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23 de marzo de 2022

Salir del nido, y echar a volar: el gran salto de tu vida

Ilustración de Cristina Troufa

Una de las claves para tener una buena salud mental y emocional es romper a tiempo el cordón umbilical con tus progenitores, sin sufrir y sin hacerles sufrir a ellos. 

Para poder crecer y llegar a ser una persona adulta con autonomía, es más fácil si tus padres o cuidadores te protegen y te quieren, y a la vez facilitan el desarrollo de tu autonomía y te enseñan a cuidarte a ti misma.

Cuanto más cuidada y querida te sientes, más seguridad y confianza sientes en ti misma para dar el salto. 

Cuanto más pronto aprendes a cuidarte a ti misma, más fácil es prepararte para salir del nido y echar a volar.  

Sin embargo, no tenemos apenas herramientas como hijos e hijas para dar este salto, probablemente uno de los más importantes en la vida

Y además, el sistema en el que vivimos propicia las relaciones interesadas y basadas en la necesidad y la dependencia. 

Mucha gente sale de los cuidados del papá y la mamá para refugiarse en los cuidados que nos brinda la pareja, y esta falta de autonomía nos lleva a construir relaciones insanas basadas en la necesidad, y no en la libertad.

Las madres y los padres tampoco tienen herramientas para trabajarse su egoísmo y su propia dependencia. No es fácil asumir que la crianza consiste básicamente en cuidar durante años a una persona que tiene que alejarse de ti para construir su propia identidad y vivir su propia vida.

Mucha gente se siente frustrada por su propio egoísmo: tuvieron hijos para no estar solos y para ser cuidados en la vejez. 

Otros se frustran porque sus criaturas no son lo que ellos soñaron, pero lo cierto es que los bebés se convierten en seres humanos que hacen sus propias elecciones y toman sus propias decisiones. 

No podemos ser lo que ellos quieren, porque muchos sueñan con criar un Mozart o un Messi. Las exigencias maternas y paternas nos pueden llegar a enfermar, porque hagas lo que hagas, nunca se sentirán orgullosos de ti. 

Y además te dirán mucho eso de: "me has decepcionado", cuando te exijen que estudies Medicina, y tú prefieres ser cooperante en un país remoto. O quieren que seas abogada, y tú lo que quieres es tener tu propio huerto. O quieren que sigas con el negocio familiar, y tú quieres mudarte a otro pueblo o a otra ciudad. 

A veces para crecer hay que matar simbólicamente a la madre y al padre, para luego relacionarte con ellos desde otro lugar, desde tu yo adulto.

Cuanto más egoístas son los cuidadores, más difícil es la rebelión. Pero cuando no te permiten ser tú misma, no hay otro camino para poder vivir tu vida que la sublevación. 

Porque cuanto más tardes en salir, más grande será el miedo, y puede ocurrir que llegue ese momento en que ya no puedas irte porque la dependencia ya es mutua, y tú padre o tu madre, o los dos, ya no saben o no pueden vivir sin tí.

Si logras salir, y aprendes a disfrutar de tu autonomía, puede que un día te veas en el bando contrario. 

Y entenderás que no es fácil: a todos nos cuesta soltar el control y dejar que nuestras niñas y niños se hagan responsables de su propia vida. 

Ser madre o padre requiere de muchísima generosidad, pero no todos tenemos la capacidad para querer sin poseer y sin dominar. 

Hasta el punto de que hay gente que siente unos celos terribles porque sus hijas/os desarrollan otros vínculos fuertes y hermosos con otras personas, y forman sus propias familias con amigos, amigas y/o pareja. 

Por eso es tan complicado que los progenitores dominantes acepten a las nueras y los yernos, y por eso las relaciones familiares son tan difíciles: si tu madre o tu padre tienen demasiado poder sobre ti, será muy difícil que tu pareja asuma esa relación de dependencia. 

Así que para poder vivir tu vida, tienes que soltarte de la mano y empezar a caminar sola.

