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14 de febrero de 2018

Entrevista para El País, Febrero 2018



Me entrevistó Rita Abundancia para el S Moda, podéis leer su reportaje aquí, y podéis leer la entrevista completa a continuación:

Entrevista de Rita Abundancia a Coral Herrera

P. ¿Qué papel juega el concepto de amor romántico en la sociedad actual (es una utopía, una droga, un ideal inalcanzable, una forma de tener controlado al personal)?

R. El amor romántico es una droga muy potente creada por el patriarcado para mantenernos entretenidas a las mujeres. Una forma eficaz y relativamente rápida de desarticular los movimientos sociales ha sido introducir droga para desviar las energías colectivas hacia la fiesta y los viajes, a solas y en grupo. Así que la forma más efectiva de control sobre las mujeres es convertirnos en yonkis del amor. Nos quieren tristes, amargadas, deprimidas, acomplejadas, miedosas, cabreadas, anuladas, y en batalla contra nosotras mismas. Nos quieren mirándonos el ombligo, soñando con nuestro paraíso individualista, imaginando al Príncipe Azul, drogándonos como locas, insaciables, y permanentemente decepcionadas y frustradas. Cada una en su casa, aislada, con miedo a no ser amada, con miedo a no ser correspondida, con miedo al abandono y a la soledad.

No hay nada más peligroso para el capitalismo y el patriarcado que las mujeres unidas luchando por el bien común, por la paz, la igualdad y los derechos de los Humanos, de los seres vivos y de la Naturaleza. Por eso nos bombardean constantemente con el mito romántico como vía para la salvación personal. Nos hacen creer que la felicidad está en encontrar la media naranja que se responsabilice de nuestro bienestar, de nuestra salud emocional y mental, de nuestra felicidad. Y así nos desactivan y nos debilitan a todas: gastamos mucho tiempo de nuestras vidas en buscar, en hacer, en vivir el amor. Tiempo y energías que podríamos dedicar a cosas más bonitas, más útiles y más placenteras. Por ejemplo, a hacer realidad nuestros proyectos, a disfrutar de nuestras pasiones, a disfrutar de nuestra gente, a tejer redes de afecto y de ayuda mutua…

La verdad es que el amor es una trampa para nosotras, porque en lugar de hacernos felices, nos hace sufrir mucho. Nuestra cultura amorosa está basada en la mitificación del masoquismo femenino, nuestras heroínas son grandes sufridoras que se sacrifican por amor, que se entregan por completo, que renuncian a su poder y a su libertad, que se pasan la vida sufriendo porque no se sienten queridas. En estas condiciones, resulta muy difícil disfrutar del amor, pero creo que podemos trabajar individual y colectivamente para desmontar el mito romántico y buscar otras formas de relacionarnos sexual, emocional y afectivamente.


P. Cuéntanos brevemente cómo se creó esta idea del amor

R. El amor romántico se gestó en los orígenes de nuestra cultura occidental. En la cosmogonía griega Zeus y Hera son un matrimonio típico del patriarcado: el objetivo de él es ponerle los cuernos a su mujer, y el objetivo de ella es evitarlo, vigilar a su esposo, y castigarle cuando era infiel. Así se pasan miles de años los pobres, entretenidos en una lucha de poder absurda, jugando al ratón y al gato, haciéndose de rabiar, tratando de imponerse al otro o a la otra a toda costa.

Otro momento importante es el del Amor Cortés, que surge en la Edad Media como un arte masculino inventado para enamorar a las damas y poder entrar en la Corte de los reyes. Los hombres se arrodillan y se someten a las mujeres, y componen cursis poemas para subir la autoestima y el Ego de la elegida, y para derretir su corazoncito. Digamos que es el único momento de gloria en la vida de las mujeres: el tiempo en el que intentan ser cortejadas por un hombre. Cuanto más se resistan, más especiales se sienten. Es sólo un espejismo romántico, pero aún hoy en día sigue funcionando.

