24 de abril de 2015

Superar la dependencia emocional



“Después del beso, la Bella Durmiente descubrió una suegra infame, un príncipe no tan azul y unos niños no tan indefensos. Es decir, la vida misma”. Ana María Matute, escritora española.

La Bella Durmiente se sintió decepcionada, y engañada. Había perdido demasiado tiempo de su vida esperando al príncipe azul, así que en lugar de hundirse en la pena y la rabia, había llegado el momento de ser valiente y tomar decisiones. Abandonó el palacio con los niños, buscó trabajo y se instaló en la gran ciudad. Bella se cambió el nombre, se adaptó pronto e hizo muchas amistades, volvió a idealizar el amor y a decepcionarse, encontró su media naranja varias veces, pero nunca estuvo sola. Como disfrutaba mucho del presente y de su gente, se olvidó de los finales felices, y nunca acabó comiendo perdices.
  




Las mujeres sufrimos más dependencia emocional que los hombres en nuestras relaciones sentimentales porque siempre le hemos dado más importancia al amor y a la pareja.  Nosotras, en general, somos las más románticas: desde que somos adolescentes nos pasamos muchas horas imaginando el encuentro con el príncipe azul, leyendo historias de amor, hablando con las amigas de nuestros problemas sentimentales,  viendo películas, escribiendo cartas y diarios, y sobre todo nos encanta vivir romances intensos.

Con los cuentos que nos cuentan de pequeñas, aprendemos a delegar nuestra felicidad en la llegada del príncipe azul que nos cambie la vida, y ello hace que suframos mucho si dicho  príncipe no llega, si no es como esperábamos, o si pasado un tiempo decide separarse de nosotras y nos pide que abandonemos el  palacio. Nos enseñan a temer la soledad, y nos dicen que sin amor no somos nada: no es de extrañar que dependemos demasiado del amor, pues aprendemos de pequeñas a que es lo único que importa en la vida. 

El amor nos promete la salvación y se presenta como la solución a todos los problemas: el mito romántico de la transformación nos seduce con la idea de que si encontramos a la media naranja, nuestra vida va a cambiar a mejor. Como si el amor pudiese por si solo llegar a tu vida y hacerte feliz. En este proceso mágico, lo que aprendemos es que nosotras no tenemos que responsabilizarnos de nuestro bienestar, porque ya vendrá el príncipe azul a hacerse responsable. Solo tenemos que ser pacientes y esperar, mantenernos bellas y esperar, y nuestras vidas cambiarán como en los cuentos de hadas. 


La dependencia emocional, entonces, se aprende a través de la socialización y la cultura, y se fortalece con la dependencia económica, los miedos e inseguridades personales, y la soledad. Cuanto más solas estemos, más necesitaremos una pareja. Y esa necesidad tiene sus peligros, por ejemplo, elegir un compañero que no sea una buena persona o con la que sea imposible construir una relación amorosa sana y equilibrada. O permanecer años en una relación que no te hace feliz. O auto engañarnos pensando que en algún momento nuestro amado cambiará, mejorará, o volverá a amarnos como al principio. O vivir con un miedo permanente a que nos dejen, o con unos celos arrasadores que nos amarguen la vida, o perder la personalidad propia para agradar a la otra persona, o aguantar situaciones de malos tratos por miedo a quedarnos solas.
  
La dependencia emocional es una mezcla potente de muchos miedos: miedo al compromiso, miedo a enamorarnos, miedo a la traición, miedo a no encontrar pareja, miedo a que nos dejen de querer: uno de los mayores terrores que nos habitan es el miedo a la soledad. En casi todas las películas, las protagonistas están solas. No tienen redes de afecto a su alrededor que las ayuden, por eso necesitan príncipes azules. Nunca aparecen con sus madres, hermanas, abuelas, tías, primas, amigas, vecinas…. El aislamiento las hace más vulnerables y más necesitadas de amor, porque su felicidad depende de una sola persona.

