27 de diciembre de 2015

Educación para la igualdad y la diversidad: acabar con las fobias sociales






Conozco a mucha gente que pide ayuda a psicólogos y terapeutas para tratarse la tristeza, el vacío existencial, las angustias y los miedos, pero no conozco a nadie que quiera curarse de enfermedades sociales como el racismo, el machismo, el clasismo, la xenofobia, la homofobia, la lesbofobia o la transfobia. 

Vivimos en un mundo competitivo, violento y jerárquico en el que unos seres humanos tienen más valor que otros: no nos educan para amarnos los unos a los otros en las escuelas ni en las universidades, y no hay especialistas a los que acudir cuando experimentamos un odio profundo hacia colectivos de personas o minorías. 

Las religiones tampoco promueven el amor hacia la gente diferente: generalmente los curas, sacerdotes, rabinos o imanes nos incitan al odio acusando de herejes e infieles a todos aquellos que no siguen su doctrina. Es frecuente escuchar en las iglesias, las mezquitas y las sinagogas discursos de odio hacia las mujeres que no se someten a los dictados del patriarcado, o hacia lesbianas y gays, pero sus autores no son acusados ni encarcelados por hacer apología de la discriminación y la violencia desde sus púlpitos. 

Vivimos en una cultura muy romántica, pero muy poco amorosa. Si bien el racismo es una enfermedad social que con los años se ha convertido en un fenómeno políticamente incorrecto, los chistes sobre negros, latinos, árabes, etc siguen fomentando el uso de estereotipos negativos  que se asumen como algo "natural" y gracioso, lo mismo que los chistes machistas que denigran a las mujeres. Cuando nos acusan de ser personas que discriminan, que odian o que rechazan a otros seres humanos, generalmente nos justificamos empezando con la tan conocida y estúpida frase: "Yo no soy racista pero... no soporto a los gitanos", "Yo no soy homófobo pero... a mi que no se me acerque un gay", "Yo no soy machista pero... las mujeres no están capacitadas para ciertas tareas", "Yo no soy clasista pero... creo que los pobres son unos vagos". 

Es curioso que a poca gente le de vergüenza expresar en voz alta su miedo o su odio hacia otros seres humanos y que nadie quiera curarse de estas enfermedades sociales que provocan tanta violencia. Hasta cierto punto es demencial que enseñemos a los niños y a las niñas a comportarse con corrección en público (dar los buenos días, no tocarse los genitales en público, rezar por las noches), pero luego tengan que oir en casa chistes y comentarios despreciativos hacia los inmigrantes, las lesbianas o las personas transexuales como si discriminar a otras personas no fuera un acto violento. 

Los seres humanos sentimos terror hacia las personas que no son como nosotras, por eso siempre estamos buscando la integración en los grupos, y por eso buscamos a los que son semejantes para formar grupos frente a otros grupos de gente que no son como nosotros. En nuestro sistema patriarcal, nos han convencido de que hay gente "normal" y gente "anormal", que hay un "nosotros" y un "ellos", que están los "buenos" y los "malos", que por fuerza has de ser "masculino" o "femenina"... todo nuestro pensamiento es binario, es decir, nuestra forma de pensar está determinada por los opuestos: blanco/negro, positivo/negativo, válido/inválido. 

La gente normal es aquella que cumple con los patrones y las normas del capitalismo patriarcal, es aquella que se puede etiquetar y definir, es aquella que encaja con una definición exacta. Toda la gente que no "encaja" es rara, es extraña, es extravagante, y por lo tanto es susceptible de recibir nuestro rechazo y nuestras burlas. Esto es lo que ocurre con las personas transexuales o las personas transgénero: nuestro cerebro trata de averiguar si estamos frente a un hombre o una mujer, y nos sentimos mal si no logramos definir con exactitud el género al que pertenece la persona que tenemos en frente. 

Y sin embargo, en la naturaleza nada es blanco o negro: vivimos en un mundo diverso con gente de todos los colores, tamaños, creencias, habilidades, capacidades, costumbres y formas de ser. En nuestro mundo hay mujeres masculinas, hombres femeninos, hermafroditas, personas que transitan, personas que se disfrazan, hombres travestidos, y toda clase de gente que no se adapta a ninguna etiqueta patriarcal. Nos cuesta gozar con esta ruptura de esquemas porque necesitamos que nuestro mundo sea estable, parecido al mundo simple que nos muestran los medios de comunicación: la diferencia nos da miedo, y por eso atacamos a personas que tienen otras creencias religiosas, otras formas de vestir, otros acentos e idiomas, otras orientaciones sexuales, otras costumbres y tradiciones....

Las enfermedades sociales producen discriminación, y la discriminación lleva a la violencia. Por eso la gente que vive esa violencia por ser diferente sufre tanto, por eso hay tantos niños y niñas diversas que se suicidan, por eso hay tantas personas adultas que son asesinadas cada año en todo el mundo. Por ser diferentes, por ser extranjeros, por ser raros...