 Y luego viene el Romanticismo cuando surge la burguesía. Para disfrazar el contrato económico del matrimonio, se inventan una forma de amar muy parecida a la de una religión, con sus milagros, sus mártires, sus mitos, sus relatos, sus creencias, sus mandamientos, sus falsas promesas, su infierno y su paraíso…

Las mujeres se engancharon masivamente a este modelo de amor idealizado porque para ellas suponía una liberación: ya no querían casarse con viejos babosos, sino con hombres a los que amasen para vivir unidas por toda la eternidad. Se rebelaron al mandato patriarcal y desobedecieron la ley del pater, porque se querían casar enamoradas.

El Romanticismo es profundamente capitalista e individualista, porque sigue la máxima del “sálvese quién pueda”: los paraísos románticos están hechos a nuestra medida, diseñados para que aunque los demás no puedan ser felices, yo si pueda.

Y hoy con la globalización, todo el mundo busca enamorarse como una forma de escapar a la soledad y a la crueldad del individualismo. Ninguno quiere morir solo en su casa sin que nadie se entere o a nadie le importe.


P. ¿Qué papel tienen la mujer y el hombre en ese concepto? Efectos colaterales de esta idea para la mujer y para el hombre (éste también sale perjudicado)?

R. A las mujeres nos enseñan a poner el amor en el centro de nuestras vidas, para los hombres en cambio el amor es una cosa más entre otras muchas (negocios, trabajo, deportes, amigos, aficiones, etc.).

Amamos de manera diferente porque nos mandan mensajes diferentes: para nosotras el amor es la salvación (de la pobreza, de la explotación, de una familia castradora, de una vida aburrida), mientras que ellos se defienden del amor porque creen que es el arma que tenemos las mujeres para dominarlos. Temen perder su poder, su autonomía y su libertad si se enamoran, así que se piensan mucho lo de formar pareja y adquirir un compromiso: se juegan mucho.

Nosotras queremos desnudarnos y vivir la pasión profundamente, ellos evitan los estados emocionales intensos y les cuesta disfrutar por los miedos e inseguridades de la masculinidad frágil.

Nosotras queremos vivir un amor de película, ellos quieren estar tranquilos y tener todo bajo control. Nosotras queremos hablar todo el tiempo de cómo nos sentimos y que el otro haga lo mismo, ellos tienen serios problemas para mostrarse desnudos, para dejar ver su vulnerabilidad, para hacer autocrítica, para compartir sus emociones, para profundizar en si mismos.

Ellos quieren sumisas complacientes, leales y puras, fieles y devotas. Nosotras queremos hombres fuertes y sensibles, guapos, divertidos, cariñosos, cultos, generosos, honestos, sinceros, buenas personas. Queremos que nos protejan y nos mantengan, que nos cuiden y nos quieran para siempre, que tengan medios para mantenernos.

Nuestras relaciones son interesadas, porque nosotras trabajamos el doble que ellos, trabajamos muchas horas gratis, sufrimos más el desempleo, la precariedad laboral, y somos más pobres que los hombres en todo el planeta. Los multimillonarios son hombres, los dueños del 80% de las tierras son hombres, los dueños de los medios de comunicación y los medios de producción son hombres.

Así que es muy difícil que podamos querernos en estas condiciones. Nos relacionamos desde la necesidad, no desde la libertad, y esto no nos permite disfrutar del amor.

Este desequilibrio provoca que vivamos constantemente en luchas de poder por dominar al otro o imponerle nuestro modelo amoroso. Vivimos permanentes guerras románticas porque no sabemos construir relaciones igualitarias, sanas, y libres. Nos cuesta tratarnos con amor, nos cuesta disfrutar del amor, a ellos creo que mucho más que a nosotras, porque el mundo es jerárquico y muy violento, y el amor precisa de mucha solidaridad, empatía, generosidad y trabajo en equipo.

Así que tenemos que liberar al amor del machismo y del patriarcado, desmitificarlo, desaprenderlo, y reinventarlo, para que podamos disfrutarlo todos y todas. 


