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29 de octubre de 2021

¿Por qué el patriarcado nos roba el placer y los orgasmos?

 


¿Por qué el patriarcado nos roba el placer y los orgasmos?


¿Por qué las mujeres heterosexuales nos preocupamos más por el ego frágil de nuestros compañeros que por nuestro propio placer?, ¿por qué renunciamos a corrernos a gusto y le damos más importancia a los orgasmos masculinos que a los nuestros?

A los hombres les cuesta disfrutar del sexo y del amor porque no saben cómo hablar del tema. Están acostumbrados a hablar de sexo con otros hombres, generalmente para alardear de sus conquistas, no para intercambiar conocimientos en las artes del amor.

Con sus parejas femeninas les cuesta aún más porque no están acostumbrados a escuchar a una mujer hablar de su placer, de su deseo, de sus fantasías, de sus oleadas, de sus orgasmos múltiples.

Nosotras hablamos mucho de sexo con nuestras amigas. Con los hombres no podemos hablar porque la mayoría de ellos se asustan y sus penes se hacen pequeños cuando se ven frente a una mujer libre. Así que tenemos que tener cuidado porque si creen que somos mujeres para follar, no se van a enamorar de nosotras: la mayoría de los hombres siguen creyendo que hay mujeres buenas y malas, y que las malas son de usar y tirar.

La masculinidad patriarcal es muy frágil y a los hombres les cuesta disfrutar del sexo porque creen que su obligación como macho es eyacular para demostrar su hombría. Les falta humildad, curiosidad y generosidad: no preguntan a las mujeres qué es lo que les gusta en el sexo por miedo a no dar la talla, y aunque se avergüenzan de su ignorancia, les cuesta preguntar y prefieren aparentar que son machos potentes que saben complacer perfectamente a sus parejas.

Nosotras hacemos como que nos complacen para que no se sientan mal. 

Pero lo cierto es que estas mentiras piadosas solo sirven para que los machos mantengan su ego y no aprendan jamás a dar placer a una mujer.

¿Qué ocurre cuando nos atrevemos a decirle a nuestra pareja lo que nos gusta y lo que no, cuáles son nuestras fantasías y dónde están nuestros límites? Que los hombres se sienten incómodos porque tienen miedo a la mujer libre que conoce y ama su cuerpo.


27 de octubre de 2021

En ebook y kindle: El Contrato Amoroso

 




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¿Por qué se casan los hombres?

Ilustración Emma Gascó


 

¿Por qué se casan los hombres?

20/10/2021


¿Qué beneficios les supone a los hombres el matrimonio?

 ¿Por qué hay tantos hombres tratando de alargar su soltería al máximo 

y por qué se rinden casi todos?

 ¿Por qué lloriquean tanto cuando dejan su soltería? 

¿Por qué algunos pasan toda la vida presos en la cárcel del amor 

romántico? 

¿Por qué están todo el tiempo queriendo escapar?


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23 de octubre de 2021

Tú en tu casa y yo en la mía



Cada vez hay más parejas que apuestan por este tipo de relación: cada uno en su casa, tú en la tuya, y yo en la mía. 

Es la modalidad favorita de las mujeres mayores adultas que ya han terminado con la crianza y se han liberado de todas las cargas: muchas se niegan a repetir la experiencia de convivir porque han pasado muchos años sirviendo a un hombre y entregadas a su rol de cuidadoras de todo el mundo. Cuando empiezan a pensar en sí mismas, a cuidarse y a disfrutar de su tiempo, su energía y su libertad, ya no les apetece volver a ser la mamá, ni las asistentas de ningún hombre.

También las chicas jóvenes están apostándole a esta forma de quererse y de organizarse, especialmente las que no quieren ser mamás, y las que viven tan felices con sus amigas.

Muchas personas divorciadas que están criando a sus hijos con o sin custodia compartida eligen también esta forma de relacionarse con sus nuevas parejas, especialmente las mujeres que han acabado hartas de la sobrecarga de cuidados. 

Como ya han pasado por la modalidad de compartir hogar y saben que el reparto de tareas no suele ser equitativo, prefieren construir su proyecto vital en torno a sus hijos e hijas, y no en torno a sus parejas.

No es fácil elegir un modelo de relación no normativo, porque supone ir a contracorriente: lo que la sociedad espera de nosotras es que nos enamoremos, convivamos y firmemos una hipoteca, y nos reproduzcamos. Parece que si no creemos en el mito de la media naranja, la monogamia, la familia feliz y la conciliación, y no configuramos nuestras vidas en torno a ellos, es porque somos raras, anormales y fracasadas. 