Para acabar con las fobias sociales, hace falta integrar en la educación el respeto hacia las personas, y el amor hacia la diversidad del mundo en el que vivimos. No sirve de nada que nos aprendamos los nombres de los ríos y sus afluentes, o la lista de los reyes visigodos, si somos incapaces de entender que no se puede discriminar a nadie por su color de piel, por su forma de amar, por su identidad de género. No sirve de nada que tus hijos e hijas saquen buenas notas si luego acosan a sus compañeras con insultos, humillaciones, golpes y desprecios... no sirve de nada que hablemos de paz y de amor en Navidad si seguimos fomentando el odio contra colectivos de personas que no son como nosotros. 

Tenemos que ir más allá de las etiquetas y condenar todos los discursos de odio que nos hacen creer que hay personas inferiores y superiores, y que justifican la violencia contra las personas diversas. Tenemos que callar la boca a toda esa gente que utiliza esa maldita frase de: "Yo no soy machista pero..., yo no soy racista pero... yo no soy homófobo pero...." 

No hay peros que valgan. Todas las enfermedades sociales tienen cura: la mejor medicina contra la intolerancia, los miedos y la violencia es la educación en valores. Tenemos que romper con las etiquetas que nos reducen la libertad para ser y para sentir, y cuestionar profundamente los conceptos de "normalidad" y "anormalidad", porque en realidad somos todos gente diversa. Tenemos que ensanchar nuestras pequeñas mentes para que ser capaces de entender que la diversidad no es ninguna amenaza, que nos enriquece en la medida en que nos abre horizontes de realidad, y que la gente diversa merece respeto y amor. Tenemos que trabajar colectivamente, junto con los medios de comunicación, las familias y las instituciones, para promover una ética basada en el amor hacia la gente que nos rodea, sin exclusiones ni discriminaciones de ningún tipo. 


Coral Herrera Gómez


Otros artículos de la autora:






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23 de diciembre de 2015

El poder de las brujas


 
Revista Mente Sana, número 120 (noviembre-diciembre)


Las brujas existen, y aunque no las vemos, haberlas, haylas, y por todas partes. A diferencia de otros seres mitológicos como los duendes o las hadas, que existen sólo como figuras narrativas, las brujas de carne y hueso nos acompañan desde hace muchos siglos.

La primera referencia documentada que tenemos de ellas es del siglo X DC, y en la actualidad se cree que hay más de 200 millones de brujas en el mundo. Las brujas posmodernas son muy diversas: algunas son curanderas que ejercen en sus pueblos; unas son clandestinas y llevan una doble vida, otras son famosas y ricas; unas son brujas hippies que dominan las técnicas de sanación oriental como el reiki, la acupuntura, el yoga; otras se dedican al activismo político y social y a la defensa de los derechos de las brujas…. 

Las brujas profesionales de hoy en día estudian en academias y universidades de Brujas,  investigan y publican en revistas, se reúnen en encuentros internacionales y congresos de brujería, y fundan asociaciones y colectivos de brujas en todo el mundo.  Gracias a Internet, hoy conocemos mucho más acerca de ellas, podemos seguirlas en Facebook y Twitter, leer sus blogs, asistir virtualmente a sus conferencias, cursos y talleres, y contratar sus servicios vía skype o whattsap.

En los relatos de nuestra cultura las brujas son seres muy longevos con poderes especiales, mujeres de acción que cuando se juntan son imparables: no están solas, como las princesas, y tampoco esperan a que alguien les resuelva los problemas. Viven en sus casas con su gato negro, sus libros, sus instrumentos de trabajo, su escoba y sus hierbas, generalmente sin marido que las mande. Saben hacer y deshacer hechizos, usan pócimas mágicas, curan o provocan enfermedades, saben leer el pasado y el futuro, hacen profecías, inventan conjuros nuevos, te ponen en contacto con seres del más allá, te dan consejos sensatos o te destrozan la vida.

Los cuentos de brujas nos fascinan y nos dan miedo a partes iguales porque el poder quería que las viésemos como seres monstruosos: ellas representan a todas las mujeres libres que los hombres temen. Nos las dibujan como seres indomables y rebeldes que ponen en peligro el orden establecido con su feminidad transgresora. En el imaginario colectivo, ellas son la peor pesadilla para el poder patriarcal, porque son mujeres poderosas capaces de transformar la realidad a su antojo.

Sin embargo, en la realidad, las brujas eran tan solo mujeres cono conocimientos, como su propio nombre indica (la palabra bruja en inglés, “witch”, procede del verbo “wit”, que significa “conocimiento”). La mayor parte de ellas fueron científicas que tenían acceso a la lectura y la escritura de libros, sabias que aprendían de sus maestras y transmitían sus conocimientos a otras de su clan.

Algunas eran líderes espirituales de su comunidad, otras eran médicas, curanderas, biólogas, nutricionistas, chamanas, artesanas, científicas … todas se consideraban peligrosas para el patriarcado porque se organizaban en grupos sororarios, tenían secretos, conocían bien el cuerpo y la sexualidad de las mujeres, sabían controlar su fertilidad y ayudaban a muchas a elegir y decidir sobre su maternidad.