P. Tu propones otra idea diferente del amor, hablas del amor compañero o de acompañamiento amoroso. Explícanos este concepto.

R. Mi romanticismo siempre consistió en ser querida como a una compañera. No siempre lo logré por las resistencias de los chicos a considerarte una igual, especialmente en la adolescencia, una época en la que la mayor parte de mi generación creíamos que el amor pasional era una guerra plagada de sufrimiento, mentiras, infidelidades, traiciones, engaños, y mal trato.

Ahora disfruto mucho del amor porque lo vivo en pareja, desde la filosofía del compañerismo. Nos tratamos bien, nos queremos bien, somos honestos, nos comunicamos con cariño, nos acompañamos, nos divertimos, y gestionamos los conflictos desde el amor, tratando siempre de no hacer daño al otro y de hablar sobre lo que estamos sintiendo.

Supongo que tengo idealizado el amor compañero porque para mí es esencial poder construir una relación igualitaria, en horizontal, que no se encierre en sí misma, que se nutria de la libertad de ambos miembros de la pareja para estar juntos, o para separarse si lo desean.

Y bueno, hay que trabajárselo mucho, individual y colectivamente, para poder llegar a relacionarnos como compañeros de vida y compañeros de viaje. Pero yo soy optimista y creo que si es posible, y creo además que es urgente acabar con las estructuras patriarcales de la dominación y la sumisión que nos impiden querernos bien. Porque no es sólo cuestión de quererse mucho, también hay que quererse bien.


P. El matrimonio gay o el poliamor tratan de huir de este concepto del amor romántico.

R. Mmmmm creo que no. Creo que la mayoría lo reproducen igual que las parejas heteros: se reparten roles, establecen relaciones interesadas, de dependencia
mutua, basadas en la posesión y la dominación…. batallan en luchas de poder, se engañan y se tratan mal, les cuesta separarse con amor….

Los patriarcados nos habitan a todos por igual, no importa si somos feministas o no, si somos hombres o mujeres o si no somos ninguna de las dos cosas. Lo hemos mamado desde pequeñas en todas las películas, todos los cuentos, todas las novelas, y es bien difícil no interiorizarlo: aprendemos a amar en la cultura y en la familia.

Y en el caso del poliamor lo veo muy claro: o es poliamoría feminista, o es igual de patriarcal que la monogamia.


P. ¿Crees que a medio-corto plazo la sociedad trascenderá la idea del amor romántico buscando alternativas más queer o que nos enfrentamos a una ola de conservadurismo?

R. A medio- corto plazo no veo muchos cambios. Es que son muchos siglos de patriarcado encima los que llevamos. Las ideas fluyen muy rápido y es fácil ponerse a imaginar otras formas de querernos, pero lo difícil es cambiar nuestras emociones, que son patriarcales. Hay que hacer una revolución emocional, sexual, afectiva, de cuidados, y a la vez cambiar nuestras formas de organizarnos política y económicamente, nuestra manera de relacionarnos, nuestros relatos, nuestra cultura, nuestras religiones. Es una revolución total la que necesitamos para que nuestras emociones y nuestras relaciones cambien, y la educación no nos está ayudando. 

Necesitamos educación emocional y educación feminista para aprender a gestionar nuestras emociones, para expresarlas sin hacer daño a nadie, ni hacernos daño a nosotras mismas. Necesitamos desaprender el patriarcado y desmontar los cuentos que nos contaron, necesitamos desmitificar el amor y ponernos a hablar de ello en todos los espacios públicos: es urgente que acabemos con la violencia machista, la desigualdad, la discriminación, la explotación y la acumulación de poder y de recursos. Entonces hay que hacer mucha autocrítica amorosa, y hay que activar la imaginación para construir otras formas de querernos y de organizarnos. Queda mucho trabajo por delante, pero yo soy optimista porque siento que cada vez somos más los que queremos sufrir menos, y disfrutar más del amor.



Parte de esta entrevista fue publicada en El País el día 14 de Febrero: