8 de febrero de 2010

cultura patriarcal, lenguaje patriarcal



Si nuestra cultura es patriarcal, es normal que nuestra lengua sea sexista. Lo que no es normal es que tenga que seguir siéndolo por los siglos de los siglos mientras las leyes, las costumbres y las mentalidades cambian.


Las lenguas son gigantescas construcciones culturales creadas por los seres humanos, y como todo lo que está vivo, varían con el tiempo, evolucionan a la par que están siendo usadas. Las lenguas son formas diferentes de expresar la realidad; son herramientas para la comunicación entre los seres humanos. En diez mil años de existencia, la humanidad ha mejorado sus herramientas hasta llegar a la alta tecnología espacial, de modo que si el lenguaje verbal es una herramienta, es obvio que también puede evolucionar al mismo paso que la sociedad que la usa.


Las comunidades y los pueblos crean su lengua a partir de sus vivencias individuales y de grupo, sus creencias religiosas, sus tradiciones, sus cosmovisiones, las condiciones climáticas en las que viven... cada idioma aporta al mundo su manera de ser y de sentir, sus modelos de comportamiento, sus formas de percibir la realidad. En lenguaje esquimal existen innumerables formas para describir la nieve o los matices del color blanco. Para lo que nosotros tenemos tres o cuatro palabras, el pueblo esquimal usa una treintena. Y esto sucede porque sus formas de vida están ligados a la nieve y el hielo; por eso sus necesidades, sus modos de subsistencia, su saber acumulado, se reflejan en su lenguaje.


Siendo un producto social y cultural, el lenguaje está atravesado de ideología. Lo mismo que el arte, la política, la economía o la democracia, que son abstracciones humanas atravesadas por una forma determinada de ver y entender el mundo. Las ideologías son el conjunto de ideas e intereses que unen a determinados individuos.


Así pues, se entiende perfectamente que en una sociedad donde la feminidad es sinónimo de oscuridad, debilidad, maldad, cobardía, estupidez, y mil cosas negativas más, su lenguaje sea sexista. Lo que no se entiende es por qué los académicos y l@s purist@s se llevan las manos a la cabeza, escandalizados por los cambios que el lenguaje está experimentando en los últimos años. A los de la R.A.E. les parece muy moderno incluir vocablos de uso popular, pero defienden con uñas y dientes la "economía" del lenguaje, el uso del masculino como género neutro, y la estructura que permite que el mundo sea pensado en masculino. Lo que ellos consideran correcto es un castellano que no conoce la palabra ninfómana en masculino, pero tiene mil formas para nombrar a las mujeres que hacen con su cuerpo y su placer lo que desean: zorra, puta, guarrilla, putón verbenero, mujer de vida alegre, mujer de la calle, fresca, etc. Un idioma que nombra los objetos domésticos en femenino (la bayeta, la fregona, la sartén, la cacerola, la mesa, la silla, e incluso la televisión), pero en cuanto salen al mundo público, se masculinizan (la Intranet se convirtió en la Internet y después en el Internet, aunque todavía lo sigo viendo con ambas formas). En nuestro lenguaje, no había palabras para definir a una mujer jueza, arquitecta, abogada, o antropóloga, pero afortunadamente las mujeres ya no dicen: "soy ingeniero", como antes. Es tan curioso como el hecho de que hace años el significado de Presidenta era "la mujer del presidente", porque antes no existían presidentas de ningún tipo.


Me sorprende el rechazo rígido que reniega del lenguaje no sexista, porque, como digo, las lenguas son sistemas vivos que pertenecen a las personas que las hablan; y resulta que las mujeres hablamos, nos comunicamos, educamos, transmitimos, a los demás, en privado y en público. Se pongan como se pongan los académicos, una nueva forma de ver y de estar en el mundo requiere, sin duda, cambios en su forma de expresarlo. Mucha gente, sobre todo periodistas, se rieron de Bibiana Aído cuando utilizó el término "miembras", pero a mí me parece bien que se innove, que se pruebe, que se incorporen nuevas formas antipatriarcales de nombrar la realidad. Más que forzar el lenguaje, se trata de extraer de él nuevas palabras que permitan visibilizar lo femenino.



De hecho, es un proceso inevitable, e imparable. Habrá más o menos resistencias, pero al final, si existe una igualdad legal y económica, no se podrá evitar que los cuentos que nos contamos cambien, que las expresiones se transformen, que se explore y se innove para lograr una igualdad integral, en todos los niveles. Con decir que todos somos iguales ante la ley no basta. Hay que eliminar progresivamente la discriminación en el lenguaje y la cultura. Y no pasa nada.