La Ciencia occidental se propuso eliminarlas a medida que se fue imponiendo la visión masculina en todas las áreas de investigación y conocimiento. El cuerpo de las mujeres pasó a ser “cosa de hombres”: los científicos pronto se dieron cuenta de que si les impedían ejercer la medicina, y les despojaban de sus saberes, lograrían controlar los cuerpos de todas las demás mujeres.

Para poder crear un rechazo colectivo hacia ellas, la Iglesia las convirtió en monstruos y las satanizó. Se les acusó durante mucho tiempo de trabajar para el Demonio, de asesinar a niños y niñas, de provocar catástrofes medioambientales, de enloquecer a los hombres…  por eso en todos los cuentos y canciones se las representaba como mujeres malvadas, raras, feas o deformes, salvajes, misteriosas, viejas y locas que dan miedo.

Desde el principio de los tiempos, el miedo masculino al poder de las mujeres se ha expresado a través de figuras monstruosas que chupan la sangre a los hombres, que les despojan de su voluntad, que se aprovechan de ellos, que los atraen con sus encantos para destrozarles el corazón. Las mujeres malas de nuestra cultura son desobedientes, insaciables, caprichosas, irracionales, rebeldes, violentas y por eso aparecen como hienas, serpientes, sirenas, vampiresas, diablesas, magas, hechiceras…

Las maléficas (del latín maleficae) fueron, y aún son, el monstruo femenino más grande creado por nuestra cultura. Para hacernos temer el poder de la feminidad sin domesticar, nos las han pintado como la encarnación de la belleza más perversa y la fealdad más horrenda. Ellas representan las fuerzas incontrolables de la naturaleza, son las hijas de la noche y el misterio, son las que navegan por el lado oscuro de la realidad. Son las mujeres salvajes cercanas a la locura, el éxtasis, la vida y la muerte, las drogas, la divinidad y la animalidad…

La caza de brujas que asesinó a 9 millones de mujeres durante los siglos XVI y XVII, no sólo quiso acabar con el acceso de las mujeres al conocimiento y a la Ciencia, sino también con la relación de todas nosotras con nuestra sexualidad, nuestra salud, nuestros cuerpos y nuestra maternidad. El resultado de esta guerra contra las mujeres libres fue una verdadera matanza de la que aún sabemos muy poco. No sólo quemaron vivas a las brujas, sino también a mujeres que fueron acusadas de brujería por no seguir los mandatos de género o no someterse al orden patriarcal. Por eso las ejecutaban en público: eran asesinatos ejemplares con el objetivo de impedir el contagio de la feminidad rebelde.

La Iglesia Católica y muchos Estados de Europa y América se obsesionaron con las mujeres desobedientes y se propusieron acabar con todas ellas utilizando los métodos más crueles y sanguinarios. Fueron perseguidas, violadas, y sometidas a las torturas más horrendas porque el poder necesitaba domesticarlas (o mejor, eliminarlas), para instaurar el capitalismo patriarcal moderno, según nos cuenta Silvia Federici en su libro “Calibán y la bruja”.

La Historia silenció este genocidio hasta que en el siglo XX el feminismo reivindicó la importancia de las brujas, y denunció la invisibilización de la masacre de mujeres por parte de los historiadores. Hoy, muchas feministas nos consideramos herederas de esos colectivos de mujeres rebeldes a las que tanto temían los gobiernos, la Iglesia y la Ciencia. Desde que salió a la luz la represión que han sufrido las brujas en toda la Historia, son muchas las mujeres feministas que se han dedicado a estudiar su historia, a mostrarnos  su enorme diversidad, y a reivindicar el papel fundamental que ellas jugaron durante tantos siglos de patriarcado. 


¿Cómo ser bruja hoy?


13 de noviembre de 2015

¿Cómo es el Laboratorio del Amor?



¿Quién quiere ver el Laboratorio por dentro? 

Me acabo de grabar un vídeo casero para enseñaros las entrañas de nuestra plataforma, nuestros foros, nuestro blog, la Biblioteca del Amor... 

y animaros a todas a uniros a nuestro espacio para compartir los procesos individuales con mujeres de todos los países que también creen que otras formas de quererse son posibles, y que se puede sufrir menos, y disfrutar más del amor:








Más info e inscripciones en mi web: 


12 de noviembre de 2015

Conferencia en México: La construcción sociocultural del amor romántico desde una perspectiva Queer. Coral Herrera Gómez



Aquí tenéis el audio de mi conferencia en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, México, impartida el día 19 de Octubre de 2015. Fue la conferencia magistral con la que se abrió el VI Congreso Internacional de Ciencias Sociales y Humanidades, 
 un poco más abajo tenéis el texto completo para descargar o leer on line: 





6 de noviembre de 2015

¿Cómo amamos las feministas?



