19 de enero de 2012

La tiranía de la edad, de los pelos y de los kilos




La industria de la cosmética y la belleza,  con la colaboración de los medios de comunicación, declararon, en pleno auge del Estado del Bienestar, la guerra absoluta sus tres enemigos preferentes: el vello corporal, la edad y la obesidad. Muchas son las mujeres que consumen cremas hidratantes, anti-arrugas, reafirmantes, mascarillas faciales, maquillaje, polvos, muchas las que se someten a dietas inhumanas, y muchas también las que se someten a la cirugía plástica para quitarse kilos en unas partes del cuerpo y ponersela en otras partes.


Creo que el programa que desenmascara los retoques de Photo Shop puede ser una herramienta útil para mostrar a la ciudadanía cómo las modelos, actrices y famosas más bellas se convierten en personas irreales de medidas imposibles, retocadas por la magia de la cirugía y otros tratamientos, como los informáticos. 





El resultado a veces es desastroso, y a menudo irreversible, no sólo a nivel físico, sino también a nivel emocional y psicológico. Estar continuamente arrancándose el vello, machacándose en el gimnasio, autoprohibiendose placeres gastronómicos, probando nuevas cremas reafirmantes, pasando hambre innecesariamente, debe de ser duro. Mirarse al espejo y compararse con las modelos multimillonarias es humillante, y a menudo, frustrante para mujeres que piensan que adaptándose a los cánones culturales de la belleza y a las modas, que quitándose años, imperfecciones y kilos de encima van a ser más apreciadas, más deseadas, más felices por tanto. 

Y en parte tienen razón. Nuestra cultura idolatra la juventud y su belleza, su energía, su vitalidad. En los medios de comunicación los que aman, los que compran, los que ganan, son jóvenes relucientes que ligan, encuentran trabajo, resuelven enigmas, salvan a la Humanidad de sus enemigos. 

Las mujeres somos víctimas de esta tiranía de la belleza porque nos han enseñado a creer que las demás son nuestras rivales, que la belleza ha de ser una carrera hacia el éxito, competitiva y despiadada, y que siendo perfectas por fin alguien nos amará para siempre. 





Por eso las niñas nunca jugarán con una Barbie gorda



Por eso Barbie jamás envejece, aunque ya ha cumplido 50 años






A través de la seducción que sublima e idealiza la belleza, el sistema patriarcal ha impuesto una triple  tiranía sobre los cuerpos femeninos:

La tiranía de la edad





Las cirugías de nariz, liposucción y el aumento de pecho encabezan, según Lourdes Ventura, el ranking de las diez intervenciones más solicitadas por las mujeres españolas, seguidas de otros retoques estéticos  habituales:

ü  La técnica easy peel (se aplica una solución exfoliante y una crema antirradicales libres. La piel se pela a los dos o tres días);
ü  Resurfacing facial (eliminación de las primeras capas de la piel con un láser de alta frecuencia);
ü   Aumento de volumen de labios;
ü   Minilifting (se hace una incisión en el cuero cabelludo y se estira la piel desde la cola de las cejas, para fijarla en el hueso cranela con implantes de titanio que se retiran a los 15 días),
ü   Blefaroplastia o corrección de párpados caídos (se quita la piel y la bolsa de grasa sobrante mediante una incisión con bisturí en el pliegue del párpado móvil);
ü  Varices fuera o crioesclerosis (con una inyección intradérmica se introduce una mediación dentro de las varices que produce una vasoconstricción), 10º: Entre cejas, botox (inyección de toxina botulínica “botox”, en 10 0 12 puntos, con una aguja pequeña que disminuye la contracción del músculo sin paralizarlo).

Otros tratamientos son: la electroestimulación, electrocoagulación, ultrasonidos, electrolisis, magnetoterapia, presoterapia, laserterapia, infiltraciones, implantes, celulipolisis (tratamiento de la celulitis mediante la electroestimulación, método contraindicado en pacientes cardíacos, hipertensos y con problemas renales).

 Lo terrible de la situación es que el 30% de las intervenciones que se realizan, tiene por finalidad la corrección de operaciones fallidas efectuadas anteriormente por otros profesionales: “La reincidencia y la adicción son algunos factores muy habituales entre aquellas mujeres que responden a la exigencia de adecuarse a los modelos estéticos habituales” (Ventura, 2000).


