9 de julio de 2016

Mi plan de parto: cómo quiero parir





Queda poco para el gran momento. Ya estoy preparada: quiero ser la protagonista de mi parto. Voy a dar a luz en un hospital público. Quiero disfrutar de mi parto y quiero que mi bebé también pueda disfrutarlo, en la medida de lo posible.

Deseo tener un parto lo más natural posible, con la mínima intervención tecnológica y médica, y para ello he elaborado mi propio plan de parto junto con mi compañero y papá del bebé que va a nacer. Para nosotros, lo más importante es ser informados y consultados en todo momento, y el contacto piel con piel con el bebé después de nacer, y la primera hora o dos primeras horas de vida, en las que queremos permanecer unidos sin interrupciones.

La OMS ha elaborado unas recomendaciones para garantizar los derechos humanos de las mujeres embarazadas que dan a luz en hospitales, y de acuerdo a este documento y a la Guía de Atención Integral a las Mujeres. Niños y niñas en el período prenatal, parto y posparto de la CCSS de Costa Rica, hemos elaborado nuestro propio plan de parto:

PLAN DE PARTO DE CORAL HERRERA Y JORGE MORALES

Acompañante en el parto o en la cesárea
Me gustaría estar acompañada por mi compañero durante todo el proceso de parto. Sufro de discapacidad auditiva (hipoacusia por otosclerosis en ambos oídos), como pueden comprobar en mi expediente médico de la CCSS, razón por la cual necesito estar permanente acompañada para poder comunicarme con claridad con el personal sanitario.
 Comunicación con el personal sanitario
Desearíamos ser informados en todo momento de la evolución del proceso de parto y de los procedimientos que se quisieran llevar a cabo para poder decidir y consensuarlo con el personal sanitario.
 Durante el parto
Quisiera que fuese un parto lo más natural posible, con la mínima intervención médica, y que cualquier procedimiento clínico que se lleve a cabo se haga con mi consentimiento y en caso de ser necesario.
Los puntos más importantes para nosotros durante el parto son:
-          Libertad para elegir la postura en el expulsivo.
-          Libertad de movimientos para caminar y cambiar de posturas (monitorización mínima)
-          Minimizar el número de tactos vaginales
-          Respeto de mi ritmo de parto (siempre que no haya sufrimiento fetal)
-          Poder ingerir líquidos para no deshidratarme.

Por eso quisiéramos evitar o prescindir (en la medida de lo posible), de:
-          Lavativa o enema
-          Rotura artificial de membrana.
-          Piquete  (espisotomía)
-          Uso de analgésicos
-          Suero, oxitocina artificial, pitocín.

Para tratar el dolor nos gustaría trabajar con masajes de mi acompañante, ducha de agua caliente, uso de la pelota pilates, respiraciones…

Alumbramiento y cuidados del bebé después del parto o cesárea
 -          Quisiera tener a mi bebé colocado en mi pecho inmediatamente después de que nazca, y que se retrasen los procedimientos habituales del protocolo al menos una hora o dos para propiciar el contacto piel con piel y la lactancia natural.
-          Quisiera que no se corte el cordón umbilical hasta que deje de latir.
-          Quisiera tener tiempo para poder alumbrar la placenta por si sola de manera natural.
-          Quisiera que la limpieza, el test de Apgar, la vitamina K y la vacunación se le proporcionen a mi bebé estando encima de mi pecho.

Quiero evitar:
-          El uso de gotas o colirio en los ojos de mi bebé en su primera hora de vida.
-          Uso de leche artificial, agua, etc.
-          No quisiera ser separada del bebé en ningún momento del proceso de parto, ni en el traslado del paritorio a la habitación.

Problemas imprevistos
A menos que sea absolutamente necesario, quisiera evitar una cesárea. Si es necesaria, quisiera ser informada y consultada. También quisiéramos poder hablar con la persona responsable de la cesárea porque desearíamos que se me aplicase el protocolo de la cesárea respetada: 
- permanecer acompañada por mi pareja
- no cortar inmediatamente el cordón umbilical
- no dormirme para hacer los puntos de sutura
- no separarme en ningún momento del bebé: tener contacto piel con piel mientras se me proporcionan puntos de sutura y permanezco en reanimación.
Si esto no fuese posible por causas médicas, entonces deseo que mi compañero pueda tener el contacto piel con piel.  En ningún caso deseamos que el bebé permanezca solo en una cuna térmica, ni que se le proporcione biberón o chupón con leche artificial.
Muchas gracias por su atención,
 Coral y Jorge

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Enlaces útiles:

Que no os separen

El parto es nuestro 


2 de julio de 2016

Cómo saber si le estoy dejando de querer: el test del desamor



"Quiereme sin prisa", Verónica Ramilo Graña, artista y miembra del Laboratorio del Amor



En el Laboratorio del Amor estuvimos trabajando en la construcción de un termómetro del desamor, una herramienta muy útil para saber si todavía estamos o no enamoradas, y si el otro o la otra sigue también enamorada de nosotras. Es una herramienta práctica y fácil de usar, y sirve para saber si estamos perdiendo el tiempo y las energías en una relación, o si merece la pena o la alegría seguir alimentando el amor.