¿Cómo amamos las feministas? Todos los primeros de mes imparto una videoconferencia y luego hacemos un chat grupal en el Laboratorio del Amor, esta vez tocó hablar del tema de cómo amamos las feministas, y cómo nos relacionamos con los hombres y las mujeres, en el entorno laboral, en el familiar, en el social... aquí os dejo el vídeo que grabé sobre el tema por si os apetece verlo y opinar. 

Si quieres unirte al Laboratorio con nosotras, participar en el chat grupal y en los foros, y ver más vídeos de Coral, puedes inscribirte aquï: 



http://otrasformasdequererse.com/







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1 de noviembre de 2015

Elegir un buen compañero, elegir una buena compañera


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Dicen que el amor es ciego, pero yo creo que para sufrir menos, y disfrutar más del amor, es fundamental elegir un buen compañero o compañera.

Si la pareja que eliges es buena persona, si tiene herramientas para disfrutar del amor, si tiene una concepción del amor parecida o similar a la tuya, si ambos vais al mismo ritmo, es más fácil vivir un romance inolvidable.



15 de septiembre de 2015

17 claves para el tratamiento periodístico de las noticias sobre feminicidios y violencia contra las mujeres

Un buen ejemplo de @Calavera De la Reina en Twitter



Si eres periodista, blogger/a, o comunicador/a, y quieres contribuir con tu trabajo a la erradicación del machismo y la violencia de género, aquí tienes unas claves para informar con rigor, evitar la perpetuación de mitos, estereotipos y prejuicios machistas, y aportar a la construcción de un mundo más igualitario y pacífico. 

  1. Los feminicidios no son crímenes pasionales, y  la violencia de género no es un asunto privado e individual, sino un tema político que nos afecta a todos y a todas. No se puede presentar un asesinato como una demostración de amor: el amor y la violencia son conceptos completamente opuestos. Cuando se quiere a una persona, ni se la daña, ni se la mata: se la respeta y se la trata bien. Es preciso entonces desmontar la tradicional asociación entre el amor y el sufrimiento, y el amor y la muerte.  
  2. Los feminicidios no son accidentes, ni son "cosas que pasan". Es preciso evitar titulares como "Una mujer muere", ya que podría parecer que "perdió la vida" de manera natural, cuando en realidad ha sido un asesinato. También hay que evitar titulares misteriosos tipo: "Una mujer fue hallada muerta en su jardín", cuando en realidad fue asesinada. También es preciso evitar que al explicar la forma en que murió parezca un accidente: "Una mujer cayó por el balcón", "Una mujer se tiró por la puerta del auto en marcha", "Una mujer se precipitó al vacío", para después informar de que su pareja ha sido detenida (como si pasara por la escena del crimen por casualidad, como si hubiese tenido "mala suerte" de estar allí). 
  3.  Los feminicidios no son fenómenos aislados que ocurren muy de vez en cuando: suceden a diario en todo el planeta, por eso a menudo encontramos diversas agresiones a mujeres en el mismo medio de comunicación, pero sin que nadie relacione estas noticias. Es preciso relacionar todas las noticias del día que tengan que ver con la violencia hacia mujeres, niñas y niños, y explicar a la audiencia que son consecuencia del sexismo.  
  4.  No hay motivos para matar a una persona, de manera que no hay razones que justifiquen ningún asesinato. El o la periodista no tiene que explicar el por qué: lo importante es que el asesino está cometiendo un delito, sin importar su estado de ánimo o sus razones. Los celos, que suelen ser el argumento más utilizado para justificar los asesinatos de mujeres, no son una excusa para asesinar. Prueba de ello es que las mujeres no matan por celos, y hay muchos hombres en el mundo que tampoco matan cuando se ponen celosos. 
  5. Los feminicidios no pueden ir en la sección de "Sucesos" pues no son hechos extraordinarios: todos los días mueren cientos de mujeres en el planeta víctimas de la violencia de género, todos los días se destapan nuevos casos de trata y esclavitud sexual, todos los días se cometen violaciones, abusos sexuales, mutilaciones genitales a niñas. Por lo tanto, el tema es político, y debería ir en la sección "Política", "Nacional" o "Internacional". 
