27 de abril de 2018

La mejor medicina para el dolor y la rabia: tomar las calles

La mejor medicina contra la tristeza, la rabia, el dolor, el miedo que estamos sintiendo ante la sentencia que absuelve a #LaManada y legítima la violencia contra las mujeres es salir a las calles a juntarnos con toda la gente que se siente igual que nosotras y pide justicia para la víctima.

No hay otro tratamiento posible ante la depresión, la furia y la pena que estamos sintiendo: tomar las calles, hacer estallar las redes sociales y que ella sepa que no está sola, que no la vamos a dejar sola, que somos muchas, y cada vez más. Que vamos a acabar con el machismo de la justicia y de los medios de comunicación

#MachismoMata #NoEsNo #JusticiaPatriarcal #EstoEsUnaGuerra

El machismo está organizado

El machismo está organizado: tienen periodistas, policías, abogados, fiscales y jueces trabajando para ellos. Hay muchos hombres implicados en esta guerra contra las mujeres, y hay muchos intereses y mucho dinero por medio.

El terror machista no preocupa al Gobierno ni a la opinión pública porque los medios nos hacen creer que las violaciones, los malos tratos, los secuestros, y los asesinatos de cada día son sucesos aislados.

Ademas, culpabilizan a las mujeres de la violencia que sufren, para que no parezca que es un asunto político que nos afecta a todas a lo largo de nuestras vidas.

Si, es una guerra, tienen las leyes, tienen los medios de comunicación, tienen sus lobbys, tienen sus vicios, tienen sus negocios. Los machistas han construido una red inmensa de burdeles para traficar con esclavas sexuales, gozan de una inmensa impunidad, se ayudan los unos a los otros, tienen todo a su favor.

Los machistas odian a las mujeres, las cosifican y las utilizan, las engañan y las humillan, comercian con ellas y sus bebés, las cazan como cazan a los animales, las violan y se hacen fotos con ellas para presumir con sus amigos. Violan porque necesitan sentirse poderosos y demostrar su virilidad ante el grupo. Violan porque los medios los defienden y los jueces los absuelven.


Los machistas se organizan a través de las redes sociales. Muchos de ellos acumulan denuncias por violencia machista hacia sus ex parejas, o no pagan la pensión, o tienen algún trauma que les mantiene obsesionados y machacando con la idea de que el patriarcado no existe, las feministas somos unas extremistas, y las mujeres que no obedecen los mandatos patriarcales merecen su castigo. Su modus operandi es el negacionismo y el victimismo: consideran el machismo un invento de las feministas, y afirman que ellos son en realidad las víctimas del poder de las mujeres.

Los machistas se reúnen en foros para organizar ataques contra blogs, webs y perfiles de feministas, especialmente odian a las abolicionistas.

Se meten con todas las que hablamos de igualdad: nos amenazan, nos quieren callar la boca, nos meten miedo, nos hackean las  redes, pero nosotras seguimos en la lucha.

Las feministas estamos en las calles protestando contra la violencia, peleando por nuestros derechos, combatiendo las injusticias, y solidarizandonos con las víctimas del terrorismo machista.

Cada vez somos más, no hay quien nos pare.

#StopGuerraContraLasMujeres #AutodefensaFeminista #MachismoMata #TerrorMachista #LaManada

20 de abril de 2018

Pasos a seguir para triunfar en el amor


Joe Webb, artista


Para triunfar en el amor, las mujeres tenemos que dar dos pasos fundamentales en nuestras vidas que coinciden con nuestro paso de la niñez a la adolescencia, y el cambio a la vida de mujer adulta. Primero nos seducen con la idea de que estar sexys y siempre disponibles a la mirada y al deseo de los hombres nos hará poderosas y nos abrirá las puertas del paraíso romántico. Una vez que somos elegidas por el Macho Alfa, nuestro objetivo ha de ser todo lo contrario: convertirnos en buenas esposas y futuras madres de los hijos e hijas del Macho Alfa. 