Pero algunos estudios indican que las mujeres que no conviven con hombres tienen mejor salud y  mayor esperanza de vida. Así que es importante pensarse bien si es mejor convivir o no convivir.

Elegir la no convivencia no implica que tengamos que renunciar a la posibilidad de tener una relación hermosa con un hombre: creo que es posible que sea más fácil quererse bien cuando cada uno está en su hogar. 

Vamos a ver algunas de las ventajas de no compartir techo con tu pareja:

- Tienes más tiempo para ti, y no tienes que emplear tu energía en cuidar a un hombre que no sabe cuidarse a sí mismo. La mayor parte de las mujeres que conviven con un hombre en el mundo se ven obligadas a asumir las tareas domésticas y de cuidados que les corresponden a ellos, de modo que en la gran mayoría de los casos, ellos viven como reyes, y nosotras como si fuéramos sus sirvientas. Si cada cual se queda en su casa, nosotras nos libramos de la doble jornada laboral y tenemos mucho más tiempo, y por tanto, mucha mayor calidad de vida. 

- Los hombres son más autónomos cuando no tienen una mujer que les haga todo 2 de cada 3 hombres abandonan las tareas domésticas cuando empiezan a convivir con una mujer, y confunden a sus parejas con sus criadas  Si dejan el hogar materno para vivir en su propia casa, podrán hacerse adultos, quitarse la corona, aprender a ser autosuficientes y a vivir como personas normales. 

- La convivencia mata la pasión: si no convivís bajo el mismo techo, la pasión puede durar mucho más tiempo, y el aburrimiento llegar mucho más tarde.

-Echarse de menos es bueno: dan muchas más ganas de verse y de compartir tiempo, y es más probable que el tiempo que pasamos juntos sea tiempo de calidad, de plena presencia y atención amorosa. 

- No compartir vivienda te permite ir más despacio y conocer mejor a la otra persona. Hay gente que sin saber si son compatibles o afines, se juntan bajo el mismo techo "arrastradas" por la pasión del momento, y después descubren que en realidad no se daban las condiciones necesarias para poder compartir un hogar. 

- No convivir bajo el mismo techo te permite estar en tu centro: en las relaciones de pareja muy intensas hay mujeres que modifican radicalmente sus agendas cuando se emparejan, y dejan su propia vida para adaptarse a la vida de la otra persona. Se pierden a sí mismas cuando se entregan al otro en cuerpo y alma, y su autonomía emocional se va erosionando, sobre todo si la relación es muy larga. 

- Hay muchas mujeres que no se sienten libres para ser ellas mismas cuando están en pareja, por el deseo de complacer y el miedo a que no las quieran. Al no poner en el centro de tu vida a una persona, te relacionas de una forma mas libre con ella. 

- Tener tu propio espacio y tener tiempo para tus pasiones y tus redes afectivas es un verdadero tesoro. También puedes tenerlo si convives con tu pareja, por supuesto, pero resulta mas fácil cuando cada uno tiene su propio hogar. 

- Los tiempos y espacios compartidos se disfrutan más, porque son elegidos: no estamos por estar, sino que nos dedicamos tiempo porque nos apetece disfrutar de la compañía de la otra persona, y eso nos permite estar mas presentes.  

-Cuando nos apetece convivir, disfrutamos mucho más, por ejemplo, cuando nos juntamos bajo el mismo techo en vacaciones o en momentos en los que necesitamos cuidados especiales.

-Hay menos problemas, menos luchas de poder, y menos conflictos, y por lo tanto, menos desgaste en la pareja. Las negociaciones son mas sencillas porque ambos tenemos que hacer menos cesiones y concesiones.

-Te sientes más libre para irte y para quedarte. Y sabes que tu pareja no se siente atrapada contigo, porque también es mas libre para irse y para quedarse. 

-Es más fácil separarse cuando la relación no va bien, y el tiempo de duelo es más corto. Tu vida no se derrumba: sigues en tu casa, con tu trabajo, tu vida social, tu red afectiva, y no hay guerras en torno a la casa y los bienes que tenéis en común. Lo único que tienes que afrontar es el dolor de la pérdida de tu compañero o compañera.

  

Tú en tu casa, y yo en la mía: ¿cuántas parejas pueden permitirse económicamente esta modalidad? Pocas, si hablamos de gente que vive sola. 

Pero si hablamos de la gente que comparte hogar con otra gente, la cosa cambia: vivir en comunidad nos permite elegir qué clase de relación queremos construir. Además, se disfrutan mucho más las relaciones sexuales y sentimentales cuando no estamos condicionadas por la necesidad y no hay  dependencia económica.

