Las mujeres, a nivel individual y como clase social dominada, hemos tenido
todo tipo de reacciones ante el poder patriarcal: por un lado la sumisión en
diferentes grados, por otro, la lucha abierta contra la opresión. Y es que
aunque no nos lo cuenten en la escuela, han sido muchas las pequeñas rebeliones
de mujeres, individuales o en grupo, que
han tenido lugar a lo largo de toda la Historia del patriarcado. En la actualidad, el planeta entero está lleno de mujeres que están luchando por los derechos para todas, y por la igualdad, y afortunadamente, son cada vez más los hombres que están apoyando políticamente esta lucha contra la discriminación y la violencia contra las mujeres.
Decía Foucault que el poder es bidireccional, condicionado por múltiples factores interrelacionados entre sí, y más complejo de lo que pensamos aplicando la lógica del amo y el esclavo. En realidad, el poder es cambiante y toma múltiples formas.
A mi no me hace especial ilusión que las mujeres presidan bancos, empresas o naciones si lo hacen al modo masculino, ya que por muy mujeres que sean las estructuras democráticas y capitalistas son masculinas, y el margen de maniobra para cambiar esta estructura patriarcal es mínimo. O sea, que me alegraría más ver el poder no representado por un hombre o una mujer, sino ejercido por la ciudadanía.
Cristina Fernández, Presidenta de Argentina
Hillary Clinton,
primera mujer que se presentó como candidata
a las elecciones presidenciales de EEUU.
primera mujer que se presentó como candidata
a las elecciones presidenciales de EEUU.
Helen Fisher afirma que la forma de organizarse de muchas mujeres en el planeta está basado en la creación de redes de ayuda mutua, en la cooperación, en la horizontalidad. Pero la realidad es que las presidentas, directoras y jefas están solas ahí arriba, en el poder de las culturas patriarcales. Y que la mayoría de ellas no luchan por acabar con la desigualdad de género; es el caso de la Presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, que no se casa con los valores feministas ni tiene en sus prioridades trabajar por la Igualdad.
Siempre he pensado que el poder compartido, el poder del grupo, es mucho más interesante que el poder individualizado. Es decir, me emociona mucho más ver a las Mujeres de Negro manifestándose contra las guerras, o a las Abuelas de Plaza de Mayo denunciando al régimen dictatorial que la subida al poder de mujeres relevantes. Que Isabel la Católica gobernara durante unos años no creo que significase el fin del machismo en la España de la época; era una excepcionalidad, más bien, que confirmaba la regla.
A nivel personal, en una misma pueden darse diferentes grados de sumisión o
rebeldía según las circunstancias. Es el caso, por ejemplo, de las mujeres que son jefas y a la vez tienen superiores, son madres pero también hijas, han sido nietas y luego se convierten en abuelas, son universitarias pero tienen trabajos precarios, a veces tienen autonomía y otras veces la pierden.
“Mujeres de clase alta pueden influir y mandar en
hombres de clase inferior, las mujeres maduras a los hombres más jóvenes, las
mujeres jóvenes y atractivas a los hombres maduros, y las esposas a sus
maridos. Aun donde el sometimiento se aplica con especial rigor, los hombres
nunca dominaron universalmente a las mujeres”. (Helen Fisher, 2000)
Helen Fisher destaca otros ejemplo de mujeres que han tenido poder en
la esfera pública: Hatshepsut, que gobernó Egipto en el año 1505 antes de
Cristo, y otras faraonas de género femenino. Las amas de casa de la Grecia
clásica vivían recluidas, pero las cortesanas recibían educación y eran muy
independientes. En los siglos I y II de la era cristiana algunas mujeres
romanas de la clase alta urbana alcanzaron notoriedad como literatas; otras
trascendieron en la política.
Durante la Edad Media muchas monjas fueronintermediarias del poder dentro de la Iglesia; otras ejercieron enorme influencia en el mundo mercantil. En el 1400 algunas mujeres pertenecientes al mundo islámico del Imperio Otomano eran dueñas de tierras y barcos. Durante el Renacimiento europeo, una cantidad importante de mujeres inglesas y del continente eran tan cultas como cualquier hombre.
Durante la Edad Media muchas monjas fueronintermediarias del poder dentro de la Iglesia; otras ejercieron enorme influencia en el mundo mercantil. En el 1400 algunas mujeres pertenecientes al mundo islámico del Imperio Otomano eran dueñas de tierras y barcos. Durante el Renacimiento europeo, una cantidad importante de mujeres inglesas y del continente eran tan cultas como cualquier hombre.
Gracias a la Teoría Feminista, al Postestructuralismo y la Teoría Crítica,
se han llevado a cabo minuciosas revisiones de ideas científicas que hasta
ahora parecían verdaderas e inmutables, como la teoría occidental de que la
dominación del hombre sobre la mujer es universal. Desde este proceso de crítica y
revisión, y a la luz de nuevas investigaciones, han surgido nuevos modos de comprender las relaciones entre los
géneros en las diversas culturas de la Tierra, tanto las que aún existen como
las que desaparecieron.
