27 de junio de 2026

Hasta siempre, compañero

 



Jorge es antropólogo y a lo largo de su vida asistió a varios funerales en comunidades indígenas de Nicaragua, Honduras, Costa Rica y Panamá. Y me decía que él quería tener un funeral como lo hacen ellos, que celebran la vida del que se va. Asi que lo despedimos como él quería. 

Pasamos dos días junto a él dándonos besos y abrazos, recordando su vida, compartiendo anécdotas, llorando y riendo, comiendo y bebiendo. Paramos el tiempo, se detuvieron los relojes, y entramos en una burbuja espacio temporal llena de amor. 

La muerte nos hace sentir intensamente la vida, y nos permite sentir que estamos aquí y ahora en la existencia. Jorge y yo hablábamos mucho de ella,  de las diferencias culturales entre Europa y América Latina a la hora de celebrar los ritos de despedida. En estos dos últimos meses hablamos mucho más porque su compañera de toda la vida, Paula la mamá de sus hijos, también se nos fue. Él me repetía que como la vida es tan frágil y es un tesoro, había que disfrutarla, que el futuro no existía. 

Jorge se estaba cuidando mucho para tener una buena vejez, iba a cumplir en septiembre 63 años, pero aceptaba con mucha serenidad que en cualquier momento nos podemos ir. La semana pasada estaba cuidando una maceta grande donde había plantado chiles de Panamá, de Jalapeño y Chiltepe y llevaba a sus bebés a la ventana para que les diera sol, pero no demasiado, y andaba todo el día pendiente de ellos y de las primeras lechugas que empezaban a salir en el huerto que le concedió el Concello de Allariz. Hizo un guiso enorme y un pastel de boniato, banano y chocolate y toda su familia y la mía han podido comer estos días de esta comida. Ayer cogimos la primera lechuga, y hoy los chiles están brotando con fuerza y alegría. 

La despedida final fue muy hermosa. Las Herrera Gómez y los Morales Carbonell estuvimos rodeadas de la gente querida de Allariz. Para nosotros ha sido súper lindo recibir tanto amor. Sabíamos que nos apreciaban y nos querían, pero no sabíamos que era tantísimo. Yo no sabía que ya pertenecemos a la comunidad alaricana. Pensaba que nos quedaban años, quizás porque Jorge y Gael estaban más integrados y yo viajando. 

Gael organizó la ceremonia final. Empezó hablando galego, el idioma de su bisabuelo, y yo me sentí muy orgullosa de mi niño porque apenas ha empezado ahora a soltarse a hablarlo. Tocó dos canciones a la guitarra con sus dos hermanos, y luego hablamos y nos abrimos en canal (sus hermanas, hermanos, sobrinas, sobrinos, cuñadas) para decir unas palabras sobre él. Era un hombre alegre, disfrutón y cuidador que nos ha dejado mucho amor y una filosofía de vida maravillosa. 

Luego fuimos al río Arnoia, al lugar donde murió, uno de nuestros lugares favoritos del pueblo. Gael organizó un rito especial para que todos y todas pudieran echar las flores de las coronas que nos enviasteis y decir unas palabras. Sus hermanos le ayudaron mucho en estos días hablándole y haciendo pequeños ritos de despedida juntos, y lograron que se bañara en el río y lo disfrutara. Así que para él fue de lo más normal llevarnos al sitio donde sucedió todo. Y coincidimos todos en que el río es vida, y recordamos todos los versos de Jorge Manrique: “Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / que es el morir/ allí van los señoríos / derechos a se acabar / e consumir; / allí los ríos caudales, / allí los otros medianos / e más chicos; / allegados, son iguales / los que viven por sus manos / e los ricos”

En la celebración hubo tantas risas y tantas lágrimas, que aquello parecía una fiesta: hicimos lo que él nos pidió siempre, que le celebráramos la vida y nos diéramos mucho amor. Él estaba muy familiarizado con la muerte y por eso disfrutaba tanto del día a día. A mí me aterrizaba a cada rato porque yo llevo años estresada, y en estas semanas estaba escribiendo mi nuevo libro obsesionada.

Llegaba a la habitación a decirme que tenía que dormir. Me cocinaba, me cuidaba muchísimo cuando yo entraba en este estado, y me escuchaba con mucho amor cuando yo le hablaba de mis avances. Cuando tenía tiempo se sentaba junto a mí a escribir su novela. Pero también componía música, dibujaba, hacía máscaras de arcilla, y cultivaba verduras en su huerto. Limpiaba, compraba comida, hacía lavadoras, llevaba a Gael al parque, a piano y a natación, a king fu, y estaba muy feliz con las constantes visitas de su familia.