Empezamos el trabajo por nosotras mismas, preguntándonos qué nos pasa cuando nos estamos desenamorando, cómo cambia nuestro comportamiento, cuales son las señales que nuestro cuerpo emite cuando llegan el desamor, el desencanto, la pereza y la falta de ganas... 

- Cuando te sientes cada vez menos generosa, y cada vez más egoísta, por ejemplo con tu tiempo. 
- Cuando nos apetece ver menos a la pareja, espaciamos los encuentros, no sentimos tanta necesidad de estar con la persona amada, no queremos dedicar todo nuestro tiempo a la pareja o la situamos en un lugar secundario en nuestras vidas. 
- Cuando ya no te sientes conectada al cien por cien, cuando sientes que falta complicidad, cuando no fluye bien la comunicación con tu pareja, cuando evitas las conversaciones profundas, cuando te cuesta mirar a los ojos a la otra persona. 
- Cuando nos baja la libido y nos apetece menos tener relaciones sexuales, cuando evitamos la intimidad, cuando el cuerpo responde con frialdad a los requerimientos amorosos de la otra persona.
- Cuando estás absorbida por el trabajo y sólo te preocupa sacar adelante las tareas pendientes, y utilizas el trabajo como excusa para no pasar tiempo con tu pareja. 
- Cuando estás con tu pareja pero te sientes muy sola. Cuando tu pareja estando contigo se siente muy sola. 
- Cuando los silencios empiezan a ser incómodos. 
- Cuando tu forma de tratar a la otra persona cambia, y ya no estás tan cariñosa y amable.
 - Cuando uno de los dos está permanentemente enfadado/a o dolido/a. 
- Cuando nos hablan del futuro y se nos pone el cuerpo tenso porque no nos vemos en el futuro ya, y no nos gusta hacer planes más allá del próximo fin de semana. 
- Cuando accedes a hacer un viaje sabiendo que es el último viaje. 
- Cuando te besa tu pareja y ya no sientes nada parecido a lo que sentías antes. 
- Cuando sientes que estás más pendiente del celular que de tu pareja, cuando te cuesta centrarte en el presente, cuando notas que evitas los momentos románticos. 
- Todo aquello que antes nos hacía gracia, ya no. Tenemos otra actitud, menos favorable al otro o a la otra, y lo que antes nos parecía maravilloso, puede llegar a irritarnos profundamente. 
- Cuando echas de menos los inicios y te das cuenta de que todo tiempo pasado fue mejor.
- Cuando ponemos excusas porque no queremos hacer el amor o no queremos pasar la tarde con la pareja: excusas que no suenan bien, que se repiten, que resultan a veces absurdas, y generalmente provocan la protesta de la otra persona por que son inconsistentes. 
- Cuando hay lluvia constante de reproches mutuos:  "es que tú siempre", "es que tú nunca", "es que yo siempre", "es que lo que te pasa a ti es...".
- Cuando la estructura de relación está basada en el ataque y la autodefensa, cuando las conversaciones se basan en demostrarle al otro lo mala persona que es o la cantidad de defectos que tiene.
- Cuando sientes que te falta algo, cuando echas de menos cosas que antes no te afectaban tanto, cuando ya no te apetece conformarte con lo que hay, cuando no te resignas y crees que podrías estar mejor.  
- Cuando ves otras parejas y te das cuenta de que la tuya no funciona ya, pero no queréis admitirlo ninguno de los dos. 
- Cuando sientes que ya no tenéis muchas cosas en común, que ya no sois los mismos, que tú ya no estás en el mismo lugar, cuando notas que estáis evolucionando por separado. 
- Cuando te das cuenta además que te apetece compartir más con otras personas que con tu pareja. 
- Cuando te gusta alguien más, cuando te atraen otras personas, cuando empiezas a fantasear con todo el mundo menos con tu pareja, cuando te entran ganas de vivir un romance pasional y no es con tu pareja. 
- Cuando dejas de cumplir los acuerdos fundamentales, cuando rompes los pactos que teníais, cuando te sientes una traidora. 
- Cuando empiezas a portarte mal con tu pareja, cuando empiezas a mentir o a ocultar información, cuando contestas mal o gritas, cuando te sientes desquiciada o pierdes la paciencia, cuando dejas de contar con ella para hacer tus planes, cuando actúas con indiferencia y ya no cuidas a la otra persona....