Para la antropóloga
norteamericana, el aporte fundamental de estos
estudios fue demostrar que las mujeres de muchas otras culturas tradicionales eran relativamente
poderosas hasta la llegada de los europeos:
“Antes del movimiento feminista de los años 70, los antropólogos
norteamericanos y europeos simplemente daban por sentado que los hombres eran
más poderosos que las mujeres y en sus investigaciones reflejaban sus
convicciones. Por ejemplo en el caso de los aborígenes australianos, los
estudios posteriores reflejaron que ningún sexo domina al otro, un concepto que
aparentemente resultaba inconcebible para los eruditos occidentales”
(Helen Fisher, 2000).
(Helen Fisher, 2000).
Antes de que Colón desembarcara en el Caribe, antes de que los
misioneros franceses cruzaran a remo los grandes lagos de Norteamérica, antes
de que el capitán Cook arribara a Tahití, antes de que los europeos se
introdujeran en África, Australia y el Ártico, las mujeres de muchas sociedades
aborígenes poseían bienes e información que podían vender, trocar o regalar.
Las mujeres hopis, blackfoot, iroquesas y algonquinas de Norteamérica contaban
con un sustancial poder económico. Las mujeres pigmeas del Congo tenían
autoridad dentro de sus comunidades, al igual que las balinesas, las semang,
las polinesias, las indias tlingit, mujeres de las islas Trobiand, y mujeres de
regiones de los Andes, África y el Caribe. Muchas de ellas tenían un estatus
económico y social considerable. (Etienne y Leacock, 1980; Dahlberg, 1981;
Sacks, 1979).
Las mujeres navajo forman parte de una comunidad matrilineal
(aproximadamente el 15% de las sociedades humanas son matrilineales, es decir,
trazan su ascendencia por vía femenina). Son las que heredan las propiedades
familiares, curan medicinal y espiritualmente a sus semejantes, y gozan de un
enorme poder económico y social. Su deidad más poderosa es femenina, “la Mujer
cambiante”.
Las investigaciones de Martin Whyte, que exploró el Archivo del Área de Relaciones Humanas, (un avanzado banco de datos que contiene información sobre más de 800 sociedades) y otras fuentes etnográficas, fueron muy importantes por varias razones. En primer lugar, acabaron con el mito del matriarcado como sistema de poder semejante al patriarcal, pero revelaron la existencia de sociedades igualitarias. Este es un tema muy controvertido porque hay autores y autoras que sí defienden la idea de que han existido y existen sistemas matriarcales, especialmente en las culturas prehistóricas cuando todo apuntaba a que los hombres no tenían ningún papel decisivo en la reproducción.
En
segundo lugar, demostraron que muchas mujeres tenían poder e influencia en unas
áreas y en otras no, pero que eso no significaba que estuvieran sometidas en
todas las sociedades.
El estudio lo realizó basándose en la investigación
de 93 culturas preindustriales. De ellas, un tercio eran cazadores-recolectores
nómadas, otro tercio granjeros labriegos, y el último de agricultores y/o
ganaderos. El espectro de pueblos estudiados iba desde los babilónicos en el
1750 a.C. hasta las culturas tradicionales modernas. Gracias a estos resultados se vio que el equilibrio de poderes entre
hombres y mujeres era polifacético y variable en intensidad. Según Helen Fisher
(2000), Whyte no encontró ninguna sociedad donde las mujeres dominaran a los
hombres en la mayoría de las esferas de la vida social.
“El mito de las mujeres amazonas, las historias de
matriarcas que gobernaban con puño de terciopelo eran solo eso; mitos e
historias. En el 67% del total de culturas (principalmente en el caso de los
pueblos agricultores) los hombres parecían haber controlado a las mujeres en la
mayoría de los ámbitos de actividad. En una cantidad importante de sociedades
(30%) hombres y mujeres parecían haber detentado jerarquías equivalentes, en
especial en el caso de los pueblos dedicados a la horticultura y en el de los
cazadores-recolectores. Y en el 50% del total de las culturas, las mujeres
tenían mucha más influencia informal de la otorgada por las reglas de la
sociedad. Aun en las sociedades en que las mujeres tenían varias propiedades y
ejercían considerable poder económico, no necesariamente contaban con derechos
políticos amplios o influencia religiosa, lo que demuestra que el poder en un
sector de la sociedad no se traduce siempre en poder en los demás ámbitos.
Estados Unidos es el paradigma: en 1920 las mujeres lograron el derecho al voto
y su influencia política aumentó. Pero continuaron siendo ciudadanas de segunda
clase en lo laboral. Whyte demostró asimismo que no existe nada parecido a una
posición social femenina única, que tampoco existe en el caso de los hombres”.