Así que se nos invita a moderar el largo de nuestros escotes y nuestras faldas, dejamos el rojo pasión del pintalabios, y los selfies provocativos en las redes sociales. Ya no nos hace falta despertar el deseo de los machos, ahora hay que demostrarle al príncipe azul que somos su princesa. Estos son los dos únicos modelos de feminidad que nos ofrece el patriarcado: santas o putas. Los hombres de bien nunca se casan con putas, así que el único camino es demostrar que somos mujeres buenas, fieles y sumisas para que al menos uno se enamore de nosotras. 

Venus trasmutando en Hera: pasan los siglos y la cultura patriarcal nos sigue enviando los mismos mensajes para que sigamos obedeciendo los mandatos de género. Y para que nuestro objetivo en la vida sea ser reconocidas, deseadas y amadas por un hombre. Algunas permanecen siempre en la categoría de «mujeres para follar», gratis o pagando, y otras logran subir al trono del matrimonio y reinar desde su posición de madres-esposas. Esas son las que "triunfan".

Ya es hora de romper esta jerarquía que nos divide en dos grupos opuestos y nos coloca en diferentes categorías. Hay que desobedecer los mandatos de género y romper con estos estereotipos y roles que nos mantienen subordinadas a la dominación masculina y nos hacen creer que sin el amor de un hombre no somos nada.

#NiPrincesasNiPutas #OtrasFormasDeSerMujeresSonPosibles
#MujeresQueYaNoSufrenPorAmor





(h)amor 3: celos y culpas




Amor, celos y culpas: si mañana viernes 20 de Abril os apetece disfrutar de la Noche de los Libros en Madrid, se presenta uno en el que he participado yo con un capítulo, 

(h)amor 3: celos y culpas, 

de la editorial Continta Me Tienes, 

en compañía de autoras como Pamela Palenciano Jódar, Giazú Enciso Domínguez, Roy Galán, Miguel Vagalume, Nuria Alabao, Daniel Cardoso, Roma de las Heras y Ana G. Borreguero, y Patricia González. 

Sitio y hora: Museo La Neomudejar (c/Antonio Nebrija, s/n), Madrid, a las 21h. 

Podéis adquirirlo aquí, el envío es gratis en toda la península y Baleares (España):

http://contintametienes.com/producto/hamor-3-celos-y-culpas/


17 de abril de 2018

Infancias felices para cambiar el mundo




Para cambiar el mundo, hay que empezar por la infancia: tenemos que dejar de maltratar emocionalmente a los niños y a las niñas. El planeta está poblado de adultos traumados y mutilados que sufrieron mucho en su infancia y están llenos de heridas sin cicatrizar. 

Tenemos que crear las condiciones para que todas podamos vivir nuestros primeros años de vida libres de violencia, y llenos de amor, de cuidados y de afectos. Tenemos, también, que dotar de herramientas a los adultos y adultas del futuro para que aprendan a gestionar y a expresar sus emociones, a resolver conflictos, a actuar sin hacer daño a los demás, a respetar a la gente diversa, a convivir tejiendo redes de solidaridad y amor del bueno. 

Nosotras no recibimos esa educación, y muchas no recibieron tampoco la atención, el tiempo y el cariño que necesitaban de sus seres queridos. Por eso sufrimos tantas enfermedades mentales y emocionales, aumentan las depresiones y los suicidios, y la vida se nos hace tan dura.

La única forma de salvarnos como especie es cuidar a las generaciones más nuevas para que crezcan felices. Tenemos que tratarlos comos sujetos de plenos derechos, y sobre todo, tenemos que luchar por los derechos de las mujeres para que podamos elegir libremente la maternidad, y podamos traer niños y niñas deseadas a la vida. 

Hay que luchar para que todas puedan vivir una infancia sin guerras, ni odio, ni abusos, ni explotación. Que no tengan que pasar hambre, que no sufran violaciones, castigos ni torturas, que no se mueran de frío, que no tengan que lanzarse al mar para huir de su país, que no tengan que sufrir la pérdida de sus seres queridos. 

