tal y como es, y disfrutar de la pareja cuando todo va bien. Vivir pensando en lo que no tenemos, enamorarnos de quien no debemos, o pasar la vida soñando con una relación más romántica que la que tenemos (al estilo Disney o Hollywood) nos hace infelices y nos impiden relacionarnos con la gente. A las personas hay que quererlas por como son, sin idealizaciones, sin expectativas, sin exigencias. Si no, siempre andaremos buscando al príncipe azul o a la princesa de cuento que nos salve de la soledad.


J.P ¿Es la soledad una característica de la soltería? ¿Y la libertad?

C.H.G Yo opino que la soltería es más positiva que una vida conyugal infernal. Creo que muchos hemos aprendido que lo importante es estar bien, y que cuando no se está bien es mejor no estar. Hay gente que se pasa la vida hablándose y tratándose mal, chantajeándose, reclamándose, inundando la cotidianidad de reproches. Por eso el refrán que reivindica que se está mejor sola que mal acompañada.

La soledad depende mucho de cómo nos relacionamos y tejemos redes sociales y afectivas a nuestro alrededor. Por eso, creo, es tan importante cuidar las amistades y tender puentes de ayuda mutua, de solidaridad y empatía. Porque la pareja perfecta no es más que un mito romántico: ni es perfecto, ni es eterno, ni es la esencia de la felicidad. Nos aferramos a ese mito porque nos gusta soñar con paraísos: pero la realidad es bien distinta, mucho más compleja y conflictiva.

Creo que la gente que logra desvincularse emocionalmente de este mito, logra también disfrutar de la soledad y los espacios propios, y de la pareja cuando la tiene. A mí me admiran las mujeres de mediana edad que hablan entusiasmadas de lo bien que están solas. Son solteras, divorciadas, o viudas que disfrutan de su autonomía, y no sienten la necesidad de atarse o de comprometerse sentimentalmente a nadie porque se han pasado muchos años de su vida sometidas a las necesidades de la familia y en especial, de los maridos. Una vez que los hijos e hijas salen de casa, estas mujeres se encuentran con que tienen salud, capacidad adquisitiva y mucha energía para explorar mundos a los que antes, por falta de tiempo, no podían acceder. Las mujeres de mediana edad jubiladas o prejubiladas se dedican por fin a sus hobbies favoritos, viajan, comparten tiempo con amigas y amigos, salen a bailar, practican deportes, aprenden cosas nuevas, y no necesitan para nada un marido que coarte su libertad de movimientos o que eclipse su tiempo.

Por eso muchas de ellas, aunque tengan pareja, prefieren la fórmula tú-en-tu-casa-y-yoenlamia : de este modo se aseguran que su relación no se vea deteriorada por problemas de convivencia, y su estructura vital no se ve trastocada. con ese equilibrio entre la independencia y la entrega amorosa, es más fácil disfrutar de la vida y de las relaciones porque no se ven desgastadas por la cotidianidad. y además estas mujeres crean redes sociales y afectivas mucho más grandes porque no se ven limitadas por el marido a la hora de salir o entrar, ni tampoco por obligaciones familiares. De los nietos y nietas, disfrutan como abuelas, pero no ocupan su vida diaria. Esta libertad, sin duda, es mucho más apetecible que la idea de un matrimonio de dependientes hastiado por los rencores y los reproches mutuos. 

Definitivamente, la soltería tiene muchas ventajas, y por eso hoy la gente cambia de estado civil o sentimental con mucha mayor alegría que hace cincuenta años. Lo importante es, yo creo, quererse con mucha gente: vecinos, compañeros de trabajo, amigos, familiares... llevarnos bien y apoyarnos mutuamente. La pareja ha de ser, para muchos, un lugar de paz y de disfrute: por eso de algún modo se colectiviza, se comparte y se disfruta sin tanta culpa y represión como antiguamente. Hoy la gente se compromete menos, pero lo disfruta más. Porque ahora se traspasa con más facilidad la barrera de los armarios, y la gente prueba, se enlaza a redes de amores alternativos, practica sexo sin amor o tiene amores sin sexo, se abstiene o se lanza desenfrenadamente a la promiscuidad más tierna y diversa. 


Unos siguen la utopía posmoderna del amor romántico, otros y otras no quieren que sea el eje de sus vidas. Somos seres complejos y contradictorios que queremos ser completamente  libres y no soportamos la soledad. Nos atrae lo nuevo, lo raro, lo prohibido: por eso nos casamos, nos separamos, volvemos, probamos y nos juramos que para siempre o que nunca más. Unos mitifican el matrimonio de amor romántico, y para otros la soltería es un paraíso de libertad del que a veces nos queremos escapar. Así gozamos y sufrimos, así elegimos, así nos encontramos: en base a contradicciones emocionales posmodernas que oscilan entre el deseo de libertad y el miedo a la soledad, el deseo de que nos salven y la necesidad de diversidad.... 



Entrevista de Javier Pérez a Coral Herrera Gómez para un reportaje en el periódico El Confidencial sobre la soltería:

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2012/11/26/singles-asi-viven-y-ligan-los-solteros-de-mediana-edad-109819/


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