Según la Antropología de Género, las mujeres tienen y han tenido poder en todas las culturas, pero no lo han ejercido bajo la violencia o la imposición de un sistema político y económico de signo matriarcal, sino que han ejercido su influencia más bien a nivel práctico o cotidiano y simbólico:
“Los pigmeos Mbuji de
Zaire por ejemplo, creen que las mujeres son poderosas porque sólo ellas pueden
dar a luz. Los mehinaku de Amazonia y muchos otros pueblos otorgan poder a la
sangre menstrual (tocarla es causa segura de enfermedad). Los occidentales
inmortalizaron el poder de seducción de la mujer sobre el hombre
con la fábula de Adán, Eva, la serpiente y la manzana. En última instancia, lo que una sociedad
designa como simbólicamente poderoso, acaba siendo poderoso”. (Helen Fisher,
2006)
Según un estudio de la antropóloga Susan Rogers, en las sociedades
campesinas contemporáneas en las que los hombres monopolizan todas las
posiciones de prestigio y autoridad, las mujeres suelen tratarlos con
deferencia cuando están en público, pero en la intimidad poseen una gran
influencia informal. Rogers entiende
que a pesar de los alardes y actitudes masculinas de poder, ninguno de los dos
sexos considera realmente que los hombres dominan a las mujeres, y llega a la
conclusión de que el poder entre los sexos está más o menos equilibrado.
Otro autor que defiende la idea de la mitificación del poder masculino es Franz De Waal, porque afirmó que la capacidad para liderar no depende de la fuerza, la velocidad, el tamaño, la agilidad o la agresividad; sino de otros factores como el ingenio, la seducción, las habilidad sociales para relacionarse,etc. Según Fisher, De Waal comprobó en los estudios sobre el papel fundamental de las hembras chimpancé en el juego de poder y confirmó las dos teorías observadas por los antropólogos en las culturas humanas: la jerarquía no es una cualidad única, monolítica, que pueda medirse de una sola manera, y el dominio de los machos, si implica poder sobre las hembras en todos los aspectos de la vida, es un mito.
Entendiendo que el poder tiene múltiples dimensiones y que la
sumisión también puede ser una fuente de poder sobre el dominador, los teóricos de ambos sexos han puesto el acento
en otras variables como son las socioeconómicas, las raciales, laborales, psicológicas,
etc. La mayor parte de ellas se han dado cuenta de que la variable de la edad
es sumamente importante a la hora de valorar el poder femenino en todas las
culturas de la tierra. Además, en muchos rincones del planeta a las mujeres
mayores se las considera “parecidas” a los hombres, según la antropóloga Judith
Brown (1982).
Numerosos estudios demuestran que en casi todas las culturas las
mujeres, al llegar a la madurez, alcanzan la independencia, el dinero, las
propiedades y las relaciones que les dan poder económico y prestigio.
Helen Fisher dedica capítulos enteros a la importante función social de las abuelas, y a la figura de la mujer madura llena de experiencia, segura de sí misma, y con múltiples capacidades y habilidades que puede aportar a la sociedad.
Helen Fisher dedica capítulos enteros a la importante función social de las abuelas, y a la figura de la mujer madura llena de experiencia, segura de sí misma, y con múltiples capacidades y habilidades que puede aportar a la sociedad.
“En todas las sociedades tradicionales estudiadas, la mujer posmenopáusica alcanza un tipo u otro de poder: económico, social, político y/o espiritual. Heredan propiedades y acceden a una posición central en la familia; ya no tienen niños pequeños a su cargo y pueden tener tiempo para dedicarse a los asuntos de la comunidad y para colaborar en las prácticas chamánicas. Al no tener ya capacidad procreadora, se les suelen pasar por alto sus deslices sexuales. (…) Con la menopausia las mujeres se vuelven más seguras, decididas, directas, desinhibidas, todas ellas asociadas a la presencia de altos niveles de testosterona en las mujeres. Kristen Hawkes considera que el desarrollo de la menopausia en la fisiología femenina, junto con la aparición de la figura de la abuela, es uno de los hitos de la evolución humana. (…) Las mujeres posmenopaúsicas ancestrales eran bibliotecas vivas, ancianas sabias que podían reconocer todo tipo de climatologías extrañas, plantas venenosas, curativas o nutritivas. Impedían las peleas entre los niños, calmaban a adolescentes inquietos, escuchaban quejas maritales, etc. Mediaban en las disputas y ayudaban a difundir las noticias. Algunas eran visionarias o clarividentes. Muchas tenían una especialidad y eran curanderas, comadronas, educadoras, contadoras de cuentos y mediadoras con el mundo de los espíritus”.
Helen Fisher (2000)
Aquí os dejo un vídeo donde se habla de la comunidad Mosuo, considerada por much@s una sociedad donde las mujeres tienen una gran importancia social.
http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/2011/11/cuando-las-mujeres-mandan-la-mujer.html?spref=fb
http://es.wikipedia.org/wiki/Matriarcado
Otros artículos de la autora:
EL PODER FEMENINO EN LA EDAD MEDIA
Señoras que "heredan" el poder
Mujeres y Ciencia: aún queda mucho para la igualdad
Qué es el Patriarcado


