A medida que he ido adquiriendo conciencia de cómo las leyes se volvían igualitarias pero la cultura (lenguaje, refranes, chistes, creencias, etc.) siguen siendo patriarcales, entiendo que la única forma de lograr la igualdad real es que aprendamos a nombrar el mundo en femenino, y alternemos de manera natural con el otro modo de nombrar el mundo, en masculino.


Tengo que decir que también aquí hay una cuestión personal. No puedo evitar indignarme cuando formo parte de un grupo de diez mujeres y alguien nos dice: "Lo estáis haciendo muy bien todos. Venid por aquí chicos". Me quedo como alucinada, pensando, ¿pero esta mujer/hombre no se da cuenta de que somos todas mujeres excepto uno?. Cuando ejerzo de profesora cuido mucho el lenguaje, y noto que a mis alumnos varones no les afecta que alterne en el uso de los plurales masculinos y femeninos.


Me parece una falta de respeto que la gente hable en masculino todo el tiempo, y cuando son las mujeres las que hablan de ellas mismas o de las demás como si fuésemos hombres, más, porque es cuando tomo conciencia del papel central que tenemos las mujeres en la perpetuación del patriarcado, criando hijos e hijas que ven la feminidad como lo otro, como lo diferente. Hijas que se piensan a sí mismas como una minoría social, que alguna vez sueñan con ser niños para que se les escuche como a ellos, que estudian en el colegio las grandes gestas de los grandes hombres, como decía Beauvoir.


¿No les parece curioso que los presentadores y las presentadoras de televisión se dirijan a los telespectadores, cuando está demostrado que la televisión es vista mayoritariamente por mujeres?. No son los hombres de ciudad, sino las mujeres, en el ámbito rural y de mediana y mayor edad; son ellas las que más horas pasan frente al televisor. Y si no, comprueben por qué la mayor parte de los anuncios se dirigen a nosotras, a nuestro tránsito intestinal, a nuestras arrugas, a nuestro olor, nuestra incontinencia, nuestras tareas domésticas...


A medida que me voy haciendo consciente de la importancia de la visibilidad femenina, me sorprendo con cosas en las que no había reparado antes. Si voy a un congreso de editores, por ejemplo, todo el mundo habla de lectores, de escritores, de editores y de ilustradores como si no hubiera escritoras, autoras, editoras, e ilustradoras. Excepto la Ministra, que es la única que cuida el lenguaje entre tanto hombre anciano y poderoso, y que utiliza un lenguaje que no excluye a nadie.


Si voy a un congreso de contenidos digitales, todo el mundo habla de usuarios; la única vez que hablaron de usuarias fue a propósito de una página dedicada a las mujeres. Si monto en el metro, la voz en off se dirije a los señores pasajeros, y da rabia ver que en el vagón la mayoría son mujeres trabajadoras que vienen del curro.


Otro ejemplo es cuando en 1969 se dijo: "El hombre ha llegado a la Luna". Como seguramente Marte lo pisará una mujer astronauta, me pregunto cómo serán los titulares:
"El hombre pisa Marte por primera vez. Mary Smith aterriza en el planeta rojo".
"La mujer ha llegado a la luna. Y el hombre también", o
"La humanidad pisa en Marte".
Se admiten apuestas, ¿qué pensáis vosotras?.


En el facebook no se nos reconoce como administradoras, y tampoco puedes agregar a amigas, solo ponerlas en el apartado "amigos". Lo mismo sucede con los grupos de facebook, aunque la tendencia va cambiando. Cuando entré en "Yo soy republicano" y les expliqué que yo soy republicana y no me siento representada en ese grupo, al día siguiente lo cambiaron por "Yo soy republican@", y mucha gente aplaudió el cambio. Actualmente hay un grupo que se llama "Soy una mujer. No me uno a los grupos que no me nombran" , en el que publican enlaces muy interesantes y abogan por el uso de la arroba. Es tan sencillo como buscarle un sonido a esa vocal posmoderna, y entonces todo fluirá por sí solo, con tranquilidad. La @ es lo más neutro que se me ocurre; el debate está abierto, y calentito.


Leo muchos artículos en contra del lenguaje no sexista, pero a título personal, no sé si se entiende esta sensación de que una no existe, o al menos, que no importa mucho, a no ser que me estén vendiendo algo o me hablen de cosas que la gente considera "femeninas". A veces me siento que no soy pasajera, ni usuaria, ni ciudadana, ni siquiera profesora, porque las empresas siguen poniendo anuncios de trabajo para profesores, educadores y redactores, como si las mujeres tuviésemos que optar a un puesto de trabajo que en realidad es para ellos. Ese hacer como si la humanidad fuese masculina, como si a las ciudadanas no las importase que se hable de los ciudadanos para hablar de la ciudadanía, me parece una falta de respeto y de educación.