El segundo paso tras elaborar este listado de señales que emitimos en el desamor, fue reflexionar sobre qué ocurre cuando en lugar de ser nosotras las emisoras, es nuestra pareja la que empieza a estar distante, indiferente, fría, o empìeza a comportarse de un modo extraño. 

Cuando es la otra persona la que deja de desearnos como antes, cuando escuchamos excusas tontas, cuando notamos que no nos miran a los ojos, cuando vemos que la otra persona se siente culpable y no sabe cómo hacer, generalmente pensamos que estamos pasando una crisis de pareja, pero nos cuesta mucho admitirlo y sentarnos a hablar.  Y cuando hemos reunido el coraje para preguntar qué ocurre, no siempre la otra persona ha logrado ser sincera con nosotras.  

A casi todas nos ha pasado que, de la misma manera que nos costó sentarnos a hablar con nosotras mismas para enfrentarnos a la situación, nuestras ex parejas también se autoengañaron, es decir, también tardaron mucho tiempo en admitirse a sí mismas que se estaban desenamorando de nosotras, o incluso, que jamás llegaron a enamorarse del todo. 

A los y a las ex les pasó como a nosotras: tardaron mucho tiempo también en sentarse a hablar y en asumir que se había acabado el amor. Algunas veces ocurre que la crisis se niega una y otra vez, o se disfraza de otra cosa, o se pide tiempo a la otra persona, y eso solo alarga la agonía del final: nos dimos cuenta de todo lo que nos podríamos haber ahorrado si hubiésemos tardado menos en sincerarnos con nosotras mismas y con la otra persona. 

A nadie le gusta escuchar en labios del amado o la amada: "Ya no te amo, ya no siento lo mismo por ti, ya no quiero seguir el camino a tu lado". Pero tampoco nos gusta ser nosotras las emisoras de ese mensaje, porque no queremos hacer daño a la otra persona, y tampoco queremos enfrentarnos a una escena dramática típica de la violencia romántica en la que la otra persona nos insulta, nos cubre de reproches, nos envuelve en su rabia y su dolor. 

No nos enseñan a separarnos, no nos enseñan a cerrar las historias de amor con amor, con ternura, con cariño, con elegancia. Lo que vemos en las películas es que podemos buscar culpables, hacernos las víctimas, mendigar amor y exigirlo, pelearnos para lograr lo que queremos, putearnos mutuamente, vengarnos cuando nos hacen daño, castigar al que ya no nos ama. 

Nos han convencido de que para acabar una relación hay que acabar mal, portarse mal y declarar al otro la guerra. En casi todas las historias de amor de ficción las estrategias que utilizan los amantes están basadas en la idea de que en el amor "todo vale": engañarse y engañar al otro, putearse mutuamente, disimular los sentimientos, ocultar información, justificar lo injustificable, emitir excusas absurdas, mentir como bellacos... 

Nos cuesta aceptar que una relación está llegando a su fin porque en nuestra cultura amorosa los finales se viven como un fracaso: los divorcios se consideran una especie de derrota, o una catástrofe. Los finales no se ven como inicios, no se viven como una liberación, no se asumen como un aprendizaje, ni como una nueva oportunidad que te da la vida para vivir otras historias bonitas.  

También nos pasa que nuestro Ego se siente muy herido y se nos baja la autoestima cuando nos dicen que no nos aman más. Por eso protestamos y nos enfadamos: nos parece que si alguien nos ama, no nos puede dejar de amar. Y si ya no nos quieres es porque no valgo lo suficiente, porque no soy la mejor, porque he engordado y ya no me veo guapa, porque he envejecido, porque hay otras mucho más guapas y estupendas que yo... 

El Ego nos juega malas pasadas haciéndonos creer que solo tenemos valor si los demás nos valoran. Nuestro aprecio por nosotras mismas depende siempre del aprecio de los demás, por eso una de las peores amenazas que alguien puede decir para herirnos es: "te vas a quedar sola, no te va a querer nadie". También podemos auto torturarnos con esta idea a nosotras mismas, pues en el amor no sólo nos hacen daño los demás: nosotras también contribuimos cuando nos sentimos fracasadas o traicionadas. 