Necesitamos aprender a querernos bien y a tratarnos bien, especialmente tratar bien a los seres más vulnerables y desprotegidos. Hay que tomarse en serio la salud mental y emocional, el bienestar,la felicidad, y los derechos de los niños y las niñas: necesitamos gente adulta sana, alegre, creativa, bondadosa, rebelde, sensible, comprometida y solidaria para crear un mundo mejor.


#QuererseBien
#SufrirMenosYDisfrutarMás
#OtrasFormasDeRelacionarnosSonPosibles
#DerechosHumanosDeLosyLasNiñas
#StopAbusoSexualInfantil
#BuenosTratos #InfanciasFelices #SaludMentalYEmocional

13 de abril de 2018

¿Seguro que ya no queremos ser princesas?





Grace Kelly, Diana de Gales, Letizia Ortiz, Kate Middleton, Megan Markhle... el amor no sólo les sacó del mercado laboral y les abrió las puertas de la fama, sino que además entraron por la puerta grande en la Historia. Ellas son el ejemplo de cómo la magia del amor te puede convertir en una princesa, de cómo te cambia la vida de arriba a abajo, de cómo te eleva a los cielos y te abre las puertas del paraíso.

Los modelos que luce Kate, la futura reina de Inglaterra, se agotan a las pocas horas de estrenar vestido. Sus peinados, su forma de caminar, su forma de hablar son imitados en todo el mundo. Su boda fue vista por miles de millones de personas: es una divinidad del siglo XXI, un modelo a seguir para todas nosotras. Es una mujer admirada porque conquistó al futuro rey de Inglaterra, y con sus encantos se situó en la cúspide del mundo. Salió de su anonimato y captó todo el foco mediático desde el primer segundo: es la mujer triunfadora que encontró a su príncipe azul y lo enamoró para siempre. Es la prueba de que el amor verdadero existe, y que es posible ser feliz en un palacio con una vida de lujo. Es una princesa moderna, una mujer de hoy en día, una excelente madre, una chica del pueblo que está a la altura de las circunstancias, y que cumple con las expectativas que todo el mundo tiene sobre cómo debe ser la mujer ideal.

El mito de la princesa es un mito muy potente que hemos interiorizado en nuestra más tierna infancia, y que resulta  muy difícil de desmontar a pesar de que la realidad nos muestra que son muy pocas las mujeres que lo logran. Levanta pasiones en la mayor parte de las mujeres de este planeta porque a todas nos gustaría sentirnos amadas de un modo total y absoluto, y a todas nos gustaría cambiar de vida y dejar a un lado las angustias económicas que pasamos para llegar a fin de mes. 

Las feministas nos identificamos con las brujas porque nos sentimos descendientes de todas las mujeres rebeldes que se unían para hacer hechizos y conjuros, para compartir saberes, para aprender juntas, para ayudarse mutuamente, y para celebrar fiestas salvajes hasta el amanecer. Mujeres sabias, empoderadas, valientes, desobedientes: nos sentimos herederas de las nietas de las brujas que no pudieron quemar.

Sin embargo, en todas nosotras también habita la princesa que sueña con el príncipe azul o con la otra princesa con la que reinará en el paraíso romántico. Nos lo trabajamos mucho para controlar el princesismo, pero es bien difícil porque en las princesas se condensan varios mitos muy potentes de nuestra cultura romántica: el mito del milagro romántico gracias al cual encontrarás a tu media naranja entre seis mil millones de personas. el mito del amor verdadero y la felicidad eterna, el mito del sapo que se convierte en príncipe azul y el mito del amor que te salva y te cambia la vida para siempre.

El amor romántico es una estafa que nos seduce para que las mujeres asumamos voluntariamente todos los estereotipos, roles, mitos y mandatos de género cuando nos emparejamos. Su mensaje subliminal va directo a nuestro Ego, que cuanto más inseguro es, más necesita sentirse importante, único, y especial. Alimentamos nuestros Egos con los aplausos de los demás, y con el placer que nos hace sentir despertar la admiración, el deseo y la envidia de los conocidos, y de los desconocidos. Nos encanta admirar a famosas y soñamos con llegar a serlo, aunque no es la envidia ni el deseo de los demás lo que necesitamos: lo verdaderamente importante para cualquier ser humano es ser aceptada, sentirse querida y obtener reconocimiento de  nuestra gente cercana: familia, amigos y amigas, compañeras de trabajo o de estudios, vecinas de la comunidad, y nuestra pareja.