La costumbre de hablar en masculino plural es, simplemente, un vestigio histórico de hace treinta o cuarenta años, cuando no había mujeres en el parlamento, ni en las reales academias, ni en las universidades, ni en los ministerios, ni en los Consejos directivos de las grandes empresas. Sé que entonces era normal hablar en masculino en las reuniones, conferencias, congresos, ruedas de prensa, convenciones, etc. porque no había mujeres. Y las que había, estaban limpiando o sirviendo copas y canapés.


Y ahora, haberlas haylas, aunque siguen siendo muy pocas. Por eso se debería hacer un esfuerzo por visibilizarnos, por hacernos sentir partícipes de las cosas. Por eso me parece bien que cuando un político o una política hable por televisión, salude a todos y todas. Por eso me parece bien que los profesores no hagan con sus alumnos como si todos fueran niños, especialmente cuando tienes veinte alumnas y dos alumnos.


Me parece delicioso poder cambiar de género cuando me apetezca, hablando con mi gente. Me hace sentir que el lenguaje es flexible, que se puede utilizar como una quiera, y que mis amigos varones no se sienten en absoluto ofendidos.


Hoy las cosas están cambiando, las mujeres estamos experimentando un empoderamiento, y el mundo ya no es de los señores en exclusiva, aunque es lógico que protesten por lo que ellos creen correcto y adecuado. Sin embargo, nosotras sabemos que el concepto de lo que es normal, natural, correcto y adecuado varía con las épocas históricas, las zonas geográficas, las edades y las culturas. Para mí no es normal que me encierren por expresar mis ideas, pero hace cuarenta años era lo más normal del mundo.


Así que ahora que la masculinidad ya no es todopoderosa, quizás lo lógico sea que el lenguaje cambie, que la comunicación humana no esté mediada por lo masculino, que cuidemos nuestras formas de dirigirnos a las personas, que poco a poco construyamos una sociedad y un lenguaje más igualitario y justo.
Digo yo, vamos.



Del muro de Ciudad de Mujeres he escogido las palabras de Isa Antón Fresnos:

El uso de un lenguaje que representa a las mujeres y a los hombres y que nombra sus experiencias es un lenguaje sensato, porque:
NO OCULTA
NO SUBORDINA
NO INFRAVALORA
NO EXCLUYE
NO QUITA LA PALABRA A NADIE

Coral Herrera Gómez



Otros artículos de la autora: 



El feminismo como asignatura







info interesante:


Ciudad de Mujeres


El lenguaje sexista en la Universidad


Cuida tu lenguaje, lo dice todo


Profesiones de la A a la Z, en masculino y femenino





5 comentarios:

Benet M. dijo...

Al empezar a estudiar filología creía que todo se basaba en una cuestión lingüística: las palabras terminadas en "a" son femeninas en español porque proceden de la primera declinación del latín, y las terminadas en "o" surgen de la derivación lógica de la segunda declinación, "-um en acusativo", que era masculina; las neutras se asimilan a las masculinas y aquí todos tan contentos. Pero luego entré en contacto con otras lenguas no romances del entorno europeo, y me di cuenta de que lo que para nosotros era un sustantivo tan evidente como "el sol" (pues es un astro rey), los alemanes lo veían como "una reina" (die Sonne), y los papeles se intercambiaban con "la" tan poética "luna", que se masculinizaba perdiendo ese encanto inherente que entiende nuestra cultura (der Mond); y lo mismo le sucedía a "la" desgraciada "guerra", que siempre había sido cosa de machos sin cabeza y en alemán se convertía en "lo que debía ser": der Krieg; después vi que a las pobres criaturas las volvían neutras en singular (das Kind), ¡e incluso a la chica joven le atribuían la neutralidad! (das Mädchen). Y Maryán nos podrá poner más ejemplos del holandés.

Me dio por pensar que nada es casual, y entendí, antes siquiera de leer a Chomsky, que la lengua es un reflejo de la sociedad, y que entendiendo la lengua de una sociedad llegaríamos a comprender las estructuras profundas de su conocimiento, o sea, su manera de pensar y de actuar. Es decir, que la lengua se construye al mismo tiempo que se construye el mundo, y que separar una cosa de otra es un error de base (por eso, además, son tan importantes las lenguas minoritarias, aunque haya quien sólo las utiliza con fines políticos y quien, en su monogamia lingüística, las ridiculiza sin entender que con ello está ridiculizando a sus hablantes).