Hasta cierto punto, es normal que ante un cambio tan fuerte en nuestras vidas, reaccionemos con miedo. Miedo a quedarnos solas, miedo al qué dirán los demás, miedo a no volver a encontrar el amor. Miedo a envejecer sin compañía, miedo a que nos vean como seres raros, miedo a dejar atrás una etapa y comenzar otra nueva. 

Nos da miedo convertir el presente en pasado y empezar a vivir el futuro, nos da miedo desmantelar un hogar y transformar la cotidianidad: son muchos los cambios que se producen en nuestras vidas cuando una relación se rompe. Cambios en nuestra economía, en nuestra vida social, en nuestra vida familiar, en nuestras estructuras sexuales, afectivas, sentimentales. 

Vivimos además en una sociedad en la que todos viven en pareja (o quisieran vivir en pareja), de manera que pasamos al grupo de las solteras o los solteros, esa gente incómoda a la que todo el mundo quiere buscar pareja. Aunque tengamos ganas de pasar al bando de la soltería, lo cierto es que nos da miedo hacer daño a la otra persona y que nos sentimos responsables de su felicidad y bienestar. Y si la otra persona no quiere romper, aumenta mucho este miedo y esta sensación de culpabilidad, especialmente en nosotras. 

A las mujeres el divorcio nos sale mucho más caro: se nos castiga socialmente y sufrimos una crisis de identidad porque las mujeres sin el don para amar incondicional y eternamente somos "malas mujeres", parecemos anormales, monstruosas, o poco "femeninas". 

Las mujeres que deciden con quién quieren estar, con quién desean compartir la vida, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones son egoístas porque solo piensan en su bienestar y en su felicidad, y les importa muy poco la felicidad de los demás. Y ya se sabe que una mujer "de verdad", siempre antepone las necesidades de su marido, hijos e hijas, padre y madre, etc. a las suyas propias. 

Una mujer de verdad es abnegada, se sacrifica por los demás, se entrega totalmente al amor, sin peros, sin condiciones. Por eso nunca se entiende que una mujer se desenamore de un hombre que se porta bien con ella. Es común lo de: "pero si no te golpea ni te  es infiel, si es buena persona, ¿por que quieres separarte?". 

Y es que a la gente le cuesta entender que las mujeres tenemos nuestros propios proyectos de vida, que nos sentimos dueñas de nuestro deseo, que nos sentimos responsables de nuestra libertad y de nuestra felicidad, y que tenemos todo el derecho del mundo a iniciar y a terminar nuestras relaciones como nos apetezca y cuando nos apetezca. 

Razones para separarse hay muchas, sin embargo. El amor no es eterno, no dura para siempre: se empieza y se acaba, como todo en la vida, y no hay por qué buscar culpables. En el amor no podemos dividirnos en buenos o malos según lo que sentimos: se trata de ser honesto, de portarse bien, de empezar y terminar las relaciones con amor. 

Nosotras creemos que si el amor te hace sufrir, no merece la pena, y que es mejor estar sola que mal acompañada. Es decir, que la vida es más bonita cuando estamos a gusto, cuando estamos bien, cuando tratamos bien a la gente, cuando nos tratan bien, cuando nadie nos está jodiendo. A mucha gente le cuesta entenderlo porque cree que es mejor estar en un infierno conyugal que sola: en el infierno al menos las dos personas se hacen compañía, aunque sea amargándose la vida mutuamente. 

Además, en las películas nos siguen diciendo cosas como que el "amor todo lo puede", como que "aguantar" malos tratos tiene su recompensa, como que amar de verdad es resignarse a ser una infeliz hasta que ocurre algo mágico que hace resurgir el amor. Los cuentos que nos cuentan están basados en mitos y en "milagros" románticos, generalmente para justificar la importancia de no perder la esperanza, de ser fiel y leal al marido, de conformarse con lo que hay, de ser el sostén de la familia. Casi todos los mensajes de resignación están dirigidos a nosotras para que sigamos confiando en el amor y en su magia. 

Sin embargo, nosotras llegamos a la conclusión de que estar con alguien que no te ama y no te trata bien tiene un coste enorme y es de las cosas más deprimentes que puede pasarte en la vida. Y nos dimos cuenta de que para que sigamos practicando el masoquismo romántico, nos dicen que "los que más se pelean son los que más se desean" o que "quien bien te quiere te hará llorar". Nos negamos a asumir estos roles y estos mitos en torno a las mujeres de verdad, aquellas capaces de sufrir, pasarlo mal, llorar a mares, aguantar infidelidades, agresiones, violaciones y mil humillaciones "en nombre del amor". 

