Los dos enormes duelos que estoy afrontando no los estoy viviendo sola. El duelo por la muerte de mi compañero lo estoy compartiendo con toda la gente que apreciaba y quería a Jorge: su familia, sus amigos, mi familia y mis amigos. El duelo por la destrucción del Valle de Iruelas, una comarca de incalculable valor ecológico que fue devorada por el mayor incendio registrado en España, lo estoy compartiendo con miles de personas: los habitantes de todos los pueblos de la comarca y toda la gente que nació aquí y vive fuera, o que tiene sus raíces aquí y ama esta tierra.
Es un duelo comunitario: no ha habido víctimas humanas, pero han muerto millones de animales, plantas, y árboles. La vida sigue para todos y todas, y creo que lo que nos mueve a muchos y muchas de nosotras es la necesidad de crear un verano maravilloso para los niños y a las niñas.
A pesar de la desolación que sentimos, y aunque no podemos ir al bosque, vamos a la piscina y al embalse a nadar, a charlar, a jugar, a leer, a pasear. A ratos parece que estamos como siempre, que nada ha pasado, que es un verano más. Los niños cantan y chapotean, pero basta con levantar la mirada hacia el horizonte para ver los restos de la catástrofe. Y la silla de Jorge vacía.
Apenas se ven pájaros en el cielo. Los que sobrevivieron estarán buscando otros bosques, igual que los ciervos, los zorros, los jabalíes y las liebres. La gente todavía tiene en la nariz el humo y el olor a putrefacción de los animales quemados. Nos rodea un desierto de ceniza y una gama de colores negros, marrones y verdes por los espacios que se salvaron milagrosamente del viento infernal y del fuego destructor.
El verde es el color de la esperanza. Pasarán años hasta que el valle vuelva a llenarse de vida, pero los que seguimos existiendo tenemos que seguir la vida, y enseñarles a nuestras criaturas que aún en los momentos más tristes y dolorosos hay que seguir para delante, y que los que estamos vivos podemos seguir disfrutando. Y lo más importante, que no estamos solos afrontando el duelo: somos miles de personas.
Es un duelo colectivo y es reconfortante pensar que somos muchos, y que aunque no nos conozcamos todos, lo cierto es que somos una comunidad. Y eso significa que cuando es necesario nos unimos para defender el pueblo del fuego y para ayudarnos unos a otros. En esta comarca vive gente muy mayor con la movilidad y las capacidades limitadas, pero todo el mundo se volcó en ayudar a la gente más vulnerable y en proteger las casas del fuego.
Los pueblos fueron solidarios unos con otros: cuando se estaban quemando El Tiemblo y San Martin de Valdeiglesias, nos acogieron los de Cebreros. Y cuando Cebreros se vio rodeado de llamas, el Barraco y Robledo de Chavela se volcaron con los evacuados. Y así sucesivamente, porque el fuego no perdonó a ninguno.
Hoy al atardecer una tormenta de viento nos trajo las cenizas desde la otra orilla del embalse y nos envolvió a todos. Se nos metió en los ojos, en la nariz, en la boca y en los oídos. Luego el viento cesó y en nuestra piel quedaron impregnadas las cenizas de todos esos seres vivos que murieron asfixiados por el humo o quemados por las llamas. Nos quedamos en silencio hasta que los gritos y risas de los niños nos trajeron al presente. Así es todo el tiempo aquí en el pueblo: la vida se mezcla con la muerte, el pasado con el futuro, el verde con el negro, la desolación con la esperanza.
Para mí lo más hermoso después de la tragedia es que puedo vivir a la vez el duelo en soledad y en compañía. Y necesito ambas cosas, porque creo que todos los duelos son a la vez personales y colectivos. La pena y la rabia son colectivas, y no es lo mismo llorar sola que llorar en compañía.
Ahora mismo España sigue en llamas con los incendios de Andalucía, Aragón y Segovia, y en todas las comarcas la solidaridad se expande a la misma velocidad que el fuego.
Cuando leo las noticias y cuando contemplo este paisaje de vida y muerte no puedo parar de preguntarme, ¿cómo podríamos hacer para evitar que los políticos dejen de maltratar a las personas que nos cuidan y cuidan nuestros valles y montes?, ¿cómo limitar el poder de los que gobiernan, y cómo conseguir que tengan responsabilidad penal?, ¿qué leyes hay que cambiar para prohibir los recortes y las privatizaciones?, ¿cómo proteger el agua, nuestros pueblos, animales y tierras?, ¿cómo ayudar a la naturaleza a recuperarse?, ¿cómo impedir que vuelva a ocurrir esta catástrofe medioambiental?