Las mujeres no tenemos muchas oportunidades de aparecer en los medios de comunicación, excepto si somos guapas y jóvenes y nos dedicamos a cantar, a actuar, a modelar, o a posar. Tampoco en los libros de texto, excepto cuando nos casamos con dictadores, emperadores, príncipes o reyes. Como son muy pocas las mujeres que triunfan, el amor romántico nos ayuda un poco: podemos vestirnos de princesas el día de nuestra boda, podemos llegar a ser importantes para una sola persona, podemos ocupar el centro de su vida.

El mito del príncipe azul no sólo nos regala a un hombre perfecto (cariñoso, leal, honesto, guapo, rico, sensible, duro, bondadoso, valiente, culto, simpático, deportista, amoroso, divertido y fiel), también nos hace soñar con la posibilidad de ser amada de un modo total y absoluto por alguien que nos acepte tal y como somos, que nos quiera mucho y para siempre, que nos acompañe en el camino de la vida hasta que llegue la muerte, que sea capaz de sacrificarse y dejarlo todo por nosotras, que viva por y para nosotras, que nos tenga como a una reina.

Este mito de la princesa está en todos los relatos de ficción y en los de la realidad, nos seduce desde todos los frentes. Príncipes solteros de carne y hueso hay pocos, es cierto, pero también están los marqueses, los duques, los condes, y todos los primos de las extensas familias reales europeas. Además, hay unos cuantos multimillonarios: políticos, cantantes, actores, empresarios, futbolistas, toreros que si se fijan en ti pueden cambiarte la vida.

Millones de mujeres sienten fascinación por estas historias de salvación y transformación con finales felices. Es algo así como la ilusión de la lotería: un día aparecerá él en el horizonte con su caballo blanco para salvarme de mi propia realidad.

Los medios nos endiosan a las pocas mujeres que logran salvarse por amor, y que viven como reinas gracias a su belleza y sus encantos. Las gordas, las feas, las ancianas, las mujeres con discapacidades no están, no aparecen, no protagonizan películas ni salen en portadas, no están en la alfombra roja, y no las quiere nadie. Aprendemos muy pronto que en la vida y en el amor sólo triunfan las guapas, por eso nos sometemos a la tiranía de la belleza y obedecemos al patriarcado, que nos recuerda una y otra vez que para estar guapas hay que sufrir, y para ser amadas, también

El miedo a no ser aceptadas, a no ser queridas, a quedarnos solas, nos tiene aterrorizadas. Y el patriarcado se aprovecha de eso, haciéndonos creer además que la única forma de amor que existe es la pareja, y poniendo a todos los demás afectos de nuestras vidas en escalas inferiores, como si no necesitasemos a nadie más en nuestras vidas cuando nos enamoramos.

Las mujeres seguimos queriendo ser princesas de nuestro pequeño reino, y uno de los pocos espacios en el que tenemos poder es en el del sexo y el amor, por eso aspiramos a poder enamorar a un hombre, y si es rico y poderoso, mejor. Hay una industria enorme en torno a este sueño del ascenso social por amor: la industria del corazón invierte millones en alimentar este mito de princesas y príncipes que se casan por amor. Por eso nos deleitamos y morimos de envidia con esas fotos de las revistas llenas de amor, abundancia, armonía, lujo y felicidad.

Las princesas que triunfan gracias al amor acaban en un palacio o en una mansión con servicio doméstico. Se liberan del trabajo y de las tareas domésticas: su única misión es reproducirse, cuidar de su prole y ejercer de acompañante. Salen en todas las portadas, pero ninguna de ellas nos habla del precio que hay que pagar por estar ahí hasta que el sueño romántico se acaba.