Según Ventura, los aspectos negativos que no quedan suficientemente especificados en la mayoría de los artículos que hacen referencia a procedimientos estéticos son:

1. Que las sustancias químicas empleadas en el peeling suelen ser tan abrasivas que pueden provocar reacciones tóxicas, cicatrización anómala, adelgazamiento cutáneo e hipopigmentación.
2. Que si el cirujano elimina un poco más de la piel debida en las operaciones de párpados, los ojos adquieren una expresión paralizada y horrenda.
3. Que el efecto tensor de las inyecciones de botox dura tres o cuatro meses, de modo que una mujer puede convertirse en una “adicta”, condenada a repetir el proceso tres o cuatro veces al año.
4. Que la duración del resurfacing facial es también relativa y que, durante un año, la paciente debe evitar la exposición al sol, los baños calientes, saunas, etc.
5. Que algunos labios con “relleno” son espantosos, y que según el tipo de sustancia inyectada el resultado puede ser irreversible.
6. Que las liposucciones en los muslos dejan unos antiestéticos huecos, irregularidades y bultos en la cara interna de las nalgas.
7. Que los postoperatorios, cuando se trata de actos quirúrgicos, son mucho más complicados de lo que hacen creer las explicaciones simplificadas de los artículos divulgativos.












La tiranía de la delgadez



Como está una persona anoréxica y como se ve en el espejo



El ideal estético de la delgadez se consolidó en los sesenta con la imagen de las modelos Twiggy y Jean Shrimpton vestidas con las minifaldas de Mary Quant y con el trabajo de fotógrafos como David Bailey, que retrataba a mujeres aniñadas, escuálidas, y sexys. 


Esta intensificación de la fiebre por estar delgada se agudizó en EEUU, en los 90, cuando Calvin Klein utilizó a una modelo llamada Kate Moss, de 1.70 de estatura y 44 kilos de peso, aspecto enfermizo y apenas sin pecho:

“Muchachas desnutridas como recién salidas de un campo de concentración, chicas que dan la impresión de haber sido golpeadas violentamente, mujeres de ojos famélicos y ojos inmensos y asustados, adolescentes pálidas con aspecto de haber sido succionadas por un ejército de vampiros, zombies de ultratumba, modelos quietas y sin vida imitando a muñecas o maniquíes de cera, son algunas de las imágenes que forman parte de la iconografía de la fotografía de moda de finales de los 90”(Lourdes Ventura, 2000).




Las publicaciones femeninas rebosan cada vez más de fórmulas para adelgazar, de secciones que exponen los méritos de la alimentación equilibrada, de recetas de cocina ligera, de ejercicios de mantenimiento para estar en forma. La delgadez se ha convertido en un mercado de masas: en la Unión Europea el 75% de las mujeres se consideran demasiado gordas (Ventura, 2000).

Mientras que Silvester Stallone declaraba a la revista Time que le gustan las de aspecto anoréxico, una alta proporción de americanas afirma que lo que más teme en el mundo es engordar. 

Los datos en torno a estas industrias relacionadas con las dietas son escalofriantes:
- Facturaron 33 mil millones de dólares en 1989.
- En todo el mundo se lanzan anualmente mil quinientos nuevos productos light
- Una de cada dos francesas y ocho de cada diez americanas han intentado adelgazar al menos una vez en su vida. Ni siquiera las más jóvenes se salvan: el 63% de las estudiantes americanas hacen régimen, el 80% de las niñas entre 10 y 13 años declaran haber intentado adelgazar.
- De las mujeres que llevan una dieta adelgazante, entre un 89 y un 95% vuelve a recuperar su peso inicial.
- Los imperativos de la delgadez son cada vez más estrictos. La evolución de las medidas de las modelos y de las candidatas al título de Miss América así lo atestigua: a principios de los años veinte medía 1.73 metros y pesaba 63 kilos; en 1983, el peso medio de una concursante que midiera 1,76 metros era de 53 kilos.

