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30 de marzo de 2017

Aprender a recibir con generosidad

Cuando me aplauden después de una conferencia trato de recibir el reconocimiento y el cariño de la gente con mucha generosidad. Cuando empecé a dar conferencias, talleres o clases pues me daba vergüenza y me ponia a recoger mis cosas, a cerrar la compu, a esconderme tras la mesa, deseando que acabase todo rápido. Pero un dia vi a Rocío Jurado recibir su última lluvia de aplausos en la última canción que cantó antes de morir, y me quedé maravillada con su generosidad. Estuvo largos minutos recibiendo el amor del público y devolviendolo con los brazos abiertos, con el corazón abierto, con su mirada y su sonrisa inmensa. Y me dije, yo quiero ser también así de generosa, y deseo aprender a mantener la mirada al público, y devolver lo que estoy recibiendo para que sientan mi agradecimiento y mi cariño. 

Hoy en Zaragoza duró tanto el aplauso que casi me quiebro y me echo a llorar, porque he sentido como si recibiera todo el amor de todo este mes junto, como si la gente supiese que he estado todo el mes trabajando y viajando con mi bebé y mi familia, como un reconocimiento a todo mi esfuerzo durante estos años, como si supieseis todas de mi fortaleza y mi vulnerabilidad... Una chica me ha contado que el tiempo que estuvo atrapada sin salir del campamento saharaui, tuvo siempre cerca mi libro y le sirvió para mantener la fuerza mientras planeaba su huida a España. Y ahora estudia en la Universidad y nos hemos podido abrazar, y me he emocionado tanto... 

En fin, que quiero que sepaís que me hace muy feliz saber que mi trabajo es valioso y útil para vosotras, que os ayuda a mirar el mundo desde otra perspectiva, que os da herramientas para empoderaros, para luchar, para analizar, para fabricar herramientas que os permitan romper con el patriarcado y disfrutar más del amor. Gracias por venir, por escucharme, por leerme, por aportar en los debates, por los aplausos y los abrazos, y por darme tanto amor del bueno. ¡Os amo!

28 de marzo de 2017

La deconstrucción del amor romántico: cada vez somos más

Me hace muy feliz ver que el tema del amor romántico se ha puesto de moda, que cada vez hay más gente pensando, hablando y escribiendo sobre ello. Me encanta que ya no se considere parte del ámbito privado de cada cual y que por fin se vea que lo romántico es un tema social y político. Aún recuerdo la sorpresa con la que la Academia recibió mi deseo de estudiar el amor romántico en el año 2000 para mi investigación doctoral, y lo importante que fue para mi, al terminarla, poder convertir mi tesis feminista en un libro y compartir mis ideas en un blog que pudiese leer todo el mundo. 

Porque lo que yo quería era sacarla a la calle, y fabricar colectivamente herramientas con las que poder sufrir menos y disfrutar más del amor. Hoy recibo cientos de mails de estudiantes de master o doctorado que están investigando sobre el tema, feministas y activistas LGBTIQ que lo trabajan en sus asambleas, movimientos sociales y políticos que se sienten atraídos por la idea de que hay otras formas de quererse y organizarse. 

Creo que lo estamos logrando: somos cada vez más trabajando en la deconstrucción del romanticismo, en la tarea de separar amor y sufrimiento, de liberar al amor del machismo, y de buscar fórmulas para querernos bien y para inventarnos otras formas de relacionarnos afectiva, sexual y sentimentalmente.

#QuererseBien #OtrasFormasDeQuererse #NingúnAmorEsIlegal #LoRománticoEsPolítico 

6 de marzo de 2017

Feminismo sin etiquetas, ni dicotomías, ni jerarquías

No sé a quién se le ha ocurrido etiquetar a la gente monógama como reaccionaria y a la gente poliamorosa como subversiva y feminista. Cualquier dicotomía es patriarcal: cis-trans, hetero-lesbiana, poliamorosa-monógama. La poliamoría puede ser tan patriarcal o más que la monogamia. 

Ser cis no te convierte en machista. Las lesbianas pueden ser tan patriarcales o más que las heteros. 

Ser feminista no tiene que ver con tu orientación sexual, ni con tus apetencias, sino con tu capacidad para ser coherente, para ser honesta, y para llevar la teoría a la práctica. 

Despatriarcalizarse es un trabajo personal y colectivo que puede hacer todo el mundo, y consiste precisamente en no juzgar a las demás ni utilizar etiquetas para discriminar a la gente por su origen, nacionalidad, color de piel, orientación sexual o por su forma de amar. 

Ser poliamorosas no nos hace más modernas ni más transgresoras, ser lesbianas no nos quita automáticamente la educación patriarcal que hemos recibido ni el pensamiento binario con el que entendemos el mundo y nos relacionamos con los demás. 

El feminismo consiste precisamente en poder liberarnos de las etiquetas, las dicotomías y las jerarquías que establecen quién es mejor, quién trasgrede más, quién es más o menos feminista o qué modelo amoroso es el más subversivo. 

Vamos a liberarnos de estas nuevas opresiones, vamos más allá de las etiquetas.