Pero a decir verdad, nunca había pensado en lo inverso: ¿qué sucedería si cambiásemos la lengua para que la sociedad asimilase los problemas estructurales que tiene, o sea, los grandes problemas de mentalidad que consideran, como bien decíais, que una zorra no es lo mismo que un zorro? Aunque "presidente" no pueda identificarse con un género por no presentar esa flexión (y el señor Martín Maglio, Rosamaría, creo que no ha entendido nada de la cuestión de fondo, por mucho que sepa), no me importa poner excepciones a la norma en tanto en cuanto se haga comprender a la sociedad algo mucho más vinculante y constitucional, que es el respeto por el de más acá. ... Ver más

Por suerte o por desgracia -y aunque no me guste reconocerlo-, todo esto parte de una lucha de poder, y no hay mejor manera de erradicar el poder que con la inteligencia. A mí me parece que emplear la palabra, no la fuerza ni la verborrea, para cambiar el mundo es una de las vías más plausibles. Y si la palabra es tan importante que nos identifica como lo que queremos ser, creo que no existe mejor alternativa.

KORI dijo...

Soy la autora del artículo y estoy impresionada por el debate que se ha generado en facebook con este artículo, quería daros las gracias a tod@s por tomaros tiempo para leerlo y para dar vuestra opinión. La verdad es que he de ser humilde y admitir que aunque tengo nociones de lingüística, no soy especialista. No estudié filología, sino humanidades, y soy consciente de las lagunas que tengo en este área, sobre todo cuando leo vuestros comentarios. Mi línea de investigación como teórica está muy centrada en el estudio de la construcción social y cultural de la realidad, de modo que he llegado a comprender que todas las abstracciones que creamos los seres humanos tienen en común dos características: evolucionan y están atravesadas por una ideología concreta, o un conjunto de ideologías afines o contrapuestas que van construyendo estereotipos e imágenes asociadas. Yo utlizo el masculino como neutro y no me importa decir "nos fuimos todos a comer", para hablar de un grupo mixto y variado en el que caben los hombres, las mujeres, los hermafroditas, las personas transgénero, etc. Pero si es cierto que se puede cuidar el lenguaje y hablar de la ciudadanía en lugar de los ciudadanos, el alumnado en lugar de los alumnos, los seres humanos en lugar de los hombres, etc. Lo interesante es que podemos ser los protagonistas de un viraje lingüístico, vivir el cambio y el fin del sexismo del castellano on line, en vivo y en directo, participando, opinando, proponiendo. Y yo encuentro apasionante que l@s hablantes de una comunidad busquen, investiguen, inventen o rechacen nuevos términos. Somos muchas personas las que estamos pensando en ello, buscando formas de expresar la evolución social a través de nuestro máxima creación cultural: el lenguaje. Sentirse constructores de este mundo es sin duda, un lujo, pero da miedo porque nos aferramos al pasado, el mundo va muy deprisa y las tecnologías nos fuerzan a inventar a toda velocidad nuevos términos para poder comunicarnos entre nosotros. Liberar el sexismo del lenguaje castellano es una tarea común; pienso que así la comunicación sería más libre, menos mediada por estructuras patriarcales que van quedando obsoletas y que nombran el mundo desde un supuesto género "neutro" que parece más subjetivo a medida que la igualdad se va instaurando. El debate es interminable, pero apasionante sin duda. Gracias a tod@s!

el debate está aquí:
http://www.facebook.com/benetmaria?ref=mf

Alberto J. Franco B. dijo...

Acabo de descubrir este maravilloso Blog. Felicidades por tu manera de escribir y de explicar las cosas.
Con respecto al artículo, pues no puedo estar más de acuerdo... me gustaria tener Facebook para ver de cerca el débate que genero.
Saúdos dende Galicia.

Juan dijo...

Excelente tu artículo, yo soy un convencido que el lenguaje es la herramienta del cambio social. En Argentina nos falta muchísimo, pero de a poco vamos incorporando el neutro real, no el neutro machista de las sociedades falocráticas. Nuestra Presidenta por ejemplo cuando se dirije a la multitud lo hace diciedo: "argentinos y argentinas". Por otro lado, creo que es interesante hacer hincapié en la resignificación de las palabras que muchas veces usamos... utilizamos palabras con alto contenido negativo para definir una situación altamente positiva y viceversa. Esa es mi humilde opinión. Felicitaciones nuevamente por tu lucha que es enormemente válida.

Anónimo dijo...

Me parece que tienes una obsesión insana con el lenguaje. En nuestro idioma, hay palabras en género masculino y otras en género femenino (¿te molesta que lo diga en este orden?) y no creo que nadie deba sentirse ofendido por nada.

Mencionas en tu entrada muchos plurales en masculino y no entiendo que es lo que criticas. En castellano, utilizamos el plural genérico para poder nombrar a hombres, mujeres u objetos masculinos o femeninos, y no por ello hay discriminación de ningún tipo. Para ser maestra tienes muy poca idea...