“En las contradicciones de la sociedad individualizada, la relación con el otro género se convierte muchas veces en motivo de dolores y heridas. Para cuidar la economía del presupuesto psíquico los hombres y las mujeres empiezan a desarrollar estrategias para disminuir el riesgo, o sea, formas de comportamiento que incorporan intentos de autoprotección. Señales evidentes de ello se observan en gente que tiene miedo a comprometerse, y sostienen una desconfianza frente a cualquier forma de vincularse, pues quien de entrada no quiere concebir grandes esperanzas no sufrirá grandes decepciones” (Elisabeth y Ulrick Beck)
La revolución sexual de los 70 liberó el deseo y el cuerpo; pero la posmodernidad inauguró una nueva forma de represión: la represión sentimental. Si bien hoy es fácil echarse un polvo una noche loca, lo difícil es que de ahí surja una aventura por las profundidades de nuestro ser y del otro. Y es que desde que Platón diferenció entre el cuerpo y el alma, las bajas pasiones y las altas, la amistad y el erotismo, tendemos a jerarquizar afectos. Por eso se habla con desprecio del polvo pasajero frente a hacer el amor con alguien a quien quieres, por eso se diferencia entre amigos de verdad, amantes, follamigos, conocidos, o pareja formal.
Y es que como nos encanta clasificar, definir y separar, somos propensos a diferenciar entre amor, sexo y amistad, cuando en realidad todo es lo mismo: los humanos establecemos relaciones afectivas de diferentes intensidades y grados. Lo que sucede es que nos agarramos a las etiquetas y tendemos a colocar a una en un plano superior al resto de las etiquetas. Es por ello que al jerarquizar afectos confiamos más en la solidez de una relación amistosa que de una relación erótica de carácter esporádico; y por eso valoramos más a los amigos y amigas que a los amantes con argumentos como "los amantes van y vienen, pero los amigos permanecen".
Como mi mente ha aprendido ha pensar de forma binaria, pienso mi posmodernidad como una mezcla entre la gente que está como loca por enamorarse y tener pareja (los utópicos emocionales), y el grupo de gente que disfruta con alegría su soltería y permanece alejada de las inundaciones emocionales. Yo me encuentro en el segundo grupo, el de los reprimid@s emocionales, quizás porque tengo mis energías canalizadas en mis escritos, en mis búsquedas, en mi trayectoria profesional. En el caso del resto, el antirromanticismo es un modo de estar y de relacionarse que puede abandonarse en cualquier momento. En él caben todo tipo de personas y experiencias amorosas: desengañad@s del amor, adict@s tratando de no recaer jamás, corazones destrozados que tardan en recuperar las ganas de amar de nuevo, descreíd@s del amor y sus mitos, relaciones ciberamorosas intercontinentales, gente fiel pero adúltera sentimentalmente hablando, o gente que se dedica a repartir su amor generosamente sin centrar su atención de un modo total en una sola persona.
Reconozco plenamente la subjetividad que hay en la idea de que en la posmodernidad la mayoría encuentra más fácil abrir el cuerpo al disfrute sexual que abrir el corazón o poner el alma en el encuentro con la gente en la cama. Pero creo que, de igual modo que hay gente loca por enamorarse, el miedo a los estragos emocionales de las aventuras románticas provoca que muchas personas eviten el inicio de un romance durante o tras un encuentro erótico. Esto depende de si eres de los que follando te enamoras, o si eres de los que concibes el sexo y el amor como dos prácticas que pueden ir juntas o separadas. Unos creen que el contacto íntimo facilita el enganche emocional, y otro saben separar sexo y sentimientos como si fuesen cosas diferentes. Y quizás de lo que se trata es de la capacidad que tienen muchos de hacer el amor disfrutando del presente, sin proyecciones de futuro.
Quizás amar agarrando el instante sea la forma más auténtica de amar; luego todo lo demás, como el deseo de establecer un compromiso emocional, es futuro, son hipótesis que se convierten en metas. Este deseo de huir del futuro, y desconectar espiritual y sentimentalmente cuando se vuelve a la realidad, sirve para no complicarte la vida, para evitar sumirte en contradicciones internas, para no sufrir si no somos correspondid@s. El bloquear las emociones nos evita tener que dar explicaciones, pero en su forma más extrema, la libertad total se traduce, en términos prácticos, en soledad total. Y la soledad nos aterra.
El argumento de que resulta más fácil follar sin más que vivir una conexión íntima y profunda con alguien nos sirve para defendernos del torrente de emociones que se desatan cuando nos dejamos sentir.Tendemos a separar acto sexual y fusión de almas como si lo primero fuese físico y lo segundo fuese espiritual, empobreciendo nuestras relaciones eróticas, al mutilarlas de su dimensión afectiva.