En nuestra sociedad, la esbeltez y las carnes firmes significan dominio de sí, de
éxito, de self management. La tiranía de la delgadez engendra culpabilidad y ansiedad en muchas personas, porque cada metabolismo es diferente, porque a menudo el peso no depende de la voluntad, porque aumentar o disminuir el peso corporal no es algo que se pueda llevar a cabo en una o dos semanas, pese al milagro que anuncian las clínicas y las tiendas de productos adelgazantes.

Una de las consecuencias de esta obsesión por la delgadez es el aumento de una enfermedad moderna, exclusiva de países desarrollados, llamada anorexia, que desató la alarma social hace pocos años. El 90% de los enfermos de anorexia son chicas jóvenes de clase media-alta que están obsesionadas con el éxito y la belleza. : una de cada 250 mujeres presenta trastornos alimentarios. Las consecuencias de las dietas, el uso de laxantes y los vómitos autoprovocados son, según Lipovetsky, la fatiga crónica, irritabilidad, trastornos menstruales, trastornos intestinales, crisis nerviosas, depresiones, ataques de ansiedad, y su consecuencia extrema es la muerte.

El psiquiatra Pier J.Beaumont, director de la unidad de trastornos de la alimentación en el Wesley Hospital de Sidney, afirmaba, en unas declaraciones al diario El País, que la anorexia es una enfermedad femenina en más de 90%:

 “El cuerpo de la mujer es algo de lo que siempre se opina, cosa que nunca sucede con el de los hombres. En adolescentes es la tercera enfermedad crónica más frecuente, después de la obesidad y el asma. En los últimos años se ha detectado en pacientes cada vez más jóvenes, de hasta 8 años. Se ha comprobado que cuanto más potencia la moda una mujer muy delgada, más casos de anorexia aparecen”.

En Septiembre de 1999, en una comparecencia ante el Senado español, que elaboraba una ponencia sobre los condicionantes extrasanitarios de la anorexia y la bulimia, el presidente de Autocontrol de la Publicidad reconocía la parte de responsabilidad que el mundo publicitario tiene en el desarrollo de dichas enfermedades. También los responsables de las pasarelas españolas entonaron un tímido mea culpa y aseguraron que no contratarían nunca más a modelos de la talla 36 para los desfiles de moda.

 A pesar de ello, la anorexia sigue siendo una enfermedad terrible, y las mujeres del mundo occidental invierten demasiado tiempo, recursos y dinero, energías y deseos, en el embellecimiento de su cuerpo. Algunas han declarado la guerra a sus propios cuerpos, otras lo miman con devoción, pero todas se someten a los dictados de la industria de l



La tiranía de los pelos







Madonna exhibiendo sus pelos en los sobacos


Juliette Lewis



Patti Smith




Frida Khalo lucía su bigote



Creo que la gente debería dejar de penalizar con miradas de desprecio y comentarios hirientes a aquellas mujeres que no desean someterse a la tiranía de la depilación. A los hombres no se les mira mal por algo que es natural y forma parte de nuestro cuerpo del mismo modo que el pelo en las pestañas o en la cabeza.






Desde aquí reivindico las arrugas, las curvas, las grasas, los pelos, y la imperfección como algo bello, y la diversidad de modelos de belleza, que somos muchas y todas tenemos nuestro encanto personal.


Que al final el cuerpo no es sino un envoltorio, y hay que vivir la vida sin preocupaciones superficiales que solo llevan al consumo y que minan nuestra autoestima a diario a través de la publicidad, la televisión, la radio, el cine, etc.


 Hay que pedir a los guionistas, las escritoras, los periodistas, las productoras, los presentadores, las creativas, que nos ofrezcan otros modelos de belleza diferentes, más reales, más cercanos. Gente de verdad, no personajes plastificados.


Sería maravilloso que  todas podamos algún día prescindir de esos referentes, de esas representaciones idealizadas, y sentirnos a gusto con nuestro propio cuerpo y nuestras singularidades físicas. 


Coral Herrera Gómez



Webs interesantes: 

Otros artículos de la autora: 





Bibliografía utilizada: 

1)      Gil Calvo, Enrique: “Medias miradas. Un análisis cultural de la imagen femenina”, Anagrama, Barcelona, 2000.