  6. El protagonismo de la noticia ha de estar centrado en la víctima de la agresión, no en el agresor o los agresores. Los que se suicidan suelen figurar en primer plano casi como si fueran víctimas: es más importante destacar la violencia contra las mujeres que la autoviolencia que ejercen contra ellos mismos. 
  7. Es esencial proteger la identidad y el lugar de residencia de la víctima (no mostrar fotos de sus rostros, ni lugares que puedan ser identificados por el vecindario).
  8. Es importante que el público asocie este tipo de asesinatos con las consecuencias penales que conlleva. Antiguamente, en muchos países, era legal matar a la esposa, hoy en día es ilegal y se paga con años de cárcel. 
  9. Es necesario hablar sobre las otras víctimas de los feminicidios: la madre, el padre, los hijos e hijas, amigos, familiares y gente cercana que formaba parte de su círculo afectivo.  
  10. Evitar la re-victimización de la imagen de las mujeres en las noticias. Se estigmatiza doble o triplemente a las mujeres cuando se le adjudican varias etiquetas discriminatorias: emigrante, lesbiana, anciana, trabajadora sexual, pobre, sin estudios...
  11. Evitar caer el estereotipo de que el maltrato está asociado a las condiciones de pobreza, marginalidad y migración. La violencia se da en todas las clases sociales, en todos los países, y en todos los grupos generacionales. 
  12. Evitar la culpabilización de la víctima: las mujeres no soportan malos tratos porque quieren, ni provocan al agresor para que las asesine. Es preciso evitar hablar de su belleza o sus encantos como armas femeninas, no pueden presentarse como motivos por los cuales el asesino "perdió la cabeza". Si ella obedeció o no, o las desavenencias de la pareja, tampoco son importantes para ilustrar la noticia (ella fue infiel, se marchó de casa, le abandonó, le engañó, pues ninguna de estas cuestiones justifican un asesinato).  
  13. Debemos identificar a las mujeres como sujetos en sí mismas y no como personas dependientes de otras (esposa de, hija de, hermana de....). Además, para hablar del presunto asesino, hay que evitar en lo posible el uso de los pronombres posesivos (su mujer, sus hijos), porque hay gente que piensa que puede maltratar y abusar de lo que es "suyo": "La maté porque era mía". 
  14.  La noticia debe explicar las causas de la violencia de género, que son principalmente el machismo y la desigualdad. Por eso es importante conocer las causas de la violencia machista y de la dependencia emocional femenina, y entender por qué la dominación masculina mata a tantas mujeres en el mundo a diario. Cuanto mayor es la desigualdad entre mujeres y hombres, mayor es la violencia contra la mujeres, y mayor es la impunidad de los asesinos.
  15. Evitar el uso del lenguaje sexista. Hay muchas herramientas on line para aprender a utilizarlo de modo que las mujeres no sean invisibilizadas, cosificadas o ninguneadas en los medios de comunicación. 
  16. No podemos seguir mitificando el terrorismo machista: las noticias sobre feminicidios no son narraciones para alimentar el morbo y entretener a la audiencia, sino un grave asunto político en el que las y los periodistas tienen una gran responsabilidad social. La violencia ni es bella, ni es poética, por lo cual debe evitarse la mitificación de los asesinatos de mujeres, y la idea de que la muerte es una sublime demostración de amor. Los asesinatos de mujeres no son tragedias bellas ni dramas románticos: es un drama humanitario.   
  17. Buscar datos sobre la violencia contra las mujeres, y diversificar fuentes con voces expertas en temas de igualdad y derechos humanos de las mujeres para que expliquen las causas de la violencia contra las mujeres. Pedirles, también, que nos propongan ideas que nos ayuden a aportar soluciones, a contribuir a la equidad de género y a la construcción de relaciones pacíficas e igualitarias. 