Este sueño es una trampa para que todas nos sintamos especiales, y para que creamos que la magia del amor nos salvará también a nosotras de los trabajos precarios, de la pobreza, del vacío existencial, del aburrimiento, de la tristeza, la soledad y los miedos. Lo único que tenemos que hacer es ser tener fe y paciencia, ser discretas, mantenernos jóvenes y bellas, y esperar a solas la llegada del Príncipe Azul.

El mito del príncipe azul es también una estafa. Sólo existe en los cuentos y en las películas, y en nuestra imaginación. Tratamos de que los hombres encajen en nuestro modelo idealizado de masculinidad, y que asuman como propio nuestro modelo idealizado de amor en pareja, pero ni ellos calzan en este modelo, ni nosotras en el suyo.

Ellos sueñan con una princesa que no existe: quieren una mujer que sea moderna y tradicional, que se encargue de todo, que les cuiden y les amen con devoción, que nunca dejen de quererles, que sean fieles y honestas, que permanezcan un paso atrás de ellos, que no se quejen, que no sean dominantes, que sepan escuchar, que tengan carácter dulce y sumiso, que sean comprensivas y perdonen todas las traiciones, que aguanten todo lo que le eches encima sin protestar, que callen cuando tengan que callar, que cocinen rico y hagan todas las tareas con buen humor, que dejen de trabajar y abandonen el espacio público al casarse, que les guste el sexo pero sólo con ellos, que cuiden su línea y su belleza para agradarles, que no limiten su libertad, que cumplan con sus deseos y sus necesidades con alegría, que sean dependientes y no tengan vida propia ni pasiones propias, que renuncien a su libertad y a sus proyectos, que abandonen su mundo social y afectivo, que permanezcan en la casa felices, que den menos importancia a los demás afectos, que se dediquen por completo a dar amor.

No existen esas princesas.

Nosotras no somos esas princesas

Pero a veces fantaseamos con serlo. Las bodas reales son el ejemplo de cómo el mito de la plebeya que se convierte en princesa levanta pasiones en todas nosotras, también en las feministas. Son uno de los acontecimientos mediáticos más masivos del planeta, es el evento en el que todas las mujeres que lo deseen puedan proyectar su deseo de encontrar el amor, de ser alguien, de cambiar su vida. Las audiencias que alcanzan las retransmisiones de las bodas reales engloban a miles de millones de personas: todo un planeta pendiente de una mujer que ha conseguido cumplir su sueño de ser princesa, y aspirar al trono de reina, el máximo puesto que una mujer puede alcanzar en su vida según los cuentos Disney tradicionales. 

Ya que no seremos reinas, al menos que nuestro amor nos trate como a una princesa. Nos conformamos con un hombre nos quiera, nos cuide, nos proteja y nos acompañe, que nos cubra de mimos, de besos y de piropos, nos haga regalos y nos colme de atenciones. Un hombre que se desviva por nosotras, que se encargue de nosotras, que cumpla nuestros deseos, que asuma la responsabilidad sobre nuestro bienestar y nuestra felicidad.

Vivimos en un mundo que nos trata como a seres inferiores, pero nos ofrece la utopía amorosa igualitaria con la promesa de que el amor nos iguala a hombres y a mujeres. Gracias al amor de un hombre, ya no sufriremos tanto la pobreza, la marginación y la violencia, obtendremos más recursos, gozaremos de mayor respeto por parte de la sociedad, subiremos nuestro status, y dejaremos de pertenecer al bando de las perdedoras. Desde pequeñitas nos enseñan que todas las mujeres son malas, menos nosotras, que somos las buenas. Las demás son manipuladoras, perversas, interesadas, egoístas, malvadas. débiles. Por eso en algunos países es tan rara la amistad entre mujeres. Empleamos mucho tiempo y energía en competir entre nosotras por ser las más guapas, sexys, alegres y divinas. Y por eso, también, hacemos lo que haga falta para machacar a las que más brillan. Nos educan para que a las demás las sintamos como una amenaza y las tratemos como si fueran nuestras enemigas, no como compañeras ni como hermanas. 

