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10 de mayo de 2013

Entrevista a Coral Herrera, de Yaiza Saiz para La Vanguardia





Entrevista de Yaiza Saiz para La Vanguardia: 
¿Existe el amor verdadero?


Yaiza Saiz: 

1.      Ahora que no existe hambre, ni guerra, que todo es lineal sin grandes cambios, que somos una generación aburrida…¿creemos en la ilusión del amor romántico simplemente para dar sentido a nuestras vidas?

Coral Herrera: 

        Estamos en la era del vacío, que decía Gilles Lipovetsky, o la era de la soledad, que decía Erich Fromm. Ahora que todo es relativo y muchos descreídos ya no esperan revoluciones sociales, nos aferramos a paraísos individuales, a utopías emocionales de carácter individualista que nos sirven para evadirnos de un mundo que no podemos cambiar, que parece ir a peor. El amor romántico sirve para mantenernos distraídos con promesas que casan con la ley del “sálvese quien pueda”, la gente busca emociones y tiene hambre de sensaciones rápidas e intensas, de sentimientos fuertes que nos llenen el vacío. El romanticismo posmodernos es una utopía porque nos vende mitos que no casan con la realidad, bastante más compleja y diversa.


Y.S: 

2.      ¿Se podría afirmar que la búsqueda del amor romántico es un hecho reciente, un producto cultural al que se ha sometido a las generaciones de las últimas décadas?

CH: La búsqueda del amor romántico es muy antigua: en todas las culturas hay relatos que nos hablan de esta búsqueda, hay hombres y mujeres que se enamoran y desafían las leyes de su sociedad. Es en el siglo XIX cuando el romanticismo invadió todas las artes y toda la cultura burguesa occidental; en el siglo XX este romanticismo se industrializa primero, y se globaliza finalmente a todo el planeta gracias a la industria hollywoodiense y a los medios de comunicación de masas.

Hoy nos gusta alejarnos de nuestra realidad viendo películas, series de televisión, obras de teatro, leyendo novelas románticas que nos haga olvidarnos del sistema violento, desigual y cruel en el que vivimos. Y buscamos los mitos en gente de carne y hueso… por eso nos frustramos.


3.      ¿Por qué si, como dice Erich Fromm, el amor no es hoy un fenómeno frecuente en nuestros días, nos frustramos tanto por tratar de encontrar algo que no existe? ¿Por qué somos adictos al amor romántico?







CH: En primer lugar hay una presión social: casi todo el mundo se organiza en núcleos de dos personas y después planean su descendencia. Si nos organizásemos en núcleos más abiertos o más numerosos, no tendríamos tantos problemas afectivos. En cualquier caso mientras todo el mundo siga uniéndose en pareja, resulta difícil ser el soltero de las fiestas o la soltera en los cumpleaños. Por esa presión social a muchos les gustaría compartir su vida con alguien, sobre todo en los núcleos urbanos donde se practica al extremo el individualismo y la gente se siente tan sola.

En segundo lugar existe una razón cultural: la cultura nos vende constantemente historias de amor exitosas, nos muestran personajes idealizados y tramas mitificadas que nos hacen sentir que el amor en exclusiva hacia una sola persona nos dará la clave de la felicidad, la plenitud, la armonía y la abundancia. Este amor romántico que nos venden es muy limitado: se reduce tan solo a uniones heterosexuales y monógamas, dejando al margen todas las variaciones y toda la diversidad de nuestra realidad. De este modo, la gente tiende hacia un solo modelo de relación porque la sociedad invisibiliza otros modelos de relación o nos los presenta como “extravagancias”, disidencias de la norma.

Entonces la frustración viene porque nos hacen creer que el amor de verdad es eterno y maravilloso, pero la realidad es que nunca encontramos a la persona ideal que encaje con nosotros a la perfección, porque no existe.

4.      ¿Por qué nos empeñamos en mantener un ideal de amor que no se corresponde con la realidad? ¿quizás sea por la rebeldía que conlleva?

CH: Porque no somos capaces de distinguir entre la ficción y la realidad, estamos rodeados de magias que nos seducen. La magia de la navidad, la magia del día de san Valentín, la magia de unas elecciones democráticas, la magia del verano, la magia de las brujas, la magia de la publicidad de la belleza, la magia de la elección de un Papa humilde, la magia del consumismo.

Y porque nos cuesta aceptar que los mitos que nos venden en estos productos mágicos no sean tan bonitos, ni tan eternos como en la realidad.
Estamos hambrientos de cariño, de emociones, de sentimientos… pero no buscamos en nuestras redes sociales y afectivas, sino que volcamos toda esa necesidad de compañía en la figura de una sola persona. Y en ese sueño de encontrar a la “media naranja”, vaciamos las calles y nos encerramos en niditos de amor tratando de salvarnos y de olvidarnos del mundo.