En gran parte, son los medios los que logran tener impacto en la opinión pública, por eso es tan importante que los profesionales de la comunicación se formen, se sensibilicen y ayuden a concienciar a la población. A pesar de que hoy por hoy el terrorismo machista apenas despierta indignación en la gente y no constituye una prioridad para nuestros gobernantes, tenemos que lograr que la gente se de cuenta de que no es un problema individual sino colectivo, y afecta a millones de mujeres, niñas y niños en todo el planeta. 

Si queremos acabar con la violencia, si realmente queremos un mundo de amor y de paz, tenemos que acabar con la desigualdad y el machismo.


Coral Herrera Gómez





Otros artículos sobre violencia de género: 










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6 de septiembre de 2015

No eres tú, es la estructura: desmontando la poliamoría feminista

Collage: Señora Milton
Ilustración de la Señora Milton

A nivel teórico y discursivo estamos haciendo grandes rupturas sobre el modelo de amor 
romántico monógamo y lo tenemos muy claro; a nivel emocional, son muchos siglos de 
patriarcado los que tenemos encima. El poliamor también genera mitos, finales felices, 
procesos enriquecedores, experiencias fascinantes, decepciones y frustraciones variadas.
Coral Herrera Gómez para Pikara Magazine.


        La poliamoría feminista es una nueva utopía colectiva para las que soñamos con un mundo igualitario, feminista y diverso. En este mundo ideal, las mujeres no estaríamos divididas en dos grupos: las buenas (fieles y sumisas sin deseo sexual), y las malas (ninfómanas, promiscuas y libres). Todas tendríamos derecho a tener las relaciones que quisiéramos sin sentirnos culpables, sin rendir cuentas a nadie, sin que se desate el escándalo social, sin que nos insulten, nos discriminen, nos castiguen o nos maten por ello.
Además, tendríamos mucho más tiempo para amar, para disfrutar de la vida y los afectos, para investigar y construir relaciones diversas, con o sin sexo, con o sin romanticismo. En el mundo poliamoroso feminista ideal no nos avergonzaríamos de nuestros cuerpos, no existiría el pecado ni la culpa, y podríamos disfrutar de nuestra sexualidad y nuestros multiorgasmos sin ningún tipo de traumas ni complejos.
Construiríamos una especie de ética amorosa para evitar las guerras románticas y las luchas de poder, y aprenderíamos a juntarnos y separarnos con cariño. En este código el objetivo general sería cuidar a los demás y cuidarse a una misma, aprender a resolver los conflictos sin violencia, evitar el sufrimiento innecesario, y aprender a disfrutar del amor y de la vida.
En un mundo de poliamoría feminista y queer no seríamos egoístas, celosas, ni posesivas, ni sufriríamos si nuestra pareja se enamora locamente de otra persona y necesita su espacio para disfrutar del colocón del enamoramiento. Podríamos llegar a ser, entonces, gente humilde y generosa que ama su libertad y la de los demás. Seríamos menos egocéntricas, pues no necesitaríamos sentirnos únicas ni especiales para alguien las veinticuatro horas del día. No aspiraríamos, como ahora, a ser el centro del Universo de la persona amada, pues en el mundo poliamoroso no hay centros, todo son redes interconectadas. Todos los afectos estarían en el mismo nivel, sin jerarquías: cada pareja se construiría desde la interacción y el presente, no habría amores clandestinos, y el amor no se encerraría en sí mismo, sino que fluiría libre, multiplicándose y expandiéndose.

18 de agosto de 2015

Desmontando el amor romántico






1.    El amor (no) es para siempre: dura lo que dura. Algunos amores duran veinte años, otros dos meses, otros dos días… por eso hay que saborear  el presente, y no trasladar tu mente al futuro incierto: la plenitud está en el momento que estamos viviendo, amar es estar presente, parar los relojes, disfrutar del  aquí y del ahora.

2.    El amor (no) lo puede todo: no puede con la violencia y los malos tratos, no puede con la desigualdad y el machismo, no puede con el egoísmo ni con las relaciones que no funcionan. El amor no transforma a las personas violentas en personas pacíficas, ni a los promiscuos en monógamos, ni cura a la gente celosa, ni resiste vivo si ha de soportar demasiado dolor durante demasiado tiempo.  El amor no puede ser incondicional: si no hay respeto y buen trato, por ejemplo, no hay condiciones para el amor.

3.    Las mujeres (no) nacimos para esperar: aunque las heroínas de nuestros cuentos infantiles son chicas que esperan a que un tipo apuesto les solucione sus problemas o les rescate de las catástrofes, nosotras no tenemos toda la vida para esperar. No tenemos la paciencia de Penélope, que estuvo 50 años esperando a que Ulises volviera de sus batallas: nosotras vivimos el amor aquí y ahora. No nos vemos ya como el descanso del guerrero, sino como protagonistas del cuento. No hay otra posibilidad que vivir el amor en el puro presente: el futuro está demasiado lejano.

4.    “Los que más se pelean, (no) son los que más se desean”: hay gente que disfruta mucho peleando y sumergiéndose en la violencia pasional, pero es un desperdicio estar mal años de tu vida, con lo corta que es, entre llantos, conflictos, gritos, escenas de celos, insultos, palabras que hieren… . Tenemos que dejar atrás las guerras románticas, apostar por la alegría y el disfrute en el amor, y cambiar la perspectiva. Por ejemplo: los que comparten orgasmos y risas son los que más se desean. No rima, pero suena infinitamente mejor.

       (No) estamos condenadas a sufrir por amor: podemos tomar decisiones, tomarnos descansos emocionales, distanciarnos cuando nos duele. Podemos desenamorarnos de quien no nos conviene, olvidarnos de las personas que no nos corresponden o no nos aman, elegir buenos y buenas compañeras para compartir la vida. Podemos cerrar puertas y convertir el presente en pasado, podemos abrir otras y convertir el futuro en presente. El amor no nos ata, ni nos limita, ni nos obliga a tropezar mil veces con la misma piedra: somos nosotras las que tenemos que hacernos responsables de nuestras emociones, y trabajarnos los obstáculos externos e internos que nos impiden disfrutar del amor.

17 de agosto de 2015

La masculinidad patriarcal y la violencia de género



El 90% de los hombres son asesinados por hombres, el 95% de las mujeres, también. De cada 3 mujeres en el mundo, 1 sufre o ha sufrido violencia por parte de un hombre. Los feminicidios son consencuencia de la cultura patriarcal en la que vivimos, aquí unas claves para entender cómo educamos a los hombres en la cultura del machismo y la violencia, cómo podemos hacer para desaprender lo aprendido, y cómo adquirir herramientas para acabar con la desigualdad, y construir un mundo más pacífico e igualitario. 




¿Por qué matan los hombres a las mujeres?


Los hombres matan a las mujeres en todo el mundo porque han sido educados, y están siendo educados, para que resuelvan sus conflictos mediante la violencia, por eso la mayoría de ellos la usan a lo largo de toda su vida para obtener lo que desean, o para arreglar sus problemas. 

Los hombres matan a las mujeres porque creen que son dueños de sus compañeras, sus hijas e hijos, su casa, su coche y su perro. Se sienten muy superiores a ellos, y como propietarios, hacen lo que les da la gana con ellos. 

