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7 de enero de 2020

El mito del amor y el mito de la Navidad



Me pregunto cuánta gente volverá a sufrir estas navidades con el mito de la Navidad. Pienso en toda la gente que no la podrá celebrar porque no tiene familia, en la gente que no se habla con sus familiares, en la gente a la que le falta un ser querido a la mesa. 

En los grandes días en los que se celebra el Día del Amor Romántico, el día de la maternidad o la paternidad, pienso en toda la gente que no puede celebrar porque sufrieron la ausencia de sus padres y madres, o la castración emocional por parte de sus cuidadores principales. Pienso en los padres y madres que abandonan a sus crías, en los que les maltratan a diario, en los que abusan sexualmente de ellos, pienso en todas las mujeres que sufren violencia machista en su pareja, y me doy cuenta de que los mitos nos hacen sufrir mucho. Porque la realidad es bien diferente a las ilusiones colectivas en las que nos sumergimos. 

 Las navidades se supone que son una época de paz, amor y armonía, pero en las cenas y comidas estallan los conflictos emocionales e ideológicos, y las batallas dejan hechas polvo a muchas personas. Estas fantasías insertas en el imaginario colectivo nos hacen creer que la felicidad está en la familia y en el matrimonio, pero echando un vistazo a las estadísticas sobre la violencia en los hogares, es fácil darse cuenta de que en realidad los mitos son una trampa para millones de personas. 

El mito de la Navidad nos hace sufrir pensando que hemos tenido mala suerte. En estas fechas las redes se inundan de fotos de familias felices pegándose comilonas, y dentro de un mes y medio se inundarán de fotos de parejas felices, y habrá mucha gente que se pregunte: ¿por qué yo no he tenido suerte?, ¿por qué mi familia no es "normal"?, ¿por qué en mi familia estallan los conflictos en navidad?, ¿por qué no encuentro pareja?, ¿por qué todo el mundo es feliz en su historia de amor menos yo?... 

A medida que se nos va muriendo gente y hay sitios vacíos en la mesa, nos come la nostalgia. Son fechas en que las ausencias duelen demasiado y los muertos están más presentes que nunca. También faltan en la mesa familiares que se distancian para no sufrir, o familias que se rompen por divorcios traumáticos o herencias.

Y es que no hay nada más difícil en el mundo que quererse bien, comunicarse bien, resolver conflictos sin hacerse daño, y convivir en armonía. Por eso es que tenemos que dejar de mitificar las relaciones humanas, y tomar conciencia de que el amor está siempre en construcción. El amor hay que cuidarlo, hay que regarlo y alimentarlo con mimo, hay que trabajar mucho para ser mejores personas, y hay que utilizar todas nuestras habilidades sociales (paciencia, generosidad, asertividad, empatía, solidaridad, respeto, capacidad para trabajar en equipo, saber poner límites, etc), para poder construir y mantener vivas nuestras relaciones durante mucho tiempo.
Y para sufrir menos, y disfrutar más de la gente, y de la vida.

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