El amor romántico es un espejismo, una ilusión, una utopía: nos hace creer que la salvación está en buscarnos cada cual nuestro paraíso romántico, cuando la única manera de cambiar el mundo en el que vivimos es juntarnos para luchar por nuestros derechos y por un reparto más justo y equitativo de los recursos del planeta. 

El amor romántico es una gran mentira: nadie nos obliga, pero nos sometemos voluntariamente a hombres que no nos quieren bien pensando que quizás algún día nos quieran más, nos quieran mejor. Es una trampa para que cuidemos y amemos a hombres que no nos corresponden, que no nos tratan bien, que abusan de nuestra capacidad para sacrificarnos por amor. Es una trampa para que creamos que necesitamos a un hombre en nuestras vidas, aunque no sea cierto.

¿Cómo liberarnos de este deseo de ser princesas o de ser tratadas como princesas por nuestras parejas, entonces? A nivel personal, el trabajo consiste en cuidar nuestra autoestima y bajar los niveles de Ego para no depender tanto del reconocimiento de los demás, para no necesitar tantos aplausos y admiración, para no depender del amor de un hombre, para liberarnos de la envidia y del deseo de despertar la envidia de los demás. El objetivo de este trabajo sería poder relacionarse horizontal e igualitariamente con nuestras parejas, y con los demás. Abandonar las luchas de poder, el afán de dominación y de control, el deseo de ser superior a las demás, la necesidad constante de reconocimiento masculino.

En el Laboratorio del Amor nos trabajamos el mito de la princesa desde la autocrítica amorosa, haciéndonos preguntas y  cuestionándonos a nosotras mismas: ¿por qué necesito sentirme importante?, ¿cuanto dinero, energía y tiempo le dedico al amor (a buscarlo, a gozarlo, a alimentarlo o a sufrirlo)?, ¿cómo fortalecer mi autonomía y mi libertad?, ¿cómo asumir la responsabilidad que tengo sobre mi salud mental, emocional y física?, ¿cómo asumir la responsabilidad que tengo sobre mi felicidad?, ¿cómo salvarme a mi misma y de paso salvarnos todas juntas expandiendo el amor más allá de la pareja?, ¿de verdad soy tan diferente a las demás?, ¿de verdad soy tan especial y tan buena persona?, ¿en serio me merezco algo mejor que las demás, o nos lo merecemos todas?, ¿realmente necesito a alguien que me proteja?, ¿en qué me beneficia sentir la envidia de los demás?, ¿qué ocurre cuando dejo de ser amada?, ¿qué pasa cuando las cosas no funcionan en una relación y sigo empeñada en ser tratada como una princesa?, ¿seguro que el amor verdadero es perfecto y eterno?, ¿cuánto tiempo estoy dispuesta a permanecer a la espera del milagro del amor?, ¿tengo realmente ganas de buscar a un tipo que quizás no existe?

A nivel colectivo, se trata de desmontar el mito y proponer otros modelos de feminidad basados en la diversidad, tanto para la infancia como para las mujeres jóvenes y las adultas. Otras tramas, otras protagonistas, otros finales felices son posibles: ya hay mucha gente inventando otros cuentos y visibilizando a mujeres de carne y hueso que aportan a la construcción de un mundo mejor. La visibilización y creación de otros modelos de feminidad ayudarán mucho a que las nuevas generaciones tengan nuevas referencias y nuevas heroínas, a que desobedezcan los mandatos de género, y a que se liberen de los mitos del romanticismo.Nos hace falta mucho feminismo, mucha autocrítica, mucho amor del bueno para trabajar este y otros mitos a solas y en buenas compañías.

Yo siento que vamos avanzando: hasta Disney está tomando nota y está modernizando un poco a sus princesas. Sabemos que otros modelos de feminidad son posibles, y la realidad está llena de ellos. Las calles están llenas de mujeres diversas, mujeres luchadoras, inteligentes, comprometidas y solidarias. Mujeres que son un ejemplo para todas nosotras por su valentía, su bondad, su rebeldía, su honestidad, su generosidad, su autonomía, y su libertad. Mujeres que aportan cada día con su trabajo a la construcción de un mundo mejor. Son las mujeres que queremos ver en las películas, en las novelas, en los telediarios, en las series de televisión, en los periódicos, en los libros de texto: estas son las heroínas de las que querríamos aprender, las mujeres que querríamos llegar a ser.