Los hombres matan a las mujeres porque han sido educados desde niños para ser los reyes absolutos de la familia, y los dictadores en su hogar. Los niños aprenden que los hombres de verdad son siempre respetados, obedecidos y adorados, y que solo por ser varones gozan del amor incondicional y perpetuo de los suyos, especialmente si dependen de sus recursos económicos. 


Los hombres matan a las mujeres porque en la televisión aparecemos representadas como objetos de posesión que pueden ser comprados y vendidos, que pueden ser violados y abusados, que suelen sentir placer obedeciendo y sometiéndose, y que están ahí para satisfacer los deseos de cualquier varón que tenga algo de dinero. Y como cualquier objeto, si no servimos o no obedecemos, pueden destrozarnos con impunidad, porque la prensa lo llamará "crímen pasional" y explicara "sus motivos" (como si hubiese motivos para justificar el asesinato de una persona). 


Los hombres matan a las mujeres porque la gran mayoría no sabe gestionar sus emociones y viven presos de su sufrimiento, sus miedos, su dolor, sus traumas, sus inseguridades, sus malos recuerdos, sus carencias afectivas y sus problemas más íntimos. Cuanto más miedo y dolor acumulan, más dramáticos se ponen. Cuanto más inseguros se sienten, más violentos son.



Los hombres matan a las mujeres porque son machistas: creen que en el mundo unas personas valen más que otras, y nada más nacer se les coloca en la cúspide de la jerarquía socioeconómica y se les regala una serie de privilegios: mejores salarios, los puestos políticos y empresariales más altos, la propiedad de todas las tierras del planeta son de ellos (más de un 80%). Ellos gobiernan en mayor medida que las mujeres, ellos son los dueños de los bancos, las empresas, y los medios de comunicación.... ellos tienen los bienes y los recursos, lo que les da poder sobre los demás, y especialmente, sobre las mujeres. Nosotras somos, para los machistas fundamentalistas, como los animales: un objeto que se vende, se compra, se alquila, se intercambia por ganado, se disfruta, se explota, se mutila y se maltrata. 



Los hombres matan a las mujeres porque nuestra cultura amorosa es patriarcal y está basada en el egoísmo, en el sufrimiento, en la desigualdad, en las relaciones verticales, en las luchas de poder. El capitalismo romántico nos hace egoístas, el romanticismo patriarcal perpetúa los mitos románticos y ensalza el dolor como vía para alcanzar el amor. El romanticismo patriarcal está basado en la doble moral sexual, en el placer del sufrimiento, en la dependencia emocional femenina, en la violencia de género, en el odio como forma de relación, en el esquema de dominación y sumisión, o la estructura del amo y el esclavo. Los hombres se han creído que las mujeres somos buenas o malas, y siguen teniéndole miedo a nuestra libertad y autonomía, a nuestra sexualidad y erotismo, porque no saben cómo relacionarse con nosotras de tú a tú. Han sido educados para sentirse adorados, respetados y necesitados, no para construir relaciones igualitarias. 

Los hombres matan a las mujeres porque no soportan las derrotas. No saben gestionar una ruptura sentimental porque no les han enseñado que la gente puede seguir su camino libremente, que nadie nos pertenece, que todos somos libres para unirnos y separarnos. Los niños que son educados patriarcalmente en la competición más despiadada no tienen herramientas para relacionarse en condiciones de igualdad, necesitan sentirse ganadores, y por eso una ruptura sentimental se vive como un fracaso. No tienen herramientas para superar el duelo, no pueden hablarlo con nadie para no sentirse débiles o perdedores, no tienen a quién acudir cuando se sienten desesperados porque les importa más dar una imagen de ser alguien fuerte y poderoso. No pueden desahogarse, no saben pedir ayuda, y en la tele no dejan de enviarles el mensaje de que el uso de la violencia es legítima y normal cuando uno tiene que defenderse o defender sus propiedades.



Los hombres matan porque los héroes masculinos matan y están llenos de gloria. El dios de nuestra época es un dios guerrero, un macho mitificado por su fuerza y su violencia. En la publicidad, en los cómics, en las películas, en los videojuegos se rinde culto a todas horas a los guerreros asesinos, ya sean androides o caballeros medievales. Todos nuestros héroes consiguen sus objetivos a través de la violencia, por eso las películas se desarrollan entre balazos, bombazos, flechazos, navajazos, puñetazos, machetazos, y escenas de tortura y dolor. La mayor parte de las películas que emiten en cines y televisión tienen machos alfa, armas y sangre, gritos y violencia. En todos ellos el héroe exhibe su fuerza, su valentía, y su capacidad para aniquilar a quien se le ponga en el camino... los efectos especiales y la música de la ficción espectacular aumentan su poder de seducción sobre los espectadores y las espectadoras, que admiran la sensualidad de la violencia patriarcal y la poesía del sacrificio varonil.


