Yo empecé a trabajar a los 18 años, cuando entré a estudiar en la Universidad. En estos 30 años he hecho de todo: profesora a domicilio y en Academias, cajera de supermercado, niñera, camarera, socorrista en piscinas, actriz en obras de teatro, redactora de contenidos en revistas y periódicos, extra en películas…. pero nunca he tenido permisos por enfermedad, ni vacaciones pagadas, ni pagas extras, ni permiso por maternidad, ni finiquito, y tampoco he tenido nunca derecho a cobrar el subsidio de desempleo.
Si, soy española, pero la gran mayoría de mis trabajos han sido precarios, sin contrato ni seguridad social. Y la mayoría de mis amigos y amigas han estado igual que yo, trabajando sin derechos laborales de ningún tipo.
Cuando terminé mi doctorado intenté entrar en la Universidad pero fue imposible porque la crisis del 2008 trajo recortes brutales, no había plazas para entrar y mucha gente titulada tuvo que irse del país. Yo me fui a Costa Rica, pero tardé muchos años en obtener los papeles de residencia y trabajé como autónoma.
En las últimas décadas me he dedicado a impartir formaciones, talleres, conferencias, másters y posgrados, a colaborar en proyectos de investigación y a escribir para medios de comunicación, así que tampoco he tenido derechos laborales ni protección de ningún tipo, ni siquiera cuando me operé de los oídos. Cuando eres autónoma no puedes enfermar, y cuando eres madre autónoma tienes que intentar vivir como si no fueras madre, porque es muy difícil conciliar sin derechos ni ayudas de ningún tipo.
En mi expediente de la Seguridad Social no se reflejan los 30 años de vida laboral: sólo aparecen mis trabajos como cajera y extra en películas, algunas formaciones para ministerios, empresas e instituciones, y los seis años que he cotizado como profesional autónoma.
Sin embargo, mi currículum es impresionante: ahora que estoy subiendo al Ministerio todas y cada una de las formaciones y conferencias que he impartido, y las investigaciones y publicaciones, todas con sus correspondientes certificados, me doy cuenta de que he trabajado muchísimo.
La Seguridad Social me dice que debo seguir trabajando 20 años más para poder tener una pensión de jubilación: me veo en la web del Estado como una joven doctora comenzando su carrera laboral.
Este año se me abrieron por fin las puertas de la Universidad pública: soy profesora sustituta y por primera vez en la vida tengo derecho a a tener derechos laborales.
A mis 47 años.
Ya tengo derecho a tener derechos.
Y quería celebrarlo aquí con vosotras, que lleváis años siguiendo todas mis andanzas, fracasos y triunfos, momentos buenos y momentos malos, y me habéis animado y apoyado mucho. Me queda un largo camino por delante, porque apenas acabo de empezar, pero estoy ilusionada y con energía y fuerzas para lograr un empleo estable.
Quiero aprovechar para reivindicar el derecho que tenemos todos y todas las trabajadoras a tener ingresos dignos y derechos laborales, lo mismo asalariadas que profesionales autónomas, en todos los países del mundo.
Y recordar que la exclusión tiene que ver con los ingresos: la gente que no logra tener ingreso dignos, no tiene tampoco derechos, aunque las leyes digan que todos somos iguales y que la justicia es igual para todos.
*Este concepto del Derecho a tener derechos es de la filósofa Hannah Arendt, y lo acuñó para referirse al derecho fundamental de toda persona a pertenecer a una comunidad política que reconozca, garantice y haga exigibles sus derechos humanos.
Coral Herrera Gómez