2)   Lipovetsky, Gilles: “La tercera mujer”, Anagrama, Colección Argumentos, 1999.

3) Ventura, Lourdes: “La tiranía de la belleza. Las mujeres ante los modelos estéticos”,  Colección Modelos de Mujer, Plaza & Janés, Barcelona, 2000.



5 comentarios:

Julia Ardón dijo...

excelente, Coral, solamente hay dos fotos que yo borraría del post, son las de las dos modelos famélicas, porque son fotos falsas, retocadas para escandalizar. Hace un tiempo anduvieron circulando por internet y fueron fotos de modelos reales retocadas para llamar la atención, pero no son reales. Creo que si se puede ilustrar el artículo con modelos delgadísimas que no se ven sanas y que si son reales, igual los anuncios de maquillaje con niñas de 13 y 14 anunciando cremas para no envejecer. Patéticos. Besos.

Inés dijo...

Buen artículo, como siempre, es interesante leerte. Pero hay algunos datos discutibles, y coincido en que no ha sido muy buena idea incluir fotos que son conocidos "fakes", esas modelos nunca existieron así, son fotos falsas retocadas como ya han dicho.
Si me permites matizar algunas de tus afirmaciones, desde mi conocimiento del tema, que no es pequeño, aquí va mi aportación:
La incidencia de los trastornos de alimentación (bulimia y anorexia) es de un 10% entre mujeres adolescentes. No es cierto afirmar que se trata de trastornos propios de chicas de clase media-alta obsesionadas con el éxito y la belleza. Me temo que esa es una afirmción propia de una aproximación superficial a los T.A. En la actualidad hay enfermas de T.A. en cualquier estrato económico-social de los llamados "países desarrollados". Es un tópico falso que sea una "enfermedad de pijas", no es así. Por otro lado, muchas enfermas de trastornos de alimentación, (especialmente las de ciertos subtipos) ni quieren tener éxito ni quieren estar guapas. No se trata de eso. Si se puede extraer una característica común a todas las enfermas, lo cual es bastante difícil, es la de querer controlar un mundo que las inquieta a través de su peso y de su progresiva emaciación. Se focaliza en el peso un afán de control que no puede llevarse al resto de las cosas que les gustaría controlar: los azares de la vida, los propios sentimientos, las situaciones dolorosas, los traumas vividos, los miedos...
He escrito varios trabajos sobre el tema, he tenido ocasión de dar charlas y participar en seminarios y mesas redondas. Una cuestión importante, mientras buena parte de nuestras jóvenes y adolescentes se mantengan hambrientas y alienadas, no podremos contar con ellas para otras empresas. Tal vez eso le viene bien a ciertos poderes establecidos...

Anónimo dijo...

Bueno me gusta todo escepto por los pelos.......que de verdad son de mal gusto ademas de ser antihigienico, asi lo veo yo

Antropólogaenlaluna dijo...

La socióloga Fatema Mernissi lo explica en uno de sus libros: "Sí, pensé, acababa de encontrar la respuesta a mi enigma. A diferencia del hombre musulmán, que establece su dominación por medio del uso del espacio (excluyendo a la mujer de la arena pública), el occidental manipula el tiempo y la luz. Este último afirma que una mujer es bella sólo cuando aparenta tener catorce años. (...) Fijar esa imagen de niña en la iconografía como ideal de belleza condena a la mujer madura a la invisibilidad" Y se pregunta:"¿Es posible organizar una manifestación política creíble y salir a las calles a protestar y gritar que se nos han pisoteado los derechos humanos porque no es posible encontrar la falda que una busca?" http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/2011/06/el-hiyab-de-las-mujeres-de-occidente-la.html

Una ventana para Generar Igualdad dijo...

Gracias Coral por este ¿por qué no decirlo? “inquietante” post que nos devuelve en escalofriantes cifras la realidad del sometimiento y esclavitud a la que se ven abocadas muchas mujeres, sin ser apenas conscientes de ello, por conseguir el eterno patrón de belleza que se les marca constantemente y por diversos medios.
Al hilo, me gustaría compartir una magnífica reflexión de George Sand: “La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma”.
Un saludo,
Montse