Hoy, gracias a los feminismos y a algunas abuelas muy sabias, las mujeres sabemos que no nacimos para sufrir, que si no nos quieren es mejor no tener pareja, que no estamos solas porque tenemos mucha gente alrededor que nos quiere, que la vida es muy corta y no merece la pena vivir amargada. 

Nosotras en el Laboratorio del Amor trabajamos con la idea de que no tiene sentido malgastar el tiempo y las energías en revivir un amor que ya no da más de sí, o en empeñarse en que una relación que no funciona, funcione. 

No merece la pena malgastar nuestro día a día en peleas, luchas de poder, escenas dramáticas, o tragedias pasionales...  es mucho más divertido ser feliz y dedicar nuestras energías a gozar y a disfrutar con la gente que nos quiere bien. Creemos que el amor no debería de doler, ni al principio, ni en medio, ni al final de la relación. Si la otra persona nos trata mal, es un signo inequívoco de que no nos quiere, no nos quiso, no nos va a poder querer. Y nosotras no vamos a resolver los problemas de los demás: no somos las madres de nuestras parejas, no vamos a salvar a nadie de sus traumas y sus carencias, no merece la pena juntarse a la gente que no sabe disfrutar del amor y de la vida. 

Para poder construir una relación de igualdad y de amor, hay que evitar a la gente que no se trabaja sus problemas, y juntarse con gente que sepa gestionar sus emociones, que sean capaces de compartir sus vidas sin hacer daño a los demás, que tengan herramientas para auto-analizarse, para hacer autocrítica amorosa, para crecer y evolucionar a solas, en pareja y en comunidad.   

Nosotras también nos los trabajamos: trabajamos en el Laboratorio aportando entre todas en la construcción de una ética del amor que nos permita crecer como personas, aprender a ser sinceras, honestas y coherentes, a tratar bien a la gente a la que queremos, a construir herramientas que nos permitan llevar la teoría a la práctica, que nos lleven a sufrir menos y a disfrutar del amor. 

Sabemos que otras formas de quererse son posibles y que podemos juntarnos y separarnos con amor. Queremos aprender a cuidarnos a nosotras mismas y a las personas que queremos, queremos utilizar el sentido común, ser sensatas y generosas, sentirnos libres en nuestras relaciones (y que los demás también se sientan libres a nuestro lado), queremos aprender a querernos bien en todas las etapas de la relación, tanto en los inicios como en los finales.

Creemos que cuando se acaba el romanticismo, no tiene por qué acabarse el respeto, el cariño y la ternura... no hay nada más hermoso que poder mirar a los ojos a la otra persona y decirle cómo nos sentimos desde lo más profundo de nuestro ser: "he sido muy feliz contigo, doy gracias a la vida por el tiempo que hemos compartido juntos, ahora quiero seguir mi camino a solas".

Todo esto nos trabajamos en equipo: queríamos compartirlo porque creemos que es fundamental construir herramientas como este termómetro que nos permitan sufrir menos, y disfrutar más del amor. 

Si quieres formar parte de nuestra Comunidad de Mujeres del Laboratorio del Amor, 

14 de junio de 2016

Un año de amor: el Laboratorio





Hace un año que abrí el Laboratorio del Amor, un taller permanente y una red social internacional de mujeres en Internet que estudiamos el tema del amor romántico bajo el lema de que "Lo romántico es político", y que "Otras formas de quererse son posibles". 

En el Laboratorio no sólo investigamos, leemos y compartimos material, sino que además trabajamos con la idea de que podemos sufrir menos, y disfrutar más del amor. Ninguna de nosotras tiene la fórmula mágica para vivir un amor pleno y maravilloso desde la felicidad, y nos interesan más los procesos que las metas: nos gusta compartir lo que nos pasa en nuestra vida personal e íntima, y nos gusta mezclar lo cotidiano con las reflexiones teóricas sobre las relaciones humanas. 

El Laboratorio tiene una Biblioteca del Amor en la que compartimos muchos recursos (libros, vídeos, audios, blogs, webs, artículos, documentales, etc), hacemos Cine-forum dos veces al mes. 

Tenemos un aula de ejercicios y muchos foros temáticos en los que tratamos los temas que más nos gustan, nos inquietan o nos apasionan: la autoestima, las rupturas y los duelos, la poliamoría y las relaciones abiertas, los ligues y los cortejos, los celos, el sexo en la pareja, la gestión de las emociones, el amor y el feminismo, los miedos a la hora de amar, la ética del amor, los micromachismos, la soledad, el deseo y el erotismo, cómo superar la dependencia emocional, la sororidad entre mujeres, la violencia de género, el Ego en el amor romántico, el autoboicot, temas de masculinidad, o incluso, maternidades...