Y es que de estas dicotomías entre sexo sin amor/sexo con amor, amistad/amor, pareja/amante, etc surgen un montón de hipótesis teóricas, como la idea de las represiones sentimentales posmodernas, que tienen mucho que ver con el miedo o el ego. O, también, la posibilidad contraria: establecer una relación muy fuerte con parejas con las que no tenemos sexo, de modo que el erotismo quede en un tercer plano para poder crear alianzas más profundas en otros niveles.
Los amores sin sexo serían, por ejemplo, aquellos que existen en matrimonios de más de 30 años de convivencia en el que aunque ya no comparten cama persisten los hábitos de la rutina en común, y el cariño. O dos ex que han logrado eliminar la tensión sexual (o al menos trabajan por evitarlo) en pos de una relación amistosa, profunda, llena de cariño. O los amores a distancia con gente con la que no podemos, pero querríamos estar. O los amores de una hetero y un homosexual, de una lesbiana y una hetero, de una lesbiana y un homosexual, de una lesbiana y un hetero...
Serían amores sin sexo los que tenemos con determinados amigos a los que adoramos con locura y con los que compartimos afinidades y cierta cotidianidad. A veces se nos podría pasar por la cabeza enzarzarnos en un loco abrazo pasional, pero nos frenamos en nombre de la amistad y en el miedo a que todo cambie tras compartir placeres.
Las razones por las que no existiría el sexo en el seno de estas relaciones íntimas son muy variadas. En la mayoría de los casos sería la falta de atracción sexual. En otras, un ejercicio constante de represión en pos de una relación armoniosa y equilibrada, un deseo de tener una relación igualitaria no basada en la dependencia, alejada de los sufrimientos de la pasión.
Y es que el sexo complica muchisimo las relaciones humanas, ya que vuelve opaco lo transparente. El sexo dispara unas emociones de carácter ancestral que nos sacuden los cimientos y nos descolocan, lujo que no podemos permitirnos si no queremos romper nuestra frágil estructura vital y familiar. Y es que necesitamos controlar estas emociones para que no nos puedan, para que no nos impidan ir a trabajar o concentrarnos en nuestras tareas, para que no nos desestabilicen, para que no nos destrocen la rutina del día a día.
Debido a que otorgamos a la amistad dones como la inmortalidad, la autenticidad, o la armonía, creo que nos aferramos a ella como fuente absoluta de estabilidad. Y pensamos en el sexo como algo sucio que va a destrozar esa estabilidad. Por eso es habitual que la gente declare preferir no "cagarla", que es una palabra de uso común para expresar cómo al eliminar la represión y dar paso al deseo, nos estamos "cargando" una relación bonita que antes era perfecta y ahora se ha emborronado con las oscuridades del deseo. Y cuanto más grande es el remordimiento, más se agranda el deseo; ya saben, lo de lamentarse con el no deberíamos cuando estamos deseándolo. Y es que la represión generalmente crea el efecto contrario a sus objetivos iniciales; no es fácil sostenerla durante mucho tiempo sin acabar sucumbiendo a su poder.
A pesar de ello, son muchos los amantes que no quieren bajar de su pedestal platónico para vivir su historia carnalmente. Hay gente que se ama toda la vida sin apenas verse o tocarse, porque se alimenta de imaginaciones y recuerdos, de breves comunicaciones, de silencios compartidos. También están las relaciones con los amigos y amigas más íntimos, que son a veces para nosotras grandes amores a los que no queremos perder nunca. Y una forma de tener siempre a una persona es no poseerla jamás. Por eso distinguimos entre la gente con la que establecemos vínculos más sólidos y duraderos que los del erotismo, y gente con la que disfrutamos de una loca e irresponsable lujuria sabiendo que está prohibido, que es imposible o que durará lo que dure la atracción sexual.
En cambio, las relaciones amorosas que permanecen dentro de los cauces de la amistad, al estar basadas en la libertad (la familia te la imponen pero los y las amigas se eligen), son relaciones que construimos nosotros a base de generosidad, comunicación, experiencias comunes, recuerdos compartidos, proyectos en marcha. La amistad muchas veces se idealiza en mayor medida que las relaciones amorosas de pareja porque ofrece una estabilidad e incondicionalidad que no se consigue a través de nuestros encuentros sexuales con la gente.
Creo que estas relaciones amorosas sin sexo son estrategias para sobrevivir en un mundo individualista y marcado por la pareja heterosexual tradicional como eje de toda la articulación social. Me explico: la gente que no tiene pareja es invitada a reuniones, cenas, fiestas etc en la que todo son parejas y se hace más evidente la soledad (elegida o no) de los solteros y las solteras. En los actos sociales, bodas, entregas de premios, cenas de navidad etc. se remarca mucho la soltería porque los espacios y la estructura del evento están hechos para las parejas heterosexuales.