Es un modelo de relación que puede servirnos también para darnos el tiempo necesario para saber si somos compatibles o no, si hay condiciones para llegar a vivir juntos, o no. 

¿Cuáles son las desventajas de esta forma de vivir?, ¿es posible no convivir con la pareja si no tenemos una red afectiva bonita que nos arrope la soledad?, ¿qué ocurre cuando queremos tener crías?, ¿cómo hacer cuando ya las tenemos y queremos probar a vivir cada cual en su casa para transformar la relación?, ¿son los vínculos sentimentales iguales en las parejas que se juntan para convivir y las que no? 

Hay que hacerse muchas preguntas, analizar los pros y los contras, y escucharnos a nosotras mismas para saber qué es lo que nos apetece en este momento de nuestras vidas. Es muy importante que en lugar de seguir las sendas marcadas para nosotras, nos pongamos a pensar cómo queremos relacionarnos con el amor y los hombres. 

Coral Herrera Gómez


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Los hombres, mejor como amantes







10 de octubre de 2021

Hombres que no dan la talla para ser buenos compañeros




Los hombres que no dan la talla ni tienen el nivel suficiente para ser buenos compañeros son: 

-todos aquellos incapaces de desnudarse y de abrir su corazón,

- los que no se enamoran nunca, los tacaños emocionales, y los mutilados emocionales 

-los que se comprometen en una relación monógama, pero mienten y engañan a sus parejas

-los que no saben cuidarse a sí  mismos, y reciben cuidados sin darlos,

-los que no se preocupan por el placer de sus compañeras,

-los que dejan todas, o la mayor parte de las tareas domésticas en manos de sus parejas

-los que parecen muy modernos, pero siguen los mismos patrones de relación que los machos patriarcales de siempre

-los que nunca tienen tiempo para disfrutar del sexo y del amor, 

-los que no buscan coherencia con lo que sienten, lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen, 

-los que sienten pereza para sentarse a charlar y a negociar contigo, 

-los que firman pactos para el cuidado mutuo y no los cumplen

-los que se ríen aún de los chistes machistas, niegan la desigualdad y reniegan del feminismo 

-los que se declaran feministas pero no son capaces de hacer autocrítica amorosa ni de trabajarse sus patriarcados

-los que se aprovechan de sus privilegios en sus relaciones con las mujeres

-los que sienten que la paternidad les viene muy grande pero no se lo trabajan ni se implican al cien por cien

-los que teniendo conciencia del problema, no se trabajan la honestidad para ser buenos compañeros

-los sensibles que carecen de empatía y solidaridad con sus compañeras.

Coral Herrera Gómez 


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Como saber si es un buen compañero


8 de octubre de 2021

La batalla más dura del feminismo está en la casa y en la cama




Las estrategias que nos han enseñado a las mujeres para hacer frente al abuso y la dominación masculina no sirven.

-Ponerse sumisa solo sirve para que el otro se crezca y se ponga más dominante.
-Intentar no enfadar a tu pareja no sirve: en realidad no necesita motivos para estallar. Se enfadará igualmente.
-Intentar dar pena para que se apiade de ti no genera empatía ni ablanda el corazón del otro.
Más bien el efecto que provoca es el contrario: exacerba el sadismo del otro. Le hace sentirse más poderoso. Su ego necesita tenerte de rodillas.

Así que nos toca cambiar de estrategia, compañeras. Pongámonos en pie y aprendamos a usar nuestro poder para que no nos exploten, para que no nos hagan daño, y para que no nos dominen a través del amor romántico.

Aprendamos las artes de la asertividad para defender nuestras posiciones, para poner límites y aprender a decir que no.

Cultivemos la autonomía y la autoestima, y tomemos conciencia de que esto es una cuestión de justicia social: nosotras, las mujeres, somos personas libres y con derechos y queremos relaciones basadas en el respeto, la igualdad, y los cuidados mutuos.

Ahora que ya sabemos que no nacimos para servir, para sacrificarnos, ni para aguantar, exijamos un trato igualitario, sin dar un paso atrás.

La batalla más dura del feminismo está en la cama y en la casa: vamos a romper con la estructura de la dominación y la sumisión de una vez por todas. Los hombres tienen que quitarse la corona y sentarse a negociar.

A nosotras ya no nos engañan ni nos someten más




7 de octubre de 2021

Para ser feliz no necesitas a un hombre




Para ser feliz no necesitas un hombre que te ame. Necesitas una red de cuidados y apoyo mutuo. Si no la tienes, comienza a tejerla con mucho amor del bueno. Será el mayor tesoro que tendrás en tu vida: tu gente querida.

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