15 de agosto de 2015

Los hombres y la violencia de género



El 90% de los hombres son asesinados por hombres, el 95% de las mujeres, también. De cada 3 mujeres en el mundo, 1 sufre o ha sufrido violencia por parte de un hombre. Los feminicidios son consencuencia de la cultura patriarcal en la que vivimos, aquí unas claves para entender cómo educamos a los hombres en la cultura del machismo y la violencia, cómo podemos hacer para desaprender lo aprendido, y cómo adquirir herramientas para construir un mundo más pacífico e igualitario. 


5 de agosto de 2015

Conferencia: La construcción sociocultural del amor romántico. Coral Herrera Gómez




Esta charla tuvo lugar en el Centro Cultural de España el 11 de junio de 2015 en Costa Rica.

La actividad fue organizada por The Goodbye Project, un proyecto de investigación teatral del grupo costarricense Teatro Abya Yala

En esta conferencia se habla del amor, las bienvenidas y las despedidas. Primero pueden ver el vídeo promocional realizado por AECID España, y después la conferencia completa en mi canal de youtube:


















8 de julio de 2015

La construcción sociocultural de la Realidad desde una perspectiva Queer







¿Cómo construimos la Realidad?, ¿cómo la percibimos y cuáles son nuestras limitaciones físicas y cognitivas para poder entenderla?, ¿qué es la Realidad?, ¿quién o quienes definen lo que es real?, ¿son la misma cosa la realidad y la ficción, se diferencian en algo?, ¿cómo aprendemos a pensar y a sentir?, ¿cómo aprendemos a ser hombres o mujeres?, ¿quién define lo que es “normal” y lo que no lo es?, ¿cómo construimos la cultura y la ciencia actual?, ¿cómo heredamos y transmitimos las estructuras?, ¿cómo atraviesa la ideología el cuerpo humano?, ¿cómo actúa la ideología capitalista y patriarcal en nuestra forma de convivir, de relacionarnos y de organizarnos?, ¿por qué los medios no representan la diversidad y la complejidad de la realidad?, ¿por qué hay realidades visibles, y realidades invisibles?, ¿por qué unas realidades valen más que otras?, ¿por qué pensamos en términos de blanco/negro?, ¿para qué sirven los mitos?, ¿cómo creamos conocimiento?, ¿qué es lo que no podemos conocer?, ¿son el amor y el sexo vías de conocimiento?, ¿cómo podemos empezar a pensar de otras maneras?, ¿cómo romper con las estructuras binarias del patriarcado?, ¿cómo inventarnos otros cuentos, otros métodos, otras hipótesis, otras preguntas, otras dudas, otras formas de pensar, de construir y de relacionarnos con la realidad?



INTRODUCCIÓN al libro: "La construcción sociocultural de la realidad desde una perspectiva Queer", Coral Herrera Gómez, 2015.


Ciencia, sexualidad, amor, conocimiento, comunicación, género, ideología, 
estructuras, cuerpos, saberes, y resistencias…


Otras realidades son posibles: otras formas de pensar, otras visiones de mundo, otras formas de comunicarnos, de intercambiar información y saberes, de transmitir conocimientos, de hacernos preguntas, de narrar la Historia del pasado y del presente, son posibles. Otras formas de estar y de relacionarnos con nuestro entorno son posibles. Otras formas de percibir y conocer, y otras formas de hacer ciencia y de producir cultura son también posibles. Otras formas de construir nuestra identidad, de relacionarnos con nuestros cuerpos, de amar y de organizarnos social, afectiva y políticamente, son posibles. Y necesarias.

Escribo este libro desde el convencimiento de que podemos transformar la Realidad porque es una construcción social, política, económica y cultural que puede deconstruirse, transformarse, mutar, revolucionarse. Mi apuesta es reivindicar la complejidad y la diversidad del mundo que construimos entre todos y todas, dejar atrás el pensamiento binario que reduce la realidad a dos pares de opuestos, deshacernos de las ideologías hegemónicas que perpetúan el capitalismo y el patriarcado dentro de cada uno de nosotros, cuestionar todas las verdades dadas por supuestas.

Mi enfoque está basado en la teoría queer, que reivindica la subjetividad, que sigue criticando la normalidad y la verdad, que visibiliza lo invisible, que rompe con la tradición y la modernidad, y aplica un enfoque transdisciplinar y diverso en la forma de hacer ciencia y de pensar la Realidad.


marco teórico

Esta obra surge del primer capítulo de mi tesis doctoral,“La construcción sociocultural de la realidad, del género y del Amor Romántico”, Universidad Carlos III de Madrid, que estuvo centrada en la investigación sobre la construcción social y cultural de la realidad, de las identidades de género, y del amor romántico. Este libro es una síntesis subjetiva de la crítica al pensamiento binario y la ciencia tradicional en la que aporto una visión queer al análisis del conocimiento sobre la Realidad. En Otras realidades son posibles he querido analizar el modo en que nos adaptamos a la norma, o nos alejamos de ella: todos los procesos de imposición generan resistencias, de ahí que podamos jugar con la Realidad, deconstruirla, desmontarla, analizarla, y elaborar nuevas construcciones bajo la premisa de que otras realidades son posibles.


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