 Así que poca rebeldía hay hoy en la idea de encontrar a la pareja ideal, creo. Corresponde ni más ni menos con la organización económica y política de nuestra sociedad: estamos seducidos por la idea de un modelo amoroso patriarcal y capitalista.


5.      ¿Qué productos culturales han influenciado en esta idealización del amor romántico? 

CH: El esquema es siempre el mismo: chico conoce chica. Chico tiene una misión, ha de recorrer un camino, superar todos los obstáculos, batir a todos los enemigos, encontrarse consigo mismo, lograr el triunfo. El regalo es la chica, cuya principal función es esperar al héroe. Este es el caso de los cuentos de hadas como Cenicienta, la Bella Durmiente, Blancanieves, la Bella de la Bestia, etc. O el caso de las películas románticas como Lo que el viento se llevó, Casablanca, Dirty Dancing, Titanic, etc. Las telenovelas latinoamericanas y asiáticas también reproducen este esquema de dos personas que se quieren pero no pueden estar juntas por diversos motivos.
Otras repeticiones de lo mismo son las figuras de Barbie y Ken, Angelina Jolie y Brad Pitt, Michell y Barak Obama…seres poderosos, super ricos, exitosos, guapos, sanos, jóvenes, solidarios con las buenas causas, buenos profesionales, que además se aman locamente.




6.      ¿Se puede considerar a la irrupción de la utopía del amor romántico como un cambio de paradigma en nuestra historia, un motor revolucionario?

CH Julieta si se rebeló ante el orden patriarcal porque se negó a casarse con el marido elegido por su padre y quiso unirse a Romeo, el hombre al que amaba. Sin embargo, se dejó la vida en ello. El amor a veces es liberador o transgresor porque sentimos que hacemos pequeñas revoluciones en nuestras vidas (dejamos nuestro trabajo y nos mudamos al otro lado del charco por amor, por ejemplo).

Pero nuestra cultura amorosa más que ser rebelde creo que es un instrumento de seducción para que todos soñemos con el mismo mito y así adoptemos el estilo de vida heterosexual, dual, exclusivo que nos proponen. La ideología capitalista y burguesa que subyace a las historias de amor nos anclan a un modelo muy repetitivo en nuestras narraciones, y funciona porque las mayorías tratan de reproducir todos los esquemas emocionales y patrones sentimentales que nos ofrecen. Los que se desvían de este modelo son condenados por la sociedad: tríos, comunidades amorosas, lesbianas, transexuales, homosexuales, swingers, amores libres, amores sadomasoquistas, amores interraciales o intergeneracionales…


7.      ¿Qué les aconsejarías a todas esas personas que se sienten frustradas por no poder encontrar ese amor verdadero e utópico y que siguen y siguen buscando tropezándose siempre en la misma piedra?

CH Que amplíen su mundo afectivo y sexual. Que se junten a la gente que crea redes de solidaridad y apoyo mutuo, que cuiden a sus amigos y amigas, que busquen nuevas amistades, que aprenda a diversificar afectos, que aprenda a disfrutar de la vida, que aprenda a divertirse con la gente como cuando éramos pequeños y pequeñas: queríamos a los otros una tarde, una noche, un día, un verano, queríamos sin pedir nada a cambio, solo porque sabíamos disfrutar de la compañía de nuestros primos, abuelas, tías, hermanos, y otros niños y niñas desconocidos que nos abrían mundos porque nos mostraban otras realidades diferentes a la nuestra.
Esperar a que llegue una sola persona que colme todas tus aspiraciones, metas y anhelos es como esperar a que se haga realidad la promesa de algunas iglesias según la cual Jesús volverá a la Tierra algún día a salvarnos a todos y a todas.

Y estar buscando pareja como única meta en la vida suele ser bastante antierótico para los demás, por cierto. La necesidad no es nada atractiva: nos enamoramos de gente que está viva, que tiene autonomía, que tiene energía, que está feliz con sus proyectos, que da y recibe cariño de los suyos, que nos aporta buenas vibras. Amamos a la gente libre: son pocos los que se enamoran de gente deprimida, triste, o terriblemente necesitada…
Por eso lo de tener la vida llena de gente y de cosas que una ama, porque la vida es corta y se acaba. Ya no podemos esperar cien años como la Bella Durmiente…

GRACIAS!

Reportaje completo: 



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Entrevista en Culturamas




Diario Público




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