Sin embargo, es cada vez más común que establezcamos alianzas de cariño y ayuda mutua para hacer frente a la soledad con personas con las que no establecemos vínculos eróticos, sino afectivos. Yo por ejemplo tengo una gran amiga con la que comparto recursos, con la que lucho codo a codo desde hace tiempo en esta selva de la supervivencia, la que me sostiene cuando me caen los ánimos, la que me anima cuando dudo, la que se deja mimar cuando lo necesita. Una gran amiga que me comprende, que no me juzga, que me escucha, me abronca, me aconseja, me hace reír y aprender un montón, pese a los años que llevamos juntas.
También tengo un marido gay con el que tengo una relación maravillosa. No hay sexo, pero existe una complicidad mágica entre ambos. Tenemos en común años de recuerdos y vivencias, y lo mejor es que no tengo miedo a perderlo pese a que es un hombre guapísimo, culto e inteligente como nadie. Lo adoro pero no temo compartirlo con los demás, porque no lo considero propiedad mía. Hemos compartido techo y recursos, pese al qué dirán del vecindario, y nunca pedimos exclusividad, es decir, cada uno tiene sus parejas con/sin sexo.
Y es que además de mi marido gay tengo una familia homoparental formada por otra amiga, su bebé, mi perra y yo; también compartimos recursos y nos ayudamos mutuamente, pasamos fines de semana juntas, nos contamos las aventuras eróticas con otras personas y tenemos un humor propio, una forma de entendernos que va más allá de las palabras.
Lo mejor sin duda de estas relaciones intensas en el que el cariño fluye bidireccionalmente sin agotarse, con toda la libertad para estar y para no estar, y la posibilidad de tener otras amigas y amigos con los que compartir cosas diferentes. No existe la posesividad, ni el misterio, ni el miedo a perder a la otra persona, porque no exigimos fidelidad ni permanencia las 24 horas del día, no exigimos que el otro colme todos nuestros deseos y expectativas. Y siento que la comunicación fluye más libre y sincera que en el seno de una pareja tradicional.
Lo mejor de los amores sin sexo es que puedes hablar todos los días por teléfono o tirarte tres semanas sin hablar; y no pasa nada. Puedes irte con ellos o ellas de vacaciones, o no, dependiendo si te apetecen las mismas cosas o si a cada una le tira un sitio diferente. Puedes rechazar una invitación al cine si estás perezosa en casa porque no pasa nada; los amigos entienden que no te apetezca salir y normalmente no hay siquiera que dar explicaciones.
Además de toda esta carga de complicidad y sinceridad mutua, creo que los amores sin sexo sufrirían en mucha menos medida las luchas de poder que atraviesan, en general, las relaciones humanas. A los amigos y amigas se les disfruta como son, no se les trata de dominar, ni de modelar, ni se les juzga porque se les quiere tal cual. Cuando la gente se quiere tal y como es, se ama también la libertad y los espacios y tiempos privados de la persona. Así es fácil que nuestro amor amistoso se sienta atraído por nuestra libertad y que no quiera acabar con ella, sino compartirla.
Y es que así es la posmodernidad: llena de hipótesis y propuestas de convivencia, abundante en ofertas de modelos eróticos y amorosos, voluntariosa en su afán por destruir lo antiguo y dar paso a la búsqueda de diferentes modos de relacionarse alejados del patrón tradicional. En esas construcciones unos follan mucho y otros no follan nada, pero sentir, sentimos todos, aunque sea en diferentes grados. Al fin y al cabo, huyamos de los sentimientos o nos arrojemos de cabeza a ellos, nuestro cuerpo sigue siendo una máquina de captar sensaciones y producir emociones, sobre todo cuando nos relacionamos con los demás. Por eso salimos de nuestra soledad individualista buscando gente, tendiendo redes, enlazando cables, construyendo puentes.


6 comentarios:
Oye no hay algo de hambuguesa en eso del amor romantico y el sexo rapidito, no hay algo de que sabemos a lo que vamos, de que siempre recibimos con queso o sin queso. una especie de garantia sexual de que es bueno, barato emocional y si llena sexualmente. me queda la idea de que si ya no nos gusta el amor y el sexo a la carta, o es un lujo que no podemos costear para nuestra capacidad de produccion,
Me ha gustado tu artículo una barbaridad.
Eres un pozo de sabiduría en cuestiones de sexo y amor, amor y sexo, sexo o amor,amor o sexo, sexamor, amorsex y mil combinaciones más..., juntos, separados, revueltos...