Coral Herrera Gómez


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    7 de abril de 2018

    Curso de Primavera en la Escuela del Amor




    Curso Virtual en la Escuela del Amor

    Duración: 14 semanas

    Inicio: 15 de Abril de 2018

    Dirigido a: Mujeres, hombres y gente diversa de todas las edades y países.

    Precio: 80 euros

    El precio del curso incluye:

    -tres chats en directo con Coral Herrera,
    -materiales,  ejercicios y una caja de herramientas
    -acceso a la Biblioteca del Amor, el Blog y el Cine-Fórum
    -pasar a ser miembro permanente de la Escuela del Amor


    Temas del Curso

    1. Autoestima, autoamor, autocrítica amoroso y empoderamiento personal y colectivo.

    2. El romanticismo patriarcal: desmitificando el amor.

    3. Feminismos y masculinidades, ¿otras relaciones son posibles?

    4. Soledades, rupturas, y duelos.

    5. Nuestras utopías amorosas: pactos, estrategias y herramientas para sufrir menos, y disfrutar más del amor.  


    Objetivos del Curso

    En este curso trabajamos la autoestima y el autoamor, el empoderamiento personal y colectivo, la autocrítica amorosa y el auto-reconocimiento. Vamos a desmontar y desmitificar colectivamente el romanticismo patriarcal de nuestra cultura, y de nuestro interior. Vamos a aprender y debatir sobre los feminismos, la identidad femenina, la masculinidad patriarcal, y las relaciones heterosexuales en la era posmoderna de los amores líquidos. Vamos a hablar de nuestras soledades, de nuestros duelos y nuestras rupturas. Vamos a terminar imaginando otras formas de querernos, estableciendo pactos con nosotras mismas y con las compañeras, trabajando en todo aquello que queremos eliminar, añadir o transformar de nuestras vidas. Diseñaremos nuestra propia utopía amorosa colectivamente, y compartiremos herramientas para gestionar nuestras emociones, para llevar la teoría a la práctica, y para sufrir menos, y disfrutar más del amor. 

    El trabajo se divide en cinco módulos que duran dos semanas, en cada uno de ellos haremos ejercicios para trabajar individual y colectivamente. Además, dispondremos de materiales, un foro de acompañamiento y una caja de herramientas colectiva para trabajar durante todo el cuatrimestre juntas. 

    Vente con nosotras a trabajarte el amor, ¡en compañía se desaprende mejor!


    Más info e inscripciones en mi web: http://otrasformasdequererse.com/escuela-del-amor/

    4 de abril de 2018

    Gracias a todas y todos

    El personaje de Coral Herrera no existiría sin las redes sociales, es decir, sin vosotras y vosotros. Nunca imaginé que algún día me iban a leer todos los días dos mil personas, cien mil al mes, cuatro millones en tan pocos años. Cuando publiqué mis dos primeros libros, no tuve entrevistas ni ruedas de prensa ni alcancé el foco mediático. Mi sueño era escribir en un periódico o trabajar en radio o televisión, y mandé muchos currículums, pero era el momento en el que estalló la crisis en España y los grandes medios estaban despidiendo a muchas trabajadoras. En lugar de darme por vencida, se me ocurrió hacer mi propio medio, y me abrí un blog que al principio sólo leían mis amigas y amigos, y luego fue creciendo y creciendo gracias a vosotras, que empezasteis a compartir en vuestros muros mis posts. 