Lo ideal es que sea un proceso tranquilo y gradual, pero a veces es urgente: cuando tus padres intentan castrarte para que sigas bajo su tutela y no crezcas nunca, tu deber es salir de su nido. 

Cuando no tienes tu propia red de afectos, sino que compartes la de tus padres, cuando no te emparejas nunca, cuando pasas la mayor parte de tu tiempo de ocio con tus progenitores, es porque algo va mal. Hay una edad en la que ya estamos construyendo nuestros lazos, nuestras propias redes familiares, nuestras relaciones sexuales y sentimentales, nuestro propio mundo. Y lo más sano es ir soltando poco a poco, para que sea un proceso ntaural y tranquilo. 

Cuando estás enferma, cuando te sientes deprimida, cuando necesitas un cambio pero estás bloqueada, puedes intentar escuchar a tu cuerpo con amor, porque una vez que sabes lo que quieres, sólo tienes que confiar en ti, y ser leal contigo misma. 

Es cierto que da miedo y también da pereza, se está muy a gusto bajo el ala protectora.

La vida parece más fácil cuando tú no tienes que hacerle frente, y cuando cuentas con la ayuda constante de tus cuidadores. 

Pero no es gratis: el precio que pagas es muy alto, porque desde la dependencia no puedes ser quien tú quieres ser realmente, ni tienes la libertad para elegir tu proyecto de vida, ni adquieres la madurez que necesitas para resolver problemas y para hacerte cargo de tí misma. 

Además, las madres y los padres que hacen su vida en torno a tí, acaban dependiendo de tí, y entonces la salida se hace todavía más difícil. Y es cuando puedes empezar a sentirte atrapada, especialmente si tus hermanas y hermanos han logrado salir.

Hay veces que nos tenemos que ir demasiado pronto del hogar, pero no queda otro remedio que hacerlo. Cuando estás sufriendo maltrato psicológico, emocional y físico, es necesario salir corriendo. Las cifras nos revelan que es en la familia donde sufrimos los mayores niveles de abuso y violencia (psicológica, física y sexual), así que hay gente que para poder sobrevivir tiene que salir de casa muy pronto.

Permanecer en el nido cuando te quieren cortar las alas pone en peligro tu salud mental y emocional, y tu propio proyecto de vida: las luchas de poder en la familia nos quitan mucho tiempo y muchísima energía. Esta energía la necesitamos para construir otros vínculos, elegir a nuestra propia familia y fundar nuestro propio nido. 

Sería maravilloso si en las aulas nos dieran herramientas para hacer esta transición tan importante sin sufrir y sin hacer sufrir, sin dramas ni traumas. Cuando te separas de tu familia de nacimiento con amor, con alegría, compartiendo el proceso con generosidad, es mucho más fácil. 

Necesitamos entrenar estas habilidades para que podamos no solo desarrollar nuestra autonomía como hijas, sino también ayudar en el futuro a nuestras hijas e hijos a independizarse de nosotras. 

Este trabajo nos permitiría además tener relaciones sanas y amorosas con nuestras parejas, porque al salir del hogar no buscaríamos un sustituto de papá o de mamá, sino alguien con quien compartir la vida en una estructura igualitaria, amorosa y de apoyo mutuo.

Pero no solo necesitamos herramientas para construir nuestra identidad sin traumas, para volar del nido con alegría, para cuidarnos a nosotras mismas y a cuidar nuestras relaciones. 

También es fundamental que existan las condiciones sociales y económicas para que podamos volar: la enorme distancia entre los salarios y los precios de los alquileres no permite hoy por hoy a la mayoría de la gente joven empezar su propio proyecto de vida. Y muchos están sufriendo porque no saben cómo transitar desde la adolescencia hacia la adultez, desde la dependencia hacia la autonomía.

Estoy segura que trabajar esto en las aulas bajaría las cifras de enfermedades mentales y suicidios, y ayudaría a millones de personas a sufrir menos y a vivir mejor.

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Coral Herrera Gómez