Trabajamos de una manera horizontal, hacemos autocrítica amorosa y compartimos herramientas para llevar la teoría a la práctica: queremos ser honestas y coherentes, queremos aprender a disfrutar del presente, queremos romper esquemas obsoletos, desaprender todo aquello que nos hace daño o no nos sirve, y compartir trucos, saberes y experiencias para ayudarnos las unas a las otras. 

El Foro de Acompañamiento es el lugar en el que nos escuchamos mutuamente, pedimos consejo, nos desahogamos, nos lanzamos preguntas, compartimos nuestros procesos personales, nos cuidamos las unas a la otras: hemos creado un espacio maravilloso de confianza y generosidad, de escucha, de amistad en el que no nos juzgamos ni nos etiquetamos las unas a la otras, simplemente nos acompañamos. 

Somos mujeres de diversos países, de diferentes edades y profesiones, y a pesar de ello hemos creado un clima muy amoroso entre nosotras. En un año hemos ido creciendo juntas y hemos construido un espacio virtual muy amoroso que va creciendo poco a poco: nos contamos los ligues, los enamoramientos, las separaciones, las crisis de pareja, las crisis personales, y de alguna manera, este año juntas nos ha enriquecido a todas, pues practicamos la construcción colectiva del conocimiento cada una desde su área, desde su casa, desde su experiencia personal. 

Nos reunimos una vez al mes en un chat en directo, y además en el Laboratorio tenemos un blog en el que escribimos y nos expresamos con libertad. Para mí es un gran tesoro este espacio virtual, porque mi tesis doctoral sobre la construcción sociocultural del amor romántico fue una actividad muy solitaria. Leí, pensé, escribí siempre a solas, hasta que empecé a trabajar con las Señoras que... dejan de sufrir por amor en Internet, y descubrí lo maravilloso que es poder trabajar en equipo con gente tan diversa. 

Hoy me siento muy orgullosa de haber facilitado la creación del Laboratorio del Amor, pero siento que ya no es algo mío, sino de todas las que formamos parte de esta red. Algunas llevan mucho tiempo, otras participan solo unos meses, pero todas van dejando su granito de arena y haciendo más grande este movimiento amoroso basado en la idea de que el amor se puede deconstruir y construir de nuevo, que hay muchas cosas que pueden hacerse para crear relaciones igualitarias y amorosas más allá de las etiquetas, de las jerarquías, de los estereotipos, los prejuicios, los roles, las creencias y la ideología patriarcal y capitalista. 

Es un movimiento amoroso y sororario, pues, que posee una doble dimensión. el trabajo personal para amar más y mejor, y el trabajo colectivo para construir una ética amorosa que nos permita querernos bien: sin egoísimos, sin miedos, sin intereses, sin desigualdades, sin violencia, sin relaciones de dominación y sumisión. 

El camino no es fácil, pero es apasionante. Y cada vez hay más gente haciéndose preguntas, cuestionándose muchas creencias, liberándose de etiquetas, despatriarcalizandose, probando nuevas formas de quererse, leyendo y escribiendo, compartiendo materiales, debatiendo en espacios públicos, replanteándose la forma en que nos relacionamos afectiva y sexualmente. Los cambios en nuestra cultura amorosa (sexuales, eróticos, afectivos, sentimentales) han de ir paralelos a los cambios económicos, sociales y políticos, pero a todas nos une el convencimiento de que podemos organizarnos y relacionarnos de otras maneras, y en este sentido sabemos que otros romanticismos, otros amores y otros sistemas emocionales son posibles.

Coral Herrera Gómez




Si quieres saber más sobre el Laboratorio y unirte a nosotras, visita mi web:  









9 de junio de 2016

Pasiones españolas: construcciones del amor romántico heterosexual. De la copla al pop estatal. Coral Herrera Gómez



Otras canciones románticas son posibles

La mayor parte de nuestras canciones siguen exaltando la violencia pasional, las guerras románticas, la necesidad de venganza cuando nos rompen el corazón, la sumisión erótica de la mujer, el asesinato de mujeres, y el sufrimiento femenino como muestra de amor verdadero. Pero muchas de nosotras estamos hartas de dramas alemanes, tragedias griegas, culebrones latinos, y sufrires eternos, y reivindicamos nuestro derecho a disfrutar del amor. Queremos otras canciones, otros romanticismos, otros finales felices, otras formas de querernos.