El miedo a la soledad nos lleva, en ocasiones, a apresurarnos a la hora de elegir una buena pareja. Es demasiado doloroso enamorarse de alguien y darse cuenta de que no lo conocíamos con profundidad, que nos equivocamos, o que nos engañó. Es fundamental que conozcamos bien a la persona, y tomarnos un tiempo para poder analizar si la relación que vamos a iniciar merece la pena, si la persona que nos gusta tanto realmente es tan maravillosa, si el balance de virtudes y defectos te compensa.

Algunas de mis herramientas son: avanzar despacio en la relaciones, darle más importancia a los comportamientos que a las palabras bonitas que nos decimos en pleno éxtasis, observar y reflexionar si es una buena persona en la que puedes confiar y con la que puedes construir una relación bonita.

Otra de las claves de la dependencia emocional es la incapacidad para dejar el pasado atrás, y la carga de traumas y carencias que arrastramos desde la infancia. No es fácil, pues algunas de nosotras tenemos que trabajar en ello durante muchos años, o toda la vida, para poder hacer borrón y cuenta nueva. No podemos pedirle al amado que nos cure, o que asuma nuestros problemas o carencias, o que nos proteja de los dolores y los miedos que nos habitan por dentro. El  trabajo tenemos que hacerlo nosotras mismas, el camino hacia la sanación o la superación es nuestra responsabilidad, y tenemos que emprenderlo con alegría, con fuerza, con ganas de liberarnos de todas las cargas del pasado para caminar con ligereza por nuestro presente.

Para evitar la dependencia, es importante también construir relaciones equilibradas, y horizontales. En las relaciones de dependencia, tendemos a situar a la otra persona en un pedestal y a sentirnos inferiores a ella. Somos capaces de sacrificarnos por el otro, tratar de agradarle continuamente,  aguantar ciertas situaciones dolorosas, comportarnos con sumisión ante cualquier conflicto. Somos capaces, también, de asumir toda la carga doméstica, de crianza y educación para liberar al otro de sus responsabilidades, sin preocuparos por nuestra salud  y nuestra necesidad de descanso. Somos capaces de renunciar una y otra vez, de ceder siempre o casi siempre, de darle todo el  poder a la otra persona para que permanezca junto a nosotras, para que no haya problemas, para que establezca las reglas del juego amoroso.

Y ahí entonces nos damos cuenta, de pronto, de que al enamorarnos perdemos parte de nuestra personalidad. Descubrimos que no nos mostramos tal y como somos, aunque se hayan enamorado de nosotras. Al empequeñecernos y  perder la independencia, perdemos atractivo, aunque lo hacemos pensando que así puede que nos amen más. Al entrar en la estructura de la dependencia nos transformamos en seres débiles, infantilizadas, victimas y victimistas que mendigan amor y atención. Cuando perdemos toda nuestra autonomía para que nos quieran más, estamos cayendo en una trampa:, pues anularnos como personas no nos hace más sexys, sino más aburridas y predecibles: la gente normalmente se enamora de personas alegres, activas, con iniciativa, con energía vital para moverse por el mundo.

La dependencia emocional nos lleva a sentirnos siempre poco merecedoras del amor, por eso surgen los celos y el afán de posesión. Cuanto más inseguras estamos y más complejos tenemos, más necesidad de control tenemos sobre la otra persona. Cuanto más miedo nos posee, más necesidad de aceptación y reconocimiento continuo sentimos. A veces ocurre que nos cuesta creer que alguien quiera permanecer a nuestro lado, a veces nos prohibimos el derecho a disfrutar del amor. 
Por miedo a no que nos dejen de querer, no podemos ni disfrutar de que nos quieran en el presente.

El amor solo tiene sentido, creo, si nos liberamos de los miedos, y amamos desde la libertad. Un amor que no está basado en la dependencia es aquel en el que podemos querer sin perder nuestra personalidad, sin renunciar a nuestra autonomía, sin establecer relaciones de dominación y sumisión con la otra persona. Para poder querer desde la generosidad, el respeto, el cuidado mutuo y el amor profundo tenemos que querernos a nosotras mismas, lo que supone también aceptarnos y trabajar para mejorar lo que no nos gusta de nosotras.