Una auténtica eminencia en estos temas Kori. ¡Mis felicitaciones!
Un besito.
Kori,
Me encanto tu articulo.
Me gustaria anadir otra hipotesis que bien me ensenaron:
Y cuando el sexo es una demostracion mas de carigno, sin buscar nada mas.
Como bien dices, un buen amig@, con quien tanto compartimos, y al follar no le damos mas importancia que un paso mas de carigno, como un beso o un abrazo, sin la importancia que nuestra herencia sentimental o nuestra sociedad le ha querido dar.
Tan mal entendido en nuestra sociedad porque el fornicar tiene una dimension mayor. Pues no le demos esa importancia, cuando necesitamos carigno, y hacemos el amor con nuestro amig@intim@, teniendo el mismo valor que un abrazo cuando este se necesita.
Es dificil alcanzar este grado por todo lo que bien explicas en tu articulo, pero cuando se alcanza, y la vida sigue, y decidimos el no comernos la cabeza porque no es necesario. Hacemos el amor, alcanzando un nivel aun mayor (porque nuestros esquemas no contemplan hacer el amor sin subir ciertas escalones de una relacion) de complicidad.
Y esa amistad queda sellada por ese nivel superior que nuestro entorno ha querido darle. Pero no es necesario sellar, es simplemente considerar el sexo como otro gesto mas de carigno, siempre y cuando las dos personas implicadas lo vean de la misma manera.
Si, hemos compartido cama de la misma manera que cuando nos hemos sentido necesitado de una llamada, o una subida de animos, hemos solicitado echar o que nos echen un polvo, y hemos sido correspondidos.Y bien entendido.
Algo dificilmente comprensible en nuestro esquemas sentimentales de pareja, dar carigno haciendo el amor (algo dificilmente explicabe inmerso en una relacion tradicional), pero que creo que con nuestro bagaje sentimental, es muy dificilmente alcanzable, pero totalmente posible.
Y es HACER EL AMOR, a una persona amada, como bien dices sin planes de presente ni futuro mas que vuestra propio amor y empatia por la vida o una profesion.
Y si no le dieramos esa importancia que le damos al sexo? Es cuestion de enfoques.
Un besazo, y sigue deleitandonos.
JL
gracias por dejar aquí vuestros comentarios, me encanta leeros!!!
besazos :)
yo a este respecto estoy cabreado con el amor sin sexo, y de encontrar mujeres que paran mi predisposición al sexso y que solo sea licito cuando ellas quieren, y me artan las mujeres de dos caras posesivo-victimas y te muestran la que mas atención cause, realmente creo que la livertad sexual no es tanta como se dice y hai una doble moralidad, por un lado en lo social esta de moda y sobre todo entre nuestro genero(cuando hablamos en el grupo de nuestro genero cada cual el que corresponda)de decir lo mucho sexo que tenemos y despues en la intimidad tanto en pareja como esporadicos vuelven los roles que coiben cualquier acto sexual, con frecuencia en esta vida he llegado a la intimidad con una mujer y a la hora de las caricias soltarme un -¡tu quien te has creido que soy yo!. La ultima vez que me paso esto ya artito de llagar a esta barrera sicologica, le dije a la muchacha... - ¡pues me creo que eress la que tanto a dicho que folla estos dias atras!. Tambien creo que despues de que alla sexso la primera vez se caen casi todos los roles superfluos y telones sociale y se encuentra un mundo de sinceridad.Kori Si mi comentario te parece muy parco o piensas que va fuera de las pautas romanticas, no me lo publiques, yo particularmente pienso que no hay nada mas romantico que la atención masima(el sexo)
Estoy con Anónimo y pienso de la misma manera. La solución no está en que para que podamos vivir una relación intensa, sincera y llena de respeto sin las manchas negras que una relación basada en la posesión tiene, sea dejar de lado el sexo.
En esta escala de relaciones y afectos amorosos de esta época “posmoderna” todavía hay algo del sentir tradicional que sigue modulando nuestra forma abierta de entender las relaciones.
El ampliar fronteras, el hacer aflorar sentimientos profundos y compartirlos, construyendo de este modo relaciones únicas, porque es única la combinación sin estereotipos de dos almas únicas, todavía tiene en cuenta el sexo como punto y aparte.
No trato hacer un mea culpa a los que pretendemos vivir de una forma autentica, pero tenemos que reconocer que el sexo sigue presentando un excesivo desnivel en la progresión de afectos. Hace falta coger un pico y una pala para hacer de este escalón un desnivel suave que pueda dar todavía más libertad a la magnífica complejidad que el ser humano encierra. Una suave progresión en la que podamos bailar y movernos con libertad, permanecer o pasar, desde la caricia al orgasmo.
Os quiero a todos.
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