3 de diciembre de 2011

La industria del amor romántico: el control social sobre nuestros sentimientos





Hay gente que me pregunta en mis charlas que por qué se ha mitificado en nuestra cultura el amor entre dos personas y para qué. Es decir, ¿cuál es la función social del amor?, ¿Tienen, las formas de querernos, alguna implicación en nuestra economía, en la organización social?. 




Yo defiendo la idea de que nuestros sistemas de relación son productos de la ideología hegemónica sostenida por el poder patriarcal. Creo que el amor romántico es un instrumento de control social al servicio del capitalismo que sirve para limitar el amor de la gente y para evitar las colectividades amorosas y las redes de ayuda mutua entre grandes grupos. 


La cultura occidental sigue idealizando el romanticisimo para seducir a las masas y para que todo el mundo quiera repetir el modelo de la pareja heterosexual convertida en matrimonio. Las ventajas para el sistema capitalista y democrático son obvias: si todo el mundo copia el modelo de familia nuclear tradicional el fin último del amor romántico, tendremos organizaciones familiares de pocos miembros, con poder adquisitivo para poder consumir desenfrenadamente. 


Se nos dice siempre: "cada oveja con su pareja"


 El consumismo es un estilo de vida impuesto culturalmente para que el capitalismo funcione, y nuestras formas de vivir, basadas en el derroche y la filosofía del usar y tirar, también influyen en nuestros modelos amatorios, por el ansia de posesión y exclusividad, y el abandono cuando ya no se siente esa adrenalina, ese vértigo brutal (much@s confunden la pasión con el amor).


El principal beneficiado es el sistema patriarcal, dado que permite que las mujeres sigan pensando que solo serán felices si tienen a un hombre al lado. El amor romántico sigue perpetuando esas relaciones de necesidad y dependencia mutua porque sigue exportando unos roles y estereotipos contrarios entre sí que sirven para que todo siga como está. 

El amor romántico se ha vendido a la población moderna durante dos siglos como estado civil ideal cuyo lógico fin ha sido la formación de una familia nuclear tradicional. En el siglo XIX el amor se asoció a la tarea reproductiva femenina, se enmarcó en un espacio concreto (el dulce hogar), se instituyó como rito social (la boda), se perpetuaron las normas de la moral cristianas (fidelidad, convivencia, exclusividad, responsabilidad), y se consolidaron  unas costumbres sociales que presentaban el matrimonio y la familia patriarcal como instituciones naturales.



Además, no solo el sistema sociopolítico se beneficia de esta organización en dúos, sino también el económico. Solo piensen en la cantidad de empresas que se benefician de esta utopía colectiva: 

-La Iglesia católica (que en teoría no cobra por las ceremonias religiosas, pero que siempre acepta donaciones).
  -  Agencias de contactos que, especialmente a través de Internet, median en el proceso de búsqueda de pareja.
- Pensiones, hoteles, hostales y bares en los que se desarrollan los amores en sus inicios.
- Empresas que organizan despedidas de solteros y solteras (cenas, traslados de invitados, baile, etc.).
- Sex Centers, Sex Shops y tiendas de juguetes para adultos en los que comprar regalos para despedidas de soltero y soltera.
-  Bailarines/as, Strippers, Go Gós, prostitutas y prostitutos que intervienen en despedidas de solteros de ambos sexos.
- Restaurantes, hoteles, salas de fiesta y salas de banquetes de boda.
- Industrias de la moda: vestidos de novias, de novios, padrinos e invitados.
-            Joyerías.
-             Agencias de viajes de lunas de miel.
-             Tiendas de confección e impresión de invitaciones y regalos para dar en las ceremonias a los invitados.
-             Floristerías.
-             Empresas de fotografía y vídeo que llevan a cabo los reportajes de las celebraciones nupciales.
- Los bufetes de abogados, que gestionan los acuerdos pre y post-matrimoniales.
- Los gabinetes de psicólogos y terapeutas, que tratan el mal de amores y los sucesos sentimentales traumáticos como los divorcios. 


Más allá de las industrias de las bodas: 

-  Tiendas de regalos para enamorados que hacen su agosto el 14 de Febrero, día de San Valentín.
-             La Industria inmobiliaria (que proporciona a los recién casados su nidito de amor, comprado o alquilado)
-             La banca, que proporciona hipotecas y créditos para la obtención del nidito de amor.




















A esta cantidad de empresas habría que sumar las industrias culturales, que venden repetitivamente en sus productos (canciones, cuentos, revistas, novelas, poemas, películas, series de ficción, programas televisivos, concursos, etc.) el mito del amor romántico. 




Amaral vendió millones de discos con lo de "Sin ti no soy nada", 
quintaesencia del amor romántico. 


Y también, por supuesto, la Industria de la Familia, compuesta por:
•             Empresas que comercializan ropa de bebé y todos los productos asociados al mundo infantil: chupetes, pañales, leche en polvo, carrito, cuco, bañera, sillita para el coche, maxicosis, tetinas, biberones, baberos, toallitas, cremitas, colonias, etc.)
•             Tiendas de juguetes.
•             Industria de la educación: libros de texto, uniformes, material escolar…
•             Industria automovilística: casi todas las familias de clase media poseen monovolúmenes con DVD para cada asiento infantil.
•             Industria del ocio y el tiempo libre: grandes parques temáticos, zoos, aquariums, teatro infantil, musicales infantiles, campamentos de verano, y tecnología infantil y adolescente (videoconsolas, ipods, teléfonos móviles, ordenadores portátiles, etc.)




De este modo, podemos ver que gran parte de la economía occidental está basada en la industria del amor: el consumismo está orientado sustancialmente a esta pareja ideal monogámica que funda una familia y adopta el consumo como estilo de vida. El consumismo se nos ofrece a través de los medios de un modo idealizado y unido a promesas de autorrealización y vida sexual y sentimental plena; pero a pesar de que genere frustración, es evidente que es efectivo, porque funciona. No hay más que darse una vuelta por los centros comerciales los fines de semana, verán qué tipo de personas pasean por ellos: parejas, parejas con hijos, adolescentes buscando pareja...

Otro detalle a tener en cuenta es que la sociedad penaliza económicamente a las personas solteras. En España, por ejemplo, casarse conlleva una serie de ventajas fiscales que no poseen la carga económica de los impuestos que pagan los solteros. En las épocas de bonanza económica o de desarrollo del Estado del Bienestar, ha sido relativamente fácil para los ciudadanos vivir solos; el individualismo entonces fue factible porque la clase media tenía sueldos signos que les permitían independizarse.

En la actualidad, con la crisis, la independencia sólo es posible en pareja, porque normalmente los habitantes de las grandes ciudades destinan un sueldo a pagar la hipoteca o el alquiler y otro para vivir. 

Así, no sólo el sistema simbólico propicia el amor romántico entre hombres y mujeres heterosexuales, monógamos y adultos, sino que también es promovido por el sistema legislativo, el fiscal y el económico: todo el sistema, en general, está configurado para la felicidad de las parejas, unidas para siempre bajo la bendición de Hacienda, de la Iglesia y del Estado.




Coral Herrera Gómez



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