Existen muchas canciones que rompen con la tradición romántica del amor como una prisión o una enajenación mental que te limita y te ata al ser amado. Canciones maravillosas como la de Silvio Rodríguez: “Yo te quiero libre, libre de verdad, libre como el sueño de la libertad… “.

Necesitamos poner de moda canciones e historias de amor que rompan con la ideología hegemónica que atraviesa nuestra cultura amorosa: poesía que rompa con la propiedad privada y la exclusividad en la pareja, con las jerarquías, el sadomasoquismo romántico y las luchas de poder. Tenemos que reivindicar una música que no perpetúe los estereotipos y los roles de género, y que reivindique la diversidad sexual y amorosa de nuestra realidad cotidiana. Necesitamos canciones que canten más al amor y menos al desamor, y que sean capaces de ampliar nuestro concepto de “amor” mucho más allá de la pareja monógama en edad reproductiva.

La música es un motor de transformación, igual que el amor. Con música podremos visibilizar y crear otros modelos de relación, otras tramas, otras historias, otros protagonistas que en lugar de emplear la violencia para resolver sus conflictos, tengan herramientas para quererse bien, para respetarse, para cuidarse mutuamente, y para separarse con cariño.

Es fundamental que revolucionemos nuestro arte, nuestra música, nuestros relatos y nuestras representaciones a la vez que transformamos el mundo de los afectos, la sexualidad y el erotismo, las emociones y los sentimientos. Tenemos, también, que reivindicar nuestro derecho al amor y trabajar para que todo el mundo pueda unirse independientemente de su género, su orientación sexual, su clase social, su profesión, su edad, o su ideología.


Tenemos que cantarle al amor colectivo, a la ternura social entre los barrios y los pueblos, a otras formas de quererse alejadas de la ideología patriarcal y capitalista que nos hace sufrir tanto. Tenemos que dar espacio a los músicos y músicas, a la gente que compone y que canta otras historias de amor que nos muestren la riqueza del mundo en el que vivimos: hay muchas formas de juntarse y organizarse, y no tenemos por qué seguir cantando eternamente la misma canción.


Coral Herrera Gómez 


Índice de canciones analizadas en el artículo

-         Y sin embargo te quiero. Concha Piquer
-         Y sin embargo te quiero. Joaquín Sabina
-         Tentación. José Luis Perales
-         Corazón Loco. Bebo y El Cigala
-         Mi amor secreto. Lola Flores
-         Sin ti no soy nada. Amaral
-         Un hombre de verdad. Alaska
-         Con una mirada. Marta Sánchez
-         Como yo te amo. Rocío Jurado.
-         Si tú me dices ven. Los Panchos
-         No controles. Mecano
-         No soy esa. Mari Trini
-         Me gusta ser una zorra. Las Vulpes
-         Que te den. Amparo Sánchez
-         Quisiera amarte menos. Martirio
-         Todo cambia. Mercedes Sosa
-         Malo. Bebe
-         El ramito de violetas. Cecilia
-         La Zarzamora. Isabel Pantoja
-         Juana Peña. Mártires del Compás
-         Tatuaje. Concha Piquer
-         Ingrata. Café Tacuba
-         Matalás. Alejandro Fernández
-         Olvídame y pega la vuelta. Pimpinela.
-         Teatro. La Lupe
-         Rata de dos patas. Paquita la del Barrio
-         Yo te quiero libre. Silvio Rodríguez
-         La mujer que al amor no se asoma…
-         Déjate querer.