Agradecemos a toda la gente las muestras de cariño y solidaridad, estamos ahora mismo en una burbuja de amor. Habrá que volver a la realidad poquito a poco, ahora solo quiero pediros que cuidéis a vuestra gente querida porque es el mayor tesoro que nos da la vida, que no dejéis que el estrés y las preocupaciones os alejen de los seres amados, que les digáis cuánto les queréis porque no sabéis cuándo llega el momento de irse. 

Y porque lo que sostiene la vida es el amor. A mí ahora lo que me sostiene es el amor. Lo que me ha sostenido toda mi vida. 

Hasta siempre compañero. Gracias por estos años de vida juntos, gracias por cuidarme, gracias por regalarme la aventura de la maternidad y por estos tres seres que me has dejado conmigo, Gael, Daniela y Pablo


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Hoy fui al huerto de Jorge a cosechar lechugas y apio, y a hablar con la tierra. Termina el curso y siempre que me despido de mis alumnas en la Universidad me da mucha penita pensar que las he tenido conmigo cuatro meses y que ya nunca más. Siempre vivo un pequeño duelo, pero hoy me he recordado a mi misma que en septiembre todo vuelve a comenzar y siempre me hace mucha ilusión conocer a las nuevas alumnas. 

Miientras hundía mis manos en la tierra empecé a pensar que así es la vida: en mayo se siembra, en verano y otoño se recolecta, en invierno la tierra descansa, y después siempre llega la primavera y se siembra de nuevo. La naturaleza tiene sus estaciones y sus ciclos de vida y muerte. Cultivar conocimiento también tiene su tiempo, tu labor es sembrar semillas en el alumnado y confiar en que darán sus frutos. O no. 

Las clases empiezan y se acaban, las relaciones con los demás también. La gente y los animales que entran en tu vida y te acompañan en el camino permanecen un tiempo y luego se van. 

O te vas tú.

El tiempo de la escuela es un ciclo, el tiempo del bachillerato otra etapa, la Universidad también marca un tiempo, la gente entra y sale de tu vida y camina contigo un ratito. Tú vas contigo misma de la cuna a la tumba, pero es hermoso saber que en la caminata vas a conocer gente maravillosa que te acompaña (un fin de semana, unos cuantos meses o unos cuantos años) 

Muchos de ellos siguen contigo en tu corazón aunque ya no estén, y tú también vives en los corazones de los demás aunque emigres y te vayas a vivir lejos. Los seres humanos somos muy afortunados porque vivimos varias vidas en una sola, 

y también porque la muerte no acaba con el amor que sientes. 

Yo sigo con esa sensación de agradecimiento porque la vida me regaló quince años de tiempo con Jorge. No siento rabia porque ahora ya no está, sino un profundo sentimiento de gratitud por haber podido disfrutarlo y por todos los cuidados que me brindó. Él me enseñó a disfrutar del día a día porque tenía una relación muy bonita con la muerte, con la vida y con el amor. Y recogiendo hoy lo que él sembró, me doy cuenta de que el amor está en todas partes, que me rodea por todos lados y alimenta mi corazón. 

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Hoy quiero proponeros un ejercicio que hicimos Jorge y yo hace un tiempo. Tiene tres partes. La primera es imaginar cómo serían nuestras vidas si nos separáramos en el futuro. Cuando empiezas una relación crees que el amor es para toda la vida, y por eso suelen ser tan duras las separaciones. Jorge me dijo que él se quedaría en Galicia para criar a Gael y ambos nos comprometimos formar un equipo de amor y crianza juntos aunque nuestra pareja se rompiese. A ambos nos reconfortó mucho saber que si nos separásemos como pareja nos seguiríamos cuidando como familia.

La segunda pregunta fue: ¿qué hacemos si uno de los dos se muere? 

Y cada uno se preguntó: ¿cómo sería mi vida sin mi? 

Lo primero que piensas es en la gente que te quiere, y en su dolor. Pero lo que más duele es pensar en la gente que depende de ti, por ejemplo los hijos e hijas, o los padres y madres mayores. Nos dimos instrucciones de logística, y estuvimos hablando mucho de la vida y de la muerte. Jorge me decía que aquí en Europa vivimos todos como si fuéramos inmortales. No hablamos de la muerte, hacemos como que no existe. Vivimos como si nunca nos fuésemos a morir. Mucha gente no hace testamento ni deja las cosas preparadas para facilitar el proceso a su familia. Si alguien quiere hablar de ello se le regaña: “anda calla que tú no te vas a morir nunca”. Cuando alguien está en sus últimos días todo el mundo hace como que no está pasando y hasta se celebran los signos de mejoría que surgen antes de la despedida final. Se aparta a los niños y a las niñas, no se les permite despedirse y nadie habla con ellos sobre la vida y la muerte. Creo que en estos momentos tan especiales es fundamental que los niños y niñas nos vean llorar y reír, que vean como ante el dolor nos sostenemos los unos a los otros, y que puedan despedirse de sus familiares queridos con amor.