    Poco a poco ha ido aumentando el número de amigos y amigas, y seguidoras, gracias a lo cual me empezaron a llamar para impartir conferencias y talleres en universidades, institutos, ayuntamientos, diputaciones, congresos, jornadas. Es gracias también al Facebook que empecé a ser conocida en América y me empezaron a invitar a países como México, Paraguay, Ecuador, Honduras, República Dominicana, Estados Unidos. Y según iba aumentando mi popularidad en las redes, los medos empezaron a fijarse en mí. La primera entrevista en un medio de masas fue en el Diario Público, luego me pidieron colaboraciones puntuales en El País y en eldiario.es. Recuerdo la emoción que sentí cuando me invitaron a participar en el programa de Documentos TV en RTVE. Pensé entonces que iba a poder tener autonomía económica y dar el salto a la fama, pero no. He pasado muchos años buscando empleo, trabajando gratis o muy precariamente, y esperando alguna llamada de esas grandiosas que te cambian la vida. 

    Afortunadamente, nunca he parado de trabajar y ya no necesito esa llamada. Le he dedicado mucho tiempo y cariño a mi blog y a mis redes, y al final siento que todo este amor ha dado sus frutos, porque gracias a vuestro reconocimiento y apoyo en las redes me atreví a fundar mi propia red (el Laboratorio del Amor), y a abrir mi propia Escuela del Amor en la que ya llevo dos años investigando y trabajando el tema con mujeres de todos los países. Hoy por fin puedo decir que siendo hija del Facebook, me leen muchas más personas de las que yo jamás hubiera podido soñar, y lo más increíble es que por fin vivo de mi trabajo, de mis contribuciones a medios digitales, de mis conferencias y talleres por el mundo. Mis ingresos son muy humildes y no son estables, pero puedo mantenerme a mi misma y a mi familia, que era mi meta desde que terminé mi tesis doctoral hace diez años. 

    Ha sido maravilloso darme cuenta de que no necesito el foco ni la fama: puedo vivir de mi trabajo gracias a esta comunidad de Facebook, Twitter, Instagram, Linkedin, Pinterest y Google + que me lee, que comparte mis posts, que habla de mí, que comenta en mis publicaciones, que me recomienda y me anima a seguir. Me siento tan reconocida, valorada y querida aquí con vosotras, que no puedo evitar preguntarme si puedo estar a la altura recibiendo tanto amor del bueno. Gracias a todas y a todos por vuestro apoyo, me siento inmensamente afortunada. 
    #MisRedes #MisTribus #MiGente #ElFoco #LaFama#HijaDelFacebook #YaNoNecesitoEsaLlamada 
    #MilGracias

    3 de abril de 2018

    Con Ángela Davis en Costa Rica



    Fue muy emocionante verla y escucharla en persona aquí en Costa Rica: Ángela Davis es una mujer gigantesca, con una energía impresionante, llena de luz. Aquí posando con ella en plan femifan ;)

    Mujeres que trabajan con mujeres

    A quien más admiro yo dentro de la lucha feminista es a todas las que están en el frente de batalla partiéndose el alma a diario. Hablo de todas las trabajadoras sociales que atienden a víctimas de violencia machista, de todas las psicólogas, educadoras sociales, maestras, profesoras, terapeutas, cooperantes... Todas las que trabajan con mujeres y niñas en riesgo de exclusión social, mujeres inmigrantes, esclavizadas por la trata, madres solteras precarias o pobres....Todas ellas combaten el machismo cuerpo a cuerpo, día a día, desde las instituciones o los colectivos, dan lo mejor de sí mismas, se dejan la piel y se agotan emocionalmente porque todas las historias las conmueven. 

    Los aplausos son para las escritoras, conferencistas, académicas o activistas estrella. A mi me encanta saber que mi trabajo ayuda a mucha gente, pero para mi lo más valioso es el trabajo en la calle y en las casas. Estas mujeres que aman su profesión y aman a las personas con las que trabajan son las que se merecen nuestra admiración, cariño y reconocimiento, porque para ellas las mujeres tienen nombre y apellidos, porque son las que conocen la realidad del patriarcado y lo transforman desde sus puestos de trabajo. 

    Yo quiero daros las gracias a todas por la ayuda que proporcionais a la gente que más lo necesita, y por contribuir a paliar el dolor, la angustia, los miedos, la soledad, la pena y la rabia de tantas mujeres. Gracias por hacer todos los días desde las trincheras un mundo más humano, gracias por vuestra solidaridad y vuestra lucha.

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