24 de abril de 2016

Quererse bien: Autoamor y autoestima





La guerra contra mi, la guerra contra todas
Quererse bien a una misma es un acto de desobediencia civil, y una forma de resistencia política ante la guerra que el capitalismo y el patriarcado sostienen contra nosotras.
La guerra contra las mujeres está basada en dos objetivos estratégicos: uno, que todas batallemos contra una misma, dos, que luchemos también contra las demás. El primer objetivo se logra minando nuestra autoestima para convencernos de que somos imperfectas, feas, viejas, gordas, o peludas. El segundo, se logra fomentando la competitividad entre las mujeres, haciéndonos creer que nosotras somos nuestras peores enemigas, que lo normal es compararnos y competir por la atención de los hombres, y que somos malas personas que no sabemos comportarnos cuando estamos juntas. Por eso es tan frecuente escuchar cosas como: "no hay nada peor que trabajar con mujeres, son todas unas chismosas", "las mujeres se tratan fatal entre ellas". Y es cierto: esta guerra es real, y cotidiana, y está basada en el lema: "divide y vencerás".
La industria de la belleza nos lanza bombardeos a diario, y por todas las vías posibles: cuñas publicitarias de radio, reportajes en revistas "femeninas", anuncios en vallas publicitarias, programas de televisión, anuncios en redes sociales... en todos ellos nos animan a auto torturarnos voluntariamente bajo la amenaza de que sin belleza no valemos nada, y que estando feas nadie nos va a querer.
 Los medios de comunicación tratan de convencernos de que nos faltan muchas cosas que pueden comprarse con dinero, y de que tenemos muchos problemas que pueden arreglarse si una realmente lo desea y se esfuerza lo suficiente. Por eso nos animan a luchar contra los kilos, las arrugas, los pelos, las imperfecciones ofreciéndonos diversas soluciones para ganar la batalla contra nosotras mismas. Y por eso nos arrancamos los pelos, pasamos hambre, compramos medicinas milagrosas y productos mágicos, sudamos en el gimnasio, y nos sometemos a todo tipo de tratamientos de belleza y cirugías invasivas.
Como cualquier religión, la tiranía de la belleza nos asegura que el dolor, el gasto y el sacrificio merecen la pena: "para ser bella hay que sufrir". El sufrimiento te lleva al paraíso, que es aquel lugar en el que seremos admiradas por los hombres y envidiadas por las mujeres. El premio es el amor de un hombre que caerá rendido ante nuestros encantos, un Salvador que al elegirnos nos hará sentir especiales, un varón exitoso que pagará nuestras operaciones y tratamientos para que sigamos bellas hasta la eternidad.
El infierno es la soledad: la amenaza constante es que nadie te va a querer si no luchas contra la fealdad, contra la edad y la grasa. La publicidad de la industria de la belleza fabrica las inseguridades, los complejos y los miedos que interiorizamos sin darnos cuenta (el miedo a envejecer, el miedo a quedarte sola, el miedo al fracaso personal y profesional, el miedo a la invisibilidad social...). A los publicistas no les falta razón: en el capitalismo patriarcal las mujeres guapas, jóvenes, y delgadas tienen muchas más posibilidades de encontrar un buen trabajo (especialmente si es de cara al público), y ganar más dinero que las demás.
Además, las más bellas son las que consiguen emparejarse con los hombres más exitosos del planeta: futbolistas millonarios, actores famosos, empresarios y políticos situados en a cúspide del poder y la riqueza. No importa si ellos son gordos, viejos y feos: lo que importa es que tienen recursos de sobra para mantenerte, y eso es lo que les hace deseables: si te eligen para acompañarlos, te contagias de su poder y su fama, y dejas de ser pobre y desconocida. Como las princesas Disney cuando son elegidas por el príncipe azul.
Desde pequeñas nos inculcan el deseo de ser especiales y diferentes al resto para que no se nos ocurra sentirnos iguales a las demás (para que jamás nos veamos como hermanas, ni como compañeras, y estemos siempre en guerra ). Por eso las protagonistas de los cuentos están siempre solas, sin amigas, y muy necesitadas de amor y protección: son tan débiles que ni se salvan a sí mismas, ni se ayudan entre ellas.
El objetivo final de esta guerra contra una misma y contra las demás, es tenernos solas y aisladas, y muy entretenidas con nuestra salvación personal. Cuanto más divididas estamos y más nos comparamos entre nosotras, más débiles y vulnerables somos. Cuanto más insatisfechas y frustradas estamos, más consumimos (productos de belleza, medicamentos, gimnasios, clínicas, peluquerías, centros de adelgazamiento, psicólogos, coachers, etc).
Cuanto más centradas estamos en nuestros problemas, y cuanto más nos deprimimos, más recursos invertimos en terapias con profesionales cuya principal tarea es subirnos la autoestima y hacernos creer que somos las mejores, que los demás no nos comprenden, que los que se equivocan son los demás. Nos irresponsabilizamos de nuestros actos creyendo que nosotras somos las buenas, y los demás son los malos. Nos dicen que todo está dentro de nosotras, y que para alcanzar la perfección sólo tenemos que tener fe en nosotras mismas, y en nuestra capacidad para transformarnos (como el cuento del patito feo que llega a ser cisne, o el cuento de la muchacha pobre que llega a princesa).

La super mujer y otros mitos patriarcales
La mayor parte de nosotras hemos sido educadas para ser las mejores en todo, por eso nuestros niveles de auto-exigencia son tan altos. No nos conformamos con estar sanas y tener un buen aspecto físico: además queremos ser las mejores estudiantes en el colegio y en la Universidad, ganar todos los concursos deportivos, de belleza o de inteligencia, tener las mejores calificaciones y destacar por encima de las demás en todas las áreas posibles.

Coral Herrera Gómez Blog

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