En estas conversaciones Jorge me dijo que a él le gustaría que su muerte fuese fulminante (y tuvo la suerte de que así fue) y yo en cambio dije que me gustaría que la muerte me diera unos días de margen para despedirme de mi gente, para ver álbums de fotos, para hacer cierres y hablar de todo, para dar y recibir abrazos y besos, para despedirme con amor. Ambos coincidimos en imaginar nuestro funeral como un espacio de amor y celebración de la vida. 

Acá  cuesta mucho mirar de frente a la muerte. Por eso cuando la parca llega, es un golpe durísimo para todos nosotros y nosotras. Para otras culturas humanas es algo natural, un proceso que forma parte de la vida. También para la nuestra lo fue durante muchos siglos, cuando se velaba a los seres queridos y se cocinaba, se comía, se bebía y se celebraba la vida del que se iba. 

Y esta es la última pregunta que os lanzo: ¿cómo os gustaría que fuese vuestra despedida?, ¿habéis escrito instrucciones para vuestra gente querida?, ¿os gustaría donar órganos para dar más tiempo de vida a otros seres humanos?, ¿a quien queréis dejar vuestras fotos, recuerdos, tesoros?, ¿qué ritos os gustaría que hiciesen los vuestros para deciros adiós?

Hay que hablar de la muerte sin miedo, asumir que no somos inmortales, hacer lo que queremos hacer ahora y no dejarlo para después. Hay que aprender a dar la bienvenida a los nuevos y hay que aprender a despedirse de los que se van. Vivimos de espaldas a la muerte, pero tampoco sabemos mirar de frente a la vida y tomar conciencia de que cada día es un regalo y a la vez una cuenta atrás hasta el día final, que no sabemos cuándo es. 

Creo que imaginar tu propia muerte es un ejercicio muy sano que te ayuda a tomar conciencia de que la vida es un regalo. Y hacerlo con tus seres queridos también es importante, porque la muerte no es un asunto individual, sino un tema colectivo. También es cierto que la vida es muy dura, pero podríamos trabajar entre todos y todas para disminuir el sufrimiento. Vivir una Buena Vida y tener una Buena Muerte es un asunto personal y colectivo, es un derecho humano y por lo tanto es un tema social y político. 

Pensar y hablar de la muerte con la gente nos ayuda a todos y a todas, ojalá tomemos conciencia colectivamente para lograr que todo el mundo pueda vivir bien y morir bien.

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Lo más duro de la muerte es cuando hay que empezar de nuevo la vida. He estado diez días en una burbuja de amor con la familia de Jorge y la sensación que teníamos todos y todas era que estaba con nosotros todo el tiempo. Los últimos días los he pasado con Daniela, Pablo y Gael y hemos podido descansar, pasear por la naturaleza, compartir momentos de silencio y tranquilidad, en el bosque, las aldeas, en el río Arnoia y el río Miño. Hemos hablado mucho también y ha sido muy hermoso poder vivir tantos días en la burbuja de amor.

Me ha parecido durísimo que mi gente haya tenido que volver el lunes al trabajo. Ojalá todos y todas pudiéramos parar los relojes y detener el tiempo para disfrutar de ese espacio mágico entre la vida y la muerte. Para mí ha sido la mejor medicina, poder desconectar por completo del teléfono, del trabajo y las noticias, poder llorar y recordarle con calma, y hacer rituales de despedida con sus cenizas. Ahora vuelvo a la realidad y estoy limpiando la casa y ordenando los espacios, escucho audios y leo vuestros mensajes, Gael ha vuelto al cole, y empezamos una nueva etapa de nuestras vidas.

Otra más. Ya me han tocado vivir varios cierres y varios inicios, y me siento muy vulnerable y muy fuerte a la vez.

Mi niño necesita que yo esté bien. Así que me siento con energía y me ayuda hablar con Jorge, le siento muy cerca y cuando me paro un momento a pensar en su muerte, me siento inundada de amor. Un amor más allá del amor de pareja, un amor universal que se expande en mi pecho, y alcanza a todos los seres vivos de este planeta en el que viajamos juntos y juntas.

Sigo con la magia del funeral, conectada más que nunca a la vida, y al amor que he recibido estos días y que me mandáis desde tantos rincones del planeta. Ese amor me acuna y me sostiene, gracias de todo corazón a todos y a todas. 

Aquí podéis leer el homenaje que le hice en vida a Jorge hace unos meses. 

Hasta siempre, compañero, y gracias por todo.

Coral 

Coral Herrera Gómez Blog

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