Practicar la autocrítica amorosa y el auto-reconocimiento consiste en analizarnos con cariño para conocernos mejor a nosotras mismas, identificar lo que querríamos cambiar para sufrir menos y disfrutar más. Conocernos mejor nos dará herramientas para liberarnos de los miedos que nos hacen personas dependientes, para conectarnos con nosotras mismas con mucho amor del bueno, para aprender a relacionarnos desde la libertad y no desde la necesidad, para aprender a disfrutar de la soledad y de la compañía, para disfrutar de la vida, tengamos o no pareja.  



Otras claves para superar la dependencia emocional:

-Ser tú misma. La gente se enamora de ti, por lo tanto es fundamental que sigas siempre siendo tú. Además, independientemente de que te amen o no, sigues siendo siempre una bella persona y hay mucha gente que te aprecia y te quiere.

- Amar como adultas: tenemos que aceptar y cultivar nuestra autonomía, no delegar responsabilidades propias, no esperar que los demás nos cambien o nos mejoren la vida.   Aprender, en fin, a querernos, a tomar decisiones sin miedo, a respetar los pactos con una misma, a tomar la iniciativa, a equivocarnos, a volverlo a intentar.

- Construye tu relación amorosa con el mismo amor que construirías tu casa si pudieras. Elige un buen compañero, establece unos pactos para la convivencia y el reparto igualitario de tareas y roles, y que las bases de vuestra relación sean siempre el respeto, la igualdad, el equilibrio, y el cuidado mutuo. 

-Hazte de vez en cuando estas preguntas: ¿soy feliz en mi relación?, ¿tengo mis espacios y tiempos propios?, ¿cómo resuelvo los problemas con  mi pareja?, ¿estoy acostumbrada a tomar decisiones, o a que mi pareja las tome por mi?, ¿me siento querida?, ¿el intercambio de cuidados y cariño es equilibrado o está descompensado?, y  ¿qué podría hacer para mejorar, cambiar la situación o salir de ella?.

-Atrévete a romper: deja atrás el pasado, acepta las pérdidas, y explora las nuevas etapas que se abren en tu vida. Atrévete a tomar decisiones, y no tengas miedo a los cambios. Solo dejando atrás lo antiguo podremos abrir las puertas y las ventanas hacia lo nuevo, lo que está por venir.

-Aceptar las pérdidas: la gente nos acompaña en el camino de la vida, a veces durante años, a veces menos tiempo, pero nadie recorre con nosotras completamente todo nuestro paso por este mundo. Así pues, aunque es doloroso, es importante seguir caminando, bien sola, o bien acompañada.

- Mejor sola que mal acompañada: cuando estás en una relación de dependencia te resulta muy difícil pensar que podrías enamorarte de nuevo y encontrar un compañero estupendo, o te cuesta imaginarte sola y feliz. Sin embargo, las relaciones amorosas son para ser disfrutadas, y si estás sufriendo, mejor acabar una relación dañina que permanecer en ella durante años. 

-Pregúntate de vez en cuando, también: ¿Cómo se sentiría tu pareja si lograses aumentar tu autoestima y empoderarte?,¿ si dedicases más tiempo a cultivar tus aficiones, o a cuidar a tu gente querida?, ¿cuál sería su reacción si empezases a decir lo que opinas y sientes sin miedo?, ¿crees que tu pareja sería feliz si te viese feliz, trabajando tu autonomía para no depender tanto de él?, ¿crees que podrías compartir ese proceso con tu pareja, que te respetaría y te animaría a ser independiente?.

- Llena tu vida  de gente, de aficiones y pasiones personales. Aprende a disfrutar de tu soledad, y de la compañía. Conoce gente nueva, cuida a la gente de siempre. Diversifica afectos y únete a grupos de personas que se juntan para aprender, para compartir aficiones o pasiones, para construir, para celebrar la vida.

-Desintoxicación emocional: de vez en cuando es bueno estar sin pareja, y tomarse vacaciones sentimentales. Piensa en la cantidad de tiempo y energías que se nos van en las relaciones: estos descansos  te vendrán bien para reorganizar tus pensamientos, para estar un tiempo tranquila, o para llevar a cabo grandes proyectos…  utiliza tu energía amorosa para hacer más felices a los demás o a ti misma.

Coral Herrera









Este artículo fue publicado originalmente en la revista Mente Sananov-dic 2014, editorial RBA Editores (España).




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